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Full text of "A Todos Ellos"

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INFORME DE MADRES Y FAMILIARES 
DE URUGUAYOS DETENIDOS DESAPARECIDOS 


pn&m'f.apo? 
















A 

TODOS ELLOS 














© Madres y Familiares de Uruguayos 
Detenidos Desaparecidos 

Nicaragua 1332 Apto. 205 
Tel.: 929 1625 

E-mail: famidesa@adinet.com.uy 

Diseño de tapa y foto del Memorial: Beatriz Batione 

Impresión: Caligráficos, Surraco 2581, Montevideo 
Encuadernación: La Encuadernadora Ltda. 

Impreso en Uruguay - Noviembre 2004 

Dep. Legal: 334.005/04 

ISBN: 


4 
















A nuestros niños, que sufrieron la desaparición por meses o años... Amoral, Anatole, 
Andrea, Carla, Carlos, Gabriela, Mariana, Marcela, María Mercedes, María Victoria, Máxi¬ 
mo, Paula, Simón, Victoria, Victoria Eva y la hija de María Claudia. 

A quienes, posiblemente nacieron en cautiverio y aún no han sido ubicados ni re¬ 
cuperados... hijato de Blanca ALTMAN y Raid DOPAZO; hijato de Adriana Gatti y 
Ricardo CARPINTERO; hijato de María Emilia ISLAS y Jorge ZAFFARONI; María Rosa 
SILVEIRA y Ornar URTASUN y aquellos hijos de desaparecidos argentinos que seguire¬ 
mos buscando en Uruguay. 

A los jóvenes, menores de edad que están desaparecidos... Carlos Baldomiro SEVE¬ 
RO BARRETO; Beatriz Lourdes HERNÁNDEZ HOBBAS y su hermano Washington 
Fernando HERNÁNDEZ HOBBAS... 

A aquéllos, que fueron desaparecidos por soñar... 

Daniel Pedro ALFARO VÁZQUEZ 

Blanca Haijdée ALTMAN LEVY 

Beatriz Alicia ANGLET DE LEÓN de SEVERO 

Gustavo Raiíl "Cabezón" ARCE VIERA 

Ariel ARCOS LATORRE 

Carlos Pablo ARÉVALO ARISPE 

Lids Eduardo ARIGÓN CASTEL 

Armando Bernardo ARNONE HERNÁNDEZ 

Marcos Basilio AROCENA DA SILVA GUIMARAES 

Ignacio AROCENA LINN 

José ARPIÑO VEGA 

María Asunción "Mary " ARTIGAS NILO de MOYANO 

Abel Adán AY ALA ÁLVEZ 

Oscar José BALIÑAS ARIAS 

José Luis BARBOZAIRRAZÁBAL 

Raúl BARRETO CAPELLI 

Carolina BARRIENTOS de CARNEIRO 


5 
















Washington Javier BARRIOS FERNÁNDEZ 

Graciela Noemí "Laura" BASUALDO de GOYCOECHEA 

Andrés Humberto Domingo BELLIZZIBELLIZZI 

María Catalina BENASSI de FRANCO 

Walner Ademir BENTANCOUR GARIN 

Ricardo Alfonso BLANCO VALIENTE 

Eduardo BLEIER HOROVITZ 

Carlos BONAVITA ESPÍNOLA 

Raúl Edgardo BORELLICATTÁNEO 

Alfredo Fernando "Tito" BOSCO MUÑOZ 

Juan Manuel BRIEBA 

Ada Margaret BURGUEÑO PEREIRA 

Carlos Federico "Popeye" CABEZUDO PÉREZ 

Ary "el Brasilero" CABRERAPRATES 

José Enrique CAITANO MALGOR 

José Pedro CALLABA PÍRIZ 

Luis Alberto CAMACHO OSORIA 

María Mercedes CAMIOU MINOLI 

Francisco Edgardo CANDIA CORREA 

Edison Ornar "Melena " CANTERO FREIRE 

Juan CARDOZO 

Juvelino Andrés "Cholo" CARNEIRO DAFONTOURA GULARTE 

Casimira María del Rosario CARRETERO CÁRDENAS 

Luis Alberto CARVALHO SCANAVINO 

Yolanda Iris CASCO GELPHI de D 'ELÍA 

Héctor CASTAGNETTO DA ROSA 

Aníbal Ramón CASTAGNO LUZARDO 

Atalivas CASTILLO LIMA 

María Antonia CASTRO HUERGA de MARTÍNEZ 

Julio CASTRO PÉREZ 

Roberto Waldemar CASTRO PINTOS 

Juan Ángel CENDÁN ALMADA 

Ubagesner CHÁVES SOSA 

Segundo CHEGENIAN RODRÍGUEZ 

Eduardo Efraín CHIZZOLA CANO 

Alberto CORCHS LAVIÑA 

Jidio Gerardo CORREA RODRÍGUEZ 

Washington "el Negro" CRAM GONZÁLEZ 

Mario Jorge CRUZ BONFIGLIO 

Julio César D 'ELÍA PALLARES 

Graciela Teresa DA SILVEIRA CHIAPPINO de CHEGENIAN 
Graciela Susana DE GOUVEIA GALLO de MICHELENA 
Oscar DE GREGORIO 


6 















Juan Alberto DE LEÓN SCANZIANI 

Eduardo DEL FABRO DE BERNARDIS 

Júpiter Neo DELPINO BAUBET 

Natalio Abdala DERGAN JORGE 

Fernando Rafael Santiago "el Pata" DÍAZ DE CÁRDENAS 

Edmundo Sabino "flaco José" DOSSETTITECHEIRA 

León Gualberto "Loco" DUARTE LUJÁN 

Claudio EPELBAUM SLOTOPOLSKY 

Lila EPELBAUM SLOTOPOLSKY 

Juan Pablo "el Mono" ERRANDONEA SALVIA 

Jidio Lorenzo ESCUDERO MATTOS 

Juan Guillermo FERNÁNDEZ AMARILLO 

Julio César FERNÁNDEZ 

Elsa Haydée FERNÁNDEZ LANZANI de SANZ 

Alberto Mariano FONTELA ALONSO 

Nelsa Zulema "Anape" GADEA GALÁN 

Eduardo "Cacho" GALLO CASTRO 

Raúl "Mongo" GÁMBARO NÚÑEZ 

Elba Lucía GÁNDARA CASTROMÁN 

Manuel Eduardo "Bicho" GARCÍA 

Germán Nelson GARCÍA CALCAGNO 

María Claudia GARCÍA IRURETA GOYENA de GELMAN 

Ileana Sara María GARCÍA RAMOS de DOSSETTI 

María Elsa "Gallega" GARREIRO MÁRTÍNEZ de VILLAFLOR 

Gerardo Francisco GATTIANTUÑA 

Horacio GELÓS BONILLA 

Leonardo Germán "gordo Lucas" GELPICÁCERES 

Esther GERSBERG DREIFUS 

Héctor Orlando "el Portlan" GIORDANO CORTAZZO 

Victorina GODOY VERA 

Hugo Ernesto GOMENSORO JOSMAN 

Roberto "Tito" GOMENSORO JOSMAN 

Célica Elida GÓMEZ ROSANO 

Jorge Felisberto GONQALVEZ BUSCONI 

Darío Gilberto GOÑI MARTÍNEZ 

Nelson Wilfredo GONZÁLEZ FERNÁNDEZ 

Luis Eduardo "Chiqui" GONZÁLEZ GONZÁLEZ 

Gustavo Alejandro GOYCOECHEA CAMACHO 

Victoria Lucía GRISONAS ANDRIJA USKAITE de JULIEN 

Mónica Sofía GRISPON de LOGARES 

Carlos Julián "petiso Heber” HERNÁNDEZ MACHADO 

Jorge "Dumbo" HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ 

Lourdes HOBBAS BELLUSCI de HERNÁNDEZ 


7 
















María Angélica IBARBIA CORASSI de INSAUSTI 

Juan Carlos INSAUSTI TIRONI 

Gustavo Edison INZAURRALDE MELGAR 

María Emilia "Emi" ISLAS GATTI de ZAFFARONI 

Mario Roger JULIEN CÁCERES 

Josefina KEIM LLEDÓ de MORALES 

Valentín Ángel LANERI VERA 

Elena Paulina LERENA COSTA de CORCHS 

Rafael Laudelino LEZAMA GONZÁLEZ 

Manuel LIBEROFF PEISAJOVICH 

Claudio Ernesto LOGARES MANFRINI 

Arazatí Ramón "Paco" LÓPEZ LÓPEZ 

Enrique Joaquín LUCAS LÓPEZ 

Mary LUPPIMAZZONE 

Félix “Juancito" MAIDANA BENTÍN 

Jorge Hugo MARTÍNEZ HORMINOGUEZ 

Luis Fernando MARTÍNEZ SANTORO 

José Mario MARTÍNEZ SUÁREZ 

Miguel Ángel "gordo Tito" MATO FAGIAN 

Winston César "el Pelado" MAZZUCHIFRANTCHEZ 

Alberto Cecilio "Pocho" MECHOSO MÉNDEZ 

Nebio "el Petiso" MELO CUESTA 

José Hugo "Negro" MÉNDEZ DONADÍO 

Juan Micho MICHEFF JARA 

José Enrique "el Mudo" MICHELENA BASTARRICA 

Urano "Pitín" MIRANDA FELEINTOR 

Fernando MIRANDA PÉREZ 

Otermín Laureano MONTES DE OCA DOMENECH 

Juan Miguel MORALES VON PIEVERLING 

Miguel Ángel MORENO MALUGANI 

Alfredo “Fredy" MOYANO SANTANDER 

Heber Eduardo O'NEIL VELAZQUEZ 

Raid Pedro “el Flaco" OLIVERA CANCELA 

Félix Sebastián ORTÍZ 

Asdrúbal PACIELLO MARTÍNEZ 

Enrique Julio "El Negro" PAGARDOY SAQUIERES 

Antonio Ornar PAITTA CARDOZO 

Jorge PEDREIRA BRUM 

José Luis PELÚA PEREIRA 

Martín Isabelino PELÚA PEREIRA 

Renée PEREIRA GASAGOITE 

Eduardo "gordo Marcos" PÉREZ SILVEIRA 

Juan Antonio POVASCHUCK GALEAZZO 


8 
















Rubén "Cachito" PRIETO GONZÁLEZ 

Washington Domingo "Mingo" QUEIRO UZAL 

Elena Cándida "la Negra" QUINTEROS ALMEIDA 

Carlos Alberto RAIN A GONZÁLEZ 

Juan Pablo " Colorado" RECAGNOIBARBURU 

Miguel Ángel "Cholo" RÍO CASAS 

Blanca Margarita RODRÍGUEZ de BESSIO 

Félix Antonio RODRÍGUEZ LIBERTO 

Carlos Alfredo RODRÍGUEZ MERCADER 

Juan Rodolfo RODRÍGUEZ MIRANDA 

Jidio César RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ 

Ever RODRÍGUEZ SANABRIA 

Amelia SANJURJO CASAL 

Nelson SANTANA SCOTTO 

Aída Celia SANZ FERNÁNDEZ 

Norma Mary SCÓPICE RIJO 

Olivar Lauro "Sarco" SENA RODRÍGUEZ 

Helios Hermógenes "Rolo" SERRA SILVERA 

Ary Héctor “Tatú" SEVERO BARRETO 

Marta Beatriz SEVERO BARRETO de MARTÍNEZ 

Cléber "Mauricio" SILVA IRIBARNEGARAY 

María Rosa SILVEIRA GRAMONT 

Adalberto Waldemar SOBA FERNÁNDEZ 

Guillermo Manuel “Willy" SOBRINO BERARDI 

Luján Alcides SOSA VALDÉZ 

Adolfo Isabelino STROMAN CURBELO 

Oscar TASSINO ASTEAZU 

Rai'tl Néstor TEJERA LLOVET 

Cecilia Susana "Piti" TRÍAS HERNÁNDEZ 

Liver Eduardo "Cacho" TRINIDAD ESPINOSA 

Víctor Osvaldo TROCHE MOREIRA 

Raymundo TRUCIDO 

José Luis "el Flaco" URTASUN TERRA 

Raymundo VILLAFLOR 

Wilhelm WURM MALLINES 

Jorge “Charleta" ZAFFARONI CASTILLA 

María Nieves ZUAZU MAIO 


9 


















Queremos expresar nuestro profundo agradecimiento: 


a Mario Benedetti, por su gran apoyo a nuestro grupo; 

a todas y todos los que colaboraron solidariamente para que esta publicación 
fuera posible: las y los que intervinieron en las distintas etapas de este 
engorroso y largo proceso de escritura, impresión y encuadernación; 
particularmente a Sonia Mosquera, Javier Fraga e Imprenta Caligráficos; 

a Soledad Cibils, Secretaria de la Comisión para la Paz; 

a los organismos argentinos, por proporcionar la información 
que obra en sus archivos; 

a la Universidad de la República y a su Rector, Ingeniero Rafael Guarga, 
por su auspicio generoso; 

a los participantes del festival impulsado por la murga Falta y Resto; 

y, muy especialmente, a las mujeres y hombres que 
brindaron su testimonio, contribuyendo decisivamente 
a la recuperación de la verdad de lo vivido. 


Madres y Familiares de uruguayos detenidos desaparecidos 

















12 


















Prólogo 


Nada más difícil que escribir un prólogo; y más cuando se trata de un libro 
de especial trascendencia y que, por añadidura, cuenta de por sí con una 
introducción y con conclusiones, escritas ambas por quienes me exceden 
en su vivencia del tema. 

Si ninguna verdad es inútil, si se debe preservar como fuente de conoci¬ 
miento aun a aquéllas a las que no se le percibe aplicación inmediata, mucho 
más han de atesorarse las que, por más amargas que sean, nos acercan a 
las raíces de la determinación de nuestro destino y nos llevan a reflexionar 
sobre el sentido de nuestra existencia. 

Cualquiera sea el esquema ideológico desde el que se estructura nues¬ 
tra percepción de la realidad, las confrontaciones que disgregan la convi¬ 
vencia siempre implican una polarización ética; de lo contrario, si no exis¬ 
te esta discrepancia en las visiones del deber ser, la oposición ideológica se 
atempera y hasta se disipa en meras diferencias de matices; es decir, en 
ideas-fuerza que orbitan en torno a una misma orientación de la acción. 

La historia de todas las sociedades, con sus incontables variables tácticas, 
y con su inevitable mezcla del trigo y la cizaña en cada uno de los bandos, 
parece ser reductible a una constante pugna entre una ética del egoísmo, 
la dominación y el avasallamiento (de la realización en sí mismo) y una 
ética del altruismo y de la solidaridad (de la realización con los demás). 

Suele verse en el mito bíblico del pecado original, la rebelión de la cria¬ 
tura en ofensa de su Creador, intentando equiparársele y transformarse 
en diosa de sí misma. En cambio, no es tan usual que se perciba que, en 
igual o mayor magnitud, es también un pecado contra los demás huma¬ 
nos, porque sólo ellos pueden padecer las agresiones de quien aspira a 
detentar una absurda divinidad, totalmente incongruente con su finitud. 

La voluntad de poder de quien se erige en dios de sí mismo no recono¬ 
ce límites en la interacción contra sus semejantes. Y ello, en la paz o en la 
guerra. Paz y guerra son meras apariencias; fases alternadas de un conflic- 


13 














to perpetuo. La lógica de la competencia y la de la guerra son básicamente 
idénticas: ambas procuran la derrota del adversario; y, si fuera posible, 
hasta el extremo de aniquilarlo o de reducirlo a una situación en la que no 
pueda nunca revertir su suerte. 

En la admirable visión secularizada de los trágicos griegos, el mal es 
también definido como una transposición de límites, perpetrada por un 
yerro intelectual que es causa de que se los rebase porque no se los percibe 
o por una tropelía ética, suscitada por una voluntad ensoberbecida, ávida 
de desembarazarse de toda valla que, aunque sea advertida, se interponga 
al designio individual apetecido. 

Esta aseveración tan arraigada en mitos fundacionales de nuestra civi¬ 
lización, creo que sirve para reforzar la aguda intuición que desarrollará, 
tan sólo unas páginas más arriba, la introducción cuando articula dos se¬ 
ries de interrogantes y concluye señalando su entrañable interrelación. 

En efecto, tanto al preguntarnos cuáles son los límites entre la conducta 
humana y la inhumana (¿Cuándo y cómo perdimos de vista nuestra básica condi¬ 
ción gregaria? ¿Cómo fue que aceptamos nuestra propia deshumanización ? ¿Dónde 
quedaron los principios, la cultura, la preocupación central por las personas, por el 
bien común?) como al cuestionarnos, más ceñidos a los hechos, por sus cau¬ 
sas más directas (¿quiénes y dónde llevaron a los 'desaparecidos', por qué, cómo 
puede ser que suceda esto entre nosotros?) estamos hurgando en la búsqueda de 
sus respuestas, en un mismo humus de inocultable índole ética. 

¿Quiénes, en suma, se llevaron consigo a los "desaparecidos"? ¿Sólo los 
ejecutores de su detención? ¿Sólo los que dispusieron la operación? ¿O 
también los que, por razones de mando, supervisaban a los jefes de los 
comandos? ¿O también los que -dentro y fuera del país- conspiraron en la 
conjura del golpe de estado o lo apoyaron? 

No hay que esperar al plan Cóndor para señalar una coordinación de 
las fuerzas armadas sudamericanas. La simultaneidad de los malones mi¬ 
litaristas contra las instituciones constitucionales revela la concertación de 
esa estrategia al más alto nivel de las estructuras de poder del mundo. Tal 
desembarazo de los visos de la legitimidad institucional trasunta la im¬ 
portancia dispensada a los intereses económicos en juego. Porque si toda 
voluntad es pasible de ser torcida por el engaño o doblegada por la violen¬ 
cia, quien domina una situación, procura preservarla acudiendo a la per¬ 
suasión, la vía más segura, menos irritante y cruenta; sólo echa mano de la 
coacción, cuando juzga que le es indispensable. 


14 
















¿Fue realmente la tutela de nuestro "estilo de vida", la defensa "de las 
bases mismas de nuestra nacionalidad", el propósito último de este des¬ 
borde institucional, el núcleo motivacional de la cadena de golpes de esta¬ 
do que sacudieron la región? ¿A través de las causas geopolíticas podemos 
acceder a las causas geoeconómicas en el marco entonces vigente de la 
guerra fría? 

Si esta última hipótesis es la verdadera, desembocamos en la conclu¬ 
sión de que el más grueso error en el que podemos incurrir es circunscri¬ 
bir los desmanes del terrorismo de Estado, ya sea en un pretérito definiti¬ 
vamente superado, ya sea -como mera amenaza- en un futuro mediato, 
por no decir remoto. 

El problema decisivo de nuestro destino nacional -la forma más desea¬ 
ble de insertar al país en el mundo- permanece en el mismo estado en el 
que quedó en el siglo XIX: no está resuelto. 

Que no nos engañe la ausencia de dictadura y de "desapariciones" en 
nuestra vida cotidiana. Esa fase virulenta ha vuelto a estar bajo control 
-¿aunque de quiénes?-, pero el código ético que decidió su desencadena¬ 
miento sigue vigente en la práctica, por más que se haya avanzado -¿cuán¬ 
to?- en la conformación de la institucionalidad democrática. 

Si el mundo fuera un hospital, la sala América del Sur no muestra pa¬ 
cientes para los que esté previsto, de manera inminente, un tratamiento 
quirúrgico. Los cirujanos actúan en otras salas y en otros pacientes: 
Afganistán, Chechenia, Irak, Palestina. Allí, en las calles y en los cuarteles 
de esas tierras, está implantado el horror. 

No sólo el bisturí es el instrumento adecuado. Hay tratamientos in¬ 
cruentos como los tratados internacionales que estrangulan la soberanía 
nacional. No puede analizarse por separado, en el proceso de las dictadu¬ 
ras militares, a la cuestión de los derechos humanos y de los principios 
orientadores de su política económica, porque es esclarecedora la entra¬ 
ñable vinculación de medio a fin entramada entre el terrorismo de Estado 
en el que incurrieron y la doctrina neoliberal que vertebró su gestión de 
gobierno. 

Por supuesto, los hechos no demuestran que todos los sustentadores de 
esta doctrina económica fueran partidarios de los regímenes dictatoriales, 
pero sí que todos los equipos económicos de las dictaduras porfiaron por 
encauzar a la región según la orientación del más exacerbado liberalismo 
económico. 


15 

















Y, precisamente, la persistencia de la doctrina neoliberal en la actuali¬ 
dad mundial, a través de las pautas de los organismos internacionales y de 
la negociación de tratados de libre comercio, es el signo más nítido de que 
existe una continuidad epocal entre las dictaduras y nuestro presente. 

Hay entre el acontecimiento político, aparentemente sumido en el pa¬ 
sado, y el proceso económico, que persiste en sus líneas rectoras, mucho 
más que una mera concatenación cronológica. Los vincula una idéntica 
raigambre ética que, incluso, trasciende y anima todo otro ámbito de la 
vida humana. El mundo entero sufre la opresión de insaciables volunta¬ 
des de poder, cuya pugna condena, a cada uno de sus habitantes, a una 
creciente disminución de las condiciones generales de su vida cotidiana. 

No creo, entonces, sostenible la tesitura, para estos terribles años de 
plomo, de "los dos Demonios". Me parece errónea la identificación de los 
hombres y mujeres desaparecidos con una de las dos fuerzas malignas 
que, confrontadas, habrían generado el infierno que estalló en nuestros 
países. A estos prójimos nuestros, sin que sea necesario pronunciarse so¬ 
bre la validez ética o el acierto estratégico de las vías de lucha asumidas 
por cada uno de los desaparecidos, los redime la indiscutible nobleza de 
sus propósitos, la corajuda generosidad de su elección, la pureza de sus 
intenciones. Lucharon contra un mundo injusto. Se alzaron contra un ban¬ 
do mezquino. 

Importa, entonces, repasar los destinos de estos ciudadanos, cuya lista 
simbólicamente abre el nombre de Abel Adán Ayala Alvez. No se trata sólo 
de inventariar arbitrarios avasallamientos de sus derechos o de ir ponde¬ 
rando, por la sucesiva acumulación de los casos, la magnitud de las atroci¬ 
dades que sufrió nuestro colectivo. Tampoco se trata de rasgarnos las en¬ 
tretelas del corazón y de prorrumpir únicamente en un emotivo "¡Nunca 
más!" que solo valiera como un desahogo personal. 

Sus edades y sus oficios nos los acercarán a nuestra vida cotidiana. Ve¬ 
remos que fueron lo mismo que hoy son nuestros vecinos y nuestros com¬ 
pañeros, no sólo los padres y los hijos, los cónyuges y los hermanos de 
algunas familias afectadas por esa catástrofe colectiva. Veremos, en suma, 
que fueron lo que ayer fuimos y hoy todavía somos nosotros. Veremos que 
rescatarlos del olvido o, mejor dicho, de esa terrible incertidumbre de ig¬ 
notas fosas comunes o indeterminados lechos fluviales, no es sólo deber y 
-sagrado- derecho de sus deudos. A todo uruguayo interesa y comprome¬ 
te. No es cuestión de muertos, sino de vivos. 


16 
















A todos nos incumbe rescatarlos de la deshumanización que contra ellos 
se perpetró y que pudo haberse consumado contra nosotros mismos o 
nuestros seres más queridos. Entenderemos que ganar para ellos la escasa 
justicia que todavía puede dispensárseles no es cuestión que sólo atenga a 
sus personas o a sus familias o que pertenezca al pasado. Se trata de asen¬ 
tar nuestra propia convivencia, no sobre el cimiento de barro de un "olvi¬ 
do" tan ficticio como imposible, sino sobre la roca de la verdad. La solidez 
de una auténtica institucionalidad uruguaya está en juego. 

No se trata únicamente de ayudar a sus familias a procesar un duelo 
tan injusto. Se trata de entender lo que pasó y de aplicar a nuestro presente 
el resplandor de la comprensión de ese pasado. 

Quien abra y recorra este libro, no inventariará desgracias ajenas, sufri¬ 
das en el pasado. Estas desventuras a todos nos incumben y siguen insta¬ 
ladas en nuestro presente. 

Por otra parte, si busca respuestas le seguirán siendo insatisfactorias. 
Me parece que su lectura es insoslayable, porque desde cada una de sus 
peripecias nos acuciarán las únicas preguntas que plantea toda atrocidad 
perpetrada por seres humanos contra otros seres humanos. 

Por supuesto que nos seguiremos preguntando: ¿Quiénes y dónde lleva¬ 
ron a los 'desaparecidos', por qué, cómo puede ser que suceda esto entre nosotros? 
Pero, sobre todo, y eso es lo que en definitiva importa, este libro nos pre¬ 
guntará, exigiéndonos que busquemos una respuesta auténtica: ¿Cuándo y 
cómo perdimos de vista nuestra básica condición gregaria? ¿Cómo fue que acepta¬ 
mos nuestra propia deshumanización? ¿Dónde quedaron los principios, la cultu¬ 
ra, la preocupación central por las personas, por el bien común? 

¿Podremos, sabremos, querremos responderlas? 


Tomás de Mattos 


17 

















18 


















Introducción 


¿Cuándo y cómo nos alejamos de nuestra propia animalidad? ¿Cuándo y 
cómo perdimos nuestra pertenencia a la naturaleza? ¿Cuándo y cómo per¬ 
dimos de vista nuestra básica condición gregaria? ¿Cómo fue que acepta¬ 
mos nuestra propia deshumanización? ¿Dónde quedaron los principios, 
la cultura, la preocupación central por las personas, por el bien común? 
¿Cómo se pudo acumular tanto -dijera Perico- la "mala conciencia de hoy"? 
¿Tanta insolidaridad estructural (que no se arregla sólo con la solidaridad 
de los uruguayos), tanta corrupción en la búsqueda de dinero, "éxito" y 
cualquier forma de poder. ¿Tanto individualismo, corporativismo, cinis¬ 
mo e hipocresía? Es que acaso, ¿son más "malas" las personas de hoy que 
las de ayer? ¿O es que hay una profunda destrucción del tejido social con 
el desgaste y la atrofia de ciertos ideales guías? 

A 30 años del crimen, estas preguntas -complejas por cierto- resuenan 
en nuestras cabezas, como en aquel entonces empezaron a resonar otras: 
¿qué pasó (no conocíamos la forma represiva "desaparición forzada")? 
¿quiénes y dónde llevaron a los "desaparecidos", por qué, cómo puede ser 
que suceda esto entre nosotros? 

Hoy de tanto mirar, escuchar y reflexionar, hemos aprendido: ambas 
series de preguntas están relacionadas históricamente (no mecánicamen¬ 
te). Para montar el tinglado de hoy, hubo que montar la tragedia de ayer. 

La tragedia de ayer no es sólo la humana que vivieron por miles los 
detenidos-desaparecidos, los asesinados, los torturados, los presos, los 
desterrados, los clasificados en categorías A, B y C que eran despedidos o 
impedidos de estudiar y/o trabajar por razones de seguridad. Ni siquiera 
es la de ellos más la de sus familiares y amigos. La tragedia es la de todo un 
pueblo sumergido en las tinieblas del horror, la tragedia social del terro¬ 
rismo de Estado: la de un pueblo privado de su libertad, acallado, impedi¬ 
do de organizarse, acostumbrándose al silencio y a mirar de reojo al próji¬ 
mo, desconfiado y temeroso de cualquier tipo de organización. Un pueblo 


19 














al que se quiso despojar de la certeza de que los cambios son posibles, de 
que la decencia es posible, de que la inteligencia colectiva y la lucha pue¬ 
den vencer las fanfarrias y las malas artes del poder. 

Sólo con pueblos amedrentados, privados de información, de sus orga¬ 
nizaciones, de su accionar colectivo pudieron cometerse aquellos horrores 
contra sus integrantes, se pudo despatarrar la economía, desguazar los 
países y someter un Continente. 

Estas heridas dejan sus cicatrices en las personas, en las estructuras so¬ 
ciales y económicas y en los valores que orientan a una sociedad. 

Pero, con su transcurrir, los tiempos mostraron que, en Uruguay, como 
en tantos lugares, la conciencia no se mata, que los cambios son posibles, 
que las verdades poco a poco ocupan su lugar, que las nuevas generacio¬ 
nes -al igual que las anteriores- vienen con sus pensamientos, sueños y 
utopías, que la experiencia deja sus lecciones y que una sociedad mejor es 
posible, aunque los poderosos no la quieran y muchos adultos defeccionen 
ante el poder para "tener su oportunidad". 

La convicción transformada en acción, las utopías que guían el queha¬ 
cer cotidiano nos aproximan a vencer la desesperanza. 

Esa idea es la que nos lleva a continuar investigando con el mismo te¬ 
són con que solos y en medio de la adversidad lo comenzamos a hacer en 
la década del 70. Necesitamos la verdad, todos necesitamos la verdad, aún 
los que ignoran completamente los hechos. No se deben arrancar páginas 
del libro de nuestra historia. No es bueno conceder el monopolio oficial de 
la historia. 

Para "justificar" el crimen hubo que inventar enemigos y guerras, en 
nuestro país y en toda la región, al tiempo que se decía actuar en nombre 
de la patria, de la civilización, la libertad, la democracia y la paz. 

El cinismo era necesario para ejecutar la diabólica mosqueta. Se mintió 
entrecasa y en los foros internacionales y se siguió mintiendo después. 
Eso sí, modificando algo el discurso. Después se intentó laudar todo con 
una ley de impunidad ignominiosa, rebuscada hasta en su nombre, vota¬ 
da en el Parlamento en 1986, no sólo entre gallos y medias noches sino 
también entre complicidades y atemorizaciones. 

Posteriormente, con una campaña cerrada y sesgada, salieron a con¬ 
vencer al pueblo de su ratificación con las banderas del futuro y de la paci¬ 
ficación. Lo lograron. Todavía era poderoso el poder detrás de bambalinas 
y un nuevo golpe, una amenaza pendiente. El mensaje era claro: no debía 


20 















procurarse la verdad ni la justicia, buscarlas, además de innecesario, po¬ 
día ser peligroso y -en el mejor de los casos- imposible... habían pasado 
tantos años. 

La lucha por el Referendum no fue infructuosa. Sirvió para colectivizar 
el trocito de verdad que teníamos. Sirvió para aproximar a mucha gente, 
para empezar a reflexionar sobre nuestro pasado y también para que se 
tuvieran que balbucear "explicaciones" de nuevo tenor. A las viejas expli¬ 
caciones de la guerra contra una subversión extranjerizante que jaqueaba 
militarmente nuestro estilo de vida, le siguieron otras de que "bueno, a un 
grupito se le fue la mano" como si la dictadura que controlaba hasta el 
último volante y llamada telefónica, que había usurpado los poderes del 
Estado, no supiera o no pudiera hacer nada. Por otra parte estas explica¬ 
ciones no sólo no concuerdan con la realidad sino que contradicen las ex¬ 
presiones "reformistas" que durante el bordaberrismo dieron las Fuerzas 
Armadas a través de los comunicados 4 y 7 y su autoasignada misión de 
terminar con la corrupción y las malas administraciones de los políticos. 

En la actualidad tenemos claras evidencias de que este "grupito" tenía 
centros de detención, operaba dentro y fuera de fronteras, contrabandeaba 
secuestrados aunque fueran niños y embarazadas, como lo demuestra que 
allá, en Valparaíso aparecieron los Julien Grisona, acá, la joven Gelman- 
García y hasta se metieron en la Embajada de Venezuela, tras Elena... 

Evidentemente las "explicaciones" no resisten el menor análisis. ¿Por 
qué se dieron (y algunos todavía las dan)? Porque hay que ocultar la géne¬ 
sis de una de las épocas más repugnantes de nuestra historia, no sea que 
develarla provoque reflexiones que alumbren el mañana. 

Tuvieron que pasar 15 años (3 períodos de gobierno completos) para 
que el Presidente Jorge Batlle encarara el tema y el Estado reconociera su 
responsabilidad sobre los hechos. La Comisión para la Paz no culmina un 
camino, oficialmente lo comienza. Falta mucho por hacer, pero lo hecho es 
de enorme significación e irreversible. 

No se trata de conocer toda la verdad para atacar a nadie. Se trata de 
arrancar los hechos del ocultamiento al que los han condenado, para que 
cada uno de nuestros compatriotas los ubique en el contexto histórico. Se 
trata de recomponer la historia, poner en su lugar las páginas secuestra¬ 
das. De construir la memoria. De forjar la libertad de pensar las realidades 
sobre antecedentes reales y no sobre "explicaciones" embusteras. Sobre 
todo, se trata de que nuestra sociedad encamine sus pasos en el camino de 


21 

















los derechos humanos, camino que no sólo es el de no violarlos sino el de 
construirlos en la cotidianidad. 

Como sociedad debemos avanzar en nuestro conocimiento, en nuestro 
entendimiento, en nuestro sinceramiento, en su capacidad de compren¬ 
sión, en aunar voluntades para reconstruir ética y materialmente nuestra 
civilización y nuestro país. Debemos avanzar en la tolerancia de lo y los 
diferentes (no de la infamia), pero también en la erradicación definitiva 
del crimen. Para ser flexibles hay que ser firmes y la firmeza no puede 
descansar más que en la verdad, la libertad, el derecho y la justicia. 

Las páginas amargas que siguen son producto de investigaciones que 
comenzaron hace mucho tiempo, en las épocas que recorríamos cuarteles y 
ciudades foto en mano, que recibieron el aporte generoso de tantísimas per¬ 
sonas que buscaron, testimoniaron y apoyaron por lo cual tienen todo nues¬ 
tro reconocimiento. Investigaciones que no terminarán hasta que no sepa¬ 
mos toda la verdad y nada más que la verdad. Si le invitamos a recorrerlas 
es porque ellas no son sólo de dolor y horror, son páginas de lucha. 

El lector avezado en ver más allá de la línea fría, encontrará también 
-implícito- el testimonio de dignidad, valentía, de generosidad de las per¬ 
sonas que aún en las más difíciles circunstancias, optaron por los dictados 
de su conciencia, por la lealtad a la causa que habían hecho suya. Testimo¬ 
nio implícito que conocemos al saber las circunstancias de su martirio. Por 
ello también la verdad es importante. Para reivindicar su vida entregada, 
su memoria, la verdad es importante. 

Nada de lo que sigue exuda rencor, resentimiento ni invita a la vengan¬ 
za. Quien estudie este material no podrá dejar de preguntarse cómo hacer 
para que en nuestro país no surja más el terrorismo de Estado, pero tam¬ 
bién cómo hacer para que el coraje de estas mujeres y de estos hombres, su 
fe en los demás, en el cambio hacia una sociedad humanizada y 
humanizante anide en nosotros. En los momentos difíciles que vivimos, 
estas mujeres y hombres entrañables, salen de las sombras para darnos un 
abrazo esperanzador. 

Sí, más temprano que tarde, las sociedades progresan, la humanidad 
progresa, de nosotros depende... de todos y de todo lo que hagamos -por 
pequeño que sea- en tal sentido. Ello encerrará, además, nuestra mejor 
forma de honrarlos. 

Por eso, estas páginas son por un lado esclarecedoras y probatorias del 
crimen y del andamiaje represivo. Por otro, dignificantes y esperanzadoras. 


22 















Ellas nos ayudarán a rescatar nuestra propia humanidad perdida, a susti¬ 
tuir la perplejidad e impotencia de estos días por la confianza y la decisión 
que necesitamos para transformarlos. 

Volviendo al comienzo, nos impulsarán a reflexionar y a actuar. A 
reasumirnos como parte de la naturaleza y de la grey que conformamos 
con nuestros prójimos. A reasumir nuestra responsabilidad humana e in¬ 
transferible de pensar en el otro y en los otros. A vivir con ética la vida, a 
reafirmar que en el fondo lo trascendente es, desde la humildad y la aper¬ 
tura, desde el pensamiento-acción, desde el respeto, contribuir a una so¬ 
ciedad más justa, más fraterna, más digna, más libre. 


23 
















24 


















Un largo camino 


Las voces de las madres, en relato, se van entrelazando 
hasta hacerse una sola 

Hoy estuve leyendo cuentos de Carlos Martínez Moreno y uno de ellos me llegó pro¬ 
fundamente: "Antígona". Todos tenemos el derecho de asistir a los últimos momen¬ 
tos de nuestros seres queridos, cosa que no pudimos lograr las madres de los desapare¬ 
cidos... y después también, tenemos derecho a enterrar a nuestros muertos, cosa que 
tampoco pudimos hacer. Fue un cuento que me hizo llorar y me hizo recorrer todo el 
largo camino desde el día que supe que habían desaparecido hasta el día de hoy. 

Hace tiempo, mucho tiempo que yo no lloraba. Las madres, las pocas que éramos al 
principio, nos habíamos hecho el firme propósito de no llorar nunca, para evitar 
dar muestras de debilidad, para que 'los de turno' no se rieran de nuestra debilidad 
y de nuestro dolor. Así que todas nos hicimos de una especie de coraza y no llorába¬ 
mos nunca. Costumbre que después se hizo carne en uno... 

Pero esta tarde volví a llorar. Me acordé de cómo recibí la noticia. Yo estaba 
trabajando y me llamaron a la escuela. Era Lucía, que estaba en Buenos Aires. Me 
dijo que hacía dos días que no sabía nada de los muchachos. Era una clave que ellos 
habían acordado, si Jorge pasaba dos días sin comunicarse con Lucía era porque 
había sucedido algo. Recuerdo que me recosté a la pared y empecé a llorar, a llorar, 
a llorar, con unos estremecimientos dolorosos... y vino una compañera y me dijo: 
“¿ Qué te pasa ? ¿ Qué te pasa ?" Le con té. Trató de consolarme, pero claro, para eso 
no había consuelo. Además se decían tantas cosas, de las muertes, de las torturas, 
de la vida que les hacían pasar a los secuestrados. Entonces yo lloraba por todo eso; 
lloraba por mi hija, por Jorge, lloraba por la nena, por lo que estaban pasando. Y 
lloraba también por mí. 

Yo vivía en el interior del país, en Mercedes. Había estado detenida por Medidas de 
Seguridad, cuando en febrero de 1976 llegó a mi casa la hermana de mi nuera. Ella 


25 














la había llamado por teléfono para c¡ue me avisara que mi hijo estaba enfermo en 
Buenos Aires y que yo fuera. Yo realmente pensé que no, que mi hijo no estaba 
enfermo sino que lo habían detenido. 

Para mí ir a Buenos Aires era ir a un lugar desconocido, al que no había ido 
nunca. ¡Si cuando yo venía a Montevideo no podía andar sola porque me perdía! 
Eso para mí fue terrible. Saber que tenía que ir a Buenos Aires a ver qué pasaba... 
Ya me imaginaba que estaba preso. 

Vine de Mercedes directo al aeropuerto de Carrasco, donde estaba la hermana de 
mi nuera, que me esperaba con el pasaje. Subí la escalinata del avión y empezó mi 
tragedia. 

Mi hijo estuvo preso en Uruguay desde mediados del 72 hasta el fin del 73. Como 
no se sentía seguro en el país, se fue a Buenos Aires. Nosotros lo visitábamos, por 
supuesto, pero un día nos llegó un aviso de que figuraba en una lista de desapare¬ 
cidos en Argentina. 

"El 13 de diciembre de 1974 comenzó nuestra pesadilla. Estábamos en casa con 
Daniel, que es el segundo de mis hijos, su señora, el bebé y un sobrino mío que 
-como había huelga en la Facultad de Arquitectura-por seguridad no se quedó en 
su apartamento. Faltaba Raúl, el mayor de mis hijos, que estaba en Paysandú. A 
las dos de la mañana sonó el timbre del zaguán y se nos paralizó el corazón a todos. 
La persona a la que atendí pretendió pasar por amigo y compañero de estudio de 
"Chiqui”, a quien buscaban. Era el menor de mis hijos. Tenía 22 años y 15 días de 
casado. Le dije que no estaba en casa y que yo no sabía su dirección. Se enojó y sacó 
un carné de las Fuerzas Conjuntas. Por supuesto yo ya me había dado cuenta de 
eso y de que nuestra casa y toda la cuadra estaba rodeada por militares armados 
con metralletas. 

Como no conseguían la dirección, me hicieron subir en "jeep" y me tuvieron 
dando vueltas por la ciudad, según ellos "hasta que recobrara la memoria". De 
pronto decidieron volver. Seguramente porque los guardias que quedaron en casa 
revolviendo todo encontraron la tarjeta de casamiento con la dirección y lo comu¬ 
nicaron por radio. 

Mi hijo se fue a vivir a Buenos Aires en noviembre de 1971. Ya estaba clandestino 
desde hacía tiempo y se fue allá pensando que iba a estar a salvo. 

En 1975formó pareja con una chica uruguaya de su mismo grupo y en setiem¬ 
bre nació una niña. Yo viajé para acompañarlos en el parto. La situación política ya 


26 
















estaba muy nial para ellos. Cuando la nena tenía cinco meses viajó a Montevideo 
con la mamá, que me la dejó una semana. Ya habían desaparecido varios compañe¬ 
ros. En julio de 1976 me mandaron a la nena por una persona de su confianza; 
querían que quedara con nosotros hasta que ellos decidieran qué hacer. Pasaron 
unos meses y después nos pidieron que le lleváramos a la nena, cosa que hicimos el 
30 de setiembre de 1976. La nena había cumplido un año el día anterior. Mi 
consuegra la llevó a Buenos Aires, se la entregó a la madre y ese mismo día desapa¬ 
reció mi hijo. No llegó a verla. Después del secuestro la niña volvió a Montevideo 
y se quedó con nosotros. Compartimos la crianza con los otros abuelos. A mí me 
avisaron desde Buenos Aires lo que había sucedido y me dijeron que viajara a hacer 
las denuncias. Así fue el comienzo de este peregrinar... 

Nosotros no teníamos ni idea de lo que significaba la palabra desaparecido. Pensᬠ
bamos que se trataba de un largo período de incomunicación: cuando mi hijo estu¬ 
vo detenido en Uruguay había pasado siete meses incomunicado. Inmediatamente 
presentamos un Hábeas Corpus, con resultado negativo. Varias veces. 

En la misma lista en la que mi hijo figuraba como desaparecido y en la misma 
fecha, también estaba el nombre de su compañera. A partir de entonces supimos lo 
que era ser familiar de un desaparecido: la desesperación de no dejar la casa sola 
nunca por si había algún llamado telefónico; la esperanza de cada día y la desespe¬ 
ranza de cada día; una desesperación desde las entrañas; una impotencia; una lo¬ 
cura; una angustia de muerte. Durante un largo tiempo no pensamos que se trata¬ 
ba de algo definitivo. 

En cada escalón de la escalerilla del avión que me llevaría a Buenos Aires para 
saber qué había pasado con mi hijo, pensaba que vendría alguien a bajarme. En 
cada escalón esperaba; sentía en la nuca que alguien me retenía y no me dejaba 
subir. Llegué a Buenos Aires, quizá por los nervios que llevaba encima o porque mi 
nuera se demoró, ese tiempo de espera fue eterno. No sabía dónde ir, no conocía a 
nadie, tenía una inquietud enorme. Por fin ella llegó. 

Dos días después que detuvieron a 'Chiqui' volvieron a buscar a Daniel y a Zully, 
que militaban en el mismo partido. Pero ellos ya no estaban. Al día siguiente del 
allanamiento se fueron a Buenos Aires. Como no los encontraron, se llevaron a mi 
hijo mayor y lo tuvieron detenido tres o cuatro días, no recuerdo bien. En ese 
operativo participó Manuel Cordero, a quien había visto y oído nombrar en el 
operativo anterior. Con mi consuegra fuimos a la Región Militar número 1 y pedi- 


27 

















mos para hablar con él. Nos atendió, pero deslindó responsabilidades respecto al 
operativo; dijo algo así como que había estado ahí por casualidad. 

Le pedimos la llave del apartamento de nuestros hijos; queríamos verlo para 
hacernos una idea de lo que había pasado. Nos la negó. Fuimos igual. Los guardias 
nos dijeron que no podíamos entrar. Insistimos y, después de unas llamadas telefó¬ 
nicas, nos dejaron pasar. Era temprano de la tarde; no nos dejaron salir hasta el 
otro día de mañana. 

Es difícil recordar todos los trámites que hice en Buenos Aires, siempre con la sensa¬ 
ción de estar en un lugar hostil, donde nunca pude moverme sola. Sé que fui, con mi 
nuera y un abogado argentino, a Tribunales donde presentamos un Hábeas Corpus. 
Nos contestaron que él no tenía problemas con la Policía argentina, que había un 
requerimiento de las autoridades militares uruguayas. En Naciones Unidas también 
presenté otro Hábeas Corpus; el último lo presenté en la ciudad de La Plata, antes de 
irme al exilio. Debe haber sido el año donde pasé mayor incertidumbre. 

De ahí en más fue un largo deambular por oficinas, cuarteles, Embajadas, entrevis¬ 
tas con personalidades extranjeras y con políticos... Recuerdo que le escribí a la espo¬ 
sa de James Cárter, que era el presidente de EEUU en ese entonces. Fue muy amable 
en contestarme. La carta me la entregó la Embajada. También le escribí a Wilson 
Ferreira y a Zelmar Michelini, cuando estaban exiliados en Buenos Aires. 

Cuando hizo un año de la desaparición de "Chiqui" le escribí una carta al general 
Esteban Cristi en la que puse el alma. Se la llevé personalmente a la casa. Me 
atendió su hija. Le pedí que ella y su madre la leyeran y que yo esperaba que Cristi 
me recibiera. A la semana volví por la respuesta y la señora me dijo que fuera a la 
Región Militar número 1, que me iba a recibir. Fui pero, aunque me atendieron con 
toda amabilidad, a Cristi no lo vi. Se disculpó, que tenía un compromiso ineludible 
y que me iba a atender un coronel del que no retuve el nombre. 

Fui con mi nuera y nieta a ver a Michelini al hotel "Liberty”. Él nos dijo que podía 
averiguar algo a través de un militar, pero que el tipo pedía dinero. Cuando reuni¬ 
mos el dinero, el militar había dejado de pasar noticias. Se había echado para atrás. 

El presidente del CELS me derivó al Alto Comisionado de Naciones Unidas para 
Refugiados y allí me dijeron que no fuera sola a Buenos Aires, que era riesgoso aún 
para los familiares. Me aconsejaron que viajara con otros familiares. Ellos me die- 


28 















ron el nombre de la señora de Michelini y de otra madre que estaba en la misma 
situación. Fui a verla; ella conocía a una y yo después conocí a otra. En la puerta 
del Consejo de Estado me encontré con otra madre... y así empezamos. Lo que antes 
hacíamos solas, empezamos a hacerlo juntas. Lo primero que hicimos fue escribir. 
Nos reuníamos y hacíamos cartas para personajes importantes, religiosos o políti¬ 
cos. Luego recogíamos las firmas de todos los familiares que se iban agregando. 

Nuestra marcha fue un despertar de fuerza, incertidumbre, lágrimas, búsqueda, 
comprobaciones; un afirmar los pies, un levantar cabezas, un mirar hacia fuera y 
extender las manos, un abrazarnos para ser más fuertes. A tientas y en soledad 
empezó nuestra búsqueda; los queríamos con vida como se los habían llevado. Nos 
fuimos juntando y elaborando reclamos: "¿Dónde están?" 

No había en Uruguay organismos de derechos humanos. En Argentina sí. Tam¬ 
bién nos vinculamos con compañeros de nuestros hijos que, a pesar de que corrían 
serios riesgos, no dudaron en apoyarnos y fueron muy valiosos cuando la Comi¬ 
sión Interamericana de Derechos Humanos llegó a Buenos Aires en 1979 a recibir 
testimonios de los familiares de las víctimas. Ese fue el momento en que se inició la 
consolidación del grupo de Familiares de Uruguayos Desaparecidos en Argentina. 
Los mismos jóvenes nos dieron la dirección de familiares de presos políticos en 
Uruguay con los que nos fuimos vinculando. También con los familiares de des¬ 
aparecidos que se habían exiliado en Europa y formaron AFUDE. Ellos organiza¬ 
ron el viaje de dos de nosotras para recorrer varios países y denunciar a la colecti¬ 
vidad uruguaya sobre la situación del país y los desaparecidos. 

En Uruguay había un total desconocimiento del tema. Nosotras, a imitación de las 
Madres de Plaza de Mayo, intentamos hacer reuniones en plazas con pañuelos 
blancos en la cabeza. Eramos tan pocas que inspirábamos conmiseración. En esos 
años, la gente que nos veía paradas en la plaza no se explicaba por qué, no había ni 
idea de las desapariciones. No entendían quiénes éramos ni qué hacíamos. Después 
de las fugaces apariciones en plazas, fuimos con una pancarta con las fotos de 
nuestros familiares a una iglesia, y la gente se preguntaba quiénes éramos. Creían 
que las fotos eran de santos. En otra ocasión, cuando vino el cardenal chileno Silva 
Henríquez, fuimos con nuestra pancarta a una reunión en que él estaba. Allí, 
algunas personas nos preguntaron si se trataba de los uruguayos que habían caído 
en la cordillera de Los Andes, en el accidente de avión. Ello es prueba de la igno¬ 
rancia en que estaba la sociedad de lo que ocurría en el país. 


29 

















El tiempo pasaba y no se sabía nada. Un día me llamaron por teléfono: era una madre 
que estaba en la misma situación que yo. Nos entrevistamos y así fue que empecé a 
conocer a las compañeras de lucha. Comenzamos a presentar escritos y pedidos al 
Gobierno, al Ministerio de Relaciones Exteriores reclamando que el Estado se intere¬ 
sara por sus ciudadanos desaparecidos en Argentina. Nunca obtuvimos respuesta. 
Mientras tanto las denuncias seguían y la lista de desaparecidos aumentaba. 

Las madres fuimos al Ministerio de Relaciones Exteriores acompañadas de algu¬ 
nos periodistas, porque pensamos que eso nos daría más seguridad. Allí estaban 
los "tiras" de siempre. Detuvieron a dos personas del grupo, al compañero de una 
madre y a una abuela cuya nieta estaba desaparecida. Después se ubicaron los 
restos de la muchacha y se supo que había sido asesinada en Buenos Aires. 

En la Semana del Detenido Desaparecido hicimos una campaña, fuimos a reunio¬ 
nes y actos para denunciar. En cada lugar encontrábamos a "los de siempre", que 
trataban de amedrentarnos. Nos pedían documentos para que nos asustáramos, 
cosa que no lograron nunca. 

También hicimos denuncias en el exterior. En Brasil tuvimos el apoyo de Justicia 
y Paz de Porto Alegre; en Río de Janeiro, de la Orden de Abogados de Brasil. En 
Argentina contamos con la ayuda del Centro de Estudios Legales y Sociales (CEES), 
de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, del SERPAJ y de abogados 
que estaban en la lucha y la denuncia de esas violaciones. Cada vez nos arriesgába¬ 
mos más a denunciar en Uruguay. Hacíamos actos en las iglesias que nos lo permi¬ 
tían. Después empezamos a ir todos los viernes, a las siete de la tarde a la Plaza 
Libertad. Llevábamos las fotos de los desaparecidos; empezamos unas pocas pero 
pronto se nos unió gente sensible a nuestro problema. Llamábamos la atención de los 
que pasaban y algunos se paraban a preguntar qué hacíamos, qué era eso. Esa medi¬ 
da se prolongó por mucho tiempo y cada vez venía más gente a acompañarnos. 

La constitución del SERPAJ en Uruguay, en 1982, significó para nosotros un cambio 
cualitativo. Nos facilitaron un local para reunimos y además tuvimos más tran¬ 
quilidad por su apoyo. El 28 de diciembre hacíamos un recordatorio especial por los 
niños desaparecidos; eso era algo que nos dolía muy profundamente. 

Cuando Sara Méndez salió de la cárcel empezó a trabajar en el grupo de Madres de 
Uruguayos Desaparecidos en Argentina. La habían secuestrado en Buenos Aires 
con su hijito Simón, que tenía 20 días; después la trajeron clandestinamente a 


30 
















Uruguay donde estuvo presa. Ella buscaba a Simón y lo encontró 27 años más 
tarde. Cuando le preguntamos dónde creía que podían estar nuestros hijos, si en 
Argentina o en Uruguay, ella nos contestó: "En ninguno de los dos lados". ¡Qué 
mazazo! Aunque los más optimistas siguieron creyendo en un futuro reencuentro. 
Nos negábamos a aceptar algo definitivo. 

Nos han preguntado por qué nos llamábamos sólo 'Madres'. Creo que eso venía un 
poco por el ejemplo de las madres argentinas y otro poco por la tradicional distri¬ 
bución de tareas que atribuye a la mujer el cuidado de los hijos. Después, cuando 
estuvimos todos juntos, los familiares de los desaparecidos en Uruguay, los de 
Argentina y los familiares que estaban en el exilio, cambiamos el nombre por el de 
Madres y Familiares. 

En el grupo no pesaron las diferencias político partidarias que pudiera haber entre 
nosotros. Tampoco nos dimos nunca autoridades y eso fue un acierto. Acá no hay 
jerarquías, somos todos iguales. 

En una época posterior empezamos a trabajar con los familiares de los presos y de 
los exiliados. Dábamos charlas en parroquias y en cooperativas, en todos los luga¬ 
res que nos abrieran las puertas; decíamos que éramos un disco rayado de tanto 
repetir las mismas cosas. Trabajábamos juntos y eso creaba lazos de afecto entre 
nosotros. Hablábamos de la Doctrina de la Seguridad Nacional, en parte porque 
nos parecía importante tratar esos temas y en parte también para no conmovernos 
hasta las lágrimas hablando sobre nuestros dolores. A las charlas llevábamos un 
video realizado por estudiantes que trataba especialmente el caso de los niños des¬ 
aparecidos; pedíamos la amnistía para los presos políticos; exigíamos "Verdad y 
Justicia" y "Aparición con vida de los desaparecidos". Más allá de que no éramos 
optimistas, no queríamos ser nosotros quienes habláramos de muertos; aún hoy no 
lo hacemos porque mientras no aparezcan sus restos o se compruebe que están 
vivos, no son muertos, son desaparecidos. 

Estaba en Argentina cuando oí que en la radio hablaban de un lugar llamado "El 
Pilar" donde, se decía, habían volado más de 60 cuerpos con una bomba. Nunca 
quise reconocerlo. Después vino un requerimiento para ir a reconocer personas 
que habían muerto ahogadas en el río Paraná... Tampoco fui. No me animé. Yo no 
podía concebir ir a encontrarme con mi hijo muerto. Eso me quitaba la fuerza para 
ir a reconocer algo. 


31 


















Me acuerdo que en determinado momento fuimos a ver al doctor Mignone, que era el 
presidente del CELS y tenía una hija desaparecida, y con una tristeza enorme nos 
dijo que ya no tenía esperanza. Él era muy pesimista. Eso para mí significó un golpe 
terrible. Pensar en perder la esperanza... era demasiado, me resultaba imposible. 

Yo no tengo ni nunca tuve militancia política. El hecho de tener que enfrentar la 
situación sola, pues era viuda, me destrozaba pero cada día me hacía de coraje y 
volvía a golpear alguna puerta con la esperanza de tener alguna información. No 
deseo a nadie ese tormento, aun cuando inocentemente me aferraba a la idea de que 
mi hijo estuviera vivo. Me llevó muchos años desengañarme. Creo que era miedo a 
enfrentar la realidad y engañándome encontraba el valor para seguir luchando. 

También fui a ver a un capellán de la Marina argentina. Hice una cola larguísima 
y cuando me llegó el turno me preguntó cuánto hacía que buscaba a mi hijo. Ya 
hacía ocho meses. Me dijo que esas cosas no pasaban en su país, que fuera a buscar¬ 
lo al mío. Recién cuando estuve en el exilio, en Europa, supe realmente todo lo que 
había pasado en Argentina y comprendí a qué punto puede llegar la gente cuando 
quiere tapar la irracionalidad de otra gente. Cómo un señor, que se decía religioso, 
podía mentir así, a sangre fría. 

Eso es lo que todavía pesa en mi conciencia: pensar que yo no hice lo suficiente, que 
no hice todas las cosas que tenía que hacer por ellos y eso me duele... me duele. Y es 
un dolor permanente. Además del problema personal, hay otro motivo: pensar en 
todos los compañeros, uno los siente como propios. Duele la falta de justicia. Para 
mí es fundamental que se haga justicia. Una justicia plena, verdadera, una justicia 
que castigue a los culpables; de alguna forma pero que los castigue... y eso no se ha 
logrado para nada. 

Yo diría que, deforma prioritaria, lucho por que haya justicia por establecer una 
justicia que nos permita vivir en paz y que toda la sociedad pueda vivir sin miedo, 
porque a pesar de que de "eso" no se habla, "eso" está. Siempre hay una amenaza 
latente sobre nuestras libertades, sobre nuestras familias, que se puede desatar en 
cualquier momento que se les ocurra a quienes se les ocurrió ya una vez. 

Entonces vienen los recuerdos de aquellas noches cuando, acodada a la ventana, 
esperaba que mi hija volviera. Yo sabía que ella se bajaba del ómnibus en Eezica y 
oía, hasta que llegaba a casa, que eran dos cuadras, los ladridos de los perros. Pen- 


32 
















s aba: "Ahí viene... ahí viene"... y no llegaba. No quisiera volver a pasar otra vez 
por la desesperación del dolor de querer ver a mi hija y no poder, de querer sentirla. 
No obstante, en aquellos años, cuando ella llegaba, eran mis reproches: "¿Y noso¬ 
tros quiénes somos ? " le preguntaba, cuando ella decía que luchaba por una Huma¬ 
nidad mejor... "Tu padre y yo, ¿no somos parte de esa Humanidad?" Le reprochaba 
causarnos dolor, no hacernos caso, no tenernos en cuenta, aunque en realidad no 
era así, porque ella era una chiquilina dulce, suave, que trataba de ahorrarnos 
preocupaciones; pero como ella misma dijo un día: "Mira mamá, esto es lo que yo 
estaba buscando y no voy a dejarlo". Tenemos que tratar de comprender eso, que 
eran sus ansias de justicia, sus ansias de igualar la sociedad, de luchar y eran por 
el derecho a una vivienda digna, de tener estudio, salud, de que los niños no pasa¬ 
ran hambre. Ésa era su lucha. Por eso dieron lo mejor que tenían: su vida. 

La Comisión para la Paz trabajó con los datos que le aportó "Familiares". El presi¬ 
dente Jorge Batlle, en una oportunidad nos dijo: "yo no voy a propiciar otro 
Nüremberg, no voy a propiciar que el pueblo uruguayo siga dividido". Entonces, 
¿qué nos queda por hacer?... No lo sé. Sólo sé que tengo que seguir luchando. Yo sé 
que mis hijos, donde quiera que estén, estarán velando por mí, estarán velando por 
todas las madres de sus compañeros y estarán velando porque no desfallezcamos en 
esta lucha. Y no lo haremos. Porque ellos se merecen lo mejor de nosotros. Nues¬ 
tras ansias, nuestros deseos, y pensamos que seguiremos hasta que sepamos la 
verdad de las cosas, sepamos qué pasó con ellos. Ya todos más o menos, tenemos 
una idea. Se terminó aquello de "Vivos los llevaron, vivos los queremos". No. Que¬ 
remos tener sus restos. Queremos saber ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Quiénes? 
¿Dónde? Las consignas de "Familiares"... todo eso tiene que venir, todo eso tiene 
que salir a relucir, tenemos que saberlo, tenemos que obtener justicia y entonces, 
viviremos en paz. 


33 

















34 


















Un poco de historia 


Desde la primera hora de la búsqueda de nuestros familiares, fuimos con¬ 
formando la lista de quienes ahora reclamamos como Nuestros Desapare¬ 
cidos. 

Una a una se fueron sucediendo las denuncias y así nos fuimos cono¬ 
ciendo. En la inmensa mayoría de los casos estas denuncias las hicimos los 
familiares de las víctimas inmediatamente después de ocurridos los he¬ 
chos, ante diversos organismos de derechos humanos nacionales e inter¬ 
nacionales. 

La persecución y el miedo, unidos al hecho de vivir en dictadura nos 
llevó a que muchas denuncias se realizaran por primera vez, cuando se 
instaló el primer gobierno democrático, en el marco de la Comisión Inves¬ 
tigadora sobre personas desaparecidas y hechos que la motivaron de la 
Cámara de Diputados (1985). 

A estas denuncias se fueron sumando otras registradas por los organis¬ 
mos de derechos humanos de Argentina y Chile. 

Nuevas denuncias se realizaron recientemente, en el año 2000, en el 
marco del trabajo de la Comisión para la Paz. 

El 10 de abril de 2003 la Comisión para la Paz presentó el Informe que 
incluye todos esos nombres. 

Se trata de una lista que permanece abierta, básicamente por tres razones: 

• por denuncias recibidas que aún no se han podido confirmar; 

• el hecho de que algunas denuncias se hayan hecho recientemente, 
hace suponer que puedan existir más; 

• la posibilidad de que existan más hijos nacidos en cautiverio o se¬ 
cuestrados y desaparecidos con sus padres en la República Argentina. 

La apertura de archivos de la represión en Argentina, los nuevos testimo¬ 
nios que aportan nuevos datos y los jóvenes que acuden a nuestra sede y a los 
organismos de derechos humanos buscando su idenüdad, abonan lo dicho. 


35 














Las fuentes 

El informe recoge los testimonios que sirvieron como punto de inicio de 
las investigaciones. A ellos se agrega la información aportada por la Comi¬ 
sión para la Paz a cada familia cuando ella lo autorizó. 

Se trata en su gran mayoría de testimonios que oportunamente fueron 
brindados en Uruguay, ante la Comisión Investigadora de la Cámara de 
Diputados que funcionó durante los primeros meses de 1985; en Argenti¬ 
na ante la Comisión Nacional sobre Desaparecidos (CONADEP) y en Chi¬ 
le ante la Comisión de Verdad y Reconciliación. Complementariamente, 
se consignan los testimonios que víctimas y familiares brindaron ante nues¬ 
tro Grupo u organismos de derechos humanos. 

Estos testimonios permitieron en su momento, sustanciar denuncias 
penales en nuestro país, posteriormente archivadas en virtud de las con¬ 
secuencias legales de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del 
Estado, votada por el Parlamento el 22 de diciembre de 1986. 

La información resumida sobre cada caso se presenta en el orden 
cronológico en que ocurrieron las detenciones desapariciones. 

Los responsables 

Se presenta un listado de los centros de reclusión en Uruguay, donde fue¬ 
ron vistos los detenidos-desaparecidos, incluyéndose además los nombres 
y grados de los militares y/o policías que cumplían funciones en las fechas 
en que se produjeron los hechos que se denuncian. 

Esta lista de responsables se construyó sobre la base de innumerables 
testimonios de víctimas que compartieron la prisión con alguien que lue¬ 
go desaparecería. 

El presente Informe, que resume el trabajo de muchos años, es un nue¬ 
vo escalón en el conocimiento de la verdad. Aunque parcial y fragmenta¬ 
ria, la información reunida constituye un punto de reinicio y es, a la vez, 
un reto para continuar investigando hasta llegar a conocer toda la verdad 
de lo sucedido con cada uno de ellos, por qué a ellos, por qué la desapari¬ 
ción forzada. 

Alcanzarla sigue siendo un desafío que asumimos con la convicción de 
que ésta es necesaria, al igual que la justicia, para construir una sociedad 
libre, justa y respetuosa de la dignidad de las personas. 


36 
















¿Cuándo, Dónde, Cómo, 
Por Qué, Quién? 


37 














Resumen sobre los casos de detenidos desaparecidos en Uruguay, Argentina, Chi¬ 
le, Paraguay, Bolivia y Colombia, ordenados de acuerdo a la fecha en que ocurrie¬ 
ron los hechos. 


38 















Detenidos desaparecidos en Uruguay 


ABEL ADÁN AYALA ÁLVEZ 

Nació en Rivera el 25 de noviembre de 1943, soltero, hijo de Asís Ayala y 
Lourdes Alves; estudiante de 3 e año de Medicina; se desempeñaba como 
agente policial de 2 a encargado de Relaciones y Asesor de Servicios de 
Sanidad Policial. No existen testimonios de su detención. El día de su des¬ 
aparición, 17 de julio de 1971 se retira del pensionado religioso en el Cerrito 
de la Victoria donde residía, ya que había acordado encontrarse con una 
amiga y compañera de trabajo, estudiante también de medicina, para en¬ 
tregarle unos libros. Esta persona testimonió que el día anterior, el 16 de 
julio de 1971, dos personas identificadas como funcionarios de Sanidad 
Policial la habían interrogado sobre el desaparecido. Ella fue quien efec¬ 
tuó la denuncia de desaparición ante la oficina de Inteligencia y Enlace. El 
padre de Ayala realizó una incesante e infructuosa búsqueda de su hijo. 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada del ciudadano uruguayo Abel Adán Ayala Álvez (CI N 2 23.756 del 
departamento de Rivera), porque ha recogido elementos de convicción coinci¬ 
dentes y relevantes que permiten concluir que: a) Fue detenido en la vía públi¬ 
ca el 17 de julio de 1971; b) Fue ejecutado al día siguiente, el 18 de julio de 
1971, desconociéndose más detalles. Sus restos -según la información recibi¬ 
da- habrían sido tirados al Río de la Plata. 


HÉCTOR CASTAGNETTO DA ROSA 

Nació en Tacuarembó el 20 de mayo de 1952, soltero, 
estudiante de Agronomía. A la edad de 17 años había 
sido internado en el Instituto "Álvarez Cortés" del Con¬ 
sejo del Niño con medidas de seguridad. La medida 
había sido dispuesta por razones presuntamente vin¬ 
culadas con la participación de una hermana suya en 
volanteadas relacionadas con actividades del MLN. 



39 





















El 17 de agosto de 1971, al salir de su casa, fue detenido por personal 
policial uniformado y de civil que pertenecía a una estructura clandestina 
de carácter parapolicial autodenominada "Comando Caza Tupamaros", lo 
que más tarde pudo ser confirmado. Dicho comando parapolicial estaba 
integrado por Miguel Sofía, el Capitán de Navio Jorge Nelson Nader 
Curbelo, el Inspector de Policía Víctor Castiglioni, el Comisario Campos 
Hermida y Nelson Bardesio entre otros civiles y agentes policiales. 

Castagnetto, luego de ser trasladado a centros clandestinos de deten¬ 
ción fue torturado y al día siguiente, ejecutado. La información surge de la 
denuncia penal interpuesta ante el Juez Letrado de Primera Instancia en lo 
Penal de 8 e Turno, patrocinada por el entonces. Representante Nacional 
Nelson Rovira, promoviendo denuncia contra el "Escuadrón de la Muer¬ 
te" y los crímenes por él cometidos en nuestro país -en especial, los asesi¬ 
natos de Manuel Antonio Ramos Pilippini e Ibero Gutiérrez y las desapa¬ 
riciones de Abel Adán Ayala y Héctor Castagnetto. 

TESTIMONIO: 

Carta de su madre Blanca Da Rosa, publicada en La Hora del 27 de mayo de 1987 

El 20 de mayo de 1952, nació en Tacuarembó. Era rubio, muy blanco, de ojos 
claros. Creció y vivió feliz, contento, como todos los niños que están protegidos por 
el amor materno, que es inconmensurable, no mide esfuerzos ni diferencias, y tam¬ 
bién tiene la fuerza de una invencible tormenta. 

A los tres años empezó a padecer asma infantil, que fue vencida a los 10 años; 
por suerte ya no faltaba más a clase por motivos de salud. A medida que crecía fue 
exteriorizando su vocación: excelente dibujante, amante de la historia, de la geo¬ 
grafía, etc. 

La lucha era dura, las dificultades aún grandes, pero él era feliz. Los Reyes 
Magos siempre llegaban. Comprensión y amor no faltaban. ¿Para qué más?, diría 
él. Manteníamos largos diálogos, aunque para ello tuviéramos que consultar un 
libro. Recuerdo que conversaba en cierta oportunidad con un estudiante de Dere¬ 
cho, hasta que tuve que llamarlo, y el joven me dijo: "la felicito Sra. ¿por qué?; 
porque las preguntas que me ha hecho su hijo me han dejado sorprendido; no cabe 
duda que va a ser un gran estadista". 

Era además muy cristiano, siempre oraba y tomó su primera comunión. Siguió 
creciendo, desarrollando sus propios pensamientos y formó su personalidad. Era 
un muchachito modesto, comunicativo, muy alegre, buen observador, muy since¬ 
ro, fiel a sus amigos, de sentimientos muy puros, no odiaba a nadie. 


40 













Pasó el tiempo, tenía tan sólo 17 años. Era estudiante de Agronomía. El 4 de 
octubre de 1969, temprano en la mañana, golpearon desesperadamente la puerta 
de entrada. Eran policías vestidos de particular. Abrí la puerta, entraron apresura¬ 
dos, preguntando por mi hija Blanca (estudiante de Notariado). Les contesté: No 
está más en casa. 

Me había dicho que corría riesgos, después de estar dos meses en prisión (por 
volanteadas de la financiera Monty) y que se iba a casa de una amiga mientras 
tanto, pero que por ahora no podía darme su dirección; se despidió con gran amor. 

Con los policías también vino una policía femenina, que me hizo la revisación 
personal. Al final me dijeron: Ud. y su hijo tienen que ir con nosotros a prestar 
declaraciones. Jamás hubiera pensado que ese edificio de San José y Yí era un in¬ 
fierno en aquel entonces. Eos interrogatorios eran exhaustivos. Las torturas psico¬ 
lógicas estaban presentes. ¿Cómo serían las físicas? 

Creo que recién el cuarto día pasamos al juez. Esa noche me dijeron que estába¬ 
mos absueltos y que muy pronto estaríamos en casa. Pero, mientras yo dormía en 
mi celda, ellos, estando solos con mi hijo, lo presionaron sobre el panorama político 
nacional e internacional. Lo supe de fuente fidedigna. No por él. Y mi hijo que leía 
muchísimo y tenía buena memoria, le agotaron su paciencia y les habló muy claro 
mostrándose abiertamente antiimperialista. Opinaron que de acuerdo a su edad 
había leído muchísimo. De modo que ignorando yo todo, esa misma noche fue 
trasladado al Álvarez Cortés, con Medidas Prontas de Seguridad. 

Libre yo el día 10 alas 2:30 de la madrugada, ya en el ascensor, me comunica¬ 
ron: "Su hijo está en el Álvarez Cortés". 

Pregunté en el barrio qué era el Álvarez Cortés y dónde estaba. Me dieron los 
datos. Preparé alimentos, enseres para la higiene (pues habíamos estado seis días 
en Jefatura), ropas para cambiarse y frazadas, dado que él había sido asmático y por 
lo tanto yo lo cuidaba del frío. Me aceptaron solamente los elementos de higiene y 
la ropa, las frazadas no. Pensé que allí estarían provistos de camas, colchones y 
abrigos. Me dijeron que para verlo tenía que traer la orden de un juez de menores. 
Al otro día fui al Juzgado de Menores y dieron la orden para retirarlo de ese alber¬ 
gue. Me presenté en ese lugar con los papeles necesarios, pero no lo encontraban 
entre aquella cantidad de jóvenes, y entonces empecé a decir en voz alta: ¡Me lo 
han robado! Hasta que un funcionario de allí me preguntó: "¿Por qué motivo está 
aquí su chico?". Yo le contesté: Por motivos políticos. El funcionario respondió: 
"Entonces está en el Pabellón de Seguridad". Me acompañó una persona hasta 
cerca del lugar y llamó, viniendo él a nuestro encuentro (no alcancé a ver el Pabe¬ 
llón). Él estaba muy sucio, barbudo, despeinado, pero sonriente; luego vino el maes- 


41 

















tro, me saludó y le habló aconsejándole, de que se alejara de la política. Yo le dije: 
vámonos hijo, aquí cerca hay un cantegril, tenemos que atravesarlo, para conse¬ 
guir después un taxi. Hablamos brevemente; enseguida le dije para alegrarlo: te 
compré un disco de El Sabalero, que te gusta tanto. Pero su mirada tenía un dejo de 
tristeza. Te traje ropa y elementos de higiene ¿y que pasó? Me contestó que ahí no 
se usa eso. Tendría cama con colchón, insinué. Se sonrió y me dijo: "la celda de 
seguridad es una piecita muy pequeña, muy húmeda y la cama es un trozo de 
cemento y nada más." ¡Qué horrible, exclamé! Él agregó: "los infanto-juveniles no 
conocen colchones: nacieron y crecieron en un cantegril, entonces resisten; pensa¬ 
rán que cuando salgan seguirán robando". Y tú qué pensabas, pregunté: "Yo tenía 
mi plan trazado", contestó. Agregando enseguida: "En un primer momento, me 
esposaron las dos manos, pero después me dijo el policía que me sacaba a tomar 
aire; sos un muchacho tranquilo, por lo tanto, te voy a dejar una sola mano esposada, 
y me había dejado, nada menos que la derecha libre. Como el maestro concurre a 
dar clases cada quince días, pensé que yo hablaría con él y las autoridades compe¬ 
tentes para dar clases diariamente, pues casi todos los internados, que suman unos 
400, son analfabetos". No Héctor, tú no podrías vivir ahí ¡es espantoso! Mamá no 
seas egoísta. Tú piensas sólo en tus hijos. ¿Y los hijos de los demás?, fue su res¬ 
puesta. Ahora sí que te han hecho conocer una realidad muy dura, que ha herido 
fuertemente tu sensibilidad, pensé. 

Pasaron casi dos años, tenía tan sólo 19 años. Era un 17 de agosto de 1971; salió 
a las 8:00 hs. a trabajar; vendía discos y artesanías en la feria de Tristán Narvaja. 
Estaba invitado por un grupo de artesanos para hacer un viaje por todo Sud Amé¬ 
rica, por lo cual estaba muy contento. Ese día no regresó a casa. Pensé: está otra 
vez detenido. 

El 18 me moví; hablé con abogados; fui al Palacio Eegislativo. Hablé con la Dra. 
Alba Robado, con el Prof. Carlos julio Pereira. Me atendieron muy bien. Un abo¬ 
gado ese mismo día me contestó que no estaba detenido en ninguna dependencia 
militar. Era "un desaparecido". ¿Por qué iban a matarlo? Si era tan sólo un mu¬ 
chachito de 19 años. Un corderito manso que no portaba armas. Grito desde el 
fondo de mi alma: ¡cobardes! 

Transcurrieron ocho meses de dolor e incertidumbre, cuando aquel 14 de abril de 
1972 se supo la verdad: ¡había sido secuestrado, torturado y arrojado al mar! Desde 
ese momento no fue más para su madre un "desaparecido", fue un "mártir". 

Una terrible tiniebla envolvió mi existencia, ya no quedaba una sola esperanza; 
el espacio circundante me era indiferente; las calles eran iguales; las casas también 
todas iguales, los árboles parecían petrificados, hasta que un día oí gritos: ¡A tra- 


42 















bajar!, ¡A trabajar! Me golpearon la puerta. Abrí: era el tiempo. Y me dijo: La vida 
continúa. Ahí están ellos; la lista era larga, unos jóvenes, otros no. Desaparecidos, 
muertos, otros asesinados. Ramos Filippini, Castagnetto desaparecido (y esclareci¬ 
do después totalmente el crimen). Ay ala desaparecido, íbero Gutiérrez, alevosamente 
asesinado y abandonado su cuerpo. Muertos: Líber Arce, Hugo de los Santos, Su¬ 
sana Pintos, Heber Nieto, Julio Spósito de un tiro por la espalda mientras se reali¬ 
zaba una manifestación callejera por la desaparición de los estudiantes Castagnetto 
y Ayala. ¿Quién fue ese monstruo que cometió tantas muertes, tantos crímenes? 
El tiempo me contestó: El imperialismo, que con sus escuelas de tortura esparce 
sus guerras por toda América Latina. 


La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada del ciudadano uruguayo Héctor Castagnetto Da Rosa (C.I. N 2 
1.313.090), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y rele¬ 
vantes que permiten concluir que: a) Fue detenido en la intersección de Aveni¬ 
da Italia y Propios, el día 17 de agosto de 1971, alrededor de las 10 horas de la 
mañana; b) Fue llevado en primera instancia a un chalet del balneario “El Pi¬ 
nar" y posteriormente traído a una casa sita en Montevideo, en la calle Araucana, 
donde fue sometido a torturas; c) En la madrugada del día 18 de agosto de 
1971, sobre la hora 1, fue trasladado a otro lugar y ejecutado. Su cuerpo -según 
la información recibida- fue tirado al Río de la Plata, en la zona del Cerro. 




ROBERTO GOMENSORO JOSMAN 

Nacido en Montevideo el 30 de enero de 1949, casado, 
ejercía docencia en la Facultad de Agronomía desta¬ 
cándose como dirigente estudiantil de la Federación de 
Estudiantes Universitarios y militante en el Movimiento 
de Independientes 26 de Marzo del Frente Amplio. 

Fue detenido en su domicilio a la 1:30 horas en pre¬ 
sencia de su esposa y de otros familiares, el 12 de mar¬ 
zo de 1973. De acuerdo a diversos testimonios, es probable que luego de 
su detención haya sido conducido al Grupo de Artillería N e 1, localizado 
en La Paloma en las cercanías del Cerro de Montevideo. En ese lugar ha¬ 
bría sido sometido a extensos interrogatorios y torturas. El 14 de marzo de 
1973, a dos días de su detención, la Oficina de Prensa de las Fuerzas Con¬ 
juntas emitió un comunicado donde puso en conocimiento de la población 


43 

















que Roberto Gomensoro había fugado en las inmediaciones de la Facultad 
de Agronomía. Del mismo modo en el fascículo 10 del libro titulado "La 
Subversión: Las FFAA al Pueblo Oriental", de la Junta de Comandantes en 
Jefe, Pág. 597, quedan asentados esos hechos. 

Marta Josman, madre de Roberto Gomensoro, 
declara ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

Mi hijo era estudiante de Agronomía y Ayudante de Microbiología (...) Como otros 
muchachos a esa edad, estaba muy enfervorizado por toda la problemática estu¬ 
diantil y política que se vivía en ese momento. Era muy buen estudiante (...) Un 
día, el 12 de marzo de 1973 a la una y media de la mañana golpearon en casa 
preguntando si allí vivía Tito Gomensoro, pues había un atentado contra su vida 
por parte de unos brasileros. El no vivía en casa, sino que vivía con su esposa, en su 
casa. Me dijeron "apúrese señora que hay unos brasileros que tienen un atentado 
contra él". Yo me fui con ellos en un jeep amarillo, y adelante iba un "camello". 
Llegamos a la casa de mi hijo, que estaba durmiendo y se lo llevaron. Estábamos su 
esposa y yo. Al otro día se avisó en la Facultad que habían llevado a mi hijo. Él era 
muy querido en el ámbito universitario. Empezaron a preguntar dónde estaba y 
qué pasaba, hasta que el martes 14 al mediodía, sale en la radio: "Alto Comando de 
la columna 70, Roberto Julio Gomensoro Josman, alias Pedro", diciendo que se 
había escapado en un operativo cerca de la Facultad. En cuanto a que fuera Alto 
Comando de la columna 70, no puedo creerlo, porque un día yo -que siempre tenía 
mis miedos de que se hiciera tupamaro- le dije: "Tito, ¿vos sos tupamaro o estás en 
eso?". Me contestó: "No, yo comprometo a la Universidad". Como él era dirigente 
de EEUU, esa cosa me pareció muy auténtica, pues él no iba a comprometer a la 
Universidad (...). 

Pasó el tiempo y por todos lados se dijo que mi hijo se había escapado, y hasta 
salió en la prensa, en aquellas publicaciones sobre el asunto de la subversión que 
hicieron las Fuerzas Conjuntas. Allí se decía que se había escapado en marzo 14 de 
1973. Pero cuando al caer la Universidad, sale un comunicado de la DINARP que 
dice: "Docentes detergidos", yo lo compré, y mirándolo, sin pensar nada, veo que 
aparece que las Fuerzas Conjuntas tienen a Tito. Saqué una fotocopia de la publi¬ 
cación donde aparece como detenido, Roberto Julio Gomensoro Guzmán -se equi¬ 
vocaron en el segundo apellido- docente de la Facultad de Agronomía. Empecé a 
preguntar qué hacía y me dijeron que sí, que no, que no convenía hacer nada, 
porque no me iban a hacer caso. Y me quedé con la angustia de si Tito estaba 
detenido, o dónde estaba, porque todo se dio como si se hubiera escapado. La fecha 


44 















de esa publicación es del 24 de noviembre de 1973 (...) Nunca tuvimos noticias de 
nada y van ya doce años. 

(...) Los estudiantes de Agronomía, al poco tiempo -cuando todavía no había 
salido esto y yo iba a algunos lados-, me dijeron que ellos habían ido a los cuarte¬ 
les, que habían preguntado y que nunca hubo una noticia. Jamás supe que podía 
estar en esas cosas que salen en algún lugar, que alguien lo hubiera visto, pero 
nada (...) 

Apareció como requerido el 27 de marzo de 1973. La OLA pidió por él el año 
pasado o el otro y se contesta: Roberto Julio Gomensoro, requerido, tal fecha. Yo 
tengo ese documento... 

1. La Comisión para la Paz considera probada la denuncia sobre desaparición 

forzada del ciudadano uruguayo Roberto Julio Gomensoro Josman (C.I. 

N s 1.099.066), en función que: 

a) Fue detenido a la hora 1:30 de la madrugada del día 12 de marzo de 1973, 
en su domicilio de la calle Velsen N a 4484. 

b) Su cuerpo fue hallado -atado con alambres y piedras- flotando en un 
remanso del Lago del Rincón del Bonete. 

c) Fue sepultado en la tumba NN, N s 10-936 del Cementerio Municipal de 
Tacuarembó, sin su cráneo. Éste fue retirado por el Médico Forense ac¬ 
tuante, quien lo tuvo en su poder hasta mediados del año pasado cuando 
lo entregó al Juzgado Letrado de primera Instancia de Paso de los Toros. 

d) Se realizaron pruebas de ADN que permitieron acreditar, sin lugar a du¬ 
das, que el cráneo correspondía a Gomensoro Josman. 

e) La tumba donde fue enterrado originalmente ha desaparecido, sin que 
figure constancia o anotación alguna, por lo que se desconoce el destino 
de sus demás restos. 

2. Esos restos podrían haber sido exhumados a fines del año 1984, incinerados 

y tirados al Río de la Plata. 

Del expediente iniciado por el Juzgado Letrado de I a Instancia de Paso 
de los Toros el 19 de marzo de 1973 surge que, el día 18 de marzo de 1973, 
el Suboficial Romero del Batallón de Ingenieros N e 3, informa que en cam¬ 
pos del Sr. Torres había aparecido un cuerpo flotando sobre las aguas y 
que, constituidas las autoridades en el lugar, "proceden a retirar de las 
aguas el cuerpo sin vida de una persona del sexo masculino completa¬ 
mente desnudo, que se encontraba envuelto en un tejido de alambre, con 
piedras atadas al mismo y en estado de descomposición". (Fuente: Expe- 


45 

















diente Ficha B, N e 65/ 973, del Juzgado Letrado de Primera Instancia de 
Paso de los Toros, Tacuarembó, caratulado "Hallazgo de Cadáver"). 

La reapertura de dicho expediente promovida por el Servicio Paz y Jus¬ 
ticia y por el Grupo de Madres y Familiares en el marco de las actuaciones 
de la Comisión para la Paz, permitieron determinar que el cráneo, única 
parte de los restos que habían sido ubicados hasta el momento, había sido 
conservado por el Médico Forense que intervino en aquella ocasión y que 
permitió, 29 años más tarde, identificarlo mediante pericias biogenéticas y 
establecer de esa manera que aquel cuerpo aparecido en 1973 correspon¬ 
día al de Roberto Gomensoro. Sus restos recuperados fueron inhumados 
en el mes de setiembre de 2003. 


Éj 


JOSE ARPIÑO VEGA 


Nació en Meló, Cerro Largo, el 7 de enero de 1927, obre¬ 
ro de la construcción y adherente al Partido Comunis¬ 
ta, fue detenido en su domicilio en Delta del Tigre, el 
18 de abril de 1974. En la ocasión también fueron dete¬ 
nidos su esposa Nélida Balao y su hijo Miguel, enton¬ 
ces de 18 años de edad. 

En un transporte militar fueron conducidos a la base 
de la Fuerza Aérea "Boiso Lanza" localizada en Camino Mendoza de la ciu¬ 
dad de Montevideo. Allí fueron someüdos a interrogatorios y torturados. 
José Arpiño y su hijo, estuvieron encerrados en las perreras. Se trataba de 
casillas donde tenían a los perros de la unidad militar. Nélida es encerrada 
primero en una sala donde entrenaban a los pilotos y posteriormente en una 
torre donde había varias celdas en las que se alojaba a mujeres. 

A los pocos días de estar en ese lugar, diversos testimonios de presos y 
de su esposa Nélida, dan cuenta de que a su esposo lo habían golpeado 
entre varios soldados, luego de haberse quitado las esposas y trabarse en 
lucha y que, en esas circunstancias, había perdido la vida. 

Walter Miranda, en testimonio publicado en La República del 19 de se¬ 
tiembre de 2000, consigna que conocía a Arpiño de su militancia gremial y 
política, y que por ese motivo fue detenido y conducido al mismo lugar 
donde aquél se encontraba, en la Base Aérea Capitán Boiso Lanza. Dice: 
... efectivos de la Fuerza Aérea asaltaron mi casa de Delta del Tigre. Era de noche. 
Rompieron la puerta a patadas y me sacaron desnudo a la calle. Me encapucharon, 


46 















me tiraron adentro de la camioneta y me llevaron a Boiso Lanza (...). A los presos 
nos llevaban a la perrera de la base. En ese lugar nos torturaban. Mientras yo esta¬ 
ba allí fue que mataron a Arpiño. Él era un hombre muy fuerte, acostumbrado al 
trabajo pesado. Un día, durante el período de tortura que estábamos sufriendo, 
rompió las esposas. Tiró y tiró hasta que las rompió. Los militares se asustaron. 
Nunca habían visto hacer eso a un hombre. Entonces reaccionaron pegándole. Le 
pegaron con las cachiporras que tenían. Estaban muy nerviosos y le dieron con 
todo, entre varios, durante un rato larguísimo. Estaban como desesperados y le 
pegaban cada vez más hasta que se pasaron de mango y lo mataron... 

B. T. en testimonio ante el Grupo de Madres y Familiares realizado en el 
año 2000, consigna: estando detenido desde los primeros días de mayo de 1974 en 
la Base Aérea Capitán Boiso Lanza, en la celda contigua se encontraba el hijo de 
José Arpiño. Por ese motivo me entero en una oportunidad que el hijo comenta la 
noticia de que a su padre lo habían matado. No sabía que estaba desaparecido. 
Recuerdo sí que se comentó entre las personas que allí estábamos recluidas, que 
Arpiño había sido víctima de una paliza entre varios soldados, dentro del recinto 
donde se encontraba. Como consecuencia de los golpes recibidos se produjo la muerte. 

Varios testimoniantes consignan que el Mayor (Av) Pintos, destacado 
en la Base Boiso Lanza de la Fuerza Aérea, se desempeñaba como Jefe S2 
(Información) y era quien ordenaba las torturas, siendo el Comandante de 
la unidad, el Coronel (Av.) José U. Araújo Umpiérrez. 


1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo José Arpiño Vega (C.I. N 1 2 867.144), 
porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y relevantes que 
permiten concluir que: 

a) Fue detenido el día 18 de abril de 1974, a la hora 2 de la madrugada, 
junto a su esposa e hijo, en su domicilio de Delta del Tigre (Departamen¬ 
to de San José). 

b) Fue llevado a la Base Aérea de Boiso Lanza, donde fue intensamente tor¬ 
turado en la perrera de dicha unidad militar. 

c) Durante una de las sesiones de tortura, probablemente el día 28 de abril 
de 1974, rompió las esposas que lo sujetaban y fue duramente golpeado 
por el personal interviniente, lo que provocó su muerte. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido enterrados en un 
primer destino no especificado y después exhumados a fines del año 1984, 
incinerados y tirados al Río de la Plata. 


47 
















EDUARDO PÉREZ SILVEIRA 

Nadó en Salto el 13 de octubre de 1950, cursó Mecáni¬ 
ca y Tornería en UTU y soldadura en CALNU en Bella 
Unión. 

Se vinculó a la Juventud Obrera Católica e integra¬ 
ba el grupo de jóvenes de la Iglesia Santa Cruz de Sal¬ 
to. A fines de la década del 60 se trasladó a Montevideo 
donde trabajaba en talleres de reparación de heladeras, 
donde conoció a Griselda Castellini con quien formó pareja. De esa unión 
nació un hijo, un mes antes de su detención y desaparición. 

A mediados de 1973 viajó a Chile y retornó a Uruguay a principios de 
1974, militando en ese momento en el Movimiento de Liberación Nacional. 

Fue detenido el 5 de mayo de 1974 por una unidad militar de Boiso 
Lanza y trasladado posteriormente al Grupo de Artillería N e 1 ubicado en 
Santín Carlos Rossi y La Boyada, en el Cerro, donde el Teniente Coronel 
Rubio era Comandante. 

Allí fue sometido a interrogatorios y torturas. Diversos testimonios con¬ 
signan que entre quienes lo interrogaron se encontraba el Mayor José 
Gavazzo. Además de este Oficial, se menciona al Mayor Ramas, a los Capi¬ 
tanes Cordero, Mouriño y Botti -este último fallecido en un procedimien¬ 
to militar como consecuencia de un accidente en que un soldado dispara 
su arma hiriéndolo de muerte- y al Teniente Silveira (Chimichurri) 

De acuerdo a testimonios de otros presos del lugar, Eduardo Pérez fue 
torturado intensamente dado que se negaba a responder al interrogatorio 
de sus captores. En estado de coma es internado el 8 o 9 de mayo de 1974 
en el Hospital Militar, falleciendo en la madrugada del día 10, de acuerdo 
a testimonios de presos alojados en ese lugar y que pudieron identificarlo. 

Víctor Semproni, en declaraciones ante la Comisión Investigadora Par¬ 
lamentaria, consigna: En primer lugar, diré que sólo puedo reconocer a esa per¬ 
sona por su alias, Marcos, que no le puedo identificar plenamente con el nombre de 
Eduardo Pérez, porque no tengo conocimiento de que así se llamara. En segundo 
término, voy a expresar que fui detenido aproximadamente en la misma fecha que 
Marcos, concretamente el 23 de abril de 1974 (...). Pasé a una unidad militar, que 
después supe se trataba de Transmisiones 1. Luego de aproximadamente diez días 
me llevaron a Artillería 1. A raíz del trato recibido allí durante unos veinte días, 
debí ser enviado al Hospital Militar, donde estuve aproximadamente tres meses y 
medio en recuperación. Recién al regresar a la unidad militar tomé conocimiento, 



48 


















a través de versiones dadas por compañeros detenidos de la detención del compañe¬ 
ro Marcos y de su muerte en una unidad militar. Deseo recalcar que mi conoci¬ 
miento radica en versiones recibidas por compañeros detenidos, pero que no puedo 
confirmar personalmente. Se me dijo que el compañero había sido detenido, que se 
había resistido a la detención, que había sido gaseado, a consecuencia de lo cual 
había llegado ahogado a la unidad. Se trataba de una persona asmática y al aplicársele 
el "submarino" ni bien llegó a la unidad, falleció. Me dijeron inclusive, que allí 
había algunas prendas de ropa que habían pertenecido a Marcos. En un momento 
yo tuve que reclamar ropa de mi pertenencia -aquellas que usaba en el momento de 
mi detención- que no me habían sido devueltas, porque necesitaba abrigo. Me tra¬ 
jeron la ropa que había en la unidad para que buscase la mía y entre ellas vi un saco 
que había sido de Marcos y que tomé como mío, en conocimiento de la desaparición 
del compañero. Debo decir que aún conservo esa prenda, que si bien tiene un valor 
relativo como documento, tiene para mí gran valor afectivo. 

Por su parte, A. R. y G. R. ante el grupo de Madres y Familiares consig¬ 
nan que estando detenidos ambos en el Batallón de Artillería 1, pudieron 
estar en varias oportunidades muy cerca de Eduardo Pérez, quien como 
consecuencia de las torturas a las que había sido sometido se encontraba 
en muy mal estado y que deliraba. En un determinado momento, A. R. lo 
ayuda a levantarse y a caminar. Eduardo no se podía sostener por sí mismo. 
Luego supe que lo habían trasladado y no volví a verlo. Por su parte, G. R. con¬ 
signa que en determinado momento se entera por el Mayor Gavazzo, que 
Eduardo había muerto. Ante esta noticia le pido a Gavazzo que me autorice a 
darle personalmente la noticia a su esposa -Griselda Castellini- que se encontraba 
detenida desde la misma fecha que Eduardo y que había dado a luz un hijo de 
ambos apenas unas semanas antes. Mi solicitud me fue denegada. 

1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Eduardo Pérez Silveira (C.I. N s 59.362 
del departamento de Salto), porque ha recogido elementos de convicción 
coincidentes y relevantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido el 5 de mayo de 1974 y llevado en primera instancia a la 
Base Aérea de Boiso Lanza; después fue trasladado al Batallón de Artille¬ 
ría N 2 1. 

b) En esta última unidad militar fue intensamente torturado y, a raíz de 
ello, fue derivado el 9 de mayo de 1974 al Hospital Militar, ya en estado 
de semi-inconciencia, con severos problemas respiratorios. 


49 
















c) Fue alojado en la celda N s 1 del 1er. Piso del Hospital Militar, donde 
falleció en la noche del 10 de mayo de 1974, sin recibir asistencia médica 
y sólo atención de enfermería. 

2. Sus restos -según la información recibida- fueron primero enterrados en el 
Batallón 14 de Toledo y después exhumados sobre fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al Río de la Plata. 


OLIVAR LAURO SENA RODRÍGUEZ 

Nació en 1939 en el departamento de Rocha, divorcia¬ 
do, padre de dos hijos, se dedicaba en la zona balnea¬ 
ria de Punta del Diablo donde residía, a la construc¬ 
ción y a la pesca. 

El caso fue denunciado por primera vez ante el Ser¬ 
vicio Paz y Justicia en el 2000. De acuerdo a los testimo¬ 
nios recogidos entre familiares y amigos de Sena, este 
era conocido con el apodo de "Sarco". Se dedicaba a la construcción y ha¬ 
bía construido un sinnúmero de viviendas de pobladores del balneario, 
por lo que era muy conocido. Los testimoniantes consignan que se trataba 
de una persona muy inquieta, trabajadora, solidaria, de ideas propias, sin 
miedo a la hora de expresarlas, lo que lo transformaba en un referente del 
lugar. 

De acuerdo a los testimonios de personas que fueron amigos, su des¬ 
aparición puede haber estado vinculada al hecho de que Sena se oponía a 
la iniciativa de militares que planteaban constituir una cooperativa de pes¬ 
cadores en la zona. También se hace referencia a un episodio de discusión 
entre militares y pescadores, donde habría participado Sena, motivado por 
el rescate de una embarcación que había naufragado en la costa. 

El 2 de diciembre de 1974, desaparece de su domicilio sin que se logra¬ 
ran saber detalles ni tener más noticias de su paradero por parte de sus 
familiares y amigos. 

En el año 2000, patrocinado por el Servicio Paz y Justicia, se procede a 
realizar un estudio de los restos de un cuerpo NN aparecido en las costas 
del Departamento de Rocha el 24 de abril de 1976, y que había sido sepul¬ 
tado en el Cementerio de Castillos, ante la presunción de que pudieran 
tratarse de los restos de Olivar Sena. Con ese objetivo el Servicio Paz y 
Justicia encomendó al antropólogo Licenciado Horacio Solía realizar una 



50 


















pericia que permitiera confirmar o descartar la presunción de pertenencia 
de los restos al desaparecido. Es así que, los estudios realizados por el 
antropólogo Solía, mediante la técnica de comparación entre el cráneo des¬ 
conocido y las diferentes fotografías faciales del desaparecido (videosu¬ 
perposición digital entre el cráneo desconocido y las fotografías), conclu¬ 
yeron en primera instancia que se trataba en un porcentaje de 99,99 % de 
Olivar Sena. 

Más tarde, esta conclusión fue descartada por estudios biogenéticos 
realizados posteriormente por tres laboratorios diferentes, encomendados 
por la Comisión para la Paz. 

Más allá de las connotaciones particulares del caso y las expectativas no 
colmadas para los familiares de Sena, resta saber aún el destino del des¬ 
aparecido y además, la identidad de los restos periciados del cuerpo apa¬ 
recido en costas de Rocha en 1976. 

LUIS EDUARDO GONZÁLEZ GONZÁLEZ 

Nació en Young, Río Negro, el 28 de agosto de 1952, 
casado, padre de un hijo, estudiante de medicina, acti¬ 
vo militante gremial de la Federación de Estudiantes 
Universitarios del Uruguay y militante del Partido Co¬ 
munista Revolucionario. 

Fue detenido en su domicilio el 13 de diciembre de 
1974, junto con su esposa Elena Zaffaroni embarazada, 
y conducidos al Regimiento de Caballería N e 6. Posteriormente a su deten¬ 
ción y luego de numerosas gestiones realizadas por sus familiares para 
saber sobre su paradero, la División de Ejército N s I emitió un comunicado 
donde hizo constar que con fecha 26 de diciembre de 1974, Luis Eduardo 
González "había fugado de un procedimiento en ocasión en que reconocía 
un lugar". El 11 de enero de 1975 fue requerido por un comunicado de 
prensa de las Fuerzas Conjuntas. Su esposa testimonia que pudo ver a su 
esposo en varias oportunidades mientras eran interrogados. La última vez 
que pudo verlo, se encontraba lúcido pero en muy mal estado físico. Era el 
24 de diciembre de 1974. Varios militares fueron identificados y mencio¬ 
nados por haber participado en el operativo de detención: entre ellos, el 
Capitán Manuel Cordero presente en la detención de ambos, y el Teniente 
Roberto Echavarría quien le aseguró tiempo después a Elena, estando esta 
en prisión en el Establecimiento para mujeres de Punta Rieles, que sobre 



51 



















su esposo "nunca iba a saber más nada". Un diálogo semejante tuvo en el 
mismo lugar con el Mayor Victorino Vázquez. Otros testimonios de dete¬ 
nidos en el mismo lugar mencionan al Capitán de Infantería Criado, oriun¬ 
do de Mercedes. 1 

Amalia González, madre de Luis Eduardo declara 
ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

El 13 de diciembre fueron dos personas de particular a mi casa a las 2 de la mañana 
preguntando por Chiqui, que es el nombre familiar de mi hijo. Pretendieron hacer¬ 
se pasar, supongo, por compañeros de mi hijo. Me preguntaron por él y les dije que 
no se encontraba en casa, que ya se había casado y que no vivía más allí. Me 
pidieron la nueva dirección y como se la negué me obligaron a salir a la calle (...) 
Como dato informativo podría decir que (a los días) llevé el paquete con ropa a 
Camino Castro, al IMES. Ahí me recibieron el paquete y la carta y me dijeron que 
se encontraba en el 6- Regimiento de Caballería, me dijeron que volviera a la sema¬ 
na, que me iban a dar más información sobre dónde lo iban a trasladar. A la semana 
fui y ya no me dieron ninguna información. Se la dieron a las demás personas que 
habían ido a preguntar por los detenidos en el mismo tiempo. Esto coincidía con la 
muerte del Coronel Trabal y de los cinco militantes muertos en Soca, lo que me 
dejó preocupada por las represalias. El 11 de enero mi hijo apareció requerido (...) 

Elena Zaffaroni, esposa de Luis Eduardo declara 
ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

... a eso de las tres de la mañana del 13 de diciembre de 1974, cuando estábamos 
durmiendo, llegaron a mi departamento muchísimos soldados, personal uniforma¬ 
do y varios oficiales. Golpearon las puertas y tocaron el timbre. Fui la primera en 
despertar, mientras mi marido seguía durmiendo. Enseguida me apartaron y se 
metieron en el cuarto donde estaba mi marido. Yo estaba embarazada de cuatro 
meses (...). Nos llevaron juntos. Fuimos en autos separados, a mí me llevaron en 
una camioneta del ejército y a él en un auto particular. Fuimos a un cuartel, que 
después me enteré que era el 6 a de Caballería. Allí nos metieron en unos vagones de 
tren, donde había otras personas. Yo iba vendada con un pañuelo. Inmediatamente 
después de llegar nos separaron y a mi marido lo llevaron a otro lado. El cuartel 
tenía un patio en el cual estábamos de plantón. Al día siguiente, de tardecita -no 


1. Ver testimonio de Jorge A. González en el capítulo Testimonios y Documentos sobre Deteni¬ 
dos Desaparecidos en Uruguay. 


52 
















puedo precisar bien la hora- en el momento que paso para el baño, veo a mi marido 
que estaba tirado en el piso, quien al verme me llamó. Esa fue la primera vez que lo 
vi. En otra ocasión me llevaron a verlo durante los interrogatorios, donde lo pre¬ 
sionaban con lo que me harían a mí y al bebé si él no hablaba. La tercera ocasión fue 
cuando me llevaron al vagón donde lo interrogaban y me sacan la venda. Vi que 
estaba sentado y tenía convulsiones. La última vez fue el 24 de diciembre de 1974 
cuando nos hicieron un careo en el que a él le proponen mi libertad a cambio de su 
colaboración. 

Si bien estábamos vendados -con el paso del tiempo uno se acostumbra a esta 
situación y mira por debajo de las vendas- nos tomamos de las manos y estuvimos 
sentados uno frente al otro, rodeados de un montón de gente. Él estaba muy mal 
físicamente y tenía dificultad para respirar, además sus pies estaban hinchados y 
su ropa desgarrada. Era imposible que pudiera fugarse en esas condiciones. Estaba 
lúcido y racionalmente bien, pero físicamente muy mal. Nos dieron 24 horas para 
pensar. Sin embargo nunca más me llevaron a verlo. 

Al día siguiente, 25 de diciembre de 1974, una compañera que estaba detenida 
lo vio a su lado, cuando a los dos los estaban torturando en el caballete. 

Cuando me llevaron al Hospital Militar para controlar mi embarazo, comprobé 
que salí del cuartel del 6 a Regimiento y volví a entrar en él. En el cuartel nos hicieron 
firmar un acta en la que aparecía el nombre de un tal Borba, que no sé si era capitán. 
Más o menos a los tres días de estar en el cuartel, nos hicieron una revisación médica, 
se suponía que el médico -creo que su nombre era Susak o Soussak- daba el visto 
bueno para que continuara el interrogatorio. Una compañera que fue detenida en el 
mismo tiempo, dijo que fue detenida por un militar llamado Yannone. Creo que era 
teniente en ese momento, después se lo reconoce cuando estuvo en el penal de Punta 
Rieles ya que él era el encargado de las detenidas. 

En el 6 a de Caballería estuvimos hasta febrero de 1975. Luego nos trasladaron 
al 5- de Artillería. Hasta ese momento no supe más nada de Luis. A todos los 
soldados que veía les preguntaba y se me respondía que estaba aparte, con un 
tratamiento especial, muy vigilado porque era muy peligroso. 

Cuando nos trasladaron al 5- de Artillería redacté una carta dirigida al coman¬ 
dante, solicitándole datos en el sentido de si mi esposo había sido trasladado, ya 
que no sabía nada de él. Me responde que en el 5- de Artillería no estaba, sino que 
se encontraba en el 6-, Recibí una nota que luego me quitaron firmada por quien 
estaba a cargo del 5- de Artillería. 

Cuando vamos por primera vez al Juzgado Militar, en febrero de 1975, me en¬ 
tero, por mi madre, que lo dieron por fugado. En marzo, antes de nacer mi hijo me 


53 


















trasladaron al Penal de Punta Rieles. En abril tuve al niño y entonces me trasla¬ 
dan a la Brigada de Infantería N B 1, ubicado en el kilómetro 14. Allí estaba Rapela 
a cargo de ese Cuartel. Cuando retorno al penal, se produce un cambio de encarga¬ 
dos de las detenidas y entonces llega el Teniente Roberto Echavarría, a quien no 
conocía. Otras compañeras me dijeron que él había estado en el mismo equipo que 
había participado, en diciembre, con los casos del grupo nuestro y con los del 26 de 
Marzo. Todos habíamos ido al 6 2 y luego nos dividieron, enviando a los del grupo 
26 de Marzo al 9 a . Este teniente Echavarría estaba en el grupo que había ido al 9 a . 
Como ellas lo identificaron, pedí para hablar con él y me recibió. Yo quería saber 
exactamente qué había sucedido ya que él conocía gente que había participado. 
Quería una explicación de lo que buscaban con ese tipo de presiones hacia mi per¬ 
sona, como hacia la de mi suegra, mi hijo y demás familiares. El me dijo: "Sí, yo 
estuve. Estuve en tu casa, en la casa de tu madre, en realidad, pero tu nunca vas a 
saber ni nunca se va a saber lo que pasó". En esa entrevista pasó de ser muy suave 
y comprensivo a ser muy violento y agresivo verbalmente y me dio a entender eso: 
que nunca se iba a saber. Pero yo deduje que él sí sabía y que estaba muerto. 

Cuando se pide mi libertad, el mayor V. Vázquez, que en ese momento era en¬ 
cargado de detenidas -me refiero al mes de julio de 1978- me hace una entrevista 
que es algo así como un informe de conducta para llevar al juzgado En esa oportu¬ 
nidad, me preguntó si les tenía mucho rencor. Le pregunté por qué, si era por lo que 
le habían hecho a mi marido, y él me dijo que sí. Entonces le dije: "¿Pero usted sabe 
lo que pasó?" Y me dijo: “Eso no se va a saber" (...). En ese momento mi hijo Luis 
Eduardo, tenía tres años. Ahora tiene diez y la situación sigue igual. Llegó a decir¬ 
me: "Creo que me voy a ir del país para que no me maten”. 

José Milton Guzmán declara 

ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

Fui detenido en la noche del 13 al 14 de diciembre de 1974, fui conducido al cuartel 
6 S de Caballería y después de pasar por el submarino, una paliza y la picana, me 
pusieron de plantón. En ese momento escuché que cerca de mí le preguntaban a 
una persona: "¿Vas a hablar?" Reconocí la voz de Luis Eduardo y sentí cómo lo 
golpeaban. Primero fueron piñas, hasta que cayó al suelo y después lo patearon. Lo 
mismo ocurrió al día siguiente. Escuché cómo se quejaba al ser tan duramente 
castigado. Después de las piñas cayó al piso y volvieron a patearlo. Fue la última 
vez que lo oí. Presentaba un estado lamentable (...). Posteriormente tuve la versión 
de los militares de que él se escapó. Las condiciones en que él estaba eran pésimas 
como para poder hacer ningún tipo de tentativa. 


54 













1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Luis Eduardo González González 
(C.I. N s 1.295.632), porque ha recogido elementos de convicción coinciden¬ 
tes y relevantes que permiten concluir que: 

a) Luis Eduardo González González fue detenido en su domicilio, sito en la 
calle Scosería N s 2556 apartamento 701 el día 13 de diciembre de 1974, 
alrededor de la hora 2 de la madrugada por personal uniformado que se 
identificó como perteneciente a las Fuerzas Conjuntas y realizó el opera¬ 
tivo de detención empleando vehículos oficiales. 

b) El detenido fue trasladado junto con su esposa, al Regimiento N s 6 de 
Caballería, donde fue sometido a intensas torturas. Falleció en dicha uni¬ 
dad militar, como consecuencia de la tortura padecida, el 26 de diciem¬ 
bre de 1974. 

c) Como en otros varios casos, con posterioridad a su deceso, se fraguó la 
versión de que había fugado del establecimiento militar donde se hallaba 
detenido, solicitándose su captura a través de un comunicado de prensa. 

2. Sus restos -según la información recibida-habrían sido primero enterrados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines de 1984, incinera¬ 
dos y tirados al Río de la Plata. 


ASDRÚBAL PACIELLO MARTÍNEZ 

Nacido en Rocha el 10 de mayo de 1944, casado, de profesión Marino con 
el grado de Alférez, desempeñándose en varios servicios de Prefectura 
Naval. 

Sin actividad política y/o sindical conocida, su familia radicó denuncia 
por primera vez ante la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputa¬ 
dos en el año 1985, declarando que dejó de tener noticias de él alrededor 
del mes de agosto de 1975. Previo a su desaparición se desempeñaba como 
custodio en la vivienda de un militar ubicada en Bulevar Artigas 1364, 
desconociéndose otras circunstancias que arrojen luz sobre este caso. 


La Comisión para la Paz considera descartada -en principio- la denuncia pre¬ 
sentada con relación al ciudadano uruguayo Asdrúbal Paciello Martínez (C.I. 
N 2 39.650 del departamento de Rocha), en función de que no ha accedido hasta 
la fecha a información o evidencia que vincule el destino de la persona referida 
con los temas a cargo de la Comisión. 


55 

















EDUARDO BLEIER HOROVITZ 

Nació en Montevideo el 12 de noviembre de 1927, ca¬ 
sado y padre de tres hijos, de profesión odontólogo, 
miembro del Comité Central del Partido Comunista del 
Uruguay. 

Fue detenido el 29 de octubre de 1975, y por el testi¬ 
monio de varias personas se supo que fue conducido a 
la casa ubicada en Rambla República de México N e 5515 
en Punta Gorda de la ciudad de Montevideo, conocida como "300 Car¬ 
los", y que los servicios de inteligencia utilizaban para interrogar bajo 
tortura a prisioneros políticos. Posteriormente fue trasladado al Servicio 
de Material y Armamento, conocido con el nombre de "La Fábrica", "300 
Carlos" o "El Infierno Grande" utilizado por OCOA, ubicado a los fondos 
del Batallón de Infantería N e 13 sito en Av. de las Instrucciones en Monte¬ 
video. Testimonios de personas que se encontraban secuestradas en el 
mismo centro clandestino, declaran que alrededor del 12 de diciembre de 
1975 fue trasladado al Hospital Militar en muy mal estado y entre el 6 y el 
10 de febrero de 1976 fue visto nuevamente en el Servicio de Material y 
Armamento. 2 



Rita Ibarburu, en declaración 

ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

Conocí muy bien a Eduardo Bleier y a toda su familia, desde años atrás, de modo 
que no puede haber ninguna duda acerca de lo que declare después. Yo fui detenida 
el 31 de octubre de 1975 en lo que llamamos "el infierno" (hubo varios). Allí estu¬ 
ve en contacto con Bleier. No nos veíamos, pero nos hablábamos con frecuencia (...) 
Yo conozco mucho a Bleier; lo conozco desde jovencito, y conozco a toda su familia, 
y era imposible que me equivocara con respecto a la voz, porque precisamente, él 
me llamaba y yo le respondía, y teníamos diálogos frecuentes. A mí me llamaba por 
mi sobrenombre, que era familiar. Me decía “Chichita ¿estás ahí?" Y yo le decía 
"Estoy aquí, Eduardo". 

Eso sucedió en dos oportunidades. En Punta Gorda, y en el Blindados 13, en la 
calle Instrucciones (...) 


2. Ver testimonio de Sara Youtchac en el capítulo Testimonios y Documentos sobre Detenidos 
Desaparecidos en Uruguay. 


56 

















(...) Las condiciones en que estábamos eran lamentables desde luego; nos lleva¬ 
ban y nos traían de la tortura. Más adelante lo vi. Estaba en un foso, con unos 
tablones por arriba, no sé si en estado de inconsciencia, pero ya no hablaba, y nos 
obligaban a pasar por arriba de los tablones para ir al baño. Nosotros pisábamos 
ese cuerpo probablemente. Yo lo vi sacar del Blindados 13 el 12 de diciembre de 
1975, con una máscara de oxígeno, lo que da idea de las condiciones en que se 
encontraba. Después no lo vi más. A mí me sacaron del Blindados 13 el 25 de 
diciembre de 1976, es decir que estuve allí tres meses, y muchas veces lo oí hablar. 
Estábamos todos con unos "leucos", que nos tapaban los ojos, o con los capucho¬ 
nes. Pero la voz la reconocí siempre, y nos respondíamos (...). 


Además de varios testimonios de detenidos en ese lugar que consignan 
la presencia de Bleier, su detención consta en un documento de la Sección 
de Identificación Civil de la Policía de Montevideo, donde a texto expreso 
dice que "el 27 de noviembre de 1975, fue fichado a solicitud del Servicio 
de Material y Armamento, en esa Unidad". 

Entre los militares responsables de la detención de Bleier y que partici¬ 
paron de los interrogatorios y de las torturas a las que fue sometido, se 
mencionan a los Mayores Ramas, Victorino Vázquez, Juan Pomoli y 
Gavazzo y al teniente Jorge Silveira. 

El 1° de diciembre de 1981 el Dr. Carlos Giambruno, representante de 
Uruguay en el Grupo de Trabajo sobre Desaparición Forzada e Invo¬ 
luntaria de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, pres¬ 
tó declaración en los siguientes términos: Por otro lado se nos colocan algu¬ 
nos otros casos que son muy viejos y que son efectivamente desapariciones: el 
Caso Bleier. Con el Caso Bleier tenemos nosotros una vieja historia con la Emba¬ 
jada de Israel que se ha interesado mucho por él; para nosotros es verdaderamen¬ 
te desaparecido. Son casos que se remontan a los 73, 74 y 75 en los cuales noso¬ 
tros tuvimos un gran caos en los propios organismos de seguridad en los cuales 
se producían esas cosas; pero hago mención de esto para decir que aún en medio 
de este caos, cuando el Uruguay se estaba organizando para resistir a una vio¬ 
lencia que era una violencia sanguinaria, cuando se secuestraba a diplomáticos, 
cuando se asesinaba a diplomáticos, a magistrados, a representantes de toda la 
administración pública, en ese momento nosotros podremos contar, en ese mo¬ 
mento de caos, tres o cuatro personas que desaparecen. Nos interesan mucho, 
pero no son más que eso. 


57 

















1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Eduardo Bleier Horovitz (C.I. N 2 
499.228), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y rele¬ 
vantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido en la vía pública el 29 de octubre de 1975, entre las 21 y las 
22 horas. 

b) Fue llevado a un centro clandestino de detención, sito en la Rambla Re¬ 
pública de México N 2 5515 y luego al Servicio de Material y Armamento, 
situado a los fondos del Batallón de Infantería N 2 13. 

c) En ambos lugares fue intensa y continuamente torturado, falleciendo fi¬ 
nalmente entre el 1 B y el 5 de julio de 1976, en fecha que no puede seña¬ 
larse con mayor precisión. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados, incinerados y tirados al 
Río de la Plata. 


JUAN MANUEL BRIEBA 

Nació en Montevideo el 5 de octubre de 1937, soltero, 
de profesión carpintero y militante del Partido Comu¬ 
nista, fue detenido en su domicilio junto a su madre 
Elisa Brieba, el 30 de octubre de 1975. Ambos fueron 
trasladados a un centro de detención que no pudo ser 
identificado con exactitud, pero que por la fecha de 
detención y los casos conexos de detención de integran¬ 
tes del Partido Comunista detenidos en esas fechas, se presume que fue¬ 
ron trasladados ambos al centro clandestino de detención que funcionó en 
uno de los galpones del Servicio de Material y Armamento ubicado a los 
fondos del predio del Batallón de Infantería Blindado N e 13. La madre fue 
puesta en libertad el 4 de noviembre, y testimonia haber escuchado y visto 
a otros detenidos entre ellos a su propio hijo, consignando que estando en 
ese lugar escuchaba ruidos de ferrocarril. 

Elisa Brieba, madre de Juan Manuel, declara 
ante la Comisión Investigadora parlamentaria: 

El día 30 de octubre de 1975, mientras lavaba sentí, de pronto, que me apuntaban 
con una metralleta o algo así. Me asusté y me dijeron que fuera para adentro de la 



58 


















casa. Allí veo a mi hijo, que estaba atado pero que podía mover las manos y los pies, 
al que estaban pateando. Pregunté qué le estaban haciendo y me dijeron que fuera 
para el coche. Intenté cerrar la puerta, me dijeron que no, que allí quedaba gente. 
Subimos los dos, mi hijo y yo. 

Yo creí que se trataba del cuartel ubicado en las inmediaciones del Prado porque 
se oía muy claramente el ruido de los ferrocarriles, pero me dijeron que no era ese 
lugar. Allí estuve otros dos días más, y vi a mi hijo, que estaba más flaco y muy 
pálido. Me hicieron firmar un papel con los ojos cerrados y vendados -no sé lo que 
era- Cuando estaba firmando ese papel me pusieron un papelito en la mano. Yo no 
sabía nada de nada de estas cosas. Creí que eso sería una carta de mi hijo donde me 
decía alguna cosa. Cerré la mano y firmé. Después me metieron en un auto y me 
llevaron por el Prado. Me hicieron bajar del auto y me sacaron la venda y me 
dijeron que siguiera para adelante y que no mirara para atrás. Entonces seguí 
hasta donde había luz, porque estaba muy oscuro. Abrí la mano y vi que tenia un 
peso para tomar el ómnibus (...). 

Cuando mi vecina me vio, me abrazó y entonces vi que el auto que estaba en la 
mitad de la calle arrancó ligero. Le pedí a la vecina que me acompañara porque 
tenía miedo y entonces me dijo: "Quédese en mi casa a dormir que yo mañana la 
acompaño". Me quedé en su casa y al otro día me dijeron: "Elisa, se llevaron todo". 
Me habían llevado hasta lo más insignificante, un primus, un despertador y el 
timbre de la casa. Rompieron muchas cosas. Estuve dos o tres años yendo a los 
cuarteles. Después estuvimos por todos lados pero no supe más nada de mi hijo. 
Un testigo tomó el número de la matrícula de los autos y otra señora es testigo de 
cómo desmantelaron mi casa, ya que hasta la yerba se llevaron, rompieron la bom¬ 
billa del mate. Agarraron los muebles a patadas. 

En el cuartel en que estuve detenida, aunque tenía los ojos vendados, oía hablar 
a mujeres y hombres pero nunca les vi las caras. Me hablaban pero yo soy sorda y 
nunca entendí. Yo tenía el N B 63. 

1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Juan Manuel Brieba (C.I. N s 951.153), 
porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y relevantes que 
permiten concluir que: 

a) Fue detenido en su domicilio, sito en la calle Carlos de la Vega N s 5934, el 
día 30 de octubre de 1975. 

b) Fue llevado al Servicio de Material y Armamento situado a los fondos 
del Batallón de Infantería N s 13, donde fue sometido a torturas. Falleció 


59 

















el día 4 de noviembre de 1975, al caer al vacío desde el segundo piso del 
edificio, hallándose esposado y con los ojos vendados, verificándose su 
deceso en forma instantánea. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido enterrados primero 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al mar. 


FERNANDO MIRANDA PÉREZ 

Nació en la localidad José Batlle y Ordóñez, departa¬ 
mento de Lavalleja, el 4 de julio de 1919, casado y pa¬ 
dre de dos hijos, de profesión escribano, profesor de la 
Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y militante del 
Partido Comunista. 

Fue detenido por miembros de las Fuerzas Conjun¬ 
tas el 30 de noviembre de 1975 en su domicilio, en pre¬ 
sencia de su esposa y sus dos hijos. El operativo en el que participaron 
cuatro efectivos con vestimentas de civil, se produce en momentos en que 
el Dr. Miranda se encontraba en Punta del Este por razones profesionales. 
Su esposa le comunicó telefónicamente la presencia de estos efectivos en 
el domicilio, y resuelve volver inmediatamente. Esperan su regreso, cosa 
que ocurre horas más tarde, procediendo a su detención y traslado a un 
lugar desconocido. 

Su detención fue negada por las autoridades de la época pese a los in¬ 
sistentes y numerosos pedidos de su familia. Un informe posterior de la 
Policía de Montevideo consignaba que Miranda había abandonado el país el 
11 de febrero de 1976, a las 22:00 horas, según consta en la lista del Ferry Boat- 
Gral. Artigas, con el N s 208. 

En tanto, en esas fechas se producen detenciones masivas de integran¬ 
tes del Partido Comunista, se presumió desde siempre que Miranda había 
sido víctima de las mismas fuerzas represivas que intervinieron en otros 
casos. El hecho que, de acuerdo a las indagaciones realizadas por la COPAZ, 
su muerte por torturas se haya producido antes de las 48 horas de haber 
sido detenido, explica la inexistencia de testimonios de otros presos que lo 
hubieran visto o escuchado en cautiverio. 

En un oficio remitido al Fiscal Militar de 2 e Turno, del 9 de julio de 1987, 
el Teniente General y Comandante en Jefe del Ejército Carlos L. Berois, 


/ 



60 
















informa que Fernando Miranda fue requerido por el comunicado N Q 1337 de la 
Oficina de Prensa de las FFCC con fecha 8 de setiembre de 1976, no habiendo 
constancia de que hubiese sido detenido. 

Luis Fernando Miranda declara 

ante la Comisión investigadora Parlamentaria: 

El 29 de noviembre de 1975 mi padre se dirigió conmigo a Punta del Este, donde 
estaba trabajando (...). El domingo 30, alrededor de las 8 de la mañana, me dijo que 
nos veníamos a Montevideo, porque él tenía que estar acá. Cuando estábamos en 
camino -me acuerdo perfectamente que fue en la estación de servicio de La Floresta- 
mi padre me comunicó que lo habían venido a buscar; que mi madre lo había llamado 
a Punta del Este para decírselo. Plegamos a Montevideo sin ningún tipo de custodia, 
ni seguimiento. En casa había dos personas de civil, con transmisores, y una Combi 
azul parada afuera. Le dijeron que si quería llevar ropa podía hacerlo, y que si quería 
darse un baño que lo esperaban. Mi padre les respondió que no, que estaba pronto. A 
partir de ahí no tuvimos más información sobre él, a pesar de todos los trámites que 
se hicieron. Mi madre fue testigo. No puede declarar porque falleció. 

Mi padre valoró la posibilidad de asilarse en la embajada de México; también 
pudo haberse ido a Buenos Aires pues tenía dinero con él, pero resolvió presentarse... 

Javier Miranda, hijo de Fernando, 

declara ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

A eso de las 4 de la mañana golpearon la puerta de mi casa y dijeron: “Fuerzas 
Conjuntas”. Pasaron, hicieron un allanamiento, hicieron firmar un papel como 
que se habían comportado correctamente. Nos comunicaron que venían a detener a 
Fernando Miranda. Les dijimos que no se encontraba; que estaba en Punta del 
Este. Luego mi madre dijo que se le podría ubicar por la mañana. Los individuos 
éstos accedieron a esperar hasta la mañana. 

Desde Punta del Este mi padre se había comunicado con el doctor Hugo Bata¬ 
lla, con mi tía y creo que con el doctor Viera. Los militares tenían un trasmisor con 
el que se comunicaban, e identificaban a la operación, o a ellos mismos, como "Charlie 
Rojo”. 

Marta Álvarez, hermana de la señora de Miranda declara 
ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

(...) mi hermana, al otro día -1- de diciembre de 1975- hizo la denuncia ante la 
Asociación de Escribanos. Desde ese momento hicimos innumerables gestiones. El 


61 

















25 de mayo de 1976 llamaron a mi hermana de la Jefatura de Policía, para decirle 
que tenían noticias. Ella concurrió y el Sub comisario de Hurtos y Rapiñas le dijo 
Mire señora, tengo que comunicarle que su esposo se fue en el Vapor de la Carre¬ 
ra, no se preocupe, su esposo va a volver". Cuando ella llegó a casa dijo que le 
acababan de dar la partida de defunción de su marido, pues no creyó nada. 

Mi hermana también fue a ver a un consejero de Estado que había sido ayudan¬ 
te de él en la Facultad, el doctor Eabadie Abadie, quien le dijo que llevara remedios 
a la calle Garibaldi, pero cuando fue a llevarlos no se los aceptaron porque no 
figuraba en la lista de presos. 

Fuimos con el doctor Batalla a averiguar a la COT y figuraba el nombre de 
Miranda, junto con muchos pasajeros de nacionalidad brasileña -quienes en ese 
momento viajaban mucho- en una lista que miramos para ver si había algún otro 
nombre conocido. Es decir que figuraba en la lista de pasajeros. Por un amigo 
militar supimos que también figuraba como llegando a Buenos Aires (...). 

El Coronel Sergio Sosa -que era un gran amigo mío- me dijo que estaba deteni¬ 
do y que se le acusaba de ser Escribano del Partido Comunista. El Embajador 
Alberto Areco Pittaluga, hoy fallecido, hizo averiguaciones y me dijo que lo habían 
llevado a una casa en Carrasco y allí había muerto en el 'submarino'. Oficialmen¬ 
te, no tuvimos nada. 

Mi hermana hizo buscar a mi cuñado por INTERPOE y el doctor Earrieux dijo 
que no se encontraba ningún expediente. El doctor Giambruno, al volver de las 
Naciones Unidas me dijo que mi cuñado figuraba en la lista de personas sobre las 
cuales tenía que averiguar. Más tarde pronunció un discurso en Ginebra diciendo 
que aquí había gente desaparecida y entre ellos nombró al escribano Fernando 
Miranda. 

El militar Eaborde me dijo que Fernando estaba detenido y que estaba muy 
comprometido, también que había declarado que su familia no tenía nada que 
ver (...). 

1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Fernando Miranda Pérez (C.I. N s 
638.387), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y rele¬ 
vantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido en su domicilio, sito en la calle Somme N s 1612, el día 30 de 
noviembre de 1975. 

b) Fue trasladado a las dependencias del Servicio de Material y Armamen¬ 
to (SMA), ubicado en el predio del Batallón N 2 13 de Infantería. 


62 
















c) En el momento en que era conducido a su primer interrogatorio, en la 
noche del I a al 2 de diciembre de 1975, tuvo un enfrentamiento con sus 
custodios y recibió un golpe de karate en la nuca que le provocó la 
muerte. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero sepultados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al Río de la Plata. 


A los familiares de Miranda les fue consignado que el Mayor Ramas y 
el Capitán Ferro, fueron quienes lo trasladaron en un vehículo militar 
desde su casa. Durante el trayecto Miranda recibe de Ferro un golpe de 
karate, ocasionándole pérdida de conciencia de forma inmediata. De ese 
estado no logra sobreponerse, falleciendo antes de las 48 horas de su 
reclusión. Esta información condice con lo afirmado por el propio Ferro 
en ocasión en que se dirige a un prisionero a quien interrogaba, amena¬ 
zándolo y al mismo tiempo que comenta que "en una oportunidad maté 
a un hombre con un golpe de karate". Ferro se ha dedicado a competir en 
este tipo de deporte y ha tenido a su cargo una academia de enseñanza 
en esta disciplina. 


CARLOS PABLO ARÉVALO ARISPE 

Nació en la localidad de San Ramón, Canelones, el 30 
de junio de 1906, de profesión peluquero y miembro 
del Partido Comunista. 

Fue detenido el 15 de diciembre de 1975 en un ope¬ 
rativo que se realiza en horas de la madrugada en su 
domicilio. En la ocasión son detenidos también su hijo 
Eugenio Arévalo Roco y un nieto de 15 años de edad. 

Carlos Arévalo era militante y afiliado al Partido Comunista. Por testimo¬ 
nios de su hijo liberado el día siguiente, es trasladado al Servicio de Mate¬ 
rial y Armamento del Ejército, conocido con el nombre de "La Fábrica" o 
"300 Carlos" o "El Infierno Grande" ubicado en el predio vecino al Bata¬ 
llón de Infantería N e 13 sito en Av. De las Instrucciones, de la ciudad de 
Montevideo. 



63 






















Miriam Piuma, sobrina de Carlos Pablo Arévalo, declara 
ante la comisión Investigadora Parlamentaria: 

... El 15 de diciembre de 1975 se lo llevaron de noche, junto con su hijo y su nieto. 
Lo llevaron y después lo trajeron al otro día. Revisaron toda la casa, rompieron 
cosas, abrieron los roperos, tiraron la ropa, hicieron pozos en el fondo, buscando 
armas, seguramente. Al hijo de él y al nieto los soltaron al otro día. Lo llevaron de 
noche en un coche Volkswagen personas de particular. Al otro día lo trajo perso¬ 
nal del ejército uniformado y revisaron la casa. Hay unos vecinos que oyeron que 
habían dicho que le iban a destrozar toda la casa. Cuando fue mi madre el mismo 
día, encontró todo por el suelo, y pozos en el fondo. Después fui con mi primo, él 
calcula que los llevaron a un cuartel porque estaban encapuchados: ellos oían como 
canto de pájaros. Al levantarse un poco la capucha vio cuando estaban interro¬ 
gando a mi tío. A mi primo y al hijo los tuvieron parados unas cuantas horas. El 
hijo pidió agua y dice que le dieron una trompada en el estómago, volvió a pedir 
agua y le trajeron agua sucia y al final le trajeron un poco de agua limpia. El nieto 
tenía en ese momento trece años, porque fue en el '75. Después empezamos a bus¬ 
carlo por todos lados. Fuimos a varias dependencias pero en todas nos decían que 
no sabían nada. Fuimos al ESMACO, al Comando, al SIM, la región militar N B 1 
que está en Agraciada... 

1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Carlos Arévalo Arispe (C.I. N 2 
151.084), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y rele¬ 
vantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido por personal militar en la madrugada del 15 de diciembre 
de 1975, en su domicilio de la calle Mauá N 2 3931. 

b) Fue llevado al Batallón de Infantería N 2 13, donde fue intensamente tor¬ 
turado. A consecuencia de la tortura, falleció de un ataque cardíaco, sin 
recibir atención médica, en la madrugada del 4 de marzo de 1976. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al Río de la Plata. 


De acuerdo a lo informado oralmente a los familiares de Arévalo por la 
Comisión para la Paz, las fuentes militares confirman estas informaciones 
consignando que, un día o dos antes de la muerte de Arévalo, había ocu- 


64 













rrido la de otro preso en ese mismo lugar de reclusión clandestina, de nom¬ 
bre Oscar Bonifacio Oliveira Rossano. El cuerpo de esta persona -a dife¬ 
rencia de lo ocurrido con Arévalo- fue entregado a sus familiares. La deci¬ 
sión de entregar el cuerpo de Oliveira, las fuentes militares la fundan en el 
hecho de que esa persona había sido detenida por la policía y entregada 
para ser interrogada a efectivos militares de OCOA, por lo que, como for¬ 
ma de cubrirse ante posteriores reclamos, resuelven entregar el cuerpo a 
la familia. No ocurrió así con Carlos Arévalo. 


JULIO GERARDO CORREA RODRÍGUEZ 

Nació en Montevideo el 14 de octubre de 1919, emplea¬ 
do portuario, dirigente de la Asociación de Transpor¬ 
tes Marítimos y militante del Partido Comunista. Fue 
detenido en su casa ante la presencia de su esposa Ma¬ 
ría Hortensia Rodríguez de Correa, de su hija pequeña 
y de una tía, el 16 de diciembre de 1975 por personas 
de civil y armadas, en horas de la madrugada. 

Padecía una seria enfermedad a las coronarias. Su esposa realizó múlti¬ 
ples e infructuosas gestiones 

No existen testimonios de otras personas que lo hayan visto en los lu¬ 
gares habituales de detención, aunque las detenciones de otros militantes 
del Partido Comunista ocurridas en esas fechas, hacen suponer que fue 
conducido e interrogado por los mismos agentes a cargo de los procedi¬ 
mientos represivos contra integrantes del Partido Comunista. 

1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Julio Correa Rodríguez (C.I. N 2 
429.452), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y rele¬ 
vantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido en su domicilio, sito en Martín C. Martínez N 2 1304, el día 
16 de diciembre de 1975 a la hora 0:30. 

b) Fue trasladado a las dependencias del Servicio de Material y Armamen¬ 
tos, ubicado en el predio del Batallón N 2 13 de Infantería. 

c) Fue sometido a torturas en dicho centro clandestino de detención, a con¬ 
secuencia de las cuales sufrió una falla cardio-respiratoria, falleciendo el 
día 18 de diciembre de 1975. 



65 



















2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al Río de la Plata. 


De acuerdo a las fuentes militares que testimoniaron ante la Comisión, 
Julio Correa integraba el aparato militar del Partido Comunista y había 
sido detenido e interrogado por ese motivo. 

La información de que habría fallecido a los pocos días de su detención 
explicaría la razón por la que otros presos que lo conocían y que estaban 
detenidos en la misma fecha en ese lugar, no lo habrían visto. Sus familia¬ 
res confirmaron que Julio Correa sufría de una afección cardíaca por la 
que estaba siendo tratado. 


OTERMIN MONTES DE OCA DOMENECH 

Nació en Lavalleja el 25 de febrero de 1930, casado con 
la Edelmira Correa y padre de cuatro hijos, había sido 
empleado de CONAPROLE, fabricante de cepillos en 
un taller que tenía en su casa y activo militante del Par¬ 
tido Comunista. 

El 17 de diciembre de 1975 fue detenido en horas de 
la madrugada en su domicilio en presencia de su espo¬ 
sa y sus hijos. Se anunciaron como de las Fuerzas Conjuntas aunque esta¬ 
ban de particular. Al entrar, destrozaron muebles, levantaron los pisos, y 
golpean, insultan y amenazan a Montes de Oca a quien se llevan. La espo¬ 
sa lo vio sumamente golpeado. Las últimas palabras que de él oyó fueron: 
"mi familia no tiene nada que ver, déjenla tranquila!" 

En los tres días siguientes, permanecieron en su casa varios efectivos, 
deteniendo también a dos empleados que trabajaban en el taller de cepi¬ 
llos. Los represores comían y dormían por turno, en la casa. 

Dice el hijo: Estábamos en el cuarto, con personas que estaban revolviendo y 
tirando todo fuera del ropero. Yo me acuerdo que lloraba y temblaba. Dice la Seño¬ 
ra: Para hacer dormir al más chiquito se cantaba y eso los molestaba. Me dijeron: 
"Hacé callar a ese chiquilín que está molestando". El perro ladraba y me dijeron 
que lo atara. "Lo atás o hacés algo porque si no lo matamos acá.” Tuve que atarlo 



66 


















con una corbata a la pata de un mueble. Ellos nos apuntaban con un arma y noso¬ 
tros teníamos que decir a las personas que venían, que se fueran, que no podíamos 
atenderlas. Es decir que no teníamos comunicación con nadie. El operativo fue tan 
aterrorizador que después los vecinos no nos saludaban por temor. 

El día 20 de diciembre, concurrió al domicilio una patrulla obligando a 
la esposa de Montes de Oca a firmar un papel donde constaba que durante 
el procedimiento los efectivos habían actuado con corrección y sin provo¬ 
car daños. Simultáneamente fueron liberados los empleados que habían 
sido retenidos en la casa. 

La familia recuerda que en esas circunstancias la esposa de Montes de 
Oca pregunta a uno de los efectivos, qué había pasado con su esposo a lo 
que éste responde, burlonamente, que "se lo iban a traer en un cajón". 

Hicieron innumerables gestiones, entre otras ante el embajador de Pa¬ 
namá, quien tuvo como respuesta que Montes de Oca nunca había sido 
detenido ni estaba en la lista de requeridos. 

La esposa del desaparecido, Edelmira Correa, consigna en su testimo¬ 
nio que: El que dirigía el operativo en la casa era un hombre alto, canoso, vestido 
de particular y tenía un tic nervioso que lo obligaba a cerrar un ojo. El otro oficial 
que lo secundaba era robusto, morocho, de aproximadamente 40 años. 

Gestiones realizadas por la familia de Montes De Oca con posteriori¬ 
dad a la detención, entre ellas ante un juez militar, consignan que éste les 
comunicó oralmente, que estaba muerto. Ante eso su hija le dijo: son unos 
asesinos, tienen las manos sucias de sangre. ¿Ustedes no tienen hijos?, ¿duermen 
tranquilamente sabiendo todo lo que pasa? El juez militar le respondió: les per¬ 
dono todo lo que dicen y hacen porque están viviendo una situación emocional 
muy grande y desde hace meses soportan una gran tensión; por eso no les hago 
nada, porque podrían quedar todos detenidos, su madre y toda la familia. 

Hicieron innumerables gestiones, todas infructuosas. 


1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Otermin Laureano Montes De Oca 
Domenech (C.I. N 2 889.253), porque ha recogido elementos de convicción 
coincidentes y relevantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido en su domicilio, sito en la calle Ruperto Pérez Martínez, el 
día 17 de diciembre de 1975 a la hora 1:30 de la madrugada. 

b) Fue conducido al Batallón de Infantería N 2 13, donde fue torturado, fa¬ 
lleciendo en dicha unidad militar el 20 de diciembre de 1975. 


67 


















2. Sus restos -según la información recibida- fueron primero enterrados en el 
Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, incinera¬ 
dos y tirados al Río de la Plata. 


HORACIO GELÓS BONILLA 

Nació en Maldonado el 8 de marzo de 1944, soltero, 
obrero de la construcción y dirigente de este gremio, 
militaba integrando la lista 1001 de la cual, había sido 
edil en la Junta Departamental de Maldonado en re¬ 
presentación del Frente Amplio. 

Su detención se produce en la calle, en el centro de 
la ciudad de Maldonado, el 2 de enero de 1976 y sien¬ 
do aproximadamente las 20 horas. Un tío, que en ese momento se encon¬ 
traba con él fue testigo del hecho, y pudo ver cómo era introducido en un 
auto VW de color claro. Testimonios posteriores dan cuenta que ese vehí¬ 
culo era utilizado por los efectivos de OCOAIV que operaba en la zona y 
pertenecía al Mayor Premoli. Entre los efectivos que fueron reconocidos 
en la detención y en los interrogatorios a los detenidos en el lugar donde 
fue visto Gelós, se mencionan al Mayor Carlos Techera "El Caballo", a los 
Capitanes Stocco y Giordano y Nelson Silvera y al Alférez Dardo Barrios. 
En los interrogatorios y torturas a los que eran sometidos se menciona 
como partícipe al médico Dr. Pons. 

En horas de la mañana de ese día, efectivos vestidos de particular que 
se movilizaban en una camioneta marca Indio de color celeste se habían 
presentado en la casa de la familia Gelós preguntando por él. La misma 
camioneta fue vista días más tarde en circunstancias en que familiares ha¬ 
cían averiguaciones en el Cuartelillo de la ciudad de Maldonado. 

Varios testimonios de detenidos en esas fechas consignan que Gelós fue 
visto en el Batallón de Ingenieros 4 e hasta el 6 de enero de 1976, severa¬ 
mente torturado y que su muerte habría ocurrido en horas cercanas a las 
14 horas. 3 



3. En Anexo Testimonial: testimonios de ex presos ante Comisión de Derechos Humanos de la 
Junta Departamental de Maldonado. 


68 




















1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Horacio Gelós Bonilla (C.I. N s 24.236 
del departamento de Maldonado), porque ha recogido elementos de con¬ 
vicción coincidentes y relevantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido el día 2 de enero de 1976 en la plaza de Maldonado. 

b) Fue llevado al Batallón de Ingenieros N s 4 de Laguna del Sauce, donde 
fue intensamente torturado, falleciendo a consecuencia de la tortura el 
día 6 de enero de 1976, alrededor de las 15 horas, en el “chiquero", ubi¬ 
cado a los fondos de dicho Batallón. 

2. Sus restos -según la información recibida-habrían sido primero enterrados 
en un predio ubicado entre la ruta Interbalnearia y la costa, cerca de un 
camino que sale frente al extremo oeste de la pista del Aeropuerto de Lagu¬ 
na del Sauce y después exhumados a fines del año 1984, incinerados y tira¬ 
dos al Río de la Plata. 


Las informaciones proporcionadas oralmente a los familiares de Gelós 
Bonilla por la Comisión para la Paz, confirman la versión proporcionada 
por otras personas presas en el mismo lugar y sometidas al mismo proce¬ 
dimiento represivo. Estos afirman que, el 6 de enero de 1976, dejan de 
escuchar a Gelós -consignando que habían oído sus quejidos- y posterior¬ 
mente cambia el trato de los guardias hacia los que quedaban allí deteni¬ 
dos. Se consigna además que ese incidente ocasionó un altercado entre el 
jefe de la unidad y los efectivos responsables de la muerte de Gelós Bonilla, 
ordenando inmediatamente la liberación de las personas que estaban re¬ 
cluidas en ese lugar. 


UBAGESNER CHA VEZ SOSA 


Nacido en Tranqueras departamento de Rivera el 15 
de febrero de 1938, casado y padre de una hija, obrero 
metalúrgico, fue militante sindical e integrante del Par¬ 
tido Comunista. Fue detenido en la vía pública el 28 de 
mayo de 1976, por hombres de civil que se identifica¬ 
ron como pertenecientes a las Fuerzas Conjuntas. 

Su esposa, Isidora Musco fue detenida y trasladada 
a la base aérea Boiso Lanza. En ese lugar reconoció a Ubagesner encapu- 



69 




















chado. Logró identificar además a los agentes que intervinieron en el alla¬ 
namiento de su domicilio, quienes le dicen que su esposo había sido tras¬ 
ladado a otra dependencia militar luego de haber estado en la base aérea. 

Al reclamo de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, por nota 
de fecha l e de diciembre de 1977, el Gobierno uruguayo respondió, entre 
otras cosas, que Ubagesner Chavez Sosa había sido "detenido e internado 
al amparo de las Medidas Prontas de Seguridad el 28 de mayo de 1976" y 
que el 8 de junio de ese año, "en circunstancias en que el detenido era 
trasladado a otro lugar, logró darse a la fuga en la zona comprendida entre 
Bulevar Propios y Teodoro Alvarez". 


La esposa declaró 

ante la Comisión Investigadora Parlamentaria 

... el día 24 de febrero, o sea, antes de la detención, estuvieron en su casa las Fuer¬ 
zas Conjuntas, a las dos menos cuarto de la madrugada. Eran personas vestidas 
de particular que estaban armadas. Allanaron la casa, se quedaron dos días espe¬ 
rando que su esposo llegara. Es decir que desde febrero a mayo, en que lo detuvie¬ 
ron, lo buscaron permanentemente... 

Fue detenido el 28 de mayo a las 5 de la tarde a dos cuadras de nuestra vivienda. 
Traía un regalo para nuestra hija Valentina y en el momento de la detención les 
dijo a unos vecinos del lugar que vivíamos en la calle Máximo Gómez. Ellos dieron 
con nosotras. Quienes lo detuvieron, hablaron en clave por teléfono y vino una 
"chanchita" donde lo trasladaron... 

Fui a la Región Militar N B 1 para averiguar dónde estaba. Allí me mandaron 
al Comando Mayor del Ejército; durante mucho tiempo me mandaron del Coman¬ 
do a la Región Militar y de ésta al Comando, hasta que un funcionario me dijo que 
no estaba en el Ejército, que buscara en la Aviación o en la Marina. Fui a la 
Marina y no estaba. Fui al Comando de la Aviación y me mandaron a la Región 
N B 1. Contesté que de allí venía; me mandaron a la vereda a esperar y después de 
largo rato me dijeron que esa persona estaba requerida. Insisto y doy la fecha de 
detención; me dejaron plantada... Yo estaba trabajando, no podía faltar. En una 
oportunidad vi a las personas que hicieron el operativo en casa; les pregunté si se 
acordaban de mí y contestaron que sí, que era la mamá de Valentina. Pregunté por 
mi esposo, a quien quería llevar ropa y medicamentos; me contestaron que había 
sido trasladado y no sabían su paradero... Quien siempre me atendió fue el cabo 
Pedroso... Este señor me hizo bastante guerra sicológica diciéndome que me olvi- 


70 















dar a de mi esposo, que yo era joven, que rehiciera mi vida, que a lo mejor él estaba 
en Cuba, Rusia o viajando... mi padre me dijo que lo único que iba a conseguir era 
desequilibrarme y que tratara de mantenerme serena y seguir adelante, por mi 
hija... Pero yo soy la señora y era la única persona que podía hacer algo por él. 
Pregunté qué cargo o qué culpa tenía y qué había hecho. Mi esposo era dirigente 
metalúrgico, delegado de la fábrica en que trabajaba, tenía actividad política y 
ellos me decían que la literatura que él compraba en la feria o en los ómnibus, lo 
comprometían demasiado. 

... Antes de esto, el 3 de junio de 1976 fui detenida en la casa de mi hermana y 
llevada junto con mi cuñado a Boiso Lanza. Allí vi a mi marido encapuchado para¬ 
do; se le doblaban las piernas, tenía un custodia atrás que le gritaba: "¡No! ¡Firme, 
derecho!". A mi esposo se le caía la cabeza o quería apoyar la cabeza en la pared. 
Tenía los pantalones medio caídos y un buzo rojo de lana; y la camisilla salida del 
pantalón. Yo lo vi con manchas de sangre (...) Me interrogaron sobre sus activida¬ 
des y a media noche nos liberaron (...) 

El 10 de junio, a las 11 de la noche, vuelven otra vez tres personas, muy fuerte¬ 
mente annadas, buscando a mi esposo y preguntándome si no lo había visto, si no 
había estado en contacto con él. Yo les dije que no, que mi esposo había sido deteni¬ 
do el 28 de mayo... 

Raúl Couto Pombo declaró 

ante la Comisión Investigadora Parlamentaria 

... estando en la puerta de su casa con su esposa vieron detener a una persona que 
luego supieron que era Chávez. Tenía un paquete que dejó tirado en el jardín y 
pidió que lo entregáramos a Valentina, de la calle Máximo Gómez, cosa que pudi¬ 
mos hacer.... 

Óscar Mario Lasserra declara 

ante la Comisión Investigadora Parlamentaria 

Ubagesner Chávez Sosa, (...) pasó a vivir con él porque sabía que lo buscaban. Al 
volver a su apartamento una noche, fue detenido y llevado al Boiso Lanza. Allí se 
enteró que Chávez Sosa estaba ahí incomunicado; lo tenían en un sótano lleno de 
agua y con ratas. Hacía unos cuantos días que lo tenían sin darle agua ni comida (...) 

... Un compañero al que estaban interrogando, vio que Chávez estaba tirado en el 
suelo, y dos represores se preguntaban si respiraba o no. Entonces entró otro oficial, 
saca a todo el mundo y suspende el interrogatorio (...) Al día siguiente un oficial a 
quien no vemos, pues nos hace poner contra la pared dice: "sepan que Chávez esca- 


71 















pó". Nosotros decimos ¿Cómo va a escapar una persona que está destrozada comple¬ 
tamente? El otro compañero oyó cuando otro dijo “Está muerto, no respira". 

Gerardo Barrios declara 

ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

Fue detenido el 8 de junio de 1976 por el Servicio de Inteligencia de la 
Fuerza aérea (Tropa Aérea de Combate) y trasladado a Boiso Lanza. Allí 
vio a Chávez. Los tienen juntos en "la perrera" lugar donde están los pe¬ 
rros de los guardias. 

... Eos dos seguíamos siendo torturados alternativamente -una vez él y una 
vez yo-y en determinado momento quedamos solos. Habían terminado de tortu¬ 
rar a Ubagesner y yo estaba parado contra una pared, en una misma pieza los dos. 
Él estaba tirado sobre un tablón, desnudo y mojado. La noche era silenciosa. Yo 
sentía su respiración y me daba cuenta cómo empezaba a declinar. En determina¬ 
do momento dice: "por amor a mi partido, a mi mujer y mi hija..." y deja de respi¬ 
rar. Yo lo llamo. Había una guardia del lado de afuera que hacía la vigilancia. 
Llamo a la guardia. El guardia ingresa, sale. Llama a los oficiales que estaban 
afuera, que entran. Veo por debajo de la venda que me cubre los ojos el cuerpo de 
Ubagesner y uno de los oficiales le pone la mano en el pecho y dice: “Es el bobo; 
llamen al médico". Viene el médico. Cuando lo ausculta me comienzan a sacar de 
la pieza pero llego a oír al médico que dice: “Sí, efectivamente es el corazón". Me 
sacan y no tengo más noticias de Ubagesner a partir de ese momento (...) Deseo 
señalar aquí a dos responsables de esto, con nombre y apellido. Estos dos oficiales 
-hubo más, pero al resto no pude identificarlo-fueron los que condujeron mi de¬ 
tención y mi tortura, así como la de Ubagesner. Uno de estos oficiales era el en¬ 
tonces Teniente de la Fuerza Aérea, Enrique Rivero, a quien luego, en 1981 
reencuentro, con el grado de Capitán en el Penal de Libertad, como encargado de 
relaciones públicas. El otro responsable es el entonces Alférez -me refiero al año 
1976- Alejandro López. Por culpa de estos dos hombres Ubagesner y yo fuimos 
torturados sistemáticamente (...). 

1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Ubagesner Chávez Sosa (C.I. N 2 
1.150.711), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y rele¬ 
vantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido el día 28 de mayo de 1976 a las 17 horas, frente a la calle 
Vaimaca N 2 1280. 


72 













b) Fue trasladado a la Base Aérea de Boiso Lanza y recluido en la perrera de 
dicha unidad, sometiéndole a torturas. 

c) En la noche del 10 al 11 de junio de 1976, durante un intervalo de la 
tortura, comenzó a respirar con dificultad y falleció. Pocos minutos des¬ 
pués, cuando arribó el médico, constató su deceso, al parecer a conse¬ 
cuencia de ima falla cardíaca. 

d) Para ocultar su deceso, se fraguó la falsa versión de que se había fugado 
el 8 de junio de 1976. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en un lugar no especificado y después exhumados a fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al Río de la Plata. 


ELENA QUINTEROS ALMEIDA 



Nadó en Montevideo el 9 de setiembre de 1945, casa¬ 
da, de profesión maestra, militante del gremio de estu¬ 
diantes de magisterio y miembro del Partido por la Vic¬ 
toria del Pueblo. Requerida por las Fuerzas Conjuntas 
en mayo de 1975. Fue detenida en su domicilio, en 
Pocitos, el 24 de junio de 1976. Cuatro días después, 
fue conducida por personal militar a las cercanías de la 
Embajada de Venezuela, donde se suponía que tendría un contacto con 
alguien de su organización. Fue en esas circunstancias, que Elena Quinteros 
intentó penetrar a la sede diplomática, para asilarse. Sus captores se tira¬ 
ron sobre ella y la arrastraron nuevamente a la calle, introduciéndola en 
un auto que se alejó rápidamente del lugar. 

Varios testimonios dan cuenta de que Elena Quinteros fue vista en el 
centro clandestino de detención ubicado en el Servicio de Material y Ar¬ 
mamento ubicado en el predio del Batallón de Infantería Blindado N e 13 
de la Ciudad de Montevideo. Los testimonios consignan la intervención 
de efectivos policiales y militares en el secuestro, que fueron reconocidos 
en el lugar clandestino de detención. Entre ellos, el agente policial "Cacho 
Broncini, el Comisario Márquez, el Mayor Victorino Vázquez "La Víbo¬ 
ra", el Teniente Jorge Silveira "Siete Sierras" y el médico. Capitán (asimila¬ 
do) Roberto Scarabino. 

El 5 de julio de 1976 la Embajada de Venezuela comunica al gobierno 
Uruguayo la suspensión de las relaciones diplomáticas. 


73 



















María del Carmen Almeida de Quinteros (Tota) declara ante la Comisión 
Investigadora Parlamentaria: 

.. .Mi hija Elena Quinteros, era maestra y desde mayo de 1975 la habían requerido, 
pero quedó en el Uruguay (...). El 24 de junio de 1976 fueron a su casa en Pocitos 
y la detuvieron. Estuvo desde el 24 hasta el 28 de junio en el "300 Carlos", por la 
Gruta de Lourdes (...). De ello hay testimonios; ella había dicho que el día que la 
detuvieran iba a tratar de escapar (...). Le preguntaban por compañeros y ella dijo 
que iba a encontrarse a las 10 de la mañana con un compañero, en Bulevar Artigas 
entre Rivera y Canelones. En ese lugar como todos sabemos, en esa cuadra, estaba 
la Embajada de Venezuela. Cuando llegaron a Rivera la dejaron para que caminara 
por la calle y ellos la seguían en el coche (...). Cuando llegó a las cercanías de la 
Embajada, entró a la casa anterior, saltó la verja y cayó dentro de la Embajada. 
Últimamente, en mi viaje a Venezuela, estuve hablando con Carlos Batista, que era 
el Secretario de la Embajada y que fue uno de los que forcejeó con los que la secues¬ 
traron para que ella quedara en la Embajada y me refirió que Cacho Broncini, que 
es el sindicado como que la sacó de la Embajada, estaba en la parada de ómnibus 
esperando. Era todo un operativo que se había hecho. Había coches por todos lados 
(...). Cuando Cacho vio la maniobra de Elena, entró en la Embajada y dijo: "opera¬ 
tivo militar"; ahí entraron dos, vino el forcejeo y la sacaron de la Embajada (...). 

Considero importante el testimonio de Alberto Grille, porque estaba adentro de 
la Embajada. Tenemos testimonios de que la volvieron a llevar al "300 Carlos". Y 
que la sometieron a torturas hasta setiembre de 1976. A partir de ese momento no 
supimos más nada... 

También declaró que luego de la ruptura de relaciones con Venezuela, 
hizo varios viajes a dicho país donde afirmaron que no restablecerían rela¬ 
ciones diplomáticas mientras Elena no apareciera. El presidente Sanguinetti 
le dijo en una entrevista, que se comprometería con el gobierno de Venezue¬ 
la a realizar la investigación de éste y los demás casos de desapariciones. 

Estando en 1979 en Naciones Unidad el Embajador Giambruno le dijo 
que Elena estaba viva, que habían sido los militares los que la sacaron de 
la Embajada de Venezuela y que se estaba buscando en esos momentos el 
medio de entregarla a Venezuela, pero deslindando responsabilidades de 
parte del gobierno. 

En marzo de 1979 fue a Norteamérica donde fue a ver a Pérez Caldas, 
Embajador de Uruguay en Washington quien le dijo que en un mes se 
reanudarían las relaciones con Venezuela, con el compromiso de Uruguay 
de que Elena aparecería en una cárcel uruguaya. Al año siguiente volvió a 


74 
















la Comisión de DDHH en Ginebra donde Giambruno desmintió pública¬ 
mente sus afirmaciones. En 1983, en Buenos Aires, el mismo Giambruno 
reconoció que en Uruguay había cuatro personas desaparecidas, entre ellas 
Elena. Tiene documentación de Naciones Unidas. 

En respuesta a preguntas efectuadas por la Comisión, Tota responde 
que:... En el operativo estaba Silveira, se hizo en el coche en que él circulaba, un 
Volkswagen verde, con matrícula 114, 314 u 814, o algo así. La sacaron de la Em¬ 
bajada en el Volkswagen verde, y varios testigos vieron que la llevaban, bajando 
por la calle Chana hasta Requena. 

Nilka Regio testimonió ante la Comisión Investigadora Parlamentaria 
y ante Grupo Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos: 

El 8 de julio de 1976 fue detenida con su esposo Roberto Gutiérrez, ambos 
militantes de la OPR 33, en cuya casa se realizaban reuniones políticas. 
Participaron en la detención funcionarios de uniforme y de civil. Fueron 
trasladados al Batallón de Infantería N e 13. Fue torturada y encapuchada; 
por lo bajo pudo conversar con Graciela Machado, a quien conocía, y ésta 
le dijo que allí se encontraba Elena Quinteros. A partir de entonces prestó 
atención a las voces y así oyó y reconoció la voz de Elena, a quien también 
conocía; voz que siguió oyendo hasta ser liberada 32 días después. 

El lugar donde permaneció detenida se trataba de un gran galpón. En 
el centro había grandes máquinas tapadas con lonas. En un costado, y du¬ 
rante el día, permanecían sentadas en fila todas las prisioneras. En el otro 
extremo estaban los hombres, con quienes no tenían contacto Eran vigila¬ 
dos por soldados y por personal femenino que vestía pantalón azul y ca¬ 
misa celeste. Estas mujeres eran las encargadas de apoyar y asistir a los 
torturadores. La tortura se aplicaba en una casilla a la que se accedía me¬ 
diante una escalera. 

El 21 de julio de 1983 el Comité de Derechos Humanos de la ONU reitera 
una afirmación anterior en el sentido de que el gobierno uruguayo tiene la 
obligación de hacer una investigación completa del caso y que a las autori¬ 
dades uruguayas incumbe la responsabilidad de la desaparición de Elena. 

En febrero de 1985 Tota presenta denuncia ante el Poder Judicial. 

Julio M a Sanguinetti, que asume el cargo de Presidente de la República 
el l e de marzo, establece relaciones diplomáticas con Venezuela sin que se 
hubieran cumplido los compromisos a que estaba obligado el gobierno de 
Uruguay. 


75 















El diputado Nelson Lorenzo Rovira también denuncia judicialmente el 
caso, a consecuencias de lo cual se efectúa una investigación administrati¬ 
va en la Cancillería. De ella surge la existencia de un memorando en el que 
se analiza la conveniencia de entregar o no a la mujer secuestrada de la Embajada 
de Venezuela. El mismo compromete a varios funcionarios del Ministerio, 
particularmente al canciller Juan Carlos Blanco. 

El 15 de diciembre de 1999, Tota presenta recurso de amparo contra el 
Estado en base a la denuncia del ex soldado Sergio Pintado, de que había 
sido testigo de las torturas a que había sido sometida Elena, quien luego 
había sido asesinada y sepultada en el predio del Batallón Militar N e 13. La 
jueza dictaminó a su favor, ordenando una investigación. A pesar de ello 
la investigación no fue hecha. 

El 22 de noviembre de 2002, Tota se presenta a la Justicia Penal solici¬ 
tando que desarchiven los documentos relativos a la desaparición de Ele¬ 
na y se continúen las indagaciones. Aceptada esta solicitud, el procedi¬ 
miento condujo al procesamiento de Juan Carlos Blanco. 


1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada de la ciudadana uruguaya Elena Cándida Quinteros Almeida 
(C.I. N 2 1.072.905), porque ha recogido elementos de convicción coinciden¬ 
tes y relevantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenida en su domicilio sito en Ramón Massini N 2 3044, el 26 de 
junio de 1976. 

b) El día 28 de junio de 1976 fue trasladada a las cercanías de Br. Artigas y 
Rivera, seguramente porque, engañando a sus captores, indicó que ese 
día iba a tener lugar un contacto con otro militante. 

c) Sobre la hora 10:30 de la mañana ingresó sorpresivamente al jardín de la 
Embajada, sita en Br. Artigas N 2 1257, pidiendo a gritos asilo político. 

d) Ello motivó que salieran al jardín de la mencionada legación varios fun¬ 
cionarios diplomáticos, al mismo tiempo que ingresaban al lugar varios 
funcionarios militares y policiales que la custodiaban, al advertir que 
habían sido engañados por la detenida. 

e) Se produjo un forcejeo entre diplomáticos y represores y, finalmente, es¬ 
tos últimos se llevaron por la fuerza a la detenida, lesionando incluso al 
Consejero de la Embajada. Este hecho provocó la inmediata reclamación 
del gobierno venezolano por la violación de su sede diplomática, lo cual 
determinó finalmente, la ruptura de relaciones diplomáticas entre am¬ 
bos países acaecida el 5 de julio de 1976. 


76 
















f) Elena Quinteros fue llevada desde la sede diplomática venezolana, de 
cuyo interior fuera sustraída, hacia la sede de la OCOA, ubicada en el 
Servicio de Material y Armamentos, a los fondos del predio del Batallón 
N s 13 de Infantería. 

g) Allí fue intensamente torturada por espacio de varios meses y fue ejecu¬ 
tada, finalmente, en los primeros días del mes de noviembre de 1976. 

h) La Comisión no ha podido obtener una versión coincidente sobre la for¬ 
ma en que fue ejecutada. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en una dependencia militar -seguramente el Batallón 14 de Toledo- y des¬ 
pués exhumados en el segundo semestre del año 1984, incinerados y tirados 
al Río de la Plata. 


JULIO ESCUDERO MATTOS 

Nació en Colonia el 27 de marzo de 1943, casado y pa¬ 
dre de una hija, fue un destacado dirigente del gremio 
bancario y activo militante del Partido Comunista. Fue 
detenido entre los días 29 y 30 de octubre de 1976, pro¬ 
bablemente en la calle, en el marco de la represión con¬ 
tra el aparato de finanzas del Partido Comunista. 

Rosa Martínez, esposa de Escudero, declara que su 
esposo había sido requerido en marzo de 1976 por lo que debió permanecer 
fuera de su casa, negándose a abandonar el país para seguir en contacto con 
ella y su pequeña hija. Su domicilio había sido allanado en marzo de 1976 por 
efecbvos de Fusileros Navales de la Armada Nacional. Su esposo la llamaba 
diariamente y el 29 de octubre, quedó en llamarla a las 20 hs. y esa llamada 
nunca llegó. El 9 de enero de 1977, efecbvos de la Dirección de Inteligencia y 
Enlace de la Policía de Montevideo proceden a registrar la casa llevándose en 
la oportunidad, documentos de identidad y fotos del desaparecido. De ahí en 
más fue todas las semanas a la calle Castro, sin encontrarlo en las listas de 
detenidos y realizó muchas gesbones más, todas sin resultado. 

Isidro Berón declara 

ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

(...) A Julio Escudero lo vi personalmente y viajé con él el viernes 29 de octubre de 
1976. Viajamos en un colectivo 407 desde la Universidad hasta el Hospital de 



77 





















Clínicas, donde él descendió (...). Fui detenido el 10 de noviembre de 1976 por 
cinco personas de particular y me llevan encapuchado al 13 de Infantería en la 
calle Instrucciones (...). Alrededor del 10 de diciembre me estaban interrogando y 
torturando y, entre otras cosas, me preguntaron si conocía a Escudero y uno de los 
torturadores dijo a los demás guardias que iba a participar en un interrogatorio 
que estaban haciendo al lado. Dicho interrogatorio era a Julio Escudero y a una 
mujer que no sé quien es. Conocí la voz de Escudero (...) el que dirigía el operativo 
y al que llamaban Oscar 4, es Alem Castro. En este lugar, los viernes se hacían 
reuniones a las que venía Gavazzo (...). Estuve cinco años en el Penal de Libertad. 
Escudero nunca llegó allí. 

Una detenida, J.R., reconoció la cédula de identidad de Escudero, en el 
centro clandestino "300 Carlos", ubicado en uno de los galpones del Servi¬ 
cio de Material y Armamento sito en el predio vecino del Batallón de In¬ 
fantería N e 13. En testimonio ante Madres y Familiares consigna que (...) 
estando en ese lugar de detención, mientras era sometida a interrogatorios por el 
Capitán (sic) Victorino Vázquez, sentada frente a una mesa con una potente luz 
que alumbraba el lugar, pude ver por debajo de la capucha el documento de identi¬ 
dad de Escudero, a quien conocía de hace muchos años, en circunstancias en que 
un militar lo arroja sobre la mesa, haciendo el comentario, "este se fue al cielo". 
Inmediatamente soy sacada de ese lugar y siento un gran alboroto entre los solda¬ 
dos. Esa noche nos dejan tranquilos a todos los que allí estábamos, incluso apagan 
la radio que permanecía encendida durante los interrogatorios. Tiempo después, 
estando en el Establecimiento Militar de Reclusión N e 2 para mujeres, J.R. 
identificó que quien había tirado la cédula de Escudero sobre la mesa era 
el Capitán Jorge Silveira, alias "Pajarito", que se desempeñaba como Jefe 
de reclusión junto al Mayor Victorino Vázquez. 

El 17 de febrero de 1977 fue solicitada la captura de Escudero, en un 
comunicado de la Secretaría de Prensa de las Fuerzas Conjuntas. 

1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Julio Lorenzo Escudero Mattos (C.I. 
N 2 1.341.701), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y 
relevantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido el 29 de octubre de 1976, después de la hora 20, en la vía 
pública. 

b) Fue trasladado a las dependencias del Servicio de Material y Armamen¬ 
tos, ubicado en el predio del Batallón N 2 13 de Infantería. 


78 















c) Fue sometido a torturas y falleció a consecuencia de ellas en una fecha 
que no se ha logrado individualizar con mayor precisión, entre el 30 de 
octubre y el 5 de noviembre de 1976. 

d) Con posterioridad a su fallecimiento y para ocultarlo, se practicó un alla¬ 
namiento en su domicilio, en la calle Pilar Costa N s 68, y apareció reque¬ 
rida su captura a través de un comunicado de prensa de las Fuerzas Con¬ 
juntas emitido el 16 de febrero de 1977. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al Río de la Plata. 


MARÍA CLAUDIA GARCÍA de GELMAN 

Nació en Buenos Aires el 6 de enero de 1957, casada, 
estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras en la Uni¬ 
versidad de Buenos Aires y operaría en una fábrica de 
zapatillas. 

Fue secuestrada junto a su esposo Marcelo Ariel 
Gelman en la madrugada del 24 de agosto de 1976 por 
agentes de la Secretaría de Informaciones del Estado 
Argentino (SIDE) y trasladados al centro clandestino de 
motores Orletti" de Capital Federal, Buenos Aires. 

En la madrugada del 14 de octubre de 1976, el cadáver de Marcelo 
Gelman fue arrojado a las aguas del Canal San Fernando ocultado en tan¬ 
ques con cemento, junto a otras siete personas asesinadas. Los ocho cuer¬ 
pos fueron sepultados como NN el 21 de octubre de 1976. En el año 1989 
pudieron ser identificados cinco de ellos, entre los que estaba el de Marcelo 
Gelman. Todos ellos habían sido vistos en Orletti. 

María Claudia, con un embarazo a término, fue en cambio trasladada 
alrededor de los primeros días de octubre de 1976 hacia Uruguay, concreta¬ 
mente al Servicio de Información de Defensa (SID) sito en Bulevar Artigas 
esquina Palmar en la ciudad de Montevideo. A fines del mes de octubre fue 
trasladada al Hospital Militar para dar a luz. Luego fue reintegrada con su 
hija al SID hasta fines de noviembre, siendo posteriormente trasladada sin 
su hija recién nacida a otro lugar desconocido y probablemente ejecutada. 

Varios ciudadanos uruguayos secuestrados en Buenos Aires que per¬ 
manecieron en Orletti y más tarde fueron trasladados a Montevideo y alo- 



detención "Auto- 


79 





















jados en el SID, dan cuenta de la presencia de la joven en estado de gravi¬ 
dez. También existen testimonios de prisioneros en ese lugar que vieron a 
soldados preparando mamaderas. 

En el año 2000, fue plenamente identificada la identidad de una joven, 
quien resultó ser la hija de Maria Claudia García. La niña recién nacida 
había sido entregada a un comisario de la policía uruguaya y su esposa, 
quienes procedieron a inscribirla como hija legítima de la pareja. 


1. La Comisión para la Paz considera parcialmente confirmada la denuncia 
sobre desaparición forzada de la ciudadana argentina María Claudia García 
Iruretagoyena o Irureta Goyena Casinelli (C.I. 7.808.422 de la República 
Argentina), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y re¬ 
levantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenida en la madrugada del 24 de agosto de 1976 junto con su espo¬ 
so, Marcelo Ariel Gelman (también desaparecido y cuyos restos Rieron 
luego ubicados en la Argentina), en su domicilio de la ciudad de Buenos 
Aires y trasladada al centro clandestino de detención "Automotores Orletti". 

b) A pesar de que no tenía ninguna militancia política que la relacionara 
con Uruguay, fue trasladada en la segunda semana de octubre de 1976, 
cursando un avanzado estado de gravidez, al Uruguay, siendo alojada en 
la sede del Servicio de Información de Defensa (SID), ubicado en la Ave¬ 
nida Bulevar Artigas esquina Palmar. 

c) Se mantuvo en la sede del SID, separada de los demás detenidos que se 
hallaban en ese centro clandestino de detención, en la planta baja del 
edificio. 

d) A fines del mes de octubre o principios de noviembre fue sacada del 
centro clandestino de detención y llevada al Hospital Militar para el par¬ 
to, donde dio a luz una niña. 

e) Después de dar a luz, fue reintegrada junto con su bebé al SID, donde 
volvió a permanecer separada del resto de los detenidos allí alojados. 

f) A fines de diciembre de 1976 fue sacada del SID, junto con la niña, que 
le fue sustraída y entregada a un policía, quien la inscribió como hija 
legítima. 

2. Después de sustraerle a la niña, ima versión -confirmada por fuentes milita¬ 
res- refiere que María Claudia García de Gelman fue derivada a una base 
clandestina militar, donde se le dio muerte, enterrando posteriormente sus 
restos en un predio militar. 

3. Otra versión, proveniente también de fuentes militares a los que se implica 
como involucrados en el operativo, insiste en sostener que, luego de la sus- 


80 













tracción de la niña, la madre fue entregada a los represores argentinos de 
Automotores Orletti, quienes la vinieron a buscar en Montevideo y la retor¬ 
naron a la República Argentina en lancha, desde el puerto de Carmelo, ha¬ 
biéndole dado muerte en el vecino país. 

4. La Comisión para la Paz concluye que el secuestro de esta joven, sin relación 
alguna con el Uruguay, no tiene explicación lógica y sólo pudo obedecer al 
propósito de sustraerle su bebé. La Comisión ha formado convicción, tam¬ 
bién, de que luego de ello, se dio muerte a la detenida. 

5. El carácter parcial de la confirmación sólo responde, de acuerdo a la meto¬ 
dología y diversas categorías estructuradas por la Comisión, en el Informe 
Final, a la imposibilidad de obtener una versión coincidente sobre las cir¬ 
cunstancias de su muerte y el destino posterior de sus restos. 



CLAUDIO EPELBAUM SLOTOPOLSKY 

Nacido en Buenos Aires el 27 de octubre de 1953 y 

LILA EPELBAUM SLOTOPOLSKY 

Nacida en Argentina el 11 de mayo de 1956. Un her¬ 
mano de ambos, Luis Marcelo Epelbaum de 25 años 
de edad, había sido detenido y desaparecido el 10 de 
agosto de 1976 en Buenos Aires. Ante lo ocurrido con 
Luis Marcelo, la madre envió a Uruguay a sus otros 
dos hijos Claudio y Lila, quienes se radicaron en Pun¬ 
ta del Este. Ambos desaparecieron en esta localidad el 
4 de noviembre de 1976, luego que concurrieran a las 
oficinas de PLUNA a los efectos de reservar pasajes 
para viajar a Buenos Aires en la fecha indicada. Pese a 
las numerosas gestiones realizadas, la madre de los 
hermanos Epelbaum nunca obtuvo respuestas que le 
permitieran saber qué pasó con sus hijos. Entre ellas 
deben destacarse las realizadas ante el Jefe de Policía de Maldonado Ge¬ 
neral Esteban Costa. La madre de los hermanos Epelbaum luego de ser 
notificada sobre la desaparición de sus hijos, viajó inmediatamente y ra¬ 
dicó denuncia ante el Jefe de Policía, quien después de sugerirle que qui¬ 
zás se habían ido a Brasil y ante la rotunda negativa de la madre a acep- 



81 























tar esa posibilidad, totalmente absurda, sugirió que sus hijos podían ha¬ 
ber sido secuestrados por un comando argentino. Finalmente le sugirió 
por humanidad, que no los buscase en Uruguay, que sería perder el tiem¬ 
po, que los buscase y cuanto antes en la Argentina. 

Posteriormente de esta gestión, la Sra. Epelbaum recurrió a la abogada 
Adela Reta quien presentó un recurso de Hábeas Corpus ante la justicia 
competente sin que arrojara resultados positivos. Luego de diversas ges¬ 
tiones, un militar le entregó un documento expedido por la Dirección de 
Migraciones del Uruguay, en que Lila figuraba viajando a la Argentina el 
día 8 de noviembre de 1976 en un vuelo regular de la empresa PLUNA. En 
realidad, ella había pedido su pasaje para el día 4 de noviembre, día en 
que fue secuestrada junto a su hermano Claudio. La Dra. Adela Reta le 
manifestó a la Sra. Epelbaum que un oficial del ejército uruguayo, un coro¬ 
nel cuyo nombre no proporcionó, le había dicho "no crea que son tan an¬ 
gelitos como usted lo piensa". 

Finalmente, en el mes de setiembre de 1979 cuando la Sra. Epelbaum se 
encontraba haciendo gestiones por sus hijos en las oficinas de la OEA, se 
encuentra con Lelio López, quien había estado también secuestrado y quien 
le contó que sus dos hijos habían sido trasladados desde Uruguay en avión 
a Buenos Aires, para ser alojados clandestinamente en un centro de deten¬ 
ción que funcionaba en el edificio de la Brigada Güemes, de la Policía de la 
Provincia de Buenos Aires. Ese centro clandestino de detención en Argen¬ 
tina era denominado "El Banco", en la jerga represiva de los grupos de 
tareas. 

1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano argentino Claudio Epelbaum Slotopolsky y de 
la ciudadana argentina Lila Epelbaum Slotopolsky porque ha recogido ele¬ 
mentos de convicción que permiten asumir que: 

a) Fueron detenidos el día 4 de noviembre de 1976 en la ciudad de Punta 
del Este -departamento de Maldonado- cuando hacían gestiones en las 
oficinas de PLUNA (línea aérea uruguaya), de esa ciudad, por fuerzas 
represivas actuando en procedimientos no oficiales o no reconocidos 
como tales. 

b) Posteriormente, fueron trasladados a la República Argentina, donde lue¬ 
go fueron identificados en el centro clandestino de detención llamado 
"El Banco". 


82 













LUIS EDUARDO ARIGÓN CASTEL 

Nacido en Montevideo el 18 de febrero de 1926, casado 
y padre de dos hijas, fue dirigente de FUECI (Federa¬ 
ción Uruguaya de Empleados del Comercio e Indus¬ 
tria) y miembro activo del Partido Comunista. 

Fue detenido el 14 de junio de 1977 en su domicilio 
en presencia de su esposa, sus hijas y de otros hermanos 
y familiares que vivían en casas vecinas. Varios presos de¬ 
claran haberlo visto en el centro clandestino de detención "La Tablada" lo¬ 
calizado en Camino de la Redención y Camino de las Tropas en Montevideo. 

Sara Barrocas, esposa de Arigón, declara ante la Comisión Investigado¬ 
ra Parlamentaria relatando la detención de su esposo y los trámites reali¬ 
zados por ella. 4 

Eduardo Platero declara 

ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

... que fue detenido la noche del 13 de junio de 1977 y conducido a La Tablada. (...) 
En el transcurso de esos 40 días en La Tablada, en dos oportunidades murió gente 
cerca de mí. En una oportunidad estimo que fue en la primera sesión de torturas, 
que comenzó en la madrugada del 14 y prosiguió, en lo que yo estimo, nueve dias, 
estando colgado, a su lado estaba un hombre que respiraba penosamente; los custo¬ 
dias discutían si aguantaría o no, por sus precarias condiciones. En un momento 
dejó de respirar y nos bajaron a ambos, chocaron nuestros cuerpos. Se trataba de 
una persona corpulenta, lo que me hace suponer que puede haber sido Arigón; las 
otras personas desaparecidas en ese período (Baliñas y Tassino) no reponden a esas 
características físicas (...). 

Juan Angel Toledo declara 

ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

(...) que fue detenido en la madrugada del 14 de junio de 1977 y conducido a La 
Tablada. (...) Tengo la certeza de que allí estaba Arigón. Oí que una detenida lo 
llamaba por su seudónimo Ignacio. Estuvo allí 40 días. Cuando estaba esperando 
que lo trasladaran presenció hechos vinculados con Arigón. (...) Era su voz, era 



4 . El testimonio completo de Sara Barrocas puede leerse en el Capítulo Testimonios y Docu¬ 
mentos sobre Detenidos Desaparecidos en Uruguay. 


83 





















una persona que deliraba, que había sido muy golpeada; era alguien que perma¬ 
nentemente estaba pidiendo comida a cualquier hora; uno veía que estaba desequi¬ 
librado y la respuesta que le daban era golpearlo continuamente al punto que un 
hombre dijo que estaba orinando sangre. Sentí que lo habían trasladado a una 
pieza que estaba a la derecha del patio donde yo estaba sentado en ese momento. 
Allí llegó un médico. Pude oír las conversaciones y que dijeron: "Hay que llevarlo 
rápido que se queda". Al rato se dejó de sentir la voz, los quejidos de quien supongo 
era Arigón. Pusieron una camilla prácticamente a mis pies y depositaron allí a una 
persona (...). Su cara era irreconocible por la barba, tenía el torso desnudo, como si 
le hubieran hecho masaje para reanimarlo; estaba rígido. Un guardia dijo "hay que 
aflojar la mano; es el tercero que se nos muere en un mes" (...). 

1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Luis Eduardo Arigón Castel (C.I. N 2 
480.439), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y rele¬ 
vantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido en su domicilio de la calle Belgrano N 2 2872, Apto. 201, en 
la noche del 13 al 14 de junio de 1977. 

b) Fue llevado a La Tablada donde fue intensamente torturado; dado que se 
hallaba visiblemente mal, se convocó a un médico que no pudo interve¬ 
nir por las condiciones de extrema gravedad en que se hallaba. 

c) Al finalizar la sesión de tortura, en la tarde del 15 de junio de 1977, cayó 
moribundo sobre otro detenido y falleció minutos después. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al Río de la Plata. 


ÓSCAR JOSÉ BALIÑAS ARIAS 

Nació en Montevideo el 2 de octubre de 1926, casado y 
padre de dos hijas, funcionario del Banco de Previsión 
Social, activo militante gremial y miembro del Movi¬ 
miento Popular Unitario integrante del FIdeL (Frente 
Izquierda de Liberación). 

Fue detenido en su domicilio en presencia de su es¬ 
posa, el 21 de junio de 1977 en horas de la madrugada 
por personal uniformado y trasladado al centro clandestino de reclusión 
La Tablada. Una vecina del edificio testimonia que presenció la detención 



84 

















y vio cuando era introducido en un vehículo militar. Diversos testimonios 
dan cuenta de haberlo visto y escuchado en este centro clandestino de 
reclusión donde operaban integrantes de OCOA. 

Áurea Puppo, esposa de Baliñas, declaró ante la Comisión Investigadora 
Parlamentaria, cuyo testimonio se publica en el Capítulo Testimonios y 
Documentos sobre Detenidos Desaparecidos en Uruguay. 

Ricardo Rosa declara 

ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

...fui detenido el 21 de junio en horas de la tarde de las oficinas de CALFORU y 
llevado directamente a La Tablada (...). En lo que tiene que ver con Baliñas, duran¬ 
te un par de días estuvo de plantón, al lado mío, en el patio de La Tablada. (...) Que 
lo haya reconocido se debe a que pude oír no solamente el nombre de Baliñas sino 
que, en los cambios de guardia, cuando había un interrogatorio, él decía: "soy el 
hijo del General Baliñas", a lo que le contestaban, entre otras cosas; "tu viejo no es 
general". (...) Él estaba siendo duramente torturado. También tenía respuestas 
agresivas con la guardia; en una oportunidad recuerdo que Baliñas se tomó a gol¬ 
pes de puño con la guardia; se le tiraron encima seis o siete guardias y fueron muy 
violentos. Hubo patadas hasta que una guardia femenina-allí había también guardia 
femenina- recomendó a sus compañeros pisarle la cabeza: "písenle la cabeza”, dijo 
(...). No supe más nada de él. 

Eduardo Platero declara 

ante la Comisión Investigaora parlamentaria: 

(...) Creo que Baliñas fue uno de los que fallecieron cerca de mí; por la impresión 
física del choque de su cuerpo con el mío, sentí que era una persona más baja que 
Arigón pero de complexión más fuerte (...). 

1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Oscar José Baliñas Arias (C.I. N s 
843.402), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y rele¬ 
vantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido en su domicilio de Daniel Fernández Crespo N 1 2 2442 apto. 

2, el día 21 de junio de 1977 sobre la hora 1:30 de la madrugada. 

b) Fue llevado al centro clandestino de detención de La Tablada, donde se 
le torturó intensamente, llevándolo a padecer crisis de delirio. 


85 















c) Hallándose ya muy mal, murió a consecuencia de los golpes recibidos, 
en el primer piso del edificio, en la noche del 18 al 19 de julio de 1977. 
2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al Río de la Plata. 


WILHEM WURM MALLINES 

Nació en Montevideo el 24 de octubre de 1934, casado y padre de 5 hijos, 
se dedicaba a fabricar y vender escobas. 

Su familia consigna que era frenteamplista pero no se le conocía nin¬ 
gún tipo de militancia activa. Un cuñado suyo, militante del Partido Co¬ 
munista se encontraba, en el momento de la desaparición, refugiado en 
Suecia luego de que su domicilio hubiera sido allanado. Testimonios de 
sus familiares dan cuenta que días previos a su desaparición, Wurm se 
manifestaba nervioso porque decía que estaba sometido a seguimientos. 

El 17 de julio de 1977 Wurm salió a pescar como habitualmente lo hacía a 
la escollera Sarandí, acompañado por un amigo. Este amigo muere ahogado 
ese día en circunstancias que no se conocen. Gestiones realizadas por fami¬ 
liares y amigos ante la Prefectura y la Policía de Montevideo no arrojaron 
resultados que permitieran esclarecer las circunstancias de la desaparición. 

La Comisión para la Paz considera descartada -en principio- la denuncia pre¬ 
sentada con relación al ciudadano uruguayo Wilhelm Wurm Mallines (C.I. 
N s 1.700.729), en función de que no ha accedido hasta la fecha a información o 
evidencia que vincule el destino de la persona referida con los temas a cargo 
de la Comisión. 



ÓSCAR TASSINO ASTEAZU 

Nació en Montevideo el 16 de enero de 1937, casado y 
padre de tres hijos, empleado de UTE, dirigente sindi¬ 
cal de AUTE y activo militante del Partido Comunista. 
En la fecha en que ocurre el secuestro de Tassino, su 
esposa Disnarda Flores se encontraba detenida. 

Su detención se produce en Máximo Tajes 6632, do¬ 
micilio de sus amigos y compañeros de gremio, Hermes 


86 


















Fulle Fleitas y Ana Regnier de Fulle el 19 de julio de 1977 en horas de la 
mañana. Allí se había montado una guardia desde la madrugada. Fue so¬ 
metido a una fuerte golpiza. 

Otros presos, que lo conocían, lo vieron en el centro de detención clan¬ 
destino denominado "La Tablada" localizado en Camino de la Redención 
y Camino de las Tropas, en Montevideo. En el operativo de detención fue 
identificado el oficial Ferro, acompañado por una mujer. 

Luis Fulle Fleitas declara 

ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

(...) el 19 de julio de 1977 irrumpieron en mi casa hombres de particular con armas 
diciendo "Somos de las Fuerzas Conjuntas, quédate quieto o te quemamos". A eso 
de las 9 llegó Tassino, según habíamos convenido, quien fue tirado contra el piso, 
manoseado y golpeado. Se lo llevaron en un auto, tapándole la cabeza con una 
bufanda. Al que comandaba el operativo lo llamaban "Coronel" y entre ellos se 
llamaban "Óscar". Junto a Tassino se llevaron a Martín Casco, quien llegó a mi 
casa minutos antes que él (...). 

En esos días es detenida y conducida al mismo lugar Graciela Salomón, 
quien relata que escuchó la voz de Tassino: Después de algunos días de estar 
detenida y de haber sido torturada, en determinado momento cuando me suben - 
la tortura se realizaba en un lugar al que se accedía por una escalera de mármol- 
hay un revuelo impresionante, hay una conmoción, gritos, corridas, etc. Enton¬ 
ces la persona que me estaba interrogando me dice: “Tené mucho cuidado, quédate 
quieta y no te saques la venda". Esta persona sale y pregunta qué pasa; siguen 
gritos y en determinado momento se oye: “ ¿Vos qué querías hacer, idiota? Recién 
te bajamos y ahora te tenemos que subir". Oigo la voz de Tassino seguida por 
golpes, golpes impresionantes y en determinado momento siento como una cabe¬ 
za que se rompe contra una pileta (...). Después un silencio total. Pregunto al 
que me interrogaba qué había pasado y me dice: “¿Ves?, ese no quería hablar; a 
vos te va a pasar lo mismo; ése no tiene más posibilidades". A los dos o tres días, 
nos arreglan, nos ponen ponchos, nos sientan a todos, sacan a la gente de plan¬ 
tón. En esas circunstancias llega alguien que supongo era uno de mayor jerar¬ 
quía y ordena liberar a varios: “Hay que liberar. Tres muertos en quince días es 
demasiado". 

Ese oficial se refería a las muertes de Luis Eduardo Arigón, Óscar Tassino 
y Óscar Baliñas. Esta presunción cobra fuerza en tanto que efectivamente. 


87 















varios detenidos en ese lugar son puestos en libertad con posterioridad a 
este incidente, entre ellos Graciela Salomón. 

Varias de las gestiones realizadas por su familia para dar con el para¬ 
dero del desaparecido, entre otras, fueron respondidas por el Gobierno 
uruguayo al Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas de Nacio¬ 
nes Unidas en un comunicado del 15 de diciembre de 1980 donde consta 
que "El Sr. Tassino está requerido por las autoridades -orden de captura 
N B 1274 del 8 de febrero de 1977- acusado de participar en actividades 
subversivas". 

1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Óscar Tassino Asteazu (C.I. N s 
782.811), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y rele¬ 
vantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido el día 19 de julio de 1977, a las 9 horas, en una finca de la 
calle Máximo Tajes N 2 6632, donde personal militar había montado una 
"ratonera". 

b) Fue llevado al centro clandestino de detención La Tablada, donde fue 
torturado. 

c) Murió el día 21 de julio de 1977, en la planta alta del edificio, a raíz de un 
golpe violento en la cabeza contra una pileta, después de un enfrenta¬ 
miento con sus custodias. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al Río de la Plata. 


JULIO CASTRO PÉREZ 

Nació en Florida el 13 de noviembre de 1908, casado y 
padre de dos hijos, de profesión maestro, periodista, 
fue redactor responsable y subdirector del Semanario 
Marcha, colaborador de UNESCO, integrante del gru¬ 
po de independientes del Frente Amplio. 

Fue detenido por efectivos del Servicio de Informa¬ 
ción de Defensa a las 11 de la mañana del día I a de 
agosto de 1977, mientras transitaba por la calle y conducido al centro clan¬ 
destino de detención conocido con el nombre de "La Casona", ubicado en 
la Av. Millán y Loreto Gomensoro de la ciudad de Montevideo. Allí fue 



88 

















visto por otros presos que se encontraban en ese lugar, entre ellos, por el 
periodista Flavio Tabarez, de nacionalidad brasileña y corresponsal del 
diario Excelsior de México, quien había sido detenido días antes en mo¬ 
mentos en que se aprestaba a abordar un avión en el Aeropuerto de 
Carrasco, rumbo a Buenos Aires. 

La esposa de Julio Castro mandó una carta al Gral. Gregorio Alvarez, 
que había sido su alumno en 6 e año de la escuela Sanguinetti, pidiéndole 
por él. No tuvo respuesta. 

En cuanto al operativo de detención de Julio Castro, es concluyente el 
testimonio del ex soldado Julio Barboza, en ese entonces, destacado en el 
Servicio de Información de Defensa. En el mismo consigna: A principios del 
mes de agosto de 1977, fui partícipe involuntario en el único caso de secuestro de 
persona que me tocó vivir durante mi estadía en el SID. Me encontraba en las 
oficinas de la sede del SID de Luis A. de Herrera y Montecaseros, y en momentos 
que iba saliendo el Oficial Principal Zabala (oficial de la Policía en comisión en el 
SID) siento que dice a un superior: "Me llevo a Barboza" y dirigiéndose a mí, me 
dice: "Vení, vení", Me fui con él. Iba también otro soldado cuyo nombre no recuer¬ 
do: En un vehículo nos dirigimos hasta Rivera y Soca donde estacionamos y aguar¬ 
damos. No sabía que estábamos esperando para detener a una persona. De pronto 
vino una persona mayor, entre 55 y 60 años, avanzada calvicie, de poco pelo, cano¬ 
so, usaba lentes, bajo, no puedo asegurar pero me parece que vestía saco marrón. 
Entonces se bajó Zabala y me dijo: "Bajate, bajate", lo cual hice, lo mismo que el 
otro soldado. En forma rápida vi que se le ponía uno de cada lado e inmediatamente 
lo trajeron al vehículo, sin que el detenido ejerciera resistencia alguna. Fue intro¬ 
ducido a la parte trasera del coche, donde también me ubiqué yo, oficiando de cus¬ 
todio. Al volante iba el oficial principal Zabala que me insultaba por no hacer 
agachar suficientemente al detenido. Yo estaba casi paralizado, nunca había parti¬ 
cipado en nada de esto. (...) El otro soldado nos siguió conduciendo la camioneta 
Indio de color amarillo y negro, perteneciente a la persona detenida. Nos dirigimos 
a la cárcel deMillán y Eoreto Gomensoro donde lo dejamos. Allí también fue con¬ 
ducida la camioneta (...). 

En un comunicado publicado en la prensa local del 3 de octubre de 
1978, la Dirección Nacional de Migraciones consignaba que Julio Castro 
había tomado el vuelo de PLUNA con destino a Buenos Aires, aportando 
el número de vuelo y de asiento. Posteriormente, esta información fue des¬ 
mentida por el Ministerio de Relaciones Exteriores y de Culto de la Repú¬ 
blica Argentina. Por otra parte, el testimonio del periodista uruguayo Rubén 


89 


















Cotelo, es concluyente en afirmar que en ese vuelo no se encontraba Julio 
Castro -a quien conocía personalmente- consignando que por los altopar¬ 
lantes del aeropuerto se lo reclamaba para que embarcara sin que nunca se 
hiciera presente, concluyendo además que ese vuelo no llegó a despegar 
por inclemencias del tiempo reinante. 

Julio Castro Pérez declara ante la Comisión Investigadora Parlamenta¬ 
ria las circunstancias de la desaparición de su padre. Dice que él había 
sufrido más de un derrame cerebral por lo que debía llevar una vida sin 
sobresaltos pues corría graves riesgos. 

La Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea General de la OEA, 
en 1978 establece que el Gobierno uruguayo es responsable de la desapari¬ 
ción de Julio Castro. 


1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Julio Castro Pérez (C.I. N s 167.820), 
porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y relevantes que 
permiten concluir que: 

a) Fue detenido en la vía pública, en la intersección de la calle Francisco 
Llambí casi Avenida Rivera, el día l s de agosto de 1977, alrededor de la 
hora 10:30 

b) Se le trasladó a un centro clandestino de detención sito en la Avenida 
Millán N 2 4269, donde fue sometido a torturas a consecuencia de las cua¬ 
les falleciera, en ese lugar, el 3 de agosto de 1977, sin recibir atención 
médica. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al Río de la Plata. 


Informaciones orales brindadas por la Comisión para la Paz a familia¬ 
res de Castro, consignan que las fuentes militares consultadas, expresa¬ 
ron que Julio Castro fue detenido con la intención de "darle un escar¬ 
miento" y hacerlo desistir en continuar ayudando a otras personas per¬ 
seguidas a salir del país y así obtener asilo en las embajadas extranjeras 
en nuestro país. 


90 














AMELIA SANJURJO CASAL 

Nació en Montevideo el 23 de septiembre de 1936, sol¬ 
tera, empleada en una editorial y militante del Partido 
Comunista. Fue detenida el 1 Q de noviembre de 1977 
en su domicilio de la Villa Colón. Carlos Aguilera, ami¬ 
go de Sanjurjo e inquilino de la vivienda que habitaba, 
consigna que los efectivos que intervinieron en el ope¬ 
rativo habían montado una ratonera el día anterior, en 
la que permanecieron hasta el tercer día, en que lo dejaron en libertad. 
Diversos testimonios dan cuenta de que Amelia Sanjurjo fue conducida y 
sometida a torturas en el centro clandestino de detención "La Tablada", 
dependiente del OCOA. Su muerte habría sobrevenido luego de intentar, 
en muy mal estado físico, huir del lugar donde se encontraba. Personas 
muy allegadas a Amelia consignaron ante la Comisión para la Paz que se 
encontraba embarazada y esperaba su primer hijo. 

Carmen Sanjurjo, hermana de Amelia declara haber recibido en no¬ 
viembre de 1977 una llamada telefónica avisándole que Amelia había 
muerto. 

Carlos Aguilera declara 

ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

(...) que alquilaba una habitación en la casa de Amelia (...). El 29 o 30 de octubre de 
1977 al entrar, encontró que había personas de particular con botas negras, que 
venían a detener a Amelia y dejaron una ratonera. Durante varios días permane¬ 
cieron allí; a él le permitían ir a trabajar pero lo vigilaban. Se enteró de que a ella la 
habían detenido en la Editorial donde trabajaba, pero permanecieron en la casa 
esperando a compañeros de militancia. 

1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada de la ciudadana uruguaya Amelia Sanjurjo Casal (C.I. N 2 
1.685.445), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y rele¬ 
vantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenida en su domicilio, sito en la calle Avenida Garzón N 2 1654, 
donde incluso se dejó montada ima "ratonera", el día 2 de noviembre de 
1977, y llevada al centro clandestino de detención de La Tablada. Se ha¬ 
llaba cursando un embarazo reciente. 



91 






















b) Fue severamente torturada y después encerrada en un calabozo de la 
planta baja; cuando se le iba a conducir a una nueva sesión de tortura, 
que tenía lugar en el primer piso de La Tablada, se resistió, fue golpeada 
y murió alrededor del día 8 de noviembre de 1977. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al Río de la Plata. 


ÓSCAR DE GREGORIO 

De nacionalidad argentino, dirigente del Movimiento 
Peronista Montoneros, fue detenido por efectivos del 
Cuerpo de Fusileros Navales (FUSNA) mientras inten¬ 
taba ingresar a Uruguay por el Puerto de Colonia el 16 
de noviembre de 1977. De Gregorio fue posteriormen¬ 
te trasladado a la Escuela Superior de Mecánica de la 
Armada de Argentina (ESMA). 

De testimonios de sobrevivientes argentinos detenidos en Uruguay 
que permanecieron en ese centro clandestino de detención, se recoge entre 
otros, el de Rosario Evangelina Quiroga. Detenida con sus tres hijas y 
otros ciudadanos argentinos el 15 de diciembre de 1977 por efectivos mi¬ 
litares uruguayos en Lagomar, Canelones. Es trasladada a una finca con 
apariencia de castillo en las cercanías de Carrasco, donde es torturada. 
Posteriormente es trasladada por avión a la ESMA, con la participación 
de militares argentinos: Teniente de Navio Raúl Schelling "Mariano", 
Mayor del Ejército Juan Carlos Coronel "Maco", Oficial de Prefectura 
Naval Héctor Fabre "Salva" o "Daniel" y un oficial del sistema peniten¬ 
ciario argentino. Estando en ese lugar, pudo encontrarse y conversar con 
De Gregorio, el que se encontraba en un pésimo estado de salud física. 
Supo por él que luego de varios días de tortura en manos de efectivos 
militares uruguayos, intentó fugarse, y al intentarlo fue gravemente he¬ 
rido en el abdomen y que a pedido del Teniente de Navio Pernía "True¬ 
no", miembro del grupo de tareas que operaba en la ESMA, fue interna¬ 
do en el Hospital Militar de las Fuerzas Armadas uruguayas y operado, a 
los efectos de conservarlo con vida para obtener más información. En la 
operación se le efectuó un ano contranatura, ya que los intestinos habían 



92 















sido perforados por varios impactos de bala. Luego de unos días de recu¬ 
peración es trasladado en avión a Buenos Aires y mantenido prisionero 
en la ESMA. El 7 de marzo de 1978 De Gregorio fue trasladado a Institu¬ 
tos Militares, un centro clandestino que funcionaba en dependencias de 
la Escuela Sargento Cabral en Campos de Mayo, permaneciendo en ese 
lugar cerca de un mes donde fue sometido nuevamente a torturas. Luego 
de eso, lo regresaron a la ESMA. Deliraba y su estado de salud empeora¬ 
ba día a día. Deciden intervenirlo en el Hospital Naval hacia donde lo 
llevan el lunes 24 de abril de 1978. El mismo día es nuevamente traslada¬ 
do a la ESMA. En esas circunstancias el Capitán Acosta le dice a Rosario 
Quiroga que en el Hospital no habían querido que permaneciera. Al día 
siguiente, luego de un instante de lucidez De Gregorio le pide a Rosario 
que rogara a Dios porque no soportaría más sufrimientos. Al cabo de 
unas horas deja de existir. 5 


1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano argentino Oscar De Gregorio, porque ha reco¬ 
gido elementos de convicción coincidentes y relevantes, que permiten asu¬ 
mir que: 

a) Fue detenido al desembarcar en la ciudad de Colonia, procedente de Bue¬ 
nos Aires, el 16 de noviembre de 1977. 

b) Fue llevado al Cuerpo de Fusileros Navales (FUSNA) en Montevideo y 
en determinado momento en que lo sacan a la vía pública, intenta huir. 
Recibe un balazo que obliga a practicarle una intervención quirúrgica en 
el Hospital Militar. 

c) Durante el llamado "Cónclave de Solís", el Comandante de la Armada 
aprueba su entrega a las autoridades argentinas, que se realiza el 17 de 
diciembre de 1977 en helicóptero. 

d) Es llevado a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en Buenos 
Aires, donde muere el 25 de abril de 1978. 


5. Testimonios de Rosario Quieroga y Jaime Dri en el Capítulo Testimonios y Documentos 
sobre Detenidos Desaparecidos en Uruguay. 


93 


















RICARDO BLANCO VALIENTE 

Nació en la ciudad de Mercedes el 27 de diciembre de 
1938, casado y padre de dos hijos, fue integrante de la 
Agrupación de Funcionarios de UTE y dirigente del 
Plenario Intersindical de la ciudad de Mercedes. En el 
momento de su detención militaba en el Partido Co¬ 
munista Revolucionario. 

El 15 de enero de 1978, a las 10:30 horas es detenido 
por personas de civil en momentos en que se encontraba en el comercio de 
su propiedad junto a otros familiares. Testimonios de otros presos decla¬ 
ran que fue trasladado primero a un local de reclusión clandestino, cono¬ 
cido con el nombre de "La Casona" sito en Av. Millán y Loreto Gomensoro 
de la ciudad de Montevideo. 

Posteriormente fue visto y escuchado por otros presos que lo conocían 
en el centro clandestino de detención "La Tablada" ubicado en el cruce del 
Camino de las Tropas y Camino de la Redención. 

El primero se trataba de una finca adquirida probablemente por el 
Servicio de Información de Defensa (SID) para ser utilizada como cen¬ 
tro clandestino de reclusión hacia donde se trasladaban prisioneros para 
ser interrogados y torturados. El segundo, perteneció al Organismo 
Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) como taller me¬ 
cánico y depósito de vehículos que utilizaban los efectivos de esta uni¬ 
dad represiva y que se utilizó también para interrogar y torturar pri¬ 
sioneros. 

A.G. declara ante la Comisión Investigadora Parlamentaria que fue 
detenido por dos personas armadas que lo subieron a un Renault 12 
rojo y dicen "Primero lo vamos a llevar a La Casona". Luego lo cam¬ 
bian de vehículo, lo esposan y lo tapan con frazadas y así lo trasladan 
hasta una casa. En el patio hay pedregullo y se oye un chorro de agua 
que cae. Luego lo desnudaron, lo golpearon, le aplicaron picana y lo 
colgaron. A los tres o cuatro días de estar allí vio a Ricardo Blanco, a 
quien conocía. 

(...) Me amenazaban con matarme para que no contara nada de lo que me ha¬ 
bían hecho. Una vez me dijeron que iban a pegarme un tiro. Me apoyaron una 
pistola o algo así en la cabeza y luego me pusieron una bolsa mientras decían: esto 
es para que no salpique la sangre. Me amenazaron con tirarme a un pozo de 20 



94 


















metros de profundidad. Dos veces sucedió eso. La primera vez que vi a Ricardo fue 
cuando nos hicieron dormir a los tres juntos atados, Ricardo, otro muchacho que 
vivía con él de apellido Aguilera y yo. Al cabo de varios días nos dejaron bañar y 
nos dan el primer alimento, mate cocido. 

De allí los trasladan juntos y en la misma camioneta a El Infierno (La 
Tablada). Días después volvió a sentir a Ricardo y escuchó que un guardia 
decía a otro "llévalo a Blanco". También ve y oye que hay más detenidos. A 
los pocos días recomienza la tortura: picana, caballete, submarino, quema¬ 
duras y alcanza a ver por debajo de la venda a alguien que se hace pasar 
por médico y que le tomaba el pulso, cree que había sido profesor suyo en 
secundaria. En los interrogatorios le preguntaron por Célica Gómez de 
quien nunca había escuchado hablar, pero luego sintió que un guardia la 
nombraba cerca de su calabozo. Un día empiezan a llamarlos de a uno. 
Escucha que nombran a Aguilera y luego a Blanco. 

(...) Cuando traen a Blanco yo estaba sentado y lo dejan cerca de mí. Le pregun¬ 
to: "Ricardo ¿para que nos llevan arriba?" Cuando me va a contestar aparece un 
guardia e impide que me lo diga. Cuando me llevan por la escalera hacia el piso 
superior por debajo de la venda veo a un preso colgado, estoy seguro que era Carlitos 
Cabezudo, quien había sido secuestrado en Buenos Aires. Escuchaba sus gemidos 
y gritos, yo lo reconocí porque también era de Mercedes. Después oí que los guar¬ 
dias comentaban que el tipo estaba lastimado, que iba sangrando la cabeza, que 
tenía los testículos deshechos y cosas así; incluso comentaban cómo torturaban las 
mujeres: cómo dan las de la Marina. Enseguida escucho que por radio dicen: va 
ambulancia, va ambulancia. Al rato siento un auto y se llevan a uno. Podría ser 
Cabezudo porque cuando fui trasladado (sacado de La Tablada) Ricardo todavía 
seguía allí. 

En La Tablada, a veces nos hacían hacer gimnasia unos diez minutos, era una 
tortura más. En una oportunidad viene ese Daniel con el Mayor revisando a todos 
los presos. Nos revisan a todos, nos hacen agachar y por debajo de la venda vi a 
Ricardo que estaba cerca de mí. Yo estaba con los pies quemados, todo golpeado, se 
me habían hecho ampollas de sangre. Los otros, creo que estaban peor que yo. El 25 
o 26 es el último día que escucho a Ricardo, debe ser el 26 porque es la fecha con que 
yo figuro en el Acta del Juzgado. 

Carlos Blanco, Jorge González, Alba Badano, Violeta Blanco, Alba Blan¬ 
co y Nancy Blanco, familiares de Ricardo, declararon sobre la detención y 
desaparición ante la Comisión Investigadora Parlamentaria. 


95 


















1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Ricardo Alfonso Blanco Valiente (C.I. 
N 2 56.496 del departamento de Soriano), porque ha recogido elementos de 
convicción coincidentes y relevantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido el 15 de enero de 1978, a las 10:30 horas de la mañana, en el 
almacén de su propiedad sito en la calle Carlos Ferreira N 2 4585. 

b) Fue llevado al centro clandestino de detención de La Tablada, donde fue 
intensamente torturado, falleciendo en el lugar en la noche del 2 al 3 de 
febrero de 1978, a consecuencia de la tortura sufrida. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al Río de la Plata. 


De acuerdo a las informaciones orales proporcionadas a los familiares 
de Blanco por la Comisión para la Paz, basadas éstas en testimonios de 
militares, Ricardo Blanco fue trasladado, luego de su detención, directa¬ 
mente a La Tablada, no así las otras personas que fueron detenidas en el 
mismo operativo y que fueron conducidas primero, a "La Casona" de la 
Avenida Millón y posteriormente a "La Tablada". Las fuentes militares 
habrían consignado además, que Ricardo Blanco orinaba sangre y sospe¬ 
chaban que padecía de una afección renal y que habría fallecido como con¬ 
secuencia de una hemorragia interna en el Hospital Militar, descartando 
-las mismas fuentes- que hubiera estado con vida en el mes de febrero. 

Madres y Familiares entiende que con relación a la fecha de la muerte, 
así como el hecho de que no hubiera estado en La Casona, contradice los 
testimonios de otros presos. Por su parte, los familiares de Blanco des¬ 
mienten que padeciera de problemas renales antes de ser detenido. 



EVER RODRÍGUEZ SAN ABRIA 

Nacido en Montevideo el 16 de julio de 1958, estudian¬ 
te de Servicio Social, aficionado al teatro, actividad esta 
que compartía con quien era en esos años su cuñada. 
No se conocen antecedentes de filiación política ni gre¬ 
mial, aunque testimonios de amigos consignan de su 
sensibilidad por los problemas sociales y de su simpa¬ 
tía por el Frente Amplio. 


96 
















Fue visto por última vez el 5 de abril de 1978 luego de haber estado con 
su amiga Elena Balea en el Bar Hispano sito en la calle San José. Salen 
juntos del bar hacia la avenida 18 de Julio, sin que se tuvieran más noticias 
a partir de esa fecha. 


1. La Comisión para la Paz considera que no es posible confirmar ni descartar 
-en principio y sin perjuicio- la denuncia sobre desaparición forzada del 
ciudadano uruguayo Ever Rodríguez Sanabria (C.I. N s 1.608.935), en fun¬ 
ción de que no ha logrado reunir información suficiente acerca de su deten¬ 
ción y destino posterior. 

2. Era estudiante de la Escuela de Servicio Social y militante de la Unión de 
Juventudes Comunistas (UJC). 

3. Fue visto por última vez el día 5 de abril de 1978, pasada la medianoche, 
momento en que se despidió de ima compañera en la Avenida 18 de Julio y 
Julio Herrera y Obes, y emprendió a pie el camino hasta su domicilio, sito 
en la calle Juan Lindolfo Cuestas N 2 1538, Apto. 8. 



CLAUDIO ERNESTO LOGARES MANFRINI 

Nacido en Buenos Aires el 27 de julio de 1955, casado 
con Ménica Sofía Grispón, nacida en Buenos Aires el 
9 de agosto de 1954 y la hija del matrimonio Paula Eva 
Logares Grispón, nacida en Buenos Aires el 9 de mar¬ 
zo de 1976, se trasladaron y radicaron en Montevideo 
en el mes de mayo de 1977. 

El 18 de mayo de 1978, alrededor de las 14:30 horas 
dejaron su domicilio donde residían en el complejo habi- 
tacional de Millán y Lecocq, con la intención de concu¬ 
rrir al Parque Rodó, aprovechando el feriado nacional. 

El matrimonio junto a la pequeña hija fue secuestra¬ 
do ese día en la Avenida Fernández Crespo frente al N e 1757 por un grupo 
de hombres fuertemente armados. 

El matrimonio Logares Grispón fue visto por Adriana Chamorro y Otilio 
Corro, argentinos sobrevivientes, en la Brigada de Investigaciones de la 
Policía de Provincia en al localidad de San Justo y posteriormente en el 
centro clandestino de detención "Pozo de Banfield". La hija del matrimo¬ 
nio fue ubicada por Abuelas de Plaza de Mayo en 1983 y restituida a su 


. 4 , 


97 





















familia biológica años más tarde. La niña de dos años de edad había sido 
apropiada por el Subcomisario de la Policía bonaerense en la Brigada de 
San Justo Rubén Luis Lavallén y su concubina Raquel Teresa Leiro 
Mendiondo de nacionalidad uruguaya, e inscripta como hija legítima de la 
pareja. (Fuente: Juicio de la Verdad en La Plata, Argentina y Sentencia de 
la Cámara Federal. 

Adriana Chamorro, argentina, declara sobre el caso. 6 


Otilio Eduardo Corro, argentino, sobreviviente 

luego de permanecer secuestrado en el Pozo de Banfield, consigna que: 

... El 23 de febrero de 1978 fui detenido, junto a quien en aquél momento era mi 
esposa Adriana Chamorro, por un grupo armado de civil que se presentó en mi 
domicilio, sito en la Avenida San Justo 270, depto. 13, 4to. piso, Capital Federal, 
identificándose como “Fuerzas de Seguridad", quienes nos trasladaron a la Briga¬ 
da de San Justo, frente a la plaza del mismo nombre, sita en San Justo en la Provin¬ 
cia de Buenos Aires. Allí fui interrogado y torturado con picana eléctrica, golpes y 
aislamiento (...). Luego de un tiempo en ese lugar, somos traslados al "Pozo de 
Banfield", donde se encontraban varios uruguayos. En ese lugar, a principios de 
junio, durante la noche sentimos movimientos del portón de entrada -cosa poco 
usual que ocurriera en la noche-y siento que traen a otra gente. Esa misma noche 
en mi celda me visitó un oficial, a quien identifiqué por las preguntas que me hacía 
como uno de los oficiales de la Brigada de San Justo, lo que me dio la idea de que la 
gente recién llegada, había sido traída desde ese lugar. Al día siguiente a través de 
la pared, me comuniqué con los recién llegados. Era una pareja secuestrada en 
Uruguay y trasladada a la Argentina. El matrimonio Logares-Grispón me contó 
que habían sido secuestrados en Montevideo, donde vivían con una hija de dos 
años de edad, de nombre Paula y de quien no sabían qué había ocurrido con ella. La 
señora de Logares me confirmó luego, que había estado junto con su esposo en la 
Brigada de San Justo donde habían pasado el período de interrogatorio y tortura y 
que en dicho lugar ya casi no quedaban detenidos, y que estaban pintando el lugar 
haciendo desaparecer todo rastro de que había sido usado para mantener en cauti¬ 
verio a personas secuestradas (...). 


6. Su testimonio completo está en el Capítulo Testimonios y Documentos sobre Detenidos Des¬ 
aparecidos en Argentina. 


98 














1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano argentino Claudio Ernesto Logares Manfrini 
(C.I. argentina N 2 7.229.147) y de la ciudadana argentina Ménica Grispón 
Pavón de Logares (C.I. argentina N 2 7.019.312), porque ha recogido elemen¬ 
tos de convicción que permiten asumir que: 

a) El matrimonio fue detenido el día 18 de mayo de 1978 a las 15:30 horas 
en Montevideo -ciudad donde estaban radicados- en la vía pública, frente 
al N 2 1757 de la calle Daniel Fernández Crespo, por fuerzas represivas 
actuando en procedimientos no oficiales o no reconocidos como tales. 

b) Junto con ellos, fue detenida su hija, de aproximadamente dos años de 
edad, Paula Eva, quien habiendo sido apropiada por un represor, fue 
localizada en 1983 por Abuelas de Plaza de Mayo y restituida a su fami¬ 
lia biológica el 13 de diciembre de 1984. 

c) El matrimonio Logares-Grispon, junto a su hija Paula, fueron traslada¬ 
dos clandestinamente a la ciudad de Buenos Aires, siendo recluidos en 
primera instancia, en la Brigada de San Justo y luego fueron llevados al 
centro clandestino de detención de Banfield. 

d) Separados de su hija, ellos permanecen en ese centro hasta mediados 
de julio, fecha en la cual son "trasladados" junto a otros, con destino 
desconocido. 


URANO MIRANDA FELEINTOR 

Nacido en Montevideo el 26 de marzo de 1943, casado 
y padre de una hija, obrero de CODARVI, militaba en 
la Seccional 20 del Partido Comunista. 

De acuerdo a informaciones de sus familiares, Urano 
Miranda solicita asilo en la Embajada de México y lo¬ 
gra obtener un salvoconducto a España donde final¬ 
mente se radica. Versiones confirmadas indican que 
viajó posteriormente a Uruguay, probablemente en el año 1981 de forma 
clandestina. En esa situación mantenía encuentros esporádicos con su ma¬ 
dre. Estos encuentros dejaron de producirse lo que hizo suponer que ha¬ 
bía sido detenido. El caso fue denunciado por primera vez en el año 2002, 
aunque anteriormente se habían radicado denuncias en el ámbito policial. 

Versiones fragmentarias que no se han podido confirmar indican que 
fue visto en dependencias de la Dirección de Inteligencia y Enlace de la 
Policía de Montevideo en el año 1983. La versión de una mujer detenida en 



99 























esa dependencia consigna que en un determinado momento escuchó que 
un funcionario comentó que "Pitin -alias por el que era conocido Urano- 
la había quedado". 

Con fecha 3 de agosto de 1978 su requerimiento sale publicado en el 
diario El País, en un comunicado del departamento de Prensa de las Fuer¬ 
zas Conjuntas. El requerimiento de Urano Miranda se extiende a otros tres 
compañeros suyos de CODARVI, "por sabérseles vinculados al proscrito 
Partido Comunista y haber pasado a la clandestinidad". 

1. La Comisión para la Paz considera que no es posible a la fecha confirmar - 
en principio y sin perjuicio- la denuncia sobre desaparición forzada del ciu¬ 
dadano uruguayo Urano Miranda Feleintor (C.I. N s 939.686), en función de 
que existe información trascendente pero no suficiente a esos efectos: 

a) Fue requerido por orden de captura emitida por las Fuerzas Conjuntas 
en el mes de agosto de 1978, pero logró asilarse en la Embajada de Méxi¬ 
co y obtener un salvoconducto para salir del país. 

b) Está confirmado que, luego de una estadía en España, regresó clandesti¬ 
namente al Uruguay, donde continuó militando, desde la clandestini¬ 
dad, para el Partido Comunista. 

c) Existen indicios de que, en fecha que no se puede especificar, habría esta¬ 
do detenido y en mal estado en la Dirección Nacional de Inteligencia y 
Enlace. 

d) No existen indicios sobre su destino posterior 

JUAN AMÉRICO SOCA 

Casado, padre de dos hijos, desapareció el 25 de febrero de 1981. Se trata 
de un caso cuya desaparición no está vinculada a razones políticas. Se des¬ 
empeñaba como corredor de cambio y mantenía vínculos con altos jerarcas, 
entre ellos, con los generales Ballestrino (Director de la Escuela de Armas 
y Servicios en 1981), y Manuel Núñez (Ministro del Interior); con el coro¬ 
nel Hugo Arregui (Jefe de Policía de Montevideo) y el Comandante Somma 
(Director de la Caja Policial). De acuerdo a las informaciones recogidas 
por la Comisión Investigadora sobre personas desaparecidas de la Cáma¬ 
ra de Diputados, estos oficiales habían entregado a la víctima una suma de 
dinero para que lo prestara. En reuniones hechas en la Caja Policial, Soca 
habría sido presionado para que pagara su deuda, por lo que éste habría 
firmado vales y traspasado su vehículo, que apareció abandonado poste- 


100 















riormente en Santa Ana do Livramento en marzo de 1981. A fines de ese 
mes todos los militares mencionados fueron separados de su cargo. 

En declaraciones públicas el diputado López Balestra declaró con rela¬ 
ción a este caso que: La Señora de Américo Soca fue amenazada de muerte por el 
Comandante Somma, que era el Director de la Caja Policial y fue el responsable de 
la represión cuando homenajeábamos a Héctor Gutiérrez Ruiz en el cementerio, 
tirando los caballos contra la gente... Este fue el estilo de los dictadores... de los 
malos militares... Todo fue por avaricia, por plata... 

El Grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desapareci¬ 
dos desconoce las conclusiones a las que arribó la Comisión para la Paz. 


FÉLIX SEBASTIÁN ORTIZ 

Nacido en Sarandí de Navarro, en Río Negro, el 24 de 
julio de 1936, padre de dos hijos, fue un activo militan¬ 
te de la Federación Uruguaya de Empleados de Comer¬ 
cio y miembro del Partido Comunista. 

El 16 de septiembre de 1981 fue detenido en la calle 
en horas de la mañana. Dada su pertenencia al Partido 
Comunista, declarado ilegal a partir del Golpe de Esta¬ 
do, desarrollaba su militancia política en forma clandestina. Las diversas 
gestiones realizadas para dar con su paradero fueron infructuosas, aun¬ 
que su detención fue confirmada de acuerdo a testimonios de familiares 
directos del desaparecido, que consignaron haberlo visto en el Hospital 
Militar en una silla de ruedas y con el N e 2163 en la espalda. Esto habría 
ocurrido a mediados de noviembre de 1982. 

Fue requerido con motivo de su pertenencia al proscrito Partido Comu¬ 
nista, por el Juzgado militar de Instrucción de 3er. Turno, concretándose la 
requisitoria con fecha 31 de agosto de 1983. 



Oscar Ortiz y Aurelia Ferreira, hermano y prima respectivamente de 
Félix Sebastián, declararon ante la Comisión Investigadora Parlamentaria: 

No sabemos la forma cómo desapareció mi hermano porque salió de la casa y nunca 
más supimos de él (...) sabíamos que estaba requerido; cuando estuve detenido me 
preguntaron sobre sus actividades. Cuando desapareció me lo informaron por telé¬ 
fono; seguramente algún compañero clandestino como él. 


101 





















Aurelia dice: Vi a mi primo en el Hospital Militar entre el 18 y 22 de noviem¬ 
bre de 1982, a eso de las 9 y 30 de la mañana, cuando lo traían en un sillón de 
ruedas. Me desvanecí y cuando recobré el conocimiento llamé a Oscar para contár¬ 
selo... Oscar fue directamente al Hospital; lo recorrió con un pariente que allí tra¬ 
baja pero no lograron nada. Una vecina, funcionaría del Hospital Militar dice 
haberlo visto allí y le comentó a una compañera: "ese muchacho que va en un 
sillón de ruedas es hermano de una vecina mía". Le mostró una foto a un enferme¬ 
ro y le preguntó "Ese muchacho ¿estuvo internado aquí?" Él le contestó que sí. 

1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Félix Sebastián Ortiz (C.I. N 2 13.647 
del departamento de Río Negro), porque ha recogido elementos de convic¬ 
ción coincidentes y relevantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido en la vía pública, en la intersección de las calles Avenida 
José Belloni y San Cono, a la hora 10, el día 16 de setiembre de 1981 y 
conducido al centro de detención de La Tablada. 

b) Fue sometido a torturas en dicho centro clandestino de detención, falle¬ 
ciendo a consecuencia de las mismas, en ese lugar, el día 17 de setiembre 
de 1981. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, inci¬ 
nerados y tirados al Río de la Plata. 


Las informaciones proporcionadas oralmente a los familiares de Ortiz 
por la Comisión para la Paz, consignadas por fuentes militares, contradi¬ 
cen la versión de que hubiera permanecido con vida en las fechas en que 
sus familiares declaran haberlo visto en el Hospital Militar. Esas fuentes 
habrían consignado que el número que llevaba la persona que fue señala¬ 
da como Ortiz en el Hospital Militar, había pertenecido a otra persona 
presa en el Penal de Libertad, "único centro donde a cada preso se le asig¬ 
naba un número que se adhería al uniforme que llevaban puesto los pre¬ 
sos.Esta información ya había sido recogida por el Fiscal Militar Coro¬ 
nel José A. Sambucetti a partir de oficios enviados a ese órgano que tuvo a 
su cargo las investigaciones ordenadas por el Dr. Julio María Sanguinetti, 
entonces Presidente de la República. 

Las fuentes militares que aseguran que sólo se le asignaba un número 
al detenido en el EMR1, se contradice con numerosos testimonios de dete- 


102 















nidos que estuvieron en el centro clandestino denominado "300 Carlos" 
ubicado en un galpón del Servicio de Material y Armamento, al igual que 
en otros centros clandestinos de detención. Varios y numerosos testimo¬ 
nios dan cuenta de que a cada prisionero se le asignaba un número que 
llevaba colgado generalmente en el pecho. El prisionero era llamado por 
ese número cuando se lo conducía a la sala de interrogatorios y torturas. 

Por otra parte, el instructivo a seguir por efectivos del Cuerpo de 
Fusileros Navales (FUSNA) y Fuerza de Seguridad Marítima, en poder del 
grupo de Madres y Familiares ordena precisamente que cuando una per¬ 
sona era detenida se le debía asignar un número, entre otras directivas. Es 
difícil suponer que estas órdenes no existieran en las otras armas; mucho 
menos que no se cumplieran. 


ANTONIO OMAR PAITTA CARDOZO 

Nació en la ciudad de Mercedes el 20 de agosto de 
1920, casado y padre de tres hijas, obrero de la cons¬ 
trucción, activo militante sindical y miembro del Par¬ 
tido Comunista. 

Su detención se produce luego de salir de su domi¬ 
cilio a las 10:30 horas del 21 de septiembre de 1981, 
desconociéndose las circunstancias. Antonio Paitta de¬ 
sarrollaba entonces actividad política clandestina por pertenecer a un par¬ 
tido político declarado ilegal con posterioridad al golpe de estado de 1973. 
Fue reconocida su voz por Victoriano González Camargo, sindicalista de¬ 
tenido en el centro clandestino de detención utilizado por OCOA, "Fa 
Tablada" entre los días 28 de septiembre y 20 de octubre de 1981. 

Victoriano González Camargo declara ante Amnistía Internacional que 
fue miembro del ejecutivo del Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos; fue 
arrestado en la vía pública en Montevideo junto con su hijo de nueve años, 
por hombres que dijeron pertenecer al Escuadrón de Narcóticos y Drogas 
Peligrosas. Fo subieron a un automóvil y se le permitió dejar a su hijo en 
su casa. Fue entonces encapuchado, obligado a yacer en el piso del auto y 
llevado al lugar que cree era el Regimiento de Caballería N e 13. 7 Fuego de 

7. Se trata de La Tablada, que comenzó a utilizarse en los primeros meses de 1977 luego de 
clausurarse el ubicado en el predio de Infantería N° 13. Ver su testimonio completo en el 
Capítulo Testimonios y Documentos sobre Detenidos Desaparecidos en Uruguay. 



103 






















intensas torturas que lo llevaron a la pérdida de conocimiento fue llevado 
a encararse con otro detenido cuya voz reconoció como la de Ornar Paitta. 
Después volvieron los interrogatorios, las torturas y amenazas a su fami¬ 
lia. Así estuvo durante más de tres semanas. Luego se le permitió lavarse y 
en el mismo vehículo fue dejado en la calle. 


1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Antonio Omar Paitta Cardozo (C.I. 
N 2 1.430.989), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y 
relevantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido el día 21 de setiembre de 1981 y trasladado al centro clan¬ 
destino de detención de La Tablada. 

b) Fue sometido a torturas en dicha unidad, donde falleció sin atención mé¬ 
dica el día 1 de octubre de 1981. 

2. Sus restos -según la información recibida- habrían sido primero enterrados 
en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados sobre fines del año 1984, 
incinerados y tirados al Río de la Plata. 


MIGUEL ÁNGEL MATO FAGIÁN 

Nacido en Montevideo el 4 de septiembre de 1953, ca¬ 
sado y padre de una hija, estudiante de derecho, fue 
empleado en FUNSA y militante de la Unión de Juven¬ 
tudes Comunistas. 

El 29 de enero de 1982, fue detenido luego de una 
reunión que mantuviera en un bar con una mujer inte¬ 
grante de la agrupación política en la que militaba. La 
vivienda de Miguel Mato, donde residía con su madre, había sido mante¬ 
nida bajo vigilancia desde 1975, y era buscado por estar acusado de activi¬ 
dades políticas. Por esta razón su militancia se desarrollaba de forma clan¬ 
destina. El día anterior a su desaparición había advertido a su madre de 
los riesgos que corría. Ella dice: También fueron a buscarlo al trabajo, a Quimur, 
ipero él no trabajaba más allí, porque yo le hice dejar el trabajo. Inclusive no permi¬ 
tieron que se le pagara el sueldo del último mes. Luego otros compañeros nos infor¬ 
maron que iban a buscarlo con las camionetas y se escondían adentro de Quimur 
para esperarlo, hasta que fue destituido. Más adelante, en 1982, un día él me dijo: 
"Mamá, están desapareciendo compañeros; no sé si estoy siendo vigilado. Lo único 



104 


















que te voy a pedir es que si un día llego a desaparecer, tomes el primer ómnibus que 
pase y te vayas de aquí." Esto sucedió el día antes de su desaparición. Yo le respon¬ 
dí: "Soy vieja; si te llegan a agarrar y te hacen cualquier cosa, yo no me voy a ir. Si 
me llegan a agarrar y me torturan delante de ti, no te preocupes. Si no tenés nada 
que decir, no lo digas, porque yo ya viví mi vida." Esto me lo dijo el 28 de enero de 
1982, mientras tomábamos mate juntos. El viernes desapareció. Esto es lo que 
sabemos de él hasta el día de hoy (...). 

El testimonio de Raúl Clérico, militante del Partido Comunista y que 
conocía a Miguel Mato, consigna que estando detenido en el centro clan¬ 
destino "La Tablada", fue interrogado por un militar de alias "Ariel", que 
le pregunta si conocía a otra persona que estaba allí detenida a quien lla¬ 
maban "El Gordo Tito", alias este por el que era conocido Mato Fagián. En 
marzo de ese año este militar le dice que Mato Fagián "se había fugado 
cuando había salido para marcar lugares". 

Otra detenida en ese lugar testimonia que un militar destacado en ese 
centro clandestino le había comentado que Mato Fagián había muerto a 
consecuencia de un infarto cardíaco. 


1. La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Miguel Ángel Mato Fagián (C.I. N 2 
1.310.662), porque ha recogido elementos de convicción coincidentes y rele¬ 
vantes que permiten concluir que: 

a) Fue detenido el 29 de enero de 1982, en horas de la tarde, en la vía 
pública. 

b) Fue llevado al centro clandestino de detención de La Tablada. 

c) El día 8 de marzo de 1982 engañó a los militares prometiéndoles identi¬ 
ficar una vivienda donde se hallarían otros militantes clandestinos. 

d) Se lo condujo, con cuatro militares de custodia en una camioneta. 
Sorpresivamente, al llegar a la intersección de Camino Corrales y 
Serratosa, intentó fugar, produciéndose un forcejeo con sus custodias. 

e) Murió dentro de la camioneta, al ser alcanzado por una ráfaga de la 
subametralladora que portaba uno de los custodios, impactando varias 
balas en el cuerpo del detenido. 

2. Sus restos -según la información recibida- fueron primero enterrados en el 
Batallón 14 de Toledo y después exhumados a fines del año 1984, incinera¬ 
dos y tirados en el Río de la Plata. 


105 
















De acuerdo a lo informado oralmente por la Comisión para la Paz a 
familiares de Mato Fagián, consignadas por las fuentes militares consulta¬ 
das por la Comisión, Miguel Mato, durante los interrogatorios y las sesio¬ 
nes de tortura, brindó pistas falsas de contactos con otros miembros de la 
organización a la que pertenecía. Finalmente, sus captores lo llevan a un 
lugar señalado por el prisionero, cercano a Corrales y Serratosa. Mientras 
circulaban hacia el lugar indicado por el desaparecido. Mato forcejea con 
uno de los cuatro soldados que lo custodiaban, con intención de fugarse. 
En esas circunstancias, manotea el arma de uno de ellos disparándose el 
arma e hiriendo a un soldado, lo que derivó en que otro efectivo que cus¬ 
todiaba al preso efectuara varios disparos de ametralladora hiriéndolo de 
muerte y falleciendo en esas circunstancias. 


Casos de ciudadanos argentinos secuestrados en Uruguay 

cuya información fue remitida por la Secretaría de Derechos Humanos 

del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Argentina 


MARÍA CATALINA BENASSI de FRANCO 

De nacionalidad argentina, viuda de Ricardo Luis Franco asesinado en 
Rosario, Argentina el 24 de junio de 1977, profesora de Ciencias Biológi¬ 
cas, de 31 años de edad en el momento de su detención, integraba el Movi¬ 
miento Montoneros. 

Su detención se produce en el Aeropuerto de Carrasco el 29 de setiem¬ 
bre de 1978, luego de arribar en un vuelo de la compañía Líneas Aéreas 
Paraguayas proveniente de Asunción, Paraguay. 

En el lugar la esperaba su suegra Jorgelina González de Franco, quien 
al constatar que su nuera había sido retenida en la aduana del Aeropuerto, 
realiza las primeras averiguaciones, obteniendo de las autoridades 
policiales la información de que había sido detenida y conducida a Prefec¬ 
tura de Montevideo. Al concurrir a este lugar, se le informa que no se en¬ 
contraba en ese lugar. Ante la respuesta la Sra. González se dirige al Cón¬ 
sul argentino, consignándole éste que la Sra. Benassi había sido detenida a 
pedido de la Prefectura Naval Argentina y que había sido conducida a un 
lugar desconocido. 


106 













MANUEL EDUARDO GARCIA 


De nacionalidad argentina, es detenido el 28 de setiembre de 1978 en el 
Aeropuerto de Carrasco, en las mismas circunstancias en que resulta dete¬ 
nida su cuñada, María Catalina Benassi. Las gestiones realizadas por los 
familiares en Uruguay, nunca arrojaron resultados, ni siquiera se acepta¬ 
ron los habeas corpus interpuestos para dar con su paradero. 

Años más tarde, los familiares de García pudieron confirmar que había 
sido visto en diciembre de 1978 por sobrevivientes de la Escuela Superior 
de Mecánica de la Armada Argentina (ESMA). 


Caso de ciudadana paraguaya, detenida en Uruguay y trasladada 
hacia Paraguay donde desaparece, cuya información fue remitida 
al grupo de madres y familiares por el Centro de Documentación 
y Archivo para la Defensa de los Derechos Humanos de Paraguay 


VICTORINA GODOY VIERA 

Nacida en Paraguay el 25 de octubre de 1948, soltera, según surge de la 
ficha 0015F 1563 remitida por el Departamento II de la Policía Política Pa¬ 
raguaya, consignando además que en Uruguay estudiaba Notariado y que 
"fue detenida el l e de noviembre de 1972, en una casa en las calles 6 y 7 del 
Balneario Atlántida. Fue procesada el 10 de enero de 1973 por el Juez mili¬ 
tar de Instrucción de 2 e Turno por el delito de 'Asistencia a la Asociación', 
Juez Sumariante: Capitán PAM. Jorge Pedragosa". 

De acuerdo al mismo informe, habría sido detenida el 27 de marzo de 
1974 en el Aeropuerto Internacional de Asunción, en ocasión de llegar tras¬ 
ladada en un avión militar de Uruguay. 

Varios testimonios de presas políticas que se encontraban en 1972 en la 
Base Aérea Capitán Boiso Lanza, consignan que Victorina Godoy estuvo 
en ese lugar y que, en un determinado momento fue trasladada a la Base 
Militar de Santa Bernardita en Durazno, Uruguay, donde permaneció por 
más de un mes. Consignan además que Victorina estaba embarazada. 


107 

















108 


















Testimonios y otros Documentos 
sobre Detenidos Desaparecidos 

En Uruguay 















Extractos de Testimonios presentados ante la Comisión Investigadora 
Parlamentaria sobre detenidos desaparecidos en Uruguay (1985) 


Testimonio de Jorge González Moure sobre la desaparición de Luis Eduar¬ 
do González: 

Ante el anuncio del señor presidente en el sentido de que esta comi¬ 
sión está recabando información y ha recibido el testimonio de los 
familiares del señor Luis Eduardo González González, así como tam¬ 
bién el de un testigo, y el requerimiento de que en calidad de tal 
produzca el informe que considere del caso, el señor González Moure 
declara: 

A González yo lo conocía de militar en el mismo partido que él. Inclusive, en 
1973, en enero, estuvimos presos veinticuatro horas en la comisaría 8 a . Después lo 
vi esporádicamente en algunos lados. Nunca hicimos una relación muy estrecha. 
Nos relacionamos mucho, pero así, de ese modo. En ese lapso que estuvimos presos 
lo vi durante esas veinticuatro horas que estuvimos en el calabozo. Después du¬ 
rante el año 1974 lo he visto en movilizaciones. Lo conocía bien físicamente; perso¬ 
nalmente había hablado poco con él, pero de verlo lo conocía. Yo fui detenido el 17 
de diciembre por personal militar. 

Ante una pregunta del señor diputado Meló Santa Marina acerca de 
si estaban uniformados, el declarante responde: 

Sí, uniformados, y había gente de particular. Entre los de particular conocí a uno - 
porque yo vivía en la ciudad de Mercedes- que era oficial de las Fuerzas Armadas, de 
apellido Criado. Fue uno de los que me fueron a detener. 

Ante una pregunta del señor diputado Meló Santa Marina acerca de 
si era oficial el declarante responde: 

Sí era oficial. Pero había personal uniformado. Después me enteré que eran de 
Caballería porque usaban botas largas y por el color de las insignias. Ya a la salida 
de mi casa me encapucharon y me tiraron al piso de la camioneta. Viajé en la 


111 
















camioneta y llegamos a un recinto en Montevideo. Aparentemente, pasamos uno 
de los controles, me bajaron en un lugar con el piso de pedregullo pero me condu¬ 
cían a un lugar que después vi que se trataba de un vagón de frigorífico de ferroca¬ 
rril. Subí allí y me dijeron que estaba preso, si había estado preso antes. Yo les dije 
que sí y me dijeron: bueno, igual donde hayas estado preso nada va a ser igual que 
acá. “Vos ahora estás en la Quinta del Infierno". Me pegaron unos golpes de puño 
y me pusieron parado afuera, encapuchado, contra una pared de bloques, con las 
manos en la cabeza. Al estar con las manos en la cabeza yo me podía correr esa 
especie de capucha que tenía y mirando al costado veo a Luis González que tam¬ 
bién estaba contra el muro. Pero él gemía; no lo obligaban, por el estado físico que 
tenía a poner las manos en la cabeza. Arañaba la pared como queriendo subirse a 
ella gimiendo. 

Ante una pregunta del señor presidente de si estaba de cara contra 
el muro, el declarante responde: 

Sí, como queriendo subir a la pared para irse y gemía. Pasé esa noche parado al 
lado de él. Al otro día de mañana, a veces cuando cambiaba la guardia, recrudecía 
la vigilancia, no se podía mirar para ningún lado, ni para el costado, ni levantarse 
la capucha ni nada. Pero, parece mentira, en esas condiciones igual nos traían café 
con leche. Yo lo tomé y aparentemente Luis González no lo tomó porque lo tiró al 
suelo. Yo sentí el ruido y al soldado que le reclamaba que lo hubiera tirado. 

Ante una pregunta del señor diputado Meló Santa Marina acerca de 
si eso sucedía en la misma noche de la detención, el declarante res¬ 
ponde: 

El 17 de diciembre de 1974. Después como había movimientos para 
interrogatorios, lo llevaron y no lo vi. A mí, por ejemplo, me hicieron picana, sub¬ 
marino y después andaba como andaba él, así medio tirado. Ya no me obligaban a 
poner las manos en la cabeza pero me paraban. Después de una sesión de esas 
quedaba tirado en el pedregullo. Era un círculo que se hacía con los vagones 
frigoríficos, un galpón de bloques y una pared de bloques. Nos interrogaban y nos 
pegaban; cuando no les conformaba lo que uno decía lo sacaban para afuera y lo 
tiraban del vagón para ese espacio libre y según hubiera orden de ellos decían: 
negativo al agua. Nos paraban y si no, nos dejaban tirados. No recuerdo bien sifué 
a los tres o cuatro días después de eso que lo volví a ver al estar parado. Lo vi de 
nuevo pero él ya estaba tirado sobre un colchón, no se movía y sé que un sargento 
le hablaba. Le decía algo como "¿Viste Luisito?", o una cosa así. Sé que fueron tres 
o cuatro días porque estuve en esa situación hasta el 24 de diciembre de 1974. O 


112 
















sea que lo vi dos veces, una en la madrugada del 17, y la otra vez alrededor del 20 
de diciembre. 

Ante una pregunta del señor presidente sobre si esa fue la última 
vez que lo vio, el declarante responde: 

Fue la última vez, y lo vi en esas condiciones: tirado en el colchón y no se 
movía. 

Ante una pregunta del señor diputado Meló Santa Marina acerca de 
si lo examinó algún médico, el declarante responde: 

Tengo todavía las cicatrices. Me aplicaban la picana, me esposaban las manos 
atrás y me desnudaban. Me tiraban en un piso de hormigón y aparentemente me 
tiraban un baldazo de agua y ahí empezaban. Era tan fuerte que no sé en qué parte 
del cuerpo me la aplicaban. Me levantaba derecho; me producía taquicardia; parecía 
que se me paraba el corazón, y cortaban. Se ve que con el pataleo que producían esas 
aplicaciones se me pelaban los costados de las piernas. Además, en las tiradas del 
vagón para abajo con las manos atadas atrás, me lastimaba las rodillas y el hombro. 
Todavía tengo las marcas en los costados de las piernas y las rodillas. El segundo día 
estaba que no me podía parar y parte de las necesidades se hacían arriba. Por ejemplo, 
a veces me llevaban para un baño que estaba abajo en la barraca, y el milico me tenía 
que ayudar a ponerme de cuclillas, porque no podía. En esas condiciones nos encon¬ 
trábamos la mayoría de los que estábamos allí. Una vez me cambiaron de ropa, por¬ 
que salía desnudo y me tiraban cualquier ropa. Entonces, con la ropa con que me 
habían llevado detenido, pasé como un mes. Le dije a un sargento que había perdido 
un par de zapatos y un vaquero, que lo que tenía puesto no era mío. Me dijo: "Ese 
problema lo vamos a arreglar, porque arriba tenemos ropa y cada uno va a poder 
elegir la suya". Cuando pasé había quince o más vaqueros para elegir, pares de zapa¬ 
tos y camisas. Así que era una práctica que se ve que se aplicaba. Los golpes, cuando 
se estaba de plantón se sentían. Me pegaban por bajar los brazos o por moverme. La 
segunda vez que vi a González estaba tirado como estuve yo. 

Ante una pregunta del señor presidente acerca de si eso sucedió cuan¬ 
do el declarante estaba tirado en un colchón y si con posteridad a esa 
fecha él había tenido alguna noticia o si había visto a González, él 
respondió: 

Yo he comentado que lo he visto. Creo, por lo que comenté, que fui una de las 
personas que lo vio más claramente. 


113 


















Ante la pregunta del señor presidente acerca de si lo vio con poste¬ 
rioridad a esa fecha, el declarante responde: 

Con posterioridad a esa fecha no tengo datos. 

Ante la pregunta del señor diputado López Balestra acerca de si el 
declarante había visto a González el 23, el 24, o el 25 él responde: 

No, lo vi antes de esa fecha, porque después del 24 me pusieron en la Barraca, 
que era donde se llevaba a los detenidos que estaban en una situación intermedia, 
como que ya había terminado el interrogatorio. Era un depósito que estaba a mano, 
porque a veces venían de noche con los camiones. Yo estaba arriba, en ese cerco que 
había dicho, de vagones y pared. Eso era diariamente, tres o cuatro veces. 

Ante la pregunta del señor diputado López Balestra, acerca de si 
había visto a González en ese depósito, el declarante responde: 

No, yo lo vi arriba. 

Ante la pregunta del señor presidente en el sentido de si tuvo refe¬ 
rencias de otros detenidos sobre la situación de González con poste¬ 
rioridad a esa fecha, el declarante responde: 

Me enteré que el Cuartel era el 6- de Caballería por los comentarios que los 
soldados hacían. Después nos trasladaron al 5- de Artillería. Uno ya empieza a ver 
esa mecánica, que son soldados que usan botas altas, un tipo de insignia ",bordeaux 
en Artillería la insignia cambia a un color rojo más claro. Cuando las familias 
llevaban paquetes al Prado, ellos tenían mesas diferentes, y aparentemente en una 
dijeron que venían a retirar los paquetes. O sea que después fui corroborando por 
mi familia acerca del lugar donde había estado. 

Ante la pregunta del señor diputado Lorenzo Rovira, acerca de si la 
entrega de ese material era regular el declarante responde: 

El primer paquete no lo recibí porque fue cuando la muerte de Trabal en Fran¬ 
cia. Entonces, suspendieron todos los paquetes e hicieron un tiroteo fuera de la 
barraca. No recibí el paquete hasta enero. 

Ante la pregunta del señor diputado Lorenzo Rovira en el sentido 
de si eso sucedió a modo de sanción, el declarante responde: 

Siempre recibíamos en el paquete una parte de lo que realmente llevaban los 
familiares. Eso lo sé por comentarios de mi familia. 


114 
















Ante la pregunta del señor diputado Meló Santa Marina, acerca de 
cómo fue el episodio del tiroteo, el declarante responde: 

Yo oí los ruidos. Era una práctica que ellos usaban en el 5° de Artillería, la de 
tirar tiros fuera del recinto donde estaban los presos. Una noche -por suerte- me 
había acostado vestido, tiraron un par de tiros afuera y dijeron: "Le pegaron en la 
cabeza, le pegaron en la cabeza". Entonces nos mandaron parar afuera y esperar. 
Después de tenernos una hora parados nos empezaron a sacar para interrogar. En 
ese caso concreto tenían una foto de un cumpleaños y nos preguntaban si conocía¬ 
mos a alguno de los que estaban en ella. Se daba ese tipo de simulacros. 

Ante la pregunta del señor diputado Meló Santa Marina en el senti¬ 
do de si en el caso concreto de la noche que mataron a Trabal, tenían 
el convencimiento de que era un simulacro, el declarante responde: 

En ese caso sí. No me enteré hasta después de algún tiempo, por qué ocurrió 
eso. Luego, los familiares que nos visitaron nos dijeron que había muerto Trabal. 
Pero nadie vino a decirnos que a Trabal lo habían matado. Había gente que estaba 
presa desde antes que yo y habían recibido paquetes. Entonces, la explicación de los 
familiares acerca de por qué no entregaban más paquetes, fue que se trataba de una 
represalia por la muerte de Trabal. 

Ante la pregunta del señor diputado López Balestra en el sentido de 
qué fecha era cuando los llevaron a Artillería el declarante responde: 

Nos llevaron a Artillería por fines de febrero, pero exactamente no sé. Allí estu¬ 
vimos hasta mayo, cuando nos trasladaron al Penal de Libertad. 

Ante la pregunta del señor presidente acerca de si hasta esa fecha no 
había tenido ninguna noticia sobre la suerte de González, el decla¬ 
rante responde: 

No, de González, no. Cuando nos llevaban al juzgado habíamos visto a otros 
compañeros, pero a González, concretamente, no. 

Ante la pregunta del señor diputado Meló Santa Marina en el senti¬ 
do de si había constatado la presencia de un médico en el Batallón 
(sic) 6 e de Caballería, el declarante responde: 

Mi experiencia, antes de que me torturaran con picana eléctrica es que fui revi¬ 
sado por un individuo joven que aparentemente era un médico o un practicante y 
antes de pasar a esas sesiones daba su visto bueno. Me preguntó qué enfermedades 


115 

















había tenido de chico, me miró físicamente, me auscultó y no recuerdo si llegó a 
tomarme la presión. Hacía una especie de ficha. Como después de eso quedaba 
lastimado y estábamos en una caballeriza se infectó la herida. Antes, cuando esta¬ 
ba tirado arriba, había pasado un oficial y dijo: "¿A este lo tienen así, acá?, bueno, 
cúrenlo". Al rato, vino uno con una botella de alcohol y me lo tiraba por arriba. 
Después, cuando estaba abajo, en una barraca mixta, los hombres de un lado y las 
mujeres del otro, pasaba un enfermero del cuartel repartiendo medicamentos. Por 
ejemplo, curaba a una muchacha que tenía quemaduras del sol, porque los planto¬ 
nes eran al rayo del sol y en diciembre el sol era muy fuerte. A mí nunca me curó, 
porque me supuraba el oído y me zumbaba toda la noche. Me dijo "Calíate la 
boca". Se ve que algunos tenían un poco de atención médica. Ya les digo, a mi me 
revisó una persona joven. 

Ante la pregunta del señor diputado Lorenzo Rovira acerca de si la 
revisación se había efectuado con anterioridad a las sesiones de tor¬ 
tura, el declarante responde: 

Sí, previamente. Yo solamente había sufrido plantones y golpes chicos. Después 
de eso me sacaron fotos. 

Ante la pregunta del señor diputado Lorenzo Rovira, acerca de si 
con posterioridad a las sesiones de tortura, había recibido algún tra¬ 
tamiento médico el declarante responde: 

No señor. Ya después de la primera sesión, a uno lo tienen que ayudar para 
poder incorporarse. 

Ante la pregunta del señor diputado López Balestra, en el sentido de 
sí después de las torturas se encontraba en condiciones de escapar, 
el declarante responde: 

No señor. Inclusive para ir al baño nos tenían que ayudar porque había que 
bajar una escalera de tres o cuatro peldaños y bajarla era todo un triunfo. Doblar¬ 
me para aguantarme en cuclillas para hacer las necesidades era muy difícil. 

Ante una pregunta del señor diputado Lorenzo Rovira, el señor 
González responde lo siguiente: 

Estaba en una situación similar. En un momento me di cuenta que gemía; 
como lo vi la primera noche que él gemía. Estaba parado con un pantalón que me 
habían dado ellos después de una vez de ésas y descalzo. Veía a la demás gente que 
estaba parada. Me acuerdo porque una persona tenía zapatos como de invierno y 


116 
















yo decía "Pobre este loco, con esos zapatos puestos". A mi me parecía que se pa¬ 
seaba y andaba entre las demás personas casi libremente. Ahora me doy cuenta 
que no. En un momento me di cuenta que estaba en un rincón gimiendo. Se ve 
que administraban lo físico, a veces lo dejaban dormir a uno, pero de ese estado no 
se salía. Ya después de estar 24 horas con los brazos arriba, cuando van cuatro 
horas no se aguanta más y se van cayendo. Además estaba con los brazos bajos y 
nadie me decía nada, ellos ya sabían. Para firmar... Me hicieron una especie de 
ficha donde tenía que dar la dirección, por ejemplo, el teléfono para el caso de acci¬ 
dente a quién avisar. Yo dije el teléfono de mi casa. Me dijeron firme aquí. No 
podía levantar los brazos al escritorio para ponerlos arriba, tuve que hacer un 
esfuerzo tremendo, hice un garabato con el lápiz porque no controlaba los movi¬ 
mientos de los brazos. Tenía las piernas hinchadas, yo soy de piernas delgadas, 
pero parecía que tenía elefantitis. Era una práctica aplicada a todo el mundo, lo 
menos que le podían hacer era dejarlo parado durante un lapso que no se puede 
calcular. 

Ante una pregunta del señor diputado Lorenzo Rovira el señor 
González responde lo siguiente: 

A veces el tiempo no lo puedo definir bien. Por eso digo que en la segunda vez 
que lo vi, sé que lo vi como a otras personas, no puedo precisar el tiempo. Sé 
cuándo fue la primera vez, porque fue la vez que me llevaron y estaba en la pleni¬ 
tud de mi conciencia. Después sé que lo vi de vuelta en esas condiciones, acosta¬ 
do, tirado, pero no sé si fueron tres días o cuatro. 

Ante un comentario del señor diputado Lorenzo Rovira con respec¬ 
to a la posibilidad de fuga luego de un plantón de 10 o 15 horas, el 
señor González manifiesta: 

No se puede, uno quiere levantar un pie y no lo levanta, se tropieza. Lo que pasa 
con los brazos también pasa con las piernas. Se está parado hasta que se cae. Y si 
tiene que subir una escalera y levantar el pie veinte centímetros, no lo levanta, 
igual pasa con la mano. Y 24 horas, que es un plantoncito de nada, que era lo 
mínimo. 

Ante una pregunta del señor diputado Lorenzo Rovira, el señor 
González responde: 

Los brazos antes de las 24 horas... a las cuatro horas ya los brazos se caen. He 
charlado con mucha gente que pasó por lo mismo y los físicos aguantan más o menos 
todos igual... En las edades, digo... por lo general... eran 23 años que tenía yo... 


117 
















Testimonio de Sara Youtchak sobre la desaparición de Eduardo Bleier: 

Entra a sala la señora Sara Youtchak 

Fui detenida en Spikerman y Belgrano, el 21 de octubre de 1975. Yo estaba en un 
coche y fui raptada por cuatro coches en una esquina, que pararon el mío y se 
identificaron como “Escuadrón de la Muerte", así, textualmente. Gente de parti¬ 
cular; pretendían que yo manejara mi coche. Imposible. Ahí misino me dieron una 
paliza dentro del propio coche, me encapucharon con una bolsa de rafia que había 
en el coche y desaparecí hasta abril de 1976, en que aparecí en una lista para mis 
familiares, y fui procesada, sumariada, en mayo de 1976. El primer lugar donde 
me llevaron encapuchada era un sitio donde ladraban perros; no sé dónde era, 
después me condujeron en una camioneta, o algo similar, hacia un lugar que des¬ 
pués se supo que era el “Trescientos Carlos"; ese era el nombre que uno sentía, 
porque funcionaba una radio; era el local de Punta Gorda. Allí me sacaron mis 
pertenencias y me pusieron en el pecho un número dos con el que fui conocida 
hasta el 14 de febrero de 1976, fecha en que me llevaron al 5° de Artillería. A partir 
del 21 de octubre, pocos minutos después de mi detención empezaron una cantidad 
de sesiones permanentes de tortura, exactamente hasta el 14 de febrero de 1976. 
Podría hacer una descripción de ellas. Me pongo a disposición de los señores dipu¬ 
tados para explicar lo que hemos vivido, y yo en particular. 

Ante la aclaración del señor diputado Cortazzo, la declarante conti¬ 
núa diciendo: 

Reitero que estoy a disposición para lo que sea necesario. Entonces, el 21 de 
octubre fui conducida a ese lugar de Punta Gorda y empezaron sesiones de tortu¬ 
ra de todo tipo. Ahí permanecimos, por lo menos, hasta la madrugada del 1- al 2 
de noviembre y reconocí la voz de Eduardo Bleier; estaba permanentemente ven¬ 
dada pero su voz me era conocida por largos años de amistad y de trayectoria en 
común. Es una voz inconfundible. Además me reconoció y se identificó. Inclusi¬ 
ve he hablado con él: pequeños mensajes, si se quiere de solidaridad humana... 
¿cómo estás? 

Ante la pregunta del señor presidente, la declarante contesta: 

Físicamente era en Punta Gorda, en el local "Trescientos Carlos". Los Oscares 
y demás correspondían a la gente encargada de los casos y de la tortura en general; 
es uno de los grupos. Afirmo haber reconocido a Bleier y haber hablado con él. 
Insisto en que fueron mensajes de esos que en una situación como la que vivíamos 


118 















■pueden darse por ese acercamiento de gente que se quiere, se conoce y demás. En 
esa oportunidad me sacaron dos veces de ese lugar, al que después identificamos - 
inclusive hay testigos- como lo que se llamó la "cárcel del pueblo". En dos oportu¬ 
nidades me sacaron y me volvieron a llevar a Punta Gorda. El I a o el 2 de noviem¬ 
bre me trasladaron al "Trescientos Carlos" grande; siguió con el mismo nombre, 
pero en otro lugar, era el 13. En un momento alguien me dijo que era el Depósito 
N a 4, que estaba a los fondos. Inclusive, alguien, en algún momento me sacó la 
venda frente a una ventana y pude ver dónde estaba. Podría describir ese lugar. 
Creo que todos fuimos trasladados, inclusive en esa oportunidad me tiraron en la 
camioneta, a una compañera encima, a quien también reconocí por la voz, era Rita 
Ibarburu. En ese lugar volví a reconocer la voz de Eduardo Bleier. En verdad yo 
estaba muy destrozada físicamente. Además hay que agregar que había prendidas 
permanentemente por lo menos dos o tres radios, que le permitían a uno tener una 
idea y noción de días y de horas, porque una pasaba el tiempo. Eran tres radios 
diferentes funcionando, lo que, sobre cabezas lastimadas llega a producir profundo 
dolor físico. Allí fuimos también bestialmente torturados. Permanecí en ese local - 
salvo la sacada que tuve hacia un lugar donde me llevaron para revisarme 
ginecológicamente o algo parecido-hasta que me sacaron el 14 de febrero, que fui a 
dar al 5- de Artillería. 

Ante la pregunta del señor diputado Zaffaroni con respecto a cómo 
la declarante pudo percibir y constatar las fechas, ella responde: 

Había radios permanentemente prendidas. Inclusive nos llegaron a pasar los 
comunicados y a permitirnos escucharlos. 

Ante una pregunta del señor diputado Zaffaroni, la declarante 
responde: 

El ser humano, es increíblemente fuerte; en la vida normal, usted se desmaya 
por un pequeño dolor, pero en situaciones de “stress" y de dolor, es casi imposible 
para determinada gente desmayarse. Y le voy a decir más. Le puedo asegurar que 
estuve prácticamente todo el tiempo encapuchada, y sin embargo, cuando afirmo 
que vi, es verdad. Porque como los ojos se le pudren, le tienen que aflojar la venda 
o ensancharla; o porque la cabeza no le da más o simplemente porque le quedó muy 
apretada. Y en ese momento los ojos estaban podridos. Y si no, le seguían aplican¬ 
do leuco directamente sobre los ojos. Así como afirmo haber estado sistemáticamente 
vendada, en determinadas situaciones con más de una venda, e inclusive 
encapuchada, puedo afirmar también haber visto determinadas cosas, como lo he 


119 

















hecho. Además, la tensión e inclusive el ansia de vivir hacen que con uno -si bien 
no tiene la vista- se desarrollen otros sentidos, particularmente el oído y el olfato. 
Estuve cuatro meses permanentemente vendada y con los ojos en un estado espan¬ 
toso, y no quiero describir las otras cosas; son cosas que han pasado en nuestro 
país y cuyos responsables están en la calle. No puedo describir las torturas a que 
fue sometido Bleier en ese segundo local. Lo que sí puedo asegurar es que lo vi 
desnudo, jamás imaginé que tuviera un cuerpo tan grande. Pero la última vez que 
lo vi era una reducción como las que hemos visto en los campos de concentración 
y cosas por el estilo. A lo largo de todo ese periodo lo he visto y lo he oído aullar 
como una bestia, lo he oído pedir por los compañeros, nombrar compañeros, pedir 
su apoyo como un niño, clamar por su madre. Puedo asegurar haber visto reducir¬ 
se físicamente a un hombre, y reducirse, incluso, la fuerza de poder pedir, llamar, 
clamar, hasta convertirse efectivamente en una especie de bestia que aullaba. Cuando 
le daban muy someramente algún descanso llamaba a sus compañeros. Insisto en 
que podríamos llegar a descripciones feroces de lo que ha pasado; creo que ya habrá 
oportunidad y estoy dispuesta a facilitar lo que he publicado en el exterior. He 
vivido prácticamente cinco años en la cárcel, cuatro años en el exilio, exactamente 
en Francia que fue mi tierra de asilo. En Brasil hice declaraciones ante la Cruz 
Roja y ante todas las demás organizaciones internacionales que lo requirieron; no 
en detrimento de mi patria, sino todo lo contrario, favoreciendo primero, el reco¬ 
nocimiento de la realidad que estaba viviendo el pueblo uruguayo y, en segundo 
término, favoreciendo a las fuerzas que resistían y que luchaban por llegar a lo que 
es hoy un paso decisivo en nuestro país, como lo es recobrar las libertades públi¬ 
cas, con el fin de transitar por un camino cada vez más amplio hacia la democracia 
que todos anhelamos y por la cual todos luchamos. Aclaro esto porque he visto que 
siempre se dice que hemos dicho falsedades, y así como lo digo en mi patria, puedo 
asegurarles que bajo juramento he dicho la verdad en cada tribuna del mundo que 
se me ha ofrecido. Eduardo Bleier fue uno de los casos que más nos angustió por¬ 
que fue particularmente torturado y su tortura de alguna manera, se hizo pública, 
ya que era un hombre sumamente conocido y querido por todos, un viejo militante 
del Partido Comunista a quien todos conocíamos en nuestro quehacer político. 
Pienso que el hecho de hacer pública, su tortura, y de convertirlo en una bestia que 
aullaba tenía la finalidad de hacernos sentir a todos que efectivamente éramos un 
objeto más sin límites para la tortura, la enajenación y la destrucción. La tortura 
fue sistemáticamente repetida y no sólo sobre nuestros físicos. Inclusive, se mon¬ 
taba una especie de espectáculo o de "show"; en uno de los que más recuerdo el 
centro fue Eduardo Bleier, aunque no sé bien qué le hicieron. Fue realizado en un 


120 















local muy grande; había coches con sirenas funcionando, perros y grupos de per¬ 
sonas a quienes se les obligaba a gritar en torno a alguien que efectivamente era 
torturado. Pueden ustedes imaginarse lo que era el clima en aquel local con dos¬ 
cientas o trescientas personas gritando, con los ruidos de las sirenas y con los 
ladridos de los perros. El "300 Carlos Grande" estaba en el 13; era un enorme 
galpón que tenía grandes pozos, los que dejaban al descubierto los cables. El clima 
que allí se creaba era tremendo. He visto gente que estaba sentada en sillas y 
bastaba con que se les acercara alguien, les tocara el hombro y les dijeran: "¿Vas a 
hablar o no?", para que se cayera inmediatamente, debido al clima creado. El 
centro de la tortura era Eduardo Bleier, ya que su voz era absolutamente incon¬ 
fundible. Podría seguir describiendo este tipo de aberraciones, hechas en nombre 
de no se sabe qué cosa, que se produjeron en el país. Afines de diciembre de 1975 
-no recuerdo exactamente la fecha, pero fue después de Navidad y antes de fin de 
año, o sea, alrededor del 28 de diciembre- alguien me avisó que Bleier estaba en la 
puerta del baño. Nos llevaban al baño con la mano sobre el hombro de alguien 
porque estábamos vendados. A pesar de que estaba vendada, vi que Bleier estaba 
tirado al lado de la puerta y que tenía un tanque de oxígeno, por lo que puedo 
afirmar que estaba vivo. Nunca más lo vi. Este hecho podría tomarse como una 
contradicción, pero lo que ocurre es que uno aprendió a mover los músculos de la 
cara para levantar la venda o aflojarla; hemos visto mucho más que eso. Reitero 
que lo vi tirado con su cabeza al lado de la puerta y pienso que lo pusieron ahí para 
que lo viésemos, porque los oficiales sabían muy bien que de alguna manera veía¬ 
mos, salvo cuando empleaban leucoplast, que les dio muy mal resultado, porque 
con algodón o sin él, los ojos se pudrían. No lo vi más que en esa oportunidad e 
insisto que seguramente estaba vivo, porque tenía puesta una máscara de oxígeno. 
Con respecto a los nombres de los oficiales, hay uno a quien lo vi con mis propios 
ojos porque él mismo me sacó la venda para que lo viese y su nombre es Ramas; en 
aquel entonces era mayor y uno de los jefes del "300 Carlos ". A otros oficiales los 
reconocimos porque sencillamente en esos casos uno agudiza los sentidos y apren¬ 
de a reconocer las voces; otros, directamente se identificaron en nuestra estadía en 
el Penal, como por ejemplo el Capitán Jorge Silveira, Victorino Vázquez, Pomoli y 
Gavazzo, cuyas voces fuertes de mando después reconocimos en los períodos de 
tortura. Mi caso es algo particular. 


121 

















Testimonio de Alberto Romero de Armas, sobre la desaparición de Horacio 
Gelós Bonilla, donde ratifica su testimonio brindado ante la Comisión de 
Derechos Humanos de la Junta Departamental de Maldonado: 

Señor Presidente - Esta Comisión Investigadora está considerando en este 
momento el caso del desaparecido Horacio Gelós Bonilla. Como tenemos 
conocimiento de que usted puede aportar testimonio en calidad de testigo 
con respecto a este caso, le solicitarnos su nombre a efectos de que conste 
en la versión taquigráfica y escuchamos lo que nos pueda manifestar. 

Mi nombre es Roberto Romero de Armas. Gelós Bonilla estaba en el mismo lugar 
que yo. A él lo llevaron el 4 de enero de 1977. 

Ante una aclaración del señor Presidente en el sentido de que en 
el expediente figura la fecha del 2 de enero de 1976, el declarante 
responde: 

Sí, porque yo estuve con la madre y la madre me decía que a él lo habían llevado 
el 2. A mi me llevaron el 5 de enero de 1976. Me llevaron una víspera de Reyes. Me 
llevaron de noche. Yo trabajaba en la Asociación de Bancarios de Maldonado; vi¬ 
nieron como a las doce y media o una de la noche a llevarme; yo estaba trabajando; 
me dijeron que me venían a buscar y me llevaron. Yo les dije: "Esperen que me voy 
a cambiar". Uno me dijo que me iba así no más. Yo dije que así no más no iba, que 
me iba a cambiar; fui y me cambié. Me sacaron a dar vueltas. Como yo conocía 
Maldonado como la palma de mi mano, por más vueltas que diéramos, yo sabía 
donde iban; fueron para Santa Teresa, doblaron para abajo, doblaron por una calle, 
iban derecho y entraron por detrás de la Comisaría. Entran para adentro y después 
se ve que dan la orden de recibido -no sé qué orden habrán recibido- y después 
agarraron para Laguna del Sauce, pero no entraron en el cuartel. Entraron des¬ 
pués, marcha atrás. 

Cuando entré ahí, me bajaron; yo estaba con una venda en los ojos; había un 
oficial sentado ahí, en una mesa. Me interrogaron. Ellos querían saber donde esta¬ 
ba la chacra del SUNCA; el SUNCA había comprado unos terrenos por ahí para 
hacer un complejo para que la gente que trabaja pueda ir a descansar en el verano. 
Cuando me preguntaron quién estaba en la Comisión de AEBU, donde yo estaba, 
dije que no sabía, que no conocía. Después me preguntaron quiénes eran los del 
SUNCA. Después me preguntaron dónde estaban los terrenos, la chacra de 
SUNCA. Les dije: "Yo no soy chacarero, soy gastronómico, así que no tengo nada 


122 















que ver con eso". Me sacaron de ahí, me llevaron para una pieza y me ataron los 
brazos así -el declarante hace un gesto, levantando y abriendo los brazos- 
me esposaron, me pusieron un palito en la punta de los pies y me tuvieron dos o 
tres días colgado. Me torturaban y querían saber. Mientras yo estuve con noción, 
sentí a Bonilla hablar de noche. Yo sabía que lo habían llevado. Yo le había puesto 
"el matadero" porque me daba cuenta de que ellos llevaban gente a torturar. No sé 
si todavía estará ese rancho o lo habrán deshecho porque eso pertenecía a la Marina 
por estar cerca de la playa. Está el Cuarto de Ingenieros así -el declarante hace 
un gesto- y enfrente, como quien va para la playa, está el rancho. Ahí llevaron a 
Bonilla porque yo lo sentí hablar. 

Ante una acotación del señor presidente sobre si el declarante cono¬ 
cía a Bonilla y reconocía su voz pero sin poder verlo, la respuesta es: 

No lo pude ver pero lo sentí. Andábamos todos los días juntos porque, como él 
estaba en el SUNCA, a veces, cuando yo no tenía trabajo me iba con él a las obras 
a hacer asambleas y esas cosas; entonces andábamos siempre juntos. Por eso siem¬ 
pre digo que Bonilla estaba ahí porque yo lo sentí hablar cuando lo interrogaban. A 
mí me tuvieron no sé cuantos días y después, una noche, me sacaron y me dijeron 
que era el último paseo que me iban a dar. Entonces les digo: "Para morir se muere 
una sola vez". Me llevaron con los pies y las manos atados. Salieron, subieron por 
el repecho viejo de Lussich y me llevaron, como quien va para Maldonado, a unos 
zanjones, en donde me tiraron. Me bajaron, me pegaron un mamporrazo en la 
cabeza y me tiraron allí. Ahí pude desatarme los pies, aunque no pude desatarme 
las manos, y después pude salir para arriba. 

Ante una pregunta del señor presidente de si el declarante cree ha¬ 
ber estado detenido en establecimientos dependientes de la Marina 
o del Ejército, la respuesta es: 

Para mí que es el Cuarto de Ingenieros de Maldonado. En esa época estaba el 
teniente Silvera, que era el más corsario; un sargento al que le decían "El Zorro", 
un tal Barrios... Cuando me detuvieron en el cuartel yo perdí toda la ropa y todo lo 
que tenía en el calabozo. 

Ante una pregunta del señor Representante Meló Santa Marina, acer¬ 
ca de la edad del declarante, éste responde: 

Tengo sesenta y ocho años. Y Bonilla era un compañero Edil de la Junta de 
Maldonado; no era ningún arrastrado. 


123 

















Ante una pregunta del señor presidente acerca de si recuerda haber 
escuchado al Señor Bonilla en varias oportunidades o en una opor¬ 
tunidad durante varios días, el declarante responde: 

Yo lo sentí dos o tres veces, principalmente de noche, que era cuando lo tortura¬ 
ban, cuando nos torturaban. A él le dieron más que a mí, no sé por qué; no sé cómo 
me salvé ni sé cómo estoy vivo. 

Ante una pregunta del señor Representante Zaffaroni acerca de si el 
señor Bonilla era un hombre enfermo, el declarante responde: 

No. Bonilla era funcionario del SUNCA y en el verano pedía tres meses de 
licencia; era uno de los mejores salvavidas de la Playa Brava. Un año salvó a un 
matrimonio, que le dieron no sé cuánto de propina y fue cuando se compró una 
moto. El matrimonio vino al otro día, después que se repusieron, y entonces Bonilla 
les dijo: “Les voy a mostrar lo qué me compré con le propina que ustedes me 
dieron”. Le quedaban tres o cuatro cuotas no -recuerdo cuánto era- y el matri¬ 
monio le preguntó cuánto le había costado. Bonilla contestó: "Hice la entrega con 
lo que ustedes me dieron y me quedan cuatro o cinco cuotas". Le preguntaron 
dónde la había comprado y el les dijo que en tal lugar. Entonces ellos fueron, 
pidieron la cuenta de Bonilla y le pagaron toda la moto. Ese era Bonilla. Así que 
muy malo no era. 


Testimonio de Sara Barrocas de Angón sobre la desaparición de su esposo 
Luis Eduardo Arigón: 

Vengo a denunciar el caso de la detención y desaparición de mi esposo, que tuvo 
lugar en la madrugada del 14 de junio de 1977, alrededor de las 0.15 o 0.30 de la 
madrugada. Ellos vinieron y tocaron timbre. Aclaro que vivimos en un edificio de 
dos pisos, compartido por integrantes de una misma familia. En el apartamento de 
abajo con el N a 001, viven mi suegra y mi cuñada; en el primer piso vive un 
cuñado mío y en el segundo piso vivimos nosotros. Mi cuñado vino a atestiguar 
porque entraron en su casa. Yo declaro lo que ocurrió en la mía. Estábamos dur¬ 
miendo y de pronto oí golpes contra la puerta y gente que gritaba: “Abran, abran, 
Fuerzas Conjuntas". Vinieron dos o tres personas vestidas de soldado y recuerdo 
uno de civil, un hombre no muy alto, bastante rubio, que tenía patillas y un gorro 
-era invierno- y pidieron los documentos de la gente que vivía en el apartamento. 
Les mostré los documentos de cada uno y después dijeron que iban a entrar al 


124 
















dormitorio de nuestras hijas para controlar si ellas estaban allí. Estaban acostadas 
y cuando entraron las iluminaron con una linterna. Después revisaron el dormito¬ 
rio y nos hicieron pasar al comedor de la casa. En el ínterin mi esposo ya se había 
levantado. Me hicieron abrir los cajones del trinchante, donde había cubiertos, 
manteles, etc. Sobre la mesa había unos papeles mimeografiados y en seguida mi¬ 
raron qué era. Les expliqué que yo era profesora y se trataba de escritos de los 
estudiantes. Abrieron también otra biblioteca y vieron cantidad de hojas 
mimeografiadas, pensando que era material subversivo. También eran todos escri¬ 
tos. Además, cuando él entró al comedor preguntó a mi esposo cual era la parte de 
la biblioteca y empezó a sacar grupos de libros que puso sobre la mesa y después a 
hacerle algunas preguntas a mi esposo. En un momento dado me pidió que le al¬ 
canzara los cigarrillos, pero esa persona dijo que no podía hablar porque estaba 
incomunicado. Después de revisar la biblioteca preguntó si teníamos algún ele¬ 
mento escrito del proscrito Partido Comunista y nosotros dijimos que no, que no 
teníamos nada. Cuando se retiraron, se llevaron los libros, pero me hicieron firmar 
una hoja mimeografiada donde constaba la fecha, el domicilio, la hora y donde 
decía que había sido tratada correctamente. Tuve que firmar ese papel con el que 
ellos se quedaron. Reconocí ese formulario porque la Sra. de Escudero tiene uno 
similar. Cuando ella me mostró el papel, vi que era similar al que había firmado. 
Procedieron a llevarse a mi esposo y el que dirigía el operativo tomó su cédula de 
identidad. Yo se la fui a dar a mi esposo, pero otra persona dijo: "Esto me lo llevo 
yo", y se lo puso en el bolsillo. Cuando se lo estaban llevando le pregunté a donde 
se lo llevaban y me dijeron que a partir de ese momento quedaba a disposición de 
las Fuerzas Conjuntas. Eso fue un martes de madrugada. Dejé pasar unos dos o 
tres días, porque durante esos días se estaba produciendo una gran represión; con¬ 
tinuamente uno oía que llevaban gente detenida por decenas y supuse que ensegui¬ 
da no iban a darme información sobre él. Dejé pasar unos días y no sabía a donde 
dirigirme. En mi trabajo, en mi liceo, había una chica, hija del Coronel Hugo Camps, 
de quien conocía -porque somos de la misma ciudad de Florida- a la esposa. La 
llamé por teléfono y le pedí una entrevista. Fui a la casa y enseguida lo llamó a él 
por teléfono al ESMACO. El le dijo que el Ejército lo tenía y que estaba incomuni¬ 
cado. En el ínterin empezamos a ir al Comando Mayor del Ejército para saber algo; 
iba mi hija y mi cuñada ya que yo no podía ir porque estaba trabajando. Iban a esa 
dependencia del Prado donde pedían ropa para los detenidos. Ellas fueron varias 
veces pero nunca les pidieron ropa. Seguí haciendo indagaciones. En el mes de 
julio volví a ir al ESMACO y allí siempre había cola de gente, decenas de personas 
esperando a ser recibidas. Un día me recibió un Coronel Capó y me dijo que recibi- 


125 


















ría noticias acerca de él en el momento correspondiente. Pero me llamó la atención 
que ni siquiera me preguntó el nombre de la persona por quien yo indagaba. Tam¬ 
bién en el mes de julio fui a la ciudad de Florida y allí fui a ver a un coronel que 
sabía que había estado en Montevideo, el Coronel Carlos Canclini, que era conoci¬ 
do mío de la infancia. Cuando le dije cuál era la situación de mi esposo, que lo 
habían detenido y que no tenía noticias de él, me dijo que debería estar incomuni¬ 
cado y que cuando levantaran la incomunicación me iban a avisar. Me dijo: "En 
cuanto hable, perdé cuidado que le van a levantar la incomunicación." Entonces, 
yo le dije: "Sí, ¿pero si no habla?". El me dijo: "Vos perdé cuidado que nosotros 
sabemos cómo hacerlo hablar." Me dijo que los miércoles venía a Montevideo por¬ 
que tenía un negocio con Camps y me iba a llamar por teléfono; le di el teléfono de 
mi suegra. Pasaron los días, una semana o dos, yo no recibía noticias. También fui 
a hablar con el Coronel Otto Gossweiler, en forma personal, y él me dijo que fuera 
al Prado, que llevara ropa, que posiblemente allí iba a tener noticias. Entonces 
conseguí una bolsa plastillera y mandé ropa. Fue mi hija con mi cuñada y dijeron: 
"Venimos de parte del Coronel Otto Gossweiler y nos dijeron que trajéramos ropa 
para Eduardo Arigón." Pero la persona que estaba a cargo, dijo que no tenían ese 
nombre en la lista y que esa persona no tenía por qué meterse a mandar gente así. 
El 31 de agosto mandé carta a la Comisión de Derechos Humanos dirigida al Señor 
Hamlet Reyes. La carta fue recibida acá por el Señor Murguía. Llamé a los quince 
días y no tenían novedades. Les voy a decir en rasgos generales, porque en el ínte¬ 
rin también hacía indagaciones. Por ejemplo cuando pasaron tres o cuatro sema¬ 
nas fui a ver al Nuncio Apostólico que dijo que iba a tratar de indagar. Nunca 
nadie me pudo decir nada. El 19 de septiembre de 1977 fui a la sede del Ejército, 
División 1, acompañada por mi suegra, donde nos atendió el Coronel Albornoz. Él 
dijo que iba a indagar allí. Fue para adentro, no sé si habrá consultado algún 
fichero, y dijo que allí no tenía ninguna persona con ese nombre. Le entregué una 
carta dirigida al general Zubia. Fui a ver nuevamente al Coronel Camps. La pri¬ 
mera vez me dijo que todavía no tenía noticias, que no sabía, que estaría incomuni¬ 
cado. Después, en otra oportunidad, me dijo que había preguntado y que en otras 
dependencias no figuraba el nombre de mi esposo ni el operativo en que habría 
ocurrido la detención. Le dije que me llamaba mucho la atención que no tuvieran 
un archivo o algo para demostrar que estaba todo organizado; pero me dijo que no. 
Incluso le comenté -se habían llevado a Julio Castro- si no habría pasado lo mismo 
que le ocurrió al Sr. Castro, que había salido de la casa y nunca más dieron infor¬ 
mación sobre él. Él dijo que no sabía quién era Julio Castro. Me preguntó quién era 
y yo le expliqué que era el Director del Semanario Marcha, que había salido de la 


126 
















casa y que nunca había vuelto y por el que la gente indagaba tanto. Después me 
dijo: "Ahí!... es esta persona por la cual recibo tantos telegramas y peticiones 
desde el exterior". De repente le dije que estaba preocupada, que era invierno, que 
mi esposo tenía un poco de presión y que quería enviarle ropa, como para que me 
dijeran que enviara ropa o medicina a un lugar, para saber donde estaba. Me dijo 
que no me preocupara, que en el cuartel le daban ropa y por medicinas, que estaban 
atendidos por médicos. Al final me preguntó cómo era el apellido de mi esposo. Le 
contesté: "Arigón”. El me preguntó: “¿Arigón qué?". Yo le dije: “Arigón Castel". 
La primera vez me había dicho que lo tenían pero que estaba incomunicado. Des¬ 
pués me dijo: "Nosotros tenemos un Arigón que no es Arigón Castel, que es Arigón 
Rodríguez." Entonces no era la misma persona. Me dijo que iba a dar cuenta a la 
policía y que iban a pedir que mandaran funcionarios para que interrogaran a los 
testigos oculares, cosa que nunca ocurrió. También fui al Ministerio de Defensa 
Nacional; me dijeron que no era asunto de ellos y me mandaron al Comando Ma¬ 
yor del Ejército. Allí hablé con el Coronel Laitano, quien me dijo que había hecho 
indagaciones pero que el nombre de esa persona no constaba en ningún lugar. En 
septiembre fui a la Prefectura Naval y al FUSNA. En todos lados me decían que 
esa persona no estaba detenida. El 12 de diciembre de 1977, mi suegra hizo un 
hábeas Corpus. En febrero de 1978 verbalmente me contestaron que habían pre¬ 
guntado en las tres dependencias y que en ninguna de ellas estaba esa persona. Eso 
fue hecho en el Juzgado Militar de Instrucción de 2- Turno. Después se hicieron 
uno o dos hábeas corpus más. Continuamente estaba yendo a distintos lugares y a 
diferentes instituciones para ver si tenía noticias. También fui a la Jefatura de 
Policía, donde me dijeron que allí no tenían nada que ver y que fuera a la calle 
Maldonado. Entonces fui al departamento N B 5 de Información e Inteligencia y me 
dijeron que allí no estaba. En el ínterin, también traté de ponerme en contacto con 
diversos militares, aunque en este momento no recuerdo sus nombres. El 27 de 
diciembre de 1978 se envió otra carta al Presidente de la Comisión Nacional de 
Derechos Humanos. El 7 de agosto de 1980 se envió otra dirigida al Dr. Federico 
García Capurro. Nunca recibí ninguna respuesta. Viendo que en el país no podía 
conseguir ninguna información, traté de ponerme en contacto con distintas insti¬ 
tuciones internacionales. Envié una carta a la esposa del entonces Presidente de 
Estados Unidos, Jimmy Cárter. Al Jefe de la Iglesia a la cual concurría; a Amnistía 
Internacional y ala OEA. El 27 de marzo envié una carta al general Rodolfo Zubia. 
Esta carta fue entregada al Gral. José María Siqueira, quien ese momento era el 
Presidente del Banco República. A él le entregué personalmente la carta. Lo cono¬ 
cía personalmente. Si llegó o no esa carta a manos del General Zubia, no lo sé. 


127 


















Unos días después, por intermedio de mis padres, el Gral. Siqueira me mandó a 
decir que no fuera más por el Banco porque lo comprometía. También envié cartas 
al entonces General Gregorio Alvarez y ala Cruz Roja Internacional. Con el correr 
del tiempo, me fui entrevistando con gente que venía del exterior, por ejemplo, con 
un diputado alemán y personalidades de Estados Unidos y de Italia. También hice 
gestiones en la Oficina de Información sobre Personas Desaparecidas, que está en 
la calle Uruguay, aunque no recuerdo el número. Me dijeron que allí se hacían 
indagaciones desde el exterior de las personas desaparecidas. También fui al Servi¬ 
cio de Inteligencia Militar de la calle Larrañaga. Continuamente iba a los distintos 
cuarteles y preguntaba por mi marido. De repente, venía un soldado, iba para 
adentro y volvía a los pocos minutos y me decía que allí no estaba. En realidad fue 
un via vía, en el que aún vivo. También había mandado una carta a la OEA y un 
día recibí una contestación donde se notificaba que el caso de mi esposo era el N a 
3471 y decía: JulioArigón; fecha de respuesta del Gobierno: 28 de agosto de 
1980. "De acuerdo con instrucciones de mi Gobierno, tengo el honor de 
dirigirme al Sr. Presidente para hacer referencia al caso N e 3471 de la Co¬ 
misión Interamericana de Derechos Humanos y poner en su conocimiento 
la siguiente información: Julio Arigón no se encuentra detenido ni ha sido 
procesado. Los términos de la denuncia son totalmente falsos." Tuve que 
aclarar que no estaba indagando por Julio Arigón sino por Luis Eduardo Arigón, 
que era el nombre de mi esposo. Entonces tuve que enviar una nueva carta hacien¬ 
do esta aclaración. Les envié una cantidad de documentos, entre ellos un certifica¬ 
do de nacimiento y uno de casamiento de sus padres para comprobar su identidad. 
Además, mi esposo tenía un hermano que se llama Julio César Arigón. El 21 de 
agosto de 1981 recibí otra carta en la que se decía: Con relación a Luis Eduardo 
Arigón el gobierno de Uruguay informa que desde el 4 de mayo de 1977 
en que recuperó la libertad no se registra como detenido ni procesado. A 
mi esposo lo habían ido a detener el 1-de mayo de 1977 y lo tuvieron cuatro días, 
o sea, hasta el 4 de mayo. Dijeron que lo habían detenido por rutina. Lo tuvieron en 
el departamento N B 5 y lo soltaron. Después vinieron en junio y se lo llevaron 
nuevamente. Seguí escribiendo a la Comisión Interamericana de la OEApero nunca 
recibí ninguna información o indicio que pudiera servirme para saber donde podía 
encontrarlo. En febrero o marzo de 1978 detuvieron a un primo segundo de mi 
esposo quien justamente se llama Luis Arigón. También lo cité para que viniera a 
declarar. Lo detuvieron por confusión. No sabe a donde lo llevaron. Lo tuvieron 
encapuchado y no supo donde estuvo. En los interrogatorios le preguntaban por el 
nombre; luego le decían que no podía ser. Muestra su cédula y escucha que alguien 


128 
















dice: “Pero Arigón es más grande" Esta persona es más baja que mi esposo que 
medía 1.80. Además el primo de mi esposo escuchó a alguien que dijo que se callara 
a la persona que había hecho ese comentario, que no hablara demás y ordenó que lo 
sacaran de la habitación. 

Ante una pregunta del Señor Presidente sobre si tuvo alguna noticia 
respecto a su esposo por intermedio de alguna persona que hubiese 
estado detenida y que lo hubiera visto después del 14 de junio de 
1977, la declarante responde: 

Eso recién lo vine a saber en los años 1981 y 1982. Sé que afuera está esperando 
un testigo, el Señor Juan Ángel Toledo. Parecería que él vio a mi esposo. Después, 
en 1984, salió de la cárcel Eduardo Platero -quien también está esperando para 
atestiguar-y se supone que lo vio, aunque no estoy segura. A una señora amiga - 
vecina mía- y a su esposo los detuvieron dos días después de la detención de mi 
esposo. Estaban encapuchados y tenían números que los identificaban. La señora 
no puede saber si vio o no a mi esposo. Dice que tiene la sensación de que llamaron 
a un número y que vio a una persona, pero lo único que vio fue unos pantalones. 
No pudo ver más... Quizás podría ser mi esposo, pero no tiene la seguridad, porque 
no escuchó su voz ni tampoco podían hablar. En ese momento se llevaban decenas 
de personas, muchísima gente; las calles estaban continuamente recorridas por las 
chanchitas, policías, militares, soldados. En una de las entrevistas que mantuve 
con el Coronel Camps, él me dijo que de pronto, lo que había ocurrido con mi 
esposo es que los compañeros habían hecho alguna operación y que lo habían lleva¬ 
do. Le respondí que eso era imposible. 

Ante una pregunta del Señor Presidente, la declarante responde: 

Me refiero a los compañeros de militancia de mi esposo. Les dije que todo el 
mundo estaba tratando de esconderse, de huir; que las calles estaban terriblemente 
vigiladas, por lo tanto, que no creía que fueran a hacer un operativo por mi esposo, 
que no era de importancia, sino que era un militante más. Yo veía a veces a Camps, 
en el pasar de los años, porque él tenía un apartamento cerca de mi casa. En una de 
esas oportunidades, me dijo: “¿Tú vivís acá?", Le respondí que sí. Entonces, me 
expresó: "¿Y la casa es tuya?". También le respondí afirmativamente. Entonces 
me dijo: “Mirá, lo que podes hacer es escribir una carta de denuncia de todo lo que 
ha pasado. Tenés que arreglar esas cosas, porque tenés hijas y, de pronto, un día se 
van a querer casar. Escribí una buena carta que yo te la presento al ESMACO para 
arreglar tu situación". No le contesté nada. Consulté con mi suegra y ella dijo que 


129 


















no lo hiciéramos, en primer lugar porque teníamos miedo de que se quedaran con 
la casa y, en segundo término por que no teníamos confianza. No hicimos ese 
trámite. Mis hijas están aquí presentes para atestiguar que mi esposo fue realmen¬ 
te llevado, que no es falso lo que denuncio. Por sobre todas las cosas, quiero poner 
el énfasis en el atropello horrible que significó toda esta manera de actuar para la 
familia y para el pueblo en general. 

Ante una pregunta del Señor Diputado Granucci en el sentido de si 
alguien de los que hizo el operativo se había identificado, la decla¬ 
rante responde: 

No. 

Ante una pregunta del Señor Diputado Granucci, la declarante res¬ 
ponde: 

Cuando llamaron a la puerta dijeron: "Fuerzas Conjuntas". En la puerta que¬ 
daron vigilando dos soldados, armados con metralletas. A casa entró un soldado, 
uniformado de verde y otra persona de particular, que era quien dirigía el opera¬ 
tivo dentro de la casa. Mientras tanto quedaron una cantidad de soldados en el 
piso de abajo y en la plata baja. Vinieron ocho o diez soldados. Cuando se llevaron 
a mi esposo vimos que los libros los ponían en un auto Fiat, de color blanco. El 
soldado se fue en ese auto que ya tenía los libros. A mi esposo lo llevaron en una 
camioneta. Acá tengo una fotocopia de una de las tantas cartas que envié al Ge¬ 
neral Vadora. Está sellada. Fue depositada en el Comando Mayor del Ejército, 
donde consta que la envié. Allí figura la fecha. Nunca recibí respuesta; nunca 
recibí carta de nadie. Inclusive mi suegra, que tenía teléfono, no permitía usarlo 
esperando en cualquier momento una noticia sobre mi esposo. Así fueron pasan¬ 
do los días, los meses, los años. Pido a esta Comisión que realice las investigacio¬ 
nes que pueda porque he oído que hay gente internada en el manicomio, en estado 
infrahumano, que se dice que son presos políticos. También se dice que han ente¬ 
rrado gente en el Batallón de Infantería 13, inclusive en los cementerios públi¬ 
cos. Ahora que estamos nuevamente en la etapa democrática, tenemos esperanza 
de que se investigue todo esto para poder seguir adelante y que ninguna de estas 
situaciones vuelva a ocurrir. 


130 














Testimonios ante otras entidades 


Testimonio de Rosario Evangelina Quiroga ante Juzgado Nacional en lo 
Criminal y Correccional Federal N B 7, de la ciudad de Buenos Aires, el 4 de 
mayo de 2000: 

Mi nombre es Rosario Evangelina Quiroga de Cubas, número de DNI 6.532.670 
nací el 17 de marzo de 1951, estudié en el Colegio Santa Rosa de Lima de la ciudad 
de San Juan (Pcia. de San Juan) donde me recibí en 1968 de Maestra Normal 
Nacional, luego estudié tres años de la carrera de Sociología en la Universidad 
Provincial de San Juan, Domingo Faustino Sarmiento (actualmente Universidad 
Nacional de San Juan). En 1971 me casé con José Luis Herrero, LE N B 8.667.559, 
matrimonio del cual nacieron tres hijas: María Paula, María Elvira y María Virgi¬ 
nia. En 1971 siendo bibliotecaria del ENET N a 2 de San Juan, hice el Curso de 
Audiovisual de Biblioteconomía de la UNESCO, curso que me permitió ingresar 
como técnico en la Universidad Nacional de San Juan en el Departamento de Pro¬ 
cesos Técnicos de las Bibliotecas y donde trabajé hasta 1976, fecha en la que fui 
dejada cesante por ley de Seguridad del Estado. Mi marido y yo éramos militantes 
del Movimiento Peronista. José Luis era miembro de la Junta Departamental de 
Concepción y yo fui nombrada representante por la Juventud al Congreso Provin¬ 
cial del Partido por el Departamento de Rivadavia. En 1976, un allanamiento 
hecho por el Ejército en nuestra vivienda, más la situación de trabajo, nos lleva a la 
conclusión que debemos abandonar San Juan para preservar nuestras vidas. Por 
este motivo mi esposo se traslada a Mendoza a buscar vivienda y ver las posibilida¬ 
des de conseguir trabajo. El día 9 de marzo de 1976, entre las 15 y las 19:30 hs. de 
la tarde fue secuestrado, posiblemente en la vía pública, y hasta el momento no se 
han vuelto a tener noticias de él y su destino, a pesar del hábeas corpus presentado 
inmediatamente de las gestiones realizadas por abogados ante el Juez Federal de 
aquel momento y el constante peregrinar de mi suegro ante los organismos compe¬ 
tentes en la Provincia de Mendoza. Entendí entonces que la protección de mi pro¬ 
pia vida y la de mis hijas exigía irme del país. En octubre de 1977 decido radicarme 


131 

















en Uruguay, después de un año de vivir en pensiones y hoteles, lejos de mis hijas, 
para poder sortear la persecución. Al radicarme en Uruguay, me encuentro con 
Oscar De Gregorio, miembro importante del Peronismo Montonero, que es se¬ 
cuestrado por fuerzas uruguayas el 16 de noviembre de 1977 en el puerto de Colo¬ 
nia al hacer Migraciones para ingresar al país. Tuve la oportunidad de observar 
cómo era llevado detenido y avisar a su madre para que hiciera las gestiones del 
caso para ubicarlo, sin tener noticias oficiales de su paradero hasta el momento. 

El día 15 de diciembre de 1977 fui secuestrada en el balneario de Lagomar, 
Canelones, Uruguay, en la ruta interbalnearia junto a Rolando Pisarello, por Fuer¬ 
zas Conjuntas Uruguayas, aproximadamente a las 8:30 de la mañana. Veníamos 
caminando desde mi casa, donde habían quedado mis tres hijas, María del Huerto 
Milesi de Pisarello, la hija de ella María Laura, Susana de Barrí y su hijita Alejan¬ 
dra. Al llegar a la ruta, y cuando nos disponíamos a tomar el autobús para viajar 
hasta Montevideo a hacer unas compras, escuchamos la voz de alto que provenía 
de unos hombres de civil que estaban a nuestras espaldas. Salimos corriendo cru¬ 
zando la interbalnearia, cuando de atrás de la caseta donde se espera el autobús 
aparecieron más hombres armados, al mismo tiempo que se efectuaban movimien¬ 
tos de vehículos, entre ellos un furgón. Nos disparan pero no nos hieren. Luego me 
pegan con la culata de un arma abriéndome la cabeza y nos dan fuertes golpes en 
todo el cuerpo. Nos amarran y amordazan y nos introducen en un furgón. Nos 
llevan a un lugar que luego por comentarios de oficiales argentinos supe que era 
una residencia en Carrasco, con apariencia de castillo medieval y en cuyo sótano 
nos "alojan". Al mismo tiempo de nuestro secuestro, interceptan en la misma ruta 
el automóvil donde viajaba el Diputado por el Peronismo Jaime Dri y Barrí. Al 
tratar de detenerlos Dri es herido en una pierna y Barrí resulta muerto. En la 
madrugada del día siguiente y luego de haber montado guardia desde el día ante¬ 
rior, rodean mi casa y secuestran a todos sus habitantes: dos mujeres y cinco niños 
(la mayor de cinco años y la menor de cuatro meses. En esta acción resulta muerta 
la señora de Barrí. Por otra parte en la casa de Miguel Ángel Estrella, son deteni¬ 
dos él, un matrimonio exiliado que vivía allí y una mujer. Todos somos llevados al 
mismo lugar donde escucho los interrogatorios y tortura a Jaime Dri, Miguel Ángel 
Estrella y una de las mujeres a la que no individualizo. Yo había decidido no ha¬ 
blar, no decir una palabra, lo cual provocó mucha indignación en mis secuestrado¬ 
res quienes me golpearon salvajemente varias veces. Transcurrieron largas horas, 
escuchaba los gritos de los otros pero a mí no me venían a buscar. Siento la necesi¬ 
dad de ir al baño y entonces tengo que hablar para pedirlo, no me llevan y debo 
orinarme encima. Para taparme los ojos me habían puesto trozos de frazadas fuer- 


132 















temente atados a mi cabeza, tenía las manos esposadas en la espalda y estaba acos¬ 
tada boca arriba en el piso. No puedo precisar cuándo me vinieron a buscar pero 
creo que había pasado bastante tiempo. Me desnudan completamente y comienza 
mi sesión de tortura consistente en “submarino" para el cual utilizan una especie 
de capucha de goma con orificios a la altura de la nariz y la boca, introduciendo mi 
cabeza en algo que parecía un tonel lleno de agua hasta que llegaba el desmayo por 
asfixia. Otra tortura era colgarme de las manos teniendo los brazos hacia atrás, 
subiéndome y bajándome, lo que hacía aún más insoportable el dolor, sobre todo de 
la articulación de los hombros; era preferible estar colgada porque parecía que uno 
perdía el conocimiento y por lo tanto el dolor. La otra tortura era la presión con mis 
hijas de las cuales me traían pertenencias como un zapatito, un suéter o un vesti- 
dito, y me decían indistintamente que las torturarían en mi presencia, las harían 
presenciar mi tortura para enloquecerlas, también estaba el torturador "bueno" 
que me hablaba en algún momento de "descanso" para ablandarme me prometía 
libertad si suministraba información. Cuando creía que me llevaban a la sesión de 
"picana" pues escuchaba los gritos de otros que se la habían aplicado, a mí me la 
habían hecho probar en los labios (ya habían pasado dos días desde el secuestro) me 
conducen a una habitación donde me sacan la venda de los ojos y me presentan 
varios oficiales argentinos. En la habitación había unos 15 hombres entre urugua¬ 
yos y argentinos. Los argentinos se presentan me dicen que me van a trasladar a 
Argentina en ese misino momento. Luego supe que se trataba de miembros del 
G.T.3.3.2. que nos fueron a buscar a Uruguay. Sus nombres son: Tte. de Navio 
Raúl Schelling "Mariano"; Mayor del Ejército Juan Carlos Coronel "Maco"; Ofi¬ 
cial de la Prefectura Naval Héctor Fabre "Selva o Daniel"; miembro del Servicio 
Penitenciario "Fragote". Mi estado era deplorable. La mugre, el olor, mi cabeza 
ensangrentada, los golpes recibidos, la venda en los ojos y las esposas, debían dar¬ 
me un aspecto terrorífico. Al prefecto Fabre, al menos debe habérselo parecido pues 
me dice que si prometo no mirar me quitará la venda para que mis hijas no se 
impresionen en el viaje que se realizaría en avión. En Buenos Aires supongo que 
aterrizamos en Aeroparque por el tiempo transcurrido entre la salida del aeropuer¬ 
to y la llegada a la ESMA. Me llevan a mí en un automóvil y a mis hijas en otro a 
lo que me enteraría después era la ESMA. Allí voy a parar al cuarto de 
interrogatorios N-14 que se encontraba en el sótano del Casino de Oficiales. Desde 
el momento que bajo del avión me tapan los ojos con unos "anteojitos" hechos de 
tela y rellenos de algodón y mantengo las esposas con las manos hacia abajo. Pasa¬ 
do poco tiempo entran unas personas, quienes me hacen quitar el "anteojito" y me 
interrogan. El responsable de este interrogatorio es un oficial de la Marina llama- 


133 


















do "Alemán" y de quien desconozco su nombre. Es él quien me hace la ya triste¬ 
mente clásica pregunta: ¿dónde sería el último lugar en que querrías estar?, a lo 
que respondí: la ESMA. Su respuesta fue "precisamente allí te encuentras ". Se 
retiran todos y más tarde escucho entrar varias personas, uno de ellos sin quitarme 
la venda me pregunta mi nombre, se lo digo y entonces me contesta -"¡oh! somos 
parientes", me hace una pregunta de filosofía y como no le respondo me cataloga de 
"perejil" lo que en su jerga significa que no tenía nivel. Este hombre sabría más 
tarde, era el Cap. de Fragata Jorge Acosta. Mis hijas fueron llevadas a un colegio de 
monjas que queda en Cabildo y Juramento de la Cap. Federal por el Tte. Alfredo 
Astiz y el Subcomisario Roberto González. 


Secuestro de Óscar De Gregorio 

El 17 de diciembre de 1977, en la ESMA, para mi gran sorpresa me encontré con 
Oscar Degregorio o lo que de él quedaba, puesto que era la quinta parte de la 
persona que había visto hasta el 16 de noviembre de 1977. Supe por él mismo, que 
luego de varios días de tortura en manos de las Fuerzas Conjuntas Uruguayas, 
que consistió en golpes, "submarino" y "picana" aplicados sin piedad y en forma 
constante, trató de fugarse y fue herido, gravemente herido en el abdomen por un 
oficial uruguayo y que a pedido del Tte. de Navio Pernía "Trueno", miembro del 
G.T.3.3.2. de la ESMA, fue sometido a una delicada operación para salvarle la vida 
y de esa forma tratar de arrancarle la información que querían. En la operación se 
le hizo un ano contranatura ya que los intestinos habían sido perforados varias 
veces. Se debatió varios días entre la vida y la muerte en un Hospital uruguayo que 
según él tenía celdas. Luego de haberse recuperado un poco fue trasladado en avión 
a Buenos Aires al interior del Casino de Oficiales de la ESMA. Un mes después es 
cuando yo lo veo y recién el día anterior había podido dar unos pasos. Inmediata¬ 
mente comprendemos que mi rápido traslado a Argentina se debe a que yo soy una 
excelente presión para Óscar De Gregorio. Al no poder tocarlo (por su estado) lo 
amenazaban con torturarme a mí si ambos no colaborábamos en brindar la infor¬ 
mación que requerían. Quiero dejar constancia en este testimonio, que Óscar De 
Gregorio a pesar de todas las situaciones límite que le tocó vivir tuvo una conducta 
intachable totalmente acorde con su trayectoria como militante peronista. Me per¬ 
miten atenderlo durante el día y por las noches debo subir a dormir a “Capucha"- 
Mientras tanto Horacio Maggio habla con Óscar De Gregorio y conmigo dicién- 
donos que es posible tratar de sobrevivir simulando una colaboración y un cambio 
de manera de pensar. De Gregorio y yo tratamos de hacer ese cambio poniéndonos 


134 















como condición la no colaboración táctica ni política con los Marinos. Óscar tiene 
bastante claro que por su nivel le va a ser imposible esa simulación ya que cada día 
se le pediría un grado más alto de colaboración de acuerdo a su capacidad y que por 
nada del mundo estaba dispuesto a hacer. Los sucesos posteriores le darían la ra¬ 
zón. El 7 de marzo de 1977 (78??) fue trasladado a Institutos Militares, cárcel 
clandestina que funcionaba en dependencias de la Escuela Sargento Cabral en Cam¬ 
po de Mayo. En este "chupadero" estuvo durante un mes, tiempo durante el cual 
no dejaron de "picanearlo", durante un día, ya sea para obtener datos de sus com¬ 
pañeros, ya sea para obtener datos de la ESMA, por simple venganza o para que no 
se olvidara de lo "bien" que lo trataban en Institutos Militares. 

A esta tortura permanente, con todas las sofisticaciones que los militares ar¬ 
gentinos aprendieron a utilizar, como echar agua sobre el cuerpo antes de aplicar 
la electricidad, dar “máquina" sobre un elástico de hierro para que haya mayor 
conductividad, se le sumaba la capucha atada alrededor del cuello las 24 hs. del 
día, salvo los momentos de comer en que le permitían subírsela a la altura de la 
nariz. Estaba atado de un pie con una cadena a otra cadena general a la cual 
encadenaban también a los otros presos que supo que existían por las listas mati¬ 
nales que pasaban. Todos eran un número, no se les permitía hablar ni siquiera 
emitir sonido, cuando necesitaban ir al baño debían levantar la mano, mantenerla 
en esa posición hasta que hubiera un número de presos suficientes que valiera la 
pena llevarlos. Las horas del día las pasaban seritados sin poder apoyar la espalda 
y de noche les daban dos mantas, una para ponerla sobre el piso húmedo del esta¬ 
blo y la otra para taparse. Oscar tenía un ano contranatura y para ello le daban 
unos cuantos trapos viejos y no le permitían higienizarse. Óscar De Gregorio 
regresó a la ESMA en forma sorpresiva. Creo que algunos oficiales también se 
sorprendieron, como si no lo esperaban. Yo suponía que no regresaría nunca. Lle¬ 
gó a la ESMA casi al borde de la locura, con regresiones infantiles evidentes, sólo 
la satisfacción de saber que no renunció a sus principios lo mantenía en pie y le 
daba todavía un aspecto de ser humano. Pero aún aquí no terminarían sus sufri¬ 
mientos. A los pocos días le informan que lo operarán nuevamente para volver los 
intestinos a su cauce normal. Le hicieron varios estudios y según dijeron todo 
estaba bien salvo un pequeño soplo en el corazón que no era inconveniente. Según 
el Capitán Acosta, quedaría como nuevo, para poder comenzar su proceso de recu¬ 
peración. El lunes 24 de abril de 1978 fue llevado al Hospital Naval con el temor 
en los ojos a no regresar, pero lo trajeron poco después de mediodía. La farsa debía 
continuar. Lo pusieron en la enfermería que no reunía las más mínimas condicio¬ 
nes de higiene y mucho menos de asepsia. Esa misma noche presentó una crisis 


135 

















profunda por lo c¡ue decidieron llevarlo nuevamente al Hospital Naval. En este 
viaje me hicieron acompañarlo. Se había presentado una infección, estaba muy 
débil, por lo que ordenaron una transfusión. Al regresar a la ESMA, el mismo 
médico que había manifestado que no había problemas, vino a darme explicacio¬ 
nes, a "lavarse las manos". Me mostró una radiografía de tórax de Óscar donde el 
corazón, debido a las descargas eléctricas recibidas le abarcaba prácticamente todo 
el pecho. Dijo haberle rogado a los médicos del hospital para que lo dejaran inter¬ 
nado al menos 24 horas, pero que aquellos no querían saber nada de peligrosos 
delincuentes subversivos. Yo misma pude ver que ni siquiera se había afeitado el 
campo operatorio. Los enfermeros aplicaban los antibióticos a cualquier hora y las 
inyecciones las colocaban sin ninguna norma de esterilidad. El martes 25 de abril, 
experimentó una leve mejoría, volvió en sí por primera vez, me reconoció y pidió 
que rogara a Dios porque él ya no aguantaba un sufrimiento más. Se durmió 
tranquilo. Salí de la enfermería un momento para ir al baño y pude ver que entra¬ 
ba el enfermero de guardia, (me llamó la atención porque no era hora de aplicar 
inyecciones). No debo haber demorado 10 minutos en regresar, el enfermero ya no 
estaba y Óscar presentaba un cuadro de asfixia propio de los paros cardíacos. Pedí 
ayuda a gritos, por supuesto cuando alguien llegó a ayudar ya era demasiado 
tarde, además ni oxígeno había en esa enfermería. Óscar De Gregorio había dejado 
de existir con un plan orquestado: no debían quitarnos a los demás las expectati¬ 
vas de vida. Si estábamos seguros de morir nos revelaríamos y no era eso que 
esperaban de nosotros, debían mantener nuestra esperanza. "Vos sabés que hici¬ 
mos todo lo que pudimos" fueron las palabras del Capitán Acosta para que yo las 
repitiera al resto de los presos en proceso de recuperación. Acosta también me dijo 
que no podían entregar el cuerpo a los familiares por lo que lo cremarían y lo 
enterrarían en la fosa común de La Chacarita. 

A partir de ese momento fui designada para incorporarme totalmente al grupo 
de presos en proceso de recuperación, dándome tareas en la Biblioteca que estaba en 
la "Pecera" para ordenar el archivo del diario "Noticias". 


Traslado de Jaime Dri a Rosario 

El diputado peronista Jaime Dri, como lo dije anteriormente, fue secuestrado y 
torturado en Uruguay, luego fue trasladado a Argentina a la ESMA, el 18 de 
diciembre de 1977 junto con Rolando Pisarello. Miguel Ángel Estrella y otros 
exiliados fueron pasados por derecha a las cárceles uruguayas y los compañeros 
que habían resultado muertos fueron entregados a su familia al igual que 


136 















Alejandrita, la hija del matrimonio Barri. Para la prensa inventaron una serie de 
acontecimientos donde por supuesto no hacen mención alguna de las cuatro perso¬ 
nas que las Fuerzas Conjuntas Uruguayas entregaron al G.T.3.3.2. de Argentina. 
Entre la Navidad y año nuevo de 1977, Jaime Dri es trasladado a un "chupadero" 
de Rosario que funcionaba en una quinta en las afueras de esa ciudad. Tuve opor¬ 
tunidad de saber varias cosas de ese "chupadero" por la gran cantidad de horas que 
pasamos juntos en la piecita 15 del sótano. En ese “chupadero ", Dri se encontró 
con los detenidos-desaparecidos Ealufy su mujer Marta Benazzi. Días más tarde 
fueron “chupados" Tulio Valenzuela y su compañera embarazada de 8 meses. Dri 
vive desde adentro todos los acontecimientos del viaje al exterior de Valenzuela y 
las represalias posteriores con los presos que quedaron adentro. Según le dijeron a 
él, la compañera de Valenzuela tuvo mellizos. 

Dri me informó que el Comandante del II Cuerpo del Ejército, Galtieri, ha¬ 
blaba permanentemente con los presos del "chupadero", que tuvo charlas "polí¬ 
ticas" con él y que posteriormente a la caída de Valenzuela las charlas entre 
ambos son permanentes. A mediados de marzo Dri regresa a la ESMA, un tiem¬ 
po antes de la visita de un periodista inglés. En esa oportunidad a Dri, a mí y a 
otro preso nos encierran custodiados por dos guardias en una habitación perte¬ 
neciente a los oficiales de la ESMA ubicada en los pisos intermedios entre el 
sótano y el altillo (utilizados para los secuestros). Es decir que los demás oficia¬ 
les de la ESMA que no pertenecían al G. T., convivían permanentemente con los 
detenidos desaparecidos. 


Proceso de recuperación y liberación final 

Mi incorporación definitiva al grupo de presos en proceso de recuperación se pro¬ 
duce afines de abril de 1978, después de la muerte de Óscar De Gregorio. Soy 
designada para trabajar en la recopilación del diario peronista "Noticias", archivo 
que posee documentos de gran valor, entre otros una colección completa del diario 
"Democracia". Me atrevo a decir que este archivo poseía una de las recopilaciones 
de información más completa que sobre el peronismo debe haber en la Argentina. 
Una vez concluido este trabajo se me transfiere a otra tarea: escuchar el programa 
de la RAE y comprobar así si salían al aire los artículos confeccionados para tal fin 
en la ESMA. Un hecho fortuito contribuyó quizá, para que algún día me dejaran 
en libertad. El hermano del Capitán Jorge Costa, que frecuentaba periódicamente 
las macabras instalaciones de la ESMA, el entonces Mayor del Ejército Acosta 
Aubone apodado familiarmente "Chavi", (nombre con el cual también se le cono- 


137 

















cía allí adentro), hacía varios años atrás había sido novio de mi hermana menor lo 
que lo llevó a hacerse "responsable de mi salvación" y para lo cual me visitaba con 
frecuencia controlando personalmente mi recuperación. Esto le daba un poder so¬ 
bre mí que utilizaba para presionarme a mantener relaciones sexuales como mues¬ 
tra de mi recuperación. Mis relaciones sentimentales con mi actual esposo, conoci¬ 
das por el Capitán Acosta, me permitieron sortear las burdas presiones del Mayor 
del Ejército. El Capitán Acosta aprobaba nuestras relaciones porque le aseguraban 
dos cosas sobre mí: la superación de la desaparición de mi primer esposo y el 
reaseguro de mi comportamiento posterior porque consideraba recuperado a Raúl 
Cubas. Hacia fines de 1978 ya habían salido al exterior varios miembros del grupo 
de detenidos del proceso de recuperación; nuestra libertad era prácticamente un 
hecho pero las presiones continuaban. En los primeros días del mes de enero de 
1979 el Capitán Acosta me hace llevar a su despacho para hacerme saber que mi 
madre tenía que viajar a Puebla (México) para infiltrarse entre los familiares de 
detenidos-desaparecidos que irían a entregar una lista de desaparecidos durante la 
visita del Papa. Me niego terminantemente a meter a mi madre en semejante cosa 
y esto provoca la ira de Acosta, lo que determina que se retrase la fecha de mi 
liberación. Por gestiones personales del Secretario del Vicario Castrense Reveren¬ 
do Emilio Grasselli para conseguir visa y presionar en la decisión de la fecha de 
partida, viajo a Venezuela junto a mi actual esposo en un vuelo regular de Aerolí¬ 
neas Argentinas el 19 de enero de 1979 con un pasaje comprado por la Armada en 
la Agencia CAVISA (Compañía Argentina de Viajes Internacionales SA) sita en 
Av. Pte. Roque Saenz Peña 1122, Buenos Aires, Teléfonos: 35.88.88/89.00 bajo la 
cuenta corriente 0099-0033-o/GR 762456. Adjunto copia del pasaje como prueba 
que lo que afirmo es verdad. 


José Luis Herrero 

Una gran preocupación ocupaba mi mente y mi corazón desde que llegué al 
G.T.3.3.2., saber qué había sido de mi marido y padre de mis primeras tres hijas. 
Como respuesta a mis preguntas sólo obtuve un certificado de defunción registra¬ 
do en la Matanza, Provincia de Buenos Aires con fecha de fallecimiento 19 de 
enero de 1979 y como causa de muerte un paro cardíaco. José Luis Herrero desapa¬ 
reció el 9 de marzo de 1976 en la Pcia. de Mendoza según consta en hábeas corpus 
presentado en aquella fecha. Por medio de este testimonio, denuncio la desapari¬ 
ción de José Luis Herrero, L.E.N a 8.667.559 y exijo su aparición con vida y el 
juicio a los responsables de su incierto destino... 


138 
















Fragmentos del testimonio de Jaime Feliciano Dri, secuestrado en Uru¬ 
guay y trasladado hacia Argentina, sobreviviente de la ESMA, ante el Se¬ 
cretario de ECOSOC, Sr. Teodoro Van Boven 

... Regresando de Roma, donde el día 22 de noviembre de 1977 el Consejo Superior 
del Movimiento Peronista realiza una conferencia de prensa en la que participo y 
estando en Montevideo, República Oriental del Uruguay, en oportunidad de via¬ 
jar en compañía de Juan Alejandro Barrí (Secretario Político del Partido Monto¬ 
nero) en la ruta que conduce a las playas, fuimos interceptados por personal de las 
Fuerzas Conjuntas uruguayas y al ser chocado nuestro vehículo, volcó e inmedia¬ 
tamente abrieron fuego con armas de distinto calibre, donde muere el compañero 
Barrí y yo quedo herido en ambas piernas. Inmediatamente fui esposado con las 
manos atrás, vendados los ojos y "encapuchado", brutalmente golpeado y tirado 
sobre un auto y al cabo de andar varios minutos me introdujeron en los sótanos de 
una casa. Allí fui desvestido, quedando totalmente desnudo, dejándome esposado y 
atados los pies. Enseguida vino alguien a ver las heridas y dijo: "Perdió mucha 
sangre, pero está en condiciones, pueden darle nomás."...Comienzan a torturarme 
y la ejecutan conjuntamente personal de las Fuerzas Armadas uruguayas y oficia¬ 
les de la Marina argentina... 

... En un determinado momento me hacen sentar y ordenan que me saquen la 
"capucha" y las vendas de los ojos. En ese momento veo sentados frente a mí a 
cuatro hombres... que me dicen que eran argentinos y que "mañana te vamos a 
llevar a la Argentina. Al poco rato me visten y me sacan, colocándome sobre un 
vehículo; y a escasos minutos de andar llegaron a un lugar, donde al estacionar 
maniobran varias veces y uno dice "ponelo bien cerca para que no se vea". Me 
bajan rápido e inmediatamente me dicen: "cuidado la escalerilla", era para subir a 
un avión. Al subir me doy cuenta que era un avión chico porque tuve que agachar¬ 
me para pasar la puerta y luego adentro tuve que caminar agachado. Además entre 
ellos comentaron que algunos se quedaban porque no cabían... 

... Más adelante me entero que ese señor que habló por primera vez conmigo era 
"El Tigre", "Santiago" o "Aníbal", siendo su nombre legal Jorge Acosta, que es 
Capitán de Navio y Jefe del Grupo de Tarea de la ESMA (G. T. 3.3.2.) y con eso 
compruebo que ese señor en persona es quien me trajo de Uruguay... 

... A mediados del mes de abril me regresan a la ESMA, el compañero Óscar De 
Gregorio, que en el mes de noviembre del año 1977 había sido detenido en Uru¬ 
guay y entregado a la Marina, permaneciendo allí hasta fines de febrero y en el mes 
de marzo la Marina se "lo prestó" al Ejército, permaneciendo en ese tiempo en 


139 

















Institutos Militares que depende del I Cuerpo del Ejército. El día 26 de abril el 
compañero De Gregorio muere en los sótanos del Casino de Oficiales de la ESMA 
a consecuencia de la tortura y de la herida que tenía en los intestinos... 

... El lugar donde estuve detenido en Uruguay debe estar ubicado cerca del 
Aeropuerto Internacional de Carrasco porque constantemente escuchaba decolar y 
aterrizar aviones. También escuchaba el pasaje de vehículos a mucha velocidad, de 
manera que no estaba lejos de una ruta. Estando ya en la Marina (ESMA) me 
entero que el lugar donde estuve en Uruguay era una casa vieja, como un viejo 
castillo... 


Testimonio de Victoriano González Camargo realizado ante Amnistía In¬ 
ternacional (1983), sobre las circunstancias de su detención y la presencia 
en el centro clandestino de detención de OCOA -La Tablada- de Ornar 
Paitta, detenido desaparecido el 21 de setiembre de 1981 

Victoriano González, ex miembro del ejecutivo del Sindicato de Trabaja¬ 
dores Metalúrgicos, fue arrestado en la vía pública en Montevideo, junto 
con su hijo de nueve años, por hombres que dijeron pertenecer al Escua¬ 
drón de Narcóticos y Drogas Peligrosas, quienes lo obligaron a subir a un 
automóvil. Después de una discusión con sus captores le fue permitido 
dejar a su hijo en su casa, con su suegra. González fue entonces encapu¬ 
chado y obligado a yacer en el piso del automóvil. Fue llevado a un lugar, 
que por la duración del viaje, él cree que era el cuartel del Batallón de 
Infantería Blindada N e 13 (Nota: Se trata de La Tablada, que comienza a 
utilizarse en los primeros meses de 1977, luego de clausurarse el ubicado 
en el predio de Infantería Blindada N e 13). A su llegada se le preguntó si 
sufría de alguna enfermedad y le fue tomada la presión sanguínea. Des¬ 
pués de un tiempo fue subido por una escalera de caracol a un piso supe¬ 
rior. Allí fue obligado a desnudarse completamente siendo colgado en una 
barra. En esta posición se le aplicó choques eléctricos y fue golpeado en 
todo el cuerpo. Después de ser sometido a este trato por algún tiempo, 
una persona que él tomó por un médico, pidió que le fuera dado un baño 
caliente. El "médico" indicó que estaba preocupado que González pudie¬ 
ra morir, ya que estaba vomitando, con escalofríos y estremeciéndose 
convulsivamente. Se le permitió acostarse y fue cubierto con una frazada, 
pero aún así todavía temblaba y se estremecía después de tres horas. Se le 


140 















preguntó si se sentía mejor y él respondió que sí. De inmediato fue enton¬ 
ces puesto de pie con las manos contra la pared ("puesto inmediatamente 
en plantón") y obligado a mantenerse en esta posición durante la mayor 
parte de cinco días y cinco noches. Durante ese tiempo fue interrogado 
repetidamente. Luego fue llevado nuevamente escaleras arriba y otra vez 
colgado de una barra del techo. Cuando perdió el conocimiento como re¬ 
sultado del intenso dolor, fue descolgado. Más tarde fue llevado a enca¬ 
rarse con otro detenido cuya voz reconoció como la de Ornar Paitta. (Ha¬ 
bía desaparecido el 21 de setiembre de 1981). Inmediatamente después de 
esto fue obligado a soportar otro período de plantón por dos días. Duran¬ 
te este tiempo, una persona que él creyó que era un médico militar le 
interrogó y le tomó el pulso. En un interrogatorio posterior sus 
interrogadores prometieron dejarlo en libertad si él estaba de acuerdo en 
colaborar. Se le dijo que sería puesto en libertad, pero que sería detenido 
nuevamente después de dos semanas y que si trataba de escapar, su fami¬ 
lia sería arrestada. Se le señaló que si rehusaba colaborar, sería llevado 
por las fuerzas de seguridad en operativos posteriores y denunciado como 
delator. González afirma que le fueron tomadas fotografías arregladas por 
un fotógrafo encapuchado en compañía de otras dos personas que él co¬ 
nocía, y que fue amenazado que las fotografías podrían ser distribuidas 
en la calle. Más tarde se le permitió lavarse y durante la noche fue desper¬ 
tado y subido al mismo vehículo en que inicialmente había sido detenido. 
El asiento delantero había sido ajustado de tal forma que él no podía ser 
visto desde afuera. Más tarde se le quitó la venda de los ojos y fue abando¬ 
nado en la calle alrededor de las 00:30 horas. Durante el tiempo que estu¬ 
vo detenido (más de tres semanas) su familia no había recibido informa¬ 
ción concerniente a su paradero. 


141 

















142 


















Centros clandestinos de detención y unidades militares 

DONDE PERMANECIERON DETENIDOS LOS DESAPARECIDOS 


Los Centros Clandestinos de Detención (CCD) en Uruguay 

La utilización de esta variante de centros de detención, a diferencia de lo 
ocurrido años anteriores donde los detenidos políticos eran trasladados a 
unidades militares, coincide con los planes que se implementaban a esa 
altura en la Argentina, donde la represión se administró sobre la base de 
una estructura clandestina de centros distribuidos en todo el territorio, en 
los que operaban "grupos de tarea" integrados por personal militar, poli¬ 
cial o mercenario. 

Si bien en nuestro país las dimensiones de estas estructuras clandesti¬ 
nas fueron menores que en Argentina, debe contrastarse el dato con el 
hecho comprobado que la mayoría de las desapariciones en Uruguay ocu¬ 
rre en estos centros, independientemente de que se tratara de casas parti¬ 
culares adaptadas a esos fines o lugares especiales ubicados en predios 
militares. 

La coordinación de fuerzas y la intervención de los servicios de inteli¬ 
gencia comenzaron a operar bajo esta modalidad, estructurándose sobre 
la base de efectivos del Organismo Coordinador de Operaciones 
Antisubversivas (OCOA) y el Servicio de Información de Defensa. 

Centros clandestinos dependientes del Organismo Coordinador 
de Operaciones Antisubversivas (OCOA) 

Este Organismo fue creado en 1971 por el Comando General del Ejército y 
disuelto en 1985. Dependía directamente de las autoridades de cada Divi¬ 
sión del Ejército y estaba integrado por miembros de las diferentes armas 
del Ejército, por funcionarios policiales y por personal civil asimilado, como 
fueron los médicos y enfermeros que participaron en las sesiones de tortu¬ 
ra a los prisioneros. 

Todas las unidades militares disponían de efectivos que integraban este 
organismo y fue, a partir del año 1975 que comenzó a registrarse la utiliza- 


143 


















ción de centros clandestinos hada donde se conducían los detenidos para 
ser sometidos a tortura. El período de permanencia en ese lugar podía 
extenderse durante varios meses hasta que los detenidos eran trasladados 
al Juez Militar. 


CCD Punta Gorda, "300 Carlos R", "Infierno Chico" 

Ubicación: Rambla República de México 5515 en Montevideo. El origen de 
su posesión en manos de OCOA, fue a partir de la detención de miembros 
del MLN que la habían adquirido en los primeros meses de 1974. 



Fachada de la casa utilizada como Centro Clandestino de Detención denominado "300 Car¬ 
los, R", utilizada a partir de 1974. (Fuente: Nunca más, Serpaj, 1989) 


Descripción: Casa de dos plantas ubicada sobre la Rambla cuyos fondos 
dan a la calle Mar Ártico. Se ingresaba desde la Rambla hacia el garaje de 
la casa. Por una corta escalera interna, se ascendía directamente a la planta 
baja, al living de la casa. En ese lugar se procedía a elaborar la ficha del 
detenido. En esta planta había además una cocina, un baño y tres ambien¬ 
tes, en los cuales se torturaba e interrogaba a los detenidos. En planta alta, 
a la que se accedía por una escalera de dos tramos, había un baño grande y 
cuatro piezas más. Una de ellas daba al frente y tenía un balcón. También 


144 



















al frente y separada por un corredor había otra pieza que formaba la es¬ 
quina, con una ventana en cada pared. Había además un baño completo, 
complementario al de la planta baja, más chico y sin bañera. En la pieza 
grande al frente se realizaban los interrogatorios; en la otra más pequeña 
dormía la guardia; en otra estaban los prisioneros encapuchados y 
esposados, a la espera de nuevos interrogatorios, y en otra se reunían los 
oficiales. Desde este lugar donde permanecían semanas o meses, los dete¬ 
nidos eran trasladados a otro CCD, generalmente al "300 Carlos", "Infier¬ 
no Grande", o también, a lo que había sido un local del MLN denominado 
"Cárcel del Pueblo" ubicado en la calle Juan Paullier 1192. 


CCD "300 Carlos", "El Infierno Grande", "La Fábrica" 

Ubicación: Fue utilizado y funcionó como tal, desde principios de 1975 
hasta por lo menos abril de 1977, en uno de los galpones del Servicio de 
Material y Armamento (SMA), ubicado a los fondos del Batallón de Infan¬ 
tería Blindada N e 13 sito en Avenida de las Instrucciones 1325, Montevi¬ 
deo. El SMA como el Batallón de Infantería dependía directamente del 
Comando General del Ejército (CGE). 

Descripción: Se ingresaba al mismo a través de un portón de metal corre¬ 
dizo, con piso de cemento y techado con chapas en bovedilla, con ventana¬ 
les a la altura del techo. 


Fachada e ingreso al 
Servicio de Material 
y Armamento 
donde funcionó un 
Centro Clandestino 
de Detención 
entre 1975 y 1977. 



145 






















Fachada del Batallón de Infantería N e 13 y Servicio de Materiales y Armamento, ubicado 
sobre la Avda. de las Instrucciones. 


En el centro del galpón se ubicaban máquinas cubiertas con toldos. 
Por este motivo los detenidos que pasaron por este lugar lo denomina¬ 
ban "La Fábrica". De acuerdo a varios testimonios, esas máquinas ha¬ 
brían sido trasladadas del lugar, quedando fosas que estaban cubiertas 
por tablones de madera. Era común que los detenidos -encapuchados y 
con los brazos atados- cuando eran trasladados hacia el baño formando 
un "trencito", que consistía en apoyar la mano en el hombro del que 
caminaba adelante, tropezaran y se cayeran. Se podría deducir a partir 
de estos testimonios, que en realidad se tratara de otro de los galpones 
que también se utilizase como lugar de detención. A ambos lados del 
espacio central, contra los muros estaban los presos: los hombres de un 
lado y las mujeres del otro. 

Hacia uno de los lados existía un entrepiso con varias habitaciones al 
que se accedía por una escalera se madera. Esas habitaciones se denomi¬ 
naban "oficinas", y en la jerga militar, "carnicerías". 

En el otro extremo, estaban ubicados los baños. El pasillo del entrepiso 
con baranda de madera, unía todas las habitaciones que se utilizaban: al¬ 
gunas como sala de interrogatorio y tortura; otra de descanso para oficia¬ 
les y al fondo un baño. Del pasillo pendían tres cuerdas de lazos trenzados 
en las que se colgaban a los presos, atándolos desde las esposas. 


146 





















Responsables del SMA en las fechas en que se producen 
las desapariciones: 

Comandante de la Unidad: Teniente Coronel Juan José Pomoli Gambeta. 
Participa también en interrogatorios de militantes del Partido Comunista 
Uruguayo en el "300 Carlos". 

Segundo Jefe de la Unidad: Mayor Pablo Nelson Ulrich. 

Otros responsables y efectivos del 
Batallón de Infantería Blindado N a 13: 

Comandante: Teniente Coronel Mario J. Aguerrondo Montecoral 
Segundo Jefe y S2: Mayor Alfredo Roberto Lamy Satriani 
Capitán: Mario C. Frachelle Mussio 
Teniente 2 e : Mario Manuel Cola Silvera 
Teniente 2 e : García "Gorrión" 

Sargento l e : González "Pissini" 

En estos centros de detención los efectivos del OCOA utilizaban el alias 
de "Oscar" acompañado de un número, que indicaba el grado militar o 


"300 Carlos, R" (foto actual) 



147 






















policial; de esa manera "Oscar 1" refería al grado de Mayor y lo usaron 
indistintamente Ernesto Ramas y Victorino Vázquez. "Oscar 5" se refería 
siempre a un médico. 

En la División de Ejército I: General Julio César Vadora 

En el Comando General del Ejército: Coronel Calixto C. de Armas. 

Algunos efectivos que integraron el OCOA 
entre los años 1975 y 1976: 

Mayor (I), Ernesto Avelino Ramas Pereira 
Mayor ©, Victorino Hugo Vázquez Pérez 
Mayor (I), Adi Bique 

Capitán (Ing), Eduardo Augusto Ferro Bizzozero 

Capitán (I), Walter Juan Miralles Ponce De León "El Choclo" y "Mamut" 
Capitán (A), Gustavo Adolfo Taramasco Steimfeld 

Capitán (A), Jorge Alberto Silveira Quesada "Oscar", "Siete Sierras"; "Pa¬ 
jarito", "Chimichurri" 

Capitán (Ing), Antranig Ohannessian "El Turco" 

Capitán ©, Menotti Ortiz Del Puerto "El Cabezón" 

Capitán (I), Gustavo Eduardo Criado Carmona 
Capitán (I) Alberto D. Grignoli 
Tte. l e (I) José Luis Parisi Alegre 

Tte.2 e y l e (Ing) Roberto Alejandro Echavarría Ballesteros 
Clase: Selva o Xenia De Mello 
Clase: Ramón Díaz "Boquiña" 

Clase: De Los Santos "Delón" 

Clase: Selva García 

Efectivos policiales que integraron el OCOA: 

Comisario Abayubá Centeno, "Alem Castro" "Oscar 4", "La Momia", "Co¬ 
lina". 

Comisario Inspector Hugo Campos Hermida 


148 















Desaparecidos que estuvieron detenidos 
EN EL CENTRO DE DETENCIÓN "300 CARLOS", SMA: 

Eduardo Bleier Horovitz (Inicialmente en el CCD de Punta Gorda) 

Juan Manuel Brieba 
Femando Miranda Pérez 
Carlos Pablo Arévalo Arispe 
Julio Correa Rodríguez 
Otermin Montes De Oca 
Elena Quinteros Almeida 
Julio Escudero Mattos 


CCD "La Tablada" o "Base Roberto" 

Fue utilizado como Centro Clandestino de Detención del OCOA, entre 
enero de 1977 hasta 1983 inclusive. 



Fachada del edificio donde funcionó el Centro Clandestino de Detención La Tablada. Foto 
actual, tomada desde la parte posterior, donde se han agregado galpones. 


149 

























Foto aérea 
con el plano 
de ubicación. 


Ubicación: está ubicado en la intersección de Camino Melilla y Camino de 
las Tropas, actual Cno. de la Redención, al norte de Montevideo. A partir 
de 1985, funcionó como centro de seguridad del INAME para menores de 
edad, y actualmente es un centro de reclusión de la Dirección Nacional de 
Cárceles. 

Originalmente el edificio había sido construido como hotel en la zona 
de la Tablada Nacional, donde solían alojarse hacendados hasta la década 
del 50. 

Descripción: Al ingresar al predio, se recorría un trayecto en pendiente de 
pedregullo. A los presos se los hacía ingresar al recinto por una puerta chica 
ubicada a un costado de la casa. En la planta baja, estaban todas las celdas y 
calabozos que daban a un patio principal con un piso cubierto de baldosones 
rojos y amarillos, era el único lugar donde había luz natural que penetraba 
por una claraboya. Las paredes exteriores "incluyendo la oficina del coman- 


150 






















dante", tenían las ventanas tapiadas. Se ascendía al primer piso por una 
escalera ancha de mármol cuyas paredes tenían pajaritos pintados a relieve. 

En la planta alta existían diferentes piezas. En una, se le sacaban fotos a 
los presos y se les hacía la ficha. En otras se torturaba; estaba la del "gan¬ 
cho", en otra el "tacho" para el submarino, en otra se "picaneaba", en to¬ 
das había aislamiento para el sonido; además, había una habitación con un 
colchón donde tiraban a los presos que debían "reponerse". En esta plan¬ 
ta, había cortinados de terciopelo rojo y una terraza exterior desde donde 
sólo se veía campo y algunos árboles a lo lejos. 

Efectivos que actuaron en este centro clandestino 

DE DETENCIÓN EN LAS FECHAS EN QUE SE PRODUJERON DESAPARICIONES: 

Al frente del OCOA durante este período, continuó en funciones el Te¬ 
niente Coronel Ernesto Avelino Ramas Pereira. De las declaraciones del 
Comisario Inspector Hugo Campos Hermida ante la Comisión Investiga¬ 
dora sobre: el Secuestro y Asesinatos Perpetrados contra los legisladores 
Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini, se consigna que: (...) En el Año 
78 o 79 llamé al entonces Teniente Coronel Ramas, que estaba en el OCOA, orga¬ 
nismo coordinador de operaciones de la División del Ejército I. Yo lo llamo y le 
digo: "Mire Comandante"... 

De julio de 1979 a abril de 1982, el Comandante de la Unidad fue el 
Mayor (A) Gustavo Adolfo Taramasco Steinfeld "Alfredo". 

Desde abril de 1982 hasta el cierre: Capitán (I) Glauco José Yannone De 
León, alias "Javier", conocido por los detenidos en dicho centro, como 
"Isidorito". 

En enero de 1977 trasladaron detenidos del "300 Carlos" SMA, a este 
nuevo CCD, funcionando ambos centros en paralelo, hasta que el "300 
Carlos" fue cerrado en abril de 1977. 

En "La Tablada" los efectivos que operaban comenzaron a utilizar seu¬ 
dónimos o alias, cuya primera letra coincidía con la primera letra del 
apellido. 

Los siguientes son algunos nombres de esos efectivos reconstruidos a 
partir de diversos testimonios de detenidos que fueron conducidos a ese 
lugar: 


151 


















Entre los años 1977 y 1978: 

Capitán "Daniel" 

Capitán (A) Jorge Silveira Quesada "Isidoro" 

Capitán "Rodrigo" 

Teniente "Marcelo" 

Teniente "Federico" 

Teniente © Juan Manuel Pagóla Alzamora "Pedro" 

Entre los años 1981 y 1982: 

Capitán (I) Enrique Uyterhoeven "Ulises" 

Capitán (Ing) José Alonza Bazet "Ariel" 

Teniente l e (I) Jorge Grau "Gonzalo" 

Teniente l e (I) Wellington Sarli Posse "Simón" 

Teniente l e © Robert Terra Do Canto "Tomás" 

Confirmación oficial de la existencia de este lugar: 

Se transcribe a continuación el Oficio remitido al Fiscal Militar de Primer 
Turno Coronel Nelson Corbo, por el Comandante en Jefe del Ejército Te¬ 
niente General Carlos L. Berois, en respuesta a una solicitud de informa¬ 
ción por la denuncia por desaparición de Miguel Angel Matto Fagián. En¬ 
tre otras consideraciones, se consigna en dicho oficio, que este centro per¬ 
teneció a la disuelta OCOA. 

Reservado 
Ab N e 126386 
Ab N e 126386 

Señor Fiscal Militar de 1er. Turno 

Referente al Oficio N s 6/89 (Reservado) de esa Fiscalía, de fecha 4 de enero 
de 1989, se lleva a su conocimiento que no existen antecedentes en este 
Comando General respecto a la presunta detención de la persona que se 
cita, por parte del personal del Ejército. 

Asimismo, se hace saber al Señor Fiscal: 

A. - El Ejército no tuvo ni tiene instalación o establecimiento con la deno¬ 
minación indicada. 

B. - Sin embargo existiría la posibilidad de que se tratara de alguna cons¬ 
trucción ocupada por organizaciones militares, que recibiera esa denomi- 


152 















nación por parte del medio civil. En tal sentido, podría tratarse de una 
edificación estatal antigua (localizada en camino de las Tropas y Camino 
de la Redención) y actualmente bajo jurisdicción del Ministerio de Educa¬ 
ción y Cultura, la que fuera transitoriamente empleada como depósito y 
taller de vehículos por el "Órgano Coordinador de Operaciones Anti¬ 
subversivas" (OCOA). En caso de que eventualmente fueran tales instala¬ 
ciones, debe destacarse ante el Señor Fiscal que el OCOA, fue desactivado 
en 1985, no conservándose antecedente alguno al respecto a sus actuacio¬ 
nes o nómina de efectivos, en virtud del carácter secreto de las mismas y 
ateniendo a razones de seguridad individuales y familiares del Personal 
Militar. 

Saluda a usted atentamente 
El Comandante del Ejército 
Teniente General Carlos L. Berois 


Desaparecidos que estuvieron detenidos en este centro de detención: 

Luis Eduardo Arigón Castel 
Oscar José Baliñas Arias 
Oscar Tassino Asteazu 
Amalia Sanjurjo Casal 

Ricardo Alfonso Blanco Valiente (Inicialmente en La Casona de Av. Millán) 

Sebastián Félix Ortiz 
Antonio Omar Paitta Cardozo 
Miguel Angel Matto Fagián 

Centros clandestinos de detención utilizados 
por el Servicio de Información de Defensa: 

El Servicio de Información de Defensa (SID) dependiente directamente 
del Ministerio de Defensa Nacional e integrado por oficiales de diferentes 
armas y, durante la dictadura, también por policías. 

Este Servicio es responsable de la desaparición de uruguayos en Ar¬ 
gentina. Actuó amparado por la Secretaría de Inteligencia de Defensa del 
Estado, (SIDE) de Argentina y operó conjuntamente con efectivos del 
OCOA. 


153 














Efectivos de este Servicio intervienen en la detención-desaparición de 
María Claudia García De Gelman, en 1976; del maestro Julio Castro Pérez, 
en agosto de 1977 y de la desaparición del sindicalista Ricardo Blanco Va¬ 
liente, ocurrida en enero de 1978. 

Ubicación del SID: 

El SID estuvo ubicado en Larrañaga y Monte Caseros, (actualmente es sede 
de la Dirección General de Información de Defensa) y en el período que se 
investiga, estaba dirigido por: 

Director: General Amauri PRANTL 

Subdirectores: Coronel (Av.) José Uruguay Araújo Umpiérrez 
Coronel (Ej.) Pedro Víctor Font Raluy 
Capitán de Navio Juan Carlos Volpe Sañudo 

Efectivos del Dpto. III del SID (Operaciones) 

El Teniente Coronel Octavio H. González Segovia actuó como "301", hasta 
mediados de 1976, luego fue sustituido por Juan A. Rodríguez Buratti y 
más tarde por José Niño Gavazzo Pereira. 

301 Tte. Cnel. (Ejército) Juan Antonio Rodríguez Buratti 

302 Mayor (Ej.) José Niño Gavazzo Pereira "Niño" 

303 Mayor (Ej.) Juan Manuel Cordero Piacentin "Manolo" 

304 Mayor (Ej.) Carlos Ventura Martínez "Cui" 

305 Mayor (Ej.) José Ricardo Arab "Turco" "La Bruja" 

306 Capitán (Pol.) Ricardo José Medina Blanco "El Conejo" 

307 Capitán (Ej.) Gilberto Valentín Vázquez Bisio "Pepe" 

308 Capitán (Av.) Sasson 

309 Teniente l s (Ej.) Luis Alfredo Maurente Mata 

310 Teniente (Pol.) José Felipe Sande Lima 

311 Teniente 2 e (Pref.) Nelson Sánchez "Tomatera" 

312 Of. Princ. (Pol.) Luis Alberto Zabala López 

Efectivos del SID en otros Departamentos: 

Mayores: José Agustín Baudean Monteguraga (Dpto. II) Inteligencia 

José Walter Bassani Sasía 

Washington J. García 

Ornar Raúl Lacasa Antelo 

Walter Juan Miralles Ponce De León 


154 













Utilizó como centros clandestinos de detención, entre otros: 

CCD La Mansión o La Casona 

Ubicación: estaba ubicada en Bulevar Artigas 1488 casi Palmar, actual sede 
del Calen (Centro de Altos Estudios Nacionales). En 1976 fue el principal 
centro operativo utilizado por efectivos del SID. 

Descripción: Se trataba de una casa rodeada de jardines, que disponía de 
tres niveles: un subsuelo, con una pieza grande con piso de madera donde 
se alojaba a los prisioneros -se trataba en su totalidad de los uruguayos 
trasladados desde el centro clandestino de detención "Orletti" de Buenos 
Aires y a quienes se mantiene cautivos a su llegada a Uruguay, en el centro 
clandestino de Punta Gorda y trasladados días después a éste-; una planta 



Fachada actual de "La Casona" o "La Mansión" del SID, en Bulevar Artigas y Palmar. 
Actual Calen. 


155 


















baja reservada a los militares y a sus detenidos "especiales" y una planta 
alta. En esta planta fue vista Maria Claudia García de Gelman con su hija 
recién nacida y los hermanitos Julián Grisonas. A la casa se accedía por la 
puerta trasera. 


CCD "La Casona" 

Ubicación: estaba ubicado en la Avenida Millán 4269 casi Loreto Gomensoro 
(frente a PEPSI COLA), con acceso por el fondo, sobre la calle Albardón. 
Utilizado a partir de los primeros meses de 1977. 

De acuerdo a los datos que surgen del Registro de Traslaciones de Do¬ 
minio, la propiedad fue adquirida por Virginio Emiliano Pomato Debron, 
en marzo de 1977, soltero y domiciliado en la calle Mac Eachen 1664. En 
tanto no ha sido posible comprobar la identidad de esta persona, todo lle¬ 
va a suponer que se trata de una identidad falsa. 

La profesional que intervino en la compra y venta fue la Escribana Lui¬ 
sa Puig de Warschun, esposa del Oficial de Caballería Carlos A. Warschun 
Kuhn, entonces con el grado de Capitán y asignado a los Servicios de Inte¬ 
ligencia. Posteriormente, en el año 1980 la propiedad fue adquirida por el 
Fondo Social de Empleados y Obreros de la Empresa CUTCSA, para la 
construcción de un complejo de viviendas. 



-1 


Fachada de "La Casona" 


156 























Pasaje arbolado hacia la calle 
Albardón que se conserva, en la actual 
Cooperativa de Viviendas 



ALBWOCW 



AISMDQN 



AY. MILAN 

y planta principal (der.) de "La Casona". 


157 


LDRETQ GOMENSGftO 






























































































































El precio de compra se fijó en ciento ochenta mil pesos uruguayos. La 
operación de venta fue por un valor de doscientos mil dólares, equivalente 
a la suma de un millón setecientos noventa mil cuatrocientos pesos de la 
época, exigiendo el vendedor que la suma fuera entregada por la "socie¬ 
dad adquiriente" en el acto de firma por lo que el vendedor "otorga carta 
de pago total". Este episodio llamó la atención de los presentes, poco usual 
en este tipo de transacciones inmobiliarias. 

En el año 2002, ante versiones de vecinos sobre la existencia de un pozo 
en el predio de esta casa, que eventualmente podría haber sido utilizado 
para inhumar restos, la Comisión de Derechos Humanos del PIT-CNT pro¬ 
movió la investigación de dicho lugar, con el patrocinio de la Comisión 
para la Paz. Finalmente, el 31 de mayo de 2002 con la intervención de la 
Justicia se procedió a la apertura del lugar encontrándose restos de vesti¬ 
mentas y materiales de construcción. A la fecha de cierre del presente in¬ 
forme se desconocen los resultados de las pericias realizadas. 

Descripción: Según testimonio de un secuestrado se consigna que: al llegar, 
hay un camino de pedregullo -piedritas en la subida-, se subía por una escalera 
exterior donde se escuchaba un chorro de agua; en la sala donde me dejan, había un 



158 























ventilador con paletas azules. Un baño chico, de un metro y medio, chico pero nuevo, 
con baldosones blancos, water, duchero. La casa tenía un patio donde paraban autos. 
Una especie de sótano con rampa, porque me sentía parado en un plano inclinado, 
oía que llegaban vehículos y que se abrían y cerraban puertas en la planta alta. 

Efectivos que actuaron en este centro: a la fecha, sólo se conocen los alias 
que utilizaban: 

"Julio César" 

"Sandokan" 

Soldado: "El Enano" 

Desaparecidos que estuvieron detenidos en este centro: 

1977, Julio Castro Pérez 

1978, Ricardo Blanco Valiente quien fue posteriormente trasladado a "La 
Tablada" 

Unidades militares donde hubo desapariciones 

Grupo de Artillería 105 mm. N a 1 

Ubicado en la intersección de las calles Santín Carlos Rossi y La Boyada de 
la ciudad de Montevideo. En el mismo predio esbivo ubicado hasta el año 
1975 el Grupo de Artillería Anbaérea N e 1, actualmente en ruta 34, Km. 41.500. 

Responsables y efectivos en esta unidad militar: 

Comandante: Tte. Cnel. Alfredo Anselmo Rubio 

2 e Jefe: Mayor Hugo H. Bértola 

Jefe del S 2: Mayor José Niño Gavazzo Pereira 

Capitán Rubén Atibo Sosa 

Capitán Mario C. Mouriño 

Capitán Tabaré F. Acuña 

Teniente l e Jorge Silveira 

Descripción: Los calabozos o celdas estaban ubicados sobre los muros que 
rodean el predio. A pocos metros, estaba un recinto de dos plantas: en la plan¬ 
ta baja estaban las celdas donde permanecían los presos que estaban siendo 
interrogados; en la planta alta, se realizaban los interrogatorios y las torturas. 


159 


















Fachada del grupo de Artillería N a 1, Santín Carlos Rossi y La Boyada. 


Centro de detención y tortura en el grupo de Artillería N e 1. 



160 

























En una de estas celdas fue visto y asistido por otros presos, Eduardo Pérez, 
antes de que fuera trasladado en estado muy grave al Hospital Militar. 

Desaparecidos que estuvieron detenidos en este lugar: 

1973, Roberto Gomensoro Josman (Existen indicios de que pudo estar en 
este lugar, donde murió a las pocas horas, y su cuerpo fue arrojado en el 
lago del Rincón del Bonete, en Tacuarembó) 

1974, Eduardo Pérez 


Regimiento de Caballería Mecanizada N a 6 

En el año 1974 estaba ubicado en la calle los Pirinchos entre Camino Do¬ 
mingo Arena y Camino Capitán Tula. Posteriormente fue trasladado a la 
ciudad de San Ramón en Canelones. 

Responsables y efectivos en esta unidad militar: 

Comandante: Teniente Coronel (?) 

2 e Jefe: Mayor Victorino Hugo Vázquez Pérez 


Fachada de ingreso donde estaba el Regimiento de Caballería Mecanizada N° 6. 



161 
























Unidad del Ejército donde funcionó el Regimiento de Caballería N° 6, vista por los fondos. 


Capitán Alexis R. Grajales 
Tte. l e : Wilder Borba 

Miembros del OCOA que actuaron en esta unidad militar: 

Capitán (A) Juan Manuel Cordero Piacentini 

Tte. l e (I) Gustavo Eduardo Criado Carmona 

Tte. 2° (Ing) Roberto Alejandro Echavarría Ballesteros 

Desaparecido que estuvo detenido en este lugar: 

1974, Luis Eduardo González González 


Batallón de Ingenieros de Combate N a 4 

Ubicación: Está ubicado entre Ruta 9 y Laguna del Sauce al este de la Base 
Aeronaval Capitán Curbelo, perteneciente a la División del Ejército IV. 

Descripción: Los presos eran torturados en una zona cercana a los chique¬ 
ros existentes en esa unidad. Algunos testimonios dan cuenta de que se 
realizaba el "submarino" en la orilla de la laguna. 


162 





















Responsables y efectivos en esta unidad militar: 

Comandante: Teniente Coronel (?) 

Mayor Julio A. Techera "El Caballo" 

Capitán Víctor H. Stocco 
Capitán Eduardo Y. Giordano 
Capitán Nelson Silvera 
Alférez Dardo V. Barrios 

Miembros de OCOA que actuaron en esta unidad militar: 

Mayor (I) Jorge R. Premoli 
Teniente (I) Juan A. Cirillo 

Desaparecido que estuvo detenido en este lugar: 

En 1976: Horacio Gelós Bonilla (En su detención intervienen integrantes 
del OCOA y otros efectivos del Batallón de Ingenieros de Combate N e 4) 


163 





























Base Aérea Boiso Lanza 


Ubicación: Camino Mendoza e Instrucciones 



PARE 


Puerta de ingreso a la Base Aérea Boiso Lanza. 

Descripción: Los presos hombres eran alojados en celdas que se denomi¬ 
naban "perreras" (se trataba de las casillas donde estaban los perros utili¬ 
zados por los efectivos). Cercano a ellas, se ubicaba la sala de interrogatorios 
y tortura. Las mujeres eran alojadas en una torre existente que contaba con 
cinco celdas pequeñas. 

Responsables y efectivos de ese lugar. 

Coronel (Av.) José Uruguay Araújo Umpiérrez 
Capitán (Av.) Hugo L. Spinatelli 
Teniente (Av.) Enrique Rivero 
Alférez (Av.) Alejandro López 
Sargento (Adm.) Carlos Pedroso 

Desaparecidos que estuvieron detenidos en este centro: 

1974, José Arpiño Vega 
1976, Ubagesner Chávez Sosa 


164 




















Uruguayos 
Detenidos Desaparecidos 

en Argentina 


165 














166 


















Introducción 


A partir de la restauración democrática en Argentina en 1973, cientos de 
uruguayos comenzaron a emigrar por razones económicas y en particular, 
por razones de persecución política y/o sindical en Uruguay 

Mientras tanto Chile, ofrecía particularmente a la izquierda uruguaya, 
la posibilidad de insertarse en un medio donde había mucho para dar y 
construir una "nueva sociedad". Chile además, aceptaba a aquellos mili¬ 
tantes uruguayos que estando presos, tenían la posibilidad de salir de la 
cárcel optando por "la libertad, con expulsión del país". Cuando el Golpe 
de Estado en Chile (setiembre del 1973) contra el Gobierno Constitucional 
de Salvador Allende, aquellos jóvenes uruguayos debieron pedir refugio 
en embajadas de países europeos y latinoamericanos. Países firmantes de 
la Convención de Naciones Unidas en 1945. 

Decenas fueron los que estuvieron presos en el Estadio Nacional de 
Chile hasta que algún gobierno solidario les dio refugio, y los fueron sa¬ 
cando del país. Algunos que no pudieron escapar de aquella masacre, en 
algún lugar fueron detenidos y hoy están desaparecidos. 

Muchos pudieron huir hacia Argentina, atravesaron los Andes y evita¬ 
ron ser detenidos tan sólo por ser extranjeros. Pocos días después del Golpe, 
las nuevas "autoridades" y sus aparatos represivos, manejaban listados con 
nombres y fotos de uruguayos "requeridos" por las Fuerzas Conjuntas 
(FFCC) uruguayas. En las fronteras, también manejaban dichas listas. 

En Argentina, las agrupaciones políticas se reorganizaron, hubo nue¬ 
vos acuerdos tácticos y estratégicos entre diferentes grupos. Los urugua¬ 
yos en "el exilio" se nucleaban, se ayudaban unos a otros, proporcionando 
un lugar en la pensión o vivienda -el que la tenía-, dando una mano con el 
trabajo o auxiliando al compañero que lo necesitase. Se respiraba nueva¬ 
mente "en democracia", tanto es así, que para el primer aniversario del 
Golpe de Estado en Uruguay, se realizó un acto político. En la reunión 
preparatoria 95 uruguayos fueron detenidos por la policía y fichados: hue- 


167 














lias digitales, fotos, direcciones. Algunos quedaron detenidos por años. 
En esas detenciones actuaron miembros de la Policía Federal argentina y 
miembros de la Jefatura de Policía de Montevideo. 

Los aparatos represivos mientras tanto intercambiaban información, se 
ayudaban y colaboraban dentro y fuera de fronteras. Ejemplo de ello es el 
expediente remitido por la Jefatura de Policía de Montevideo a la 
Superintendencia de Policía Federal, encontrado en los archivos de los 
Servicios de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires 
(SIPBA). El voluminoso expediente policial consta de más de 600 fojas con 
información sobre presuntos integrantes del MLN-Tupamaros; requisitorias 
con nombres, datos personales y fotos (en varios casos con más de una 
foto) de más de 60 uruguayos sindicados como militantes de izquierda. 

Aún en "democracia" bajo el Gobierno de Isabel Perón, miembros del 
Ejército uruguayo detuvieron e interrogaron a militantes del MLN en la 
Brigada de San Justo, quienes posteriormente, sin ser procesados, perma¬ 
necieron detenidos por decisión del Poder Ejecutivo Nacional (PEN). 

A partir del Golpe de Estado (24.03.76) todo el territorio argentino se 
convirtió en una trampa mortal. Entre los pedidos de captura que salieron 
de Jefatura de Policía y el accionar directo de los diferentes servicios de inte¬ 
ligencia de Uruguay: Servicio de Inteligencia de Defensa (SID), Órgano 
Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA), Compañía de 
Contrainformaciones (C/CIE) y el Servicio de Inteligencia de los Fusileros 
Navales (S2 del FUSNA) con el apoyo directo de la Fuerza Aérea para 
eventuales traslados ilegales; más los propios aparatos represivos de Ar¬ 
gentina que reprimían a sus propias organizaciones políticas, entre las 
cuales militaban también algunos uruguayos; entre 1976 y 1982 desapare¬ 
cieron aproximadamente 180 ciudadanos uruguayos. 

La cantidad exacta aún no se ha podido precisar ya que hasta la fecha 
siguen produciéndose nuevas denuncias y nuevos hallazgos documenta¬ 
les: es por eso que se trata de una lista abierta, que día a día incorpora 
nuevas informaciones sobre nombres, circunstancias, responsables, etc. 

En el Capítulo Testimonios y Documentos de Detenidos Desaparecidos 
en Argentina, se presenta un listado de uruguayos "víctimas" en Argenti¬ 
na, resumiéndose el tipo de violación que sufrieron. Dicho cuadro permite 
recrear las diferentes etapas por la que transcurrió el período analizado: 1 


1. Testimonios y otros Documentos, página . 


168 

















• Desde comienzos de la década del 70 hasta fines de 1975, predominó 
el asesinato y la prisión y muy incipientemente la desaparición forzada. 
También existieron traslados ilegales hacia Uruguay 

• Desde 1976 hasta mediados del mismo año -por lo menos en lo refe¬ 
rente a los uruguayos-, aumentan las desapariciones, existe un traslado 
masivo ilegal de detenidos -y desaparecidos para sus familiares-, hacia 
Uruguay Recién meses después será reconocida su internación en cárce¬ 
les uruguayas. Más adelante, seguirán existiendo algunos traslados pero 
aparentemente excepcionales. 

• Desde agosto del 76 en adelante, la forma represiva para el detenido, 
su familia y la sociedad toda, será "no se sabe". Esta situación se prolonga 
hasta el día de hoy. A la caída de la dictadura argentina, cuando comenza¬ 
ron a aparecer las imágenes horrendas en la prensa, de topadoras abrien¬ 
do "tumbas NN" y declaraciones de marinos hablando de "vuelos de la 
muerte", ese "no se sabe" se convirtió en "desaparecidos". 

• A lo largo de todos los períodos, existieron casos de presos liberados 
desde los propios Centros Clandestinos de Detención (CCD), que por dis¬ 
tintos motivos sus captores decidieron dejar en libertad. Es gracias a esos 
liberados, que se ha podido conocer "algo" de lo que sucedía en estas cár¬ 
celes clandestinas y la identidad de algunos represores. Muchos hijos, pa¬ 
rejas, padres y hermanos pudieron tener así alguna noticia de sus familia¬ 
res desaparecidos. 

Se ha dicho incansablemente que las Fuerzas Conjuntas uruguayas, ac¬ 
tuaron de manera diferente a la de sus pares argentinos y chilenos. Pero 
dentro de fronteras instrumentaron un modelo de destrucción del ser hu¬ 
mano con cárceles, torturas -en muchos casos hasta la muerte-, incomuni¬ 
cación y aislamiento total (como fue el caso de los/las rehenes), prisiones 
muy largas por delitos menores, un trabajo muy refinado para "enloque¬ 
cer" a aquellos a quienes "debían proteger" en sus prisiones, enfermeda¬ 
des curables mal o tardíamente tratadas, y un sinnúmero de hechos que se 
podrían seguir enumerando. Tampoco obviaron las FFCC uruguayas, el 
secuestro de niños y su apropiación indebida; no son tantos casos como en 
Argentina, pero con sólo uno, alcanza para demostrarlo. 

En resumidas cuentas, no fueron muy distintas, porque sabiendo cómo 
se actuaba en Argentina siguieron haciendo pedidos de captura y en la 
mayoría de los casos, se hicieron presentes miembros de los Servicios de 


169 

















Inteligencia uruguayos en los Centros Clandestinos de Detención (CCD) 
en Argentina para interrogar y torturar a los detenidos uruguayos. 

A esta coordinación de los aparatos represivos del Cono Sur se le llamó 
"Plan Cóndor". Se adjuntan en el Capítulo Testimonios y Documentos de 
Detenidos Desaparecidos en Argentina, varios testimonios de víctimas de 
la coordinación represiva entre los distintos gobiernos de la época. 


170 















Uruguayos detenidos desaparecidos en Argentina 

ORDENADOS CRONOLÓGICAMENTE DE ACUERDO A LA 
FECHA EN QUE OCURRIERON LOS HECHOS 


DARÍO GILBERTO GOÑI MARTINEZ 

Nació en Canelones el 8 de enero de 1948, hijo de Olga 
Nelly Martínez y Gilberto Goñi Fernández. 

Cursó escuela primaria en el Colegio San Francisco 
de Sales (Maturana) hasta 2 S año de liceo y luego en el 
Instituto Elbio Fernández. Trabajó en la planta de 
ANCAP en Joanicó y con su padre, en una pequeña 
industria de fabricación de bolsas de arpillera. 

Se casó con Ana María con quien tuvo dos hijos: Darío Javier y Patricia 
Lourdes. En abril de 1970 se radicó por trabajo en Paraguay, haciéndolo 
como taximetrista. En esas circunstancias era conocido como "el 
uruguayito". 

A través del diario EL DIA del 19 de agosto de 1970, la familia se ente¬ 
ra que fue detenido en Paraguay. Un artículo titulado " Paraguay: Urugua¬ 
yos en un Plan Subversivo" consigna que: " Los cuatro secuestradores deteni¬ 
dos en Paraguay han sido identificados como Darío Gilberto Goñi -sería uru¬ 
guayo-, Juan José Ávila, Salam Ibram Mesconi y Horacio Marcos Cano -argen¬ 
tinos-". 

Juan José Avila fue posteriormente puesto en libertad y detenido nue¬ 
vamente en septiembre de 1977 en Jujuy, donde permanece desaparecido. 

Goñi, en cambio, habría sido entregado a las autoridades argentinas. 
En los años 1973 o 1974, fue visto e identificado por otro detenido en el 
penal de Villa Devoto. 

En 1978 su madre recibió una carta procedente de México, en la cual 
Roberto, un amigo de su hijo del barrio, le decía que había estado con 
él en dicho establecimiento penitenciario. De parte de las autoridades 
del gobierno uruguayo o argentino, nunca supo nada. Permanece desa¬ 
parecido. 



171 

















WASHINGTON JAVIER BARRIOS FERNANDEZ 


Nadó en Cúcuta, Depto. de Santander, Colombia, el 17 
de setiembre de 1952, hijo del matrimonio uruguayo 
formado por Washington René Barrios e Hilda María 
Fernández de Barrios. 

Cursó los tres primeros años de escuela en el Colegio 
y Liceo San Francisco de Sales (Maturana) y cuarto año 
de liceo en el Colegio Palotti. Luego realizó preparato¬ 
rios en el IAVA e ingresó a la Universidad en la Facultad de Derecho. Traba¬ 
jó en la Agencia Dodero y en Tienda Inglesa y militaba en el MLN Tupamaros. 

Estaba casado con Silvia Reyes quien, junto a Diana Maidanick y Laura 
Raggio fueron asesinadas en un operativo de las FFCC el 21 de abril del 74, 
en la calle Soler y Ramón de Santiago del barrio Brazo Oriental, Montevi¬ 
deo. Actuaron en el operativo miembros del Grupo de Artillería 105 mm 
N s 1 y miembros de OCOA. 

El día anterior Washington se había ido a la Argentina. 

Desapareció el 17 de setiembre de 1974, en el barrio Cabo Fariña, calles 
6 y 9 de la ciudad de Córdoba. Fue detenido en su domicilio junto a cinco 
argentinos vinculados al ERP, quienes un año más tarde fueron liberados. 
Estuvieron todos detenidos en la Dirección de Coordinación Federal, has¬ 
ta el 11 de octubre. Posteriormente, Washington habría sido trasladado a 
un Centro de Detención en Lomas de Zamora (Prov. de Buenos Aires) y 
luego a la Unidad 9 del Ejército (U-9) en La Plata. 

Los primeros días de octubre del mismo año, algunos presos vincula¬ 
dos a Silvia Reyes, Maidanick y Washington, fueron sacados de los pena¬ 
les y trasladados a la Brigada de Infantería 1 (Km. 14, Cno. Maldonado, 
Uruguay) entre ellos: Stella Reyes y Juan Francisco Quiñones. Fueron inte¬ 
rrogados sobre Washington y les fue mostrada una foto de él, procedente 
de una ficha policial. 

Entre el 21 y el 22 de octubre de 1974 efectivos de las Fuerzas Armadas 
uruguayas entre ellos: José N. Gavazzo y Armando Méndez se presenta¬ 
ron en el domicilio de los padres en Montevideo, llevaban una esquela 
escrita por el mismo Washington diciendo que estaba bien, e informaron 
que estaba detenido en Argentina. 

El expediente judicial existente en el Juzgado Federal N e 2 de la ciudad 
de Córdoba (1974), cuya copia integra el legajo de Washington Barrios en 



172 


















la Secretaría de DDHH (Argentina) consigna que existió un pedido de cap¬ 
tura por parte de las autoridades uruguayas y que, en febrero de 1975, 
siendo trasladado de la U-9 de La Plata hacia Córdoba "el detenido se dio 
a la fuga". 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada del ciudadano uruguayo Washington Javier Barrios Fernández 
(C.1.1.278.618-7), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que 
permiten asumir que: 

1. Fue detenido el día 17 de septiembre de 1974, en la casa de unos amigos -a 
los que también detuvieron y liberaron posteriormente-, ubicada en el ba¬ 
rrio Cabo Fariña, calle 6 y 9, de la ciudad de Córdoba, por fuerzas que actua¬ 
ron en el marco de un procedimiento registrado como oficial. 

2. Permanece en dependencias de la Policía Federal hasta el 11 de octubre de 
1974, fecha en la que es trasladado, por orden judicial, de Córdoba a La Plata. 

3. El día 20 de febrero de 1975, según orden judicial, debía ser llevado de Re¬ 
greso a Córdoba. Oficialmente se informa que se "fugó" en el trayecto La 
Plata - Córdoba. 

4. No existen indicios sobre su destino posterior. 

NATALIO ABDALA DERGAN JORGE 

Nació en la ciudad de Rivera el 18 de diciembre de 1922. 

Vivió con sus padres cerca de veinte años en el norte 
de Brasil. Luego se instaló en Montevideo, formó pare¬ 
ja y de esta unión nació su hijo Ernesto. 

Militante del MLN fue detenido en 1968 y liberado 
en 1971, permaneciendo preso esos años en el Penal de 
Punta Carretas. 

Una vez liberado viajó a Chile y se vinculó al MIR chileno. Se casó con 
Ana Luisa Borrazza (chilena) y después del Golpe de Estado se asiló en la 
embajada Argentina en dicho país, hasta que el 18 de enero de 1974 le fue 
concedido el refugio político. Residió con su esposa en la "Villa 25 de Mayo" 
de la Provincia de Buenos Aires. 

A la edad de 52 años, el 28 de noviembre de 1974 por la mañana, Natalio 
se dirigió a las oficinas de CAREF (oficina de ayuda de NU a los refugia¬ 
dos). A la salida del lugar fue secuestrado en la vía pública junto a A. M., 
por varias personas vestidas de civil fuertemente armadas. 



173 



















El jueves 28 Natalio salió de su casa con la finalidad de realizar trámites en 
horas de la mañana. No se supo de él hasta la noche. A las 23:15 apareció en su casa 
en deplorables condiciones físicas, ocasionadas por evidentes torturas. Lo acompa¬ 
ñaban aproximadamente 11 hombres, todos ellos armados. En la casa se encontra¬ 
ba su compañera de nacionalidad chilena y en un departamento al fondo, una 
uruguaya con sus dos hijas de seis y cuatro años respectivamente. La casa estaba 
alejada de la ciudad y aislada del vecindario. 

Luego de abrir la puerta ante los requerimientos de los policías que acompaña¬ 
ban a su esposo, su señora fue detenida y de inmediato comenzaron los 
interrogatorios. La vecina del fondo fue llevada a lo de Dergan. Los interrogaron 
en distintas habitaciones. El castigo fue brutal y se prolongó hasta avanzada la 
madrugada. A la mujer de Dergan le preguntaban sobre su actuación en Chile y 
Argentina, sobre la gente que veían, sobre las actividades presentes y pasadas de su 
compañero. 

La señora de Dergan fue castigada brutalmente y violada por tres de sus captores. 
A Natalio para evitar que gritara, le tapaban la boca con cinta adhesiva. Al regis¬ 
trar la casa rompieron todo lo que encontraron, salvo objetos de valor que luego se 
llevaron. 

Comandaba el grupo un hombre de unos 40 años, corpulento, argentino, al que 
llamaban ",don Chicho", que portaba un aparato de radio con el que se comunicaba 
con el exterior. Se identificaban pidiendo comunicación con un número de varias 
cifras. La mujer de Dergan escuchó parte de los diálogos radiales, que se referían a 
la identidad de los detenidos y ala marcha de los interrogatorios. 

Aseguran las sobrevivientes, que identificaron entre los secuestradores a dos 
chilenos y a dos uruguayos, el resto serían argentinos. 

Antes de retirarse a las 4.30 aproximadamente, intimaron a las mujeres para que 
abandonaran el país en un plazo de 10 días, manifestando que se llevaban a Natalio 
para continuar interrogándolo y asegurando que no volverían a verlo con vida. 

Según el ex marino uruguayo Daniel Rey Piuma, Dergan fue secuestrado 
en la vía pública en la ciudad de Buenos Aires, el día 28 de enero de 1975. Su 
cadáver fue hallado en la provincia de Buenos Aires. Su identificación resultó muy 
dificultosa porque el cadáver presentaba las manos cortadas. 1 Esta versión, no ha 
sido confirmada por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) 
ni por ningún otro organismo. 


1. Crímenes del Río de la Plata, de Daniel Rey Piuma, editado por El Cid Editor en junio de 1984. 


174 

















La Comisión para la Paz considera parcialmente confirmada la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Natalio Dergan Jorge (C.1.617.117) 
porque ha recogido elementos de convicción que permiten concluir que: 

1. Fue detenido el 28 de noviembre de 1974 en horas de la mañana en la vía 
pública, en Buenos Aires, por fuerzas represivas que actuaron en un procedi¬ 
miento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Fue conducido, sobre las 23 horas a su domicilio y sacado de éste encapucha¬ 
do, luego de haber sido duramente golpeado, alrededor de las 4 horas de la 
madrugada del día 29 de noviembre de 1974. Fecha en la cual se perdió todo 
contacto con él. 

3. No se ha podido confirmar su destino posterior. 

JOSÉ LUIS BARBOZA IRRAZÁBAL 

Nació en Montevideo el 2 de octubre de 1949. Hijo de Luis Ciríaco Barboza 
y Amabilia Irrazábal. Estaba casado con María Socorro Caetano, uruguaya 
con la cual tuvo 2 hijos: Sebastián y Verónica. 

Viajó a Argentina por razones de trabajo en 1970 y meses después lo 
siguió su familia. Se domiciliaban en Doblas 146, Caballito. 

Desapareció el 17 de marzo de 1975 cuando salía por la mañana para su 
trabajo. Personas de civil lo obligaron a subir a un auto Ford Falcon, según el 
relato de vecinos. Había militado en Uruguay vinculado al PCU pero en 
Argentina, "sólo trabajaba muchísimas horas". Su esposa cree que quizás, a 
nivel sindical podría estar haciendo algo. Su familia no volvió a saber de él. 

Con posterioridad a la denuncia inicial, su esposa e hijo mayor fueron ob¬ 
jeto de seguimientos y ella denunció éste hecho ante la Comisaría del barrio. 


EDUARDO DEL FABRO DE BERNARDIS 

Nació en Montevideo el 12 de marzo de 1950. Hijo de 
Aldo Del Fabro y Giannina De Bernardi. Por ser hijo de 
italianos, tenía la ciudadanía ítalo-uruguaya. En Uru¬ 
guay, estudiaba Arquitectura y vivía en la calle Galicia 
1231 apto. 4 de Montevideo. 

Se trasladó a Argentina, donde trabajaba como obre¬ 
ro tornero. Contrajo enlace con Beatriz Barbot 
Docampo, uruguaya, con la que tuvo dos hijas: Inés María y María José. 



175 




















Se sabe que en Uruguay pertenecía al Movimiento 26 de Marzo, y en 
Argentina se habría vinculado al ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). 

Fue detenido en un operativo policial en la localidad de Guernica, Pro¬ 
vincia de Buenos Aires, el 27 de agosto de 1975. En esa fecha y posterior¬ 
mente a su detención, también fue allanado su domicilio donde vivía con 
su esposa, siendo requisados los documentos personales de ambos. 

Por instrucciones de la Cámara Federal Nacional de Apelaciones en lo Crimi¬ 
nal y Correccional de Buenos Aires, con la colaboración del Equipo Argentino 
de Antropología Forense y el patrocinio de la Comisión para la Paz, se obtu¬ 
vieron las pericias forenses realizadas a un cuerpo NN hallado el 10 de setiem¬ 
bre de 1975, en Camino Juan B. Justo, a 300 metros de la Ruta Panamericana, 
localidad de Sarandí del Partido Avellaneda. 

Realizadas las comparaciones de las fichas dactiloscópicas se pudo concluir 
que coincidían con las de Eduardo del Fabro. El cuerpo fue hallado por un 
vecino del lugar, se encontraba envuelto con una manta, desnudo, con los ojos 
vendados, presentaba quemaduras en diferentes partes del cuerpo y otras le¬ 
siones de entidad. El cuerpo fue inhumado como NN en el Cementerio Muni¬ 
cipal de Avellaneda. Sus restos no han sido recuperados. 




ROBERTO WALDEMAR CASTRO PINTOS 

Nació en Durazno el 9 de julio de 1952. Hijo de Juan 
Eduardo Castro y Ermenilda Pintos. Cuando tenía dos 
años su familia se trasladó a Cerrillos, Canelones, don¬ 
de cursó Primaria y Secundaria. Militaba en el Partido 
Comunista. 

Se trasladó a Argentina en diciembre de 1974. Allí 
se domiciliaba en Pasco 1275, Buenos Aires. Posterior¬ 
mente en San Juan 2086, pensión donde acostumbraban parar otros uru¬ 
guayos, entre ellos Adán González, radicado en Cerrillos, Canelones. Tra¬ 
bajaba en un bar sito en Combate de los Pozos 1245, propiedad de Carlos 
Vargas. 

Desapareció en diciembre de 1975, hecho del que se enteró su familia 
por una carta enviada por Alfredo Never Marenco, amigo suyo. También 
aportó información a la familia Mario Navarro, uruguayo, que vivía en la 
misma pensión. Tanto Marenco como Navarro son oriundos de Cerrillos y 
viven en Buenos Aires. 


176 
















La última vez que Roberto había viajado a Uruguay, relató a su familia 
que tenía una pareja de nacionalidad paraguaya Oilda Ayala, y que de esa 
unión había nacido un hijo. Oilda y su hijo viven actualmente en Asun¬ 
ción, Paraguay. 

La Comisión para la Paz considera descartada -en principio y sin perjuicio- la 
denuncia presentada con relación al ciudadano uruguayo Roberto Waldemar 
Castro Pintos (C.I. 70.590), en función de que no ha accedido hasta la fecha a 
información o evidencia que vincule su destino con los temas a cargo de la 
Comisión. 


JUAN MICHO MICHEFF JARA 

Nació en Ecilda Paullier, Depto. de San José, el 29 de 
enero de 1945. Vivió en el barrio Bella Italia, cursó es¬ 
tudios primarios en escuela pública y secundarios en 
la UTU. Militaba en el Frente Amplio. Se casó con Ma¬ 
ría Esther Luzio, quien quedó en Uruguay embaraza¬ 
da, cuando él se fue a buscar trabajo en Argentina. Del 
matrimonio nació una niña, Catherine, quien nunca lle¬ 
gó a conocer a su padre. 

En Argentina, Juan se desempeñaba como obrero de la construcción. 
Allí se vinculó a otros frenteamplistas y vivía en una pensión ubicada en 
Estanislao del Campo 1179 en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires. 

En el año 2000, su hija se presentó ante el Grupo de Madres y Familiares 
de Uruguayos Detenidos Desaparecidos y la Comisión para la Paz pregun¬ 
tando por la posibilidad de que su padre fuese un desaparecido políüco. 

Entre los datos que aportaba, estaba la carta en que el dueño de la pen¬ 
sión, Sr. Enrique Amoedo le comunicaba a la familia que: en la pensión había 
habido un allanamiento en los primeros días de diciembre de 1975 por parte de 
la Policía Federal y que de allí se habían llevado a los extranjeros. Que en su mayo¬ 
ría habían sido liberados, pero que Juan MICHEFF no había vuelto a buscar ni 
siquiera sus pertenencias. 

De las averiguaciones realizadas por la Comisión para la Paz se ha po¬ 
dido saber que, estas personas fueron llevadas a interrogar al Centro Clan¬ 
destino de Detención (CCD) El Vesubio, y que al ser liberados, Juan quedó 
como prisionero en muy mal estado, por las torturas recibidas. 



177 

















Algunos datos sobre nuevos agrupamientos políticos entre los exilados 
uruguayos en Argentina 

En 1975 confluyeron en una alianza de "lucha contra la Dictadura" dife¬ 
rentes sectores de la izquierda uruguaya a la que denominaron Unión 
Artiguista de Liberación (UAL). Estaba integrada por: Agrupaciones Mili¬ 
tantes Socialistas (AMS), Grupos de Acción Unificadora (GAU), Partido 
Comunista Revolucionario (PCR) y un sector escindido del MLN llamado 
"Nuevo Tiempo". Además la integraban dirigentes políticos, entre otros, 
Zelmar Michelini y Enrique Erro. 

Al mismo tiempo se formó el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), 
cuya masa militante provenía principalmente de dos vertientes: Resisten¬ 
cia Obrera Estudiantil (ROE) y la Federación de Estudiantes Revoluciona¬ 
rios (FER). 

Mientras tanto, el Servicio de Información de Defensa (SID) continuaba 
persiguiendo uruguayos en Argentina. Así es que en diciembre de 1975, 
detuvieron en Buenos Aires a Mario Di Negri y días después a A. N. y su 
esposa, los tres fueron trasladados ilegalmente a Uruguay. 2 


NEBIO MELO CUESTA y 
WINSTON MAZZUCHI FRANTCHEZ 

En Uruguay, a fines de 1974 y principios de 1975 la represión había golpea¬ 
do muy duro al Partido Comunista Revolucionario (PCR). Entre todos los 
detenidos de dicho grupo, fue desaparecido Luis Eduardo González 
González. 

Nebio Meló y Winston Mazzuchi, miembros de la Dirección, habían 
logrado "salvarse" y emigraron a Argentina. Allí se integraron al proceso 
de creación de la Unión Artiguista de Liberación (UAL) y continuaron sa¬ 
cando el periódico Causa del Pueblo y luego Prensa Libre, en los cuales escri¬ 
bía Nebio con el seudónimo de "Zanabria". Dichos periódicos llegaban a 
Uruguay clandestinamente, por las vías y los compañeros más diversos. 

El 8 de febrero de 1976, hubo una reunión en el Bar "Tala" de la esta¬ 
ción Belgrano C (Capital Federal), en la que participaron tres hombres: 
Nebio, Winston y un tercer militante del PCR de iniciales R.G., quien mi- 


2. Ver testimonio de Mario Denegri en Testimonios y Documentos, página . 


178 














ñutos antes de las 21:00 hs., terminada la reunión se retiró. Nebio y Winston 
se quedaron unos minutos más para evitar salir los tres juntos. 3 

La esposa de Nebio, Alicia Román, se presentó en el Bar a las 23 horas 
averiguando sobre su esposo. Por la señora que vendía periódicos en el kiosco 
ubicado dentro del bar, se enteró que: a las 21:00 hs. un destacamento integrado 
por Policía Federal y Ejército, entró pidiendo documentos y revisando a los parro¬ 
quianos y sus pertenencias. En el allanamiento se habían llevado a dos hombres de 
unos 30 años. Por la descripción física y las vestimentas, a Alicia no le cupo 
dudas de que se trataba de Nebio y Winston. Por el tercer militante se sabe 
que el portafolio de Winston contenía ejemplares de un comunicado del 
Comité de Apoyo a la Prensa Libre de Uruguay (COMAPREN). 

Al día siguiente, 9 de febrero, a las 13 horas, alrededor de 15 sujetos 
armados, que se movilizaban en automóviles marca Ford Falcon irrum¬ 
pieron en la vivienda en que hacía dos meses atrás habían vivido Nebio 
con su esposa y su pequeña hija, sito en Ampere 883 (C.F.), identificándose 
ante una vecina como personal de Coordinación Federal, exhibiendo sus 
respectivas credenciales. Radicada la denuncia por los nuevos moradores 
de la finca en la Comisaría correspondiente, el comisario negó conocer el 
procedimiento y luego de hacer una averiguación "oficiosa", les dijo que 
contra ellos no había nada y que tuvieron suerte de no encontrarse allí en 
ese momento, y les agregó: "debe tratarse de un grupo de uruguayos que andan 
jodiendo" 4 . 

NEBIO ARIEL MELO CUESTA "el Petiso" 

Nació el 4 de diciembre de 1943 en la ciudad de Merce¬ 
des (Depto de Soriano), hijo único de Luisa Cuesta y 
René Meló. Cursó estudios de Enseñanza Primaria en 
la ciudad de Mercedes. Luisa, su madre relata que des¬ 
de niño se vinculó a los más necesitados, haciendo grandes 
amigos entre los muchachos de los barrios más pobres. De 
adolescente estudió en la Escuela de Lechería en Nue¬ 
va Helvecia, departamento de Colonia. 



3. Testimonio de R.G., la tercera persona que estaba en el Bar, ante el Grupo de Madres y 
Familiares. 

4. Testimonio de A. Román ante el Alto Comisionado de Naciones Unidas (ACNUR). 


179 





















Luego se trasladó a Montevideo, donde realizó Preparatorios en el Ins¬ 
tituto Vázquez Acevedo y cursó Facultad de Humanidades y Ciencias, 
mientras trabajaba en la librería "Rubén". Se casó con Alicia Román con 
quien tuvo una hija a la que llamaron Soledad. 


WINSTON CESAR MAZZUCHI FRANTCHEZ 
Pelado" 


'el 


Nació en Mercedes el 11 de mayo de 1943, hijo de Juan 
Antonio Mazzuchi y Dominga Frantchez. Se casó con 
Mabel Zabalza Waksman. Era vendedor de libros y 
militante del PCR. 

En 1973, su esposa fue detenida en Uruguay y pro- 

--1 cesada, él fue requerido por las FFCC. Su esposa fue 

interrogada, bajo torturas, por el S2 del cuartel. Capitán Raúl Saravia del 
Batallón de Infantería N e 11 (Minas); Winston pasó a la clandestinidad. 

En 1974 escapó a Argentina y realizó trámites de radicación. Allí se do¬ 
miciliaba en Hipólito Irigoyen 721, Capital Federal. 

Después del 8 de febrero, fecha de la desaparición de Winston, su espo¬ 
sa, que ya hacía tres años que estaba presa, fue sacada del Penal de Punta 
Rieles y trasladada al Batallón de Infantería 12 (Rocha) donde fue rein¬ 
terrogada sobre la actividad política de su esposo. 

Luego de la desaparición de ambos en Argentina y debido a todas las 
gestiones realizadas por Alicia y Luisa, esposa y madre de Nebio respecti¬ 
vamente, existieron distintas versiones sobre el paradero de ambos: que 
habrían sido trasladados a Campo de Mayo y luego a un CCD en La Plata. 

Otra versión indicaba que habían sido trasladados al Uruguay a través 
del Tigre y Carmelo y habrían sido llevados a un local en Punta Gorda. 
Esta versión coincidiría con lo escuchado por Denegrí y A. N. cuando se 
encontraban en el "300 Carlos, R". 


La Comisión para la Paz consideró confirmadas parcialmente las denuncias so¬ 
bre desaparición forzada de los ciudadanos umguayos: Winston César Mazzuchi 
Frantchez (C.C. AXB 13.843 del Departamento de Soriano) y de Nebio Ariel 
Meló Cuesta (C.C. MAA 32.900 del Departamento de Soriano) porque ha reco¬ 
gido elementos de convicción relevantes que permiten concluir que: 


180 


















1. Fueron detenidos el 8 de febrero de 1976 a las 21 horas, en el bar "Tala", sito 
en Estación Belgrano C (línea Mitre) de Capital Federal, por fuerzas represi¬ 
vas que actuaron en el marco de un procedimiento no oficial o no reconocido 
como tal. 

2. No existen indicios sobre su destino posterior, aún cuando según algunas 
versiones -no confirmadas totalmente- habrían estado detenidos en Campo 
de Mayo. 


MARISA SERRA ¿Desaparecida? 

Este es uno de los nombres que el Grupo de Madres y Familiares de Uru¬ 
guayos Detenidos Desaparecidos, SERPAJ, CONADEP y otros organismos 
registran como una uruguaya Detenida Desaparecida, lo cual no se ha po¬ 
dido confirmar. 

Primera dificultad: La denuncia inicial presentada ante SERPAJ-Ar- 
gentina, durante la Dictadura de aquél país, fue hecha anónimamente. 
En dicha denuncia consta la fecha I a de marzo de 1976 como día de su 
desaparición. 

Segunda dificultad: En la medida en que se conoce un solo nombre 
(que además podría tratarse de un "sobrenombre") y un apellido, resul¬ 
ta muy difícil comprobar la identidad, indispensable para continuar las 
investigaciones. 

Tercera dificultad: Si bien fue vista por dos prisioneras argentinas en el 
CCD El Vesubio (Gran Bs. As.) en mayo de 1976, no se ha podido saber si 
luego fue liberada, o quedó desaparecida. 

Graciela Alicia Dellatorre, ciudadana argentina, detenida el 19 de mayo 
de 1976, declaró ante la CONADEP que entre los prisioneros que queda¬ 
ron en el "pozo" se encontraba Marisa Serra. 

A su vez, Alicia Elena Carriquiriborde, detenida también el 19 de mayo 
del 76 en La Plata, y trasladada al Vesubio declaró ante el mismo orga¬ 
nismo que: Una noche trajeron a una mujer que se llamaba Marisa Serra, uru¬ 
guaya, que vivía en City Bell, estuvo allí una noche, luego la subieron, tenía una 
beba de poco tiempo y a su compañero le decían el Chango y se apellidaba 
Rodríguez; estaba arriba y según supimos por la propia guardia, lo habían heri¬ 
do en la cabeza. 


181 


















Antecedentes de la represión contra 
el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) 

El 28 de marzo de 1976, fue detenida en el Puerto de Colonia una casa 
rodante, con dos hombres y una mujer. Traían material propagandístico 
del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) y sus pasajeros, tres militantes 
de dicho grupo, fueron detenidos por el destacamento del FUSNA 
(Fusileros Navales) de Colonia. 

Trasladados al FUSNA en Montevideo, posteriormente requeridos por 
el OCOA y llevados al "300 Carlos"-SMA, interrogados y torturados tam¬ 
bién en el Grupo de Artillería 105 mm N e 1 (Fa Paloma) y devueltos al "300 
Carlos", Ricardo Gil es el único de ellos tres que ha presentado testimonio 
en diversas instancias dice que, a lo largo de varios meses fue interrogado 
sobre diferentes militantes y que de alguna manera, el Mayor Manuel Cor¬ 
dero le iba informando sobre las detenciones de compañeros que vivían 
en Argentina y en Uruguay; hecho que constató cuando pudo conversar 
con otros militantes presos, una vez que pasó a la Justicia Militar. 

El grupo de represores que lo interrogaba y torturaba estaba formado 
por: Ernesto Ramas, Manuel Cordero, Alberto Grignoli y Jorge Silveira 
(miembros de OCOA y del SID, en el caso de Cordero). Con dichas deten¬ 
ciones comienza una larga lista de secuestros, detenciones y desaparicio¬ 
nes de militantes en Uruguay, Argentina y Paraguay que se extienden has¬ 
ta marzo de 1977. 

ARY CABRERA PRATES "el Brasilero" 

Nació en Rivera el 10 de setiembre de 1931. Fue el quinto 
de siete hermanos en una familia de trabajadores. Es¬ 
tudió carpintería en la Universidad del Trabajo del Uru¬ 
guay de Río Branco. Contrajo matrimonio con Gladys 
Esteve, con quien tuvo dos hijas. Selva y Adriana. 

Trabajó como carpintero primero y luego fue fun¬ 
cionario del Banco Do Brasil donde comenzó su 
militancia en la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay (AEBU), 
y por esta razón, varias veces detenido. La primera vez, en 1968, bajo el 
régimen de Medidas Prontas de Seguridad, durante una reunión de fun¬ 
cionarios bancarios en el local de la escuela de Villa García fue conducido 



182 


















al Batallón de Infantería N e 4 (Colonia). En 1970, cuando ya no trabajaba 
en el Banco, fue recluido en el Cuartel del Grupo de Artillería N e 4 en San 
Ramón (Canelones) acusado de continuar colaborando con la actividad de 
AEBU. Siendo militante de la Resistencia Obrera Estudiantil (ROE) se tras¬ 
ladó a la ciudad de Buenos Aires en 1973. 

En Argentina, continuó militando y participó del Congreso de forma¬ 
ción del PVP. Desapareció de su domicilio en H. de Almería 719, El Trope¬ 
zón, (Provincia de Buenos Aires) en la madrugada del 5 de abril de 1976. 
Según relataron los vecinos a sus hijas, en horas de la madrugada hubo un 
procedimiento del ejército argentino durante el cual se produjo un tiroteo. 
Ary Cabrera fue sacado herido de la vivienda. 

En ese momento, su desaparición fue asociada al hallazgo en costas uru¬ 
guayas, de cuerpos mutilados, con signos de tortura a los que la dictadura 
caracterizó como "coreanos". Los familiares de Ary Cabrera presentaron 
varios recursos de "Hábeas Corpus" a través de abogados de Naciones Uni¬ 
das en Buenos Aires, así como denuncias en distintos organismos naciona¬ 
les e internacionales, recorrieron morgues y ministerios, individualmente y 
en forma colectiva con otros familiares de uruguayos desaparecidos. 

Su detención en manos de militares uruguayos y argentinos fue confir¬ 
mada luego, a través de los testimonios de Ricardo Gil 5 , a quien militares 
uruguayos le informaron de su detención. Posteriormente, Eduardo Dean 6 
por entonces su yerno, fue secuestrado también en Argentina y en su testi¬ 
monio señala que, un militar argentino incriminando a algunos detenidos 
señaló: ustedes no son como Ary (Cabrera) o Gerardo (Gatti), ellos sí que tienen 
una ideología "grossa", cuando los torturamos no pronunciaron palabra. 

En otro tramo de su testimonio, Dean relata que durante los primeros 
días de su detención cuando los militares no estaban seguros de su identi¬ 
dad, el oficial Jorge Silveira le levantó la venda que cubría sus ojos y dijo: Es 
Eduardo Dean... Ary Cabrera el del Peugeot negro, que trajimos, es el suegro de éste. 

También Asilú Maceiro 7 relata que durante su detención en Orletti, ella 
preguntó por él. En la primera oportunidad le dijeron que lo tenían en 


5. Testimonio de Ricardo Gil, ante Comisión Investigadora sobre personas desaparecidas y 
hechos que la motivaron de la Cámara de Diputados (1985) y COPAZ. 

6. Testimonio de Eduardo Dean, ante Comisión Investigadora sobre personas desaparecidas y 
hechos que la motivaron de la Cámara de Diputados (1985) y COPAZ. 

7. Testimonio de Asilú Maceiro, ante Investigadora sobre personas desaparecidas y hechos que 
la motivaron de la Cámara de Diputados (1985). 


183 
















Campo de Mayo y en la segunda le contestaron que está tocando el arpa con 
San Pedro. 

Por último, el testimonio de Juan Ignacio Azaróla Saint 8 , detenido el 20 
de mayo de 1976 en Buenos Aires, brinda información vinculada a la des¬ 
aparición de Manuel Liberoff, y relata la existencia de una casa vieja donde 
operaba, desde marzo de 1976 "Operaciones Tácticas 18", en la que había 
seis o siete detenidos más, además de Liberoff y del propio declarante. 

La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
la desaparición forzada del ciudadano uruguayo Ary Cabrera Prates (C.I. 
666.232-7), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que permi¬ 
ten concluir que: 

1. Fue detenido el día 5 de abril de 1976, en horas de la madrugada en su domi¬ 
cilio de la calle H. de Armería 719, paraje El Tropezón, Provincia de Buenos 
Aires, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un procedimiento 
no oficial o no reconocido como tal. 

2. Existen indicios que permiten suponer que habría estado detenido en un 
local de la calle Bacacay, de la Capital Federal, perteneciente al Grupo Ope¬ 
rativo O.T. 18 

LIVER EDUARDO TRINIDAD ESPINOSA 

Nació en Montevideo el 1 2 de abril de 1947, hijo de San¬ 
tos Trinidad y María Espinosa. Se casó con Amelia Nair 
Dorello, con la que tuvo tres hijos: Janina (9), Javier (7) 
y Fabián (6). Militante del PCU, trabajaba como funcio¬ 
nario del Partido, siendo chofer de Gerardo Cuestas. 
Cuando comenzó la persecución contra el PCU, su es¬ 
posa lo convenció de emigrar, para buscar otra forma 
de vida más segura. 

Viajaron a Argentina en febrero de 1974, dejando a sus hijos al cuidado 
de las abuelas hasta que consiguieran trabajo y vivienda. Liver comenzó a 
trabajar en la Oxigena, cerca de Camino de Cintura en La Tablada (Gran 
Buenos Aires) y su esposa en un taller de "Planograf". Al tiempo, un com¬ 
pañero de trabajo, Roberto Lobo, argentino, les ofreció para vivir en la 



8. Testimonio de Juan Ignacio Azaróla, presentado por su hermano José Luis Azaróla ante In¬ 
vestigadora sobre personas desaparecidas y hechos que la motivaron de la Cámara de Dipu¬ 
tados (1985). 


184 


















casa de su madre (Pellegrini 2868) en la Tablada y aceptaron. Esto les per¬ 
mitió llevar con ellos a sus hijos. Su esposa relata: 

Después del Golpe de Estado en Argentina, el I a de abril, se presentaron en nues¬ 
tro domicilio hombres de particular, pero de cabello corto y botas, preguntando por 
Roberto Lobo, quien nos había prestado la casa (...) El día 5, nos llama una vecina de él 
diciéndonos que se lo habían llevado junto a su esposa y que habían dejado a Gustavito 
(el hijo de la pareja) con unos vecinos. Lo fuimos a buscar y luego avisamos a la familia 
de él en Tucumán. Sabíamos que era militante del ERP (Ejército Revolucionario del 
Pueblo) pero jamás pensamos que por ser amigos, nos fuera a suceder algo. 9 

De Tucumán viajó Guillermo Lobo (hermano del anterior) a buscar a su 
sobrino y se quedó unos días en la casa de Eduardo y Nair. El 13 de abril 
(1976) yo estaba en la cocina; tenía un patio techado, que daba entrada a los dormi¬ 
torios y al baño, mis hijos jugaban con Gustavito en un cuarto. Sentí como una 
estampida, un golpe muy fuerte en la puerta del pasillo, porque era un apartamen¬ 
to al fondo. Me rodeó un grupo de hombres con armas que a los gritos preguntaban 
quién era Eiver. Les dije, "Liver Eduardo Trinidad Espinosa" y que yo era su espo¬ 
sa. Recorrieron toda la casa, abrieron la puerta del baño donde estaba mi hijo Fabián 
y lo encañonaron. Preguntaron por "Patricio", les dije que no sabía quién era y me 
dijeron: "no te hagas la estúpida". Me dieron el nombre completo de él y dije que 
era un amigo nuestro y que estaba por llegar con mi marido. 

Me preguntaban una y otra vez por mi nombre y mi nombre de guerra, apun¬ 
tándome con un arma, yo repetía mi nombre completo y que me decían Chola. 
Ellos revisaban la lista que traían con ellos, preguntaban el nombre de mis hijos; 
qué estaba haciendo Guillermo allí y yo explicaba que el tío había venido por su 
sobrino. En ese momento escuché un silbido en la calle, apagaron la luz, me tiraron 
en el cuarto con los chiquilines y me dijeron que me callara la boca. Ese era el aviso 
de que ellos estaban llegando. Yo no lo vi, pero los vecinos me dijeron que los 
encapucharon y los tiraron adentro de un Ford Falcon. 

A los días llegó de Tucumán la madre de Roberto y Guillermo y le recomendé 
que empezara por la Brigada de Investigaciones de San Justo y del Cuartel de La 
Tablada. Al regresar me dijo que había hablado con el Mayor José Flores 10 en la 
Tablada y que éste había reconocido que tenía que ver con la detención de Roberto 
y Sra. pero no con la de Guillermo y Liver. No lo creimos. 


9. Testimonio de Nair Dorello ante el Grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos 
Desaparecidos. 

10. Elbio José Flores, individualizado como Oficial del Destacamento de La Tablada en la Argen¬ 
tina y con varios procesos judiciales abiertos. 


185 



















Con el tiempo, Roberto Lobo y su esposa fueron liberados y expulsados 
hacia Italia, desde allí le escribieron a Nair, contando que habían estado en 
el Destacamento de la Tablada y en la Brigada de Investigaciones de San Justo. 

Liver y Guillermo, no aparecieron nunca. Todo hace suponer que estu¬ 
vieron en los mismos centros de detención que el matrimonio Lobo. Nair, 
siguió viviendo en Argentina con sus hijos hasta 1980. Durante todos esos 
años siguió presentando Hábeas Corpus y denuncias ante Organismos de 
Derechos Humanos. 

La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Líver Eduardo Trinidad Espi¬ 
nosa (C.1.1.115.403-0), porque ha recogido elementos de convicción relevantes 
que permiten concluir que: 

1. Fue detenido el día 13 de abril de 1976, a las 12.30 hs., en su domicilio de la 
calle Peribebuy 2868 -La Tablada-, Provincia de Buenos Aires, por fuerzas 
que se identificaron, según testimonio de su esposa ahí presente, como per¬ 
tenecientes al Ejército y Policía Federal y que actuaron en el marco de un 
procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Existen indicios que permiten suponer que habría estado detenido en de¬ 
pendencias de la Brigada de San Justo. 


La Brigada de Investigaciones de San Justo es nuevamente mencionada 
en este testimonio. Se trata inequívocamente de un indicio más, de que 
funcionó como centro de operaciones de las fuerzas represivas uruguayas 
en Argentina, desde el período del gobierno constitucional de Isabel Perón 
hasta varios años después en los que se constató el pasaje de prisioneros 
uruguayos por esta dependencia policial. 



EDUARDO EFRAÍN CHIZZOLA CANO 

Nació en Montevideo el 12 de noviembre de 1949. Hijo 
de Eduardo Efraín Chizzola y Celia Cano; casado y pa¬ 
dre de una hija, residía en la calle Colombes 1453. Pro¬ 
fesor de Educación Física y militante de la Resistencia 
Obrera Estudiantil (ROE). Emigró a Buenos Aires y allí 
conoció a Miriam Cevallos con quien formó pareja y 
nació su segunda hija. Se integró al PVP 


186 
















Desapareció el 17 de abril de 1976, junto a Telba Juárez, compañera de 
militancia. Dos días más tarde, el 19 de abril, fue hallado el cuerpo sin vida 
de Telba Juárez, en Barracas, Buenos Aires. 

Del testimonio de Ricardo Gil surge que, estando detenido en el "300 
Carlos", lo interrogaron sobre Chizzola y le mostraron algunas de sus per¬ 
tenencias, en particular, su libreta de conducir. 

El 26 de abril de 1976, en un basurero de Escalada entre 27 de Febrero y 
Roca, fue encontrado sin vida, el cuerpo de un hombre joven, con los pies 
atados, con heridas, hematomas y laceraciones múltiples. La pericia médi¬ 
ca indica que allí fue conducido ya sin vida y que la causa de la muerte fue 
"congestión y edema agudo de pulmón y cerebro meníngeo baleado con 
quemaduras". 

Del expediente de la Cámara Federal de Buenos Aires, con la colaboración del 
Equipo Argentino de Antropología Forense y el patrocinio de la Comisión para 
la Paz consta que el 26 de abril de 1976 fue hallado un cuerpo NN y que de las 
pericias forenses realizadas en el momento del hallazgo y la comparación de 
fichas dactiloscópicas, permitieron identificar el cuerpo de Eduardo Efraín 
Chizzola Cano. 

La pericia forense determinó que la muerte se había producido 24 o 48 horas 
antes de ser hallado y que presentaba varios impactos de bala. En el lugar fue 
encontrado un documento de identidad argentino con el nombre de Rubén 
Pereyra. La foto de dicho documento correspondía a Eduardo Chizzola. Sus 
restos no han sido recuperados. 


Existen fuertes indicios de que fue secuestrado por el Grupo de Opera¬ 
ciones Tácticas 18 y trasladado al local de la calle Bacacay. 

El l e de mayo de 1976 se presentó en la casa paterna en Montevideo, el 
Mayor Manuel Cordero, mostrándole a la madre de Eduardo la libreta de 
conducir, tenía la foto de su hijo pero estaba hecha con otro nombre. Le 
preguntó si reconocía en la foto a su hijo, pero no le aclaró más nada. 


CARLOS ALBERTO RAINA GONZÁLEZ 

Nació en Montevideo el 28 de setiembre de 1948. Hijo de Samuel Raina y 
Malva Elisa González. Se radicó en Argentina a los 13 años con sus padres. 
Se casó con Petrona Rodríguez, argentina. 


187 
















Desapareció el 23 de abril de 1976. Fue secuestrado en su domicilio de 
la calle Maipú y Falucho s/n, Don Torcuata, Provincia de Buenos Aires, a 
las 3 y media de la madrugada, en presencia de su esposa e hijo de 2 años. 

Esta denuncia fue presentada por la Secretaría de Derechos Humanos 
de Argentina, ante la Comisión para la Paz, quien constató que realmente 
esta persona está desaparecida. 

El Grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desapareci¬ 
dos considera, que por el modo de accionar de los secuestradores, esta 
desaparición fue realizada por los aparatos represivos, aún cuando no se 
conozca su militancia ni su vinculación con motivos políticos. 


HUGO ERNESTO GOMENSORO JOSMAN 

Nació en Montevideo el 14 de diciembre de 1955. Hijo 
de Arnaldo Gomensoro y Marta Josman. Tenía tres her¬ 
manos, uno de los cuales Roberto, había desaparecido 
en Montevideo en marzo de 1973. 

Estudiaba Agronomía y era docente en la Cátedra 
de Biometría. Se casó con María del Rosario Vallarino; 
en Uruguay, militaba en el Movimiento 26 de Marzo. 

La pareja emigró a Argentina en 1974 y residió en el barrio de Monoblock 
sobre General Paz, apto. 879, piso 5 e (Provincia de Buenos Aires). Habían 
iniciado los trámites de radicación definitiva. 

Ambos fueron secuestrados el 30 de abril de 1976. Amigos uruguayos 
que habían sido compañeros de estudio en la Facultad en Montevideo, y 
que vivían en esas fechas en Buenos Aires, declaran que Hugo les había 
comentado que: Inspectores de Migraciones habían estado averiguando sobre su 
persona en su trabajo y en el vecindario donde vivían. Ante este comentario sus 
amigos aconsejaron a la pareja, que no regresara a su casa, así es que per¬ 
manecieron unos días fuera del domicilio. 

Hugo y sus amigos llegaron a consultar su situación con Zelmar 
Michelini. Todos le advertían que la situación era de riesgo, a pesar de que 
desde su arribo a Buenos Aires no se dedicaba a ninguna actividad política 
y la pareja había iniciado el trámite de radicación en la Dirección de Mi¬ 
graciones argentina. A pesar de las recomendaciones, Hugo y María del 
Rosario, luego de estar ausentes unos días de su casa, decidieron retornar 
a la misma. 



188 

















Al día siguiente, la casa fue allanada por un grupo de efectivos milita¬ 
res y policiales de nacionalidad argentina y uruguaya. Al mismo tiempo 
que robaban objetos personales, hicieron un despliegue de mucha violen¬ 
cia sobre Hugo. Ambos fueron sacados de su casa encapuchados, hacia un 
lugar desconocido, que no ha sido posible identificar. 

María del Rosario fue puesta en libertad al cuarto día, según sus ami¬ 
gos no hablaba de la experiencia vivida y sólo llegó a hacer algún comen¬ 
tario, como que durante su permanencia en un CCD, pudo reconocer la 
presencia de efectivos uruguayos por la manera de hablar y porque uno 
de ellos le hacía referencias a música uruguaya con gran conocimiento 
sobre folcloristas de la época. Escuchó en alguna oportunidad que "un 
represor", tocaba la guitarra y cantaba canciones de protesta uruguayas. 

Que en determinado momento, pudo ver a Hugo en muy mal estado 
físico y éste le llegó a comentar de que había sido muy torturado por 
"milicos" uruguayos. Que en otra oportunidad ayudó a una mujer que 
debía amamantar a su pequeño hijo, por lo que le permitieron levantarse 
la venda que tenía sobre los ojos y que había un detenido que por el len¬ 
guaje y la forma muy educada de hablar, le pareció, que podía tratarse de 
un escritor o profesional. 

María del Rosario, liberada días después, falleció años más tarde en un 
accidente de tránsito en México. Su testimonio pudo ser reconstruido por 
sus padres que recordaban las declaraciones que ella brindó, ante el Alto 
Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas, cuando solicitó 
refugio político. 


El trabajo realizado por el Equipo Argentino de Antropología Forense, a través 
de la comparación de huellas dactilares gestionadas y enviadas por la Comi¬ 
sión para la Paz, permitieron compararlas con las que aparecen en los expe¬ 
dientes de hallazgo de cadáveres. Así se pudo llegar a saber, que el cuerpo de 
Hugo Gomensoro fue encontrado a orillas del Río de la Plata el 25 de mayo de 
1976 y posteriormente inhumado como NN en un cementerio de la Provincia 
de Buenos Aires. 

El cuerpo, de acuerdo al informe del forense actuante en el momento del ha¬ 
llazgo, llevaba varios días en el agua, había aparecido atado a la parrilla de una 
cama junto a los cuerpos de dos personas más en iguales condiciones. 
Además de la identificación de Hugo Gomensoro, pudo ser identificado otro 
de los cuerpos. Se trataba de un argentino que había sido visto en el centro 


189 


















clandestino de detención (CCD) que funcionó en la Escuela Superior de Mecᬠ
nica de la Armada de Argentina. Los cuerpos, que habían sido arrojados al Río 
de la Plata, habían sido arrastrados por la marea hacia las costas frente a la 
ciudad de La Plata. 


La Secretaría de Seguimiento de la Comisión para la Paz, continúa los 
trámites tendientes a recuperar los restos y en caso de ser ubicados, proce¬ 
der a la repatriación de los mismos. 

NELSON WILFREDO GONZÁLEZ FERNÁNDEZ 

Nació en Montevideo el 16 de noviembre de 1947. Hijo 
de Bifredo Gualberto González e Hilda Fernández. 

Desapareció el 6 de mayo de 1976 en Buenos Aires. 
La denuncia de su desaparición, fue presentada en pri¬ 
mera instancia por su tía ante el Presidente de la Comi¬ 
sión de Derechos Individuales del Consejo de Estado, 
el 12 de Mayo de 1977. 

El Ministro de Defensa Nacional, Walter Ravenna contestó: 

En respuesta a la nota de esa Comisión de fecha 24 de mayo de 1977, en la que 
solicitan informes acerca de la situación del ciudadano Nelson Wilfredo González 
Fernández, cúmpleme poner en su conocimiento que en el ámbito de las Fuerzas 
Armadas no se registran antecedentes de la referida persona. 



La Comisión para la Paz, considera confirmada parcialmente la denuncia so¬ 
bre desaparición forzada del ciudadano uruguayo Nelson Wilfredo González 
Fernández (C.1.1.152.738-2), porque ha recogido elementos de convicción re¬ 
levantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenido en su lugar de trabajo, en la Avenida Rivadavia 7035, en la 
ciudad de Buenos Aires, a las 10 horas del día 6 de mayo de 1976, por fuerzas 
represivas que actuaron en el marco de un procedimiento no oficial o no 
reconocido como tal. 

2. Existen indicios que permiten suponer que pudo haber estado detenido en la 
Comisaría 50 de Flores. 


190 


















MANUEL LIBEROFF PEISAJOVICH 


Nació en Entre Ríos, República Argentina, el 31 de mar¬ 
zo de 1922. Siendo estudiante de Facultad de Medicina 
y militante del Partido Comunista Argentino bajo el go¬ 
bierno de Perón, debió abandonar su país y refugiarse 
en Uruguay. Tramitó la ciudadanía legal uruguaya (Car¬ 
ta de ciudadanía N s 59843, exp. 65620). 

Se graduó de médico en la Facultad de la República 
en 1947 y se casó con Silvia Memirorsky un año después, con quien tuvo 
tres hijos: Benjamín, Liliana y Yenny. 

Vivió muchos años en Camino Carrasco y Veracierto, donde instaló una 
policlínica para atender a todo el barrio. A menudo, la paga podía ser: una 
gallina, verdura o nada. Trabajaba también en la Comisión "Pro Tablado" 
(de carnaval), instaló uno en la puerta de su casa en 1963. 

Fue asistente de la Cátedra del Prof. García Otero en el Hospital de 
Clínicas Universitarias. Dirigente del Sindicato Médico donde actuó como 
tesorero y secretario de difusión y propaganda. Fue Director de "Noti¬ 
cias" escribiendo en temas sanitarios de interés popular; tuvo una audi¬ 
ción sobre el mismo tema en CX 42, "Radio Vanguardia" y fue panelista de 
"Conozca su Derecho", programa que se emitía por Canal 12. 

Militaba en el Partido Comunista del Uruguay. Dirigente de la "Seccional 
Este" de Montevideo, integró la lista 1001 del Frente Amplio en 1971. Lle¬ 
vaba 30 años de residencia en Uruguay cuando el 12 de julio de 1973 fue 
detenido, manteniéndosele incomunicado en la Brigada de Infantería N e 
1, (Km. 14 de Camino Maldonado) hasta el l e de noviembre, fecha que se 
le retiró la ciudadanía legal según se argumentó: "por no adecuarse su con¬ 
ducta a las exigencias constitucionales y legales". Fue deportado en el mes de 
noviembre de ese año. 

En Buenos Aires, continuó vinculado a la realidad uruguaya formando 
parte de tertulias en la confitería Richmond, en las que participaban entre 
otros: Zelmar Michelini, Oscar Maggiolo, Alberto Pérez Pérez y Pablo 
Carlevaro. En su domicilio San Martín 2610 y Juan B. Justo, Capital Federal, 
instaló un consultorio. Allí concurrían decenas de uruguayos a atenderse. 

En la madrugada del 19 al 20 de mayo de 1976, su domicilio fue brutal¬ 
mente allanado. Actuaron alrededor de 25 individuos vestidos de civil, 
ostentando sus armas ante su esposa e hijas de 14 y 15 años, las que fueron 



191 

















golpeadas y amenazadas. Todos actuaban a cara descubierta y por su for¬ 
ma de hablar, había entre ellos argentinos y uruguayos. Rompieron la puer¬ 
ta de entrada y se apoderaron de todo lo que les interesó, mientras destro¬ 
zaban lo demás que había. Abandonaron la casa en dos camiones, lleván¬ 
dose a su prisionero, fotos y los documentos de toda la familia, por lo que 
su esposa e hijas quedaron impedidas de abandonar el país. Liberoff esta¬ 
ba convaleciente de una operación de cáncer intestinal. 

El testimonio del ciudadano uruguayo secuestrado en Argentina, Juan 
Ignacio Azaróla, consigna que: En la silla ubicada a mi izquierda, se encontra¬ 
ba un médico quien había residido años en la R O del Uruguay y había estado 
afiliado al Partido Comunista uruguayo, entonces permitido por la Ley. Creo su 
apellido era Larencof (sic) y se encontraba, al parecer, en estado de enajenación. En 
varias oportunidades fue violentamente golpeado, especialmente en una ocasión 
en la cual se quitó la venda que cubría su vista, y en otra, cuando irrumpió un 
sujeto a quien apodaban " Coronel", quien con voz ronca lo amenazó con torturarlo 
y matarlo, a lo que Larencof dijo: "Usted no me levante la voz". 11 

De este testimonio, se deduce que el nombrado como "Dr. Larencof", era 
en realidad el Dr. Manuel Liberoff; en cuanto a los niños que se escuchaban 
en el lugar, podría tratarse de los hijos del matrimonio Whitelaw Barredo. 

La descripción del represor con silbato y botas, es coincidente con el de 
otros testimonios de prisioneros que estuvieron en cautiverio en el pozo 
de Automotores Orletti, y la forma en que Azaróla fue liberado, también 
coincide con otros testimonios de liberados en el mes de junio, adjuntos en 
este Informe. 

Por todo ello se puede deducir que Azaróla y Liberoff, fueron secues¬ 
trados por el Grupo Operativo de OT 18 (Operaciones Tácticas) grupo en 
el que operaron efectivos del SID. El local, por algunos detalles descriptos 
por los sobrevivientes, se trataría del que estaba ubicado en la calle Bacacay, 
muy cercana a Automotoras Orletti. 

La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano argentino nacionalizado uruguayo Ma¬ 
nuel Liberoff Peisajovich (C.1.606.284-2), porque ha recogido elementos de 
convicción relevantes que permiten concluir que: 


11. Ver testimonio de Juan Ignacio Azaróla en capítulo Testimonios y Documentos, página . 


192 
















1. Fue detenido el día 19 de mayo de 1976, en horas de la madrugada, en su 
domicilio de la calle San Martín 2610 de la ciudad de Buenos Aires, en pre¬ 
sencia de su esposa e hijas, por fuerzas represivas que actuaron en el marco 
de un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Existen indicios que permiten suponer que habría estado detenido en el cen¬ 
tro clandestino de detención que funcionaba en la calle Bacacay, pertenecien¬ 
te al Grupo Operativo OT 18, en condiciones de salud muy precaria. 


JOSÉ ENRIQUE CAITANO MALGOR 

Nació en Salto el 11 de octubre de 1952. Hijo único del matrimonio de Raúl 
Caitano y Sara Hilda Malgor. 

Trabajaba en el comercio de su padre en el barrio "El Cerro" de la ciu¬ 
dad de Salto. A la muerte de su madre emigró y se radicó en la República 
Argentina. Tramitó su radicación en mayo de 1974. 

En el Grupo de Madres de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, su tía 
había denunciado su desaparición en Buenos Aires, careciendo de toda 
información. En su declaración había indicado que la última comunica¬ 
ción de la familia con él había sido el 4 de mayo de 1976. 

La Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia de la Re¬ 
pública Argentina, entregó documentación a la Comisión para la Paz con¬ 
signando que con fecha 8 de Junio de 1976, había sido presentado un Re¬ 
curso de Hábeas Corpus en la Comisaría 23 de Capital Federal a favor de 
José Enrique, constando en dicho legajo que había sido llevado desde un 
bar ubicado en Córdoba y Billinger, la noche del 5 de junio de 1976. 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
la desaparición forzada del ciudadano uruguayo José Enrique Caitano Malgor 
(C.1.1.702.976-2 del Departamento de Salto), porque ha recogido elementos de 
convicción relevantes que permiten concluir que: 

1 . Fue detenido el día 5 de junio de 1976, en horas de la noche, en un bar ubica¬ 
do en la calle Córdoba y Billinger, ciudad de Buenos Aires, por fuerzas re¬ 
presivas que actuaron en el marco de un procedimiento no oficial o no reco¬ 
nocido como tal. 

2. No existen indicios sobre su destino posterior. 


193 
















GERARDO FRANCISCO GATTI ANTUÑA 

Nadó en Montevideo el 30 de abril de 1932. Cursó es¬ 
tudios primarios, secundarios y parte de la Carrera de 
Derecho. Trabajó en la Dirección General Impositiva y 
como linotipista en diferentes imprentas y diarios. Se 
casó con Marta Casal De Rey, con la que tuvo tres hijos: 
Daniel, Gabriel y Adriana (asesinada el 8 de abril de 
1977 en Buenos Aires, cuyos restos fueron recuperados 

en el año 1983). 

Presidente del Sindicato de Artes Gráficas en Uruguay y dirigente de la 
Federación Anarquista del Uruguay (FAU), fue requerido el 27 de julio de 
1973, en un comunicado de las Fuerzas Conjuntas. 

Se trasladó a Buenos Aires donde conformó con León Duarte, Hugo 
Cores y muchos otros, el Partido Por la Victoria del Pueblo (PVP). Vivía en 
Grecia 3254 P. 15, Depto A. 

Desapareció el 9 de junio de 1976, secuestrado en el apartamento don¬ 
de trabajaba, ubicado en Manzanares 2331, 4to piso, esquina Arcos en el 
barrio de Núñez. Fue llevado en primera instancia a la Superintendencia 
de Policía Federal. 

Poco después fue secuestrada en la ratonera montada en ese mismo 
apartamento María del Pilar Ñores 12 (secretaria de Gatti) quien también 
fue llevada a "Coordinación Federal" y dos días después, bajo torturas, 
dio su verdadera identidad y el verdadero nombre "del Viejo", como lo 
llamaban los represores. A partir de ahí, en la misma Coordinación Fede¬ 
ral apareció para interrogarla el Mayor del Ejército Uruguayo Manuel 
Cordero y, pocos días después, fueron trasladados al CCD Automotores 
Orletti, donde estaba instalada la base operativa de los miembros del SID. 

Allí Gatti fue bárbaramente torturado, a raíz de lo cual tenía, entre otros 
daños, una grave lesión en un brazo. Muchos testigos lo vieron en esas 
condiciones. Washington Pérez fue secuestrado por los captores de Gatti y 
llevado a Orletti con el objeto de que obtuviera del PVP un rescate de dos 
millones de dólares. Para demostrar que Gerardo vivía, le sacaron una 
foto junto a Pérez, con un diario de la fecha, foto que Pérez conservó. 13 



12. Ver testimonio de María del Pilar Ñores, en capítulo Testimonio y Documentos, página . 

13. Ver testimonio de Washington Pérez en capítulo Testimonio y Documentos, página y foto en 
página . 


194 

















Sergio López Burgos, secuestrado el 13 de julio junto con Duarte, es 
uno de los que oyó la voz de Gatti y la del guardia, quien en ese momento decía 
que lo iban a poner en otro lugar y vi por debajo de la venda, cómo lo llevaban a 
rastras, estaba en una situación terrible y su cuerpo era la mitad de lo que había 
sido. 14 

Cecilia Gayoso, detenida el 9 de julio, en su testimonio dice que: estando 
detenida en Automotores Orletti, en la celda frente a la que yo ocupaba, estaba 
Gerardo. Lo oí hablar en más de una oportunidad y oía sus quejidos, lo vi, cuando 
lo llevaban a interrogar o al baño. En una oportunidad me crucé con él en un 
corredor; tenía dificultad para respirar, estaba en un estado lamentable. Por co¬ 
mentarios de los guardias me enteré que tuvieron que suspender las torturas por¬ 
que se les moría. Los argentinos se admiraban de lo que Gatti soportaba y del nivel 
de la tortura practicada por los uruguayos. En una oportunidad vino a ver a Gatti 
una importante personalidad argentina. 15 

Por el testimonio de Orestes Vaello (miembro del SIDE) ante la 
CONADEP (Legajo N e 3675), de fotos de desaparecidos en Orletti exhibi¬ 
das a este represor, Vaello reconoce a Gatti como una de las personas que 
él mismo torturó por orden de Aníbal Gordon. 

El 26 de julio de 1976, veinticuatro uruguayos sobrevivientes de Orletti 
fueron trasladados a Uruguay, en un vuelo no regular y de manera ilegal. 
Duarte y Gatti no viajaban en él y no se supo más de ellos. 

El fiscal militar de 2 e Turno, José A. Sambucetti, a quien se derivó el 
caso del cumplimiento del Art. 4 e de la ley 15.848 bajo la presidencia del 
Dr. Julio M. Sanguinetti, preguntó por escrito a los militares y policías de¬ 
nunciados. Estos respondieron de la misma manera, negando las acusa¬ 
ciones. Así se pretendió dar cumplimiento al Artículo 4 e de la Ley arriba 
mencionada. 16 


14. Testimonio de Sergio López Burgos, ante la comisión Investigadora sobre personas desapa¬ 
recidas y hechos que la motivaron de la Cámara de Diputados (1985). 

15. Testimonio de Cecilia Gayoso, ante Comisión Investigadora sobre personas desaparecidas y 
hechos que la motivaron de la Cámara de Diputados (1985). 

16. Expediente caratulado: GATTI ALTUNA, Gerardo; MENDEZ DONADIO, José Hugo; 
CANDIA, Francisco Edgardo y DUARTE LUJAN, León - Investigación por el Art. 4 B Ley N Q 
15.848". Actuación del Fiscal Militar de 2° Turno: Coronel José A. Sambucetti. 


195 

















La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada del ciudadano uruguayo Gerardo Francisco Gatti Antuña (C.1.606.396- 
5), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que permiten con¬ 
cluir que: 

1 . Fue detenido el día 9 de junio de 1976, en su domicilio de la calle Manzanares 
2331 esquina Arcos, barrio Núñez -Capital Federal-, por fuerzas represivas 
que actuaron en el marco de un procedimiento no oficial o no reconocido 
como tal. 

2. Estuvo detenido primero en la Jefatura de la Policía Federal Argentina y 
luego en el centro clandestino de detención Automotores Orletti, donde 
fue visto con vida hasta mediados del mes de julio aproximadamente en 
condiciones muy precarias de salud debido a las intensas y reiteradas tor¬ 
turas recibidas. 


ADOLFO ISABELINO STROMAN CURBELO 

Nació el l e de enero de 1955. Hijo de Adolfo Stroman y Julia Elsa Curbelo. 
Trabajaba de obrero en la empresa "Siemens". 

La denuncia presentada por su padre en la CONADEP indica que des¬ 
apareció el 14 de junio de 1976. Habría sido secuestrado mientras se diri¬ 
gía desde su casa en la calle White 5023 de Munro, hacia su lugar de traba¬ 
jo. Su padre constató que no había llegado a la fábrica. 

Este caso fue presentado por la Secretaría de Derechos Humanos del 
Ministerio de Justicia de Argentina a la Comisión para la Paz y no exis¬ 
ten datos sobre su militancia o vinculación a ningún grupo político, por 
ello es necesario seguir trabajando a fin de esclarecer los motivos de su 
desaparición. 



JOSÉ HUGO MÉNDEZ DONADÍO, 

"el Negro Méndez" 

Nació en Montevideo, el 7 de mayo de 1945. Hijo mayor 
de una familia de seis hermanos del matrimonio forma¬ 
do por Carmelo Méndez y Marta Luisa Donadío. Se casó 
joven con Juana Santos y nacieron: Roberto Hugo y Silvia 
Jannet. En esos años su vida era: trabajo, familia y fút¬ 
bol, era el capitán del cuadro "Barcelona" de Toledo. 


196 

















En el 68 entró a trabajar en "Alpargatas" y su vida cambió radicalmen¬ 
te. Se integró al "movimiento sindical" y luego a los GAU. Fue delegado y 
luego entró a la dirección del Congreso Obrero de Alpargatas (COA). 

Hada mediados del 74, ya en la clandestinidad, representó al COT (Con¬ 
greso Obrero Textil) en la Mesa Representativa (clandestina) de la CNT 
alternándose con Juan Angel Toledo. A mediados del 75, estando en una 
situación muy comprometida desde el punto de vista de seguridad, se tras¬ 
ladó a Argentina de manera ilegal. Se había separado de su esposa. 

En Argentina, realizó los trámites de radicación. Entró a trabajar de obre¬ 
ro en la Textil "Perle" y muy poco tiempo después, fue el encargado de 
Control de Calidad; mientras tanto continuó militando en los GAU y par¬ 
ticipando de conversaciones con otras organizaciones políticas urugua¬ 
yas, entre ellas el PVR 

El 15 de junio del 76 lo secuestraron en la estación de Villa Ballester a 
las 5:00, cuando se dirigía a su trabajo. De ahí lo llevaron a su domicilio 
desde donde secuestraron a su compañera, María del Carmen Martínez. 

El 18 de junio, una bomba estalló bajo la cama del Jefe de Policía de 
Buenos Aires, General Cesáreo Cardozo, matándolo. El sábado por la maña¬ 
na, pusieron la radio a voz en cuello y entraron en la pieza donde estábamos los 
detenidos, como una tromba a amenazarnos. Nos dijeron que nos iban a matar a 
todos, que nadie sabía que nos tenían allí. 17 

Méndez junto a Francisco Candía (también uruguayo desaparecido) fue¬ 
ron sacados de Automotoras Orletti en la noche del 20 de junio, después de 
horas y horas de torturas sin ningún tipo de interrogatorio a ninguno de ellos, 
torturaban por torturar, entró un camión en el local, sentimos que a ellos los lleva¬ 
ban arrastrando; al poco rato volvió el camión, pero ni de Hugo ni de Candía 
escuchamos nada. 


El Equipo Argentino de Antropología Forense comparó, las huellas 
dactiloscópicas que entregó Policía Técnica (uruguaya) a la Comisión para la 
Paz, con las consignadas en el expediente labrado en el momento del levanta¬ 
miento de dos cuerpos NN. Estas pericias arrojaron como resultado la identi¬ 
dad de los cuerpos: se trataba de Hugo Méndez y Francisco Candía. 


17. Ver testimonio de María del Carmen Martínez en capítulo Testimonio y Documentos, página 


197 


















Algún ex militar o policía uruguayo explicó en la Comisión para la Paz 
que: "el caso se les había ido de las manos". Que ese fin de semana ellos 
habían regresado a Montevideo y que, cuando volvieron a Buenos Aires el 
lunes por la mañana, los argentinos les comunicaron: "tienen dos menos". 
Que de bronca, porque aún no habían terminado con los interrogatorios, 
ellos liberaron a la compañera de Méndez. 


JULIO CÉSAR RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ 

Nació en Montevideo el 16 de febrero de 1956. Hijo de 
Osvaldo Rodríguez y Gladys Nelsa Rodríguez, creció 
en el barrio de La Teja y fue a la escuela de Carlos M® 
Ramírez y Pinzón. Militante de la ROE, se casó con Su¬ 
sana Conde con quien tuvo un hijo, César. 

Se radicó en República Argentina en 1974 y se inte¬ 
gró al Partido Por la Victoria del Pueblo. Trabajaba en 
una imprenta ubicada en la calle Pringles 450. Se domiciliaba en Juan Bau¬ 
tista Alberdi 2666 apto 4. 

Desapareció el 15 de junio de 1976 en Buenos Aires. Al llegar a su tra¬ 
bajo, quienes se identificaron como policías lo secuestraron. Había un ca¬ 
mión del Ejército presente. Fueron testigos los compañeros de trabajo y el 
Sr. Rubén Eiten, dueño de la empresa. 

María del Carmen Martínez, detenida en Automotores Orletti, dice que 
fue llevado a ese Centro Clandestino de detención el 16 de junio. A la ma¬ 
ñana siguiente, sentimos que traían un hombre y una mujer, que por dichos de ella 
estaba embarazada de muy poco tiempo. El se llamaba Julio Rodríguez Rodríguez, 
el nombre de ella nunca lo retuve, pero por la manera de hablar podía ser del inte¬ 
rior de Uruguay o de Argentina. Por lo que les decían los milicos, se deducía que 
estaban detenidos en la Comisaría de San Telmo y de este lugar les habían avisado 
que tenían a un uruguayo detenido y ellos lo habían ido a buscar. Daba la impre¬ 
sión que a ella la habían traído de rebote, que a quien habían ido a buscar era a Julio 
César. 

El 21 de junio por la noche, nos sacaron a Julio Rodríguez, a la chica y a mí a 
fuera de la pieza, "alguien " nos dijo que nos iban a poner en libertad. Con voz de 
mando ordenó que se nos trajeran los documentos. El guardia dijo que había en¬ 
contrado sólo los de Julio, y sobre los de las mujeres dijo: "los debe tener el Mayor 



198 

















guardados". En resumen, me bajaron del auto a pocas cuadras del Centro de deten¬ 
ción y en el vehículo siguieron su camino Julio Rodríguez y esa otra chica que por 
no haber retenido su nombre no puedo asegurar que haya sido liberada o esté des¬ 
aparecida. 18 


FRANCISCO EDGARDO CANDIA CORREA 

Nació en Canelones el 30 de abril de 1936, hijo de Fran¬ 
cisco Candia y Juana Correa. De su primer matrimonio 
tuvo un hijo, Sergio. Del segundo matrimonio nació su 
hijo Francisco, quien falleció a los 24 años. 

Obrero y dirigente textil de "La Aurora", dirigente 
del Congreso Obrero Textil (COT) y militante del Par¬ 
tido Comunista. Se radicó en la República Argentina a 
mediados de 1975. 

En Buenos Aires vivía en una pensión en Ramón Freire 804 en Colegia¬ 
les, Capital Federal. Trabajaba eventualmente en la construcción. Había 
comenzado los trámites de radicación. 

Fue secuestrado en la madrugada del 17 de junio de 1976 en la pensión 
donde vivía por la Policía Federal, testigo de ello fue el encargado de la 
pensión Sr. Héctor Cónsul. Fue trasladado inmediatamente a Automoto¬ 
res Orletti, donde compartió el mismo lugar de reclusión con: José Hugo 
Méndez, M 3 del Carmen Martínez, Jorge González Cardozo y su esposa 
Elizabeth Pérez Lutz, Julio C. Rodríguez, una joven de la que se desconoce 
el nombre y M 3 del Pilar Ñores Montedónico. 

Su detención se vincula con la de Hugo Méndez, ya que su nombre y 
dirección estaba en la agenda de Méndez. A pesar de que en los 
interrogatorios fue evidente desde un principio que no estaba militando. 

En el expediente hallado en la Cámara Federal y Correccional de la 
Nación, sobre dos cuerpos de hombres NN, y entregado por la Comisión 
para la Paz a los familiares de José Hugo Méndez y de Francisco E. Candia, 
consta que: 



18. Ver testimonio de María del Carmen Martínez en capítulo y Testimonio y documentos en 
página . 


199 





















El 21 de junio a las 2:00, funcionarios de la Comisaría 50-., se hicieron presen¬ 
tes en la intersección de las calles Argerich y Morón (a siete cuadras de Orletti), 
recurriendo a un llamado telefónico. Que encontraron dos cuerpos de hom¬ 
bres, cubiertos con una bandera blanca que decía: "Crio. Cardozo, Muerte a la 
Subversión -unirse y luchar- basta de hablar. Viva la Patria". Se solicitó la con¬ 
currencia de una ambulancia con un para-médico, quien certificó la muerte de 
ambos. Se describe en las condiciones en que fueron hallados los cuerpos, imo 
de ellos con un pie atado a un cinturón de cuero y totalmente desnudo, el otro 
con un pañuelo en la cabeza y una cuerda atando las manos. 

Sacaron fotos en el lugar del hecho, fotos con los cuerpos cubiertos por la ban¬ 
dera y fotos de los cuerpos enteros, y al final una foto de cerca de cada rostro. 
El médico certificó que ambos cuerpos tenían "gran cantidad de hematomas y 
contusiones". La ambulancia trasladó los cuerpos al Hospital Municipal 
Álvarez. Allí el médico forense extrajo las huellas dactiloscópicas, y realizó un 
examen exhaustivo de ambos cadáveres. De dicho informe se desprende clara¬ 
mente que fueron asesinados a golpes. 

El último informe del expediente es el del Cementerio de la Chacarita, consta 
que el 17 de julio, ambos cuerpos fueron inhumados en nichos como NN. No 
podrán ser recuperados. 


En Uruguay, el Fiscal Militar de 2° Turno, Cnel. José A. Sambucetti a 
quien le fue derivado el caso cumpliendo con el Art. 4 e de la ley 15.848 
preguntó por escrito a los militares y policías acusados. Estos respondie¬ 
ron de la misma forma, negando las acusaciones y mintiendo sobre sus 
destinos en el período indicado. Así se pretendió dar cumplimiento a di¬ 
cho artículo de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado 
(Ley de Impunidad). 


MARCOS BASILIO AROCENA DA SILVA GUIMARAES 

Nació en Montevideo, el 10 de diciembre de 1940. Hijo de Raúl Basilio 
Arocena y de la ciudadana brasilera Helena Da Silva Guimaraes. 

Vivía en Argentina desde la niñez y era soltero. Se domiciliaba en Santa 
Fe 2206 4 e Piso Apto. F. Capital Federal. 

En una carta de su hermano, Federico Arocena dirigida al Presidente 
de la Comisión de Derechos Individuales del Concejo de Estado Dr. Hamlet 
Reyes, denuncia que: mi hermano desapareció de su domicilio particular cito en 


200 














la Av. Santa Fe 2206, piso 4, departamento F, de Capital Federal el día 9 de julio 
de 1976, y desde entonces ni nuestra madre ni yo supimos más nada de él, ni de su 
paradero. Carta fechada el 24 de enero de 1977 19 . 


LEÓN GUALBERTO DUARTE LUJÁN, 

"el Loco Duarte" 

Nació en Pajas Blanca, Montevideo, el 25 de abril de 
1928. Hijo de León Duarte y Celia Lujan. 

Cursó primaria en la escuela N e 152 de Rincón del 
Cerro. Trabajó desde niño en las quintas de su barrio y 
a los 17 años empezó a trabajar en las zafras del Frigo¬ 
rífico Artigas. En 1952 ingresó en la Fábrica Uruguaya 
de Neumáticos Sociedad Anónima (FUNSA). 

Se casó con Hortensia Pereira, con quien tuvo un hijo: Néstor. De su 
matrimonio anterior tenía otro hijo, Gualberto. 

En 1957 fue elegido Secretario General del Sindicato de FUNSA y estu¬ 
vo desde los comienzos en la formación de la Central Obrera (CNT). Polí¬ 
ticamente, fue fundador de la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE) junto 
a Washington Pérez entre otros y en Buenos Aires del Partido por la Victo¬ 
ria del Pueblo (PVP). 

Desapareció el 13 de julio de 1976. Fue detenido en un bar en la calle 
San Juan junto con Sergio López Burgos y llevado al CCD Automotores 
Orletti, ubicado en Emilio Lamarca y Venancio Flores, donde fue visto por 
varios compañeros suyos. 

A Ricardo Gil, detenido en el "300 Carlos", sus represores le hicieron 
saber que Duarte había caído, aunque él no lo creía. 

López Burgos dice que: estando con Duarte en una cafetería en Boedo entre 
Carlos Calvo y San Juan, nos detuvieron entre 10 o 12 personas armadas, entre las 
que reconocí al oficial uruguayo Manuel Cordero. Ellos mismos gritaron que 
eran sindicalistas uruguayos y que los estaban secuestrando. Uno de los 
captores exhibió un carné argentino. Ya en la vereda, los patearon y les 



19. Con posterioridad al Informe de la COPAZ el EAF remitió a Madres y Familiares el testimo¬ 
nio de un sobreviviente de la Brigada de San Justo que declara que Marcos Arocena había sido 
muy torturado pero estaba con vida una semana después de su detención. 


201 




















dieron culatazos. Esposados y encapuchados los llevaron a un lugar, don¬ 
de para entrar, esperaron que se abriera una cortina metálica. 

Reconoció las voces de Eduardo Dean y Ana Inés Quadros. Duarte, le 
preguntó por Gatti a un oficial uruguayo, quien le dijo que estaba en otra 
habitación. Subieron a Duarte a otro piso y enseguida se oyeron sus gritos 
desgarradores. Al día siguiente lo llevaron arrastrando, porque no podía 
sostenerse. Sin embargo cuando se reponía algo, luego de las sucesivas torturas, 
daba aliento a los demás compañeros tratando de infundirles ánimo, asumiendo 
una actitud protectora, a pesar de su estado. 

El 26 de julio de 1976 trasladaron a los detenidos desde Argentina a 
Uruguay, pero a Duarte y Gatti no. En 1981, estando Eduardo Dean en el 
Penal de Libertad, preguntó por Duarte y le contestaron que era "un caso 
difícil". 

Washington Pérez presentó su testimonio ante la Comisión Investiga¬ 
dora Parlamentaria. El fiscal militar de 2do. Turno, José A. Sambucetti, a 
quien se derivó el caso, en supuesto cumplimiento del artículo 4 e de la 
Ley N e 15848, de Impunidad, preguntó a los denunciados y aceptó como 
verdad la negativa a reconocer los hechos; informando que no resulta¬ 
ban de la prueba diligenciada elementos que pudieran responsabilizar a 
los funcionarios denunciados como participantes de las detenciones y pos¬ 
teriores desapariciones de Gatti, Méndez, Candía y Duarte. Ello, sin ni 
siquiera repreguntar ni confrontar las declaraciones con los testimonios 
existentes. 


La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada del ciudadano uruguayo León Gualberto Duarte Luján (C.1.1.073.374) 
porque ha recogido elementos de convicción relevantes que permiten concluir 
que: 

1. Fue detenido el día 13 de julio de 1976, junto a otros uruguayos, en horas de 
la noche, en un bar de la calle San Justo -Capital Federal-, por fuerzas repre¬ 
sivas que actuaron en el marco de un procedimiento no oficial o no reconoci¬ 
do como tal. 

2. Estuvo detenido en el centro clandestino de detención Automotoras Orletti. 

3. Se lo vio con vida en ese mismo centro clandestino de detención hasta el 17 
de julio, en mal estado de salud por las reiteradas torturas recibidas. 

4. Fue probablemente "trasladado", con destino final desconocido, después de 
esa fecha. 


202 

















SIMÓN ANTONIO RIQUELO 

Nació el 22 de junio de 1976 en Argentina. Hijo de Sara Rita Méndez 
Lampodio y de Mauricio Gatti Antuña. Sara se inscribió en el hospital donde 
tuvo a su hijo, con un documento a nombre de Estela Maris Riquelo por 
miedo a ser secuestrada en ese momento. Simón vivía con ella en la calle 
Juana Azurduy n e 3163 de la ciudad de Buenos Aires. 

El 13 de julio de 1976 a las 23:30 hs., estaba en mi domicilio con una amiga, a 
quien también detienen, llamada Asilú Maceiro y mi hijo de 20 días. 20 

El 13 de julio de 1976 aproximadamente a las 23.00 horas golpearon muy fuer¬ 
te la puerta,... entra un grupo de 15 personas, todos vestidos de civil y con armas 
largas. Nos inmovilizan y revisan si tenemos armas en el cuerpo, luego separan a 
la compañera Maceiro. A mi hijo lo estaba haciendo dormir en ese momento, recién 
lo había terminado de amamantar, es de inmediato que empiezan a preguntarnos 
los nombres, nos inmovilizan y prácticamente de inmediato comienzan a interro¬ 
garnos en el mismo domicilio; ... el que dirige el operativo, o uno de los que lo 
dirige, me pregunta si no lo conozco y me dice en ese momento que es el Mayor 
Niño Gavazzo, su nombre, sí lo conocía del Uruguay. Me presenta también a otra 
persona que está también con funciones de mando y lo presenta como un militar 
argentino, no recuerdo su nombre, pero sí podría recordar bien su fisonomía, su 
físico... Nos dicen que nos van a trasladar en ese momento, nos amordazan, nos 
sacan ya estamos bastante... en mi caso personal estoy bastante atontada por los 
golpes, sobre todo los golpes en la cabeza. 

(...) En ese momento quiero agarrar a mi hijo para llevarlo conmigo y me dicen 
que no, que él no puede salir, que se va a quedar en la casa, que no va a pasar nada 
y me dice algo que es bastante paradójico: "que esta guerra no es contra los ni- 

~ n r y\ 

nos . 

Sara y Asilú fueron interrogadas y torturadas en lo que luego se supo 
era "Automotores Orletti". Al acercarse al CCD escuchó que por radio el 
chofer se comunicaba con el local a través de una clave, que luego se le¬ 
vantó la cortina metálica y que el coche entró. Al sacarla del coche le colga¬ 
ron un piolín con un cartelito y luego recibió un golpe que la atontó, no 
sabe por cuanto tiempo. Cuando se recobró, estando tirada en el suelo (...) 


20. Testimonio de Sara Méndez ante Comisión Investigadora sobre personas desaparecidas y 
hechos que la motivaron de la Cámara de Diputados (1985). 

21. Diario del Juicio. Juicio contra los Comandantes llevado adelante por el fiscal Strassera, en 
Argentina, 1985. 


203 

















empiezo a sentir voces de personas c¡ue están llegando en ese momento, voces que 
empiezo a reconocer: en el caso de León Duarte, un sindicalista uruguayo de 
FUNSA, lo conocía muy bien. Reconozco la voz de Margarita Michelini, una com¬ 
pañera maestra que también conocía bien y la de su esposo Raúl Altuna, eso me da 
la idea de que hay mucha gente y que somos todos uruguayos. 22 

... Veo nuevamente a la persona que se presentó en mi casa diciendo que era el 
mayor Gavazzo y me pregunta si no conozco a la otra persona que estaba con él. A 
esa otra persona sí la reconocí, era el mayor Cordero, otro oficial uruguayo. Tam¬ 
bién me presenta ahí a otro militar diciendo que era argentino. Todos ellos estaban 
de civil; se me muestra entonces un pizarrón donde hay un organigrama y me 
dicen que tengo que hablar sobre él. 23 

Sara y Asilú fueron trasladadas al Uruguay, en el vuelo no oficial del 
que habla Rodríguez Larreta. Pasaron por los mismos centros clandesti¬ 
nos del OCOA y del SID en Montevideo y fueron parte de la parodia mon¬ 
tada en Shangrilá, el 26 de octubre de 1976. En esas circunstancias estuvie¬ 
ron absolutamente aisladas del resto del mundo, por lo tanto, Sara creía 
que su hijo estaría con su propio padre o con su familia. 

En el Juicio el Dr. Ledesma le pregunta: ¿A quién le preguntó por su hijo? 

Respuesta: Le preguntaba a la guardia y le pedía me llevase a hablar con algún 
oficial. En ese caso me decían a veces que no había, que cuando llegase me iban a 
comunicar (...) Cuando llego a Uruguay, ya quizás con más tranquilidad, pregun¬ 
to incesantemente por mi hijo, se me dice que no se sabe nada, que después, de 
acuerdo con cómo declare, voy a tener alguna noticia de él. 

Dr. Ledesma: ¿Vio en Uruguay algunos de los militares uruguayos que había 
visto en Argentina? 

Respuesta: Sí, el primero que veo, que inclusive está informando a otros, es el 
mayor Gavazzo, es el que me dice que de acuerdo a los interrogatorios voy a tener 
alguna respuesta sobre mi hijo. 

Hay un Teniente Coronel (Rodríguez Buratti), relacionado a todo el operativo 
que es muy importante. Antes de pasarnos a los Penales ellos visitaron nuestros 
domicilios pidiendo a nuestras familias, todos los implementos personales que de¬ 
bíamos llevar al Penal. En mi caso particular, yo había pedido especialmente, que 
me confirmasen qué había pasado con mi hijo. Porque hasta ese momento (diciem- 


22. Del testimonio de Enrique Rodríguez Larreta Martínez ante la Comisión Investigadora 
Parlamentaria. 

23. Diario del Juicio. 


204 

















bre), ellos decían desconocer la situación, ya que mi hijo "había quedado en manos 
de los argentinos". Cuando vuelven de la casa de mis padres me comunican que: 
"mi familia dice que no lo tenía, pero que cabe la posibilidad de que lo estén ocul¬ 
tando por temor". 

Digo que es importante, porque antes de pasar a Punta Rieles, me hace llamar 
el mayor Gavazzo, me lo presenta, el nombre yo lo recuerdo algo así como Ramírez, 
y me dice que va a viajar especialmente a la Argentina a tratar de ubicar a mi hijo 
y que de inmediato va a ir al Penal a informarme. Me dice además, de que si en una 
semana no tengo visita de ellos que pida para hablar en la dirección del Penal con 
el Mayor Gavazzo, porque en dicho lugar no van a tener conocimiento de todo esto. 
Nunca más aparecieron por el Penal, ni ninguna de las solicitudes que hice fueron 
contestadas. 241 

Durante 27 años estuvo buscando a su hijo en Uruguay, no creyendo a 
los miembros del SID con respecto a que había quedado en Argentina, 
porque en el local del SID ubicado en Bulevar y Palmar, hubo un bebe por 
los meses de octubre, antes de ser "blanqueados" en Shangrilá. En el re¬ 
portaje antes mencionado, Sara dice: Inclusive nosotros estando en Bulevar 
Artigas sentimos voces de niños y había una mujer embarazada que dio a luz, la 
llevaron al Hospital Militar y luego vimos que preparaban una mamadera... esto 
sucedió próximos a la fecha en que nosotros fuimos presentados públicamente como 
detenidos en Uruguay (...) 

Por el testimonio de Ana Salvo, que debió enseñar a preparar una 
mamadera, y el movimiento de niños en el "piso de arriba" en el edificio 
del SID, todo daba a pensar, que Simón estuvo en dicho local en octubre de 
ese año. 

Debido a las consecuencias que tuvo y tiene la llamada "Ley de Impu¬ 
nidad" en Uruguay, durante trece años Sara estuvo reclamando a la Justi¬ 
cia uruguaya que exigiera la prueba de sangre, a un joven que se sabía era 
adoptado y había sido señalado, como que posiblemente fuese su hijo. En 
el año 2000, el Presidente Jorge Batlle convenció a este joven de hacerse la 
prueba de histo compatibilidad. El resultado fue negativo y fue a partir de 
ahí que se volvió a buscar nuevas pistas en Argentina. 

En una investigación para la revista Posdata, el periodista Roger 
Rodríguez obtuvo indicios de un militar retirado que integró la "patota de 


24. De la desgravación de un reportaje realizado en Argentina, el mismo día que Sara realizó la 
identificación del CCD Automotores Orletti, en el marco del Juicio contra los Comandantes. 


205 


















Gordon", sobre una clínica bonaerense ubicada en el barrio de Belgrano, 
donde habría sido abandonado Simón, en julio de 1976. 

Rafael Michelini, por su parte realizó averiguaciones y le fue sugerido 
que quizás el niño abandonado habría sido depositado en una comisaría 
policial, exactamente como había ocurrido en esos mismos días con otro 
niño, de casi dos años de edad, Ernesto Anzalone, quien estaba al cuidado 
de su tía Laura Anzalone, cuando ésta fue secuestrada también el 13 de 
julio de ese año. Ernesto, fue abandonado en un hospital y entregado en 
una comisaría. Puesto a disposición de un Juez, había sido entregado a 
una médica que se disponía a adoptarlo. La abuela del niño al saber de la 
desaparición de su hija, viajó a Buenos Aires y venciendo todas las barre¬ 
ras logró la disposición del juez para recuperar a su nieto. 25 El secuestro 
de Ernesto fue denunciado en Argentina con el nombre de Elias Alvarez, 
ya que su madre poseía un documento argentino a nombre de Elida Alvarez. 

Con este antecedente, Michelini comparó la lista de adopciones de ni¬ 
ños abandonados en la zona, durante esos días, con la lista del personal 
actuante en la comisaría. Al final dio con el policía que había adoptado a 
Simón y lo convenció de encarar al joven y contarle su verdadera historia. 
La prueba de ADN demostró que Sara había encontrado a su hijo. 26 


Wm LUIS ALBERTO CAMACHO OSORIA 


Nació en Paso de los Toros, Tacuarembó, el 11 de di¬ 
ciembre de 1954. Hijo de Santiago Camacho y Juana 
Osoria. 

Concurrió a la escuela y liceo de Enseñanza Pública 
en Paso de los Toros, donde lo llamaban "el flaco" y "el 
cabeza". A los 18 años dejó su ciudad para ir a buscar 
trabajo en Argentina. Su último trabajo fue en una me¬ 
talúrgica en Haedo. No se le conocía actividad política. En Buenos Aires, 
residía en un hotel de la calle Moreno, donde vivían otros uruguayos. 

Desapareció el 15 de agosto de 1976. La Policía Federal informó por carta 
a su madre que había sido abatido en la calle Gaona y Talcahuano. Ella viajó 


t 


25. Información publicada en Brecha, el 15 de marzo del 2003. 

26. Ver testimonios de Enrique Rodríguez Larreta Piera, Margarita Michelini y Ana Salvo en el 
capítulo Testimonios y Documentos, páginas . 


206 
















desde Paso de los Toros a Buenos Aires, donde le informaron que el cuerpo 
de su hijo estaba en el Hospital Güemes, pero no fue ubicado. 

En la Comisaría de la zona le mostraron la credencial cívica que ella le 
había enviado, cuando su hijo se la pidió porque le habían robado los do¬ 
cumentos. De allí la derivaron al cementerio de Morón, donde le dijeron 
que los restos de su hijo estaban en una fosa común. 

Tres años después, concurrió nuevamente al lugar a efectos de reducir 
los restos. En circunstancias en que los funcionarios del cementerio remo¬ 
vían la fosa común, la madre vio un frasco con 2 manos y un cráneo con la 
dentadura sana. Decidió exhumarlos como si fueran los de su hijo y proce¬ 
dió a reducirlos. 

Por instrucciones de la Cámara Federal Nacional de Apelaciones en lo Crimi¬ 
nal y Correccional de Buenos Aires, con la colaboración del Equipo Argentino 
de Antropología Forense y el patrocinio de la Comisión para la Paz, se obtie¬ 
nen las pericias forenses realizadas a un cuerpo NN hallado en la vía pública 
en la intersección de las calles Gaona y Santander de la localidad de Haedo, el 
15 de agosto de 1976. 

La pericia forense realizada en la oportunidad del hallazgo establece que el 
cuerpo presentaba múltiples heridas de bala y que el cuerpo fue inhumado en 
el cementerio de Morón con su verdadero nombre. 

Por intervención de la Comisión para la Paz y actuando el Equipo Argentino 
de Antropología Forense, los restos de Luis Alberto Camacho Osoria fueron 
repatriados a Uruguay el 3 de setiembre del año 2003. Ese día, su familia espe¬ 
ró los restos en la Empresa Martinelli y trasportó la urna a su ciudad natal. Los 
vecinos esperaban en el puente del Río Negro y luego de un oficio religioso en 
la Iglesia, fueron enterrados en el Cementerio de Paso de los Toros. 


MARIO JORGE CRUZ BONFIGLIO 

Nació en Montevideo el 15 de agosto de 1955. Hijo de 
Juan Polo Cruz y María Josefina Bonfiglio. Militante de 
la ROE en Uruguay. 

Se trasladó a Buenos Aires, donde se domiciliaba en 
una pensión de la calle Corrientes 2929 y se integró al 
proceso de formación del PVP. 

A las 21 horas del 26 de agosto de 1976, personas de 
civil que dijeron ser policías lo llevaron de su casa habiéndole hecho un 



207 

















allanamiento. Se llevaron con él todos sus documentos. No existen indi¬ 
cios sobre su destino. 


WALNER ADEMIR BENTANCOUR GARÍN 

Nació en Juan Lacaze (Colonia) el 22 de agosto de 1952. 
Hijo de Altamar Bentancour y Corina Garín. 

Desde joven, trabajaba como obrero textil de 
"Campomar" en Juan Lacaze y militaba en el gremio. 
La familia entera se trasladó a vivir a Buenos Aires. En 
Argentina se integró al PVP. 

El 3 de setiembre de 1976 a las 7 de la mañana, fue 
detenido en su domicilio sito en Río Bermejo esq. Agustín Magaldi, (Parti¬ 
do 3 de Febrero, Pcia. de Bs. As.) por un grupo de alrededor de 20 perso¬ 
nas de civil que se negaron a identificarse. En su casa estaban con él, sus 
padres y tres hermanos. 

Cuando su padre radicó la denuncia en la seccional policial "Eufrasio 
Alvarez" de la Policía Federal en la Pcia. de Bs. As., se le dijo que la deten¬ 
ción había sido realizada por la Policía y el Ejército. 

En diciembre un Capitán Pereyra (no sabemos dónde), le dijo a su pa¬ 
dre que su hijo figuraba en una lista de detenidos pero que no podía decir¬ 
le los motivos de la detención. Ese mismo mes, el 27 de diciembre del 76, 
su familia recibe una carta firmada por el Capitán Carlos Rodolfo Doglioli, 
del Ministerio del Interior, diciendo que no existía información sobre el 
paradero del hijo, ni de que hubiese sido detenido. 

En junio de 1977 en el mismo Ministerio, otro Capitán le dijo que no 
tenía sentido presentar Hábeas Corpus, porque no existían garantías indi¬ 
viduales y era infructuoso recurrir a abogados. 




JUAN GUILLERMO FERNÁNDEZ AMARILLO 

Nació en Fray Bentos el 5 de febrero de 1949. Hijo de 
Juan Ernesto Fernández y de Elida Aurora Amarillo. 

Emigró a Argentina en 1965. Allí trabajaba en "Mo¬ 
linos del Río de la Plata" y vivía en pareja con María 
Rodríguez, argentina, con quien tuvo una hija Marcela, 
nacida el el 22 de marzo de 1975. 


208 






















Se integró al Movimiento Montonero en 1972, pero mantuvo los víncu¬ 
los con el Partido Comunista Uruguayo y Argentino. 

Desapareció el 16 de setiembre de 1976. Fue detenido en la casa de su 
cuñado, Conrado D'Agosto, en la localidad de Bursaco. De acuerdo al tes¬ 
timonio de vecinos, lo retiraron de allí herido en una pierna. Se considera 
que intervinieron efectivos militares argentinos y uruguayos porque estos 
últimos luego estuvieron en casa de su hermana y le dijeron que su herma¬ 
no "había muerto como un valiente". 

Posteriormente secuestraron a su esposa con sus tres hijos. Los dos pri¬ 
meros de un matrimonio anterior con un ciudadano argentino y Marcela 
hija de Juan Guillermo. En la actualidad a través de la Secretaría de DDHH 
se ha podido saber que los niños fueron recuperados. Marcela vive con una 
tía, hermana de su madre en Argentina. Su esposa permanece desaparecida. 


JUAN MIGUEL MORALES VON PIEVERLING y 
JOSEFINA KLEIM LLEDÓ 

Juan nació en Montevideo el 20 de setiembre de 1947. 

Hijo de Juan José Morales (Cnel. ®) y María Elena Von 
Pieverling. 

Fue a la escuela y al liceo San Francisco de Sales 
(Maturana) siendo un excelente estudiante y compa¬ 
ñero de generación de uno de los miembros más acti¬ 
vos en la represión: Eduardo Ferro. Se casó joven con Josefina Keim Lledó, 
paraguaya, nacida el 12 de enero de 1941. Ambos estudiaban medicina en 
Uruguay y eran militantes del FER. 

En julio de 1972 fueron allanadas las viviendas del hermano de Juan, de 
su madre y de su propia pareja, Josefina Keim. El hermano reconoció en 
dicho operativo al Capitán Germán Carbone, por haber sido condiscípu¬ 
los en el Liceo Militar. Ingresaron al domicilio personas de civil y personal mili¬ 
tar. Mientras revisaron todo me interrogaban sobre Juan Miguel. Luego, me lleva¬ 
ron en un vehículo en el que iba un hombre encapuchado y, seguidos de un camión 
ligero del Ejército, fuimos conducidos al domicilio de mi madre. El personal mili¬ 
tar que revisaba la casa parecía estar al mando de un Tte. 2- del Ejército, que dijo 
llamarse Vignoli (sic). Allí se repitió el procedimiento anterior. Al día siguiente 
realizaron nuevos allanamientos. Juan Miguel no fue detenido en ese enton¬ 
ces pero sí requerido por las Fuerzas Conjuntas. 



209 



















Se estableció en Argentina en mayo de 1973 y su esposa lo hizo a fines 
de 1974; ella se inscribió nuevamente en Facultad de Medicina. Vivieron 
en la calle Talcahuano hasta abril de 1976 y al dejar el apartamento, lo 
ocupó un amigo del matrimonio, Miguel Páez con su esposa. Juan Miguel 
en Argentina se había integrado al PVP. 

Juan Miguel y Josefina desaparecieron el 23 de setiembre de 1976 en 
horas de la madrugada. La noche anterior, el domicilio del matrimonio 
Páez había sido allanado y saqueado. De su agenda copiaron varias direc¬ 
ciones, entre ellas las de un tío de Josefina Keim y la de un compañero de 
ella de facultad de apellido Paéz, quien fue secuestrado y llevado a otros 
allanamientos. Hacia las 3 de la mañana oyó por el radio del vehículo, que 
"el operativo había terminado con éxito" y lo dejaron libre. 

El Señor Pedro Keim, tío de Josefina supo por los vecinos de la pareja, 
que en las primeras horas de la madrugada, habían sacado a la fuerza y 
encapuchados al matrimonio de su domicilio sito en Rómulo Naón 2746 
apto 39 Buenos Aires, Capital Federal. 

Los operativos anunciados por Gavazzo en el local del SID a María del 
Pilar Ñores, habían comenzado. 

MARIO ROGER JULIEN CÁCERES 

Nació en Montevideo el 29 de abril de 1943, hijo de Luis 
Julien y María Angélica Cáceres. De profesión, dibu¬ 
jante; casado con Victoria Grisonas 

VICTORIA LUCÍA GRISONAS ANDRIJAUSKAITE 

Ciudadana argentina legalizada uruguaya y militan¬ 
te de la ROE. Tuvieron dos hijos: Anatole Boris nacido 
en Montevideo en 1972 y Victoria Eva en 1975 en Ar¬ 
gentina. 

Roger, como militante del OPR-33 estuvo preso en 
la cárcel de Punta Carretas. Escapó en "el Abuso" en 
1971, salió sordo de un oído por heridas provocadas en 
la tortura. Emigró a Argentina con su familia y allí se 
integró al proceso de fundación del partido Por la Vic¬ 
toria del Pueblo. 



210 





















Desaparecieron, junto con sus hijos, el 26 de setiembre de 1976. Fue¬ 
ron secuestrados en horas de la madrugada en su domicilio, sito en la calle 
Mitre 1390/92, Partido de San Martín. Según testimonio de los vecinos, por 
fuerzas uniformadas y de civil que entraron por el fondo y provocaron un 
tiroteo. Probablemente intervenían también, fuerzas uruguayas. El hecho 
se publicó en los diarios "La Razón" y "La Nación". 

Joaquín Castro, argentino y vecino, declaró que un domingo a media¬ 
dos de setiembre de 1976 oyó fuertes detonaciones. Comprobó que en la 
calle había gran cantidad de personas de civil fuertemente armadas, una 
tanqueta y militares vestidos de fajina. La gente que transitaba por la calle 
le informó que en Avenida de Mayo y Mitre habían puesto otra tanqueta 
para bloquear la zona. Vio que llevaban de arrastro a una mujer y le pare¬ 
ció que le dispararon en la calle; vio cómo llevaban a dos niños de corta 
edad que lloraban y pedían por su madre, a quien uno de los hombres 
dijo: tu madre es una yegua, tu madre no está más. No pudo ver más porque lo 
amenazaron. 27 

Alvaro Ñores Montedónico testimonió ante escribano público en Ontario 
(Canadá) que, estando preso en la cárcel clandestina Automotores Orletti, 
Gavazzo, mayor del Ejército Uruguayo, hizo llevar ante él al pequeño 
Anatole Juñen, a quien conocía. El niño le contó que su hermanita y su 
mamá estaban allí con él. Cuando Ñores preguntó por el padre, Gavazzo 
le contestó que se había suicidado masticando una pastilla de cianuro. 28 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Mario Roger Juñen Cáceres 
(C.1.1.232.840-2), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que 
permiten concluir que: 

1. Fue, detenido junto a su esposa Victoria Lucía Grisonas Andrijauskaite y sus 
dos hijos, de cuatro y un año y medio, el día 26 de setiembre de 1976, en 
horas de la noche, en su domicilio de la calle Mitre 1390, San Martín, ciudad 
de Buenos Aires, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un pro¬ 
cedimiento no oficial o no reconocido como tal. 


27. Testimonio presentado por escrito a la Comisión Investigadora sobre personas desapareci¬ 
das y hechos que la motivaron de la Cámara de Diputados (1985). 

28. Testimonio de Alvaro Ñores Montedónico, en el capítulo de Testimonio y Documentos en 
página . 


211 


















2. Fue gravemente baleado y herido en ese procedimiento, cuando enfrentó a 
las fuerzas represivas en los fondos de su casa intentando permitir que su 
mujer e hijos salieran sin ser detenidos por el frente. 

3. Existen indicios de que su cuerpo fue abandonado en la esquina de su casa y 
recogido y enterrado en una tumba NN en el cementerio Municipal de San 
Martín, Provincia de Buenos Aires. 


Un caso emblemático de víctimas del "PLAN CÓNDOR": 

Anatole y Victoria Julien Grisonas son dos niños secuestrados con sus pa¬ 
dres en Argentina, traídos a Uruguay y posteriormente abandonados en 
Chile. 

Anatole Boris y Victoria Eva habían nacido, el primero, en Montevi¬ 
deo el 22 de setiembre de 1972 y Victoria, en Buenos Aires el 7 de mayo 
de 1975, hijos del matrimonio Julien Grisonas, desaparecidos el 26 de 

setiembre. 

Estos niños contaban entonces con 4 años y 14 meses respectivamente, 
cuando fueron llevados con su madre herida al CCD Automotores Orletti. 
Permanecieron en ese infierno 10 días aproximadamente, escuchando gri¬ 
tos de torturados, radios encendidas a todo volumen, quizás viendo a su 
madre y otras mujeres sufriendo y a su vez, limitados a un pequeño espa¬ 
cio en ese clima de terror. De esto nos hablan los testimonios publicados 
en este informe de Alvaro Ñores, Beatriz Barboza y Elena Laguna, quienes 
los vieron en ese Centro Clandestino. 

Fueron trasladados a Montevideo después del 7 de octubre, conjunta¬ 
mente con María Claudia García de Gelman (ciudadana argentina de 19 
años traída al Uruguay, con el único objeto de esperar a que naciera su 
hija, secuestrar a la recién nacida y luego ejecutar a la madre) y llevados al 
local del SID. Por experiencias de otros traslados, es de suponer que los 
trajeron en avión. Sin embargo llama la atención lo que dice el ex soldado 
Walter García Rivas en "Confesiones de un Torturador": que en la Compa¬ 
ñía de Contrainformaciones se sabía que el Mayor Alfredo Lamy y el Ca¬ 
pitán Carlos Calcagno, habían viajado con dos niños, al parecer hijos de 
sediciosos, desde Buenos Aires a Montevideo. 

María del Pilar Ñores nos dice: No recuerdo la fecha en que me di cuenta que 
había chicos en el piso superior, pero un día escuché voces de niños y poco después 


212 














reconocí la voz de Anatole Julien a quien conocía. No me estaba permitido salir del 
subsuelo... sin embargo en dos o tres oportunidades subí. La primera vez, quería 
ver a Anatole, no sabía que allí también había "una chica embarazada". 

(...) La casa parecía estar desierta y sin muebles; ellos estaban en una pieza. 
Había un colchón en el suelo, donde estaba María Claudia, Anatole y Victoria. No 
me acuerdo si hablé algo con M. Claudia, ni siquiera si le pregunté el nombre o 
cualquier otra cosa. Sólo sé que hablé con Anatole, le dije que yo era la tía Mónica 
(apodo por el que él me había conocido) y si se acordaba de mí. Tampoco recuerdo si 
me conoció. Alvaro, mi hermano, sabía que la chica era argentina y que había sido 
traída en avión, con los chicos Julien y que eso había ocurrido días después de su 
traslado... 

(...) En los últimos tiempos de mi estadía en Bulevar Artigas, algún día escuché 
a los soldados, hablar sobre un viaje a Chile que algunos de ellos iban a realizar. No 
recuerdo quienes eran, pero supongo que serían cabos o sargentos; sí recuerdo que 
se trataba de asistir a algún"curso de entrenamiento”. Asocio a esto, lo que le 
escuché contar al Viejo (Sgto. Velázquez) sobre Anatole. Él decía que Anatole ha¬ 
blaba de que había visto que su madre era arrastrada por los pelos, en la calle, 
durante el operativo en que caen Roger, Victoria y sus hijos. Cuando contó eso 
asocié que los chicos ya no estaban en Bulevar y me preguntaba ¿dónde los ve el 
Viejo? ¿estarán en otra base? ¿los tiene en su casa? ¿los ve en casa de algún com¬ 
pañero?... 29 

Sara Méndez, el día que concurrió a reconocer oficialmente el local de 
Automotores Orletti en Buenos Aires, concedió una entrevista a un perio¬ 
dista, en la que dice que: (...) el sargento al que le llamaban el Viejo, era una 
persona que vivía cerca de Maroñas, le gustaban las carreras de caballos, era casa¬ 
do y se llevó a su casa a los niños Julien, Anatole y Victoria. Pudimos saber que 
fueron llevados a la casa de este sargento, a quien le llamaban el Viejo, aunque 
quizás no llegaba a los 40 años, pero tenía aspecto de avejentado por lo delgado... 

El día 29 de diciembre de 1976, el diario "El Mercurio" de Chile publicó 
una foto de dos niños, sentados en un banco de una plaza en Valparaíso. 
La niña, llevándose una galleta a la boca y él, protegiéndola con un brazo. 
Grandes titulares informaban: "Estas criaturas son Anatole, 4 años y su her- 
manita, Victoria Claudia, 1 año, que fueron misteriosamente abandonados hace 
cerca de una semana en la plaza O'Higgins". Los carabineros que los encon- 


29. Testimonio de María del Pilar Ñores Montedónico en el capítulo Testimonios y Documentos 
página . 


213 



















traron los entregaron al Juez de Menores y éste los envió a un albergue. 
Parecían argentinos por el modo de hablar. 

A mediados de 1979, la abuela de los niños, Angélica Cáceres fue invi¬ 
tada por la Comisión de DDHH de la Arquidiócesis de San Pablo a viajar a 
dicha ciudad. El Cardenal Evaristo Arns, le comunicó que sus nietos ha¬ 
brían sido encontrados en Chile, gracias a las fotos de los niños uruguayos 
desaparecidos, que corrían por el mundo. 

En Chile, en la oficina de Naciones Unidas la esperaba Belela Herrera, 
quien le confirmó que vivían en Valparaíso. Cuando estuvieron muy se¬ 
guros de que eran niños adoptados por la familia, conversaron con ésta. 
Los niños, hoy adultos, continuaron viviendo en Chile con la familia 
adoptiva, pero pasando el verano en Uruguay con su familia biológica. 


ADALBERTO WALDEMAR SOBA FERNÁNDEZ 

Nació en Montevideo el 31 de setiembre de 1944, hijo 
de Gualberto Soba y Linda Fernández. Formó pareja 
con María Elena Laguna, con la que tuvo tres hijos: 
Sandro Alberto, Leonardo Paolo y Tania Elizabeth. 

Trabajó en la industria frigorífica y en la empresa 
textil "La Mundial", militaba gremialmente y en la Or¬ 
ganización Popular Revolucionaria "33 Orientales" 

(OPR 33). 

En 1973, luego de que Soba fuera requerido en Uruguay por las Fuerzas 
Conjuntas, se trasladó con toda su familia a Argentina y se integró al pro¬ 
ceso de formación del Partido Por la Victoria del Pueblo (PVP). Trabajaba 
en una imprenta que tenía en su propia casa. 

En la mañana del 26 de setiembre de 1976 salió de su casa ubicada en 
Emilio Castro 749, localidad de Haedo, Provincia de Buenos Aires. 

A las 14 horas, un grupo grande de hombres vestidos de civil y fuerte¬ 
mente armados, irrumpieron en su domicilio donde se encontraba su com¬ 
pañera y sus hijos. Por el fondo de mi casa trajeron un hombre arrollado en una 
manta, lo tiraron en el piso y me dijeron: "ahí está tu esposo", yo tiré de la manta 
y lo desenvolví, estaba semidesnudo y ensangrentado... Del testimonio de Ele¬ 
na, adjunto a este Informe. 

(...) mientras tanto daban vuelta la casa, tirando y rompiendo todo, hasta que 
encontraron una caja de madera con dólares, que no pertenecían a mi familia, sino al 



214 














PVP... Elena, volvió a ver su esposo por última vez al día siguiente, en el Centro 
de Detención (Orletti), antes de ser trasladada con sus hijos a Montevideo. 

Viajó también en el mismo vuelo, la esposa de Alberto Mechoso (tam¬ 
bién desaparecido) y los hijos de ambas. Las trajeron a Uruguay en un 
vuelo comercial, haciéndose pasar por sus esposos: el "Turco" (Arab) y 
"Gabito" (Gavazzo). Las mantuvieron detenidas-desaparecidas hasta el 5 
de octubre, en un CCD aún no identificado. 30 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 

forzada del ciudadano uruguayo Adalberto Waldemar Soba Fernández (C.I. 

1.107.161-2), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que per¬ 
miten asumir que: 

1. Fue detenido el día 26 de setiembre de 1976, en la vía pública, en la Provincia 
de Buenos Aires, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un ope¬ 
rativo no oficial o no reconocido como tal. 

2. Después de detenido fue llevado a su domicilio, en la calle Emilio Castro 
749, ciudad de Buenos Aires, donde detienen a su esposa, señora Elena La¬ 
guna y a sus 3 hijos de 7, 4 y 2 años. 

3. Estuvo detenido con toda su familia, en Automotores Orletti. 

4. Fue probablemente "trasladado", con destino final desconocido, después del 
día 27 de setiembre de 1976, fecha en que su familia lo ve por última vez con 
signos de haber sido severamente torturado. 

5. La señora de Soba y sus hijos fueron trasladados al Uruguay el 27 de Setiem¬ 
bre de 1976 y posteriormente liberados. 


ALBERTO CECILIO MECHOSO MÉNDEZ, "Pocho" 

Nació en Flores el 4 de noviembre de 1936. Hijo de José 
Nilo Mechoso y Natalia Méndez. Se crió en el barrio de 
la "Cachimba del Piojo" y quedó viviendo el resto de 
su vida en la Teja. Se casó con Beatriz Castellonese 
Techera, con la que tuvo dos hijos: Beatriz y Alberto. 

Militaba en el Sindicato de la Carne y en la Federación 
Anarquista del Uruguay. 

Huyó a Buenos Aires, luego de fugarse del cuartel del Grupo de Artille¬ 
ría N e 5, donde estuvo detenido como militante del OPR-33. 



30. Ver Testimonio de Elena Laguna en el capítulo Testimonios y Documentos en página . 


215 






















Poco tiempo después fue su esposa con sus hijos. Vivían en la calle 
Miralla 2864-68, Villa Lugano, Capital Federal y se integró desde el princi¬ 
pio a la formación del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP). 

Desapareció el 26 de setiembre de 1976. Fue detenido en un bar, donde 
se había dado cita con su compañero y amigo Adalberto Soba, aproxima¬ 
damente a las 13:20 horas. 

El grupo operativo allanó cerca de las 15 horas el domicilio de Alberto. 
Registraron la casa e hicieron un boquete en una pared hasta que encontra¬ 
ron lo que buscaban, los dólares pertenecientes al PVP. En una valija se lle¬ 
varon el botín. Con ellos, también llevaron a la esposa e hijos y los tuvieron 
detenidos en una casa. Creo que de una sola planta. Nos tenían en el dormitorio, 
donde recuerdo una cama de matrimonio, una mesita y una silla. También recuerdo 
que había un espejo grande. Mi hermano y yo pudimos ir a ver televisión a la cocina, 
donde estaban unos cuatro hombres, que nos dejaron ver la película que estaban viendo: 
"La tercera guerra mundial". La comida que nos dieron era pollo comprado de algu¬ 
na rotisería. Esto lo recuerda Beatriz (h) quien tenía nueve años en ese enton¬ 
ces. Al día siguiente, el 27 por la tarde, el grupo operativo llevó a Alberto Me¬ 
choso a visitar a su familia : A papá lo trajeron con las manos atadas hacia delante, 
yo no sabía que sería la última vez que lo vería... Luego de eso, se lo llevaron y la 
familia fue trasladada al aeropuerto. Beatriz (h), recuerda una ambulancia: 
no sé si nos llevaron en ambulancia o si detrás de nuestro vehículo, venía una. Sí re¬ 
cuerdo, que íbamos con la cabeza hacia abajo con mamá entre nosotros dos (,..) 31 

Los trasladaron al Uruguay en un vuelo comercial junto a la esposa de 
Adalberto Soba y sus hijos. Nos trajeron Gavazzo y el Turco Arab, y nos dijeron 
que debíamos comportarnos como si fuésemos dos familias. El maletín donde traían 
los dólares no cerraba bien, porque estaba que reventaba. A Gavazzo no le daban 
las manos para sacar billetes y ponérselos en los bolsillos. 32 

Ambas familias continuaron desaparecidas hasta el 5 de octubre de 1976, 
fecha en que fueron liberadas cerca de los domicilios de sus respectivas 
familias en Montevideo. 

El recuerdo de donde los mantuvieron retenidos en Montevideo es aún 
confuso. Está claro que era cerca del aeropuerto, por el ruido de los avio¬ 
nes que pasaban cerca. Se veía campo, a través de una ranura de las persia- 


31. Testimonio de Beatriz Mechoso Castellonese, realizado para este informe. 

32. Ver testimonio de Beatriz Castellonese de Mechoso en capítulo Testimonios y Documentos, 
página . 


216 














ñas de madera que permanecieron cerradas al igual que las ventanas inte¬ 
riores. Están de acuerdo que era una pieza muy grande, bastante oscura, 
había alguna cama. Algunas de las paredes estaba revestida con baldosines 
miniaturas, ya que los niños las despegaban. La puerta sólo se abría cuan¬ 
do la guardia (siempre de particular) les llevaba de comer. 

No es casual que ambas familias, hayan sido liberadas el mismo día que 
los detenidos del PVP en Automotores Orletti fueron trasladados. 

La Comisión para la Paz, considera confirmada la denuncia sobre desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Alberto Cecilio Mechoso Méndez 

(C.1.956.404-7), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que 

permiten concluir que: 

1. Fue detenido el día 26 de setiembre de 1976, a las 13 horas, en un bar de la 
ciudad de Buenos Aires, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de 
un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Su detención se produce en el marco de un operativo global realizado a mi¬ 
litantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), grupo al cual pertenecía 
Mechoso. 

3. El mismo día, a las 15 horas, en su domicilio de la calle Miralla 2864 -Villa 
Lugano-, Provincia de Buenos Aires, fue detenida su señora Beatriz 
Castellonese de Mechoso y sus hijos, de 6 y 8 años. 

4. Estuvo detenido en el centro clandestino de detención Automotores Orletti. 
De allí fue trasladado a donde se encontraba detenida su familia, quien lo 
vio con vida el 27 de setiembre. 

5. Después habría vuelto a Automotores Orletti, de donde fue probablemente 
"trasladado", con destino final desconocido, antes del 6 de octubre de 1976. 

6. La Sra. de Mechoso y sus hijos fueron trasladados al Uruguay el 27 de Se¬ 
tiembre de 1976 y posteriormente liberados. 


RAÚL NÉSTOR TEJERA LLOVET 

Nació en Montevideo el 8 de octubre de 1947. Hijo de 
Raúl Nicomedes Tejera y Blanca Llovet. Militaba en la 
Iglesia de Tierra Santa y en la Resistencia Obrero Estu¬ 
diantil (ROE). 

En 1975 emigró a Buenos Aires y vivió en casa de su 
hermana María Isabel, en la calle Trejo y Sanabria n e 
34, de la localidad de Turdera. En Argentina militaba 
en el Partido Por la Victoria del Pueblo (PVP). 



217 




















El 26 de setiembre, su hermana se fue a trabajar a las 8 de la mañana y 
se despidió de él normalmente, al regresar por la tardecita, le extrañó en¬ 
contrar un termo roto en el piso, porque: "mi hermano era muy prolijo". 

Desapareció ese 26 de setiembre de 1976 en horas de la tarde, se presu¬ 
me que junto a Juan Pablo Errandonea, seguramente llevados ambos a 
Orletti, donde operaban miembros del SID y del OCOA. 

En marzo de 1977, su hermana y el esposo fueron detenidos en su casa, enca¬ 
puchados y trasladados a un lugar donde permanecieron tres días detenidos. 
María Isabel fue torturada e interrogada sobre sus actividades en Argentina, 
luego le anunciaron que iba a comparecer ante un "tribunal de uruguayos". 

Estos la interrogaron sobre sus actividades en Uruguay. Sobre urugua¬ 
yos que conocía en Argentina, además de querer los nombres de conoci¬ 
dos de su hermano desaparecido, ella preguntó por él, a lo que le respon¬ 
dieron: que no se preocupara ya que no le vería nunca más, que se trataba de un 
“pesado" que, aunque no tenía armas, le habían encontrado un plano. 

Describe a "los uruguayos": uno alto y delgado, al otro lo identifica por 
fotos y está segura que es Eduardo Ferro, quien en ese momento operaba 
en la Compañía de Contrainformaciones. 


La Comisión para la Paz, considera confirmada parcialmente la denuncia so¬ 
bre desaparición forzada del ciudadano uruguayo Raúl Néstor Tejera Llovet 
(C.1.1.171.334-3), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que 
permiten concluir que: 

1. Fue detenido el día 26 de setiembre de 1976, en la vía pública, junto a Juan 
Pablo Errandonea -desaparecido- en la ciudad de Buenos Aires, en un ope¬ 
rativo global realizado contra militantes del Partido por la Victoria del Pue¬ 
blo (PVP) por fuerzas represivas que actuaron en le marco de un procedi¬ 
miento no oficial o no reconocido como tal. 

2. No existen indicios sobre su destino posterior. 



JUAN PABLO ERRANDONEA SALVIA 

Nació en Montevideo el 29 de diciembre de 1955. Hijo 
de José Antonio Errandonea Gutiérrez y María Mag¬ 
dalena Salvia Lacosta. 

Su infancia y adolescencia transcurrieron en la ciu¬ 
dad de Las Piedras, Departamento de Canelones. Vi¬ 
vía en la calle José Batlle y Ordóñez n e 676. 


218 















Hizo sus estudios primarios en el Colegio San Isidro de Las Piedras 
(1961-1966). Entre 1963 y 1064 practicó natación en el Club Olimpia de 
Colón. Cursó sus estudios secundarios en el Liceo Manuel Rosé de Las 
Piedras y estaba cursando primer año de Preparatorios de Derecho en 1973. 

También realizó estudios de música (piano) con muy buenos augurios de 
sus profesores, pero cuando se estaba preparando para ingresar al Conser¬ 
vatorio Nacional de Música hizo un análisis de vida y llegó a la conclusión 
de que era mucho más importante su militancia social. Militaba desde los 13 
años, cuando en primer año liceal se inició en la lucha por el boleto estudiantil. 
Era estudiante y trabajaba como cobrador de la Cooperativa de Asistencia 
Médica Integral en Las Piedras entre 1970 y 1973. Su vida se centraba en ac¬ 
tividades humanitarias, estudiantiles y políticas. Perteneció a la Federación 
Anarquista Uruguaya (FAU) y a la Resistencia Obrera Estudiantil (ROE). 

Hacia mediados de agosto de 1973 llegaron a su casa integrantes de las 
Fuerzas Conjuntas, la allanaron cuatro veces en la misma noche tratando 
de encontrarlo. Tenía 17 años. A partir de esa noche permaneció escondi¬ 
do por una semana, encontrándose furtivamente con sus padres hasta que 
partió a Buenos Aires. 

El 28 de agosto de 1973 realizó el trámite de radicación y se instaló en 
Buenos Aires donde trabajaba como obrero gráfico. Se integró al proceso 
de formación del PVP 

Desapareció el 26 de setiembre de 1976. Fue detenido en la vía pública 
junto con Raúl Tejera Llovet, en horas de la tarde, cuando se dirigía a su 
lugar de trabajo. El operativo fue realizado por fuerzas coordinadas de Ar¬ 
gentina y Uruguay, en forma similar, según detalles que ofrecieron comer¬ 
ciantes de la zona, a los operativos que se venían realizando en esos días. 

La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Juan Pablo Errandonea Salvia 
(C.I. 63.969 Departamento de Canelones), porque ha recogido elementos de 
convicción relevantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenido el día 26 de setiembre de 1976, junto a Raúl Tejera Llovet 
(también desaparecido) en la vía pública en la ciudad de Buenos Aires, en un 
operativo global realizado contra militantes del Partido por la Victoria del 
Pueblo (PVP) por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un proce¬ 
dimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. No existen indicios sobre su destino posterior. 


219 
















JORGE ROBERTO ZAFFARONI CASTILLA, 
"Charleta" 

Nació en Montevideo el 2 de mayo de 1952, hijo de Ju¬ 
lio Zaffaroni y Marta Castilla. Vivió en Nuevo París, 
Carrasco y en el Centro. 

Hizo Primaria en el Colegio "Christian Brothers" y 
Secundaria en el Liceo Público N e 15, realizando el se¬ 
gundo ciclo del Plan Piloto (Plan 63) en el Liceo Zorrilla. 

MARIA EMILIA ISLAS GATTI 

Nació en Montevideo el 18 de abril de 1953, hija de Ra¬ 
món Islas y María Ester Gatti. 

María Emilia creció en el Cordón y luego vivió en 
Colón. Practicó deportes durante nueve años en el Club 
Sporting, habiendo concurrido a la escuela "Artigas" y 
al liceo Zorrilla. 

Ambos estudiaron Magisterio y militaron en la Aso¬ 
ciación de Estudiantes de Magisterio y en la Resistencia Obrero Estudian¬ 
til (ROE). Contrajeron matrimonio en 1973 y tuvieron una hija, Mariana. 

Fueron requeridos por las FFCC el 7 de enero de 1974. Se fueron a Argen¬ 
tina dejando a la hija con su abuela materna, quien la llevó a Buenos Aires 
un mes más tarde, cuando ellos se habían establecido en la Capital Federal. 

En Buenos Aires se integraron al proceso de formación del Partido Por 
la Victoria del Pueblo (PVP). 

El 27 de setiembre de 1976, Jorge fue detenido en la calle cerca de las 18 
hs. y llevado a su domicilio, sito en Venezuela 1328, Vicente López, Peía, 
de Bs. As. Los captores allanaron, robaron y destrozaron la casa y espera¬ 
ron dentro, la llegada de María Emilia con su hija Mariana quien tenía en 
ese momento 18 meses. 

María Emilia, le había escrito a su madre en esos días, diciéndole que 
creía estar embarazada, hecho corroborado recientemente por dos amigas 
de la pareja. Sus vecinos, el Sr. Mariano Casella y su esposa, presenciaron 
el operativo y relataron a María Ester (madre de M. Emilia) cómo llevaron 
a los jóvenes en diferentes vehículos y el saqueo de sus pertenencias. 

Orestes Estanislao Vaello, miembro del Batallón 601 (Inteligencia) decla¬ 
ró ante la CONADEP ésta detención de la siguiente manera:... con respecto a 




220 






















la orden que se adjunta en el anexo 2 33 , manifiesta que: es una orden que provenía de 
Secretaría de Inteligencia del Estado, por vía del Comando del Primer cuerpo del Ejér¬ 
cito. Revistaba origen exterior, que significa un pedido del Servicio de Inteligencia de 
Uruguay. Que la persona a detener se llamaba Jorge Zaffaroni, y como objetivo secun¬ 
dario María Emilia Islas de Zaffaroni... Estas personas fueron entregadas en la "Cue¬ 
va" de la vía (Automotores Orletti), a gente de la SIDE que, por comentarios hechos 
en el lugar, el dicente afirma fehacientemente que fueron interrogados por personal 
del Servicio de Inteligencia uruguayo (SID) conjuntamente con gente de la SIDE. 

Beatriz Barboza, detenida el 30 del mismo mes a las siete de la mañana 
y liberada esa misma noche con expulsión al Uruguay, estuvo en Automo¬ 
tores Orletti. Declara que, estando en dicho CCD y luego de que fuera 
golpeada e interrogada, la ubicaron en una pieza, con la orden de que: no 
mire, no hable y no se mueva. Escuchó la voz de un niño que pregunta ¿y ella 
quién es? a lo que la voz de María Emilia respondió es la tía Bety. 

María Emilia se ubicó a mi lado y con gran excitación y en forma apresurada 
me dijo que ella, su esposo e hija, fueron detenidos el día 27 y que con ella estaban 
además los hijos de ]ulien. 3i 

Mariana, de 18 meses, fue apropiada por uno de los represores de la SIDE, 
quien falseando la fecha de nacimiento la inscribió como hija biológica del 
matrimonio. Luego de un enorme peregrinaje de su verdadera familia, fue 
ubicada en 1983 como hija del matrimonio formado por el Oficial del Ejérci¬ 
to argentino Miguel Ángel Furci y Adriana González. 

En el juicio llevado adelante por el Juez Marquevich en agosto de 1984, 
por la restitución de Mariana, su apropiador declaró: Que observa en dicho 
lugar (se viene refiriendo a Automotores Orletti), que en el sector destinado a 
detenidas mujeres, a una mujer "tabicada" (vendados los ojos) y jugando a su 
alrededor a una niña de aproximadamente un año de edad. Toma entonces conoci¬ 
miento que tanto la mujer detenida como su pareja iban a ser trasladados por 
miembros del Ejército uruguayo a dicho país (...) que accede a la tenencia de la 
menor y la "adopta" como hija propia... 

En 1985, ante la inminente prueba de sangre ordenada por el Juez, el 
matrimonio Furci-González huyó con Mariana a Paraguay. La organiza¬ 
ción de las Abuelas de Plaza de Mayo y su familia, continuaron las inves¬ 
tigaciones y búsqueda. 


33. Ver documento "orden de captura" en el capítulo Testimonios y Documentos, en página . 

34. Testimonio de Beatriz Barboza, en capítulo Testimonios y Documentos en página . 


221 



















Recién en 1992 fue ubicada y restituida su identidad. Furci y su esposa 
fueron procesados y sentenciados a siete años de prisión, por el delito de 
supresión del estado civil de una menor de diez años y falsificación ideo¬ 
lógica de documento público. 

La Comisión parala Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada de la ciudadana uruguaya María Emilia Islas Gatti de Zaffaroni 
(C.1.1.270.201-8), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que 
permiten concluir que: 

1. Fue detenida junto a su hija Mariana de 18 meses de edad, en la calle Venezue¬ 
la 3328, barrio Chacabuco, Provincia de Buenos Aires, el día 27 de setiembre 
de 1976, sobre las 19 horas, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de 
un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Momentos antes y en las mismas circunstancias había sido detenido su es¬ 
poso, Jorge Roberto Zaffaroni Castilla, también desaparecido. 

3. Estuvo detenida, con su marido y su hija, en el centro clandestino de deten¬ 
ción Automotores Orletti. 

4. Fue probablemente "trasladada", con destino final desconocido, entre el 5 al 

6 de octubre de 1976. 


WASHINGTON CRAM GONZÁLEZ 

Nació en Montevideo el 17 de octubre de 1949, hijo de 
Julio Cram y Cresencia González. Estaba casado con 
Teresa Campodónico con quien tuvo una hija: Moira 
Su infancia y juventud se desarrollaron entre los ba¬ 
rrios de Sayago y Colón. Fue al liceo Colón y ejercitaba 
basketball y fútbol en el Club Colón. Luego estudió Ma¬ 
gisterio y militó en la Resistencia Obrero Estudiantil 
(ROE). Emigró a Argentina y allí formó pareja con Cecilia Trías. 

CECILIA SUSANA TRIAS HERNÁNDEZ, "Piti" 

Nacida en Montevideo el 24 de agosto de 1954, hija de 
Luis Trías e Irma Hernández. Creció en el barrio Nue¬ 
vo París. Cecilia estudió Magisterio y militó en la ROE. 

Emigró a Argentina, domiciliándose en la calle Vi¬ 
cente López 2273, en el Partido de Morón, junto con su 
pareja, Washington Cram, y tuvieron un hijo a quien 




222 




















llamaron Marcos. En el momento del secuestro de sus padres, era un bebé 
que había quedado al cuidado de una vecina. Fue recuperado por su abue¬ 
la materna Irma, que lo trajo con ella a Uruguay. 

Washington y Cecilia eran militantes del Partido por la Victoria del Pue¬ 
blo. Según se ha podido reconstruir: el 28 de setiembre de 1976 luego de 
las 17 horas, esperaban en un Bar de Capital Federal ubicado en Fa Paz y 
Juramento. Un grupo de hombres vestidos de civil y armados, entraron en 
el bar y se los llevaron. 

Por el testimonio de J.F.B., argentino, presentado por el Dr. Jorge Baños 
en la Comisión Investigadora Parlamentaria, se pudo saber que: Estando 
detenido en lo que luego identificó como Automotores Orletti, fueron conducidos 
al lugar un grupo de uruguayos de los que no recuerda nombres ni apellidos, úni¬ 
camente los de Rúben Prieto y Washington Cram. 

J.F.B. fue secuestrado el 23 de agosto y liberado el 7 de octubre, por él se 
pudo saber que Marcelo Gelman y su esposa María Claudia García de 
Gelman habían estado en Orletti al igual que otros ciudadanos argentinos, 
cubanos, chilenos y uruguayos. Aclara que muy pocos días antes de que él 
fuese liberado, todos los uruguayos fueron trasladados. 


CARLOS BONAVITA ESPÍNOLA 

Nació en Montevideo el 23 de mayo de 1933. Hijo de 
Luis Pedro Bonavita y Victoria Espinóla. Se casó en 1954 
con Elena Sandrés de quien pronto se separó. Era ac¬ 
tor, escritor y periodista de Marcha, El Popular y Epo¬ 
ca. Muchos lo recuerdan como actor en "Telecataplún", 
tirado en una cama en camiseta, con la foto de Gardel y 
mate en mano, reflexionando en voz alta y dirigiéndo¬ 
se al "Mago" como si este fuera el interlocutor de sus reflecciones sobre la 
situación económica y política del país. 

Militaba en el Frente Izquierda de Liberación (FIdeL). Se radicó defini¬ 
tivamente en Argentina luego del Golpe de Estado en Uruguay. Allí se 
domiciliaba en Corrientes y Pueyrredón. 

Gestionó la calidad de refugiado en ACNUR y la obtuvo el 13 de julio 
de 1976. En su solicitud dice que en 1959 había estado comprometido en 
un fracasado movimiento revolucionario en Paraguay destinado a derro¬ 
car a Stroessner. Eso le valió prisión y torturas en Paraguay y popularidad 



223 




















en Uruguay. Si bien no integró movimientos nacionales similares en Uru¬ 
guay, y no era un militante importante, sí era políticamente notorio. En 
1962 se hizo actor de televisión y teatro. Ese mismo año se formó el FIdeL 
(Frente de Izquierda de Liberación), que presidió su padre y que estaba 
integrado, entre otras corrientes, por el Partido Comunista. 

En octubre de 1974 representó a Uruguay en el Primer Encuentro Lati¬ 
noamericano de Periodistas en Caracas, donde calificó muy duramente al 
gobierno uruguayo. En su apartamento de Montevideo ubicado en Andes 
1217 apto. 20, se guarecieron muchos militantes del Partido Comunista. La 
casa era allanada periódicamente para verificar si él había vuelto del exte¬ 
rior. Si bien no había sido requerido, las FFCC publicitaron su nombre en 
una lista de personalidades públicas como "traidores a la Patria". 

Desapareció el 29 de setiembre de 1976, según una versión dada a 
ACNUR en Buenos Aires. Habría sido detenido por efectivos del Ejército 
Argentino y de la Policía Federal, presumiblemente junto a otras personas 
de nacionalidad argentina en el apartamento de un abogado. 

Hasta aquí, la información que manejaba el Grupo de Madres y Fami¬ 
liares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos. Las averiguaciones reali¬ 
zadas en el marco de la Comisión para la Paz, aportaron el dato que fue 
secuestrado y desaparecido por un operativo realizado por miembros de 
la Armada Argentina y trasladado a la Escuela de Mecánica de la Armada 
(ESMA). El abogado y varias personas que participaron en la reunión fue¬ 
ron vistos por sobrevivientes en este centro clandestino de detención. 


RUBEN PRIETO GONZÁLEZ "Cachito" 

Nació en Montevideo el 23 de setiembre de 1952. Hijo 
de Roberto Prieto y Milka González. 

Hizo estudios primarios en la escuela Abraham 
Lincoln y secundarios en el Liceo N e 8, Zorrilla (noc¬ 
turno) y luego en el Dámaso A. Larrañaga. De niño in¬ 
tegraba un equipo de Baby Fútbol. Vivió en el barrio 
Jacinto Vera y luego en Malvín. Trabajó haciendo 
suplencias en FUNSA. Militó en el FER y posteriormente en la Resistencia 
Obrera Estudiantil (ROE). 

Se exilió en Argentina en 1972, donde obtuvo radicación, la que se le 
retiró en 1974 luego de haber sido detenido con otros 100 uruguayos, en 



224 
















una reunión preparatoria al aniversario del Golpe de Estado en Uruguay. 
Al ser liberado, siguió viviendo en Argentina en calidad de refugiado de 
ACNUR. 

Formó pareja con María de los Angeles Michelena con quien en setiem¬ 
bre de 1975 tuvo una hija, a la que llamaron María Victoria. 

Según versiones de vecinos, su domicilio fue allanado el 30 de setiem¬ 
bre de 1976 por hombres de particular armados, que se trasladaban en dos 
Ford Falcon y una ambulancia y robaron todos los objetos de valor lleván¬ 
dolo envuelto en frazadas. Volvieron al mismo domicilio en dos oportuni¬ 
dades más. Desapareció el mismo 30 de setiembre de 1976 en Buenos 
Aires, en horas del mediodía, en la zona de Congreso. Según testimonio 
prestado ante el Poder Judicial de la Nación por el Sr. J.F.B. (DNI 11 957 
710) el 22 de noviembre de 1984, recuerda: haber visto en la cárcel clandestina 
Automotores Orletti, a un grupo de uruguayos entre los que se encontraba Rubén 
Prieto. 


La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada del ciudadano uruguayo Rubén Prieto González (C.I. N s 1.270.898-7), 
porque ha recogido elementos de información relevantes que permiten con¬ 
cluir que: 

1. Fue detenido el 30 de setiembre de 1976 en la vía pública -zona de Congre¬ 
so-, en horas del mediodía, por fuerzas represivas que actuaron en el marco 
de un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Estuvo detenido en el centro clandestino de detención de Automotores Orletti. 

3. Fue probablemente "trasladado", con destino final desconocido, antes del 
día 6 de octubre de 1976. 


ARMANDO BERNARDO ARNONE HERNÁNDEZ 

Nació en Montevideo el 20 de agosto de 1952. Hijo 
de Armando Amone y Petrona Hernández, vivieron 
siempre en Piedras Blancas. Concurrió al Colegio de 
Nueva Pompeya hasta 4to año de escuela y continuó 
sus estudios, inclusive Secundaria, en la Sagrada Fa¬ 
milia. Los Preparatorios los realizó en el turno noc¬ 
turno porque había empezado a trabajar en la fábri¬ 
ca de Fideos ADRIA. 



225 


















Era militante del FER y del FRT. Se casó con María Cristina Mihura el 25 
de julio de 1974. En junio de 1975 se radicaron en Buenos Aires donde 
trabajó en una empresa metalúrgica y se integró al PVP. 

Desapareció el I a de octubre de 1976 en horas de la mañana en la ciu¬ 
dad de Buenos Aires. Salió del apartamento de un amigo, -portero del 
edificio sito en Millón 2120 del barrio Belgrano- donde pasó la noche junto 
a su madre y su esposa. Al salir avisó que regresaría a almorzar, nunca 
sucedió. Su madre luego de su desaparición regresó al Uruguay y sufrió 
un allanamiento por parte del Ejército en el cual le revisaron todo, buscan¬ 
do papeles, según le dijeron. 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Armando Bernardo Amone 
Hernández (C.1.1.293.432-6), porque ha recogido elementos de convicción re¬ 
levantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenido, el día l s de octubre de 1976, en la vía pública, en el barrio 
Belgrano, ciudad de Buenos Aires, en un operativo global realizado contra 
militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) por fuerzas represi¬ 
vas que actuaron en le marco de un procedimiento no oficial o no reconocido 
como tal. 

2. Existen indicios que permiten suponer que habría estado detenido en el cen¬ 
tro clandestino de detención Automotores Orletti. 


RAFAEL LAUDELINO LEZAMA GONZÁLEZ 

Nació en Montevideo el 7 de mayo de 1953. Hijo de 
Rafael Lezama Mulet y Alba González. 

Vivió la mayor parte de su vida en El Prado, concu¬ 
rriendo a la escuela del Prado. Secundaria la hizo en el 
Dámaso Larrañaga. Cursaba Preparatorios de Derecho. 
Hacía karate en la Asociación Cristiana de Jóvenes. 

En Uruguay militaba en el Frente de Estudiantes 
Revolucionarios (FER) y en la Federación de Estudiantes Universitarios 
del Uruguay. Emigró a Buenos Aires. Allí militó en el Partido por la Victo¬ 
ria del Pueblo (P.V.P) 

Desapareció el I a de octubre de 1976. Salió de su casa cerca de las 16 hs. 
despidiéndose de su compañera Olga Martínez y nunca más volvió. El 
mismo día desaparecieron otros militantes del PVP. 



226 



















La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Rafael Laudelino Lezama 
González (C.1.1.283.703-1), porque ha recogido elementos de convicción rele¬ 
vantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenido el día l s de octubre de 1976, en la vía pública, en la ciudad de 
Buenos Aires, en un operativo global realizado contra militantes del Partido 
por la Victoria del Pueblo (PVP) por fuerzas represivas que actuaron en el 
marco de un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. No existen indicios sobre su destino posterior. 




CASIMIRA MARIA DEL ROSARIO CARRETERO 
CÁRDENAS 

Nació en Montevideo el 11 de setiembre de 1952. Hija 
de José Luis Carretero Trujillo y Blanca Cárdenas. 

En Montevideo vivió en el barrio Malvín y luego en 
La Comercial. Cursó Primaria en la Escuela Pública y 
Secundaria en el IAVA. Militaba en la Federación de 
Estudiantes Revolucionarios (FER). 

Emigró a Buenos Aires, donde militó en el Partido Por la Victoria del 
Pueblo (PVP) y formó pareja con Juan Pablo Recagno. 

Desapareció el 1 Q de octubre de 1976, entre las 20 y 30 y las 21 horas. Su 
detención se vincula probablemente con la de Miguel Ángel Moreno 
Malugani. Desapareció el mismo día en que desaparecieron varios compa¬ 
ñeros más del PVP. 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada de la ciudadana uruguaya Casimira María del Rosario Ca¬ 
rretero Cárdenas (C.1.1.284.574-1), porque ha recogido elementos de convicción 
relevantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenida el día l e de octubre de 1976, presumiblemente en la vía pública 
entre las 20.30 y 21 horas, en la ciudad de Buenos Aires, en un operativo 
global realizado contra militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) 
por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un procedimiento no 
oficial o no reconocido como tal. 

2. No existen indicios sobre su destino posterior. 


227 

















MIGUEL ANGEL MORENO MALUGANI 


Nació en Montevideo el 23 de marzo de 1948. Hijo de 
Miguel Angel Moreno y Violeta Malugani. Estaba ca¬ 
sado y tenía una hija, Jimena. 

Estudió en la Escuela de la Construcción en UTU, 
realizó capacitación pesquera y trabajó de perfoverifi- 
cador de BULL. Era militante de la ROE. 

Emigró a Buenos Aires, donde trabajó en una empre¬ 
sa de repuestos de autos en calle Belgrano 2740 en Capital Federal. Militaba 
en el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP). Tenía la Radicación definitiva 
y estaba bajo la protección del Alto Comisionado de Naciones Unidas. 

Desapareció el I a de octubre de 1976, detenido por un grupo de civiles 
armados en un bar de la calle Rivadavia al 9000, alrededor de las 21 horas, 
posiblemente con María del Rosario Carretero y Carlos Rodríguez. 

Su desaparición se vincula con las de militantes del PVP ocurridas en 
esos días, secuestrados por miembros del Batallón de Inteligencia 601, de 
la SIDE y del SID y trasladados para interrogar y torturar en Automotores 
Orletti. 



CARLOS ALFREDO RODRÍGUEZ MERCADER 

Nació en la ciudad de Minas, departamento de Lavalleja 
el 24 de noviembre de 1950, donde vivió hasta los seis 
años. Hijo de Alfredo Rodríguez y Amalia Mercader. 
Vivió en Santa Lucía durante 11 años. 

Hizo sus estudios primarios en la escuela pública y 
los secundarios en el liceo de Santa Lucía y en el Rodó 
de Montevideo. Hizo Preparatorios de Ingeniería en el 
Instituto Alfredo Vázquez Acevedo. Fue docente, en la Escuela Industrial 
de Paso de la Arena, en calidad de maestro de Mecánica. Militó gremial¬ 
mente en AFUTU y políticamente en la ROE. Se casó con Ivonne Trías 
quien fue detenida y procesada en Uruguay. 

En Montevideo, fue allanada su casa en varias oportunidades, una de ellas 
el día anterior a su partida a Argentina. En Buenos Aires se integró al PVP. 

Desapareció el I a de octubre de 1976. Dos días antes habían desapareci¬ 
do su cuñada Cecilia Trías con su pareja Washington Cram. El l e de octu- 



228 





















bre lo vio por última vez su suegra, Irma Hernández de Trías, de cuya casa 
salió para encontrarse con otras personas, pero no llegó a la cita. 

En Buenos Aires, un compañero de habitación que no dio su nombre, 
informó a la madre de Carlos Alfredo que su hijo había sido baleado en 
una camioneta. 


SEGUNDO CHEGENIAN RODRÍGUEZ 

Nació en Montevideo el 2 de enero de 1952. Hijo de 
Setrac Chegenian y Olga Rodríguez. Cursó Primaria en 
la escuela N e 137 y Secundaria en el liceo N e 13. Luego 
comenzó la Escuela de Bellas Artes en Montevideo; tra- 
bajaba en la empresa El Ocaso. Estaba casado con 
Graciela Da Silveira. 


GRACIELA TERESA DA SILVEIRA CHIAPPINO 

Nacida en Montevideo el 25 de mayo de 1953, hija de 
Beder Da Silveira y de Susana Chiappino. Realizó Se¬ 
cundaria en el liceo N e 15. 

Se casó con Segundo Chegenián y vivieron en Co¬ 
lón y Sarandí; ambos eran militantes de la ROE. Emi¬ 
graron a Argentina en 1974 donde militaron en el Par¬ 
tido Por la Victoria del Pueblo. 

Desaparecieron entre el 1 Q y el 4 de octubre de 1976 en Buenos Aires. 
No se conoce en qué circunstancias. Todo hace presumir que fueron con¬ 
ducidos a Automotores Orletti, como el resto de sus compañeros. 



JUAN PABLO RECAGNOIBARBURU, "el Colorado" 

Nació en Montevideo el 29 de enero de 1951, hijo de 
Ademar Recagno y Luz Ibarburu. Creció en los barrios: 
Malvín, Punta Carretas y Centro. Hizo el Colegio y Li¬ 
ceo con los Hermanos Maristas en Punta Carretas y Pre¬ 
paratorios en el IAVA. 

Estudió en facultad de Arquitectura mientras mili¬ 
taba en el Frente Estudiantil Revolucionario (FER). El 



229 
























llde junio de 1972, a los 21 años, fue detenido y condenado por la Justicia 
Militar por "Asociación para Delinquir". Durante ocho meses no se le per¬ 
mitió visita. Cumplió la condena en cuarteles, particularmente en el inte¬ 
rior, en situaciones durísimas. Tuvo hepatitis y no se le hicieron análisis ni 
siquiera de control. 

Por haber hecho un dibujo en el que mostraba cómo habían sido tras¬ 
ladados los presos (atados espalda contra espalda y por el cuello y 
encapuchados, sobre la caja de un camión), se le inició un reproceso por 
"Vilipendio a las Fuerzas Armadas" y se le volvió a incomunicar duran¬ 
te un mes. El reproceso no prosperó debido a eficaces diligencias de su 
abogado. 

Durante su prisión, visitó a su madre un oficial del Ejército que se iden¬ 
tificó como Capitán Cordero y le propuso que colaborara, aportando datos 
sobre ilícitos económicos en base al análisis de las declaraciones de im¬ 
puestos de algunos políticos (sólo mencionó al Dr. Jorge Batlle). Estimaba 
que ella podría hacerlo por su calidad de Contadora y funcionaría de la 
Dirección Gral. Impositiva. Ante la reticencia de la madre de Pablo, le dijo 
que reflexionara, que él volvería por la respuesta. Nunca lo hizo. 

Juan Pablo quedó libre en diciembre de 1973, se casó con Tañía Pérez 
con quien emigró a Buenos Aires, trabajando como dibujante y ceramista. 
Allí militó en el Partido Por la Victoria del Pueblo. El matrimonio no resul¬ 
tó satisfactorio, por lo que se inició el divorcio. Pablo tuvo una nueva com¬ 
pañera: Casimira María del Rosario Carretero. 

Juan Pablo desapareció el 2 de octubre de 1976. Su compañera había 
desaparecido el día anterior. De acuerdo al testimonio de Alvaro Ñores 
Montedónico:... El 2 de octubre de 1976 mientras me encontraba sentado en una 
mesa, tomando un café con un amigo de apellido Recagno, en un bar a una cuadra 
de la calle Cabildo, fui secuestrado por unas doce personas, todas de sexo masculi¬ 
no y que vestían de particular. Paso a detallar minuciosamente la situación... Vale 
la pena leer su testimonio completo, integrado en este Informe, porque 
por la situación especial en que estuvo detenido Alvaro, aporta detalles 
que otros testimonios no lo hacen. 

Ricardo Gil, detenido en situación de desaparecido, en diferentes cuar¬ 
teles y en el CCD "300 Carlos" desde el 28/6/76 hasta fines del 76, testimo¬ 
nia que: en los interrogatorios incluyeron preguntas sobre personas que 
aseguraban haber detenido en Bs. As., entre ellos Pablo Recagno, con quien 
Ricardo tenía lazos de amistad. El Mayor Cordero le dijo: agarramos en BA 


230 
















a tu amigo el colorado Recagno (aludiendo a que era pelirrojo). Comentarios 
sobre él le fueron reiterados por otros interrogadores entre los que sólo 
pudo identificar al Capitán Jorge Silveira. 

A Enrique Rodríguez Larreta Martínez (h), detenido en Montevideo 
después de haber sido traído clandestinamente desde Orletti, le dice Cor¬ 
dero: Esta vez no pude hacer nada por el Colorado Recagno; se salvó la I a vez 
igual que vos, pero ahora las cosas son diferentes y son los porteños los que deci¬ 
den. Me pidió que lo trajera a Montevideo, pero le dije que debía haberse ido lejos. 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada del ciudadano uruguayo Juan Pablo Recagno Ibarburu (C.1.1.071.305- 
7), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que permiten con¬ 
cluir que: 

1. Fue detenido el día 2 de octubre de 1976, junto a otra persona, en un bar a 
una cuadra de la calle Cabildo, de la ciudad de Buenos Aires, a las 21 horas 
aproximadamente, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un 
procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Estuvo detenido en el centro clandestino de detención Automotores Orletti. 

3. Fue probablemente "trasladado", con destino final desconocido, en la noche 
del 5 al 6 de octubre del año 1976. 


WASHINGTON DOMINGO QUEIRO UZAL, 

"Mingo" 

Nació en Montevideo el 20 de enero de 1950. Hijo de 
Arturo Queiró y María del Carmen Uzal. Vivía en el 
barrio La Blanqueada. Hizo sus estudios primarios en 
la escuela N e 90 República de México y los secundarios 
en el Liceo N s 17. Hacía deportes en el club Neptuno y 
era socio de Peñarol. Trabajó como empleado en los 
diarios Hechos, La Mañana y El Día, todos de Montevideo. Militaba en la 
FAU y en la ROE. 

En 1973 se hizo un allanamiento en su domicilio, donde estaba su her¬ 
mana con una hijita de meses y su madre, por personal uniformado del 
Ejército que se presentó como Fuerzas Conjuntas. Revisaron correctamen¬ 
te toda la casa. Mingo había salido del país unos meses antes, posiblemente a 
Chile, dijo su hermana. 



231 






















Luego en Argentina, trabajó como taxista y empleado de comercio en 
una fiambrería. Militaba en el PVP. 

Su detención ocurre el 4 de octubre de 1976, presumiblemente en la vía 
pública, por parte de personal argentino y uruguayo del SID y OCOA. 

Un compañero estudiante de Magisterio, contó a Cristina Mihura que 
mientras lo esperaba en un bar, en compañía de otros uruguayos, recibie¬ 
ron una llamada telefónica de Mingo y mientras estaba hablando oyó "¡ay!" 
y se cortó la llamada. 


Información suplementaria 

Quedan aún por aclarar muchas interrogantes, entre ellas el ¿cómo? y 
¿dónde? 

Si nos atenemos a las versiones de: 

• El Comunicado de la Oficina de Prensa de las Fuerzas Conjuntas, del 
26 de Octubre de 1976 

• A las declaraciones del Oficial de la SIDE, Miguel Ángel Furci, reali¬ 
zadas en 1984 ante el Juez Marquevich 

• A las investigaciones desarrolladas por el periodista Roger Rodríguez 
y publicadas en "La República" en la cual, un miembro de la Fuerza Aé¬ 
rea dice: recordar un vuelo procedente de Argentina, que aterrizó en la Base 
Aérea N s 1, una noche de octubre de 1976 y del cual bajaron más de 20 personas 
jóvenes, encapuchadas y maniatadas, cargadas en un camión con rumbo desco¬ 
nocido..., debemos concluir que fueron traídas al Uruguay y que aquí des¬ 
aparecieron. 

Si nos atenemos a: 

• Las declaraciones del "Capitán" (Gilberto Vázquez), al Capitán de 
Navio ® Jorge Tróccoli y relatadas por éste en "La ira de Leviatán" y a 

• Las conclusiones de la Comisión para la Paz, que creyeron en esa 
misma versión, entonces el destino final "lo habrían resuelto los ar¬ 
gentinos". 


232 













RENÉE PEREIRA, JOSÉ LUIS y 
MARTÍN ISABELINO PELÚA PEREIRA 

A fines del año 2001 se presentó ante el Grupo de Ma¬ 
dres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desapare¬ 
cidos e inmediatamente después lo hizo ante la Comi¬ 
sión para la Paz, una joven de 28 años, Sandra Pelúa, 
quien buscaba respuestas sobre el paradero de su pa¬ 
dre, de su tío, y de su abuela paterna. 

Renée había nacido el 14 de octubre de 1934 en la 
ciudad de Minas. Realizó Primaria en la escuela N e 2, 

José Pedro Varela de Minas y a los 19 años se casó con 
Martín León Pelúa, con quien tuvo dos hijos: Martín, 
nacido en Minas el 3 de enero de 1955 y José Luis, naci¬ 
do el 18 de junio de 1956 en la misma ciudad. 

Al separarse la pareja, Renée se instaló en Montevi¬ 
deo para trabajar y continuar estudiando. Al üempo, for¬ 
mó pareja con el argentino Carlos Francisco Cano Fonta- 
nella, divorciado y bastante mayor que ella. Carlos Cano 
era un refugiado político "peronista"en Uruguay. 

Años después Martín y José Luis, fueron a vivir con su madre y la pare¬ 
ja de ella a Montevideo. Estudiaron en el liceo Bauzá de la zona del Prado. 
Como estudiantes se sabe que eran militantes de izquierda. Unos dicen 
que Martín militaba en la ROE y otros dicen que en el MLN. 

Martín se casó con Veis Visiedo con quien tuvo a su hija Sandra el 27 de 
julio de 1973. En esa fecha, Carlos Cano fue detenido en Uruguay y al ser 
liberado abandonó el país con su compañera y se instalaron en Argentina. 
Unos meses después Martín y José Luis también emigraron. 

Vivían los cuatro en una vivienda de la calle Monasterio en Parque 
Patricios, Capital Federal. En julio de 1976, Martín viajó por última vez al 
Uruguay a ver a su hija. Hasta ahí, es todo lo que Sandra podía saber de su 
padre y de su familia paterna. 

Una vez que la Comisión para la Paz pudo enviar las huellas dactiloscópicas 
que archiva Policía Técnica de los tres ciudadanos uruguayos al Equipo Ar¬ 
gentino de Antropología Forense, fue fácil saber lo que había sucedido con 
ellos. 



233 





























En la Cámara Federal Argentina se archivaba un expediente judicial sobre la 
aparición de cuatro personas asesinadas el 7 de octubre de 1976 a las 4:30 de la 
mañana, "por resistirse al arresto". Uno de los cuerpos ya había sido identifi¬ 
cado por pertenecer a un argentino, Carlos Cano. Los otros tres, el de una se¬ 
ñora y dos muchachos jóvenes no se habían podido identificar. La compara¬ 
ción de las huellas dactiloscópicas coincidieron con las de la familia Pelúa 
Pereira. 

Aún falta que la Secretaría de Seguimiento pueda entregar a Sandra Pelúa, 
toda la documentación hallada en la Cámara Federal y conocer si aún existen 
restos en el Cementerio donde fueron inhumados. 


FÉLIX ANTONIO RODRÍGUEZ LIBERTO 

Nació en Montevideo el 27 de abril de 1954, hijo de An¬ 
tonio Rodríguez y Vida Liberto. Cursó secundaria en 
el liceo Miranda y Preparatorios de Ingeniería en el li¬ 
ceo de Pando. 

Emigró a Argentina. Se casó en 1976 con una argen¬ 
tina, Cristina Nélida Pérez, con la que tuvo un hijo, 
Oscar Ariel, nacido en junio de 1976. 

Trabajaba en CITOPLAST, sita en Aristóbulo del Valle 2030, Florida, 
Partido de San Vicente, donde era encargado del turno matutino. Se inte¬ 
gró al gremio del plástico y era Delegado de Sección. En el momento de su 
secuestro, había un conflicto grande en el gremio. Estaba vinculado al Par¬ 
tido Comunista argentino. 

Desapareció el 14 de octubre de 1976. En horas de la madrugada efecti¬ 
vos armados derribaron la puerta de su domicilio en Gral. Paz y Maipú, 
Gran Bourg, Provincia de Buenos Aires y entraron preguntando por una 
compañera de fábrica de Félix, que el fin de semana anterior se había que¬ 
dado con su esposo a pernoctar en el domicilio de ellos. La llamaban por 
su apodo y decían que eran del ERP 

Acusaron a Félix de ser guerrillero por ser uruguayo. Luego de revisar 
todo y hacer muchos destrozos se lo llevaron, diciéndole a la esposa que 
no lo vería más. 

En el año 2002 pudimos saber, que la esposa de Félix cuando realizó la 
denuncia, agregó que en esos días se llevaron a otro uruguayo, encargado 
del turno de la tarde, de apellido Leguisamo o Leguizamón. 



234 
















La CONADEP y el EAAF registran una denuncia a nombre de Jacinto 
Leguizamo, uruguayo, cuya fecha de desaparición es del 17 de junio de 
1976. El Grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desapa¬ 
recidos ha ubicado a Jacinto Leguizamo quien declara, que en esa fecha 
estaba preso en el Penal de Libertad. 

La pregunta que queda pendiente es: Leguisamo o Leguizamón, que 
trabajaba en CITOPLAST, uruguayo, ¿está desaparecido o fue posterior¬ 
mente liberado y no se ha presentado nunca a aclarar su situación? 


ANÍBAL RAMÓN CASTAGNO LUZARDO 

Nació en Montevideo el 19 de abril de 1946. Hijo de 
Domingo Castagno y María Ana Luzardo. Vivió en Uru¬ 
guay hasta los siete años; luego su familia se radicó en 
Monte Caseros, Provincia de Corrientes, Argentina. 

Estudió Ingeniería en la Universidad de La Plata y 
se casó con María del Carmen Mariani, con quien tuvo 
una hija, Adriana, que nació el 16 de junio de 1977 cuan¬ 
do su padre ya estaba desaparecido. 

Desapareció el 11 de noviembre de 1976, fue detenido y herido en una 
pierna cuando realizaba una volanteada en la ciudad de La Plata, en la 
calle 44 entre la 20 y la 22, por la mañana. Los captores lo llevaron en un 
Ford Falcon. Su hija Adriana dirigió la siguiente información al Grupo de 
Madre y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos: En las prime¬ 
ras horas de la mañana del 11/11/76 hubo un enfrentamiento con militares vesti¬ 
dos de civil, en la intersección de la calle 44 entre 22 y 21. En ese momento se 
manejaba con un nombre falso, Daniel Paiva. La persona que lo vio caer también 
está desaparecida, su nombre es Mirtha Coutone. A su mejor amigo Tomás Yebra, 
lo habían matado en abril de 1976. 

Héctor Daniel Bon, argentino, residente en Suecia, recompuso la lista 
de los militantes de su grupo político, el cual tenía principal incidencia en 
la ciudad de La Plata. Colaborando directamente con la Secretaría de De¬ 
rechos Humanos en Argentina se pudo saber que: 

Castagno Luzardo era el responsable político del PCML (Partido Co¬ 
munista Marxista Leninista) de corte pro-chino, en dicha ciudad. En no¬ 
viembre del 76 hubo una redada grande contra los militantes de dicho 
grupo. 



235 



















Que algunos estudiantes de medicina del mismo grupo escaparon de la 
represión y se inscribieron en facultad de Medicina de la ciudad de Bue¬ 
nos Aires al año siguiente. En general todos se instalaron en pensiones 
ubicadas cerca de dicha facultad, motivo que facilitó la represión poste¬ 
rior. Vinculada a esta nueva redada es que desaparece otro uruguayo: Luis 
Alberto de León Scanziani. 


NORMA MARY SCÓPICE RIJO 

Nació en Montevideo el 29 de abril de 1951. Hija de 
Walter Scópice y Bernardina Rijo. Estudiante de Me¬ 
dicina. 

Militante del MLN, se casó con Gustavo Couchet con 
quien tuvo una hija, María Mercedes. Fue detenida en 
setiembre de 1971 y liberada por orden del Juez de 2do. 
Turno, después del 26/06/72, fecha en que su esposo 
murió en un enfrentamiento con las FFAA. 

A fines de 1972, Norma testimonió ante el Tribunal Russell, sobre las 
condiciones de las prisiones en Uruguay y las torturas recibidas. En el 
mismo Tribunal testimonió el senador Zelmar Michelini. 

Viuda y con una niña pequeña se radicó en Argentina y al tiempo for¬ 
mó pareja con un chileno, Santiago Pedro Astelarra. 

Norma desapareció el 23 de noviembre de 1976. Sus padres, en Monte¬ 
video, recibieron una llamada telefónica del administrador del edificio el 
día 24. 

La madre se trasladó de inmediato a Buenos Aires y en la carta petitorio 
que dirigió al Cónsul General de Uruguay, Dr. Alfredo Menini Terra dice: 
que recibió una llamada telefónica indicando que su hija Norma Mary Scópice Rijo, 
había sido herida al producirse el allanamiento de su domicilio, Larrazábal 250, 6to. 
Piso, Depto. N B 5, Capital Federal. Que concurriendo a dicho domicilio, encontran¬ 
do las puertas clausuradas y siendo informada por el Sr. Fernández, encargado del 
edificio que: al producirse el allanamiento por Fuerzas Conjuntas, su hija se arrojó al 
vacío desde el sexto piso, quedando consciente pese a la gravedad y que insistente¬ 
mente, solicitó que se le comunicase del hecho a sus padres para que se hiciesen cargo 
de su hija. La abuela recuperó a Mercedes y con ayuda del Consulado uru¬ 
guayo en Argentina pudo traer a la niña al Uruguay. 



236 
















Santiago Pedro Astelarra y Norma están desaparecidos. Se presume que 
Norma tiene que haber estado internada en el Hospital Militar de Campo 
de Mayo. 


CARLOS JULIÁN HERNÁNDEZ MACHADO, 

"el Petiso" 

Nació en el departamento de Lavalleja el 13 de febrero 
de 1940. Hijo de Felipe Hernández y Modesta Macha¬ 
do. Carlos, era el séptimo hijo de ocho hermanos. 

Concurrió a la escuela pública en José Pedro Varela 
y al liceo del mismo pueblo. Luego se trasladó a Mon¬ 
tevideo, a la casa de su hermano mayor, para estudiar 
en la Facultad de Arquitectura, mientras tanto, trabajaba como vendedor y 
en el SODRE. 

Militante del MLN, fue procesado por "Asociación para delinquir" en 
abril de 1971 y remitido al Penal de Punta Carretas durante cinco meses y 
finalmente al Penal de Punta Rieles, desde donde tramitó su pasaporte 
aceptando la opción de salida del país con destino a Chile, que le concedió 
el Juez de Instrucción de 1er. Turno en diciembre del mismo año. 

En Uruguay se había casado con Ysis Pérez, quien estaba embarazada 
cuando él fue detenido, naciendo una niña a la que llamaron Patricia. 

En agosto de 1973, dejó Chile para radicarse en Argentina. Su Docu¬ 
mento Nacional de Identidad estaba a nombre de Diego Alfonso Ortiz, 
argentino. Trabajaba en la construcción y continuó militando en el MLN 
con el seudónimo de "Heber", formando una nueva pareja con Myriam 
Proenza. 

Fue requerida su captura públicamente por el Juzgado Militar de 3er. 
Turno, el 26 de octubre de 1976. 

Desapareció el 31 de diciembre de 1976, a los 35 años. Participó en un 
tiroteo en la intersección de las calles Honorio Pueyrredón y Juan B. Justo 
entre las 12 y las 13 horas, frente al domicilio del Principal de la Policía 
Federal, Juan Edgardo Furcade. Testigos presenciales denunciaron que fue 
baleado y que herido, fue introducido en un vehículo policial. 



237 


















Por instrucciones de la Cámara Federal Nacional de Apelaciones en lo Crimi¬ 
nal y Correccional de Buenos Aires, con la colaboración del Equipo Argentino 
de Antropología Forense y el patrocinio de la Comisión para la Paz, se obtiene 
el expediente a nombre de Hernández Machado, Carlos Julián (a) Diego Al¬ 
fonso Ortiz y otros. 

El expediente judicial, iniciado el 13 de enero de 1977 establece que: fue trasla¬ 
dado al hospital Durán y realizado el informe forense, donde se informa de 
múltiples impactos de bala. Mediante la comparación de huellas dactilares pro¬ 
porcionadas por la Policía de Montevideo fue identificado el cuerpo. En el 
informe enviado por Jefatura se señalaba, el nombre, sus datos personales y 
antecedentes policiales. Se consignaba además, que Hernández Machado ha¬ 
bía sido requerido por el Juez Militar de 3er. Turno el 15 de setiembre de 1976. 
El expediente indica además que fue enterrado en el cementerio de La Chacarita 
con su propio nombre, sin embargo, sus restos fueron reducidos y llevados al 
osario común sin que su familia hubiera sido notificada. 


HEBER EDUARDO O'NEIL VELÁZQUEZ 

Nadó en Montevideo el 30 de junio de 1954, hijo de 
Ever O'Neil e Hilaria Velázquez. Concurrió a la Escue¬ 
la N e 114 del Parque Bellán y estudió hasta tercer año 
de liceo en el Bauzá. Se radicó en la Argentina luego 
del Golpe de Estado en Uruguay. 

Formó pareja con la argentina Carmen Cianciaruso, 
con quien tuvo una hija, Yamila Clarisa quien tenía sie¬ 
te meses cuando desapareció su padre. Eduardo trabajaba como reparti¬ 
dor de vinos en la Bodega Crespi en Buenos Aires. 

Desapareció el 18 de enero de 1977. Fue detenido en su trabajo junto a 
dos compañeros, quienes fueron liberados al tiempo. 

Del testimonio de Celmar Alves, presentado en agosto de 1978 ante dife¬ 
rentes Organismos de DDHH en Europa y recogido por la Comisión Inves¬ 
tigadora Parlamentaria, transcribimos: Fuimos detenidos el 18 de enero de 1977 
a las cinco de la tarde, en una plaza ubicada en las calles Estomba y Montenegro en 
el barrio La Paternal de la Ciudad de Buenos Aires. El procedimiento fue realizado 
por policías uniformados de la Comisaría 39 (Policía Federal), a cargo en ese momen¬ 
to del Comisario Carballo. El motivo de la detención, que se nos explicó al llegar a la 
comisaría, era una simple averiguación de antecedentes. 

Nos llevan a calabozos, y 24 horas después se nos comunica que, estando todo en 



238 



















orden, seremos inmediatamente puestos en libertad. Momentos más tarde, Eduardo 
O'Neil Velázquez, uruguayo, es llevado a la Oficina de Guardia, donde un oficial le 
comunica que está en libertad, le entrega los efectos personales y le hace firmar el 
Libro de Salidas. Sin embargo, luego de ésto es llevado nuevamente a un calabozo e 
incomunicado. Eduardo, al darse cuenta de la trampa, nos grita que no firmemos 
ningún tipo de papel porque no vamos a ser puestos en libertad. Al escucharlo, los 
guardias entran en su celda y comienzan a golpearlo. Aproximadamente a las 23:00 
horas lo esposan y lo encapuchan. Lo mismo hacen con Felipe Camejo y conmigo. 

Rápidamente fuimos sacados por los fondos de la Comisaría y obligados a meter¬ 
nos en diferentes vehículos, tirados en el piso y cubiertos con frazadas. Los vehículos 
arrancan y luego de 25 minutos de marcha nos hacen entrar en los sótanos de una 
casa, que, por el ruido de una bomba de agua, identificamos claramente como la 
misma Comisaría N a 39. En esos sótanos somos interrogados y torturados hasta las 
5 de la mañana. Los torturadores nos dicen que estamos a cargo del Ejército Argen¬ 
tino y nos vuelven a sacar y se repiten las mismas maniobras durante 20 días. 

Días después, siempre encapuchado y esposado, me trasladan a la Seccional 35, 
donde permanezco hasta el 7 de abril de 1977, cuando soy llevado a la cárcel de Villa 
Devoto, donde me comunican que estoy a disposición del Poder Ejecutivo Nacional 
(PEN). Allí encuentro a Felipe Camejo, quien pasó antes por la Comisaría 37. Sobre 
Eduardo O'Neil, a los 18 meses de su detención, no hay ninguna novedad. 

Eos familiares se han preocupado mucho por su paradero, y siempre han recibi¬ 
do de las autoridades la misma respuesta: No está detenido, aquí está el Libro de 
Salidas de la Comisaría 39, firmado el 20 de enero de 1977. 

Por otros testimonios, adjuntos a éste informe sabemos que: estuvo de¬ 
tenido en el CCD de Quilmes hasta el 18 de febrero y luego trasladado al 
CCD El Vesubio hasta mediados de abril, en muy mal estado debido a las 
torturas recibidas. 


LOURDES HOBBAS BELLUSCI 

Nació en Montevideo el 9 de setiembre de 1945, hija de 
Washington Hobbas y de Zelmira Belluschi. 

Se casó con Nelson Hernández Silva, con el que 
tuvo 4 hijos: Beatriz, Washington Fernando, Esteban 
y Andrea. Vivía en San Salvador 2016, apto. 4. 

La familia emigró a Argentina en 1973. Allí vivían 
en la calle Martín y Ornar 1095, San Isidro, Provincia 



239 

















de Buenos Aires. Lourdes era ama de casa, militaba en la organización 
Montoneros. 

Su esposo Nelson Hernández, había sido detenido en su domicilio en 
San Isidro el 23 de febrero de 1976 y estaba detenido por el Poder Ejecutivo 
Nacional (PEN). Testimonió en Francia en 1978, país al que había llegado 
recientemente y donde falleció pocos años después. 

Desde ese momento, Lourdes se vinculó al Movimiento Montonero, 
donde se le conocía como "Sisí". Desapareció entre el 5 y 7 de febrero de 
1977 en Munro, Provincia de Buenos Aires. Se desplazaba en un auto con 
Irma (de Braicovich). El vehículo era propiedad de Alberto Braicovich, obre¬ 
ro gráfico, quien había sido asesinado dos días antes. 

Ante la desaparición de la madre, los compañeros se hicieron cargo de 
sus hijos. A Esteban lo llevaron a Bécar, a la casa de un amigo del abuelo 
materno, porque era muy inquieto. Poco tiempo después, una noche se 
presentaron en Bécar unos tipos que le dijeron a Esteban que recordara 
nombres de amigos de su madre y teléfonos y que le traerían a alguien que 
lo ayudaría a recordar. Entró su madre y el niño se hizo el desentendido, 
tampoco dijo nada. La madre habló con el dueño de casa y pidió que a 
Esteban lo mandaran a Uruguay con la familia paterna. Fue la última vez 
que la vio. 

En cambio, los hijos Beatriz de 17 años y Washington de 16, en el mes de 
julio del mismo año fueron desaparecidos. Andrea, en cambio, quedó al 
cuidado de un matrimonio argentino que debió salir al exilio y la niña 
quedó con unos vecinos que al tiempo la adoptaron. Recuperó su identi¬ 
dad a la edad de 29 años. 

Si bien la represión contra los Montoneros fue dirigida principalmente 
desde la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), habría indicios no 
confirmados que Lourdes podría haber estado en Campo de Mayo. 



JOSÉ PEDRO CALLABA PÍRIZ 

Nació en Paso de los Toros, Tacuarembó el l e de agosto 
de 1952. Hijo de Elio María Callaba y María del Car¬ 
men Píriz. Vivió en Tacuarembó hasta los 16 años y lue¬ 
go se radicó en Montevideo para hacer los preparato¬ 
rios en el IAVA, allí se integró a una fracción del MLN 
llamada "22 de diciembre". 


240 















Trabajando como mecánico en FUNSAera militante de su sindicato y se 
casó con Griselda Fernández. 

Emigraron a Argentina y se incorporaron a la Tendencia Proletaria. Con 
las dificultades de dicha organización pasaron a militar al Partido Revolu¬ 
cionario de los Trabajadores (PRT) y al ERP (Ejército Revolucionario del 
Pueblo). En 1974 nació Martina Paula y más adelante en 1976 Celso Raúl. 

En 1976 estaban viviendo en Rafael Calzada (Partido Almirante Brown 
del Gran Buenos Aires), Pedro trabajaba en una fábrica de heladeras que 
quedaba en la zona de Devoto, anteriormente había trabajado en el Dock 
Sur (Avellaneda). El 24 de noviembre de 1976, personal civil invadió la 
casa y se desató un tiroteo. Pedro pudo escapar pero su esposa fue secues¬ 
trada, los niños quedaron con la abuela materna que estaba de visita. 

La tuvieron desaparecida en Campo de Mayo hasta el 18 de febrero de 
1977. En realidad, supo que el campo de concentración era ése, recién en el 
año 2001 cuando pudo relatar y describir el lugar a un miembro de EAAF. 

Primero la llevaron a un galpón de chapas y le asignaron el n e 63, más 
adelante la trasladaron a otro galpón de material en el que había colcho¬ 
nes para dormir. En cada galpón había unas 10 carpas individuales; en el 
segundo, había colchones en el piso, era un galpón grande. Las piezas, 
donde se realizaban los interrogatorios y aplicaba la tortura, quedaban a 
unos cuantos metros de los galpones. En una se "especializaban" en ERP y 
en la otra en Montoneros. Del espacio exterior, se sentía sólo algunos rui¬ 
dos de aviones y camiones. 

Entre los secuestrados, recuerda a una pareja de uruguayos (él era peti- 
so) y les decían "Taño" o a ella "Tana", jóvenes de 20 y pocos años, él salía a 
operar con la "patota" y llevaba siembre un arma en la espalda; es posible 
que fuesen soldados uruguayos infiltrados entre los secuestrados. Había allí 
una compañera llamada Marcela (Juanita), argentina que había tenido un 
bebé en el mes de agosto. También una chica, alta, rubia de pelo largo 
enrulado, que tuvo su bebé (varón) en el Campo; al nacer se lo llevaron. Un 
argentino veterano de unos 50 años al que le decían "Mangrullo"; una ar¬ 
gentina, militante de Montoneros a la que le decían "Nenina". También re¬ 
cuerda a una uruguaya, joven, muy gordita quien, según manifestó era de 
apellido Sosa y que por tener conocimientos de medicina la hacían atender 
a los detenidos heridos. (No existe denuncia de desaparición sobre ella.) 

A Griselda le habían le habían dado a entender que en cuanto aprehen¬ 
dieran a Pedro, ella podría ser liberada. Alrededor del 20 de febrero, la 


241 


















subieron en un auto y la dejaron cerca de la Panamericana; en el camino, 
uno de los que la trasladaba, le dijo que el esposo había caído. 

Anteriormente, Pedro había dejado a sus hijos al cuidado de dos fami¬ 
lias conocidas, alejadas de la militancia, para que sus hijos no corrieran 
riesgos. Abandonó el trabajo y la casa. Su suegra había regresado a Monte¬ 
video en diciembre. 

Reconstruir ese período en la vida de Pedro es al día de hoy, aún impo¬ 
sible. Sólo lo permitiría el hecho que apareciera algún compañero que haya 
compartido esos momentos y quisiera contarlo, para que sus hijos y quien 
fuera su esposa, puedan tener un pedacito más de él. Desapareció entre el 

18 y el 20 de febrero de 1977. 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo José Pedro Callaba Píriz, (C.I. 
46.408-8 del Departamento de Tacuarembó), porque ha recogido elementos de 
convicción relevantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenido entre el 18 y el 20 de febrero de 1977, probablemente junto con 
otras personas, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un proce¬ 
dimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Existen indicios que permiten suponer que habría estado detenido en el cen¬ 
tro clandestino de detención de la Escuela de la Armada (ESMA). 




ELBA LUCIA GANDARA CASTROMAN 

Nació en Mercedes, Depto. de Soriano, el 12 de octubre 
de 1943. Hija de Valentín Gándara y María Elena Castro- 
mán. Realizó enseñanza primaria en su ciudad natal. 

Formó pareja con Juan Enrique Velázquez Rosano, con 
quien tuvo dos hijos en Uruguay y dos en Argentina. En 
el momento de la desaparición tenían Celia Lucía (13), 
Juan Fabián (8), Verónica Daniela (3) y Silvina 20 días. 

Elba Lucía estuvo presa en Uruguay entre marzo de 1973 y enero de 
1974. Al ser liberada, la familia se instaló en el Partido de Florencio Varela 
en la Provincia de Buenos Aires. Se vinculó políticamente a un sector de 
los Montoneros. 

Desapareció el 18 de febrero de 1977 de su domicilio, ubicado en Hilario 
Lagos 466, Ceballos, Partido de Florencio Varela, alrededor de las 4 de la 


242 
















mañana. Irrumpieron 12 personas vestidas de civil que se identificaron 
como de la Policía y del Ejército argentinos, dando gritos, apuntando con 
ametralladoras, rompiendo vidrios de puertas y ventanas, muebles y todo 
lo que encontraban a su paso. Golpeando inclusive a Elba, en presencia de 
sus aterrorizados hijos. 

Los militares en determinado momento hicieron entrar al sobrino de 
Juan, Heber Eduardo O'Neil Velázquez, secuestrado un mes antes.... esta¬ 
ba atado de pies y manos y todo ensangrentado. A eso de las 10:30 de la mañana 
nos encapucharon y dijeron que nos iban a llevar para interrogarnos. 35 

Los tuvieron aproximadamente siete días en el Departamento Central 
de Policía Motorizada, donde fueron torturados e interrogados. Luego fue¬ 
ron trasladados a otro Centro Clandestino de Detención (CCD) ubicado en 
Camino de Cintura y Avda. Richieri, en Puente 12. Juan consideraba que 
había estado en la Brigada de Güemes, que funcionó como CCD, El Banco. 

En el proceso de cotejar su testimonio con el de otros, Juan Velázquez se 
reunió en el local del EAAF con otra sobreviviente (argentina), quien estu¬ 
vo con Elba días después de la liberación de Juan. Por la descripción del 
lugar y el nombre de los secuestrados, pudo saber que el último CCD don¬ 
de estuvo fue El Vesubio, ubicado en el Puente 12, al otro lado de la Avda. 
Richieri. 

Su esposa aún estaba en el CCD cuando él fue liberado el 13 de abril 
de ese año. De su sobrino, Eduardo O'Neil, hacía tiempo que no sabía 
nada. 


JUAN CARLOS INSAUSTI TIRONI y 
MARÍA ANGÉLICA IBARBIA CORASSI 

Juan Carlos Insausti Tironi nació en Canelones, el 31 
de agosto de 1918. Se casó con María Angélica Ibarbia 
Corassi, nacida en Montevideo el 7 de octubre de 1930. 

En Uruguay eran adherentes al Partido Comunis¬ 
ta, y tenían un kiosco de diarios en la ciudad de Las 
Piedras. 



35. Ver testimonio de Juan Velázquez en capítulo de Testimonios y Documentos en la página . 


243 





















En 1972 emigraron a Argentina y vivieron en la ca¬ 
lle Seguróla 1431 4 e G de Capital Federal. Tenían una 
florería en la Avenida del Libertador en Vicente López. 

Desaparecieron el 18 de marzo de 1977. El hermano 
de María Angélica, quien también vivía en Buenos Ai¬ 
res, al pasar los días y no saber nada de su hermana y 
cuñado fue hasta el apartamento de ellos. Encontró todo 
destrozado, y un diario abierto con dicha fecha. Pre¬ 
sentó Hábeas Corpus y diferentes denuncias, inclusive en la Comisaría 
5ta. de Vicente López. 



En octubre de 2000, por instrucción de la Cámara Federal Nacional de Apela¬ 
ciones en lo Criminal y Correccional de Buenos Aires y con la colaboración del 
Equipo Argentino de Antropología Forense y la Comisión para la Paz, se obtu¬ 
vieron las pericias forenses realizadas a dos cuerpos NN: uno de hombre y 
otro de mujer, de entre 45 y 60 años, hallados el 19 de marzo de 1977. 

De los expedientes policiales y judiciales se desprende que, los cuerpos fueron 
hallados en un camino secundario cercano a la rotonda Querandí de la Ruta 
Provincial N s 21, con las manos atadas, los ojos cubiertos por vendas, con 
hematomas visibles en diferentes partes del cuerpo, que habían sido ejecuta¬ 
dos con disparos de armas de fuego en la cabeza. Se consigna además que 
ambos cuerpos fueron inhumados como NN por carecerse de identificación, 
en el cementerio de Villegas en el Partido de la Matanza. 

Las pericias realizadas y la comparación de las fichas dactiloscópicas permitie¬ 
ron concluir que, se trataba de los ciudadanos uruguayos Juan Carlos Insausti 
y María Angélica Ibarbia. Se concluye que la pareja fue ejecutada a las pocas 
horas de ser secuestrada y que sus cuerpos fueron abandonados, sin identifica¬ 
ción alguna, en la vía pública. 


El 26 de noviembre de 2001, sus restos fueron repatriados por la Em¬ 
presa Martinelli a Uruguay y enterrados en el cementerio "Parque del 
Recuerdo". Por decisión exclusiva de la familia, dicho acto se llevó a cabo 
con total reserva. 


244 



















JORGE FELISBERTO GONQALVES BUSCONI 


Nació en el Pueblo Baltasar Brum, del Departamento 
de Artigas, el 3 de agosto de 1941. Hijo de Bilbiano 
Goncalvez (hacendado) y Diva Angela Busconi. Estaba 
casado con María L. Pereira Prato, brasilera. Tuvieron 
una hija que nació después de la desaparición de su 
padre. 

En Montevideo, Jorge cursó hasta el 2 e año en la Fa¬ 
cultad de Química y Farmacia; trabajó en la librería Rubén, luego en una 
relojería y por último fue propietario de una librería. 

El matrimonio emigró a Argentina en marzo de 1974. Jorge entró a tra¬ 
bajar de relojero en la Orient S.A. y se domiciliaban en Boyacá 751. Tras 
separarse de su esposa, se domicilió en Alberti 566 3 e B, Buenos Aires. 

Desapareció el 14 de abril de 1977, a las 18 y 30. Cuando salía de su 
trabajo en Orient (Belgrano 1370) con una compañera de la empresa de 
nombre Beatriz Iglesias, argentina, casada, fueron abordados por tres hom¬ 
bres armados. 

En el lugar había tres autos Ford Falcon, con muchos individuos. Les 
pidieron documentos, preguntaron a Goncalves si era uruguayo, siempre 
apuntándolo y lo introdujeron en uno de los coches mientras su acompa¬ 
ñante era molestada. Ambos estaban vinculados sentimentalmente y el pa¬ 
dre de ella lo había amenazado en la empresa. Su domicilio fue allanado. No 
se ha obtenido más información. 



ANDRÉS HUMBERTO DOMINGO BELLIZZI 
BELLIZZI 

Nació en Montevideo el 21 de abril de 1952. Hijo de 
María Bellizzi Tamburí y Andrés Bellizzi, de profesión 
zapatero, ambos inmigrantes italianos, procedentes de 
San Basile, Cosenza. 

Estudió en el Colegio Nuestra Señora de Pompeya, 
en la escuela N 2 55 y en los liceos N e 13,8,2 y 3, Dámaso 
Antonio Larrañaga. Cursó preparatorios de Medicina. Vivía con sus pa¬ 
dres y su hermana menor en Enrique Aguiar 5014. Editaba el periódico 
barrial "El Sol" y trabajaba en publicidad como pintor de letras y 



245 





















caricaturista. Estaba vinculado al sector estudiantil de la ROE (Resistencia 
Obrero Estudiantil). 

Emigró a Buenos Aires en 1974. El 2 de junio de 1974 Humberto fue 
detenido junto a cien uruguayos que estaban reunidos para preparar un 
acto político por el 1er. Aniversario del Golpe de Estado en Uruguay. 
Aproximadamente un mes después fue liberado, habiendo quedado fi¬ 
chado ante las autoridades argentinas. 

Trabajó para la empresa Nestlé, en publicidad. Luego se asoció durante 
un año, con los uruguayos Ricardo Pérez, Jorge Con cal vez Busconi y Car¬ 
los Ramírez para instalar una despensa en el Mercado Rosado, en la inter¬ 
sección de la Avenida Sarmiento y Montevideo. Posteriormente, con Ri¬ 
cardo Pérez, establecieron el taller de pinturas y propaganda "Tabaré", en 
Bartolomé Mitre 1480, local 8. 

Visitaba a sus padres en Montevideo asiduamente. El 8 de marzo de 
1977 volvió a Buenos Aires, luego de haber conocido en Uruguay a una tía 
abuela proveniente de Italia y el día 22 le fue otorgada la residencia defini¬ 
tiva en Argentina. 

Se domiciliaba en Bartolomé Mitre 1419 piso 1 apto. 18, Congreso, Bue¬ 
nos Aires. Estaba afiliado a la Caja de Jubilaciones de Trabajadores Autó¬ 
nomos como trabajador independiente, letrista, con el número 2.900.699, 
categoría D, Art. 406 y continuaba sus estudios secundarios en el Colegio 
Sarmiento, inscripto con el legajo 49304, libro 114, folio 200, nocturno, en 
la calle Libertad 1257. 

El día 19 de abril de 1977 se presentó en su domicilio un individuo 
joven, de buena presencia, que dijo llamarse Martín, quien le ofreció un 
trabajo de pintura para su fábrica de productos Avon, situada en la ca¬ 
lle Santa Rosa 4480 o 4280, en Villa Martelli, General San Martín. Am¬ 
bos se dirigieron al taller "Tabaré" para tratar el presupuesto en presencia 
del socio. A la hora 16, Andrés se dirigió hacia el trabajo que le habían 
ofrecido. 

Ricardo y Andrés recibían habitualmente mensajes dejados en el domi¬ 
cilio de un cliente de apellido Maggiolo. Ese día llamaron allí diciendo que 
esperaban a Andrés en las calles Entre Ríos e Independencia, que fuera 
solo, que lo llevarían en coche a ver un nuevo trabajo. 

El nunca recibió ese mensaje del que se enteró su socio recién el día 
siguiente. A media noche, un compañero de estudio de nombre Piero fue a 
visitarlo a raíz de no haber concurrido a clase. Encontró a un individuo al 


246 
















pie de la escalera del edificio y a otro en el primer piso, que estaba regis¬ 
trando el apartamento. Esto se lo comunicó al día siguiente al socio. 

Bellizzi mantenía la amistad con su ex socio Jorge Con cal vez Busconi, 
quien, el día previo a su propia desaparición acaecida el 14 de abril, lo 
había visitado en su apartamento para un pequeño trabajo. 

Sus padres, al enterarse de su desaparición viajaron inmediatamente a 
la Argentina, e iniciaron gestiones ante la Comisaría Seccional 5 a de Poli¬ 
cía en Buenos Aires, en el Ministerio del Interior argentino. Comando del 
Ejército, entidades religiosas y de Derechos Humanos y Embajada Italia¬ 
na, así como en Uruguay. La única respuesta recibida fue que se encontra¬ 
ba detenido pero no se conocía lugar ni causa, información coincidente de 
la Policía Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay y 
Embajada Italiana en Uruguay. 

En junio de 1977 se le concedió la ciudadanía italiana. Se encuentra en 
curso un juicio por su desaparición conjuntamente con otros ítalo-urugua¬ 
yos en los Tribunales de Roma. 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Andrés Humberto Bellizzi 
Bellizzi (C.I. 1.250.772-9), porque ha recogido elementos de convicción rele¬ 
vantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenido el día 19 de abril de 1977, en horas de la tarde, en las inmedia¬ 
ciones de Villa Martelli, Partido de San Martín, Provincia de Buenos Aires, 
por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un procedimiento no 
oficial o no reconocido como tal. 

2. No existen indicios sobre su destino posterior. 


Por sobrevivientes uruguayos del CCD "Club Atlético", donde presumi¬ 
blemente fueron llevados Bellizzi y Con cal ves, se sabe que interrogaban 
los oficiales de Inteligencia del Ejército uruguayo, entre ellos, el Mayor 
Carlos Calcagno (identificado oficialmente en abril de ese año también en 
Paraguay) y el Capitán Eduardo Ferro; ambos, miembros de la Compañía 
de Contrainformaciones (C/CIE). 


247 


















LUJÁN ALCIDES SOSA VALDEZ 

Nadó el 24 de octubre de 1957 en el paraje Corralito, 
José Enrique Rodó, Departamento de Soriano. Hijo de 
Enrique Alcides Sosa (agricultor) y Ramona Valdez; cur¬ 
só estudios primarios y secundarios. 

Se trasladó a Argentina junto con los integrantes de 
su banda de música, trabajaba en la imprenta Edmar, 
ubicada en Donado y Manuela Pedreza, Buenos Aires, 
como maquinista de Offset. Visitaba a su familia en su ciudad natal habi¬ 
tualmente dos veces al año haciéndolo por diferentes vías: ya fuese Colo¬ 
nia, Carmelo o por el puente de Fray Bentos. 

Desapareció el 23 de abril de 1977. Fue detenido entre las 21 y las 22 
horas, en la calle, llevado a la pensión donde vivía, en Marcelo T. De Alvear 
1417, Buenos Aires, Capital Federal, por cinco personas que se identifica¬ 
ron ante la dueña como policías, mostrándole una placa. Le dijeron que 
iban a retirar las pertenencias de Sosa Valdez, porque no lo iba a ver más y 
registraron su habitación. Afuera permanecían vehículos en marcha. Se 
presume que podría haberse vinculado a los Montoneros en Argentina y 
que colaborase siendo correo de dicha organización hacia Uruguay. 



La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre la desapari¬ 
ción forzada del ciudadano uruguayo Luján Alcides Sosa Valdez (C.I. 59.266 
del Departamento de Soriano), porque ha recogido elementos de convicción 
relevantes que permiten asumir que: 

1. Fue detenido el día 23 de abril de 1977, alrededor de las 20.00 horas en la vía 
pública y llevado a su domicilio sito en Marcelo T. de Alvear 1117 -Capital 
Federal- Buenos Aires de donde es retirado sobre las 22 horas con las manos 
atadas con alambre por un grupo armado vestido de civil que se identificó 
como perteneciente a la Coordinación Federal. 

2. No existen indicios sobre su destino posterior. 


Sobrevivientes que estuvieron secuestrados en el año 1977 en El Vesubio 
(CCD ubicado en La Matanza, Gran Buenos Aires) denuncian como des¬ 
aparecido "al uruguayo". Elena Alfaro, argentina, secuestrada el 19 de abril 
de 1977 y liberada en noviembre del mismo año, es una de ellas. En su 
testimonio presentado ante la CONADEP (Legajo N e 3048), aporta un lar- 


248 




















go listado de personas secuestradas en dicho Centro Clandestino de De¬ 
tención y entre ellos dice: El Uruguayo, maquinista de Offset, secuestrado con 
su esposa, la cual fue liberada y enviada a Uruguay junto con su hijo. 

También nombra a otro uruguayo, Virgilio W. Martínez, de quien sabe¬ 
mos que fue liberado por haberse presentado ante la misma CONADEP a 
realizar su testimonio. 

Nota: ¿Quién es el maquinista de offset?, no lo sabemos, como tampoco 
sabemos si su esposa e hijos fueron en realidad liberados. Podría haber 
una confusión con Mario Cristian Fleitas Marrazo, argentino casado con 
una uruguaya de nombre Mabel Fleitas, quien estuvo detenida en El 
Vesubio durante 24 horas. Secuestrada el 31 de julio del mismo año y libe¬ 
rada en la madrugada del 2 de agosto. Su esposo, Mario Fleitas, era maqui¬ 
nista de Offset y militante del PRT. Está desaparecido. También podría 
tratarse de Fuján Alcides Sosa Valdez, uruguayo, que trabajaba en el mis¬ 
mo oficio, pero, hasta donde se sabe, era soltero. 


GUSTAVO INZAURRALDE y NELSON SCOTTO 

Habían sido secuestrados en Paraguay y, posteriormente, trasladados a 
Argentina. P.P., argentino, sobreviviente del CCD "Club Atlético", tes¬ 
timonió en la Secretaría de DDHH sobre Inzaurralde de la siguiente ma¬ 
nera: 

Fecha, hora y lugar del hecho: 1015177, del domicilio a las 23 horas. (...) Al 
denunciante lo ubican en una celda solo. Para ir al baño una vez por día hacían 
una fila india. El 25 de Mayo improvisaron un ridículo e irresponsable acto donde 
se cantó el himno, obligando a algunos detenidos a hacerlo. 

(...) En la madrugada del 26 de Mayo sacan a un inmenso grupo de personas 
golpeándolas. En la mañana les informan que los trasladan a una cárcel legal en 
Sierra Chica, les hicieron una grotesca despedida, donde algunos de los que iban a 
ser trasladados cantaron y tocaron la guitarra. El mismo día, llevan a la celda, 
donde estaba el denunciante, a un uruguayo, quien había sido detenido en el Para¬ 
guay a punto de viajar a Suecia. Su mujer embarazada, estaba exiliada en Suecia 
(Inzaurralde) 

(...) El 27 a la noche, lo llevaron al garaje, lo ubicaron en un automóvil y lo 
liberaron en la esquina de su casa. El denunciante afirma haber estado en el Club 
Atlético, dado que reconoció el plano correspondiente... 


249 
















El 21/7/77 la Oficina de Prensa de las Fuerzas Conjuntas de Uruguay 
emitió un comunicado requiriendo la captura de Gustavo Inzaurralde en 

GERMÁN NELSON GARCÍA CALCAGNO 

Nadó en Montevideo el 16 de octubre de 1950. Hijo de 
Germán García y Concepción Calcagno, era fotógrafo 
del Canal 4 de TV. 

Miembro del MLN, estuvo preso en Uruguay, des¬ 
de mayo de 1972 hasta diciembre de 1974; al ser puesto 
en libertad se fue a Argentina. 

Se sabe que formó pareja con una uruguaya con 
quien tuvo una hija y que permaneció vinculado al sector del MLN de la 
"Tendencia Combativa". Trabajaba en un kiosco, ubicado en Santa Fe 4560 
esq. Juan B. Justo, Capital Federal 

Desapareció el 12 de mayo de 1977, a las 15:30 horas de su trabajo. De 
acuerdo al testimonio del dueño del kiosco y de vecinos, fue introducido a 
golpes en un auto Ford Falcon sin matrícula, por un grupo formado por 
ocho hombres armados. Al día siguiente allanaron su domicilio. No se ha 
obtenido más información. 


Uruguay. 36 





RAÚL BARRETO CAPELLI 

Nació en la 9na. sección del departamento de Rivera el 6 de agosto de 
1945. Hijo de Raúl Barreta y María Luisa Capelli. Hijo de una familia de 
ocho hermanos. 

Se radicó en Argentina en 1966, viajando a Uruguay asiduamente. La 
última vez que estuvo con una de sus hermanas en Montevideo fue en 1973. 

En Argentina se casó con la ciudadana argentina Mirta Cevallos con 
quien tuvo dos hijos. La familia se domiciliaba en Superí 2049, Belgrano, 
Capital Federal, donde además tenían una florería. 

Su esposa declaró ante la CONADEP que, en la tarde del 14 de mayo de 
1977, se hace presente un grupo de personas armadas, manifestando pertenecer al 


36. Ver Capítulo uruguayos Detenidos Desaparecidos en Paraguay. 


250 




















Ejército y acompañadas por un miembro de la Policía Federal y que luego de reali¬ 
zar un allanamiento se llevaron a Raúl con ellos. 

Sus hijos tenían en ese entonces: Valeria Mirta tres años y medio y Fer¬ 
nando Raúl ocho meses. Desde entonces no supieron más nada. 


BLANCA MARGARITA RODRÍGUEZ de BESSIO 

Nació en Nuevo Berlín, Río Negro, el 14 de mayo de en 
1924. 

Tuvo dos hijos de distintos matrimonios: Eduardo 
González Rodríguez y Estela Beatriz Bessio Rodríguez. 

En 1974 su hijo Eduardo emigró a Argentina, Blanca y 
su hija de 11 años lo siguieron. Blanca viajaba al Uru¬ 
guay cada tres meses, para cobrar su jubilación. 

El 23 de diciembre de 1975, en el ataque que realizó el ERP contra el 
destacamento militar de Monte Chingólo, murieron dos oficiales y otros 
dos, resultaron heridos. Entre los combatientes del ERP y la población ci¬ 
vil de la villa, fueron asesinadas más de 100 personas. Entre ellos estaba su 
hijo mayor, Eduardo González. 

En 1976, en oportunidad de que Estela cumplía 13 años, viajaron a 
Paysandú donde vivía la familia. Allí Blanca relató que en la morgue, lo 
único que les permitían identificar a los familiares de los caídos en "Monte 
Chingólo", eran las manos de aquellos cuerpos. 

En 1977 Blanca y su hija vivían en el domicilio de Sofía Rallis de Kurilis 
sito en Valparaíso 960 de Valentín Alsina, Provincia de Buenos Aires; quien 
a su vez, tenía dos hijos y a su esposo desaparecido. Con ellas vivía tam¬ 
bién Mariana, una niña de cuatro años de edad, cuyos padres también 
habían desaparecido. 

Por la denuncia, realizada por Estela Beatriz Bessio Rodríguez, pode¬ 
mos saber que Blanca Margarita Rodríguez, Sofía Rallis y Mariana están 
desaparecidas. 

Sao Paulo, 23 de marzo de 1980 
Estimado Padre Enzo Giustozzi: 

Ante todo, disculpe por tomarme el atrevimiento de hacerle llegar la denuncia 
de mi madre. Como se dará cuenta, yo sólo tengo 17 años. Esa es una de las causas 



251 


















en c¡ue yo, personalmente, no puedo presentar nada, ya que la ley prohíbe la pre¬ 
sentación de Hábeas Corpus a menores de edad. 

Paso a detallar tal como fueron los hechos, a fin de que Ud. y el Organismo de 
que forma parte, tengan constancia de esta declaración. 

El día 16 de mayo de 1977 a las dos de la madrugada en la calle Valparaíso 
1163 (960), barrio Valentín Alsina, de la localidad Florencio Varela, donde vivía¬ 
mos, mi mamá Blanca Margarita Rodríguez de Bessio, uruguaya de 52 años, Sofia 
Rallis de 36 años con sus dos hijos: Julián Kurilis de dos años y Juan Pablo 
Kurilis de nueve meses, Mariana de cuatro años de edad (no recuerdo su apelli¬ 
do) y yo Estela Beatriz Bessio, uruguaya, irrumpió un grupo de más o menos 
12 hombres armados. Entraron violentamente a nuestro dormitorio y exigieron, 
gritando, que se les prendiera la luz. Al no obedecer nosotras, la prendieron ellos. 
Enseguida, obligándonos bruscamente a darnos vuelta y taparnos la cara, comen¬ 
zaron a destrozar y revolver todo. Luego vino un hombre y me preguntó de mal 
modo: "Nena, ¿vos sos la piba de 14 años?". Quise levantar la cabeza y me apun¬ 
tó con su arma larga en los ojos. Le dije que sí. Entonces me gritó: "Andá a la 
pieza de los chicos y cuidá que no lloren". Me levanté despacio y tapándome de 
ellos, ya que nunca había estado en ropa de cama delante de tantos hombres y con 
caras de asesinos, en ese momento les vi la cara, a algunos de ellos. También vi 
que estaban revolviendo el ropero y sacando libros y papeles. Vino uno y me apuntó 
diciéndome: "¡Apúrate!" Me empujó al otro dormitorio y me dijo: "no quiero que 
lloren ". 

Yo entré sin prender la luz. Los chicos estaban dormidos. Me quedé sentada al 
lado de uno de ellos y esperé. Al rato, entró otro hombre, encendió la luz y me 
ordenó: "Acostate ahí y tapate la cara". Yo me acosté al lado de Julián. Comenza¬ 
ron a hacer ruido de vidrios en el dormitorio de mi mamá y ruidos en el ropero de 
los chicos. Luego vi, por entre las sábanas, que uno estaba vaciando una valija y se 
la llevó para la otra habitación y la llenó de papeles y libros. Enseguida escuché que 
entraron en la pieza de la mamá de Julián y que ella gritaba fuerte y decía: "A 
Julián no le hagan nada, a los chicos no los toquen". Yo le grité: “los chicos están 
conmigo, no te preocupes". Y vinieron cuatro y me apuntaron. En ese momento yo 
estaba sentada, tratando de calmar a Julián que no se cansaba de preguntar: "¿qué 
pasa?, ¿dónde está mi mamá?"y lloraba. Me gritaron: "¿qué estás haciendo?, ¿no 
te dije que te tapases la cara?, ¿por qué le gritaste a la otra?" 

Vieron que los chicos lloraban y uno de ellos levantó a Juan Pablo, le hacía 
muecas, mientras uno me miraba como amenazándome. Me apuntaba diciéndome: 
"¿no ves que están llorando?" Luego no se escucharon más gritos de la mamá de 


252 















Julián, sólo los de ellos. Entraban y salían del dormitorio, haciendo mucho lío. 
Después vinieron para interrogarme, ya no les importaba que les mirara la cara. 
Me mostraron una foto y me decían: "mirá, mira esta foto. ¿Te acordás?" Era una 
foto de una chica más o menos de mi edad, estaba bajo un árbol, con campera, botas 
y pantalón; toda de verde. Se parecía bastante a mí, pero no era yo. Gritaron: “dale, 
contestó, decí la verdad, ¿ésta eras vos cuando estabas en el monte de Tucumán, no 
es cierto?" Yo les contesté que no y me seguían presionando. Dijeron: "dale nena, 
contestó o te matamos." Al final vieron que no iba a decir más que no. Y decían: 
"No, parece que no es" y se reían. 

En el patio de la casa hicieron una fogata bien grande de papeles y libros. Des¬ 
pués vinieron de nuevo y me preguntaron: "¿vos sabés quiénes somos nosotros, 
no,?", les dije que no. "¿Cómo no sabés quiénes somos?, ¿sabés quiénes eran tu 
madre y la otra?" No, nosé. " ¿Cómo que no?, ¿no sabés lo que hacían?" Yo seguía 
contestando que no. "Dale, decí la verdad, no te vamos a hacer nada, si decís la 
verdad". Yo le contesté: "Escuche, yo lo único que sé es que mi mamá se movía por 
encontrar a mi hermano desaparecido" y se reían de todo. 

Yo estaba en cama hacía cinco meses y medio a causa de una hepatitis virósica, 
reuma y un soplo al corazón. En ese momento yo tenía fiebre y como estaba toda la 
casa abierta, estaba temblando de frío. Vinieron ellos y me preguntaron si tenía 
miedo porque temblaba. Les dije que no, "lo que pasa es que estoy con fiebre porque 
tengo hepatitis". Cuando les dije eso, me dijeron: "¿eso contagia, no?" Les respon¬ 
dí que sí. "¿Y los chicos?", les contesté que estaban inmunizados por la gamma- 
globulina. Se quedaron mirándome y se alejaron como con miedo de contagiarse. 

Luego vinieron, me preguntaron por Mariana, “¿de quién es esa nena?", les 
respondí que era de la señora que estaba allí, de la mamá de Julián y Juan Pablo. 
"¡Mentira!", gritaron. "Esa está sola acá. Vestímela bien, abrígala que me la voy a 
llevar". Mariana empezó a preguntarme: "¿dónde voy a ir tía?, ¿quiénes son ellos?" 
Traté de calmarla un poco, luego la vestí con su mejor ropa, la envolví en una 
frazada y le di un beso. Ahí se la llevaron. 

Seguían dando vuelta por toda la casa. Pienso que ya a esa hora no tenían más 
trabajo que hacer. Antes de irse, vinieron tres y me dieron la dirección de la abuela 
de Julián y Juan Pablo, madre de la señora que se llevaron junto con mi mamá. Me 
dijeron: “escucha bien. Vas a esta dirección y llevas a esos pibes y le explicás lo que 
pasó aquí". También me dejaron el teléfono. Me preguntaron: "¿vos, dónde tenés 
tu familia?" Contesté que en Rosario, "Bueno, te vas a Rosario o mandás una 
carta para que te vengan a buscar". Luego me advirtieron que no me levantara 
hasta que no se fueran definitivamente. Al rato agarraron todo y se fueron apun- 


253 

















tándome. Ya era eso de las cinco. Apenas se fueron corrí para ver en c¡ue auto se 
iban. No pude ver, pero al amanecer vi que había huellas de camión. 

Los chicos lloraban. Entonces calenté leche para los dos y les di. Luego co¬ 
mencé a hacer la valija de ellos y la mía. Después de estar todo pronto, comencé 
a llamar por teléfono a la casa da la abuela de ellos. Me atendía una voz de 
hombre que me decía como burlándose: "¿Qué le pasa señorita, qué tiene?" Y yo 
cortaba. Luego volví a llamar y sucedió lo mismo, hasta que me di cuenta que 
eran ellos mismos. Busqué en la guía un teléfono de taxis y empecé a llamar, pero 
no di con ninguno. Ya era bastante tarde, como las seis y crucé a la casa de una 
vecina. Le conté lo sucedido y me hizo pasar. Me ayudó a llevar los chicos y las 
valijas. Me atendieron muy bien, siendo que no me conocían demasiado porque 
hacía sólo 15 días que estábamos ahí. El señor de la casa fue a buscar un taxi para 
mi y la señora les dio el desayuno a los chicos. Me ofreció dinero y me dijo que 
cerrara la casa. 

Luego nos fuimos en el taxi, y justo por el camino había pesquisa de milita¬ 
res. Yo me asusté un poco. Le dije al taxista que no tenía documentos, que cómo 
iba a hacer con esos militares. El hombre me miró y se sonrió, pero dobló y se 
desvió. Después de un rato llegamos a la casa de la abuela de los chicos y le 
expliqué todo. La señora recibió la noticia con mucho asombro, temor y nervios. 
Ese mismo día, cuando salí a hacer una llamada telefónica, percibí que me esta¬ 
ban siguiendo. 

Hasta el día de hoy no he sabido nada de mi mamá, ni de la señora ni de los 
niños. No he podido presentar nada por el motivo de que, como dije en el comien¬ 
zo, tengo minoría de edad. Pero me he enterado por los periódicos, de que hay 
mucha gente desaparecida y ninguno de los familiares recibe noticias de su pa¬ 
radero. Confío de que Ud. y la organización a la cual pertenece, puedan presen¬ 
tar este documento como un pedido de Hábeas Corpus o bien sumarlo a las mi¬ 
les de denuncias que los familiares de desaparecidos han realizado y realizan en 
Argentina. 

Agradeciendo lo que Ud. pueda hacer a respecto. Quedo a su disposición. Cual¬ 
quier pedido de información puede enviarla a mi nombre en 

Av. Higienópolis, 890, sala 22 
Sao Paulo- BRASIL 

Estela Beatriz Bessio 


254 















MARY NORMA LUPPI MAZZONE 


Nació en Montevideo el 4 de diciembre de 1936. Hija de 
Juan José Luppi y María Angélica Mazzone. Era Técnica 
Bibliotecaria, ejercía su profesión en la Universidad de 
la República y militaba en el gremio. Fue militante del 
Partido Socialista hasta que se separó de éste luego de 
las elecciones de 1966. Igual, continuó colaborando con 
el PS. En la militancia del Comité de Base del Frente 
Amplio, se integró a la agrupación del "Movimiento 26 de Marzo". 

Luego de haber estado detenida por 10 días en noviembre de 1973 en 
Uruguay, emigró a Buenos Aires. Se domiciliaba en la Recoleta, en la calle 
Vicente López 1903 Piso 23, junto con M.L.E. (argentina). 

En mayo de 1977, escribió a una amiga residente en Bélgica, diciéndole 
que si su padre le conseguía en Uruguay todos los documentos requeridos 
para iniciar los trámites para la radicación definitiva, haría el trámite. Al 
final de la carta dice que su padre le confirmó que "hasta el carné de Buena 
Conducta, logré". Cuando fue secuestrada, se encontraban en su casa ade¬ 
más de la amiga conviviente, otras dos uruguayas de visita en Argentina: 
C. C. (amiga) y F. E., amiga de la anterior. 

Desapareció el 10 de junio de 1977. Fueron detenidas las cuatro amigas 
en el apartamento de la Recoleta. El portero del edificio, quien no había 
sido visto hasta el momento, acompañó a los secuestradores hasta el apar¬ 
tamento. El operativo fue hecho por cuatro o cinco hombres armados. Uno 
de ellos, corpulento y morochón dijo: "esta es mía, está requerida en Uruguay". El 
que comandaba el operativo, era medio petiso, pelado, de ojos claros, rubión. 

La ciudadana M.L.E. y las otras dos uruguayas fueron liberadas por la 
noche al día siguiente; les dijeron que no se preocuparan, que Mary iba a 
salir pronto. El calabozo de M.L.E. estaba pegado al de Mary, y de lo que 
pudo escuchar sobre el interrogatorio de ella, versaba sobre su vincula¬ 
ción al 26 de Marzo en Uruguay y a las declaraciones de Mary, realizadas 
en el Cuartel en el año 1973. M.L.E. indica, que el lugar donde habían esta¬ 
do secuestradas quedaba cerca del río y que la "gente que hacía la guardia, 
parecía de la marina". 

Características del CCD: C.C. recuerda que las bajaron en un lugar abier¬ 
to, con piso de pedregullo. Bajaron unos escalones y se encontraron en 
una pieza donde estaba el ascensor que las llevó 1 o 2 pisos hacia arriba. La 
dejaron en una pieza tipo corredor, con piso de mosaico, ahí había colcho- 



255 


















netas y algunas frazadas; el techo era como en caída (media agua), en el 
local había más detenidos encadenados (se sentía el ruido). Esa pieza esta¬ 
ba cerca del casino de oficiales o algo así, porque se sentían risas de hom¬ 
bres y mujeres. En un momento la llevan a otro lugar a interrogar. La inte¬ 
rrogó un uruguayo muy correcto. Desde donde estaba, se escuchaba música, 
la canción tenía un estribillo que decía: "ladrillo de pared". 

El baño tenía en la puerta un vidrio esmerilado con unas alas grabadas 
como de la Fuerza Aérea. Había una pileta antigua de lavar ropa. En el CCD 
había "colimbas", usaban botas marrones. Se escuchaba un tren y el pasaje 
de aviones y, por las mañanas, el cantar de un gallo. Cuando las tres amigas 
fueron liberadas y volvieron al apartamento, encontraron que lo habían revi¬ 
sado y llevado los documentos, pero no les habían robado nada de valor. Tam¬ 
bién constataron que a la argentina le habían dado de comer, mientras que a 
las uruguayas sólo el mate cocido de la mañana. Tomaron nota además, que 
el día anterior al secuestro (10 de junio), Mary había estado haciendo el trᬠ
mite de radicación definitiva en Migraciones y había comentado, que le ha¬ 
bían sacado las huellas digitales como si fuera para la Credencial Cívica. 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada de la ciudadana uruguaya Mary Luppi Mazzone (C.I. 777.039-7), por¬ 
que ha recogido elementos de convicción relevantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenida el día 10 de junio de 1977, en su domicilio de la calle Vicente 
López 1933, piso 23, de la ciudad de Buenos Aires, a las 19 horas, junto a 
otras tres personas -las que posteriormente fueron liberadas -, por fuerzas 
represivas que actuaron en el marco de un procedimiento no oficial o no 
reconocido como tal. 

2. Existen indicios de que permaneció detenida en el centro clandestino de de¬ 
tención de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). 



JOSÉ ENRIQUE MICHELENA BASTARRICA, 

"el Mudo" 

Nació en Montevideo el 9 de marzo de 1949. Hijo de 
Juan Ramón Michelena y Ruth María Bastarrica. 

Cursó sus estudios primarios en el Colegio Santa 
María de los Hermanos Maristas y los secundarios, par¬ 
te en ese mismo colegio y parte en el Liceo Dámaso 


256 



















Larrañaga. Comenzó la carrera de Contador Público en la Facultad de Cien¬ 
cias Económicas y de Administración. Se casó con Graciela De Gouveia. 

Trabajó en el Centro de Asistencia del Sindicato Médico del Uruguay y 
en el Banco de Seguros del Estado. Militó en el Movimiento Estudiantil 
Benéfico Uruguayo de la Parroquia San Pedro y en el gremio del liceo 
Dámaso Larrañaga. Como militante de los GAU (Grupos de Acción Unifi- 
cadora) se integró a la militancia en AEBU (Asociación de Bancarios del 
Uruguay). 


$ 


GRACIELA SUSANA DE GOUVEIA GALLO 

Hija de Juan Carlos De Gouveia e Irma Gallo, nacida 
en Montevideo el 31 de diciembre de 1950. Cursó ense¬ 
ñanza primaria y secundaria en el Colegio de las Her¬ 
manas Misioneras de María, preparatorios en el Insti¬ 
tuto Alfredo Vázquez Acevedo y estudió en la Escuela 
de Servicio Social de la Universidad de la República. 

Trabajó en el Jardín de Infantes San Pedro, militaba 
en la Pastoral Juvenil de la Parroquia, en los Grupos de Acción Unificado- 
ra (GAU) y representó a su comité en la mesa política de la Coordinadora 
M (del Frente Amplio). 

Se casó con José Enrique Michelena el 24 de octubre de 1973. El matri¬ 
monio se trasladó a Buenos Aires en 1975. Allí, José trabajó en la fábrica de 
jabones Cohén y Graciela en una panadería y como voluntaria en la guar¬ 
dería Alfonsina Storni de Avellaneda. Ambos se integraron al trabajo so¬ 
cial de la parroquia de Villa Echenagusía, Partido de Avellaneda. 

El matrimonio tuvo dos hijos: María Fernanda (5) nacida en Montevi¬ 
deo y Alejo (2) en Buenos Aires. 

Desaparecieron el 14 de junio de 1977, entre las 3 y 4 de la madrugada 
de su domicilio en Avellaneda. De la denuncia realizada por Ruth Bastarrica 
de Michelena, extraemos que: en tres autos particulares y vestidos de particu¬ 
lar, pero con armas largas, realizaban un procedimiento a una cuadra del domicilio 
de mi hijo, buscando según parece unos paraguayos, que ya no vivían allí. Luego 
de balear esa casa, se encaminaron calle abajo hasta el 1501, donde había luz y una 
persona mirando por la ventana. A ese vecino lo interrogaron y él dijo que al lado 
(en el 1503) vivían uruguayos jóvenes e inmediatamente se dirigieron a lo de mi 
hijo. Los dejaron vestirse y dejar a los hijos en la casa de una vecina, no hubo 
destrozos ni robos. 


257 


















Los niños fueron entregados a los vecinos René Lojo y Gladys Sánchez 
de Lojo, quienes posteriormente se comunicaron con la familia de Graciela 
en Uruguay, avisando lo sucedido. 

No se sabe a dónde fue trasladado el matrimonio en primera instancia, 
sí se sabe que un mes después estaban en un CCD ubicado a los fondos de 
la Comisaría 4ta. de San Isidro, conocida como Barrancas de San Isidro. El 
agente R A. Guallini, sacó una esquela escrita por el propio José, que fue 
recibida por su madre a fines de julio. En ella decía que estaban bien, el 
original se encuentra en el expediente de la "Cámara Federal de Apelacio¬ 
nes de San Martín". 

El hecho de que estuviesen desaparecidos en "Barrancas de San Isi¬ 
dro", significaría que la unidad aprehensora fue la Policía de la Provincia 
de Buenos Aires. 

A R. B. detenida por el FUSNA el 22 de noviembre del 77 en Uruguay, 
siendo interrogada sobre José Michelena le dijeron que estaba con vida en 
Buenos Aires. En los primeros días de 1978 le mostraron dos actas levanta¬ 
das en Buenos Aires, con declaraciones de José y Graciela. Le leyeron una 
lista en la que se encontraba la mayoría de los desaparecidos de los GAU 
en Buenos Aires y entre ellos estaban sus nombres, agregando que iban a 
tratar de traerlos "si no, estaban liquidados". 

En el Comunicado de las FFCC N e 1.383, aparecido en el "El País" del 
18 de marzo de 1978 se informaba que: "Como resultado de operaciones 
llevadas a cabo por las Fuerzas Conjuntas, se logró el desbaratamiento de 
la Organización Subversiva GAU". Dentro del comunicado nombran a José 
Enrique Michelena. 

La madre de José se presentó, el 3 de agosto de 1984, ante el Poder 
Judicial de la Provincia de Buenos Aires denunciando el secuestro y en¬ 
tregando la carta recibida, que pidió se reservara en la caja fuerte del 
Juzgado. Declaró que supo que dicha carta había sido enviada por el Dr. 
Amadeo Luis San Martín, quien la había recibido del guardia Pedro A. 
Guallini. 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada de la ciudadana uruguaya Graciela Susana De Gouveia 
Gallo De Michelena (C.1.1.250.351-3), porque ha recogido elementos de con¬ 
vicción relevantes que permiten concluir que: 


258 













1. Fue detenida el día 14 de junio de 1977 en horas de la madrugada, en su 
domicilio de la calle Arenales 1503, localidad de Avellaneda, Provincia de 
Buenos Aires. 

2. Fue detenida junto a su esposo José Enrique Michelena Bastarrica, también 
desaparecido, y a sus hijos María Fernanda ( 5 años) y Alejo ( 3 años), en un 
procedimiento oficial llevado a cabo, según la documentación existente, por 
funcionarios de la Comisaría de la Seccional N 2 4 de la localidad de San 
Isidro, Barracas. 

3. Estuvo detenida, por lo menos hasta el 31 de julio de 1977, en la referida 
Comisaría. 

4. Existen indicios que permiten suponer que habría estado detenida en el cen¬ 
tro clandestino de detención Banfield. 


CLEBER "MAURICIO" SILVA IRIBARNEGARAY 

Nació en Montevideo el 20 de setiembre de 1925. Hijo 
de Gerónimo Silva y Teodosia Iribarnegaray. 

Estudió de seminarista y fue sacerdote salesiano du¬ 
rante 10 años. Luego pasó al Clero para poder ayudar a 
su madre que estaba enferma y sin sustento. 

Más tarde se integró a una comunidad religiosa muy 
humilde, entregada al servicio de los pobres, la Con¬ 
gregación de Hermanitos del Evangelio de la Hermandad de Foucault, 
trasladándose a Argentina, donde le fue concedida la Cédula de Identidad 
por la Policía Federal en febrero de 1972. 

Además de cumplir con sus actividades religiosas trabajaba como ba¬ 
rrendero municipal (cuyo número en la Dirección General de Limpieza 
era el 147.801) realizando una labor solidaria y gremial con sus compañe¬ 
ros de trabajo. 

Desapareció el 14 de junio de 1977 a las 8 y 30 en la vía pública, en la 
calle Sánchez entre Cervantes y Camarrones, en la zona de "Villas" (por 
Villa Luro) de Capital Federal. Actuó en el operativo la Policía Federal. 
Tres personas bajaron de un Ford Falcon blanco, preguntaron por él y lo 
introdujeron en uno de los autos. Fueron testigos otros obreros que esta¬ 
ban trabajando y una transeúnte. 

Al día siguiente, personas que dijeron pertenecer a las Fuerzas Arma¬ 
das Argentinas se presentaron en la sede de la comunidad religiosa a la 



259 



















que pertenecía Silva, en la calle Malabia 1450, Capital Federal. Uno de ellos 
se presentó como juez militar, quien interrogó durante una hora a Giovanni 
Cara, superior de la comunidad sobre las ideas políticas y actividades de 
Silva. Parecían estar muy informados; según opinión de Cara ya habrían 
hablado con Silva. También interrogaron a una vecina: Marta Lucinda 
Garaycochea. 

Según la denuncia presentada ante la Asamblea Permanente por los 
Derechos Humanos (APDH): el 16 de junio de 1977 un recurso de Hábeas Cor¬ 
pus fue presentado ante la Cámara de Apelaciones de la Corte Suprema de Justicia. 
Las autoridades eclesiásticas (la Nunciatura, El Arzobispado de Buenos Aires y la 
Conferencia Episcopal Argentina) trataron por sus propios canales para dar con el 
lugar de detención de Mauricio. Por estas fuentes, se supo que por el 29 de julio, 
estaba en Campo de Mayo en muy mal estado físico. Después se supo que fue 
trasladado a algún lugar de La Plata. 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Cléber (Kléber) Silva 
Iribarnegaray, (C.I. 476.298-5) porque ha recogido elementos de convicción 
relevantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenido el 14 de junio de 1977, a las 8.30 hs. en su lugar de trabajo, en la 
calle Sánchez entre Alejandro Magariños Cervantes y Camarrones, Capital 
Federal, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un procedimien¬ 
to no oficial o no reconocido como tal. 

2. Existen indicios que permiten suponer que pudo haber estado detenido en la 
Comisaría 41 de la Policía Federal y en los centros clandestinos de detención 
Campo de Mayo y Club Atlético. 

El viernes 13 de junio del 2003 el Sindicato SUTECBA, organizó un 
acto en el corralón de la calle Varela 555 en el que se publicitó la ley 1032, 
que declaró al 14 de junio el "Día del Barrendero". 

San Mauricio de los Barrenderos 

Como el Mulato de Porres 
El padre Silva oriental 
El primero barriendo en Lima 
Y el otro. La Capital 


260 













Ambos cuidando al Cristo 

En el hermano empobrecido 

Ya lo ve, está visto 

Uno santificado, el otro desaparecido. 

(Coplas publicadas en el folleto de la convocatoria al homenaje a 
Mauricio Silva, en Buenos Aires.) 

VÍCTOR OSVALDO TROCHE MOREIRA 

Nació en Nueva Helvecia, Colonia, el 23 de junio de 
1949. Hijo de Víctor Troche y Olga Matilde Moreira. 

Emigró a Argentina con su pareja, de nombre Blan¬ 
ca. Se radicaron en Ramos Mejía y trabajó en un taller 
de autos en dicho barrio. Se escribía regularmente con 
su familia. Su última carta, fechada el 4 de febrero de 
1977 dice que se separó de Blanca, que se había muda¬ 
do a Emilio Mitre 70, Ramos Mejía (podría ser una pensión) y que conti¬ 
nuaba trabajando en el mismo taller de autos. 

Pasado el tiempo, sin saber de su hijo, la madre se comunicó con el 
taller donde trabajaba y el dueño le dijo que había viajado al Uruguay el 23 
de junio de 1977. 

Como Grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desapa¬ 
recidos, integramos su nombre como un caso más de los tantos por el que 
hay que continuar averiguando e investigando. Esta denuncia figura re¬ 
gistrada en la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas 
(CONADEP) de la República Argentina. 



MARÍA MERCEDES CAMIOU MINOLI 

Nació en Montevideo el 4 de setiembre de 1930. Hija 
de Héctor Camiou y Riña Modesta Minoli. Realizó sus 
estudios primarios en la escuela Gran Bretaña. Hizo la 
escuela de Bellas Artes y habría estado vinculada en 
Uruguay al MLN. 

Emigró a Argentina, donde se vinculó al ERP. For¬ 
mó pareja con Félix Leal y a la fecha de su desaparición 



261 

























vivían en la calle Luis Víale en Villa del Parque, Capital Federal. Trabaja¬ 
ba, cuidando a los hijos de un matrimonio argentino, ambos abogados. 

Desapareció el I a de julio de 1977, en camino a su trabajo. Días después 
de su desaparición su domicilio fue registrado y robados los objetos de 
valor. Posteriormente detuvieron a su compañero agentes de la Comisaría 
de "Congreso", lo liberaron y lo detuvieron nuevamente en la Comisaría 
de Morón. En dicha comisaría le mostraron una fotografía de María Mer¬ 
cedes para que la identificara. Existen indicios que permiten suponer que 
habría estado detenida en el Batallón 601 y en la Comisaría de Morón. 


BEATRIZ LOURDES y WASHINGTON FERNANDO 
HERNÁNDEZ HOBBAS 

Nacieron en Montevideo, el 23 de febrero de 1960 ella, 
y el 24 de marzo de 1962, él. Hijos de Lourdes Hobbas 
y Nelson Hernández, ambos uruguayos. 

La familia se radicó en Argentina el 21 de mayo de 
1973, en Martín y Ornar 1095, San Isidro, Provincia de 
Buenos Aires. Como se vio anteriormente, en 1977 el 
padre estaba preso en Villa Devoto y la madre desapa¬ 
recida desde el mes de febrero. Los cuatro hijos queda¬ 
ron repartidos con distintas familias pertenecientes al 
movimiento Montonero, a excepción de Esteban (11 
años), que estando en casa de un amigo de su abuelo, 
había sido enviado al Uruguay. 

La más pequeña de ellos, Andrea, siguió viviendo 
con la familia que la recibió, pero le cambiaron el nom¬ 
bre y apellido motivo por el cual, recién en 1998, cuan¬ 
do se presentó ante las Abuelas de Plaza de Mayo, recuperó su identidad. 
En ese momento, con 29 años pudo reencontrarse con su hermano Esteban 
de 35. 

En cambio, los jóvenes, Beatriz de 17 años y Washington de 16, conti¬ 
núan desaparecidos desde el 5 y el 7 de julio del año 1977. 

El 5 de julio de 1977 Beatriz se encontraba en un bar con Alicia Raquel 
de Laport y dos jóvenes más. Ingresaron al local varios sujetos, dos de los 
cuales exhibían armas. Se abalanzaron sobre Alicia, se produjeron escenas 
de pánico, los sujetos abrieron fuego hacia la parte superior del local hacia 



262 




















donde se había dirigido una de las jóvenes. Ante el descontrol de la situa¬ 
ción permitieron la salida de quienes se encontraban en el local. Introduje¬ 
ron a Beatriz y a Alicia en un auto con las manos esposadas a la espalda. Se 
concentró numeroso público y la avenida fue acordonada por efectivos 
uniformados de la Policía Provincial. 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada de la ciudadana uruguaya Beatriz Lourdes Hernánez 
Hobbas (C.1.1.4960.949.-8), porque ha recogido elementos de convicción rele¬ 
vantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenida junto a otra mujer que también está desaparecida, el día 5 de 
julio de 1977, (cuando contaba con 16 años de edad), a las 20 horas aproxima¬ 
damente, en la pizzería "La Focaccia", sita en la Avenida Vélez Sarsfield, loca¬ 
lidad de Munro, Provincia de Buenos Aires, por fuerzas represivas que actua¬ 
ron en el marco de un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. No existen indicios sobre su destino posterior, aún cuando según algunas 
versiones -no confirmadas totalmente- podría haber estado detenida en 
Campo de Mayo. 


Washington fue secuestrado al día siguiente en San Fernando, Provin¬ 
cia de Buenos Aires. El operativo fue llevado a cabo en tres o cuatro autos. 
Varias personas ingresaron en el domicilio de "El Gallego", conocido de 
su madre. Golpearon a dos personas que estaban allí y detuvieron a 
Washington, llevándolo esposado a un auto, donde se vio a su hermana 
Beatriz Lourdes. 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Washington Fernando 
Hernández Hobbas (C.1.1.490.937), porque ha recogido elementos de convic¬ 
ción relevantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenido junto a otras personas, el día 6 de julio de 1977 (cuando conta¬ 
ba con 15 años de edad), a las 12 horas, en una vivienda de la localidad de 
Delviso, Gran Buenos Aires, por fuerzas represivas que actuaron en el marco 
de un procedimiento no oñcial o no reconocido como tal. 

2. No existen indicios sobre su destino posterior, aún cuando según algunas 
versiones -no confirmadas totalmente- podría haber estado detenido en 
Campo de Mayo. 


263 

















BLANCA HAYDÉE ALTMAN LEVY 

Nadó en Montevideo el 13 de mayo de 1951. Hija de 
Guillermo Altman e Use Levy, familia de varios herma¬ 
nos. Estudiante universitaria de Sociología. 

Se radicó en la República Argentina desde 1975, don¬ 
de vivía en la calle Juncal 2161, 11 A, Capital Federal 
de Buenos Aires. Trabajaba en la empresa: "Facta Survey 
de Mercados y Comunicaciones" en Av. Santa Fe 2650. 
Formó pareja con Raúl Dopazo, argentino y a la fecha de su desaparición 
estaba embarazada de tres meses. 

El 20 de julio de 1977 a las 19 horas, estando en el Café "Colón" de 
Carlos Pellegrini 719 en Capital Federal, fue arrestada por hombres arma¬ 
dos. Así consta en la denuncia inicial realizada ante el Grupo de Madres y 
Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos. 

Sin embargo, existe otra versión que indica, que podría haber sido se¬ 
cuestrada en el mes de junio en el marco represivo contra el grupo PROA 
de tendencia Peronista. Del testimonio de Claudia Bellingeri 37 en el "Jui¬ 
cio por la Verdad", transcribimos: Mi padre era parte del grupo PROA (Parti¬ 
do Revolucionario de Obreros Argentinos) que funcionaba desde 1974, y habían 
quedado en reunirse el 11 de junio en la quinta y añadió que se enteró de las 
circunstancias del secuestro del grupo gracias al relato de los vecinos. 

(...) Nos dijeron que las fuerzas de seguridad y la policía del Gral. Ramón Camps 
(Policía de la Prov. de Bs. As.) golpearon las puertas de las casas próximas y des¬ 
pués de identificarse como pertenecientes a la Brigada de Morón, se subieron a los 
techos e ingresaron a la quinta. El que coordinó la parte policial del procedimiento 
fue Leopoldo Luis Baume, que era el comisario de Marcos Paz, quien llegó a esa 
ciudad en febrero de 1977 y antes había sido responsable del "Sheraton", un centro 
clandestino de detención (CCD) que funcionaba en Capital Federal. 

Las fuerzas policiales y del Ejército ocuparon la quinta de Marcos Paz y permane¬ 
cieron allí cerca de diez días esperando que llegara el resto de los integrantes del grupo 
PROA. A los que no llegaron los fueron a buscar a sus domicilios en días posteriores. 

Entre el 11 y 16 de junio fueron secuestrados, además de Héctor Bellinger Liliana 
Galetti, Blanca Haydee Altman, Virginia Allende... (continúan muchos nombres 
más, de ciudadanos argentinos). En setiembre de 1977, Virginia Allende y Galetti 



37. APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos), "Juicio por la Verdad" el 29.05.02. 


264 


















fueron vistas por la ex detenida Liliana Zambrano en el centro clandestino conocido 
como “Pozo de Banfield". Todo hace pensar que Blanca también estaba allí. 

Existen firmes sospechas de que Blanca haya dado a luz en enero de 
1978 en dicho CCD. 


MARÍA NIEVES ZUAZU MAIO 

Nació en Montevideo el 8 de setiembre de 1957. Hija de Daniel Arturo 
Zuazu y de María Godiosa Maio. Se había radicado en Argentina en mayo 
de 1974 con su madre y hermanas. 

De la denuncia inicial presentada por su madre y hermana María del 
Rosario ante la CONADEP, extraemos que: María Nieves, de nacionalidad 
uruguaya (C.1.1.663.370) fue secuestrada el día 20 de julio de 1977 desde 
su domicilio sito en la calle Delgado 826 Piso 9no. "H", (cercano a la esta¬ 
ción de Federico Lacroze) Capital Federal. 

Su compañero, Enrique Rubén Sisto de nacionalidad argentino, fue se¬ 
cuestrado una semana antes del mismo apartamento, quedando María Nie¬ 
ves como rehén. Según consigna la denuncia ella era ama de casa, no re¬ 
gistraba militancia política alguna, pero sí su compañero, quien militaba 
en la Juventud Peronista. 

Conforme al relato de testigos, entre ellos un uruguayo de iniciales N. V., 
fue secuestrada por personas vestidas de civil quienes portaban armas varias. 

El Grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desapareci¬ 
dos no registraba ningún tipo de denuncia sobre su desaparición hasta 
que, a raíz de la instalación de la Comisión para la Paz, llegó la denuncia 
presentada por su familia ante la CONADEP, a través de la Sub Secretaría 
de Derechos Humanos de Argentina. 


LUIS FERNANDO MARTÍNEZ SANTORO 

Nació en Montevideo el 6 de abril de 1951. Hijo de 
Homero Martínez Viñas (industrial) y María Olga 
Santoro, estudiaba Ingeniería Química en la Universi¬ 
dad y a raíz de una corta detención en Jefatura de Mon¬ 
tevideo, al ser liberado, se trasladó a Argentina, el 29 
de octubre de 1974. Militaba en los GAU. 



265 






















Realizó trámites de radicación y vivía en Luis M. Campos 2980 apto.16 
C, Capital Federal. Trabajaba en la Metalúrgica Avellaneda, en Estanislao 
Zeballos 6253, Avellaneda, cuyos dueños eran los hermanos Illescas. La 
radicación definitiva la obtuvo el 24 de junio de 1977. 

Desapareció el 29 de julio de 1977. Fue detenido en su domicilio hacia 
las 23 horas, por cinco personas jóvenes vestidas de civil que se traslada¬ 
ban en tres autos. Testigo de los hechos fueron los vecinos que luego avisa¬ 
ron a sus padres en Montevideo. 

Su padre, encontró la vivienda totalmente saqueada. Realizó la denun¬ 
cia en el destacamento policial de Wilde, Las Flores 373, el 7 de agosto de 
1977 y en la Comisaría de Banfield entre otros. 

La desaparición de Luis Fernando estaría vinculada con la de los com¬ 
pañeros del GAU: José Enrique Michelena y Sra., o a su trámite de Radica- 


DANIEL PEDRO ALFARO VÁZQUEZ 

Nació en Montevideo el 31 de diciembre de 1946. Hijo 
de Pedro R. Alfaro y María Ofelia Vázquez quienes tu¬ 
vieron cuatro hijos. Creció en el seno de una familia 
católica de Punta Gorda. Daniel era asmático, había ter¬ 
minado el bachillerato y luego se empleó en Montevi¬ 
deo. Militaba en el Movimiento 26 de Marzo. 

Estuvo en Chile y luego del Golpe de Estado en di¬ 
cho país se radicó en Argentina, donde se casó a los 25 años con Mabel Carrau 
de 17 años con la que tuvo una hija. Al poco tiempo la pareja se separó. 

Desapareció el 11 de julio de 1977. A la fecha de la desaparición se 
domiciliaba en Rincón 210, Depto. 3 B F Esq. Alsina, Capital Federal, donde 
vivía con su compañera Cristina Tamer, oriunda de Tucumán. Cercano a 
las cero horas del 11 de julio, camiones blindados bloquearon la calle y 
hombres fuertemente armados entraron en el edificio. Lo llevaron enca¬ 
puchado junto a otro uruguayo con quien compartía la vivienda, llamado 
Darío (o Daniel) Piñeiro, a la vista de la encargada del edificio y de otros 
vecinos. Piñeiro, fue liberado tres días después. 

Informaciones recientes indican que, Félix Vidal, oriundo de Florida y 
muy amigo de Alfaro, también fue detenido por esos días y que posterior¬ 
mente fue liberado. 


ción Definitiva. 



266 


















Su madre, María Ofelia Vázquez de Alfaro en la CIP 38 , declaró que su 
hermana, quien tenía relación con religiosas en Buenos Aires, había pedi¬ 
do que averiguaran sobre su sobrino Daniel Alfaro. Que una de estas reli¬ 
giosas a los meses le envió una copia de un documento oficial que dice: (...) 
en cuanto al asunto les puedo informar que lo que se sabe seguro es que fue pedida 
su extradición por el Uruguay y que fue llevado allí, así que en la Argentina no 
está. Te mando con mucha reserva la fotocopia que me dieron para ver si es él. Uds. 
verán si los datos y la foto coinciden. Por lo menos, aunque no sea mucho, saben 
que está en Uruguay, no sé si para mejor o para peor. Que Dios los ilumine y lo 
puedan localizar. 

La fotocopia en cuestión es: La foto de Daniel de frente y otra de perfil. 

A máquina dice: 

APELLIDOS: ALFARO VAZQUEZ 
NOMBRE: Daniel Pedro 

A mano está agregado: 

DNI 92086678 
CIPE 8.396243 
Nac. 31/12/46 
Extradición al Uruguay 
Sep. del 77 

El 20 de julio de 1979, su madre también dirigió una carta al Presidente 
de la Comisión de Derechos Humanos del Consejo de Estado: Sr. Federico 
García Capurro transcribiendo dicha información y solicitando hiciese las 
gestiones necesarias para ubicar a su hijo. En respuesta a ello, el Gral. 
Manuel J. Núñez, Ministro del Interior, con fecha 11 de diciembre de 1979, 
responde: Por la presente cúmpleme informar a Ud. que el Sr. Alfaro Vázquez, 
Daniel Pedro no se encuentra detenido en ninguna dependencia de esta Secretaría 
de Estado. 

El Gral. Núñez "olvidó" aclarar que hubo un pedido de captura sobre 
Daniel a Argentina. 39 


38. CIP -Comisión Investigadora sobre personas desaparecidas y hechos que la motivaron de la 
Cámara de Diputados (1985). 

39. Nota: Es probable que Daniel o Darío Piñeyro y Félix Vidal sean la misma persona, que por 
temor a ser secuestrado nuevamente, haya realizado denuncias bajo otro nombre. 


267 

















ADA MARGARET BURGUEÑO PEREIRA 

Nadó en Minas, Lavalleja, el 5 de enero de 1953. Hija 
de Marcos Burgueño y Eva Pereira, realizó Primaria y 
Secundaria en su ciudad natal y en 1971 se trasladó a 
Montevideo para estudiar en la Facultad de Ciencias 
Económicas. 

A los 22 años (1975), viajó a Buenos Aires, luego de 
realizar diferentes tareas en Montevideo para conse¬ 
guir un trabajo que le permitiese autosustentarse. Trabajó primero, en la 
mueblería Primtzky y luego en Tymsa, llevando la contabilidad, mientras 
continuaba sus estudios. 

En el verano de 1977, viajó a Uruguay con el fin de presentar a su fami¬ 
lia, a su novio Daniel O. Vattino, argentino. En mayo, Daniel ingresó al 
Servicio Militar obligatorio en la escuela de Sub-Oficiales Sargento Cabral 
(en Campo de Mayo) y Ada se trasladó a vivir a la casa de los padres de 
Daniel en Villa Ballester. Habían fijado como fecha de casamiento el 22 de 
agosto. 

El día 19 de agosto Daniel, antes de ir a casa de sus padres, solicitó 
permiso a sus superiores para casarse el día 22. Ese mismo día a las 18 
horas, su padre lo llevó hasta Campo de Mayo y lo vio entrar en el 
edificio. 

En una carta dirigida a James Cárter, Presidente de Estados Unidos, los 
padres de Daniel Vattino dicen: día 20, fue allanado en la madrugada 

nuestro domicilio, calle San Pedro 5346 (97) de Villa Ballester, Pcia. de Buenos 
Aires, por un grupo armado compuesto de ocho personas, quienes abrieron la puer¬ 
ta de calle con las llaves que pertenecían a nuestro hijo, demostraron conocer mu¬ 
chos detalles y se llevaron detenida a su novia Ada Margaret Burgueño, de nacio¬ 
nalidad uruguaya, quien iba a contraer matrimonio con Daniel Ornar Vattino. 
Fue llevada por los sujetos que dijeron pertenecer a Coordinación Federal. Yo, su 
padre, salí y vi que la Señorita Ada era introducida en un Ford Falcon, parado en 
la puerta de la casa, Daniel era llevado en un Peugot 504 color crema y otro Peugot 
con cuatro hombres armados iba de guardia . 40 

Al día siguiente, el padre de Daniel se presentó en Campo de Mayo, 
ante el oficial superior de su hijo preguntando por él, a lo que le dijeron 



40. Documento ante a la CONADEP en archivo de la SDDHH. 


268 

















que el conscripto no se había presentado el día anterior. Cuando el Sr. 
Vattino aclaró que él mismo lo había llevado y lo vio entrar, le contestaron 
que: se había presentado cuatro horas más tarde y sabiendo que iba a ser castigado 
huyó. Existen indicios que permiten suponer que habrían estado detenidos 
en Campo de Mayo. 



JORGE HERNANDEZ RODRIGUEZ, 

"Dumbo" 

Nació en Montevideo el 12 de julio de 1955. Hijo de 
Clemente Hernández y Olga Rodríguez. Viviendo en 
Millán y Raffo concurrió al liceo Lezica. Su padre ha¬ 
bía sido secretario del gremio de "Artes Gráficas". 

Su familia se radicó en Argentina en 1974. Continuó 
sus estudios secundarios en el Colegio "José Hernán¬ 
dez" de Avellaneda. Sus compañeros le llamaban "Dumbo", por las orejas 
grandes. En marzo de 1977, trabajando en la construcción se afilió al sindi¬ 
cato, una semana después lo suspendieron. 

Desapareció el 23 de agosto de 1977. Existen dos versiones sobre su 
desaparición: la primera, que se manejó hasta el año 2002, consigna que 
fue sacado de su trabajo en presencia de compañeros de la fábrica automo¬ 
triz Sesetro (ubicada en Lanús), donde realizaba tareas de control para la 
empresa Peisa. 

Sus padres declararon a la Comisión para la Paz, que fue secuestrado a 
las tres de la madrugada de ese mismo día de su domicilio, ubicado en la 
calle Alvarez Thomas 954, Capital Federal, en un operativo en el que actuó 
Policía Federal. Dicen que su hijo podría haber estado vinculado al movi¬ 
miento peronista a nivel sindical. 

Presentaron Hábeas Corpus y realizaron gestiones para ubicarlo, bús¬ 
queda que fue infructuosa. Sin embargo, a raíz de un incendio en el Penal 
de Villa Devoto ocurrido el 15 de marzo de 1978 en las fotos del diario 
"Crónicas", su padre lo reconoció entre los presos que aparecían en las 
fotos. Al interrogar a las autoridades del Penal sobre su hijo, le contestaron 
que todos los reclusos habían sido trasladados a otros centros carcelarios. 
Hecho que no pudo ser confirmado. 


269 

















La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
la desaparición forzada del ciudadano uruguayo Jorge Hernández Rodríguez 
(C.1.1.138.126-8), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que 
permiten concluir que: 

1. Fue detenido, en su domicilio en la calle Álvarez Thomas 954, departamento 
4, Capital Federal, el 23 de agosto de 1977, por fuerzas represivas que actua¬ 
ron en el marco de un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Existen indicios de que habría estado detenido en el Hospital Penitenciario 
de Villa Devoto hasta el 15 de marzo de 1978. 

3. No existen indicios sobre su destino posterior. 


Represión contra militantes de los Grupos de Acción Unificadora (GAU) 

En Uruguay, el 16 de noviembre de 1977 Oscar De Gregorio, dirigente 
montonero, fue detenido por Prefectura de Colonia, cuando entraba en el 
país 41 . De Gregorio entre sus pertenencias, traía consigo una Cédula de 
Identidad uruguaya perteneciente a B.B. 

El 19 de noviembre el FUSNA allanó el domicilio de B.B. y, entre las 
pertenencias de su hermano (militante GAU), encontró volantes del sindi¬ 
cato del cuero prontos para ser distribuidos y un documento que se refería 
a las diferencias internas en la Marina. B.B. y O.B. fueron detenidos y man¬ 
tenidos ilegalmente en el FUSNA (hasta que ella fue liberada y su herma¬ 
no procesado por la Justicia Militar) El 20 de noviembre en Uruguay, co¬ 
menzó una serie de detenciones contra militantes de dicha organización 
y/o personas que habían estado vinculadas en el pasado. En pocos días 
hubo más de 50 personas detenidas. Estas detenciones continuaron en Ar¬ 
gentina a partir del 20 del mes siguiente. 

De los interrogatorios bajo tortura sobre la posible vinculación de los 
GAU con "Montoneros", surgió la existencia del Regional Buenos Aires y 
los nombres de muchos de sus militantes. 42 Del Testimonio de NN (dete¬ 
nido en el FUSNA) extraemos: (...) A principios de diciembre Tróccoli viaja con 
Zapata a Buenos Aires. Después de Navidad, cuando regresa, dice: "los agarra- 


41. La descripción del caso se incluye en el Capítulo uruguayos y argentinos Detenidos Desapa¬ 
recidos en Uruguay. 

42. Expediente del Juzgado Letrado de Primera Instancia en lo Penal N Q 601. 


270 


















mos, pero no pude evitar que interviniera el Ejército". Vuelve con declaraciones de 
detenidos escritas a mano, adjuntas a una pequeña ficha personal con la foto de 
ellos, las mismas que usaba el Ejército. 

R.B., otra detenida en el FUSNA declara que: en los últimos días de di¬ 
ciembre, me llevan de nuevo a la sala de interrogatorios, para convencerme que 
habían agarrado a los compañeros en Buenos Aires, me muestran declaraciones 
suyas. Recuerdo bien la de Michelena porque había desaparecido meses atrás y por 
lo que me decían, estaba aún con vida. Poco después, el Jefe del S2, me dice que se 
va y que "el francés" (Juan Carlos Earcebeau), quedará al mando. Otros ex pre¬ 
sos declararon, que cambió el mando en el S2 del FUSNA. 

A partir del testimonio de G. T. (argentino), presentado ante la Comi¬ 
sión Sábato, conocemos que estando secuestrado en el "chalet de Martínez" 
en diciembre de 1977, coincidió con un grupo importante de uruguayos. 
Dice así: (...) Hay una solicitada donde salieron los nombres de los uruguayos 
desaparecidos que se publicó en la prensa (argentina) de la Comisión de Familiares 
de Desaparecidos, creo que salió en el año 1982. Hicieron todo el operativo de los 
uruguayos en unas noches y los llevaron a Martínez, les estuvieron dando máqui¬ 
na toda la noche. De todos estos uruguayos nacieron dos criaturas, yo creo que 
eran 15 o 17 personas. A la semana de estar en Martínez y torturarlos, los trasla¬ 
daron a Banfield. Yo en Banfield los vuelvo a encontrar cuando a mí me llevan el 
28 de diciembre, ellos estaban de un lado del pabellón y nosotros estábamos del 
otro. El 2 de enero de 1978 nació uno de los chicos y el 6 o el 7 u 8, creo que el 8 
nació el otro. Cuando las chicas estaban por parir las llevaron al piso de abajo y 
tuvieron familia, oí perfectamente a las criaturas. A las madres las dejaron media 
hora con los chicos nada más y las volvieron a subir a las celdas. A ellas les infor¬ 
maron que a los chicos los habían mandado a Casa Cuna..." En otro pasaje de su 
extenso testimonio, hablando del Chalet de Martínez (COT 1), dice que: 
Un buen día traen a un muchacho de apellido Muñoz, un muchacho uruguayo que 
creo trabajaba de Gerente en Acindar o en Gurmendi, hacía seis meses estaba des¬ 
aparecido... Seguramente retuvo erróneamente ese apellido, por ello se ha 
hecho difícil descifrar de quién se trata. 

Conclusión: La responsabilidad directa de las siguientes desaparicio¬ 
nes en Argentina, continúa siendo del Estado Uruguayo y, en particular, 
en este caso, del FUSNA por haber librado los pedidos de captura. Se suma 
a ello el hecho de que existen testimonios de sobrevivientes que aseveran, 
que marinos uruguayos y oficiales del Ejército detuvieron e interrogaron a 
los desaparecidos en Argentina. 


271 

















Revestían en el FUSNA: el Comandante de la Unidad, Capitán de Cor¬ 
beta (CG) Jorge Jaunsolo, fallecido. 

En el S2 actuaban: el Tte. de Navio (CG) Jorge Tróccoli, "Federico", ac¬ 
tualmente retirado; el Alférez de Navio (CG) Juan Carlos Larcebeau, 
"Sebastián" o "el francés", quien quedó a cargo cuando Tróccoli se fue a la 
Argentina en 1978 para "realizar un curso", actualmente en la Marina 
Mercante; el Alférez de Navio Nelson Olivera, actualmente en actividad y 
el sub Oficial, G. Manuel Zapata "Ricardo", mano derecha de Tróccoli, 
especialmente en la tortura, quien realizó un curso en la Argentina, al mis¬ 
mo tiempo que su jefe. Todos ellos viajaron a Buenos Aires en el período 
de diciembre del 77 a mayo del 78. 

A partir del 21 de diciembre de 1977 empezaron a desaparecer en Ar¬ 
gentina, militantes de los GAU y de otras organizaciones políticas que por 
un motivo u otro estaban vinculados entre sí. Los militantes GAU (Grupos 
de Acción Unificadora) estaban vinculados políticamente a través de la 
UAL (Unión Artiguista de Liberación) a AMS (Agrupaciones Militantes 
Socialistas) y al PCR (Partido Comunista Revolucionario), a su vez, tenían 
una imprenta común. Militantes de estos grupos a su vez, mantenían vin¬ 
culación con militantes del MLN-Tendencia Proletaria. 

Fueron vistos en "pozos" pertenecientes al circuito represivo dependiente 
del 1er Cuerpo del Ejército y del Servicio Penitenciario de la Policía Provin¬ 
cial de Buenos Aires (SIPPBA) cuyo centro de Inteligencia estaba en la Ciu¬ 
dad de La Plata. Coordinaba la Brigada de Investigaciones de San Justo, la 
misma que operó contra los uruguayos detenidos en 1975. Los "pozos" fue¬ 
ron: "el chalet de Martínez", donde operaba el COT 1 (Comando de Opera¬ 
ciones Tácticas), allí sufrieron los primeros interrogatorios presumiblemente 
los secuestrados del GAU y AMS. Al Pozo de Quilmes llevaron 
presumiblemente a los secuestrados del MLN y PCR. Luego de los primeros 
interrogatorios los trasladaban al Pozo de Banfield. Estuvieron allí "en de¬ 
pósito" hasta mediados de abril, en que fueron llevados a Quilmes para ser 
interrogados nuevamente por oficiales de la Marina y Ejército uruguayo. 
Pasado los interrogatorios y torturas los devolvieron a Banfield hasta que, 
entre el 15 y 16 de mayo de 1978 fueron trasladados definitivamente. Exis¬ 
ten indicios que algunos de los detenidos en el Pozo de Quilmes en diciem¬ 
bre, hayan sido trasladados directamente a Uruguay en ese momento, como 
se verá en cada caso. 


272 















ALBERTO CORCHS LAVIÑA 

Nació en Montevideo el 19 de abril de 1946. Hijo de 
Alberto Corchs y María Sara Laviña, estaba casado con 

ELENA PAULINA LERENA COSTA 

Nació en Montevideo el 22 de mayo de 1947, hija de 
Avelino Lerena y Lida Costa. 

En Montevideo, el matrimonio vivía en Canelones 
2607 y Elena estudiaba en la Facultad de Humanida¬ 
des mientras trabajaba en el Consejo de Enseñanza Se¬ 
cundaria. Alberto, dictaba Física en Secundaria y estu¬ 
diaba y trabajaba en la Facultad de Ingeniería. 

Huyeron a Argentina el 27 de octubre de 1973 a raíz 
de la bomba que estalló en la Facultad de Ingeniería y 
por la represión que se desencadenó contra los mili¬ 
tantes de los GAU en esa oportunidad. 

Vivían en Monteverde 4140 P1 Depto B, La Lucila, (Provincia de Bue¬ 
nos Aires) y tuvieron un hijo a quien llamaron Alejandro. Alberto trabaja¬ 
ba en una Aseguradora y Elena era empleada de un laboratorio en Buenos 
Aires. Con el correr del tiempo, Alberto volvió a vincularse a los GAU. 

Desaparecieron el 21 de diciembre de 1977 de su domicilio. Alberto, 
"Gabriel", regresaba de su trabajo cuando un grupo de hombres armados 
se abalanzaron sobre él. Entraron en el apartamento a la espera de Elena, 
la autorizaron a entregar a su pequeño hijo a una vecina, Sra. Olga del 
Pozo y se los llevaron a ambos en diferentes vehículos. Al día siguiente 
volvieron y se llevaron los objetos de valor de la casa y a la semana si¬ 
guiente volvieron por el niño, pero ya había sido entregado a la familia 
paterna. 

Adriana Chamorro 43 y Eduardo Otilio Corro 44 , ambos argentinos, pa¬ 
reja en ese entonces, llegaron como secuestrados al Pozo de Banfield el 15 
de marzo de 1978. En su testimonio, fechado en 1984 declaran que: cuando 
llegaron había cerca de 22 uruguayos secuestrados en el lugar. Que entre 



43. Ver testimonio de Adriana Chamorro en el capítulo Testimonios y Documentos, página . 

44. Ver testimonio Eduardo Otilio Corro en el capítulo Testimonios y Documentos, página . 


273 























fines de abril y principios de mayo, todos los uruguayos fueron traslada¬ 
dos en grupos chicos a otro "pozo", que los regresaban luego de ser inte¬ 
rrogados por oficiales uruguayos. Que el 15 de mayo de 1978, los prepara¬ 
ron para ser trasladados y que el 16 de mayo sólo quedaron dos mujeres 
de dicho grupo, porque una estaba embarazada y de la otra, presumían 
que también lo estuviera. Adriana nombra a "Gabriel Corchs" 

Washington Rodríguez 45 , Alberto Illarzen 46 y otros uruguayos que es¬ 
tuvieron detenidos en el Pozo de Quilmes en abril de 1978, vieron a 
Corchs entre otros detenidos que también están desaparecidos. Nelson 
Mezquida dice que: Corchs se destacaba porque estaba vestido con un traje de 
verano de color celeste pálido. Estos sobrevivientes del Pozo de Quilmes de¬ 
claran que, ellos mismos y todos los detenidos uruguayos, eran interro¬ 
gados por oficiales uruguayos que no hacían ningún esfuerzo por ocul¬ 
tar su nacionalidad. 

Ricardo Vilaró, ex vicepresidente de la CNT testificó ante la Comisión 
de Derechos Humanos de la ONU y declaró que el día que fue puesto en 
libertad en Jefatura (14/04/78), fue secuestrado en la calle y trasladado al 
FUSNA: En dicha Unidad, en el marco de los interrogatorios -vendado y encapu¬ 
chado-, en determinado momento se me ofreció ver declaraciones de los otros dete¬ 
nidos de los GAU, a lo cual respondí afirmativamente, a pesar de que imaginé que 
la intención era impresionarme. (...) un oficial del FUSNA iba corriendo las hojas 
de un bibliorato, donde aparecía en cada hoja, el nombre del detenido, su foto y el 
texto de un resumen de su declaración. En determinado momento pude ver una 
declaración de Alberto Corchs y su foto; esto duró un instante, pues el oficial dijo: 
"esto no es para vos" y dio inmediatamente vuelta la página. 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada de la ciudadano uruguayo Alberto Corchs Laviña (C.I. 1.040.580-2), 
porque ha recogido elementos de convicción relevantes que permiten concluir 
que: 

1. Fue detenido el día 21 de diciembre de 1977, a las 19 horas, en su domicilio 
de la calle Monteverde N 2 4140, Piso 1 Apto. B, en la Provincia de Buenos 
Aires, junto a su esposa Elena Paulina Lerena Costa, desaparecida, en pre- 


45. Ver testimonio de Washington Rodríguez en el capítulo Testimonios y Documentos, pág. . 

46. Ver testimonio de Alberto Illarzen en el capítulo Testimonios y Documentos, pág.. 


274 















sencia de su hijo pequeño, por fuerzas represivas que actuaron en el marco 
de un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Estuvo detenido, en los centros clandestinos de detención Quilmes y Banfield. 
También podría haber estado en el Centro de Operaciones Tácticas (COT 1 
Martínez), en la localidad de San Isidro. 

3. Fue probablemente "trasladado", con destino final desconocido, junto a otros 
uruguayos detenidos, el 16 de mayo de 1978. 


EDMUNDO SABINO DOSSETTI TECHEIRA 
"Flaco José" 

Nació en Montevideo el 19 de noviembre de 1952. Hijo 
de Edmundo Sabino Dossetti y Mercedes Techeira, des¬ 
de niño su familia le llamó José y en la adolescencia 
pasó a ser "el Flaco José". 

Vivió sus primeros años en Villa Española donde 
concurrió a la escuela del barrio. Luego se mudaron a 
Cno. Carrasco y Veracierto y realizó secundaria en el Liceo Piloto de Malvín. 
Practicaba deportes en el club de Bochas "Los 33". 

Estudiante de Facultad de Ciencias Económicas y militante de los GAU, 
trabajaba en la fábrica Izzetta y López como administrativo, de donde fue 
despedido por formar el sindicato e impulsar la ocupación de la fábrica 
cuando el Golpe de Estado. Se casó con Ileana García en 1974 antes de irse 
a Buenos Aires. 



ILEANA SARA MARIA GARCIA RAMOS 

Nació en Montevideo el 31 de marzo de 1954, hija de 
Ovidio García y Olga Ramos. Ileana, creció en el Cerrito 
de la Victoria donde concurrió a la Escuela N e 7 y al 
Liceo N e 13 de Maroñas. Luego vivió en Parque Batlle 
y realizó los preparatorios de Derecho en el IBO. Estu¬ 
diaba profesorado de Inglés en el Anglo y la Licencia¬ 
tura de Literatura en Facultad de Humanidades. Mili¬ 
taba también en la agrupación de los GAU, de dicha facultad. 

A mediados de 1974 se casó con Edmundo Dossetti y juntos emigraron 
a Argentina. Primero vivieron en un apartamento en Capital Federal y 


r*i 


275 






















luego de la desaparición de José Hugo Méndez (junio 76) se mudaron a El 
Palomar, donde en mayo de 1977 nadó la hija de ambos, Soledad. Luego 
de la desaparición del matrimonio Michelena-De Gouveia, amigos perso¬ 
nales y compañeros de militancia se mudaron nuevamente, al barrio Vi¬ 
cente López en la Provincia de Buenos Aires. 

En Argentina, "el Placo José" trabajaba en contabilidad del Laboratorio 
PLAVORS en Martínez y de Perito Mercantil para diferentes empresas, e 
Ileana culminó sus estudios de Profesorado de Inglés. 

Desaparecieron el 21 de diciembre de 1977 a las 23:50, cuando perso¬ 
nas de civil con armas largas obligaron al portero del edificio sito en 
Lavalle 1494 12 a esq. Maipú, a que los condujera al apartamento. Se lle¬ 
varon al matrimonio y a otro joven, que desde hacía pocos días se alojaba 
allí. 

Golpearon a Ileana hasta que perdió el conocimiento. Ella se aferraba a 
su pequeña hija, que quedó luego en manos del portero. Los captores mon¬ 
taron una "ratonera" durante dos días. Al tercer día lo abandonaron lle¬ 
vándose todas las pertenencias de valor y los documentos. 

Mientras tanto el portero, realizó la denuncia en la Comisaría, donde 
no fue aceptada. Sí pasaron a una Jueza la situación de la beba, quien la 
entregó en custodia en la Cárcel de Mujeres (Olmos), aduciendo que era 
más segura que las Casas Cunas. Recién en febrero, la misma jueza entre¬ 
gó la niña a su abuela materna, autorizándola a sacarla del país a pesar de 
ser argentina. 

Adriana Chamorro, declaró que: el 16 de mayo, todos los uruguayos fueron 
trasladados con destino desconocido, salvo María Artigas de Moyana e Ileana García 
Ramos de Dossetti, que quedaron en Banfield, en el primer calabozo del sector B. A 
fines de junio se produjo otro pequeño traslado, en el que se llevaron con el mismo 
mecanismo que en el anterior, a Ileana García de Dossetti, a Noemí y al matrimo¬ 
nio Logares Grispón. El destino, según los guardias, era nuevamente el "sur". 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada del ciudadano uruguayo Edmundo Sabino Dossetti Techeira (C.I. 
1.290.473-1), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que per¬ 
miten concluir que: 

1. Fue detenido en su domicilio de la calle Lavalle 1494 Vicente López, Provin¬ 
cia de Buenos Aires, el 21 de diciembre de 1977, junto a su esposa Ileana 


276 













Sara María García Ramos y un compañero de militancia, Alfredo Bosco, 
quienes también continúan desaparecidos, por fuerzas represivas que actua¬ 
ron en le marco de un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Estuvo detenido, en el centro clandestino de detención de Banfield. Podría 
haber estado detenido también en el Centro de Operaciones Tácticas N s 1 
(COT 1 Martínez) 

3. Fue probablemente "trasladado", con destino final desconocido, junto a otros 
uruguayos, el día 16 de mayo de 1978. 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia de desaparición 
forzada de Ileana Sara María García Ramos De Dossetti (C.I. 1.278.884-4), 
porque ha recogido elementos de convicción relevantes que permiten concluir 
que: 

1. Fue detenida, en su domicilio de la calle Lavalle 1494 (Vicente López), Pro¬ 
vincia de Buenos Aires, el 21 de diciembre de 1977, junto a su esposo Edmundo 
Dossetti y un compañero de militancia, Alfredo Bosco, quienes también con¬ 
tinúan desaparecidos, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un 
procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Estuvo detenida, en el centro clandestino de detención de Banfield. También 
habría estado en el Centro Clandestino De Operaciones Tácticas N S 1 (COT 1 
Martínez). 

3. Fue "trasladada", con destino final desconocido, junto a tres argentinos, a 

fines del mes de junio de 1978. 


ALFREDO FERNANDO BOSCO MUÑOZ, "Tito" 

Nació en Mercedes, Soriano, el 29 de setiembre de 1953. 

Hijo de Alfredo Vicente Bosco y Alba Aurora Muñoz, 
realizó primaria en la Escuela N e l y secundaria en el 
Liceo N e 1 de su ciudad natal. 

A los 18 años se radicó en Montevideo para conti¬ 
nuar sus estudios en Facultad de Ciencias Económicas, 
viviendo en "Parque Botafogo" en casa de un tío. Al 
tiempo entró a trabajar en Bao S.A., como ayudante administrativo, hasta 
que concursó y entró a trabajar en Bafisud (Banco Sudamericano) Militaba 
gremialmente en AEBU y en Facultad como GAU. 

En 1975 se casó con Beatriz Martínez Addiego, con quien tuvo dos hijas, 
Patricia y Natalia, y vivían en el Complejo de Millán y Lecoqc. En la ma- 



277 






















drugada del 29 de noviembre de 1977, estaba en casa de sus suegros cuan¬ 
do el FUSNA se presentó a detener a su cuñado Rubén Martínez, militante 
también de los GAU. A pesar de ello se presentó por la mañana a dar un 
examen en Facultad y luego fue a trabajar. Al llegar al Banco un compañe¬ 
ro lo interceptó para avisarle que no entrara, porque el gerente tenía la 
orden de avisar a los Fusileros Navales (FUSNA) de su presencia en el 
Banco. Viajando con su propio documento por el Aeropuerto de Carrasco 
llegó a Buenos Aires, donde pidió refugio ante el Alto Comisionado de 
Naciones Unidas. 

A la espera del asilo político en otro país, fue secuestrado el 21 de di¬ 
ciembre de 1977 a las 23:50, del domicilio de su antiguo compañero de 
Facultad y amigo, "el Flaco José" Dossetti. En el domicilio de Ileana y José 
se encontró ropa perteneciente a Tito Bosco. 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Alfredo Fernando Bosco Muñoz 
(C.1.1.689.071-1), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que 
permiten concluir que: 

1. Fue detenido el día 21 de diciembre de 1977 en el domicilio del matrimonio 
Dossetti - García, también desaparecidos, sito en la calle Lavalle 1494 Apto. 
12 A, localidad de Vicente López, Provincia de Buenos Aires, por fuerzas 
represivas que actuaron en el marco de un procedimiento no oficial o no 
reconocido como tal. 

2. Existen indicios que permiten suponer que podría haber estado detenido en 
los centros clandestinos de detención de "COT 1 Martínez" y Banfield y que 
habría sido "trasladado", con destino final desconocido, junto a otros uru¬ 
guayos detenidos, el día 16 de mayo de 1978. 



JULIO CÉSAR D'ELÍA PALLARES 

Nació en Montevideo el 28 de setiembre de 1946. Elijo 
de Julio César D'Elía y María René Pallares. Estudiante 
y Profesor Agregado de Economía I y II en Facultad de 
Ciencias Económicas, participaba en el Consejo Direc¬ 
tivo de la Facultad por el Orden Estudiantil. 


278 


















YOLANDA IRIS CASCO GELPHI 




Nació en Salto el 28 de diciembre de 1945, hija de To¬ 
más Casco y Vulmera Ghelpi, quien en Montevideo, 
vivía en Hogar Estudiantil de la Asociación Cristiana 
de Jóvenes mientras estudiaba Secretariado en dicha 
institución y Derecho en la Universidad. 

Se casaron y, a raíz del cierre de la Universidad, emi¬ 
graron a Argentina en abril de 1974. Ambos eran mili¬ 
tantes de los GAU. 

En Argentina se radicaron al principio en un apartamento en Capital 
Federal, pero cuando se establecieron en diferentes trabajos compraron 
un apartamento en la localidad de San Fernando en Provincia de Buenos 
Aires. Julio trabajaba en la Sociedad Cooperativa de Crédito Limitada "Ho¬ 
gar Parque Patricios" y Yolanda, en la empresa Di Paolo, como secretaria 
ejecutiva, donde pidió licencia por maternidad, en diciembre de 1977 ya 
que esperaba familia para la I a quincena de enero. 

Desaparecieron el 22 de diciembre de 1977. Fueron secuestrados de su 
domicilio en la calle 9 de Julio 1130, Depto 2G 2 e Piso en San Fernando 
entre la una y dos de la madrugada, quedando una "ratonera" montada en 
su domicilio. Por la mañana llegaron los padres de Julio al apartamento, 
provenientes de Montevideo y, al salir del ascensor, hombres armados los 
estaban apuntando y los mantuvieron retenidos durante todo el día. Renée 
Pallares declaró en la Comisión Investigadora Parlamentaria, que estos 
hombres eran uruguayos y de la Marina; y que quien parecía comandarlos 
era claramente un argentino. 

Julio D'Elía (padre), para el libro "Por los Chiquitos que Vienen..." re¬ 
lató que: Eran cinco hombres los que había en el apartamento. Esperaban algo, tal 
vez órdenes para dar por terminado el operativo. Dos de ellos vestían campera, 
pantalón azul y camisa blanca, además por el comentario que escuché de uno de 
ellos: "Yo aprendí a tomar mate cuando íbamos a maniobrar a Nueva Palmira", 
creo que eran marinos uruguayos. 

Los padres de Julio fueron expulsados de Argentina ese mismo día 22 
por la noche. Regresaron el día 26 para comenzar trámites y hablar con los 
vecinos. La casa había sido saqueada. Por el portero del edificio y vecinos 
supieron que en el operativo habían participado cinco Ford Falcon. A la 
vuelta del edificio estaba ubicada la Comisaría de San Fernando que no 
intervino dejándolos hacer. 


279 






















Por vinculaciones, llegaron a entrevistarse con el Agregado de Avia¬ 
ción de la Embajada Uruguaya en Argentina, Cnel. (Av.) Luis Fasana, éste 
a mediados del 78 les dijo que sus hijos "ya estaban muertos" y que del 
nieto se olvidaran porque no lo iban a ver más. 47 

En la misma Comisión, René Pallares de D'Elía aseveró: A mi hijo lo 
sacaron del "chalet de Martínez" y lo trasladaron al Uruguay, junto a otros 
cinco uruguayos. Mi hijo tiene que haber venido al Uruguay porque en dos opor¬ 
tunidades tuvimos noticias por personal de la Armada, de que mi hijo estaba en 
la Marina. 

Por el testimonio de Adriana Chamorro supieron que Yolanda, había 
tenido un varón en los primeros días de enero en el Pozo de Banfield. 
Adriana no recordaba haber escuchado el nombre de Julio en el "pozo", 
ni lo pudo reconocer en fotos; podría ser real que haya sido trasladado a 
Uruguay. 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Julio Cesar D'Elía Pallares 
C.1.1.689.071-1), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que 
permiten concluir que: 

1. Fue detenido el día 22 de diciembre de 1977, junto a su esposa embarazada 
Yolanda Casco -también desaparecida -, en su domicilio de la Avenida 9 de 
julio 1123 apto. 2 B, localidad de San Femando, en la ciudad de Buenos Ai¬ 
res, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un procedimiento no 
oficial o no reconocido como tal. 

2. Existen indicios que permiten suponer que habría estado dentro del grupo 
de uruguayos que estuvieron detenidos en Centros de Operaciones Tácticas 
N 3 (COT 1 Martínez) y Banfield. 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada de la ciudadana uruguaya Yolanda Iris Casco Gelphi de D' Elía (C.I. 
1.665.494-4), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que per¬ 
miten concluir que: 

1. Fue detenida en avanzado estado de gravidez, el día 22 de diciembre de 1977, 
junto a su esposo Julio César D' Elía Pallares, también desaparecido, en su 


47. Declaraciones de René Pallares de D'Elía ante Comisión Investigadora sobre personas des¬ 
aparecidas y hechos que la motivaron de la Cámara de Diputados (1985). 


280 

















domicilio de la Avenida 9 de julio 1123, Apto.2 B -San Femando- Provincia 
de Buenos Aires, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un pro¬ 
cedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Estuvo detenida, en los centros clandestinos de detención Quilmes y Banfield. 
También podría haber estado en Centro de Operaciones Tácticas (COT 1 
Martínez). 

3. En Banfield dio a luz a un varón en los primeros días del mes de enero de 
1978, que le fue inmediatamente retirado. 

4. Fue probablemente "trasladada", con destino final desconocido, junto a otros 
uruguayos detenidos, el 16 de mayo de 1978. 


RAÚL EDGARDO BORELLI CATTÁNEO, "Petiso" 

Nació en Montevideo el 18 de febrero de 1954. Hijo de 
Luis Borelli y Julia Cattáneo. Desde niño vivió con su 
familia en El Cordón. Realizó Primaria y Secundaria 
en el Colegio del Sagrado Corazón (ex Seminario de 
los padres Jesuitas) 

Estudiante de Medicina en la Universidad de la Re¬ 
pública y profesor de Física y Cosmografía en Ense¬ 
ñanza Secundaria, abandonó el país en setiembre de 1975 para radicarse 
en Argentina. Era militante de los GAU. 

Allí se domiciliaba en Coronel Sayos 3976, barrio Valentín Alsina, Gran 
Buenos Aires. Trabajaba en la Compañía de Seguros Hermes. 

Desapareció el 22 de diciembre de 1977 a las 9:00 horas de su domici¬ 
lio. Un amigo uruguayo Edgardo Pampín, relata lo siguiente: En Argentina 
vivíamos Raúl Gámbaro (también desaparecido) y yo en el mismo barrio, allí tam¬ 
bién, a 200 metros, vivía un amigo uruguayo, su nombre Raúl Borelli. El barrio es 
Valentín Alsina, Gran Buenos Aires. El 22 de diciembre a las 9:15 horas, llega una 
vecina a mi casa contando que a las 9 de la mañana llegó un grupo de personas de 
particular con autos y camionetas identificándose como de la Policía Federal, to¬ 
maron todas las casas de la cuadra y en especial allanaron la de Borelli, donde se 
encontraba él a punto de irse a trabajar. Se trataba de un número importante de 
hombres fuertemente armados, aparentemente de la Policía, aunque había urugua¬ 
yos por los modismos idiomáticos usados en el operativo. También participó perso¬ 
nal de la Comisaría de la zona, reconocidos éstos por un empleado de la panadería 
que fue presionado para que diera direcciones de “uruguayos". En una de las ca- 



281 





















mionetas, tirados en el piso, los vecinos vieron unas cuatro o cinco personas, con 
los ojos vendados y atadas. Su casa fue saqueada, llevaban sus cosas envueltas en 
frazadas . 48 

Julio Gámbaro hoy, con 33 años escribe sobre Raúl: Me acuerdo de la pa¬ 
sión de un joven -yo sólo era un niño, pero por primera vez, un amigo de mi padre 
me pareció joven, no por la diferencia de edad entre ellos, sino precisamente por su 
entusiasmo- Una noche tórrida, mi hermano y yo en religioso silencio, sentados 
en la orilla de una calle argentina, mi padre de pie observando también con interés, 
mientras aquel chico de nombre Raúl Borelli nos enseñaba las estrellas con mágico 
transporte. 49 

La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Raúl Edgardo Borelli Cattáneo 
(C.1.1.308.033-4), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que 
permiten concluir que: 

1. Fue detenido el día 22 de diciembre de 1977, a las 9 horas de la mañana en su 
domicilio de la calle Coronel Sayos 3976, barrio Valentín Alsina, Provincia 
de Buenos Aires, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un pro¬ 
cedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Existen indicios que permiten suponer que podría haber estado detenido en 
los centros clandestinos de detención COT 1 y Banfield y que habría sido 
"trasladado", con destino final desconocido, junto a otros uruguayos deteni¬ 
dos, el día 16 de mayo de 1978. 



GUILLERMO MANUEL SOBRINO BERARDI, 
"Willy" 

Nació en Montevideo, el 14 de diciembre de 1944. Hijo 
de Guillermo Fernando Sobrino y Violeta Berardi. De 
pequeño vivió en el barrio "La Figurita" y luego en 
Malvín Nuevo. Concurrió a la Escuela Experimental de 
Malvín y los cuatro primeros años de secundaria los 
realizó en el Liceo Alemán. Realizó el Bachillerato de 


48. Testimonio de Edgardo Pampín presentado ante la Comisión de DDHH en Argentina y otros 
organismos. 

49. E-mail de Julio Gámbaro Ostiante a Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos y amigos 
de su padre. 


282 



















Agronomía en el IAVA, ingresando luego en la Facultad de Agronomía 
donde cursó tres años y un año en Sociología. 

Trabajaba en la Facultad de Medicina. Se casó con Beatriz Costa, con 
quien tuvo un hijo de nombre Pablo Simón; al tiempo se separaron. 

Guillermo, en Uruguay, militó desde joven en el PS (Partido Socialista), 
del cual se escindió con el grupo de Salles, formando así las Agrupaciones 
de Militantes Socialistas (AMS- Venceremos). 

En Uruguay, estuvo detenido en 1968 o 1969 bajo Medidas Prontas de 
Seguridad en el Cuartel del Grupo de Artillería N e 4 en San Ramón. Emi¬ 
gró a Argentina en 1976, donde AMS formó parte de la UAL. 

Desapareció el 22 de diciembre de 1977 antes de las 10 de la mañana. 
Trabajaba en una Imprenta que habían instalado el GAU y AMS, ubicada en 
Falucho376, (cerca del Puente de la Noria) en Pompeya, Capital Federal. 

Su socio, R.V. relata al Grupo de Madres y Familiares de Uruguayos 
Detenidos Desaparecidos: Guillermo, Willy como le decíamos, se dedicaba al 
trabajo en el taller y yo en ventas y administración. Nuestra intención era generar 
dos sueldos decentes y el resto volcarlo a la solidaridad con nuestro pueblo. El 22 
de diciembre, me dirigía al trabajo cerca de las 10 horas, cuando al descender del 
colectivo, una vecina me salió al paso y me advirtió que siguiera caminando por¬ 
que de la Imprenta, hombres armados se habían llevado a mi compañero y había 
quedado gente, seguramente esperándome. Seguí de largo y llamé a Electrolux, 
para decirle a Gustavo Goycoechea (también desaparecido) lo que había pasado. El 
hombre que me atendió me dijo que Gustavo no había ido a trabajar y que pasara 
por allí que me quería hablar. Por supuesto que no lo hice y fui directamente a las 
oficinas de ACNUR a decir lo que estaba pasando y allí pedí refugio. 

D.C., militante de AMS en Uruguay, fue detenido por el FUSNA en el 
mes de febrero e interrogado sobre Guillermo, mientras era torturado. 

Alberto Illarzen y cinco uruguayos más, estuvieron detenidos en el Pozo 
de Quilmes entre el 21 de abril y el 18 de Mayo. En un párrafo de su testimo¬ 
nio dice que: En el momento que llegamos había 32 secuestrados, todos uruguayos 
y brutalmente torturados, incluso un menor de 16 años. Eos nombres que recorda¬ 
mos son: Aída Sanz, Andrés (Carneiro) da Fontoura, "Gabriel" Corchs, Guillermo 
Manuel Sobrino; éstos junto con la mayoría, fueron trasladados a principios del mes 
de mayo para otro local donde anteriormente habían estado. En una aclaración 
posterior realizada para AFUDE dice que uno de los oficiales uruguayos fue 
reconocido por Guillermo .Entre los oficiales que estaban, el de mayor rango, era 
argentino. Entre los uruguayos, el de mayor rango se hacía llamar "Sarachu”. 


283 
















Guillermo Sobrino había identificado a Ariel Pretel o Prete ya c¡ue era uno de los 
milicos del lugar de reclusión donde él había estado detenido en Uruguay. Es nece¬ 
sario aclarar que "Saracho" en Argentina, correspondía al grado militar de 
Mayor, y que la terminación con U correspondería a "uruguayo". 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada del ciudadano uruguayo Guillermo Manuel Sobrino Berardi (C.I. 
1.000.719-4), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que per¬ 
miten concluir que: 

1. Fue detenido el día 22 de diciembre de 1977, a las 10 horas, en su domicilio 
de la calle Falucho 376, barrio Pompeya de la ciudad de Buenos Aires, por 
fuerzas represivas que actuaron en el marco de un procedimiento no oficial o 
no reconocido como tal. 

2. Estuvo detenido en el centro clandestino de detención Quilmes. 


GUSTAVO ALEJANDRO GOYCOECHEA CAMACHO 

Nació en Paso de los Toros, Tacuarembó, el 14 de agosto 
de 1949. Hijo de Alejandro Goycoechea y Elena Camacho. 
Cursó Primaria y Secundaria en La Sagrada Familia si¬ 
guiendo los cursos de Perito Mercantil de dicha institu¬ 
ción. Realizó los cursos de Secundaria en el Liceo Noc¬ 
turno N e 4 (Zorrilla de San Martín). Vivía en la calle Ni¬ 
caragua muy cerca del Palacio Legislativo. 

Trabajó de administrativo en la empresa Bao hasta 1973, año en que fue 
despedido. Militaba en el sindicato de la fábrica y en el gremio de la In¬ 
dustria Química. Integraba los GAU. Se casó con Graciela Basualdo. 

GRACIELA NOEMÍ BASUALDO NOGUERA, 
"Laura" 

Argentina, nacida el 19 de setiembre de 1956, residía 
en Montevideo con su padre abogado. Graciela se ha¬ 
cía llamar Laura, porque así le gustaba. Retornó a Ar¬ 
gentina en enero de 1974. En Buenos Aires, Gustavo 
trabajó de administrativo en Electrolux y Graciela en la 
fábrica Pirelli. En noviembre de 1975, tuvieron un hijo 
a quien llamaron Nicolás Alejandro. 




284 























Desaparecieron el 23 de diciembre de 1977 en horas cercanas a las 2 de 
la mañana. Fueron secuestrados en su domicilio, sito en Gral. Hornos 1480. 
Apto. R, barrio Barracas, Capital Federal. La madre de Graciela, Hilda 
Noguera, en su denuncia inicial relata de la siguiente manera los hechos: 
Entraron al edificio por la azotea, ingresando por un garaje que da a la calle de 
atrás. Estaban vestidos con mameluco azul y portaban armas largas y cortas. Lle¬ 
garon con dos micros de la Policía y cuatro autos sin chapa. Rodearon la manzana 
y a los vecinos que prendían luces o salían a ver qué sucedía los hicieron entrar y 
que apagaran las luces. Todo esto lo supe por el cantinero del club, que se acercó a 
uno de los autos porque reconoció a un amigo, que se desempeñaba como chofer en 
el Cuartel de Ea Plata. 

A Nicolás, el hijo, lo entregaron a una vecina del matrimonio, Sra. Car¬ 
men Fernández de Riale con la indicación de que vendrían a buscarlo. A la 
semana siguiente un hombre y una mujer se presentaron a buscarlo, pero 
el niño ya estaba en Uruguay con su familia paterna. 

Gustavo y Graciela, no son nombrados por ninguno de los testimonian¬ 
tes, pero todo hace suponer que los llevaron a interrogar al COT1 Martínez 
y luego a Banfield. 


JOSÉ MARIO MARTÍNEZ SUÁREZ 

Nació en Florida el 13 de febrero de 1943. Hijo de Pe¬ 
dro Eustaquio Martínez y María Luisa Suárez, quienes 
tuvieron tres hijos varones. Mario siendo el mayor y 
por ser enfermo de asma desde muy pequeño, fue cria¬ 
do por su tía "Maruja" Suárez, quien vivía en la calle 
General Flores a media cuadra de la plaza. Su tía no 
tenía hijos y sí, una vivienda más adecuada para su en¬ 
fermedad. Fue a la Escuela N e 2, José Pedro Varela y al Liceo Departamen¬ 
tal. Debido a su enfermedad, Mario pasaba mucho tiempo en su casa le¬ 
yendo y formándose solo. 

En Montevideo, estudió en la Escuela de Servicio Social de la Universi¬ 
dad, donde se recibió de Asistente Social. Escribía en "Marcha", "El Sol" y 
"Época". Vivió en Montevideo y se casó con María Antonia Castro, cote¬ 
rránea y militante también de los GAU. 



285 

















MARÍA ANTONIA CASTRO HUERGA 


Nadó en la dudad de Florida el 3 de setiembre de 1948, 
hija de María Florencia Huerga y de Carlos Iginio Cas¬ 
tro, quienes tuvieron dos hijas. 

María Antonia hizo Primaria en la Escuela José Pe¬ 
dro Varela y Secundaria en el Liceo Departamental de 
Florida. Estudió Medicina en la Universidad de la Re¬ 
pública y en 1976 se recibió de Médica, habiendo reali¬ 
zado la práctica en el Hospital de Clínicas. 

El mismo día de su casamiento, el 21 de febrero de 1975 emigraron a la 
República Argentina. Mario trabajaba de periodista y María Antonia entró 
a trabajar en el Hospital Italiano, en la sección "Dinámicos in Vivo e in 
Vitro del Departamento de Medicina Nuclear", quedando a cargo de di¬ 
cha sección una vez que recibió su título de Uruguay. El día de su gradua¬ 
ción no se arriesgó a venir a buscar su título. Por lo tanto, otra compañera 
médica simuló ser la misma María Antonia, presentándose en el acto co¬ 
rrespondiente y retirando el título, el cual le llevó a Buenos Aires. El ma¬ 
trimonio no tenía hijos. 

Desaparecieron el 23 de diciembre de 1977. Fueron detenidos en horas 
de la madrugada de su domicilio, ubicado en Mario Bravo 67,6 e B, Almagro, 
Capital Federal. Según el portero del edificio, cuatro hombres armados 
con metralletas que se identificaron como integrantes de la Policía Federal 
y llevaban con ellos a otra persona encapuchada, irrumpieron en el apar¬ 
tamento y los llevaron. 

Adriana Chamorro agrega: En Banfield estaba también Mario Martínez, 
esposo de María Antonia Castro, que sufría de asma. Fue trasladado junto con los 
demás a Quilmes entre abril y mayo. Según me informaron a la vuelta Andrés 
Carneiro y Alfredo Moyano, murió en la Brigada de Quilmes a causa de un ataque 
de asma que no fue atendido. Según me relataron, en su traslado e interrogatorio 
en Quilmes, participaban las mismas fuerzas de seguridad uruguayas que los ha¬ 
bían secuestrado. 

Nelson Mezquida, secuestrado el 15 de abril de 1978 y detenido en el 
Pozo de Quilmes declara: Allí había sido torturado un joven asmático. Había 
sufrido un paro cardíaco y fue asistido por su esposa que era médica. Una vez 
recuperado, se le siguió torturando. Volvió a sufrir un nuevo infarto. Esta vez fue 
llevado a un establecimiento de asistencia. Los otros detenidos, debido a la rapidez 



286 





















con que volvió uno de los cabos, pudieron constatar que era muy cerca del lugar. 
Ni el torturado asmático ni su esposa fueron retornados al lugar. 50 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada de la ciudadana uruguaya María Antonia Castro Huerga de Martínez 
(C.I.21.128 del departamento de Florida), porque ha recogido elementos de con¬ 
vicción relevantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenida, en la madrugada del día 23 de diciembre de 1977, en su domi¬ 
cilio de la calle Mario Bravo 67 6 B B, Provincia de Buenos Aires, junto a su 
esposo José Mario Martínez -quien también permanece desaparecido -, por 
fuerzas represivas que actuaron en el marco de un procedimiento no oficial o 
no reconocido como tal. 

2. Estuvo detenida, en los centros clandestinos de detención Quilmes y Banfield. 
También podría haber estado en Centro de Operaciones Tácticas (COT 1 
Martínez). 

3. Fue probablemente "trasladada", con destino final desconocido, junto a otros 
uruguayos detenidos, el 16 de mayo de 1978. 


AÍDA CELIA SANZ FERNÁNDEZ 

Nació en Montevideo el 23 de setiembre de 1950. Hija 
de Carlos Sanz y Elsa Fernández. Primero vivió en el 
barrio Villa Española y luego en la Curva de Maroñas, 
concurrió a la escuela 117 de Cno. Corrales y al Liceo 
N e 14. Hizo un curso de primeros auxilios en el Hospi¬ 
tal de Clínicas y colaboró en el dispensario del Cerro. 

Se integró a militar en el Movimiento 26 de Marzo. 

Emigró a Argentina en 1974 y se instaló en el barrio San Telmo. Junto a 
otras mujeres uruguayas puso un taller de marroquinería. Continuó sus 
estudios de enfermera y, con el tiempo, entró a trabajar en la Sociedad 
Española de Socorros Mutuos de Buenos Aires. 

Luego se mudó a un barrio muy humilde del Gran Buenos Aires, San 
Antonio de Padua; formando pareja con Eduardo Gallo Castro. "Gallo", 
cañero y militante tupamaro, quien desapareció días después. Aída en el 
momento de su desaparición estaba a punto de tener familia, por tal moti¬ 
vo, su madre se había trasladado a Argentina para hacerle compañía. 



50. Ver testimonio de Nelson Mezquida en el capítulo de Testimonios y Documentos, página . 


287 




















ELSA HAYDEE FERNÁNDEZ LANZANI 

Nadó en Montevideo el 16 de enero de 1916. Tuvo dos 
hijos, Carlos y Aída. Carlos como militante tupamaro, 
estuvo preso en Uruguay. En diciembre de 1977 Elsa, 
viajó a Buenos Aires para acompañar a su hija ante la 
inminencia del parto. 

Madre, hija y futura nieta desaparecieron el 23 de 
diciembre de 1977 entre las 19 y las 21 horas, del do¬ 
micilio de Aída y Gallo, en San Antonio de Padua. 

Cerca de las 6 de la mañana. Gallo se presentó en el domicilio de Mi¬ 
guel Ángel Río, en Villa Numancia, advirtiéndole que abandonara la casa 
porque en horas de la noche, de su domicilio se habían llevado a Aída y 
Elsa y habían dejado montada una "ratonera", esperándolo a él y que ha¬ 
bía esquivado el cerco. 

Adriana Chamorro cuenta que, en el Pozo de Banfield, (...) hacia los calabo¬ 
zos cercanos a la entrada estaban Aída Sanz y su madre, Elsa Fernández de Sanz". 

Alberto Illarzen en su declaración deja claro que Aída Sanz estaba se¬ 
cuestrada en el Pozo de Quilmes. 

La señora Rosa Álvarez, "tía Pola", uruguaya, tía de Jorge Martínez, fue 
secuestrada en casa de su sobrino, el 20 de abril de 1978 y detenida en el 
Pozo de Quilmes hasta el 20 de mayo. Compartió el calabozo con diferen¬ 
tes uruguayos, entre ellos, Aída Sanz. En una entrevista realizada por el 
periodista Alberto Silva en 1984; cuenta que estuvo en un calabozo con Aída 
durante 3 días y que ella le relataba que en Banfield estaba con su madre, a quien le 
quitaban las esposas porque tenía las muñecas infectadas y que a pesar de tener 60 
años, tenía que permanecer con los brazos hacia atrás. También le relató sobre el 
nacimiento de su pequeña hija que le fue arrebatada. 




ATALIVAS CASTILLO LIMA 

Nació en la Villa Bella Unión, Artigas, el 3 de setiembre 
de 1930. Hijo de Francisco Castillo y Erlinda Lima, tra¬ 
bajó como peón rural en la caña de azúcar desde muy 
joven. Fue fundador de UTAA (Unión de Trabajadores 
Azucareros de Artigas), realizó las marchas cañeras a 
Montevideo. Militante del Movimiento de Liberación 


288 























Nacional Tupamaros desde sus inicios, estuvo preso en Uruguay. Huyó 
del Penal de Punta Carretas en 1971 en "El Abuso". 

En marzo de 1972 se radicó en Chile y en junio de 1973 se instaló 
definitivamente en Argentina, donde continuó militando en el MLN-Ten- 
dencia Combativa. En Argentina aprendió el oficio de carpintero y con 
éste se mantenía. Su compañera. Nidia Caligari había sido detenida en 
Argentina en 1975 y trasladada a Uruguay (clandestinamente) en noviem¬ 
bre de 1977. A esa altura, Atalivas vivía con otra compañera, argentina, 
posiblemente militante montonera. 

Desapareció el 24 de diciembre de 1977 antes del mediodía, de su do¬ 
micilio ubicado en Ruta 3, Km. 31, en la localidad de Laferrere, Provincia 
de Buenos Aires. Según el testimonio de Myriam Proenza ante diferentes 
organismos, 51 (...) (Las fuerzas represivas) van a la casa de Atalivas y su compa¬ 
ñera argentina. Se produce entonces un tiroteo con fuerzas policiales y de "parti¬ 
cular", que realizaban el operativo. Como resultado de ello, la señora argentina se 
autoeliminó y Atalivas fue llevado a rastras por la policía, no sabemos en que 
condiciones físicas. En este procedimiento también participaba un helicóptero, se¬ 
gún han relatado los vecinos. En la casa quedó montada una "ratonera". 

Ese mismo día Gallo y Miguel Ángel Río (luego del mediodía), van a la casa de 
Atalivas y se encuentran con la policía que estaba oculta en el interior de la casa y 
que balean sin previo aviso a ambos compatriotas, resultando herido Miguel Án¬ 
gel. Logran huir de la ratonera, pero pocos días después ambos son detenidos, aun¬ 
que no podría decir en que circunstancias. 

Una versión recogida por Madres y Familiares de Uruguayos Deteni¬ 
dos Desaparecidos en el año 2002 indica que ese día, Atalivas debía ir a un 
"contacto" (arreglado seis meses antes desde Europa) donde participarían 
el PRT, Montoneros y él mismo por los Tupamaros. 


MIGUEL ÁNGEL RÍO CASAS, "Cholo" 

Nació en Montevideo el 30 de agosto de 1948. Hijo 
de Servando Río y Honélida Blanca Casas. Estudiante 
de Derecho, militaba en el Movimiento de Liberación 
Nacional. 


51. Testimonio presentado ante la Comisión Investigadora sobre personas desaparecidas y he¬ 
chos que la motivaron de la Cámara de Diputados (1985). 



289 



















Detenido por el Batallón de Infantería N e 13 en octubre de 1972, fue 
procesado y enviado al Penal de Libertad, con el N e 660 en el mameluco. 
Al ser liberado, emigró a Argentina y volvió a ser requerido por el Juzga¬ 
do Militar de lera. Instancia de 4 e Turno en diciembre de 1974. 

En Argentina continuó vinculado al MLN-Tendencia Combativa y tra¬ 
bajó los primeros años en una fábrica de plástico en Castelar y luego se 
mantuvo como tapicero. Formó pareja con Marta Enseñat con quien, a 
mediados de 1977, tuvo un hijo al que llamaron Valentín. En esa época 
vivían en la misma casa con Aída Sanz, prima de Marta y su compañero 
Eduardo Gallo. Unos meses antes de los hechos se mudaron a Villa 
Numancia, Partido San Vicente, Provincia de Buenos Aires, a la calle 
Pueyrredón entre Santa Fe y Buenos Aires. Era una casa toda de madera. 

Cuando el 24 de diciembre, cerca de las 6 de la mañana se presentó 
Eduardo Gallo a relatar lo que había sucedido en su casa con Aída y Elsa, 
Marta agarró a su pequeño hijo y quedó con Gallo que se encontrarían al 
mediodía cerca de Constitución y que había que avisarle a Miguel Angel. 
Al mediodía se encontraron los tres y resolvieron que los dos hombres 
irían a lo de Atalivas. Cuando llegaron encontraron la "ratonera" y huye¬ 
ron repeliendo los tiros. Por los vecinos se supo que, Miguel Angel fue 
llevado herido y que Gallo logró huir. 

Esa misma noche, su vivienda en Villa Numancia fue allanada, requisa¬ 
do todo lo de valor y prendida fuego por personal uniformado. Al día 
siguiente cuando Marta fue a buscar ropa de su bebé, encontró su casa 
carbonizada. 

Alberto Illarzen testimonia lo que le relató Aída Sanz: (...) en este lugar 
(Quilmes) el día 27 de diciembre (fecha que dio a luz) se encontraban los com¬ 
pañeros Gallo y Miguel Ángel Río y que fueron sacados en muy mal estado debido 
a las torturas recibidas y conducidos, según los oficiales al hospital, pero nunca 
volvieron ni se supo más nada de ellos. 


JUAN CARDOZO 

Uruguayo. Por falta de mayores datos sobre su identidad, la Comisión para 
la Paz no ha podido llegar a su ficha patronímica y por lo tanto no descarta 
ni confirma su desaparición. 

De una denuncia inicial realizada ante SERPAJ-Argentina, donde no 
quedó registro del nombre del denunciante consta que, en la Estación de 


290 














General Madariaga, el 24 de diciembre de 1977, fue detenido un uruguayo 
de aproximadamente 20 años, de nombre Juan Cardozo. Hasta ahí, los 
datos registrados. 

Luego, el 15 de abril de 1978, Washington Rodríguez fue puesto en li¬ 
bertad, habiendo estado como secuestrado y desaparecido durante 15 días 
en el llamado Pozo de Quilmes. En su testimonio, declara que: El día ante¬ 
rior a mi salida llega al lugar Juan Cardozo, un joven de 20 años aproximadamen¬ 
te, uruguayo, al que le querían imponer otro nombre bajo apremios corporales; su 
padre estaba detenido en el Uruguay, lo secuestraron en General Madriaga y lo 
trajeron en la valija de un auto. En su primer testimonio agrega, que este 
joven hacía cinco años que vivía en Argentina. 

Nelson Mezquida, uno de los cinco uruguayos secuestrados con Alberto 
Illarzen el 22 de abril, liberados el 18 de mayo del 78 y trasladados al Pozo de 
Quilmes, recuerda que en el calabozo frente al suyo, había un joven de unos 
veinte años, morocho, muy golpeado de quien no supo el nombre. 

Hasta ahí, son los datos que se tienen. Las preguntas que quedan pen¬ 
dientes son: 

• ¿Si Juan Cardozo era uruguayo y muy joven, por qué ningún familiar 
ha presentado la denuncia sobre su desaparición? 

• ¿Se llamaba en realidad Juan Cardozo o realmente su identidad es 
otra? ¿Habrá sido liberado? 


EDUARDO GALLO CASTRO "Cacho" 

Nació en Salto el 4 de noviembre de 1942. Hijo de 
Mauricio Gallo y María del Carmen Castro, trabajaba 
como peón rural en el Ingenio Azucarero de Bella Unión 
y militaba en la Unión de Trabajadores Azucareros de 
Artigas (UTAA) y en el Movimiento de Liberación Na¬ 
cional (MLN) 

Tuvo tres hijas en Bella Unión con Delcia Machado 
de las cuales llegó a reconocer a las dos mayores, la clandestinidad le impi¬ 
dió hacer lo mismo con la menor, nacida en 1971. 

En Argentina, trabajaba como pintor de obra y continuó militando en el 
MLN-Tendencia Combativa. Formó pareja con Aída Sanz y como se ha visto 
en su caso, vivía en San Antonio de Padua, Provincia de Buenos Aires. 



291 





















Se sabe que huyó del tiroteo en el domicilio de Atalivas pero no se ha 
podido reconstruir qué sucedió luego y cuál es la fecha y circunstancias de 
detención. Sí sabemos que, el 27 de diciembre, estaba muy torturado en el 
Pozo de Quilmes. 

Adriana Chamorro relata que María Asunción Artigas: (...) me relató en 
diferentes ocasiones que la mayoría de los uruguayos habían sido torturados du¬ 
rante la primera parte del secuestro y que cinco de los detenidos, entre ellos el 
compañero de Aída (Gallo), habían sido trasladados a Uruguay clandestinamente, 
viaje para el cual ellas fueron obligadas a hacer la comida. 

El 27 de diciembre de 1977 en el Pozo de Quilmes, nacía la hija de 
Aída Celia Sanz Fernández y de Eduardo Gallo Castro. La beba, le fue 
robada a la madre enseguida de nacer. Del nacimiento de "Carmen" como 
quería su madre que se llamase, se supo por diferentes testimonios. 

Adriana Chamorro testimonió: (...) María (Asunción Artigas), Alfredo 
Moyano, Andrés Carneiro y María Antonia Castro, con quienes podía hablar a 
través de la pared, me dijeron que Yolanda y Aída habían tenido en ese lugar, la 
primera un varón y la segunda una hija, que les fueron quitados inmediatamente 
después de nacer, sin saber ellas dónde los llevaban. 

Además, María Asunción Artigas le trasmitió que, en abril, en Quilmes, 
estuvo en un mismo calabozo con Aída y que allí (...) la vio un integrante del 
grupo que la detuvo, Saracho o el Zorro, quien le dijo que su hija estaba bien, en 
manos de una familia que la tendría hasta que ella recuperara su libertad, y le hizo 
firmar un papel autorizando a bautizarla. 

Rosa Alvarez, "Tía Pola", le contó en 1984 al periodista Alberto Silva, 
que compartió con Aída el calabozo en Quilmes, durante tres días. (...) ella 
hablaba de su niña, decía que era preciosa, que se la habían mostrado. La chica 
nació el 26 o 27 de diciembre, porque ella me dijo que estaba casi por tener familia 
cuando la agarraron el 23 y es tan así que le provocaron el parto. Porque me decía 
que le habían puesto una cuchara en la vagina y le aplicaban la picana y repetía: 
"espero que a ella no le haya pasado nada y que sea normal". 

Debido al trabajo que han desarrollado las "Abuelas de Plaza de Mayo" 
en Argentina, esta joven de 22 años fue recuperada en 1999. Había sido 
criada en un hogar argentino, como hija adoptiva del matrimonio e inscripta 
como María de las Mercedes Fernández. 

Mercedes, conoce y mantiene relación con su tío Carlos Sanz y sus 
hermanastras, hijas de Eduardo Gallo a pesar de que optó por mantener la 
identidad que le dieran sus padres adoptivos. 


292 













En abril de 2003, el Médico obstreta Jorge Antonio Bergés y el ex direc¬ 
tor de Investigaciones de la Policía Bonaerense Miguel Etchecolatz, fueron 
condenados a prisión preventiva y a pagar un millón de pesos (argenti¬ 
nos) cada uno por la supresión de identidad de Carmen Sanz, a la espera 
del Juicio Público que se llevaría adelante por Asamblea Permanente de 
Derechos Humanos (APDH) de la ciudad de La Plata. 

El juez Corazza, resolvió la situación procesal de los dos principales 
imputados en la causa, teniendo en cuenta su respectiva declaración, la de 
los padres adoptivos, la de la propia joven y la de ex detenidos de los 
centros clandestinos. Bergés fue el médico obstreta que firmó la constan¬ 
cia del nacimiento en el que figuraban otros padres distintos a los biológi¬ 
cos. La familia adoptante declaró, que jamás imaginaron que dicha beba 
podría haber nacido en cautiverio porque Bergés les refería, que en su 
clínica, había madres que luego de nacer sus hijos, se arrepentían. 

En la partida de nacimiento de Carmen firmada por Bergés consta, que 
el día veintisiete de diciembre de mil novecientos setenta y siete, a las 
cuatro, en Quilmes, nació una criatura de sexo femenino que recibió el 
nombre de María de las Mercedes. El estudio de ADN dio una compatibi¬ 
lidad con su familia biológica Gallo-Sanz de 99,999 %. 

El Juicio realizado los días 18, 22 y 25 de marzo de 2004 culminó con el 
procesamiento de los inculpados. 


GUSTAVO RAÚL ARCE VIERA, "el Cabezón" 

Nació en Montevideo, el 15 de setiembre de 1948. Hijo 
de Sandalio Arce y Olira Viera, de joven vivía por Bu¬ 
levar y Agraciada y realizó preparatorios de Medicina 
en el liceo Bauzá. Entró a trabajar como administrativo 
en Alpargatas S.A. a la edad de 18 años. 

En 1968 fue elegido por sus compañeros como dele¬ 
gado en el SEA (Sindicato Empleados de Alpargatas) y 
en el secretariado del gremio FAIT (Federación de Administrativos de la 
Industria Textil). Militaba también en los Grupos de Acción Unificadora 
(GAU). Le llamaban "el Cabezón". Se casó en Uruguay y tuvo una hija a 
quien llamaron María Fernanda. 

En octubre de 1974, frente a la detención de militantes GAU de las facul¬ 
tades de Medicina y Química; Gustavo Arce, Raúl Gámbaro y Edgardo 



293 



















Pampín, compañeros de la fábrica, abandonaron sus lugares de trabajo y 
huyeron a la Argentina. Su esposa e hija quedaron en Uruguay. 

En Argentina, realizó los trámites de radicación y en los primeros tiem¬ 
pos, los amigos vivieron juntos en Avellaneda. Gustavo y Edgardo entra¬ 
ron a trabajar en la fábrica textil Perle, al tiempo llevaron a trabajar tam¬ 
bién a J. Hugo Méndez. Continuaron militando en el GAU. 

Luego de la desaparición de Méndez en junio del 76, se mudaron. Gusta¬ 
vo se fue a vivir solo a un apartamento ubicado en la calle Rivadavia 5289- 9 e 
D, Capital Federal. Con el üempo formó pareja con una chica argentina del 
interior del país, de quien lamentablemente no se registra el nombre. 


RAÚL GÁMBARO NÚÑEZ "Mongo" 

Nació en Montevideo, el 12 de octubre de 1939. Hijo de 
Julio Gámbaro y Carmen Núñez, se casó con Silvia 
Ostiante (italiana), con quien tuvo dos hijos: Julio y Raúl. 

Trabajaba en la administración de Alpargatas S.A. 
desde fines de la década del 50. Integró también el se¬ 
cretariado del sindicato SEA, representándolo en la Co¬ 
misión Directiva del Congreso Obrero de Alpargatas 
(COA) y fue miembro del secretariado del gremio, FAIT. Le llamaban "el 
Mongo". Militaba también en los GAU. 

En Argentina, los primeros tiempos vivió con Gustavo Arce y Edgardo 
Pampín, hasta que consiguió trabajo en una metalúrgica y pudo alquilar 
solo y llevarse a su familia a vivir en Argentina. A mediados de 1975 ya se 
había independizado. Su último domicilio fue en Valentín Alsina, muy 
cerca de lo de Edgardo y a 200 mts. de la casa de Raúl Borelli, quien había 
desaparecido cinco días antes. 

Gustavo Arce y Raúl Gámbaro desaparecieron el 27 de diciembre de 
1977, se sabe que en horas de la tarde. En el testimonio presentado por 
Edgardo Pampín a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU dice 
que luego del secuestro de Raúl Borelli en el que participaron oficiales 
uruguayos, "analizamos junto a Raúl y Gustavo los hechos. El 27 de diciembre 
cuando ellos buscaban una solución a los problemas de seguridad, fueron víctimas 
de un operativo en la casa de otro compañero” , seguramente una "ratonera". 
Pampín salió con su familia como refugiado de ACNUR para Holanda, 
desde donde pudo realizar las denuncias a nivel internacional. 



294 




















Silvia Ostiante, esposa de Raúl, declaró en su oportunidad que, luego de 
las 14 horas, Raúl salió de su casa comunicándole que se iría a encontrar con 
Gustavo, para ir juntos a las oficinas de ACNUR a solicitar refugio. 

En el testimonio de Adriana Chamorro, dice que entre los 22 uruguayos 
allí detenidos estaba "Manuel", el Cabezón. Manuel era el nombre que 
eligió Gustavo Arce para funcionar en el GAU en Argentina. Agrega ade¬ 
más, que casi todos los uruguayos fueron trasladados definitivamente el 
16 de Mayo de 1978. 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Raúl Gámbaro Núñez 
(C.1.888.743-2), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que 
permiten concluir que: 

1. Fue detenido el día 27 de diciembre de 1977, aproximadamente a las 17 ho¬ 
ras junto a Gustavo Raúl Arce Viera, también desaparecido, en la puerta de 
la fábrica donde trabajaba este último, sita en la calle Méndez de Andes 1931, 
ciudad de Buenos Aires, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de 
un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Existen indicios que permiten suponer que podría haber estado detenido en 
los centros clandestinos de detención de Banfield. 


JUVELINO ANDRÉS CARNEIRO DA FONTOURA 
GULARTE, "Pocho" 

Nació en Rivera el 4 de febrero de 1943. Hijo de Juvelino 
Carneiro da Fontoura y Ramona Guiarte, en la familia 
le llamaban "Cholo". Estudió Sicología en la Facultad 
de Humanidades y militaba en el Partido Comunista 
Revolucionario (PCR). Se casó con Carolina Barrientos. 

CAROLINA BARRIENTOS SAGASTIBELZA 

Argentina, estudiante de Bioquímica. En Argentina, el matrimonio se do¬ 
miciliaba en Avelino Díaz 1744, Planta Baja D A, Capital Federal. 

Desaparecieron el 30 de diciembre de 1977, aproximadamente a la una 
de la madrugada. Los vecinos declararon haber visto cuatro vehículos. 



295 




















Del apartamento del matrimonio, hombres armados, sacaron a la pareja 
encapuchada y a dos hombres más. 

El testimonio de Adriana Chamorro hace varias referencias a la presen¬ 
cia de Andrés Carneiro y de su esposa Carolina en la Brigada de Banfield 
e indica que fueron trasladados el 16 de mayo de 1978. 

En el reportaje realizado a la Sra. Rosa Álvarez, el periodista le mues¬ 
tra una foto y responde: (...) sí, Carneiro Da Fontoura estaba ahí, donde yo 
estuve estaba él también; él me dijo que era el hermano del relator, del speaker 
de CX 8 que hacía informativos y que habían agarrado también a la señora pero 
que ella estaba en otro lado. A él lo sacaron de allí, poco antes de que me solta¬ 
ran a mí. 

Alberto Illarzen también hace referencia a su presencia en el Pozo de 
Quilmes, después del 20 abril de 1978. 

En Uruguay, en enero de 1978, el SID detuvo a varios militantes del 
PCR, acusándoselos de una posible vinculación con Montoneros. Entre los 
secuestrados quedó como desaparecido Ricardo Blanco Valiente. Los otros 
militantes secuestrados, luego de haber sido interrogados en el CCD de 
Millán y Loreto Gomensoro en Montevideo fueron trasladados a La 
Tablada, donde continuaron los interrogatorios. Uno de estos militantes, 
A.G. 52 en su testimonio dice: (...) Posteriormente traen a otro grupo de gente, a 
dos parejas. Los milicos comentan que a una la habían agarrado al salir del trabajo 
(Célica Gómez, desaparecida en Buenos Aires el 3/1/78, con vinculaciones con el 
PCR) y que la otra era una bioquímica. También había una presa que las milicas 
nombraban como Célica Gómez y en una sesión de tortura me preguntaron por 
este nombre. Yo siento que pegada a mi calabozo está Célica, porque los milicos la 
nombran. Más adelante nombra también a Carlos Cabezudo, también se¬ 
cuestrado en Argentina y desaparecido. 53 


52. Testimonio de A. G. presentado a SERPAJ en 1985. El mismo se menciona en el capítulo 
uruguayos y argentinos Detenidos Desaparecidos en Uruguay en el caso de Ricardo Blanco 
Valiente. 

53. Existen indicios de que Carolina Barrientos haya sido traída clandestinamente a Montevideo 
porque recibía en su domicilio, a militantes del PCR provenientes de Uruguay y que, luego 
de un período de interrogatorios y careos la hayan devuelto a Banfield. 


296 

















CARLOS FEDERICO CABEZUDO PEREZ 
"Popeye" 

Nació en Mercedes, Soriano, el 27 de abril de 1948. Hijo 
de Miguel Cabezudo y María Pérez Cabrera, estudió 
Ingeniería hasta 2do. Año, abandonando sus estudios 
en 1973. Trabajaba como profesor de Matemática en el 
Instituto José María Campos de Enseñanza Secunda¬ 
ria. Representó a Uruguay en el Torneo Juvenil Mun¬ 
dial de Ajedrez, disputado en Israel en 1967. 

Militaba políticamente en el PCR, donde era conocido como "Popeye". 
Encontrándose transitoriamente en Argentina en 1973, fue requerida su 
captura en Uruguay, "por sabérselo vinculado con grupos subversivos". 
No regresó y la familia no tuvo más noticias directas de él a no ser por 
mercedarios que pasaban por Buenos Aires. 

El l e de enero de 1978 una de sus hermanas recibió una llamada telefó¬ 
nica anónima, en la que le comunicaban a la familia, que dos días antes 
había desaparecido. 

Desapareció el 30 de diciembre de 1977, en el operativo realizado en el 
domicilio de J. Andrés Carneiro y Carolina Barrientos. R. G. un compañe¬ 
ro de la misma organización, declaró ante el Grupo de Madres y Familia¬ 
res de Uruguayos Detenidos Desaparecidos que al día siguiente los veci¬ 
nos le informaron que habían visto llevar al matrimonio y a dos hombres 
más. Por la vestimenta y la descripción, uno de ellos era Cabezudo. 

Los sobrevivientes de los Pozos de Banfield y Quilmes no lo nombran, 
aunque no es motivo para descartar que haya estado en éstos. Sin embargo 
es nombrado en Uruguay por A.G. quien declara que en La Tablada: (...) 
voy subiendo por la escalera de mármol y por debajo de la venda, veo un hombre 
colgado, estoy seguro que era Carlitos Cabezudo. Es necesario aclarar que A.G., 
es también mercedario y conocía muy bien a Carlos. 


La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Carlos Federico Cabezudo Pérez 
(C.C.MAA 36.882 del Departamento de Soriano), porque ha recogido elemen¬ 
tos de convicción relevantes que permiten concluir que: 

1 . Fue detenido el día 30 de diciembre de 1977 en el domicilio del matrimonio 
Carneiro - Barrientos -quienes también están desaparecidos-, de la calle 


297 





















Avelino Díaz 1744, de la ciudad de Buenos Aires, por fuerzas represivas que 
actuaron en el marco de un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 
2. Existen indicios que permiten suponer que pudo haber estado detenido en 
los centros clandestinos de detención Quilmes. 


MARÍA ASUNCIÓN ARTIGAS NILO, "Mary" 

Nació en Montevideo, el 26 de marzo de 1951. Hija de 
Oscar Artigas y Blanca Nilo. Se crió en La Teja. Cursó pri¬ 
maria en el colegio Divina Providencia de Belvedere, se¬ 
cundaria en el Bauzá y en el Miranda e ingresó en Facul¬ 
tad de Medicina. En Uruguay militaba en la ROE (Resis¬ 
tencia Obrera Estudiantil) y allí conoció a Alfredo Moyano. 

ALFREDO MOYANO SANTANDER, ¿/ Fredy" 

Ciudadano argentino, nacido el l e de marzo de 1956, a 
los pocos días de nacer, sus padres se radicaron en Mon¬ 
tevideo, primero en la Aguada y luego en Arroyo Seco. 
Fredy concurrió al Jardín de Infantes de la escuela ex¬ 
perimental Compte y Riqué hasta que se mudaron a 
Camino Carrasco y Veracierto, concurriendo a la Escuela Pública del lu¬ 
gar. Teniendo 11 años la familia emigró a San Pablo, Brasil. Cuando regre¬ 
saron a Uruguay, se inscribió en el Liceo N e 17, donde desde muy joven se 
integró a la ROE, luego de un fugaz período en la UJC. 

Militando en la ROE se ennovió con Mary y por razones de seguridad 
el 22 de diciembre de 1973 se trasladaron a Buenos Aires, aunque regresa¬ 
ron a casarse en Uruguay. En Argentina, Mary sacó la radicación y conti¬ 
nuó sus estudios en Facultad de Medicina, mientras que Alfredo trabajaba 
como "pintor de obra" y se preparaba para entrar en Facultad de Sicología. 
Discrepando con la formación del PVP, ambos se alejan de dicho agrupa- 
miento y buscaron vínculos con el MLN. 

Enriqueta Santander, madre de Alfredo Moyano, en el libro "Botín de 
Guerra" 54 , relata que, en 1976 (no precisa la fecha), fue detenida en su 
domicilio junto a su hijo y a María Asunción, quien había perdido un em- 



54. Autor: Julio E. Nosiglia. Editado por la Cooperativa Tierra Fértil, Argentina. Segunda Edición. 


298 



















barazo meses antes. Estuvieron desaparecidos durante tres o cuatro días 
en un CCD que por la descripción podría haber sido Automotores Orletti. 
En un párrafo de dicho testimonio la Sra. Santander dice: (...) Cabe señalar 
que el sujeto que, en este relato, dije utilizó el término "botija", fue identificado por 
mi nuera, durante el cautiverio, como de nombre Gavazzo, de nacionalidad uru¬ 
guaya y oficial de Inteligencia del Ejército uruguayo. 

No se sabe si María Asunción o Alfredo Moyano, continuaron vincula¬ 
dos a algún grupo político en Argentina, pero sí está claro que fueron se¬ 
cuestrados nuevamente el 30 de diciembre de 1977 a las 15 horas aproxi¬ 
madamente, en su domicilio ubicado en la localidad de Berazategui. La 
Sra. de Moyano continúa su relato: (...) Se trató de un operativo relámpago. 
Apenas alcanzó a ladrar el perro alertando a los vecinos, que salieron de inmediato 
a las puertas de sus casas, pero que amenazados por armas de fuego debieron ence¬ 
rrarse. Fueron introducidos, encapuchados y esposados, en un Ford Falcon. Ho¬ 
ras más tarde, llegó personal armado en un camión y se apoderó de los 
bienes del matrimonio, advirtiendo a los vecinos que debían guardar si¬ 
lencio sobre los hechos. 

En el momento del secuestro María Asunción estaba embarazada de 
poco tiempo, anteriormente había perdido un embarazo de cuatro meses 
y luego había tenido un bebé que llegó a vivir 11 meses. 

Adriana Chamorro declara: (...) En la madrugada siguiente de mi llegada 
(23/3) me comuniqué con la celda colindante del sector "B" por la pared del fondo, 
en la que se encontraba María Asunción Artigas Nilo de Moyano, uruguaya, refu¬ 
giada de Naciones Unidas, detenida desaparecida el 30 de diciembre de 1977, que 
me informó que estaba embarazada de aproximadamente cuatro meses y que el 
diagnóstico había sido confirmado por María Antonia Castro de Martínez, uru¬ 
guaya, médica, secuestrada en el mismo lugar en un calabozo vecino. 

En otro párrafo relata: A principios del mes de junio escuché que abrían una 
de las primeras celdas, donde entonces estaba Mary con Iliana García de Dossetti, 
y por la voz del que hablaba, reconocí al oficial de turno, alto, delgado, de cabellos 
y ojos castaños, de bigotes, de alrededor de 30 años. Esto me fue confirmado más 
tarde por María Artigas de Moyano quien me dijo que era su calabozo el que 
habían abierto y que el oficial estaba acompañado por otro hombre, que le pidió que 
se sacara la venda de los ojos para que su acompañante pudiera verla, diciéndole a 
éste, que ella era la persona de la que le había hablado. El acompañante le preguntó 
a Mary si se sentía bien. Ella reclamó vitaminas y un remedio para las contraccio¬ 
nes que tenía desde el principio de su embarazo. El oficial le dijo que al día siguien- 


299 


















te le traería lo necesario, lo que no ocurrió. Todos pensamos que esa era la persona 
para la que estaba destinado el hijo de María de Moyano. 

Eduardo Otilio Corro, hace varias referencias a la presencia de Mary o 
María de Moyano en la Brigada de Banfield, incluso relata pormenoriza- 
damente los momentos previos al nacimiento de su beba (María Victoria) 
el 25 de agosto de 1978. También hace referencias a la presencia de Moyano 
y las cosas que éste le relata. 

Washington Rodríguez, hablando de Quilmes (1/4/78 al 15/4/78) dice: 
(...) También conocí allí a Alfredo Moyano y a su esposa embarazada de cuatro 
meses, que estaba en un piso superior. 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada de la ciudadana uruguaya María Asunción Artigas de Moyano 
(C.1.1.281.383), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que 
permiten concluir que: 

1. Fue detenida, el día 30 de diciembre de 1977, en horas de la madrugada, de 
su domicilio sito en calle 595 y Camino General Belgrano, localidad de 
Berazategui, Provincia de Buenos Aires, por fuerzas represivas que actuaron 
en el marco de un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Estuvo detenida, junto a su esposo, Alfredo Moyano (de nacionalidad ar¬ 
gentina) en los centros clandestinos de detención Banfield y Quilmes. 

3. En Banfield dio a luz una niña el día 25 de agosto de 1978, la cual le fuera 
sustraída a las pocas horas de nacer. 

4. Fue probablemente "trasladada", con destino final desconocido, el 12 de oc¬ 
tubre de 1978. 


CELICA ELIDA GOMEZ ROSANO 

Nació en la ciudad de Durazno, el 16 de febrero de 1947. 
Hija de Bruno Gómez y Elida Rosano. Su familia esta¬ 
ba radicada en el medio rural, en un paraje conocido 
como "Puntas de Cuadras". Cursó Primaria en la Es¬ 
cuela Rural N e 30 de "Puntas de Carpintería", sobre la 
Ruta 100 a dos Km. de su casa. Para estudiar secunda¬ 
ria, se instaló en la ciudad de Durazno con sus padres, 
concurriendo al Instituto Dr. Miguel C. Rubino y a partir de tercer año de 
liceo siguió cursos de contabilidad y mecanografía en una academia. Polí¬ 
ticamente se identificaba como frentista. 



300 















En 1975 decidió vivir en Buenos Aires, donde ya vivía uno de sus her¬ 
manos con su esposa e hija, para mejorar sus posibilidades laborales. Tra¬ 
bajó entre otros lugares en Aurora una empresa de electrodomésticos y se 
especializó en computadoras IBM. Entró a trabajar en la Agencia de Noti¬ 
cias Telam como perfoverificadora. 

Viajaba habitualmente a Durazno a visitar a su familia. Cuando des¬ 
apareció, su madre estaba de visita en Argentina y pensaban volver juntas 
a Uruguay aprovechando la licencia. Su vínculo con la militancia política 
era recibir correspondencia de su hermano (que ya estaba en Europa) diri¬ 
gida al PCR a través de Carlos Cabezudo, a quien Célica pasaba los sobres. 

Desapareció el 3 de enero de 1978 al caer la tarde. Fue secuestrada en la 
vía pública en Florida y Corrientes. Caminaba con dos compañeras de tra¬ 
bajo, cuando un hombre se bajó de un Ford Falcon (sin matrícula) y la 
llamó por su nombre diciéndole que la conocía de Montevideo. Célica se 
acercó con la mano extendida para saludarlo, el hombre pegó un tirón y la 
empujó dentro del auto que salió disparado. 

Entre los sobrevivientes de los pozos de Banfield y Quilmes, ninguno la 
nombra, aunque no hay que olvidarse que las condiciones para trasmitir 
información eran muy complicadas. 

Sí la nombra A. G., detenido en La Tablada en Uruguay en la segunda 
quincena de enero. El testimoniante no la conocía ni tampoco había cono¬ 
cido anteriormente su nombre. Por ello registró claramente el nombre de 
una mujer, por el que bajo tortura, lo interrogaron. Luego supo que Célica 
estaba en el calabozo colindante al suyo. 

Nacimientos en la Brigada de Banfield de un niño y una niña en los pri¬ 
meros días de enero, hijos de uruguayos desaparecidos 

Cuando G.T. (argentino) describe su secuestro y permanencia en diferen¬ 
tes CCD, queda claro que alrededor del 20 de diciembre coincidió con 
varios uruguayos en el COT 1 (Comando de Operaciones Tácticas) en 
Martínez. Hicieron todo el operativo de los uruguayos en unas noches y los lle¬ 
varon a Martínez, les estuvieron dando máquina toda la noche. De todos estos 
uruguayos nacieron dos criaturas, yo creo que eran 15 o 17 personas. A la sema¬ 
na de estar en Martínez y torturarlos los trasladaron a Banfield. Yo en Banfield 
los vuelvo a encontrar cuando a mí me llevan el 28 de diciembre. Ellos estaban de 
un lado del pabellón y nosotros del otro. El 2 de enero de 1978 nació uno de los 


301 















chicos y el 6 o el 7 u 8, creo que el 8 nació el otro. Cuando las chicas estaban por 
parir, las llevaban al piso de abajo y tenían familia, yo oí perfectamente a las cria¬ 
turas. A las madres las dejaron media hora con los chicos nada más y las volvie¬ 
ron a subir a las celdas. A ellas les informaron que a los chicos los habían manda¬ 
do a la Casa Cuna. 55 

Adriana Chamorro deja claro que entre los uruguayos, Aída Sanz tuvo 
una hija el 27 de diciembre (en Quilmes) y Yolanda Casco tuvo un varón, 
pero no indica la fecha. La pregunta que queda pendiente es ¿quién es ese 
tercer bebe del que nos habla G.T.? 

En 1994 se presentó a las Abuelas de Plaza de Mayo, un joven de 14 
años desmintiendo que su padre fuese un represor, ya que había salido la 
denuncia, de que Carlos De Luccía había sido miembro de Inteligencia 
Naval y represor. Las abuelas lo desafiaron a que se hiciese una prueba de 
sangre para confirmar que eran sus padres; a lo que el joven se negó, pero 
las Abuelas comenzaron a investigar a De Luccía. 

Se presentó así una causa judicial en la Justicia Federal de San Isidro y 
en 1995 el Dr. Marquevich ordenó los análisis que determinaron que el 
joven era el hijo del matrimonio uruguayo D'Elía-Casco. La causa conclu¬ 
yó en el primer juicio oral que llevó adelante Abuelas de Plaza de Mayo, 
donde la apropiadora confesó que Carlos no era su hijo natural, sino que 
se lo habían entregado en circunstancias poco creíbles. Una vez más había 
intervenido el Dr. Bergés y el niño había sido inscripto el 26 de enero de 
1978 como hijo natural del matrimonio De Luccía-Leiro. 

Carlos recobró su identidad, estudia Ciencias Económicas (como Julio) 
en Argentina, está casado y tiene un bebé. Mantiene relación con su fami¬ 
lia biológica y no reniega de sus apropiadores por haberse sentido amado 
por ellos. 

¿Quién podría ser el tercer niño nacido en esos días? La única posibi¬ 
lidad sería que hubiese llegado a fin el embarazo de Blanca Haydée Altman 
Levi, quien había sido secuestrada el 20 de julio de 1977 embarazada de 
tres meses y que, siendo el Pozo de Banfield la "maternidad clandestina" 
de la zona sur, haya sido trasladada a dicho Centro con el único objetivo 
de dar a luz, robarle el niño y hacerla desaparecer definitivamente. 


55. Testimonio presentado a la SDDHH. 


302 
















Mientras tanto en Uruguay... 

El FUSNA continuaba engrosando la cantidad de detenidos. En enero, con 
militantes de los GAU y en febrero, con integrantes de las Agrupaciones 
de Militantes Socialistas (AMS). A los presos del GAU en los interrogatorios, 
en varias oportunidades se les dijo que pronto los iban a carear con fulano 
o sultano, haciéndoles saber que los habían detenido en Buenos Aires. Al¬ 
rededor del 20 de enero Juan Carlos Larcebeau (S2) desaparece del FUSNA. 
Según NN viajó a Buenos Aires para traer con él algunos detenidos. Al 
regresar, informó que no se los dejaron traer y que por el contrario , había que 
trasladar presos a la Argentina. 

El comunicado de prensa sobre las detenciones ya había sido enviado a 
la Oficina de Prensa de las FFCC, así que la táctica asumida para evitar que 
los presos del FUSNA fueran trasladados a Argentina fue pasarlos a Juez 
de inmediato. Entre el 2 y 10 de febrero pasaron al Juzgado Militar de 2 a 
Turno, 26 detenidos de los GAU y se les levantó la incomunicación de 
inmediato. 


JUAN ALBERTO DE LEÓN SCANZIANI 

Nació en el poblado de Mal Abrigo, departamento de 
San José, el 31 de octubre de 1954. Hijo de Amalio De 
León y María Orfila Scanziani. Estudió de técnico en 
Lechería en la escuela de Colonia Suiza, de la Universi¬ 
dad del Trabajo. 

Se trasladó a Argentina en noviembre de 1974. Con 
el tiempo, formó pareja con Susana Cocensa, ciudada¬ 
na argentina, dentista y militante del PCML (Partido Comunista Marxista 
Leninista). Como fue relatado en el caso de Castagno Luzardo, los militan¬ 
tes de dicha organización se habían trasladado a diferentes pensiones ubi¬ 
cadas en la cercanía de la Facultad de Medicina de Buenos Aires. 

Juan Alberto desapareció el 16 de febrero de 1978. En la denuncia pre¬ 
sentada por la madre de Susana ante el Poder Judicial de la Nación dice: 
"La última vez que vi a mi hija con vida fue el 18 de febrero de 1978, y a 
partir de allí su hija se comunicaba con la deponente cada quince días, 
pero ignoraba dónde estaba. Entre el 21 o 22 de febrero de 1978, desapare¬ 
ce el novio-pareja de nacionalidad uruguaya Alberto De León". La joven 



303 

















dejó de comunicarse telefónicamente con su madre en agosto del979 y la 
señora aclara que su hija pertenecía a la Juventud Peronista. 

La Comisión para la Paz considera confirmada parcialmente la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Juan Alberto De León Scanziani 
(C.1.88.105 del Departamento de San José), porque ha recogido elementos de 
convicción relevantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenido entre el día 16 de febrero de 1978, en las inmediaciones de la 
Facultad de Medicina, en la ciudad de Buenos Aires, junto a otras personas 
de nacionalidad argentina, por fuerzas represivas que actuaron en el marco 
de un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. No existen indicios sobre su destino posterior. 

JUAN RODOLFO RODRÍGUEZ MIRANDA 

¿Uruguayo? 23 años, desapareció el 6 de marzo de 1978. Vivía en Lanús, 
Provincia de Buenos Aires. Esta es toda la información existente en la Se¬ 
cretaría de Derechos Humanos (SDDHH) y en los archivos de nuestro grupo 
desde hace años. 

La Comisión para la Paz no ha accedido a la ficha de datos patronímicos, 
provenientes de Policía Técnica, debido a que con el nombre de Juan 
Rodríguez Miranda se registran 166 personas y sobre el desaparecido no 
existen otros datos filiatorios. 56 


MARTA BEATRIZ SEVERO BARRETO 

Nació en Bella Unión, el 2 de setiembre de 1957. Hija 
de Blanca Zulma Barreta y José María Severo, quienes 
tuvieron tres hijos varones y dos mujeres, tres de los 
cuales están desaparecidos. 

Matilde, una de los cinco hermanos cuenta que su 
padre era jornalero en la caña de azúcar, y que de ni¬ 
ños a pesar de los momentos difíciles que vivíamos, algunos 
días eran lindos. Después que finalizaba el horario de la escuela, íbamos al sindica¬ 
to de UTAA, donde lo mejor que había se lo daban a los niños. También fue diver- 



56. Juan Rodolfo aparece en el listado de CLAMOR como ciudadano chileno y, en otros listados, 
como uruguayo. 


304 




















tido para todos nosotros participar de las Marchas Cañeras, era un gran aconteci¬ 
miento viajar por el país, con todos los amigos. Marta y sus hermanos fueron a 
la Escuela N e 3 de Bella Unión, "María Orticochea". Marta siempre fue muy 
divertida, inteligente y líder de la barra de amigos. 

En 1973 la madre se radicó en Montevideo con sus hijos, vivieron en la 
calle Egipto en el Cerro, y en julio de 1975 emigraron a Argentina. Allí 
Marta conoció a quien sería su esposo, íntimo amigo de su hermano Ary y 
compañero de militancia. 


m 


JORGE HUGO MARTINEZ HORMINOGUEZ 

Nació el 4 de agosto de 1955 en Montevideo. Hijo de 
Hugo Martínez y Norma Horminoguez. Jorge, comen¬ 
zó los preparatorios de Agronomía pero siendo menor 
de edad fue detenido por sus vinculaciones con mili¬ 
tantes del MLN y remitido al "Alvaro Cortés" donde 
conoció a Ary Severo. Fue liberado poco antes del Gol¬ 
pe de Estado. 

Emigró a la Argentina en enero de 1974 donde tramitó la radicación. Se 
desempeñaba como pintor de obra y continuó militando en el MLN-Ten- 
dencia Combativa. Cuando fue secuestrado estaba militando en el PST (Par¬ 
tido Socialista de los Trabajadores). 

El matrimonio se había mudado a la calle Alcorta 1745, en la localidad 
de Claypole, Provincia de Buenos Aires, poco tiempo antes de su desapa¬ 
rición. Tenían una niña de sólo 35 días, Verónica Natalia, y con ellos vivía 
también Carlos, el hermano menor de Marta, de sólo 16 años. Ese día ade¬ 
más, había pernoctado una tía política de Jorge, Rosa Alvarez de 54 años a 
quien llamaban "tía Pola" y que viviendo en Argentina, estaba de visita. 


CARLOS BALDOMERO SEVERO BARRETO 

Nació en Tomás Gomensoro Depto. de Artigas, el 12 de 
agosto de 1961. Desde chico, le gustaba pescar y cazar 
algún apereá y patos salvajes. Viviendo en Montevi¬ 
deo, terminó 6to. año de escuela en el Cerro aún cuan¬ 
do sufría cierto retardo. 



305 























En Buenos Aires, con 14 años Carlos entró a trabajar en la construcción 
ayudando a sus hermanos y a su cuñado Jorge. Pronto se fue a vivir con 
Jorge y su hermana Marta. 

El 20 de abril de 1978 en horas de la madrugada, irrumpió en el domi¬ 
cilio (...) un grupo de personas armadas, que dijeron pertenecer al Ejército, vis¬ 
tiendo unos de civil y otros con ropas del ejército. Inmediatamente redujeron a los 
jóvenes, obligándoles a tirarse al piso, maniatándolos; mientras tanto, dicho grupo 
de personas procedía a revisar la vivienda, permaneciendo por un lapso de hora y 
media aproximadamente. Al cabo del mismo vendaron los ojos a los tres jóvenes 
(Marta, Jorge y Carlos) llevándoselos en vehículos. Posteriormente regresaron y se 
llevaron a Rosa con mi nieta de la calle Cavour 1209 de Claypole, donde la entrega¬ 
ron a la señora Paulina Valenzuela González, quien se ofrece a prestar testimonio. 
Simultáneamente al procedimiento en la calle Alcorta se realizó otro en la calle 
Cavour donde mi hijo y nuera le habían alquilado una pieza tiempo atrás a esta 
Sra., realizando daños materiales en la vivienda. Mi prima política fue liberada el 
12 de mayo. 57 

Rosa Álvarez, que por varios años se negó a realizar la denuncia por¬ 
que fue liberada bajo amenaza de muerte, recién en 1984 testimonió ante 
la CONADEP y concedió una entrevista al periodista Alberto Silva. Decla¬ 
ró, que los llevaron a un lugar donde inicialmente compartía una celda 
con Martha y Carlos. Mientras que Jorge, que era al que interrogaban, es¬ 
taba en otra. (,..)Los torturaban terriblemente mientras ponían música y reían, 
salvo los fines de semana en que volvían a Montevideo. En una oportunidad, 
ante sus reclamos, un guardia le dijo: "yo no puedo hacer nada, porque uste¬ 
des están bajo la custodia de los uruguayos”. Éstos no se dejaban ver por 
ella, pero torturaban a cara descubierta a Jorge, Martha y Carlos. 

La hijita del matrimonio, que fue entregada a la Sra. Paulina Valenzuela 
González, con orden de no entregarla a nadie, fue recuperada por la abue¬ 
la materna por orden del Tribunal de Temperly el 4 de julio de 1978. La 
Sra. Valenzuela González testimonió ante SERPAJ-Argentina y éste fue 
recogido por la CONADEP. 

Alberto Illarzen, Erlinda Vázquez y Nelson Mezquida, hablan de la fa¬ 
milia Severo Barreta y sus cónyuges en sus respectivos testimonios. 


57. Del testimonio ante escribano público, realizado por Hugo Martínez, padre de Jorge ante la 
Comisión Investigadora sobre personas desaparecidas y hechos que la motivaron de la Cᬠ
mara de Diputados (1985). 


306 
















La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada de los ciudadanos Carlos Baldomiro Severo Barreto (C.1.1.838.259-3) 
y Jorge Hugo Martínez Horminoguez ( C.1.1.397.057-7) y señora Marta Seve¬ 
ro Barreto de Martínez ( C.1.1.648.827-4), porque ha recogido elementos de 
convicción relevantes que permiten concluir que: 

1. Fueron detenidos en su domicilio sito en la calle Alcorta 1745, Clypole, Pro¬ 
vincia de Buenos Aires, el día 24 de abril de 1978, a la 1:30 horas de la madru¬ 
gada, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un operativo no 
oficial o no reconocido como tal. 

2. Estuvieron detenidos, en el centro clandestino de detención Quilmes. 

3. Fueron probablemente "trasladados", con destino final desconocido, des¬ 
pués del día 20 de mayo de 1978. 


J 


ARY HECTOR SEVERO BARRETO, 

"Tatú" 

Nació en Bella Unión el 21 de febrero de 1956. Es el 
hijo mayor de José María Severo y Blanca Zulma 
Barreto. 

Matilde, su hermana, cuenta: Ary no tuvo una niñez 
como la de otros niños. Era el mayor de seis hermanos y a 
los 10 años, debió abandonar la escuela para entrar en la 
zafra del azúcar. Cuando no trabajaba en el cañaveral, cargaba camiones o hacía 
maridados para los vecinos y siempre unos pesitos o comida le daban. Así madu¬ 
ró muy temprano, aprendiendo, viendo y viviendo muchas injusticias. Desde 
muy joven, casi un niño, conoció a través del sindicato los derechos de los traba¬ 
jadores, tanto es así que con 14 años, daba charlas a otros sindicalistas entre 
otras, en el sindicato de AEBU de la ciudad de Salto. 

En 1972 a la edad de 15 años, fue detenido en Montevideo, vinculado a 
la Juventud rebelde de Artigas y por ser miembro del sindicato de UTAA. 
Por orden del Juez Letrado de Menores de 1er. turno, fue internado en el 
"Alvarez Cortés", hasta su mayoría de edad. Allí estrechó su amistad con 
Jorge Martínez y W.F. otro joven allí recluido. Fue liberado en 1974 y antes 
de emigrar a Argentina se casó con Beatriz Anglet. 


307 


















BEATRIZ ALICIA ANGLET DE LEON 



Nacida en Montevideo el 4 de agosto de 1953, hija de 
Washington Anglet y Avelina De León. 


Beatriz vivió sus primeros años en Pocitos y concu¬ 
rrió a la escuela "Barón de Río Branco" N e 71, hizo Se¬ 
cundaria en el liceo Joaquín Suárez y preparatorios de 
Medicina en el IAVA mientras, concurría al club Bohe¬ 
mios. Estudió también inglés, alemán y contabilidad. Su 


adolescencia transcurrió en los barrios Jacinto Vera y luego en La Figurita. 

Ingresó en Facultad de Medicina donde empezó a militar en el Movi¬ 
miento 26 de Marzo y a participar de la vida gremial de la FEUU. 

En Argentina, vivían en la calle Blandengues 687, en el barrio Boulogne 
Sur Mer de San Isidro. Beatriz, trabajaba en un escritorio contable y en la 
administración de una fábrica de juguetes y Ary trabajaba como obrero 
metalúrgico en una fábrica ubicada en San Martín. Militaba en el MLN- 
Tendencia Combativa, hasta que se desvinculó de este grupo para militar 
en el PST, inserto a nivel sindical. 

Desaparecieron el 24 de abril de 1978, en las primeras horas de la ma¬ 
ñana. Una vecina vio cómo los llevaban en un vehículo policial y 
desvalijaban la casa. Los padres de Beatriz recibieron una llamada telefó¬ 
nica en Montevideo, donde les preguntaron si sabían porqué Beatriz hacía 
tres días que no se presentaba a trabajar. Washington, el padre, viajó de 
inmediato y se encontró la casa abierta, revuelta, y comprobó que faltaban 
muchas cosas, entre ellas el televisor. 

Fueron vistos con vida en el "Pozo de Quilmes" por: Alberto Illarzen, 
Rosa Alvarez, E. Vázquez y N. Mezquida. 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada del ciudadano uruguayo Ary Héctor Severo Barreto (C.1.1.551.837-1), 
porque ha recogido elementos de convicción relevantes que permiten concluir 
que: 

1. Fue detenido el día 24 de abril de 1978, a las 6 horas, junto a su esposa, Bea¬ 
triz Alicia Anglet de Severo -también desaparecida-, de su domicilio sito 
en la calle Blandengues 687, Boulogne Sur Mer, San Isidro, ciudad de Buenos 
Aires, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un operativo no 
oficial o no reconocido como tal. 


308 
















2. Estuvo detenido, en el centro clandestino de detención Quilmes. 

3. Fue probablemente "trasladado", con destino final desconocido, después del 
día, 18 de mayo de 1978. 


Testimonio de W. F. ante SERPAJ-Uruguay y ante el Grupo de Madres y 
Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos consigna que: volvió 
al Uruguay el 23 de abril de 1978 porque la dirección del PST, entre los que 
se encontraba el "Tatú" (Ary Severo), así lo decidió. Días después fue dete¬ 
nido en el departamento de Canelones y trasladado a la Dirección Nacio¬ 
nal de Información cuyo jefe era el Comisario Pablo Fontana Zunino, fue 
interrogado sobre sus motivos para regresar a Uruguay y respecto a las 
actividades del "Tatú" Severo en Buenos Aires. 

W. F. asegura que entre los que lo interrogaban y torturaban estaba el 
actual miembro de la Secta Moon, Jorge Guldenzoph y un oficial del Ejér¬ 
cito "de ojos claros, cabeza casi blanca, entre 40 y 45 años" a quien llama¬ 
ban "Turco". Por último agrega: Había un oficial al que llamaban "Pibe", de 
aproximadamente 30 años, de complexión gruesa, con bigotes espesos, tipo mexi¬ 
cano, pelo castaño; individuo muy agresivo, tengo la certeza que iba y venía de 
Buenos Aires por las cosas que decía. Este tipo me dijo que él en persona había 
detenido a Ary Severo en Argentina, que lo había torturado y se jactaba de haberle 
hecho "la boleta". También me interrogaba pero exclusivamente sobre aspectos 
políticos, un muchacho de aproximadamente 28, 30 años, delgado pelirrojo, que le 
decían "porteño" y que por comentarios, creo que contrabandeaba ropa y drogas. 


JÚPITER NEO DELPINO BAUBET 

Nació en Treinta y Tres el 14 de diciembre de 1940, donde se crió y vivió 
hasta que salió de Uruguay. Hijo de Cecilio Del Pino y María Elena Baubeta. 
Trabajaba como Profesor de Idioma español en el Ficeo N e 1 de su ciudad 
natal. 

En 1974 se radicó en Buenos Aires, Argentina. Eos primeros tiempos 
vivió en Lanus, en una pensión donde vivían otros uruguayos, entre ellos 
su sobrino D. C. y otros amigos de Treinta y Tres. Más adelante el grupo de 
amigos se trasladó a Vicente Casares, donde trabajan en la tala de árboles. 
Más tarde, durante un corto período, Júpiter vivió en la localidad de 
Boulogne sur Mer. Más tarde en la Boca, en una casa que era de su primo 


309 


















Dardo W. Baubet. Su último domicilio fue un refugio de ACNUR, luego de 
obtener el "status" de refugiado. 

No se le conoce militancia política, no obstante varios testimonios con¬ 
signan que simpatizaba con el Frente Amplio. Por testimonio de D. C. se 
sabe que: Júpiter se radicó en Argentina probablemente afines de 1974 o princi¬ 
pios de 1975. Años más tarde solicitó refugio en ACNUR obteniéndolo al igual 
que su primo Dardo W. Baubet, quien vive actualmente en Londres, desde que 
salió bajo el amparo de ACNUR. 

De Júpiter se sabe que solía salir del refugio (Hotel) donde residía espe¬ 
rando su salida hacia Canadá, país éste que ya había otorgado la visa para 
que residiera como refugiado. En una oportunidad que salió del hotel, 
nunca más regresó ni volvió a verse con ningún conocido. 

La denuncia sobre su desaparición fue planteada a la Comisión para la 
Paz por su hermano. Venus Del Pino y, posteriormente, por el Grupo de 
Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, el cual ubi¬ 
có testimonios que permiten precisar los datos y las circunstancias de su 
residencia en Argentina. 


LUIS ALBERTO CARVALHO SCANAVINO 

Nació en Montevideo el 24 de mayo 1955, adoptado, 
por su padre biológico y por la esposa de éste. Tranqui¬ 
lo, bueno y muy buena persona, se sabe que emigró a 
Argentina para buscar trabajo e independizarse de su 
familia. 

La primera noticia sobre su desaparición se supo a 
partir de la denuncia realizada por la familia argentina 
Eróles Turucs, ante la CONADEP. 

El domingo 21 de Mayo de 1978 me encontraba en mi casa quinta sita frente a 
la estación de Hornos, partido de Gral. Las Heras, Pvcia. de Buenos Aires, siendo 
aproximadamente las 13,30 horas, en instantes en que estaba reparando la tranquera 
del alambrado protector (...) hasta que vi correr una persona en mi dirección apun¬ 
tándome con un arma corta al tiempo que me decía: "Policía, contra la pared." (...) 
El que daba las órdenes me hizo identificar tras lo cual me preguntó quiénes eran 
Daniel y Luis; expliqué que Daniel era el esposo de mi hija Rita Verónica (divorcia¬ 
do y casados en Paraguay) y que Luis era un joven uruguayo, que había sido 



310 



















compañero de trabajo de mi hijo Teodoro Ronaldo en una financiera Puyan S.A., 
donde trabaron amistad y que, a pedido de mi hijo, ante un problema de vivienda y 
pareciéndonos a mi esposa y a mí una buena persona, le proporcionamos una habi¬ 
tación en mi casa quinta. 

Mientras tanto los jóvenes estaban jugando el partido de fútbol, en la 
cancha del pueblo. El denunciante dice que: cuando no encontraron a Da¬ 
niel ni a Luis, a medida que encontraban a personas con indumentaria apropiada 
para practicar ese deporte, los detenían y los hacían tender cuerpo a tierra frente 
a mi casa y como no conocían a los que buscaban se hicieron acompañar por 
algunos de ellos (la mayoría jovencitos) para que se los identificaran si los veían. 
Así fue como encontraron primero a Luis y luego a Daniel. Según me relataron, 
a este último lo bajaron de un auto frente a mi casa, pues lo habían detenido como 
a cinco o seis cuadras de distancia y al tiempo que lo conducían al interior de la 
casa lo golpeaban. 

(...) por los vecinos nos enteramos que habían cargado los autos y el furgón con 
numerosos bultos y que en el furgón hicieron subir, secuestrándolos, a mis hijos 
Rita Verónica y Teodoro Ronaldo, a Daniel Bidón y al amigo de mi hijo Luis 
Carvalho, todos encapuchados confundas de almohadas... 


JORGE PEDREIRA BRUM 

Nació en Pan de Azúcar, Maldonado, el l e de julio de 1921. Casado con 
hijos. Vivía en la ciudad de Piriápolis donde disponía de un camión para 
la venta de frutas y verduras, también se dedicaba a la pesca y estaba afi¬ 
liado al Partido Comunista. 

Se radicó en Argentina en marzo de 1974, donde ya vivía uno de sus 
hijos. Allí compró un rastrojera y se dedicó a hacer fletes. Se trasladó a 
Paraná, en Entre Ríos. Allí en 1975 su domicilio fue allanado por la Policía 
y lo tuvieron en averiguaciones pero sin consecuencias, y regresó a Bue¬ 
nos Aires. 

Desapareció en junio de 1978, en la localidad de Paso del Rey. Estando 
en su domicilio con un muchacho argentino, joven, que lo visitaba habi¬ 
tualmente de nombre José Rubio, Jorge decidió acompañarlo hasta la esta¬ 
ción ferroviaria. "Salió como estaba, nunca más volvió". 

Eduardo Pedreira, hijo de Jorge, posteriormente preguntó a José Rubio 
si sabía algo y la respuesta fue negativa. La familia, está convencida que su 


311 















padre no estaba militando en Argentina. Una explicación posible a esta 
desaparición, es que le hayan solicitado los documentos en la calle, y que 
al no tenerlos lo hayan detenido y luego desaparecido. 

El nieto de Pedreira Brum es quien se presentó ante la Comisión para la 
Paz y al Grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desapa¬ 
recidos, presentando la denuncia por primera vez. 


EDISON OMAR CANTERO FREIRE, "Melena" 

Nació en Montevideo, el 27 de octubre de 1951. Hijo de 
Rolando Cantero y María Freire, se crió y vivió en el 
barrio Municipal de La Paloma en el Cerro. Concurrió 
a la escuela en Cno. Cibils y Carlos M® Gutiérrez. 

Estudió en la UTU y trabajó en James Aladin hasta 
que se fue del país en 1968. 

En Argentina trabajó en una empresa transportado¬ 
ra de rieles Canriel, en Alejandro Bianchi Quartino, donde era delegado a 
nivel sindical, y en un kiosco de cigarrillos en San Martín y Tucumán. Se 
casó con Maximina Silva, argentina, con quien tuvo un hijo a quien llama¬ 
ron Christian Orlando. 

Militaba a nivel gremial, y formaba parte de un grupo denominado R. 
L. (Resistencia Libertaria), que actuaba en el movimiento sindical, espe¬ 
cialmente en Gráficos. Desapareció el 5 de junio de 1978. Al día siguiente, 
cinco hombres armados lo llevaron a la casa de la hermana de su esposa, 
donde estaba ella y lo vieron destrozado físicamente. 

Carlos Alberto Roque Tepedino, en su calidad de jefe del Batallón de 
Inteligencia 601 del Ejército, firmó, en el reverso de un documento labrado 
por la detención de Cantero en el que anotó la fecha del secuestro. El for¬ 
mulario lleva el membrete de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, 
destaca que fue un preso incomunicado, que intervino el G T 113 y que su 
custodia estuvo a cargo del Ejército. También figura la fecha de su posible 
traslado (23/7/78) a la ESMA, Juzgado Federal N e 1 y una clave que segura¬ 
mente Tepedino conoce: "Pedro III". En el formulario Tepedino dibujó una 
cruz rodeada por un círculo. 

Claudio Roberto D'Avila, argentino, testimonió en el Juzgado Central 
de Instrucción N e 5 de la Audiencia Nacional, y dice: Julio Rearte , era inte- 



312 


















rrogado sobre el paradero de Edison Cantero Freire (Melena), y sobre otros miem¬ 
bros de nuestro grupo sindical. 

Fernando López Trujillo argentino, testimonió ante el mismo Juzgado y 
dice que, estando detenido en "El Banco" supo que allí estaba Edison Can¬ 
tero, "el Melena". 


La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada del ciudadano uruguayo Edison Óscar Cantero Freire (C.1.1.255.454- 
0), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que permiten asu¬ 
mir que: 

1. Fue detenido el día 5 de junio de 1978, en la vía pública, en la ciudad de Bue¬ 
nos Aires, al salir de una reunión sindical, por fuerzas represivas que actuaron 
en el marco de un procedimiento no oficial o no reconocido como tal. 

2. Al día siguiente fue llevado a su casa, en calidad de detenido, donde fue 
visto por su familia en muy malas condiciones físicas. 

3. En estas condiciones físicas, fue identificado en el centro clandestino de de¬ 
tención El Banco. 

4. El día 7 de junio de 1978 fue llevado a la Comisaría 38 por el Grupo de Tareas 
N s 113, ingresando a las 23: 30 horas. De ahí fue trasladado a la Escuela Supe¬ 
rior de Mecánica de la Armada (ESMA), donde permanece detenido e inco¬ 
municado hasta el 23 de junio de 1978 según surge de documentos oficiales. 

5. Según algunas versiones lo habrían regresado al Centro Clandestino de De¬ 
tención El Banco, desde donde fue probablemente "trasladado", con destino 
final desconocido, junto con otros dos uruguayos -Raúl Olivera y Fernando 
Díaz- a mediados del mes de julio de 1978. 


FERNANDO RAFAEL SANTIAGO DÍAZ DE 
CÁRDENAS, "Pata" 

Nació en Montevideo el 5 de noviembre de 1954. Hijo 
de Ramón Díaz y Margarita De Cárdenas, vivió en Las 
Piedras, Canelones. 

Se trasladó a Argentina, donde trabajaba en 
Metopress, imprenta ubicada en la calle Doblas 1951, Capital Federal, per¬ 
teneciente a la Iglesia Metodista. 

Desapareció el 5 de junio de 1978. Personas de civil que se identifica¬ 
ron como de la Policía lo detuvieron en su trabajo, manifestando, según 
dijeron compañeros, que lo hacían por motivos sindicales. 



313 
















Claudio Roberto D'Avila declaró ante el mismo juzgado y refiriéndose 
a "El Banco" dice: En ese lugar, algo así como un patio, reconozco la voz de 
Fernando R. Díaz de Cárdenas (el Pata o Pachu), quien trabajaba también en los 
talleres gráficos de la Colectividad Protestante Metodista de Argentina: Metopress, 
situada en el barrio de Almagro, y a quien conocía desde unos tres o cuatro años 
atrás, y con quien compartía actividades políticas, sindicales y de amistad. Fer¬ 
nando Díaz, también era golpeado asiduamente, haciendo bromas los guardias e 
insistiendo que le podían pegar tranquilamente ya que por su tamaño (era un 
hombre de más de 1,85 de alto y más de 100 kilos de peso), podía soportar cualquier 
golpiza. 

En los testimonios de Rufino Jorge Almeida y de Femando Gustavo López 
Trujillo también lo nombran como uno de los detenidos en "El Banco". 


RAÚL PEDRO OLIVERA CANCELA "el Flaco" 

Nació en Montevideo el 29 de junio de 1953. Hijo de 
Floro Olivera y Pepa Cancela. Cuando contaba con cin¬ 
co años de edad, la familia se mudó a la calle Fray 
Bentos, en el barrio de la Unión, donde vivió hasta que 
emigró hacia Argentina en 1972. Concurrió a la escuela 
Sanguinetti N e 76 y al Liceo N e 14, destacándose como 
buen estudiante con aptitudes especiales para las Cien¬ 
cias. Cuando ingresó en primer año escolar, por sus conocimientos pre¬ 
vios lo pasaron a segundo, por lo que en adelante, siempre sería el más 
joven de su clase. Fue elegido como abanderado en la escuela y en el liceo; 
sus intereses se dirigían más hacia la lectura, los "inventos científicos", la 
química -rama de estudios que hubiera elegido- aficionado al ajedrez, más 
que a los deportes. 

Tuvo una infancia normal de clase media, junto a Rubén, su hermano 
un año menor. Su padre falleció en 1965. El año 1968 lo encontró con quin¬ 
ce años participando de las luchas por el boleto estudiantil, ya con lentes 
por una temprana miopía. Era conocido como "El Flaco" por sus amigos. 
Al poco tiempo comenzó a trabajar en COOPE, cooperativa de encuader¬ 
nación. En 1970 formó pareja con Cristina Cajiga, compañera de militancia, 
con quien se casó en 1971. Ingresó a la Facultad de Humanidades y Cien¬ 
cias de la Educación para estudiar Historia. Cuando la familia emigró a 



A: M 


314 

















Argentina en 1972 tenía 18 años y su primer hijo, Mauricio, contaba con 
seis meses de edad. 

En Argentina, Raúl trabajó en la Imprenta Metopress y luego en Enva¬ 
ses Alvert. Militaba en el Sindicato de Gráficos argentino. Vivía en la loca¬ 
lidad de Moreno, cerca del cruce Castelar. Fue secuestrado el 5 de junio de 
1978 en la Estación Liniers de la línea General Sarmiento, cuando se diri¬ 
gía hacia su trabajo. Tenía 24 años -cumplió los 25 en cautiverio-, su pri¬ 
mer hijo, Mauricio Nihil, contaba con seis años y el segundo, Matías Ale¬ 
jandro, había nacido tres meses antes. 

En adelante los trámites realizados para averiguar sobre su paradero, 
se realizaron en conjunto con los familiares de Oscar Cantero y Fernando 
Díaz de Cárdenas ya que por ser amigos y compañeros del sindicato, fue¬ 
ron secuestrados durante el mismo operativo. 

El testimonio de Hebe Margarita Cáceres, argentina, consigna que lo 
vió en el centro clandestino de detención "El Banco". 58 Del mismo modo, 
otro sobreviviente del mismo Pozo, Fernando Gustavo López Trujillo, lo 
nombra entre los presos que se encontraban en ese sitio. 

Por su parte, Rufino Jorge Almeida, argentino, consigna que: (...) Du¬ 
rante los primeros días permaneció en el pasillo mencionado y en un tubo (celda 
con puertas de chapa metálica sin iluminación ni ventilación) compartido con otros 
tres secuestrados a los que pudo identificar como Fernando López (liberado) y los 
uruguayos Raúl Olivera y Óscar Cantero Freire, quienes se encontraban también 
duramente golpeados. 

Claudio Roberto D'Avila, argentino, declaró en el mismo Juicio que: 
(...) reconozco la voz de Raúl Olivera, pero con rasgos de desequilibrio mental, ya 
que normalmente era un militante abnegado, con una ética y una moral siempre 
en alto, dedicado a su trabajo y a cuidar a sus dos hijos. Luego de un rato, en que yo 
me recupero de los golpes, le hablo para identificarlo. Me cuenta que fue torturado 
de distintas maneras desde el día anterior (shocks eléctricos-golpes-etc.) y noto que 
está totalmente desequilibrado, incluso con pérdida de control de esfínteres, con¬ 
vulsiones y espasmos respiratorios. Cada vez que pasaba cerca un guardia, Raúl 
seguía siendo pateado o golpeado de alguna manera. Estos guardias le llamaban 
"Anteojito" debido a que normalmente usaba unos grandes anteojos. 


58. Ver en el capítulo Testimonios y otros Documentos, página . 


315 


















La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 
forzada del ciudadano uruguayo Raúl Pedro Olivera Cancela (C.1.1.271.825- 
3), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que permiten asu¬ 
mir que: 

1. Fue detenido el día 5 de junio de 1978, a las 12 horas, en la Estación de Ferro¬ 
carril Sarmiento, en el barrio de Liniers, de la ciudad de Buenos Aires, por 
fuerzas represivas que actuaron en el marco de un procedimiento no oficial o 
no reconocido como tal. 

2. Estuvo detenido en el centro clandestino de detención llamado El Banco, de 
donde permaneció hasta, por lo menos, mediados del mes de julio de 1978. 

3. Fue probablemente "trasladado", con destino final desconocido, después de 
esa fecha. 


Los represores de El Banco 

La Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos de Argentina presentó una 
querella ante el Juzgado Central de Instrucción N e 5 de la Audiencia Na¬ 
cional contra los represores del "El Banco, situado en la actual Brigada 
Femenina de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y antes. División 
de Cuatrerismo, a unos 200 metros de la autopista Richieri y el camino de 
Cintura (Puente 12), Partido de Matanza, Provincia de Buenos Aires. La 
querella es contra: 

Julio Héctor Simón, apodado "el Turco", "Julián" y/o "el turco Julián", 
suboficial retirado de la Policía Federal Argentina. 

Juan Antonio Del Cerro, apodado "Colores", argentino. 

Andrés Aníbal Ferrero, quien fuera Segundo Comandante del I Cuerpo 
del Ejército. 

Juan Carlos Avena, "Capitán Centeno", Adjunto Principal del Servicio 
Penitenciario Federal. 

Gustavo Adolfo Eklund, "el Alemán". 

Raúl Antonio Guglielminetti (a) "Mayor Rogelio Guastavino", fue pos¬ 
teriormente, asistente del Coronel Ferro del Ejército, quien a su vez fuera 
superior del Mayor del Ejército Antonio Minicucci. 

Guillermo Antonio Minicucci (a) "Petiso Rolando", Mayor del Ejército 
Argentino, Jefe de uno de los campos de concentración referidos. 

Carlos Guillermo Suárez Masón, quien fuera Comandante del I Cuerpo 
del Ejército. 


316 














Transcribimos del Escrito: 

Los nombrados a los que deberán sumarse los demás responsables que resulten de 
la investigación que solicitamos, son autores, cómplices y/o partícipes necesarios 
de los delitos de desaparición forzada, tormentos, homicidios que por su magnitud 
y características constituyera un Genocidio, en el concepto vigente como norma 
imperativa en el derecho consuetudinario y convencional. Todo ello de acuerdo a 
los hechos que pasamos a describir. 

Todos nosotros fuimos secuestrados durante la última dictadura militar y 
estuvimos en distintos Centros Clandestinos de Detención. En especial nos refe¬ 
rimos a los denominados "Garaje Azopardo", "Club Atlético", "El Banco"y "El 
Olimpo". 

Estos CCD tienen en común que fueron utilizados sucesivamente por el grupo 
represor compuesto por algunos de los querellados. Es decir primero se usó "Gara¬ 
je Azopardo" durante 1976. Luego fue desmantelado y en su lugar el grupo ac¬ 
tuante utilizó como Centro de Detención y tortura el "Club Atlético" desde el 18 
de enero de 1977 hasta el 28 de diciembre del mismo año. Con posterioridad desde 
esa fecha hasta el 16 de agosto de 1978 se instaló "El Banco" y finalmente "El 
Olimpo" desde el 16 de agosto de 1978 hasta el 31 de enero de 1979... 

Recordemos además que en el "Club Atlético", también estuvieron al¬ 
gunos de nuestros familiares desaparecidos y oficiales de la C/CIE del Ejér¬ 
cito uruguayo interrogándolos. 


HÉCTOR ORLANDO GIORDANO CORTAZZO, 

"Porfían" 

Nació en la ciudad de Durazno el 13 de mayo de 1939. 

Hijo de Orlando Giordano y Blanca Rosa Cortazzo, has¬ 
ta los 18 años vivió en su ciudad natal, concurriendo a 
la Escuela N s 1 y al Liceo Miguel C. Rubino. 

Vivió en Montevideo desde 1958 para estudiar De¬ 
recho. Ejerció su profesión asistiendo, entre otros, a 
presos políticos y en su especialización de Derecho Laboral, asistió a gre¬ 
mios como el Textil, Papeleros y al sindicato de FUNSA. Trabajó además 
en la Librería América Latina y en el Diario Época. Se casó con Beatriz 
Grezzi, de la que luego se divorciaría y con quien tuvo una hija, Lucía. 



317 



















Militaba en el gremio de abogados y en el Partido Comunista Revolu¬ 
cionario (PCR). En 1973 las Fuerzas Armadas fueron a buscarlo a su casa, 
al no encontrarlo pudo huir a Argentina. Fue requerido en Uruguay a tra¬ 
vés de la prensa, el día 28 de agosto de 1973. 

En Argentina revalidó su título de Abogado y en el momento de la des¬ 
aparición vivía en la Calle Moreto 629, esq. José E. Rodó, Barrio Las Flores, 
de Capital Federal, y tenía una compañera riojana de nombre Camila 
González. 

Desapareció el 9 de junio de 1978. Fueron testigos algunos vecinos. El 
Sr. Higa, quien vivía frente a su apartamento vio cuando hombres arma¬ 
dos pero de particular, lo sacaron de su casa con la cabeza ensangrentada 
envuelta en una toalla, y lo introdujeron en un vehículo sin matrícula. 

Ubal Lanne, uruguayo, nacido en Durazno, conocía a Giordano desde 
la juventud. Declaró, ante diferentes organismos de DDHH, que se 
reencontró con Héctor en Buenos Aires cuando recién llegado a Argentina 
vivió en un colegio de religiosas que daban alojamiento a quienes lo nece¬ 
sitasen. Luego se casó y fue a vivir en Moreto 629, Capital Federal y más 
tarde a Morón, dejando el apartamento de Moreto a Héctor Giordano. 

En Morón fue visitado por Ary Severo y un argentino que no se identi¬ 
ficó, quien buscaba reclutarlo para el PST (Partido Socialista de los Traba¬ 
jadores) 

El 4 de junio de 1978, cinco o seis personas de civil y armadas entraron 
a su casa y cuando él llegó, lo detuvieron. Lo llevaron acostado en el piso 
de un auto hasta un CCD donde oía que se abría una cortina metálica. 
Describe las torturas a que fue sometido y lo poco que pudo observar del 
lugar en que estaba. Algunos elementos le hicieron pensar que era un 
"pozo" ubicado en la zona de "El Palomar". 

Un día lo tiraron al lado de otra persona a la que, a través de la secreta 
comunicación que pudieron tener, reconoció como Giordano. Este le dijo 
que lo habían herido en la cabeza con su máquina de escribir y que sufría 
de fuerte dolores por la artritis. Los interrogatorios de ambos giraban en 
torno a una posible vinculación con el PST. Los secuestradores y quienes inte¬ 
rrogaban, deduzco que eran argentinos por los modismos que utilizaban al hablar 
y porque los partidos de fútbol que siempre escucharon durante el Mundial, eran 
en los que jugaba Argentina. Se llamaban entre ellos con seudónimos, entre los que 
recuerdo: "Puma"y “Coty". Un día de tantos, que me llevaron a un interrogatorio 
en el que no hubo tortura física, me dieron a entender que eran uruguayos, me 


318 















hablaron de mi familia, sabiendo a qué se dedicaban mis hermanos. 59 El 5 de julio 
Lanne quedó en Libertad y sabe que Giordano continuaba allí. 

Posteriormente a éstos hechos, la familia recibió diferentes versiones, 
una que indicaba que Héctor continuaba con vida en Campo de Mayo, y 
después otra que indicaba que estaba en la U9 (Unidad 9) de La Plata; 
ninguna de ellas se pudo confirmar. 

La Comisión para la Paz considera confirmada la denuncia sobre desaparición 

forzada del ciudadano uruguayo Héctor Orlando Giordano Cortazzo (C.I. 

19.140 del departamento de Durazno), porque ha recogido elementos de con¬ 
vicción relevantes que permiten concluir que: 

1. Fue detenido el día 9 de junio de 1978, alrededor de las 22 horas, en su domi¬ 
cilio sito en Virrey Moreto 639 687, barrio Las Flores, Provincia de Buenos 
Aires, por fuerzas represivas en el marco de un procedimiento no oficial o no 
reconocido como tal. 

2. Estuvo detenido en el centro clandestino de detención La Casona -Base Aé¬ 
rea El Palomar-. 

3. Estuvo con vida en ese Centro hasta el 5 de julio de 1978. 

4. Fue probablemente, "trasladado", con destino final desconocido, después 
de esa fecha. 


HELIOS HERMÓGENES SERRA SILVERA, "Rolo" 

Nació en Montevideo el 16 de diciembre de 1954. Hijo 
de Helios Serra y Albina Silvera. 

Militaba en el Frente Estudiantil Revolucionario 
(FER). Fue detenido en 1974 por "portación de volan¬ 
tes" y liberado. Se trasladó a Buenos Aires donde resi¬ 
dían su padre y hermano menor y tramitó la radicación. 

Vivía con su familia en Colombes 484, Capital Fede¬ 
ral. Trabajaba en la Contaduría de "El Hogar Obrero" y estudiaba francés 
en la Alianza Francesa de Almagro. Mientras tanto, estaba abocado a sacar 
una publicación de izquierda, al pertenecer a un grupo llamado Tendencia 
Marxista Revolucionaria. 

Desapareció el 27 de junio de 1978, a los 23 años, en la vía pública. Su 
hermano Ariel, rastreó todos los datos vinculados a su desaparición y tes- 



59. Testimonio presentado a la Comisión de DDHH en la Argentina y ampliado para este Informe. 


319 





















timonia que: el día 27, Rolo debía encontrarse con otras dos personas para sacar 
la “publicación", a las 20 horas en Avenida Santa Fe, en la intersección de Callao 
y Riobamba. 

Roberto Ramírez no concurrió a la cita, se supone que ya estaba secues¬ 
trado. Rolo y el tercer militante fueron detenidos. Intervinieron en el ope¬ 
rativo Fuerzas de Tareas Especiales dependientes del Comando del I Pri¬ 
mer Cuerpo del Ejército. 

Tiempo después, estando Roberto Ramírez exilado en Suecia, se puso 
en contacto con la familia de Helios, les hizo saber que: acerca de la perma¬ 
nencia en "El Banco" desde su caída hasta el desmantelamiento del "campo" en 
agosto. En dicho lugar habían sido torturados juntos; fueron atados a una plancha 
y conectados a un mismo circuito con un dispositivo automático, en los primeros 
días de julio del 78. Luego fueron trasladados al "Olimpo", donde Helios estuvo en 
la celda 37 hasta diciembre. 60 

Estos datos además fueron confirmados por otros sobrevivientes de 
ambos "pozos". Horacio Cid de la Paz (a) "Cristoni" y Oscar González (a) 
"Taño", en el testimonio ante Amnesty International (AI) en Londres, pre¬ 
sentan un extenso listado de secuestrados en los distintos "pozos" donde 
ellos colaboraron con sus represores, y en éste incluyen a cuatro urugua¬ 
yos, entre ellos "Rolo", uruguayo (coincidiendo las fecha de la detención). 
Los otros tres uruguayos nombrados son Cantero Freire, Díaz de Cárde¬ 
nas y Olivera Cancela. 

Por otra parte el matrimonio Ghezan, liberados del "Olimpo", atesti¬ 
guan que Helios fue "trasladado el 6 de diciembre de 1978". Este dato lo 
confirma el testimonio de J. Lareu, quien a su vez estaba en la celda en 
frente a la de Helios. 

Mientras tanto, en el "pozo de Banfield"... 

Continuaban ocurriendo hechos relacionados con Uruguay. Eduardo Otilio 
Corro lo relata de la siguiente manera: 

Nacimiento y secuestro de Verónica Leticia Moyano 

(...) La señora de Moyano comenzó a tener contracciones regulares el 24 de agosto 
cuy a frecuencia yo ayudaba a controlar contando el tiempo transcurrido entre cada 


60. Documento ante la CONADEP en archivo de la SDDHH. 


320 














contracción, esta operación la realizaba cada vez que mi esposa que compartía el 
mismo calabozo que la señora de Moyano, golpeaba la pared colindante con mi 
calabozo. Cuando las contracciones alcanzaron una frecuencia de aproximadamente 
una cada cinco minutos la señora de Moyano fue bajada al primer piso donde 
funcionaba una presunta enfermería. Con la oreja pegada al piso pude distinguir 
movimientos y agitación inusuales en el primer piso y poco mas tarde un grito 
agudo. Los guardias de ese día me informaron que había nacido una nena. Esa 
noche sentí la llegada de la señora de Moyano a su calabozo pero recién pude hablar 
con ella a la mañana siguiente en que me contó que había tenido una nena a la que 
puso el nombre de Verónica Leticia Moyano y que le oficial de guardia le había 
quitado a su hija y entregado a un hombre joven de guardapolvo blanco. El oficial 
de guardia le informó que la niña sería llevada a la Casa Cuna. Me dijo que tam¬ 
bién le pidieron que llene un formulario con el nombre de su hija y con datos 
referidos a ella y a su esposo Alfredo Moyano de nacionalidad argentino que 
había sido detenido desaparecido junto a ella y que fue trasladado de la Brigada de 
Investigaciones de Banfield el 16 de mayo de 1978. 

Al recuperar mi libertad bajo régimen de libertad vigilada en enero de 1979, me 
comuniqué por teléfono con la madre de Alfredo Moyano a la que informé, entre 
otros, de todos los detalles del nacimiento de su nieta Verónica Leticia- Permanecí 
detenido desaparecido en el mismo lugar que la señora de Moyano hasta el 11 de 
octubre de 1978 fecha en que fui trasladado junto con mi esposa a la Comisaría de 
Laferrére, Provincia de Buenos Aires. 

El matrimonio Logares 

(...) Estando en el sector "B" me comuniqué a través de la pared con el calabozo de 
atrás en diagonal al mío, con una pareja argentina secuestrada en Uruguay, junto 
con su hija de aproximadamente dos años, de nombre Paula, y de la cual no supieron 
más nada. La noche de su llegada fui visitado en mi calabozo por quienes traslada¬ 
ron a esta pareja, pudiendo reconocerlos por las preguntas que me hicieron como 
integrantes de la “patota" de la Brigada de San Justo, donde yo estuve detenido- 
desaparecido desde el 23 de febrero de 1978 hasta fines de marzo del mismo año. 

La señora Logares me confirmó luego, que había estado junto con su esposo en 
el mismo lugar para ser interrogados, durante el último mes, es decir desde su 
detención hasta el día de su traslado a la Brigada de Banfield. A fines de junio 
fueron trasladados del pozo de Banfield con destino desconocido (...)". 61 


61. Ver testimonio de Eduardo Otilio Corro en el capitulo Testimonios y Documentos, página . 


321 



















Como habíamos visto en el Informe sobre Uruguay, el matrimonio ar¬ 
gentino Logares Grispón fue secuestrado en Montevideo el 18 de Mayo 
del mismo año junto a su hija Paula de dos años de edad. En diciembre de 
1983, Las Abuelas de Plaza de Mayo iniciaron las acciones legales contra 
los secuestradores de Paula; se trataba del matrimonio formado por el Sub 
Comisario de la Brigada de Investigaciones de San Justo, Rubén Lavallén y 
de su esposa uruguaya Teresa Leiro. 


ESTHER GERSBERG DREIFUS 

Uruguaya, vivió desde muy niña en Argentina y en su 
militancia política estaba vinculada a "Vanguardia Co¬ 
munista", grupo argentino fuertemente reprimido en 
1978, por el Grupo de Tareas dependiente del I Cuerpo 
del Ejército, que operó desde "El Vesubio". 

Desapareció el 21 de julio de 1978, en avanzado es¬ 
tado de gravidez, junto a su esposo Luis Díaz Salazar 
Figueroa -también desaparecido-, de su domicilio sito en la calle José Martí 
2663/ A, Lomas del Mirador, Provincia de Buenos Aires. 

Silvia Irene Saladino, en la Secretaría de Derechos Humanos declara 
que estuvo secuestrada entre el 18/07/78 al 15/05/79 y que: (...) al tiempo 
llegó Esther, no recuerdo el apellido, ella estaba embarazada y ahora está desapare¬ 
cida, el marido era español. El bebé nació al séptimo mes, muerto (...). 

Jorge Watts, uno de sus compañeros de militancia y sobreviviente del 
"pozo" en el Juicio contra la Junta de Comandantes relata: (...) después, por 
una circunstancia especial, trasladan a Luis, de apellidos Díaz Salazar, un mucha¬ 
cho español, que estaba casado con otra de las detenidas, Esther Geresberg de Díaz 
Salazar, uruguaya, esta chica estaba embarazada; yo la conocía desde hacía tiempo 
y era realmente patético el caso, porque había estado mucho tiempo tratando de 
tener familia, de quedar embarazada, hacía tratamientos, y cuando la llevan allí 
estaba embarazada de seis meses. La torturan de tal manera que la hacen abortar, 
días después la trasladaron a un hospital o lugar Militar, posiblemente al Hospital 
del Regimiento de Infantería N B 3, de donde dependía El Vesubio, la criatura ya 
estaba muerta, después la vuelven a traer al "Campo". En el ínterin, una de las 
guardias comenta: "éste muchacho va a enloquecer", porque había trascendido que 
el embarazo se había interrumpido, entonces para evitar que este muchacho pudie¬ 
ra hacer algún escándalo, lo trasladan y supongo que lo habrán matado (...) 



322 
















El 19 de agosto de 1978 fue el traslado al Hospital Militar del Regimien¬ 
to N Q 3 de Infantería y luego la regresaron al "Vesubio". A partir de allí no 
se supo más nada. 

Información sobre el CCD "El Vesubio" 

Este Centro Clandestino de Detención (CCD), comenzó a operar en 1975 
como lugar de represión de la "Triple A". Luego del Golpe de Estado en 
Argentina pasó a depender directamente del I Cuerpo del Ejército, aun¬ 
que el predio dependía del Servicio Penitenciario Federal. 

Estaba ubicado en Avda. Richieri y Cno. de la Cintura o Cno. Negro 
como también es llamado, a la altura del "Puente 12". Consistía en cons¬ 
trucciones independientes, rodeadas de campo. 

Comenzó operando contra los militantes del ERP, siguió con "Poder 
Obrero" en 1977, luego contra la "Columna Sur de Montoneros" y en 1978 
contra "Vanguardia Comunista", más allá de que siempre llevaron a otros 
detenidos "sospechosos". 

En el Juicio contra los Miembros del I Cuerpo del Ejército, por este CCD 
están acusados, entre otros: 

General: Suárez Masón 
General: Juan Bautista Sasiaín 
Coronel: Federico Minicuchi 
Tte. Coronel: Franco Luque (a) "Indio" 

Mayor Pedro Durán Sáenz (a) "Delta", jefe del Campo. 

Capitán: Asiglia (a) "El Francés", jefe de equipo de torturadores 
Oficial del Servicio Penitenciario Federal: José Alberto Hirsfeld (a) "Foca" 
Suboficial: Rojas (a) "El Loco", torturador. 


MARÍA ROSA SILVEIRA GRAMONT 

Nació en la ciudad de Maldonado el 29 de agosto de 
1944. Hija de Juan de la Cruz Silveira y de María Victo¬ 
ria Gramont, quienes tuvieron nueve hijos. 

Estudió de Contadora Pública y trabajó en el Insti¬ 
tuto de Economía de la Universidad de la República. 

Como miembro del MLN-Tupamaros, estuvo presa 
en el Penal de Punta Rieles (EMR 2) en 1973. El 31 de 



323 






















agosto del mismo año, ocasión en que era trasladada a Jefatura de Monte¬ 
video, para la visita con su familia, aprovechó las circunstancias para huir 
con otras dos presas. Notaron que la puerta trasera del furgón que las 
trasladaba estaba abierta y esperaron la oportunidad para tirarse. En un 
momento, vieron que el vehículo de la guardia se había alejado y en el 
momento que el furgón paró ante un semáforo, se tiraron. 

Pudo huir a la Argentina, pero para evitar presentar sus propios docu¬ 
mentos ante Migraciones, vivió con documentos falsos. Siguió vinculada 
al MLN, trabajando en la contaduría de diferentes empresas y viviendo 
los últimos tiempos, en una pensión del barrio Nueva Pompeya 

Desapareció el 13 de agosto de 1978, seguramente en un contacto con otros 
militantes de la Tendencia Combativa en una estación ferroviaria. Existen dos 
versiones sobre la estación: una indica que fue en José C. Paz y la otra que fue 
en González Catán, distantes una y la otra, y en diferentes vías férreas. 


FÉLIX MAIDANA BENTÍN, ¿/ Juancito Bentín" 

Nació en Bella Unión, departamento de Artigas. Fue entregado de peque¬ 
ño a una tía para que lo criaran. Entró a trabajar en la Caña de Azúcar 
desde muy joven. 

Participó de la formación del sindicato de UTAA y del MLN junto a 
Raúl Sendic y Atalivas Castillo entre otros, y participó de las diferentes 
marchas cañeras. Fue detenido por la Policía de Montevideo en 1964 por 
su notoria participación en la Marcha Cañera. 

El Tomo 1 de "La Subversión, de las FFAA al Pueblo Oriental", indica 
que: (...) interviene en el asalto al Casino de San Rafael. Detenido el 3 de junio de 
1970 en un procedimiento policial en la calle Bernardo Berro al 4300, en Montevi¬ 
deo, es procesado, quedando luego en libertad (mayo de 1971, bajo fianza). Dete¬ 
nido nuevamente bajo Medidas Prontas de Seguridad, opta por salir para Chile el 
12 de febrero de 1972, de donde viaja a Cuba con otros sediciosos... 62 

Entre una detención y la otra viajó a Bella Unión y se reencontró con los 
suyos. Su hermana de crianza recuerda que: tenía un ojo vacío, no quiso con¬ 
tar cómo lo había perdido, sólo aclaró que fue cuando lo detuvieron. 

Vivía en Argentina bajo otra identidad. Concurrió a la cita con sus com¬ 
pañeros en la estación de ferrocarril de donde desapareció, el 13 de agosto 


62. Edición 1980, pág. . 


324 














de 1978. Por falta de su acta de nacimiento, se calcula que, en el momento 
de su desaparición tenía cerca de 40 años. 


IGNACIO AROCENA LINN 

Nació en Montevideo el 20 de octubre de 1950. Hijo de 
Germán Arocena y Mercedes Linn. 

Exiliado en Europa, regresó a la Argentina en 1978 
con documento falso. En Europa quedó su compañera 
Marisa, embarazada. De la unión nació Ana. 

El 11 de agosto de 1978 se le vio en una confitería del 
centro de Buenos Aires con María Rosa Silveira. Desapa¬ 
reció en Buenos Aires en esos días. Todo hace suponer que el 13 de agosto se 
encontró con sus compañeros de la Tendencia Combativa, en la estación de 
ferrocarril, lugar donde habría desaparecido. 



La Comisión para la Paz considera parcialmente confirmada la denuncia sobre 
desaparición forzada del ciudadano uruguayo Ignacio Arocena Linn (C.I. 
1.516.100), porque ha recogido elementos de convicción relevantes que permi¬ 
ten concluir que: 

1. Fue detenido el 13 de agosto de 1978, en horas del mediodía, en las proximi¬ 
dades de la estación de ferrocarril de González Catán, en la ciudad de Bue¬ 
nos Aires, por fuerzas represivas que actuaron en el marco de un procedi¬ 
miento no oficial o no reconocido como tal. 

2. En la misma oportunidad fueron detenidos María Rosa Silveira Gramont, 
Félix Maidana Bentin y José Luis Urtasun, quienes también permanecen 
como desaparecidos. 

3. Existen indicios que permiten suponer que habría estado detenido en el cen¬ 
tro clandestino de detención Quilmes. 


JOSÉ LUIS URTASUN TERRA, "El Flaco" 

Nació en Montevideo el 19 de enero de 1946. Hijo de 
José Francisco Urtasun y María Terra, residían en el ba¬ 
rrio "Pérez Castellano". Hizo estudios primarios en la 
Escuela N e 118, de Algarrobo e Industria y Secunda¬ 
rios en UTU, en el ramo de carpintería. 



325 
























Ingresó como aprendiz de tapicería en un taller ubicado en Rivadavia y 
Gral. Flores; luego tuvo taller propio. Hacía deportes (fútbol), integrando 
el equipo de "El Tanque", de Villa Dolores. 

Militaba en el Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros. A raíz 
de su militancia fue detenido por la Fuerza Aérea, permaneciendo como 
detenido en la Base Aérea del Boiso Lanza desde el 31 de mayo de 1972 
hasta que fue remitido al Penal de Libertad (EMR1), cuyo número de dete¬ 
nido fue el 510. 

Liberado en 1974, se exilió en la República Argentina donde trabajaba 
como tapicero y carpintero. Tiempo después formó pareja con Myriam 
Proenza hasta la fecha de su desaparición, viviendo la pareja en la locali¬ 
dad de Laferrere, Provincia de Buenos Aires. Continuó militando en el 
MLN. 

Desapareció el 13 de agosto de 1978 en la estación González Catán, 
Provincia de Buenos Aires, entre las 12 y las 13 horas, aunque uno de sus 
hermanos en la denuncia que presentó a los organismo internacionales de 
DDHH indicó, que fue en la estación de José C. Paz. 

A partir de que la Comisión para la Paz dispuso de las huellas 
dactiloscópicas de los desaparecidos y éstas fueron entregadas al Equipo 
Argentino de Antropología Forense se pudo conocer "algo más" de lo 
acontecido. 


En agosto de 2002, pericias realizadas por el Equipo Argentino de Antropolo¬ 
gía Forense patrocinadas por la Comisión para la Paz y con intervención de la 
Cámara Federal de Argentina, se identifica un cuerpo hallado en la localidad 
de Gregorio Laferrere de la Provincia de Buenos Aires, en la intersección de las 
calles Avenida Luro y Campichuelo, el 14 de agosto de 1978. De acuerdo al 
informe realizado por los funcionarios actuantes en el momento del hallazgo, 
el cuerpo presentaba varios impactos de bala. Sus restos fueron inhumados en 
el cementerio Municipal de La Matanza como NN. Hasta la fecha no ha sido 
posible determinar la ubicación de sus restos. Madres y Familiares de Urugua¬ 
yos Detenidos Desaparecidos considera que la documentación encontrada en 
la Cámara Federal es insuficiente, en la medida en que no aporta foto en el 
momento del hallazgo. 


326 













¡a 

ts. 


LEONARDO GERMAN GELPI CACERES, 

"Gordo Lucas" 

Nació en Salto el 28 de mayo de 1947. Hijo de Jorge 
Gelpi y Olga Cáceres, realizó Primaria en la Sagrada 
Familia de su ciudad natal y Secundaria en el "Institu¬ 
to Osimani y Lerena". 

Se radicó en Montevideo a los efectos de estudiar 
Notariado en la Facultad de Derecho de la Universi¬ 
dad de la República. Militaba en el MLN, como "Gordo Lucas". Fue reque¬ 
rido por las Fuerzas Armadas el 14 de setiembre de 1972, por lo que viajó 
a Chile y en 1973 a Cuba. 

A fines de 1975 se radicó en Argentina donde tuvo un Bar cerca de la 
Chacarita, que luego trasladó a Triunvirato y Chorroarin. 

Desde su requerimiento en Uruguay las Fuerzas Armadas se apropia¬ 
ron del apartamento que tenía en Rambla República del Perú, en el viejo 
Hotel Rambla, apartamento que devolvieron a su familia en 1980. 

Leonadro desapareció entre agosto y octubre de 1978. Miembros de su 
familia lo visitaban regularmente en Buenos Aires. En agosto de 1978 in¬ 
tentaron ubicarlo pero no lo lograron. Lamentablemente nunca han apare¬ 
cido testigos de su detención. Se puede afirmar de todas maneras, que en 
Argentina mantuvo su vinculación con miembros del MLN como ser Félix 
Maidana Bentín e Ignacio Arocena. 


MARÍA ELSA GARREIRO MARTÍNEZ, 

"la Gallega" 

Nació en Couso, Provincia de Pontevedra, Galicia, Es¬ 
paña, el 14 de octubre de 1945. Adquirió la ciudadanía 
uruguaya, según expediente 59728 con fecha 30 de mar¬ 
zo de 1965. Fueron sus padres: Ricardo Garreiro Balez 
y María Ascensión Martínez Masijo. 

María Elsa se radicó en Uruguay a la edad de cuatro 
años, domiciliándose en la calle San José. Hizo sus primeros años escola¬ 
res en el colegio de las Hermanas del Huerto y posteriormente en la Es¬ 
cuela José Enrique Rodó; los secundarios en el Instituto Vázquez Acevedo 
y Sicología en la Universidad. Estudiaba francés e inglés. Fue docente de 
francés y empleada en el diario Epoca. 



327 























Militó en el Partido Socialista y luego se integró al MLN, siendo conoci¬ 
da como "la Gallega". 

Se trasladó a Argentina, donde se domicilió en Dante Alighieri 
(Avellaneda) y luego en la calle Manuel Strada de Buenos Aires. Se unió 
en pareja con Raimundo Aníbal Villaflor, argentino. Tuvieron dos hijas: 
Elsa Eva y Laura. Militaba en las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). 

Desapareció el 4 de agosto de 1979 en Avellaneda junto con su compa¬ 
ñero, sus hijas fueron abandonadas por los represores en la calle. 

El día anterior, habían recibido la noticia de que una hermana de Villaflor 
había sido secuestrada junto a su esposo y a la hija del matrimonio. En el 
momento que fueron secuestrados se dirigían al domicilio de los padres 
de Villaflor, con sus hijas. Un vehículo frenó de golpe, se abalanzaron so¬ 
bre ellos, los secuestraron, quedando las dos pequeñas hijas abandonadas 
en la calle. Los vecinos, testigos del hecho, las entregaron a los abuelos 
paternos y relataron el operativo. 

El domicilio del matrimonio en la calle Dante Alighieri fue allanado, de 
allí llevaron preso a otro hermano de Villaflor y a su esposa. La familia 
Villaflor es nombrada por varios sobrevivientes de la Escuela de Mecánica 
de la Armada (ESMA), que estaba a cargo del Almirante Emilio Massera y 
el Capitán de Navio Rubén Jacinto Chamorro (a) "El Tigre". A partir de 
1980 quedó como responsable el Capitán de Corbeta Luis D'Imperio (a) 
"Abdala". 

Testigos que los vieron en la ESMA son: Osvaldo Barros, Susana Leiracha, 
Víctor Basterra y Telma Jara de Cabezas, todos ciudadanos argentinos. 

María Elsa Garreiro Martínez De Villaflor fue vista con vida en la ESMA 
hasta fines de marzo de 1980. Por su desaparición, sus hijas presentaron 
una querella criminal contra el Estado argentino, en España. 


RAYMUNDO TRUCIDO 

Nació en Montevideo el 26 de julio de 1957 hijo de Elyda Trucido y adop¬ 
tado por Julio Pérez. Se casó con la Sra. Nancy Cano con quien tuvo un 
hijo. Estudió en la UTU Dibujo Técnico y Topografía. 

Nancy Cano, quien presentó la denuncia ante SERPAJ-Argentina, de¬ 
clara que: el matrimonio regresaba desde Ecuador donde Trucido se desempeñaba 
como técnico en Topografía en las obras que realizaba la Empresa Sadesa en la sub¬ 
estación eléctrica " Quevedo" de aquel país. 


328 














Entró en Argentina proveniente de Santiago de Chile por la provincia de 
Mendoza. Fue detenido por efectivos de la gendarmería el 26 de noviembre de 
1980, después de pasar la frontera. Luego de una revisación minuciosa de su equi¬ 
paje, donde les llamaba especialmente la atención los aparatos de medición. En la 
revisación le encontraron un volante firmado por el "Comité de Solidaridad del 
Ecuador con el Pueblo Argentino", fue separado de su esposa y conducido a un 
lugar desconocido. 

De la información que surge del mismo testimonio, queda claro que su 
desaparición forzada obedece a "abuso de autoridad" en el marco del "Te¬ 
rrorismo de Estado". 


VALENTÍN ÁNGEL LANERI VERA 

Nació en la ciudad de Colonia el 25 de julio de 1927. 

Hijo de Enrique Laneri y Doria Enriqueta Vera. Estaba 
casado con Olga Justina Rodas García, con quien tuvo 
cuatro hijos. 

Trabajó en la planta de ANCAP de Juan Lacaze como 
peón, desde el 1 de julio de 1962 hasta el 27 de julio de 
1973. Fue Secretario del Sindicato de la filial Juan 
Lacaze, y delegado a la Mesa Representativa del gremio. Integró el Plena- 
rio de la CNT (Central Nacional de Trabajadores) en Colonia. 

Luego del Golpe de Estado en Uruguay se radicó en Argentina. Su últi¬ 
mo domicilio fue en el Hotel Las Delicias, sito en la calle Solís entre Picón 
y Constitución donde uno de sus hijos lo vio en noviembre de 1982. Desde 
entonces está desaparecido, aunque no se conocen las circunstancias del 
hecho, todo permite suponer que su desaparición obedece al Terrorismo 
de Estado. 



329 




















Casos denunciados recientemente 


A partir de la instalación de la Comisión para la Paz, se realizaron nuevas 
denuncias sobre desapariciones. También se presentaron otras denuncias 
en la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia en Ar¬ 
gentina, ante el Equipo Argentino de Antropología Forense y ante el Gru¬ 
po de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos. Por la 
distancia en el tiempo y porque en muchos casos, las denuncias las pre¬ 
sentaron los hijos con un conocimiento escaso de los hechos, ha sido hasta 
el momento muy difícil definir las causas de estas desapariciones. 

Se adjunta los pocos datos existentes al día de hoy. En todos los casos, 
seguiremos investigando por la legítima búsqueda de sus familiares y el 
derecho a saber, sobre las circunstancias de la desaparición. 

En la mayoría de ellos, la Comisión para la Paz ha constatado la desapa¬ 
rición de las personas, aún cuando no se conoce el motivo de ésta. 


IDRIS GOAR PÉREZ DA SILVA 

Nació en la ciudad de Treinta y Tres el 6 de julio de 1933. Se casó con Dolly 
Vázquez, con quien tuvo una hija llamada María Noel. En Uruguay traba¬ 
jaba como vendedor de maquinaria para la firma Mavar Ltda. 

El 12 de abril de 1980 se fue a la ciudad de Tandil, en Argentina, con un 
socio a instalar una sucursal. Vivía con la familia de éste, en Pasaje Fournier 
N e 27. 

En junio regresó a la ciudad de Soca a visitar su familia y planear la 
mudanza a Argentina, donde pensaba instalarse en Villa Gessell. En julio 
lo esperaban en Uruguay para su cumpleaños y el traslado definitivo de 
su esposa e hija. No supieron más de él. 

Su socio pudo averiguar que en un hotel de su ruta de ventas, quedó 
una valija con su ropa y una máquina. 

Su hija María Noel, presentó esta denuncia al Grupo de Madres y Fami¬ 
liares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos y a la Comisión para la Paz 
en el año 2000. Aparentemente, las circunstancias de su desaparición no 
serían por motivos políticos. 


330 













VÍCTOR GURSKAS KARLAUSKAITER 

Nació en Montevideo el l e de agosto de 1935, hijo de 
padres lituanos, Adolfo Gurskas y Ana Karlauskaiter. 

Vivieron en el Cerro, ya que su padre era obrero en los 
frigoríficos. Víctor trabajaba en Uruguay como "carpin¬ 
tero de obra" para diferentes empresas. 

A partir de 1963 empezó a trabajar en Argentina 
durante algunos períodos junto a otros compañeros. Era 
conocido como "el gringo" o "el ruso". Desde Argentina enviaba dinero a 
sus padres, y venía a pasar un tiempo cuando finalizaba cada obra. 

Por el año 1971 o 1972, el "Pocholo Núñez", compañero de trabajo, visi¬ 
tó a la madre de Víctor y dijo que su hijo no había podido venir porque le 
habían retirado los documentos en Argentina. A partir de ahí no se supo 
más nada de él. 



CARLOS ENRIQUE OLIVERA FORTUNATO 

La denuncia fue presentada por su sobrina Adriana Olivera ante la Comi¬ 
sión para la Paz, consignando que su tío pertenecía al MLN y que desapa¬ 
reció en Argentina en 1973 o 1974 y que otro tío suyo, Luis Olivera 
Fortunato, se había exiliado en Suecia. 

La Comisión para la Paz pudo determinar que el caso denunciado, no 
registra renovación de documento de identidad desde la fecha en que su 
familia lo dejó de ver. Esta presume que se trata de un desaparecido, aun¬ 
que considera que no existen indicios que vinculen dicha desaparición a la 
represión. 


GUALBERTO OJEDA 

Nació en Montevideo, el 29 de Abril de 1949. Su hermano José Ojeda, poli¬ 
cía retirado, presentó la denuncia de su desaparición en el año 1997 en el 
SERPAJ. 

Declaró que su hermano había vivido desdel968 en Tandil. Que regre¬ 
só al Uruguay en 1971 y que en 1974 volvió a la República Argentina. Que 
estaba siendo buscado en Uruguay, pero que él no le conocía actividad 
política, porque era muy reservado. 


331 





















Con fecha 28 de junio (no indica el año) Gualberto envía esta última 
carta que pasamos a transcribir con el objetivo de que "alguien" pueda 
aportar datos: 

Mi querida gente "para abreviar" después de largo tiempo me comunico con 
mis seres queridos, espero me disculpen. Bueno, pasando a mis quehaceres estoy 
trabajando en el Hospital Italiano de Bs. As., no en limpiezas, y estoy haciendo 
algún laburito de pintura para mí. Bueno, según pienso, dentro de un mes voy a 
estar ahí. Continúa la carta preguntando por la familia y termina diciendo: 
Estoy en Sarmiento 4220, Tito. 

Su hermano aclara que el Hotel estaba ubicado en Sarmiento y Cangallo 
y presenta una foto en la cual Gualberto está tocando la guitarra. 

José Pedro Ojeda, ratificó su denuncia en el año 2001 ante el mismo Orga¬ 
nismo y aclaró que no conoce la fecha de desaparición ni sus circunstancias. 

La Comisión para la Paz ha constatado que esta persona no actualizó 
su Cédula de Identidad ni ha realizado ningún trámite durante todos 
estos años, por lo tanto constata su desaparición pero no los motivos po¬ 
líticos. 

El Grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desapareci¬ 
dos considera que se debe continuar investigando este caso en tanto nada 
permite descartar que se trate de una víctima del Terrorismo de Estado. 

Como antecedente que permite sostener esta tesis, consignamos la ex¬ 
periencia del ciudadano uruguayo W. W. quien en marzo o abril de 1975 
viajó al sur argentino para emplearse en la fábrica de aluminio ALUR. En 
el proceso para quedar efectivo, sus empleadores pidieron informes a Uru¬ 
guay sobre sus antecedentes personales. Al recibir la contestación que es¬ 
taba requerido por las FFCC acusado de pertenecer al MLN, fue detenido 
por la Gendarmería, entregado a la Policía Federal y derivado a la prisión 
de Rawson. 

Mas adelante fue trasladado a la U9 (Unidad 9) de La Plata, sus guar¬ 
dias le dijeron que: “hay militares uruguayos interesados en que seas entregado 
a ellos", pero le aclararon que se quedara tranquilo porque quedaría a dis¬ 
posición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN). 

En 1978 la causa fue sobreseída y expulsado de Argentina. Suecia le 
concedió visa de Refugiado Político. 


332 














CARLOS ALEJANDRO BENÍTEZ SÁNCHEZ 

Nació en Colonia el 15 de setiembre de 1942. Estuvo 
casado en Uruguay en dos oportunidades. 

Del primer matrimonio tuvo una hijo, Alejandro 
Benítez Brum, y del segundo una niña, Fabiana Benítez 
Lluveras, quien presentó la denuncia. 

Declara que su padre trabajaba de telegrafista en 
Uruguay y que en 1973 se radicó en Argentina. Que 
mantuvo contacto con la familia hasta 1974 o 1975 y que por un amigo de 
su padre sabe, que era militante del Partido Comunista. 



HUGO ALBERTO NORTE VILLAR 

Nació en Florida el 20 de agosto de 1948. Hijo de Ramón Norte y Juana 
Villar. Vivió hasta 1971 en Sarandi del Yí (Florida). Se trasladó luego a 
Montevideo y vivió en Jardines del Hipódromo. Estudiaba en la UTU de 
Arroyo Seco y militaba en el PCU. 

Se casó con Carmen Batista, con quien tuvo una hija, a quien llamaron 
Patricia. 

En marzo de 1974 se radicó en Argentina. La esposa informó que el 
Viernes Santo de 1977 la Policía de INTERPOL le comunicó que Hugo 
Norte estaba preso en la Cárcel de Monte Caseros. Esa fue la última noticia 
que tuvo de él. 

El Grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos-Desapare¬ 
cidos, no afirma que sea un desaparecido por razones políticas, sí conside¬ 
ra que hay antecedentes suficientes que ameritan continuar investigando. 


MÁXIMO ERNESTO ARALIJO TEXEIRA 

Transcribimos la escasa información que poseemos sobre esta denuncia. 
Carta dirigida al diputado Víctor Vaillant, el 15 de Junio de 1985. 

"Me llamo María Graciela Araujo Texeira y vivo con mi madre, Isidro Texeira 
Cappi, en Juan Carlos Molina 823 apto. 5, en La Teja. 

Me permito molestar su atención porque tenemos un problema que quizás Ud. 
sea la única persona que pueda ayudarnos a solucionar. 


333 






















Tengo un hermano, Máximo Ernesto Araujo Texeira, uruguayo de 31 años, 
cuyo paradero ignoramos. El se casó aquí, en 1972 con una argentina y se fueron a 
trabajar a Buenos Aires. Después de un tiempo se separó de su esposa y formó 
nueva pareja con otra argentina. 

El 5 de diciembre de 1977 nos escribió su última compañera, diciéndonos que a 
mi hermano lo habían ido buscar al hotel donde vivía porque no tenía los papeles en 
orden, ni la radicación y que, además, le habían preguntado si se había ido del 
Uruguay por razones políticas. 

Después su compañera vino a casa pensando que quizás lo hubieran devuelto al 
Uruguay, cosa que no sucedió. Esta fue la última noticia que tuvimos de ambos. 

Si me decidí a escribirle es porque pienso que ahora quizás Ud. pueda disponer 
alguna averiguación que nos permita saber algo. Sé que sus preocupaciones son 
muchas, pero también confío en su comprensión. 

Lo saluda con el mayor de los respetos y le agradezco mucho su atención." 
(Siguen firmas de hermana y madre) 63 

JUAN SERAFÍN SOSA CARRIZO 

Nació en Conchillas, departamento de Colonia, el 23 
de abril de 1946. Hijo de Luciano Sosa y de Máxima 
Ascensión Carrizo. 

En 1974 emigró a la República Argentina por razo¬ 
nes económicas. Su madre y hermano también lo hicie¬ 
ron. Su hermano Luciano en el año 2001, se presentó 
ante la Secretaría de Derechos Humanos en Buenos 
Aires, planteando que Juan Serafín está desaparecido desde junio de 1978. 

Declaró que: vivía en Lomas de Zamora, trabajaba en la Construcción y 
que era soltero. Que visitaba a su madre por lo menos una vez por semana 
y que en los días anteriores a la finalización del Mundial de Fútbol en 
Argentina la visitó, que esa fue la última vez que lo vieron o supieron de 
él. Aclara además que más allá de que sabía que había votado al Frente 
Amplio, no se le conocía militancia política. 

Para el Grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Des¬ 
aparecidos, es un caso a seguir investigando. 



63. Carta presentada en la Comisión Investigadora sobre situación de Personas Desaparecidas y 
Hechos que la Motivaron. Carpeta N Q 24 de 1985. Cámara de Representantes. 


334 















HECTOR NELSON CANO 


Nació en Aiguá, Maldonado, el 27 de octubre de 1931. Denuncia presenta¬ 
da ante la Comisión para la Paz. 


MARÍA ELENA FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ 

Nacida en Treinta y Tres el 15 de marzo de 1936, hija de Juan Antonio 
Fernández y Nicanora Guillerma Fernández. 

No se sabe cuándo se radicó en Argentina, pero sí se ha podido consta¬ 
tar que el 19 de junio de 1974 solicitó asilo político y que estaba a la espera 
de poder viajar. 

Y que el 9 de octubre de 1975 tuvo un hijo en Argentina a quien llamó 
Nicolás. 


JULIO CÉSAR FERNÁNDEZ LÓPEZ 

Nació en Montevideo el 21 de marzo de 1951. La denuncia fue presentada 
por su hermana Lourdes Fernández ante EAAF en agosto de 2002. 


FERNANDO GARCÍA GÉREZ 

Nació en la ciudad de Durazno el 12 de setiembre de 1952. Hijo de Fernan¬ 
do García y de Juana Gérez. 

Jugador de fútbol en su ciudad natal, era conocido como "Nando". Se 
casó con Beatriz Rosa Méndez, maestra, quien estaba vinculada al MLN y 
se radicaron en Argentina. 

En julio de 1979, su familia recibió un telegrama procedente de Buenos 
Aires, donde Beatriz Méndez les comunica que Fernando falleció el 14 de 
junio del mismo año y que fue enterrado en el Cementerio de la Chacarita. 

En 1986 su hermano realiza un trámite ante el Consulado uruguayo en 
Argentina, solicitando la repatriación de sus restos. La respuesta de la Di¬ 
rección General de Cementerios es que (...) habiéndose practicado una intensa 
búsqueda en los Registros de los Cementerios de la Chacarita, Flores y Recoleta, no 
se ha podido comprobar el ingreso del cadáver de quien en vida fuera Dn. Fernando 
García Gérez... 


335 


















Otros casos denunciados ante la Comisión para 
la Paz con escasa o nula información 


MARÍA ESTELA ORTIZ SILVEIRA 

Ciudadana uruguaya nacida en Paysandú el 12 de enero de 1940. Emigró a 
la Argentina en 1969 y mantuvo comunicación con su familia hasta 1975. 


NERIS APARICIO GUTIÉRREZ VILLALBA 

Nació en Minas el 26 de mayo de 1950. 

En 1971, se fue a trabajar a Argentina y al tiempo escribió a su familia 
que estaba haciéndolo en unos campos de la Provincia de San Luis. 

La Comisión para la Paz ha constatado que la última vez que renovó su 
cédula fue en 1968. 


SALVADOR PLADA RAMOS 

Nació el 11 de diciembre de 1935. Trabajó en la IMM y en la empresa ONDA. 
En enero del 75 viajó a Argentina y no se supo más de él. 


AGUSTÍN COSTA FUENTES 

Nació en La Coruña, España, el 17 de enero de 1921. Ciudadano legal uru¬ 
guayo. 

En Argentina, vivía en un Hotel de Caballito en la calle Río de Janeiro y 
Avellaneda, trabajando en un estacionamiento de autos. Se comunicó con 
su familia por última vez en enero de 1980. Renovó por última vez sus 
documentos uruguayos en 1974. 


336 
















De las siguientes personas no consta en la denuncia, más que el nombre 
del desaparecido 


HÉCTOR DA SILVA CENTI 


JORGE OSVALDO TECHEIRA MOURE 


EUSTAQUIO GARCÍA RIVAS 


JULIO CÉSAR IBARRA 


VENANCIO AROLDO LÓPEZ MARTÍNEZ 


LUCÍA EUFEMIA RAMÍREZ RODRÍGUEZ 


IGNACIO PABLO SUÁREZ FERNÁNDEZ 


JOSé CARLOS TOSI FERNÁNDEZ 



337 
























338 


















Testimonios y otros 
Documentos sobre Uruguayos 
Detenidos Desaparecidos 

en Argentina 


339 














340 


















Represión contra uruguayos en Argentina 


A los efectos de una aproximación a las dimensiones que adquirió la re¬ 
presión dirigida contra uruguayos en la República Argentina, se adjunta 
un listado de nombres, fechas y resumidamente las violaciones sufridas 
por cada uno de ellos. La lista no es completa, muchos son los nombres de 
víctimas que no están registradas, ya sea, por falta de denuncias o por 
desconocimiento. La inmensa mayoría de estos hechos se produjeron con 
la participación activa y sistemática de militares y policías uruguayos y 
con la coordinación de los aparatos de Inteligencia de ambos países. Que¬ 
da claro que aún falta mucho por investigar. 

Los testimonios y documentos seleccionados fueron agrupados según 
los siguientes temas: 

• DETENIDOS en la Brigada de Investigaciones de San Justo y retenidos 
por el Poder Ejecutivo Nacional (PEN) durante muchos años. 

• ASESINATOS 

• SECUESTROS y traslados ilegales a Uruguay 

• TESTIMONIOS de sobrevivientes de los siguientes "pozos": 

• Automotores ORLETTI 

• VESUBIO 

• Brigada de BANFIELD 

• Brigada de QUILMES 

• EL BANCO 


341 















APELLIDO Y NOMBRE 

GOÑI MARTINEZ, Darío Gilberto 

GURSKAS KARLAUSKAITE, Víctor 

GUTIERREZ VILLALBA, Neris Aparicio 

OLIVERA FORTUNATO, Carlos Enrique 

CACCIAVILLANI, Hugo Enrique 
VIANA ACOSTA, Antonio 

DA SILVA CENTI, Héctor 
OJEDA, Gualberto 
CORREA, Andrés 

BARRIOS FERNÁNDEZ, Washington 

JABIF, Guillermo 

ROMERO, Nicacio 

BANFI, Daniel 

LATRÓNICA, Luis 

MORENO, Rivera 

BRUM, Héctor 

CORBO, María de los Angeles 
ESTEFANEL de BRUM, Graciela 
GARCIA HERNÁNDEZ, Amaral 
GARCIA, Floreal 

HERNÁNDEZ de GARCÍA, Mirtha 
ABREU, Julio 

DERGAN JORGE, Natalio Abdala 


F. DESAP. 

EDAD 

G. POL. 

70.08.14 

22 


71o 72 

35 


71.-.- 



73 o 74 



73.08.11 


MLN/ERP 

74.02.24 


MLN 

74.03.16 

28 


74.06.28 

74.08.30 

23 

MLN 

74.09.07 

22 

MLN-ERP 

74.09.12 


26 M 

74.09.12 


26 M 

74.09.13 


26 M 

74.09.13 


26 M 

74.09.13 


26 M 

74.11.08 


MLN 

74.11.08 


MLN 

74.11.08 


MLN 

74.11.08 

4 años 


74.11.08 


MLN 

74.11.08 


MLN 

74.11.08 



74.11.28 

52 

MLN-MIR 


CENTRO 

F.TR 

CLANDESTINO 


Detenido en 

73 c 

Paraguay 



COORDINACIÓN 74.1 

FEDERAL 


Cría. Córdoba y 

U. 9 La Plata 

75.0 

posibl. Coord. 

Federal 

74.1 

posibl. Coord. 

Federal 

74.1 

posibl. Coord. 

Federal 

74.1 

posibl. Coord. 

Federal 

74.1 

posibl. Coord. 

Federal 

74.1 

Bgda. San Justo 
y"300 R" 

74.1 

Bgda. San Justo 
y"300 R" 

74.1 

Bgda. San Justo 
y"300 R" 

74.1 

Adop. por 
miembro de la SIDE 

85.C 

Bgda. San Justo 
y"300 R" 

74.1 

Bgda. San Justo 
y"300 R" 

74.1 

Bgda. San Justo 
y"300 R" 

74.1 

Se presume 

Bgda. SAN JUSTO 



342 















F. TRASL 
JO 

INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA 

73 o 74 

DESAPARECIDO Fue visto en la cárcel de Devoto, (Cap. Fed) años después. 

ÓN 74.12.- 

DESAPARECIDO ¿por razones poilíticas? Denuncia presentada ante Comisión para 
la Paz 

DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denuncia presentada ante Comisión para 
la Paz 

DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denuncia presentada en Comisión para la 
Paz. 

ASESINADO en Catamarca. 

Trasladado ilegalmente a Uruguay y mantenido como desaparecido. Recién en 
diciembre fue procesado y legalizado 

DESAPARECIDO. Denuncia presentada ante CONADEP 

¿DESAPARECIDO? Denuncia presentada ante SERPAJ- Uruguay 

"La Razón" (6.09.74), publicó la noticia de su detención. Años después LIBERADO, 

no realizó testimonio. 

y 75.02.20 

DESAPARECIDO. Secuestrado en Córdoba, fue visto por última vez en CCD en 

La Plata. Requerido por Uruguay. 

74.10.29 

ASESINADO, su cuerpo apareció en vía pública en la localidad de San Nicolás. 
CÓNDOR 

74.10.14 

LIBERADO, viajó a Suecia por ACNUR. No realizó testimonio ante organismos de 
DDHH 

74.10.29 

ASESINADO, su cuerpo apareció en la vía pública en la localidad de San Nicolás. 
CÓNDOR 

74.10.29 

ASESINADO, su cuerpo apareció en vía pública en la localidad de San Nicolás. 
CÓNDOR 

74.10.14 

LIBERADO, viajó a Suecia por ACNUR. No realizó testimonio en Organismos de 
DDHH 

> 74.12.20 

Trasladado ilegalmente, interrogado y torturado en local del SID de Punta Gorda. 
Ejecutado en Soca, CÓNDOR 

> 74.12.20 

Trasladada ilegalmente, interrogada y torturada en local del SID de Punta Gorda. 
Ejecutada en Soca-CÓNDOR 

> 74.12.20 

Trasladada ilegalmente e interrogada y torturada en local del SID de Punta Gorda. 
Ejecutada en Soca, CÓNDOR 

85.07- 

SIDE 

> 74.12.20 

Privado de sus padres, identidad e historia. Recuperado con 15 años. 

Trasladado ilegalmente, interrogado y torturado en local del SID de Punta Gorda. 
Ejecutado en Soca, CÓNDOR 

> 74.12.20 

Trasladada ilegalmente, interrogada y torturada en local del SID de Punta Gorda. 
Ejecutada en Soca, CONDOOR 

> 74.12.24 

Secuestrado con Floreal García. LIBERADO en Solymar. No existe testimonio de él - 
CÓNDOR 

;to 

DESAPARECIDO. Requerido por Uruguay. Operación CÓNDOR 


343 

















APELLIDO Y NOMBRE F. DESAP. 

FELDMAN, Raúl 74.12.25 

ORTIZ SILVEIRA, María Estela 75.-.- 

PLADA RAMOS, Salvador 75.-.- 

BARBOZAIRRAZABAL, José Luis 75.03.17 

MENDEZ, Margarita 75.03.24 

CALIGARI, Nidia 75.03.30 

GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, Eduardo 75.03.31 

LOCKAHART SANTELLAN, Martha 75.03.31 

RODRÍGUEZ MOLINARI, Julio César 75.03.31 

ARTIGAS DIYORIO, Circe Bernardette 75.04.- 

BEREAU SANCHEZ, Ana María 75.04.- 

CARDOZO RODRÍGUEZ, Martha Irene 75.04- 

CARPANESSI NADAL, Roque Mario 75.04.- 

CARVALLO VESPACIANO, Carmen 75.04.- 

CULTELLI, Andrés 75.04.- 

DATENA ARIAS, Luis Miguel 75.04.- 

DE FILIPPE MADRIAGA, Leda Cecilia 75.04.- 

DUCASSCO de LEGUIZAMO, Clarive 75.04.- 

FAVIER RATTIN de CARPANESSI 75.04.- 

GONNET de QUIROGA, Sonia 75.04.- 

LOMBARDI MONTERO, Marina Rosa 75.04.- 

LOPEZ, César Dante 75.04.- 

LUCERO MARINELLO, Ménica 75.04.- 

OLIVERA COLZANI, María Cristina 75.04.- 


EDAD G. POL. CENTRO F.TR 

CLANDESTINO 

U.J.C. 


PCU 



MLN 



MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 



MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 



75.1 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

MLN 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 


344 














F. TRASL INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA 

ASESINADO a balazos en el local del Movimiento Argentino de Solidaridad con 
Am. Latina 

DESAPARECIDA ¿por razones políticas? Denuncia presentada ante Comisión para 
la Paz 

¿DESAPARECIDO? Denuncia presentada ante Comisión para la Paz. 

DESAPARECIDO. Secuestrado en la vía pública, varios vecinos fueron testigos. 
ASESINADO por policía Argentina 

75.04.23 Interrogada por FFCC Uruguayas en Argentina y retenida por PEN. Trasladada ilegalmente 
a Uruguay el 27.11.77 
ASESINADO por policía Argentina 

75.04.23 Interrogada por Oficial del Ejército uruguayo en la Brigada de San Justo, (Arg). 

CÓNDOR 

75.12.23 ASESINADO por policía Argentina 

75.04.23 Torturada e interrogada por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesada. 
CÓNDOR 

75.04.23 Torturada e interrogada por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesado. 
CÓNDOR 

75.04.23 Torturada e interrogada por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesada. 
CÓNDOR 

75.04.24 Torturado e interrogado por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesado. 
CÓNDOR 

75.04.23 Torturada e interrogada por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesada. 
CÓNDOR 

75.04.24 Torturado e interrogado por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesado. 
CÓNDOR 

75.04.24 Torturado e interrogado por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesado. 
CÓNDOR 

75.04.23 Torturada e interrogada por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesada. 
CÓNDOR 

75.04.23 Torturada e interrogada por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesada. 
CÓNDOR 

75.04.23 Torturada e interrogada por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesada. 
CÓNDOR 

75.04.23 Torturada e interrogada por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesada. 
CÓNDOR 

75.04.23 Torturada e interrogada por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesada. 
CÓNDOR 

75.04.24 Torturado e interrogado por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesado. 
CÓNDOR 

75.04.23 Torturada e interrogada por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesada. 
CÓNDOR 

75.04.23 Torturada e interrogada por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesada. 
CÓNDOR 


345 

















APELLIDO Y NOMBRE 

PAROLA, María Emilia 

QUIROGA, Iris 

WALLUSCHI, Walter 

CAMPBELL MARTINEZ, Adolfo Ricardo 

GONZÁLEZ PETRAGLIA, Fernando 

CARLEVARO, Emilia 

CORES, Hugo Andrés 

CAMUIRANO, Mario 

QUIROGA de CAMUIRANO, Marta 

DEL FABRO DE BERNARDIS, Eduardo 

CASTRO PINTOS, Roberto Waldemar 
DE NEGRI, Mario 

MICHEFF JARA, Juan Micho 
NOGUEIRA Alejandro y esposa 

GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, Eduardo 
DARTAYATE NUÑEZ, Juan Carlos 

MAZZUCHIFRANCHETS, Winston César 
MELO CUESTAS, Nebio Ariel 
ARRUA AGUIRRE, Néstor 

HERNANDEZ SILVA, Nelson 

SERRA, Marisa 
CABRERA PRATES,Ary 

TRINIDAD ESPINOSA, Liver Eduardo 

CHIZZOLA CANO, Eduardo Efraín 

JUAREZ, Telma 


F. DESAP. 

EDAD 

G. POL. 

75.04- 


MLN 

75.04.- 


MLN 

75.04.- 


MLN 

75.04.01 


MLN 

75.04.01 


MLN 

75.04.02 


MLN 

75.04.14 


PVP 

75.08.13 

75.08.13 

75.08.27 

25 

MLN/ERP 

75.12- 

23 

FIdeL 

75.12.01 


MLN 

75.12.02 

75.12.10 

30 

M. 26 Mar 

75.12.23 

76.-.- 


ERP 

76.02.08 

32 

PCR 

76.02.08 

76.02.17 

32 

PCR 

76.02.23 

33 

MONTO 

76.03.30 

76.04.05 

44 

PVP 

76.04.13 

29 

PCU 

76.04.17 

25 

PVP 

76.04.17 


PVP 


CENTRO 

CLANDESTINO 

F.TR 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

CCD de Gendarm. 
y Pol. Fed. 

75.C 

Brigada San Justo 
yPEN 

75.0 

Brigada San Justo 
yPEN 

75.0 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.0 

Bgda. San Justo 
yPEN 

75.1 


75.0 

Coordinación Pol. 

Fed. y "300 R " 

EL VESUBIO 

76.C 

posible ATLÉTICO 
y"300 R" 

76.C 


Detenido en 
Concordia-Bn. Inf. 7 

Cría I a , U 9 y U 2, añc 

Sierra Chica 

EL VESUBIO 76.C 

Posiblemente 

OT 18 

Bgda. San Justo- 
VESUBIO 

Posiblemente 76.0 

OT 18 


346 















F. TRASL INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA 

75.04.23 Torturada e interrogada por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesada. 
CÓNDOR 

75.04.23 Torturada e interrogada por oficiales de FFCC uruguayas en Argentina. Procesada. 
CÓNDOR 

75.05.- Detenido por antecedentes en Uruguay. Procesado en Argentina 

75.04.24 Interrogado por el oficial del Ejército uruguayo, Tabaré Camacho entre otros y 
procesado. CÓNDOR 

75.04.24 Interrogado por dos oficiales del Ejército Uruguayo en Argentina y procesado. 
CÓNDOR 

75.04.23 Interrogada por Oficial del Ejército uruguayo en la Brigada de San Justo. CÓNDOR 

75.12.- LIBERADO, en la detención actuaron FFCC uruguayas con apoyo de Policía 
Argentina 

ASESINADO, por policía Argentina 
ASESINADA, por policía argentina 

75.09.10 Estuvo como DESAPARECIDO hasta 2001. Caso aclarado parcialmente por Comisión 
para la Paz 

DESAPARECIDO, no se conocen las circunsatancias de su detención 
76.05.- Detenido por Policía Federal, después de interrogatorios trasladado ilegalmente a 
Uruguay por el SID, CÓNDOR 

DESAPARECIDO Fue visto en el CCD, en muy mal estado debido a las torturas 
76.06.- Trasladados ilegalmente al local del SID en Punta Gorda. El apartamento de ellos fue 
utilizado por la SIDE y el SID 
ASESINADO en Monte Chingólo 

DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denuncia presentada ante Comisión para 
la Paz 

DESAPARECIDO. Habría indicios de su traslado clandestino a Uruguay, CÓNDOR 
DESAPARECIDO. Habría indicios de su traslado clandestino a Uruguay, CÓNDOR 
Trasladado clandestinamente a Uruguay, al Batallón Infantería 7 de Salto 

año 77 Preso, TRASLADO ilegal al Uruguay. Esposo de Lourdes Hobbas y padre de 
Fernando y Beatriz, todos Desap. 

76.05.- No se está seguro de su identidad, fue vista por argentinas liberadas en el CCD 
DESAPARECIDO. Operación CÓNDOR 

DESAPARECIDO. Fue secuestrado por su amistad con un militante del ERP 

76.04.26 Estuvo como DESAPARECIDO hasta 2002. Caso aclarado parcialmente por Comisión 
para la Paz. CÓNDOR 

ASESINADA, había sido detenida con Chizola, su cuerpo apareció acribillado días 
después. CÓNDOR 
















APELLIDO Y NOMBRE 

F. DESAP. 

RAINA GONZÁLEZ, Carlos Alberto 
GOMENSORO JOSMAN, Hugo Ernesto 

76.04.23 

76.04.30 

VALLARINO de GOMENSORO, M a del Rosario 

76.04.30 

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Nelson Wilfredo 
BARREDO de SCHROEDER, Rosario 

76.05.06 

76.05.13 

WHITHELAW BLANCO, William 

76.05.13 

GUTIÉRREZ RUIZ, Héctor 

76.05.18 

MICHELINI, Zelmar 

LIBEROFF PEISAJOVICH, Manuel 

AZAROLA, Juan Ignacio 

76.05.18 

76.05.19 

76.05.20 

CAITANO MALGOR, José Enrique 

76.06.05 

GONZÁLEZ, Andrés y su esposa Celina 
FALERO, Brenda y esposo (MUÑOZ, José Luis) 

76.06.06 

76.06.09 

GATTIANTUÑA, Gerardo Francisco 

76.06.09 

MUNIZ, Luis y Hugo 

76.06.09 

ÑORES MONTEDÓNICO, M a del Pilar 

76.06.09 

PÉREZ ROSSINI, Washington 

76.06.13 

STROMAN CURBELO, Adolfo Isabelino 
GONZÁLEZ CARDOZO, Jorge y esposa 

76.06.14 

76.06.15 

MARTÍNEZ ADDIEGO, María del Carmen 

76.06.15 

MÉNDEZ DONADÍO, José Hugo 

76.06.15 

RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, Julio César 

76.06.15 

BIDEGARAY QUINTANA, Silvia Cristina 
CANDIA CORREA, Francisco Edgardo 

76.06.17 

76.06.17 

RODRÍGUEZ LARRETA MARTÍNEZ, Enrique 

76.06.30 


EDAD 

G. POL. 

CENTRO 

CLANDESTINO 

F.TR 

28 

PVP 

Posiblemente 

OT 18 

Posiblemente 

OT 18 

76.C 

29 

MLN 

Pozo de BERNAL 
y OT 18 

76.0 


MLN 

Pozo de BERNAL 
y OT 18 

76.0 


Par. Nac. 

OT 18 (Operac. 

Tácticas) 

76.0 


F.A. 

OT 18 

76.0 

54 

PCU 

OT 18 

76.C 



OT 18 

76.C 

23 


Posiblemente 

OT 18 

BANFIELD 

76.0 



Posible OT 18 

76.0 

44 

PVP 

Coordin. Federal 

76.C 



y Orletti 
posible O.T. 18 o 

BERNAL 

76.0 


PVP 

Coor. Fed. y 

Orletti 

76.1 


ROE 

Automotores 

Orletti 

76.0 

22 

MLN 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 


GAU 

Automotores 

Orletti 

76.0 

31 

GAU 

Automotores 

Orletti 

76.0 

20 

PVP 

Automotores 

Orletti 

76.0 

23 




40 

PCU 

Automotores 

Orletti 

76.0 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 


348 














10 


INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA 


AL 

AL 


al 

o 


F. TRASL 

DESAPARECIDO no se conocen las circunstancias de la detención 

Estuvo como DESAPARECIDO hasta 2002. Caso aclarado parcialmente por Comisión 

para la Paz. CÓNDOR 

76.05.-- LIBERADA. Testigo de la desaparición de Hugo Gomensoro y de presencia de militares uruguayos. 
CÓNDOR 

DESAPARECIDO. No se conocen circunstancias de su detención 
76.05.20 ASESINADA junto a su pareja y Zelmar Michellini y Héctor Gutiérrez Ruiz. CÓNDOR 

76.05.20 ASESINADO junto a su pareja y Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz. CÓNDOR 

76.05.20 ASESINADO por elementos del Ejército Uruguayo. CÓNDOR 

76.05.20 ASESINADO por elementos del Ejército Uruguayo. CÓNDOR 
76.05.- DESAPARECIDO. Fue visto en el CCD por Juan I. Azaróla. Operación CÓNDOR 
76.05.- Testigo de la presencia de Manuel Liberofí en el CCD. Presencia de militares 
uruguayos. CÓNDOR 

DESAPARECIDO. No se conocen las circunstancias de la detención 

76.06.13 LIBERADOS. No hicieron testimonio, se conoce la detención por Adriana Sotelo 
76.06.13 LIBERADOS. Interrogados por FFCC uruguayas en Argentina. CÓNDOR 

76.07.- DESAPARECIDO. Visto por última vez en julio. Destrozado por torutura. CÓNDOR 

76.06.13 LIBERADOS. Interrogados por oficiales uruguayos en el Centro Clandestino de 
Detención. CÓNDOR 

76.12.22 Testigo de Gerardo Gatti en Orletti, trasladada en vuelo comercial por el 20.07.76 
LIBERADA. CÓNDOR 

76.07.17 Fue llevado 5 veces a Orletti por negociación. Testigo de Gerardo Gatti y León 
Duarte. LIBERADO. CÓNDOR 
DESAPARECIDO 

76.12.- Posteriormente Jorge González fue remitido al EMR 1 y ella puesta en libertad en 
diciembre. CÓNDOR 

76.06.21 LIBERADA. Testigo de: J. Hugo Méndez, Edgardo Candia, Julio Rodríguez y 
Gerardo Gatti. CONDOR 

76.06.21 Estuvo como DESAPARECIDO hasta 2001. Caso aclarado parcialmente por Comisión 
para la Paz. CÓNDOR 

76.06.21 DESAPARECIDO Trasladado de Orletti en dicha fecha, a lugar desconocido. 

CÓNDOR 

La COPAZ ha verificado que fue puesta en libertad, nunca presentó testimonio 
76.06.21 Estuvo como DESAPARECIDO hasta 2001. Caso aclarado parcialmente por Comisión 
para la Paz. CÓNDOR 

76.12.- Testigo de Gerardo Gatti en Orletti y de la presencia de oficiales uruguayos en el 
lugar. CÓNDOR 


349 

















APELLIDO Y NOMBRE 

F. DESAP. 

EDAD 

G. POL. 

CENTRO 

CLANDESTINO 

F.TR 

GRASSIMIERS, Héctor Eduardo 

76.07- 

31 




AROCENA DA SILVA, Marcos Basilio 

76.07.09 

36 




GAYOSO JAUREGUI, Cecilia Irene 

76.07.09 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

SOLIÑO, Ménica 

76.07.09 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

ALTUNA, Raúl 

76.07.13 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

ANZALONE 

76.07.13 

2 años 


Lo ubicaron en 

76.C 

(hijo de R. Vázquez - P. Anzalone) 




Casa Cuna 


ANZALONE, Laura 

76.07.13 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

CUADROS HERRERA, Ana Inés 

76.07.13 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

DEAN, Eduardo. 

76.07.13 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

DÍAZ BERDAYES, José Félix 

76.07.13 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

DUARTE LUJÁN, León Gualberto 

76.07.13 

48 

PVP 

Automotores 

Orletti 

76.0 

LÓPEZ BURGOS, Sergio 

76.07.13 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

MACEIRO, Asiló 

76.07.13 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

MÉNDEZ, Sara 

76.07.13 


PVP 

Orletti, "300 R" 

76.1 

(secuestrada con su hijo Simón) 




y SID 


MICHELINI de ALTUNA, Margarita 

76.07.13 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

RAMA MOLLA, Elba 

76.07.13 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

RIQUELO, Simón 

76.07.13 

20 días 


Apropiado por 

02.0 

(hijo de S. Méndez y M. Gatti) 




oficial Pol. Fed. 


CADENAS RAVELA, Alicia Raquel 

76.07.14 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.0 

NOGUEIRA de RODRÍGUEZ L., Raquel 

76.07.14 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

RODRÍGUEZ LARRETA PIERA, Enrique 

76.07.14 



Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

SALVO de ESPIGA, Ana María 

76.07.14 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

SOTO LOUREIRO, Ariel 

76.07.14 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 


350 















F. TRASL 
JO 

INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA 

' 76.12.— 

La COPAZ ha verificado que fue puesto en libertad, nunca presentó testimonio 

DESAPARECIDO Militaba seguramente en organización argentina. Vivía allí desde 
los 5 años de edad. 

Testigo de Gerardo Gatti en Orletti y de la presencia de oficiales uruguayos en el 
lugar. CÓNDOR 

76.12.— 

Detenida el mismo día que Cecilia Gayoso, ve a Gerardo Gatti en Orletti. 

CÓNDOR 

' 76.12.— 

Testigo de militares uruguayos en Orletti, trasladado ilegalmente a Uruguay 

CÓNDOR 

76.08.- 

Estaba al cuidado de su tía Laura Anzalone cuando ésta fue secuestrada. Denunciado 
como Elias Alvarez. Recup. 

76.12.22 

Secuestrada con su sobrino. Trasladada clandestinamente a Uruguay. LIBERADA. 

No hizo testimonio. CÓNDOR 

76.12.— 

Testigo de León Duarte en Orletti, trasladada clandestinamente al Uruguay. 

CÓNDOR 

' 76.12.— 

Detenido en Orletti, identifica a militares uruguayos. CÓNDOR 

' 76.12.22 

Nunca presentó testimonio a Organismos de DDHH. Operación CÓNDOR 

76.07.17 

DESAPARECIDO Visto por última vez destrozado por la tortura. Operación 

CÓNDOR 

' 76.12.— 

Testigo de la detención de León Duarte y su posterior traslado a Orletti. CÓNDOR 

76.12.— 

Detenida con Sara Méndez, testigo de la desaparicón de Simón Riquelo. 

CÓNDOR 

' 76.12.— 

Secuestrada en su apartamento con su hijo de 20 días. Trasladada al Uruguay sin él. 

CÓNDOR 

' 76.12.— 

Vio a León Duarte y Gerardo Gatti. Interrogada por miembros del SID y OCOA 

CÓNDOR 

' 76.12.— 

Testigo de Duarte y Gatti en Orletti, y de militares de las FFCC uruguayas. 

CÓNDOR 

02.03.19 

Privado de sus padres, identidad e historia. Recuperó su identidad con 27 años. 

" 76.07.24 

Trasladada clandestinamente en avión. Continuó desaparecida hasta el 22.12.76 

CÓNDOR 

' 76.12.— 

Detenida junto a su suegro, su esposo ya había desaparecido el 30 de junio. CÓNDOR 

' 76.12.22 

Testigo clave de presencia de Oficiales del Ejército Uruguayo en Argentina. 

CÓNDOR 

' 76.12.— 

Por haber estado detenida anteriormente en Uruguay, reconoce a varios de sus 
captores. CÓNDOR 

' 76.12.- 

Testigo de la presencia de León Duarte y de militares uruguayos en Argentina. 

CÓNDOR 


351 

















APELLIDO Y NOMBRE 

F. DESAP. 

ZHAN, Edelweis 

76.07.14 

LUBIAN, Víctor 

76.07.15 

PETRIDES de LUBIAN, Marta 

76.07.15 

ZINA FIGUEREDO, Gastón 

76.07.15 

CAMACHO OSORIA, Luis Alberto 

76.08.15 

GARCÍA de GELMAN, María Claudia 

76.08.24 

CRUZ BONFIGLIO, Mario Jorge 

76.08.26 

BENTANCOUR GARIN, Walner Ademar 

76.09.03 

FERNÁNDEZ AMARILLO, Juan Guillermo 
KEIM LLEDÓ de MORALES, Josefina M. 

76.09.16 

76.09.23 

MORALES von PIEVERLING, Juan Miguel 

76.09.23 

CASTELLONESE de MECHOSO, Beatriz e hijos 

76.09.26 

ERRANDONEA SALVIA, Juan Pablo 

76.09.26 

GRISONAS de JULIEN, Victoria Lucía 

76.09.26 

JULIEN CÁCERES, Mario Roger 

JULIEN GRISONAS, Anatole 

76.09.26 

76.09.26 

JULIEN GRISONAS, Victoria 

76.09.26 

LAGUNA de SOBA, Elena y sus tres hijos 

76.09.26 

MECHOSO MÉNDEZ, Alberto Cecilio 

76.09.26 

SOBA FERNÁNDEZ, Adalberto Waldemar 

76.09.26 

TEJERA LLOVET, Raúl Néstor 

76.09.26 

ISLAS GATTI de ZAFFARONI, María Emilia 

76.09.27 


EDAD 

G. POL. 

CENTRO 

CLANDESTINO 

F.TR 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 


PVP 

Orletti, "300 R" 
y SID 

76.1 

23 

MLN 


76.0 

19 


Orletti y local 
del SID 

76.1 

21 

PVP 

se presume 

Orletti, no hay 

76.1 



test. 


24 

PVP 

se presume 

Orletti, 




no hay test. 


27 

MONTO 



35 

PVP 

Automotores 

Orletti 

76.1 

29 

PVP 

Automotores 

Orletti 

76.1 



Departamento de la 

SIDE y CCD en U 

76.1 

20 

PVP 

Automotores 

Orletti 

78.1 

31 

PVP 

Automotores 

Orletti 

76.1 

33 

PVP 



3 años 


Automotores 

Orletti y SID 

79.1 

1 año 


Automotores 

79.1 



Orletti y SID 

Orletti y CCD 
en Uruguay 

76.1 

40 

PVP 

Automotores 

Orletti 

76.1 

32 

PVP 

Automotores 

Orletti 

76.1 

29 

PVP 

Automotores 

Orletti 

76.1 

23 

PVP 

Automotores 

Orletti 

76.1 


352 















F. TRASL 

JO 

INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA 

I u 

76.12.22 

Detenida en Orletti, y trasladada clandestinamente a Uruguay. CÓNDOR 

' 76.12.- 

Testigos de la presencia de militares uruguayos en Orletti y de argentinos en 

Uruguay. CÓNDOR 

' 76.12.— 

Testigo de militares uruguayos en Orletti. Trasladada clandestinamente a 

Uruguay. CÓNDOR 

' 76.12.— 

Testigo de la presencia de militares uruguayos en Orletti y de argentinos en 

Uruguay. CÓNDOR 

76.08.15 

Estuvo como DESAPARECIDO hasta 2002. Caso aclarado parcialmente por Comisión 
para la Paz. CÓNDOR 

76.12.- 

DESAPARECIDA en Uruguay. Trasladada ilegalmente con embarazo de 6 meses 
aproximadamente 

76.10.05 

DESAPARECIDO Existen indicios que fue trasladado a Uruguay- CÓNDOR 

DESAPARECIDO Secuestrado en su domicilio. Operación CÓNDOR 

76.10.05 

DESAPARECIDO Secuestrado en su domicilio. 

DESAPARECIDA Existen indicios que fue trasladada a Uruguay- CÓNDOR 

76.10.05 

DESAPARECIDO Existen indicios que fue trasladado a Uruguay- CÓNDOR 

de la 76.10.05 

lU 

78.10.05 

LIBERADOS en Uruguay. Trasladados por José N. Gavazzo en vuelo 
comercial. CÓNDOR 

DESAPARECIDO Existen indicios que fue trasladado a Uruguay- CÓNDOR 

76.10.05 

DESAPARECIDA Secuestrada con sus dos hijos de 4 y 1 años. Operación CÓNDOR 

79.12- 

DESAPARECIDO Habría sido baleado en el momento de su detención. CÓNDOR 

Fue abandonado por miembros del SID en una plaza de Valparaíso en diciembre. CÓNDOR 

79.12.— 

Fue abandonada por miembros del SID en una plaza de Valparaíso en diciembre. CÓNDOR 

76.10.05 

LIBERADOS en Uruguay. Trasladados por José Arab en vuelo comercial. CÓNDOR 

76.10.05 

DESAPARECIDO Existen indicios que fue trasladado a Uruguay. CÓNDOR 

76.10.05 

DESAPARECIDO Existen indicios que fue trasladado a Uruguay. CÓNDOR 

76.10.05 

DESAPARECIDO Existen indicios que fue trasladado a Uruguay. CÓNDOR 

76.10.05 

DESAPARECIDA Secuestrada con su hija de 1 año, podría estar embarazada. CÓNDOR 


353 
















APELLIDO Y NOMBRE 

ZAFFARONI CASTILLA, Jorge Roberto 
ZAFFARONI ISLAS, Mariana 
CRAM GONZÁLEZ, Washington 


BONAVITA ESPÍNOLA, Carlos 
BARBOZA SÁNCHEZ, Beatriz y esposo 

PRIETO GONZÁLEZ, Rubén 

ARNONE HERNÁNDEZ, Armando Bernardo 

CARRETERO CÁRDENAS, C. M. del Rosario 

CHEGENIAN RODRÍGUEZ, Segundo 


LEZAMA GONZÁLEZ, Rafael Laudelino 

MORENO MALUGANI, Miguel Angel 

RODRÍGUEZ MERCADER, Carlos Alfredo 

ÑORES MONTEDÓNICO, Alvaro 

RECAGNOIBARBURU, Juan Pablo 

QUEIRO UZAL, Washington Domingo 

PELUA, Martín 
PEREIRA, Rene 
PELUA, José 

RODRÍGUEZ LIBERTO, Félix Antonio 
LEGUISAMON, Jacinto 

CASTAGNO LUZARDO, Aníbal Ramón 

SCOPICE RIJO, Norma Mary 


F. DESAP. 

EDAD 

G. POL. 

76.09.27 

23 

PVP 

76.09.27 

18 meses 


76.09.28 

27 

PVP 

76.09.28 

22 

PVP 

76.09.29 

43 

FIdeL 

76.09.30 


PVP 

76.09.30 

24 

PVP 

76.10.01 

24 

PVP 

76.10.01 

24 

PVP 

76.10.01 

24 

PVP 

76.10.01 

24 

PVP 

76.10.01 

25 

PVP 

76.10.01 

28 

PVP 

76.10.01 

25 

PVP 

76.10.02 


PVP 

76.10.02 

25 

PVP 

76.10.04 

26 

PVP 

76.10.07 

76.10.07 


MLN 

76.10.07. 


MLN 

76.10.14 

76.10.17 

22 

PCArg. 

76.11.11 

24 

PCML 

76.11.23 

24 

v. MONTO 


CENTRO 

CLANDESTINO 

F.TR 

Automotores 

Orletti 

76.1 

Apropiada por 
miembro de la SIDE 

92.C 

Automotores 

Orletti 

76.1 

Automotores 

Orletti 

76.1 

Se presume ESMA 

Orletti, 

300 Carlos y EMR 

76.1 

Automotores 

Orletti 

76.1 

Automotores 

Orletti 

76.1 

Automotores 

Orletti 

76.1 

Automotores 

Orletti 

76.1 

Automotores 

Orletti 

76.1 

Automotores 

Orletti 

76.1 

Automotores 

Orletti 

76.1 

Automotores 

Orletti 

76.1 

Orletti y local 

SID 

76.1 

Automotores 

Orletti 

76.1 

Automotores 

Orletti 

76.1 


Det. en La PLATA- 
E1 VESUBIO 

Hosp. M. de 77.C 

CAMPO DE MAYO 


TRÍAS HERNÁNDEZ de CRAM, Cecilia Susana 


DA SILVEIRA de CHEGENIAN, Graciela Teresa 


354 














F. TRASL INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA 

76.10.05 DESAPARECIDO. Existen indicios de que fue trasladado al Uruguay. CÓNDOR 

92.05.- Privada de sus padres, identidad e historia. Recuperó su identidad con 19 años. CÓNDOR 

76.10.05 DESAPARECIDO. Existen indicios que fue trasladado a Uruguay. CÓNDOR 

76.10.05 DESAPARECIDA. Existen indicios de que fue trasladada a Uruguay. CÓNDOR 

DESAPARECIDO. Secuestrado en el estudio de un abogado argentino 
76.11.— Beatriz Barboza en Orletti estuvo con Emilia Islas y los niños Julien y Mariana. CÓNDOR 

76.10.05 DESAPARECIDO. Existen indicios que fue trasladado a Uruguay. CÓNDOR 

76.10.05 DESAPARECIDO. Existen indicios que fue trasladado a Uruguay. CÓNDOR 

76.10.05 DESAPARECIDA. Existen indicios que fue trasladada a Uruguay. CÓNDOR 

76.10.05 DESAPARECIDO. Existen indicios que fue trasladado a Uruguay. CÓNDOR 

76.10.05 DESAPARECIDA. Existen indicios que fue trasladada a Uruguay. CÓNDOR 

76.10.05 DESAPARECIDO. Existen indicios que fue trasladado a Uruguay. CÓNDOR 

76.10.05 DESAPARECIDO. Existen indicios que fue trasladado a Uruguay. CÓNDOR 

76.10.05 DESAPARECIDO. Existen indicios que fue trasladado a Uruguay. CÓNDOR 

76.12.22 Detenido con Juan P. Recagno, trasladado en vuelo comercial el 7.10.76 al Uruguay. 
LIBERADO. CÓNDOR 

76.10.05 DESAPARECIDO. Existen indicios que fue trasladado a Uruguay. CÓNDOR 

76.10.05 DESAPARECIDO. Existen indicios que fue trasladado a Uruguay. CÓNDOR 

Asesinado, enterrado como NN se carece de mayor información 
Asesinada, enterrada como NN se carece de mayor información 
Asesinado, enterrado como NN se carece de mayor información 
DESAPARECIDO. Detenido en su domicilio 

¿DESAPARECIDO? La CONADEP lo registra como tal. Trabajaba en CITOPLAST. Ninguna 
denuncia se ha recibido sobre su desaparición en Uruguay 
DESAPARECIDO. Vinculado a grupo político argentino 

77.03.- DESAPARECIDA. Su compañero era dirigente Montonero. Norma se tiró del 4 a piso. 

















APELLIDO Y NOMBRE 

F. DESAP. 

EDAD 

G. POL. 

CENTRO 

CLANDESTINO 

F.TR 

FERNÁNDEZ (de CALLABA), Griselda 

76.11.25 



CAMPO DE MAYO 

77.0 

HERNÁNDEZ MACHADO, Carlos Julián 

76.12.31 

35 

MLN-ERP 


76.1 

ELURUGUAYO 

77.-.- 



visto en el 

VESUBIO 


NORTE VILLAR, Hugo Alberto 

77.-.- 





PÍRIZ, Carlos Julio 

77.-.- 





ÁLVEZ HEREDIA, Celmar 

77.01.18 

25 


Comisaría N 39 
de P. F. 

77.0 

CAMEJO, Felipe 

77.01.18 



Comisaría N 39 
de P. F. 

77.0 

O'NEIL VELÁZQUEZ, Heber Eduardo 

77.01.18 

22 

MONTO 

Cría. N 39 de P. F. 
y EL VESUBIO 

77.C 

HOBBAS BELLUSCHI de HERNÁNDEZ, Lourdes 77.02.05 

32 

MONTO 



CALLABA PÍRIZ, José Pedro 

77.02.18 

24 

MLN/PRT 

Posible ESMA 


GÁNDARA de VELÁZQUEZ, Elba Lucía 

77.02.18 

33 

MONTO 

ELBANCOy 

VESUBIO 

77.0 

VELÁZQUEZ ROSANO, Juan Enrique 

77.02.18 



EL VESUBIO 


Hija/o de M. Emilia Islas y de Jorge Zaffaroni 

77.03.- 

Nac/Caut 


no se sabe si llegó 






a nacer 


TEJERA LLOVET, M a Isabel y esposo 

77.03.- 



posiblemente 

CLUB ATLETICO 

77.C 

IBARBIA CORASSI de INSAUSTI, M. Angélica 

77.03.18 

47 

FIdeL 


77.0 

INSAUSTITIRONI, Juan Carlos 

77.03.18 

58 

FIdeL 


77.0 

INZAURRALDE MELGAR, Gustavo Edison 

77.03.28 

34 

PVP 

Com. (Parag.) 

ATLETICO (Arg.) 

77.0 

SANTANA SCOTTO, Nelson 

77.03.28 

38 

PVP 

Com. (Parag.) 

ATLETICO (Arg.) 

77.0 

GONQALVEZ BUSCONI, Jorge Felisberto 

77.04.14 

36 

PVP 



BELLIZIBELLIZI, Andrés Humberto 

77.04.19 

24 

PVP 



SOSA VALDEZ, Luján Alcides 

77.04.23 

19 


Operaciones 

Tácticas 18 


GARCÍA CALCAGNO, Germán Nelson 

77.05.12 

26 

MLN 



BARRETO CAPELLE, Raúl 

77.05.14 

32 




RODRÍGUEZ de BESSIO, Blanca Margarita 

77.05.16 

52 




MEIKLE RIVAS, Hilda Elena (Enf. religiosa) 

77.06.- 

43 




ROBATTO, Edison Eduardo 

77.06.03 



Pol. Fed. (Arg) y 

77.0 


Bn. Inf. 7 (Uru) 


356 
















F. TRASL INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA 

77.02.18 Estuvo DESAPARECIDA hasta que secuestraron a su esposo, luego Liberada 
76.12.31 Estuvo como DESAPARECIDO hasta 2002. Caso aclarado parcialmente por Comisión para la 
Paz. CÓNDOR 

DESAPARECIDO Maquinista de offset. Secuestrado con su señora e hijo, quienes fueron 
liberados y expulsados. 

Denuncia realizada ante COPAZ, no se confirma ni se descarta la desaparición ni móviles 
Denuncia realizada ante IELSUR. no se confirma ni se descarta la desaparición ni móviles 
77.04.07 LIBERADO Detenido con Eduardo O'Neil y con otro compañero de trabajo. 

77.04.07 LIBERADO Detenido con Eduardo O'Neil y con otro compañero de trabajo. 

77.04.- DESAPARECIDO Fue visto en muy mal estado, debido a las torturas 

DESAPARECIDA Meses después le secuestraron a tres de sus hijos 
DESAPARECIDO Su esposa había estado anteriormente detenida 
en CAMPO DE MAYO. Liberada posteriormente 
77.04.13 DESAPARECIDA Vista por última vez en esa fecha por su esposo en el CCD 

LIBERADO tiempo después, en el "Pozo" quedó su compañera Gándara y su sobrino E. O'Neil 
Sus padres continúan desaparecidos, sus familiares la/lo buscan. CÓNDOR 

77.03.- LIBERADA Fue interrogada por militares uruguayos de la C/CIE en el "Pozo". CÓNDOR 

77.03.19 Estuvo como DESAPARECIDA hasta 2001. Caso aclarado parcialmente por Comisión para la 
Paz. CÓNDOR 

77.03.19 Estuvo como DESAPARECIDO hasta 2001. Caso aclarado parcialmente por Comisión para la 
Paz. CÓNDOR 

77.05.25 DESAPARECIDO Detenido en Paraguay, trasladado por oficial uruguayo Carlos Calcagno al 
ATLETICO. CÓNDOR 

77.05.25 DESAPARECIDO Detenido en Parguay, trasladado por oficial uruguayo Carlos Calcagno al 
ATLETICO. CÓNDOR 

DESAPARECIDO Salida del trabajo. Posiblemente vinculado al PVP. Operación CÓNDOR 
DESAPARECIDO Operación CÓNDOR 
DESAPARECIDO Operación CÓNDOR 

DESAPARECIDO Secuestrado desde su trabajo- Operación CÓNDOR 
DESAPARECIDO Denuncia presentada en CONADEP. En Uruguay en octubre del 2003 ante 
el Grupo de Madres. 

DESAPARECIDA Madre de E. González quien había sido baleado en un enfrentamiento en 
diciembre de 1975 

ASESINADA En la OPINION de Rosario (Arg) se informa sobre el hallazgo de su cuerpo 
77.06.26 Entregado en Concordia a los oficiales del Batallón Infantería 7 de Salto. CÓNDOR 
















APELLIDO Y NOMBRE F. DESAP. 

MANEIRO, María Libertad 77.06.08 

CALERO, Cristina 77.06.10 

LUPPIMAZZONE, Mary Norma 77.06.10 

DE GOUVEIA GALLO de MICHELENA, Graciela 77.06.14 

MICHELENA BASTARRICA, José Enrique 77.06.14 

SILVA IRIBARNEGARAY, Cleber Mauricio 77.06.14 

TROCHE MOREIRA, Víctor Osvaldo 77.06.26 

CAMIOU MINOLI, María Mercedes 77.07.01 

HERNÁNDEZ HOBBAS, Andrea Viviana 77.07.05 

HERNÁNDEZ HOBBAS, Beatriz Lourdes 77.07.05 

HERNÁNDEZ HOBBAS, Washington Fernando 77.07.06 
ALTMAN LEVY, Blanca Haydée 77.07.20 

ZUAZU MAIO de SISTO, María Nieves 77.07.20 

MARTÍNEZ SANTORO, Luis Femando 77.07.29 

FLEITAS, Mabel 77.07.31 

MARTÍNEZ, Virgilio Washington 77.08.03 

ALFARO VÁZQUEZ, Daniel Pedro 77.08.11 

VIDAL, Félix 77.08.11 

PIÑEIRO, Daniel o Darío 77.08.11 

BURGUEÑO PEREIRA, Ada Margaret 77.08.20 

HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Jorge 77.08.23 

PICON, Juan 77.11.— 

ROMEO JUNCO, Juan Albérico 77.11.01 

ARAÚJO TEXEIRA, Máximo Ernesto 77.12.- 

BOSCO MUÑOZ, Alfredo Fernando 77.12.21 

CORCHS LAVIÑA, Alberto 77.12.21 

DOSETTITECHEIRA, Edmundo Sabino 77.12.21 

GARCÍA RAMOS de DOSETTI, Ileana Sara 77.12.21 


EDAD 

G. POL. 

CENTRO 

CLANDESTINO 

F.TR 

27 


ESMA 

77.C 

41 

PS 

Se presupone en 
la ESMA 


26 

GAU 

Comisaría 
y COTI 

77.1 

28 

GAU 

Comisaría 
y COTI 

77.1 

52 


CAMPO de 

MAYO-ATLETICO 

77.0 

28 




45 

MLN-ERP 

Comisaría de 

Moreno (Bn. 601) 


4 años 


Apropiada por 
matrimonio arg. 

98.1 

16 años 

15 años 




26 

PROA 

Se presume 

BANFIELD 


20 




26 

GAU 

Se presume 

COT1- BANFIELD 




VESUBIO 

77.0 



VESUBIO 


30 


posiblemente 

Bgda. San Justo 

77.0 

24 


CAMPO de MAYO 


22 

PST 

VESUBIO 

77.1 

33 




24 

GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.0 

31 

GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.0 

25 

GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.0 

23 

GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.C 


358 















10 


F. TRASL 


INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA 


77.06.- 

n 

La COPAZ ha verificado que fue puesta en libertad, nunca presentó testimonio 

LIBERADA Fue detenida junto a Mary Luppi, quien quedó como detenida y desaparecida 
DESAPARECIDA Detenida con tres amigas quienes fueron posteriormente liberadas 

77.12.- 

DESAPARECIDA Posiblemente trasladada a COT 1 posteriormente a detenciones del GAU en 
el FUSNA. CÓNDOR 

77.12.- 

DESAPARECIDO Posiblemente trasladado a COT 1 posteriormente a detenciones del GAU en 
el FUSNA. CÓNDOR 

77.07.29 

ICO 

DESAPARECIDO Sacerdote, trabajaba de recolector de basura cuando fue detenido 

'I) 

98.12.15 

y 

y 

DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denuncia presentada ante Comisión para la Paz 
DESAPARECIDA Militaba en grupo político argentino. 

Privada de padres y hermanos, identidad e historia. Recuperó su identidad a los 26 años 

DESAPARECIDA Menor de edad 

DESAPARECIDO Menor de edad 

DESAPARECIDA En momento de la detención estaba embarazada de 3 meses 

ELD 

77.08.02 

DESAPARECIDA Días antes habían secuestrado a su novio, (arg) militante montonero 
DESAPARECIDO Operación CÓNDOR 

LIBERADA Detenida días después a su esposo argentino, militante PRT, maquinista de offset, 
Mario Cristian Fleitas 

LIBERADO Testigo de la presencia en el CCD de una pareja traslada desde Uruguay hacia 
Argentina en avión. 

DESAPARECIDO Posible vinculación a militancia con Montoneros 

77.08.15 

\YO 

Posible LIBERADO, amigo de Daniel Alfaro. 

LIBERADO Detenido junto con Daniel Alfaro, testimonio oral en la época 

DESAPARECIDA Su novio, conscripto argentino, había sido detenido el día anterior 
DESAPARECIDO Detenido en el trabajo 

77.12.- 

LIBERADO Detenido por su militancia partidaria sindical en Argentina. 

La COPAZ ha verificado que fue puesto en libertad, nunca presentó testimonio 

4ES- 78.05.16 

DESAPARECIDO Denuncia presentada en Comisión Parlamentaria 

DESAPARECIDO Vinculado a detenciones del GAU en el FUSNA. Operación CÓNDOR 

/IES- 78.05.16 

DESAPARECIDO Vinculado a las detenciones del GAU en el FUSNA.Operación CÓNDOR 

/IES- 78.05.16 

DESAPARECIDO Vinculado a detenciones del GAU en el FUSNA. Operación CÓNDOR 

/IES- 78.06.- 

DESAPARECIDA Vinculada a detenciones del GAU en el FUSNA. Operación CÓNDOR 


359 
















APELLIDO Y NOMBRE 

F. DESAP. 

EDAD 

G. POL. 

CENTRO 

CLANDESTINO 

F.TR 

LERENA COSTA de CORCHS, Elena Paulina 

77.12.21 

30 

GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.0 

BORELLICATANEO, Raúl Edgardo 

77.12.22 

23 

GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.0 

CASCO GHELPI de D'ELIA, Yolanda Iris 

77.12.22 

31 

GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.0 

D'ELIA PALLARES, Julio César 

77.12.22 

31 

GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.0 

SOBRINO BERARDI, Guillermo Manuel 

77.12.22 

33 

AMS 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.0 

BASUALDO de GOYCOECHEA, Graciela Noemí 

77.12.23 

28 

vine. GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.0 

CASTRO HUERGA de MARTÍNEZ, M. Antonia 

77.12.23 

29 

GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.0 

FERNÁNDEZ LANZANI DE SANZ, Elsa Haydée 

77.12.23 

61 


COT 1- BANFIELD 

78.0 

GOYCOECHEA CAMACHO, Gustavo Alejandro 

77.12.23 

28 

GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

77.0 

MARTÍNEZ SUÁREZ, José Mario 

77.12.23 

34 

GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.C 

SANZ FERNÁNDEZ de MOYANO, Aída Celia 

77.12.23 

26 

MLN 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.0 

CARDOZO, Juan 

77.12.24 

Apr. 20 


QUILMES 


CASTILLO LIMA, Atalivas 

77.12.24 

47 

MLN 

QUILMES 


RIO CASAS, Miguel Angel 

77.12.24 

29 

MLN 

QUILMES 


GALLO CASTRO, Eduardo 

77.12.26? 

35 

MLN 

QUILMES 


ARCE VIERA, Gustavo Raúl 

77.12.27 

29 

GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.0 

FERNÁNDEZ, Mercedes 

77.12.27 

Nac/Caut 


Apropiada por 

19 

(hija de E. G. y A. Sanz) 




matrimonio arg. 


GAMBARO NÚÑEZ, Raúl 

77.12.27 

38 

GAU 

COT 1 - QUILMES- 
BANFIELD 

78.0 

ARTIGAS NILO de MOYANO, M. Asunción 

77.12.30 

26 

PVP,MLN 

QUILMES y 

BANFIELD 

78.1 

BARRIENTOS de CARNEIRO, Carolina 

77.12.30 


PCR 

QUILMES y 

BANFIELD 

78.0 

CABEZUDO PÉREZ, Carlos Federico 

77.12.30 

29 

PCR 

QUILMES 

BANFIELD 


CARNEIRO DA FONTOURA, Juvelino Andrés 

77.12.30 

34 

PCR 

QUILMES- 

78.0 

MOYANO SANTANDER, Alfredo 

77.12.30 

21 

MLN 

QUILMES y 

BANFIELD 

78.0 

FERNÁNDEZ LÓPEZ, Julio César 

78.-.-? 





LÓPEZ MARTÍNEZ, Venancio Aroldo 

78.-.-? 






360 
















F. TRASL INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA 

78.05.16 DESAPARECIDA Vinculada a detenciones del GAU en el FUSNA. Operación CÓNDOR 

78.05.16 DESAPARECIDO Vinculado a detenciones del GAU en el FUSNA. Operación CÓNDOR 

78.05.16 DESAPARECIDA Primeros días de enero tuvo un varón en BANFIELD. CÓNDOR 

78.05.16 DESAPARECIDO Vinculado a detenciones del GAU en el FUSNA. Operación CÓNDOR 

78.05.16 DESAPARECIDO Por trabajo se vinculó al GAU. Operación CÓNDOR 

78.05.16 DESAPARECIDA Vinculada al grupo político GAU, por su marido. CÓNDOR 

78.05.16 DESAPARECIDA Vinculada a detenciones del GAU en el FUSNA. Operación CÓNDOR 

78.05.16 DESAPARECIDA Se encontraba en casa de su hija cuando las detuvieron. CÓNDOR 
77.05.16 DESAPARECIDO Vinculado a detenciones del GAU en el FUSNA. Operación CÓNDOR 

78.04.-- DESAPARECIDO Muere en la tortura en QUILMES a fines de abril. Operación CÓNDOR 

78.05.16 DESAPARECIDA Tuvo una niña el 27.12.77 en Banfield. Operación CÓNDOR 

DESAPARECIDO No se conoce su verdadera identidad, visto el 15.04.78, en Quilines. 
CÓNDOR 

DESAPARECIDO Posiblemente trasladado a Uruguay. Operación CÓNDOR 
DESPARECIDO En la detención fue herido, posible traslado a Uruguay. CÓNDOR 
DESAPARECIDO Existen indicios que fue trasladado a Uruguay. CÓNDOR 
78.05.16 DESAPARECIDO Vinculado a detenciones del GAU en el FUSNA. Operación CÓNDOR 

1999 Privada de sus padres, identidad e historia. Recuperó su identidad con 22 años. 

78.05.16 DESAPARECIDO Vinculado a detenciones del GAU en el FUSNA. Operación CÓNDOR 

78.10.12 DESAPARECIDA EL 24.08.78, tuvo una niña en Banfield. Vista hasta 12.10.78. CÓNDOR 

78.05.16 DESAPARECIDA Militaba en el grupo político de su esposo. Operación CÓNDOR 

DESAPARECIDO Fue visto en La Tablada, Uruguay, a fines de enero del 78. CÓNDOR 

78.05.16 DESAPARECIDO Vinculado a detenciones del GAU y MLN en esos días. CÓNDOR 
78.05.16 DESAPARECIDO Vinculado a detenciones del GAU de esos días. Operación CÓNDOR 

DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denunciado ante Comisión para la Paz 
DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denunciado ante Comisión para la Paz 
















APELLIDO Y NOMBRE 

D'ELIA CASCO, Carlos 

Hija/o de Blanca Altmann y de Raúl Dopazo 

GÓMEZ ROSANO, Célica Elida 

ALTUNA FERNÁNDEZ, Elsa 

RODRÍGUEZ BRUCESI, Gerardo 
DE LEÓN SCANCIANI, Juan Alberto 

RODRÍGUEZ MIRANDA, Juan Rodolfo 
RODRÍGUEZ, Washington 
ÁLVAREZ de MARTÍNEZ, Rosa 
MARTÍNEZ HORMINOGUEZ, Jorge Hugo 
SEVERO BARRETO de MARTÍNEZ, Marta B. 
SEVERO BARRETO, Carlos Baldomiro 
BERMÚDEZ de VIEGAS, Beatriz 
ILLARZEN, Alberto y Sra. (Leda SERANTES) 

MEZQUIDA, Nelson y esposa (Ivonne CAPPI) 

VÁZQUEZ SANTOS, Erlinda Mary 

ANGLET DE LEÓN de SEVERO, Beatriz 
SEVERO BARRETO, Ary 

CARVALHO SCANAVINO, Luis Alberto 
PEDREIRA BRUM, Jorge 

LANNE, Ubal 

CANTERO FREIRE, Edison Oscar 

DÍAZ DE CÁRDENAS, Fernando Rafael S. 
OLIVERA CANCELA, Raúl Pedro 
GIORDANO CORTAZZO, Héctor Orlando 

SERRA SILVEIRA, Helios Hermógenes 

SOSA CARRIZO, Juan Serafín 


F. DESAP. 

EDAD 

G. POL. 

78.01.- 

Nac/Caut 


78.01.- 

Nac/Caut 


78.01.03 

29 

vine. PCR 

78.02.01 


PCU 

78.02.11 



78.02.16 

23 

PCML 

78.03.06 

78.04.01 

78.04.20 

23 


78.04.20 

22 

MLN-PST 

78.04.20 

20 

MLN-PST 

78.04.20 

78.04.21 

78.04.21 

17 


78.04.21 



78.04.22 



78.04.24 

24 

MLN-PST 

78.04.24 

21 

MLN-PST 

78.05.21 

23 


78.06.- 

57 

PCU 

78.06.03 



78.06.05 

26 

RES. LIB. 

78.06.05 

24 

RES. LIB. 

78.06.05 

24 

RES. LIB. 

78.06.09 

39 

PCR 

78.06.27 

23 

MLN 

78.07.- 

34 



CENTRO 

CLANDESTINO 

F.TR 

Aprop. por miemb. 

Intel. Naval 

19 

No se sabe si llegó 


a nacer 


QUILMES y/o 

BANFIELD 

78.C 

ISLA MACIEL y 

La TABLADA 

78.0 

EL BANCO 

78.06 

Se presume 

EL VESUBIO 


Pozo de QUILMES 

78.0 

Pozo de QUILMES 

78.0 

QUILMES 

78.0 

QUILMES 

78.0 

QUILMES 

78.0 

Pozo de QUILMES 

78.0 

Pozo de QUILMES 

78.0 

Pozo de QUILMES 

78.0 

Pozo de QUILMES 

78.0 

QUILMES 

78.0 

QUILMES 

78.0 


Posiblemente 

EL PALOMAR 

78.0 

El BANCO, Cria 38 
yESMA 

78.0 

El BANCO 

78.0 

El BANCO 

78.0 

Base Aérea 

El PALOMAR 

78.0 

EL BANCOy 

EL OLIMPO 

78.1 


362 















F. TRASL INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA 

1995 Privado de sus padres, identidad e historia, recuperó su identidad a los 17 años. 

No se sabe si llegó a nacer. Su madre continúa desaparecida, su padre la busca. 

78.01.- DESAPARECIDA Vinculada al PCR. Posible traslado a La Tablada, Montevideo. 

CÓNDOR 

78.03.01 Detenida en Migraciones (Arg), interrogada por militar uruguayo y trasladada a La 
Tablada (Urug)yEMR2 

78.06 o 07 LIBERADO Presentó testimonio en "Los Juicios por la Verdad" en La Plata. 

DESAPARECIDO Vinculado a militancia política de su novia argentina 

DESAPARECIDO No se conocen circunstancias de su detención. 

78.04.15 LIBERADO En el CCD estuvo con Juan Cardozo, interrogaban oficiales uruguayos. CÓNDOR 
78.05.12 LIBERADA Entre los detenidos se encontraban sus sobrinos: Jorge Martínez y M. Severo 
78.05.20 DESAPARECIDO En la fecha señalada aún estaba con vida. Operación CÓNDOR 

78.05.20 DESAPARECIDA En la fecha señalada aún estaba con vida. Operación CÓNDOR 

78.05.20 DESAPARECIDO Menor de edad- Secuestrado junto a sus hermanos del PST. CÓNDOR 
78.04.26 LIBERADA Entre los detenidos y posteriormente desaparecidos vio a Aída Sanz. CÓNDOR 
78.05.18 LIBERADOS Testigos de la presencia de varios uruguayos detenidos y desaparecidos. 
CÓNDOR 

78.05.18 LIBERADOS Testigos de la presencia de varios uruguayos detenidos y 
desaparecidos. CONDOR 

78.05.18 LIBERADA En los interrogatorios participaron miembros de las FFAA uruguayas. 

CÓNDOR 

78.05.20 DESAPARECIDA En la fecha señalada aún estaba con vida. Operación CÓNDOR 
78.05.20 DESAPARECIDO Un compañero llegado a Uruguay fue detenido, interrogado y torturado en 
Jefatura. CÓNDOR 

DESAPARECIDO Secuestrado junto a 3 miembros de la familia argentina con que vivía. 
DESAPARECIDO Secuestrado posiblemente en una "pinza" en la Estación de Ferrocarril. No 
hay testimonios. 

78.07.05 LIBERADO En el CCD estuvo con Héctor Giordano, fue interrogado por oficial uruguayo. 
CÓNDOR 

78.07.15 DESAPARECIDO Vinculado a un grupo de actividad sindical gráfico argentino 

78.07.15 DESAPARECIDO Vinculado a un grupo de actividad sindical gráfico argentino 

78.07.15 DESAPARECIDO Vinculado a un grupo de actividad sindical gráfico argentino 

78.07.05 DESAPARECIDO Trasladado después de esta fecha. Operación CÓNDOR 

78.12.06 DESAPARECIDO Fue visto en el OLIMPO meses después 

DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denunciado ante la SSDDHH y Comisión para 
la Paz 

















APELLIDO Y NOMBRE F. DESAP. 

GERESBERG DREIFUS, Esther 78.07.21 

CURTO CAMPANELLA, Lyda Noemí 78.08.05 

AROCENA LINN, Ignacio 78.08.13 

MAIDANA BENTIN, Félix "Juan Bentín" 78.08.13 

SILVEIRAGRAMONT, María Rosa 78.08.13 

URTAZUN TERRA, José Luis 78.08.13 

MOYANO ARTIGAS, María Victoria 78.08.25 

GELPICÁCERES, Leonardo Germán 78.09.-- 

GARREIRO MARTÍNEZ de VILLAFLOR, M. Elsa 79.08.04 
COSTA FUENTES, Agustín 80.02.- 

PÉREZ DA SILVA, Idris Goar 80.07.- 

TRUCIDO, Raimundo 80.11.26 

LANERI VERA, Valentín Angel 82.11.— 


BENÍTEZ SÁNCHEZ, Carlos Alejandro 
CANO DUTRA, Héctor Nelson 
FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, María Elena 
GARCÍA GEREZ, Fernando 
GARCÍA RÍOS, Eustaquio 
IBARRA, Julio César 
RAMÍREZ RODRÍGUEZ, Lucía Eufemia 
SUÁREZ FERNÁNDEZ, Ignacio Pablo 
TECHEIRA MOURE, Jorge Osvaldo 
TOSI FERNÁNDEZ, José Carlos 
VIDELA PRISCAL, Héctor Daniel 


EDAD 

G. POL. 

CENTRO 

CLANDESTINO 

F.TR 

24 

Vang.Com 

EL VESUBIO y 

H. M. C. de Mayo 




VESUBIO y 

DEVOTO 

78.1 

27 

MLN 

Se presume. Pozo 
de QUILMES 


40 

MLN 

Se presume. Pozo 
de QUILMES 


34 

MLN 

Se presume. Pozo 
de QUILMES 


32 

MLN 


78.0 

Nac/Caut 


Aprop. por 
matrimonio arg. 

87.1 

31 

MLN 



34 

FAP 

ESMA 

80.C 

58 




47 




23 


Mendoza (Arg.) 


55 

PCU 




364 















INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA 


DESAPARECIDA Vinculada a un grupo político argentino. Perdió embarazo de 8 meses 
Testigo de M a Esther Geresberg y su esposo. LIBERADA años después 
DESAPARECIDO Requerido por Uruguay. Operación CÓNDOR 
DESAPARECIDO Requerido por Uruguay. Operación CÓNDOR 
DESAPARECIDA Requerido por Uruguay. Operación CÓNDOR 

Estuvo como DESAPARECIDO hasta 2003. Existen indicios de que fue enterrado como NN. 
Falta documentación. 

Privada de sus padres, indentidad e historia, recuperó su identidad con 11 años. 

DESAPARECIDO. Requerido por Uruguay. Operación CÓNDOR 
DESAPARECIDA. Fue secuestrada junto al esposo y varios familiares del mismo. 
DESAPARECIDO ¿por razones poilíticas? Denuncia presentada ante Comisión para la Paz 
¿DESAPARECIDO? Denuncia presentada ante Familiares de Detenidos Desaparecidos 
DESAPARECIDO. Denuncia presentada ante IELSUR 

DESAPARECIDO. Secuestrado posiblemente al pedir trabajo por sus antecedentes políticos 
DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denuncia presentada ante Comisión para la Paz 
DESAPARECIDO ¿por razones poilíticas? Denuncia presentada ante Comisión para la Paz 
DESAPARECIDA ¿por razones políticas? Denuncia presentada ante Comisión para la Paz 
DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denuncia presentada ante Comisión para la Paz 
DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denuncia presentada ante Comisión para la Paz 
DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denuncia presentada ante Comisión para la Paz 
DESAPARECIDA ¿por razones políticas? Denuncia presentada ante Comisión para la Paz 
DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denuncia presentada ante Comisión para la Paz 
DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denuncia presentada ante Comisión para la Paz 
DESAPARECIDO ¿por razones políticas? Denuncia presentada ante Comisión para la Paz 
DESAPARECIDO Denuncia presentada ante Comisión para la Paz y ante Organismos de 
DDHH en Argentina. 

















366 


















Extractos de testimonios de presos políticos uruguayos en Argentina, que 
dan cuenta de la presencia de militares y/o policías uruguayos. 

Entre el 27 de marzo de 1975 y los primeros días de abril, más de 40 mili¬ 
tantes del MLN fueron detenidos en redadas simultáneas y trasladados a 
la Brigada de Investigaciones de San Justo, Provincia de Buenos Aires. Fue¬ 
ron interrogados y torturados por miembros de las Fuerzas Conjuntas uru¬ 
guayas, y mantenidos como prisioneros -hasta 1977 unos y 1980 otros- del 
Poder Ejecutivo Nacional (PEN) porque el juez no encontró motivo para 
procesarlos. 

Del testimonio del uruguayo Fernando González Petraglia, presentado ante 
la CONADEP, extraemos: 

En el interrogatorio participaban oficiales de las “Fuerzas Conjuntas" del Uru¬ 
guay, según ellos mismos lo manifestaban y de acuerdo al conocimiento de aquel 
país que evidenciaban. También resultó claro -por referencias concretas- por lo 
que manifestó algún policía de la Brigada y es que por allí, habían pasado los 
uruguayos que habían sido secuestrados en la Argentina en noviembre de 1974 y 
que posteriormente aparecieron muertos en Uruguay, el 21 de diciembre del mis¬ 
mo año. 

Otro detenido en las mismas circunstancias, Adolfo R. Campbell, de na¬ 
cionalidad uruguaya, en un pasaje de su testimonio ante la CONADEP, 
dice: 

(...) Fue en el tercero o cuarto día que se presenta una persona, que aunque no 
puedo ver intuyo que es uruguaya, por los modismos en el léxico, cosa ésta que él 
no niega, sino por el contrario confirma y se presenta como Coronel(sic) Camacho 


36 7 















del Ejército Uruguayo. Esta persona y un grupo más que actuaba con él, era quien 
llevaba las sesiones de tortura a límites extremos pero no interrogándome sobre la 
Argentina sino relativo al Uruguay. Esta situación se prolonga por tres o cuatro 
días durante los cuales no nos dan nada de beber o de comer pues nos dicen que 
tenemos que continuar con las sesiones. Con la participación del oficial uruguayo 
comprendo que las causas que motivan esa situación son mis antecedentes políti¬ 
cos en mi país. En el año 1971, luego de haber sido procesado y excarcelado por la 
Justicia competente, quedo detenido en el marco de las Medidas Prontas de Segu¬ 
ridad, por lo cual debí dejar mi país haciendo uso de la opción constitucional, con 
destino a Chile. 

Emilia Carlevaro secuestrada en la misma redada relata: (...) cuando llegué a 
la Brigada había mucha gente detenida del PRT y de Montoneros también, era una 
especie de concentración de presos políticos en época de Isabel Perón. Pasaron a 
todo el mundo por la "máquina" y tengo la impresión que sacaron a algunos a la 
calle. (...) Nosotros éramos como cuarenta que estábamos en una especie de celda, 
siempre con los ojos cubiertos y sin posibilidades de hablar. De primera captabas 
que los que interrogaban eran uruguayos, por el tipo de detalles que tenían sobre 
vos, manejaban los alias que habíamos utilizado en Uruguay, sabían mucho más 
de nosotros que lo que te hubieras imaginado... 


Asesinatos de uruguayos en los que hubo participación 

DE MILITARES y/o POLICÍAS URUGUAYOS 

Aurora Menoni testimonia sobre la detención, desaparición y asesinato 
de los uruguayos residentes en Argentina, Daniel Alvaro Banfi Baranzano, 
Luis Latrónica y Guillermo Jabif. 

Este testimonio, presentado ante diferentes Organismos de Derechos 
Humanos, ha sido publicado prácticamente en su totalidad como ejemplo 
de la búsqueda que han vivido los familiares durante años. 

A raíz de la situación represiva que se había creado en Uruguay, en el mes de 
diciembre del 1972, me trasladé a la República Argentina con mis dos hijas, Leticia 
Paula (16 meses) y Valeria (dos meses). Mi marido, Daniel Alvaro Banfi Baranzano, 
estaba residiendo en Argentina desde inicios de noviembre. Realizados los trámites 
necesarios, las autoridades competentes, nos otorgaron la residencia. En principio 
vivimos en una casa en la ciudad de Moreno. Afines de abril del 1973 nos muda- 


368 












trios, a Primera Junta y Directorio -Envión 3, Bloque 5- Departamento 51, en la 
localidad de Haedo, Partido de Morón (Provincia de Buenos Aires). 

Mi marido trabajaba en la disquería "Mundo Musical" (Pueyrredón al 53 - 
Plaza Miserere - Once). Poco después también yo empecé a trabajar, como vende¬ 
dora, en la empresa vitivinícola "Bodegas Gargantini". 

El 13 de septiembre de 1974, a las 2.30 de la madrugada, sonó el timbre del 
portero eléctrico en nuestra casa. Corrí al baño y miré por la banderola hacia abajo. 
Vi un grupo numeroso de individuos armados. Desperté a mi marido. Mientras, 
los individuos habían optado por llamar al administrador, y diciendo que eran de 
la policía se hicieron abrir la puerta de ingreso al edificio. Minutos después golpea¬ 
ron la puerta de nuestro departamento. Mi marido preguntó quién era y contesta¬ 
ron "policía". 

Al abrirles lo encañonaron con metralletas cortas y pistolas. Daniel les pidió 
que se identificaran y quien aparecía comandando el operativo (reconocido, por mí 
y por mi marido, como el comisario uruguayo Hugo Campos Hermida a quien 
habíamos conocido el 8 de octubre de 1969 cuando estuvimos detenidos en la Jefa¬ 
tura de Montevideo, por haber participado a una manifestación estudiantil.) Cam¬ 
pos Hermida extrajo de un porta documento una tarjeta plastificada de color celes¬ 
te que ni Daniel ni yo logramos leer. 

Todo sucedió muy rápidamente, entraron en casa (eran más o menos 10 perso¬ 
nas, más los otros que quedaron abajo - se sentían las voces) todos armados, de 
civil -camperas de cuero negro y guantes. En casa, además de nuestras hijas se 
encontraban, en ese momento, mi madre, su marido y dos amigos: Luis Latrónica 
(refugiado bajo la protección de Naciones Unidas) y R. M. 

Entre golpes y gritos hicieron levantar a todos de la cama, salvo a mis dos hijas 
por las cuales, desesperada, pedí a gritos que no las tocaran. Según la policía, un 
detenido había declarado que Daniel Banfi era militante del MLN Tupamaros y 
que tenía que ver con un atentado ocurrido en Luján, (acción llevada adelante por 
el ERP). En ese momento entró otro hombre vestido con "blazer" azul, camisa 
celeste, pulóver escote V y jeans. Daniel preguntó quien era y Campos Hermida 
contestó "es un uruguayo que no tiene nada que hacer y nos da una mano". Creí 
reconocer en esta persona a un militante de una organización estudiantil de dere¬ 
cha, que actuaba sobre todo en la Facultad de Medicina. Por el modo que Daniel 
me miró, interpreté que también a él, le resultaba cara conocida. 

A Daniel lo encerraron en la cocina, sentimos que lo golpeaban e interrogaban. 
A mi madre y a su marido los dejaron en su habitación. Latrónica, M. y yo, queda¬ 
mos en el comedor. Pidieron los documentos personales. Nos golpeaban sin moti- 


369 

















vo. Cuando vieron los documentos de Luis Latrónica (tenía pasaporte de refugia¬ 
do) dijeron: "Gol de media cancha". Realizaron una minuciosa búsqueda en el 
departamento rompiendo y acumulando cosas que después se llevaron: libros, dis¬ 
cos, posters, etc. 

Los hicieron vestir y se fueron, llevándose a mi marido, a Latrónica y a M. Con 
tono de amenaza me dijeron que pusiera atención porque la próxima vez me lleva¬ 
rían junto con mis hijas. Pregunté dónde los estaban llevando, contestaron "Coor¬ 
dinación Federal" (Alsina y Moreno). Agregaron que si ellos (los detenidos) de¬ 
cían todo, no tenían nada que temer, pero que si tenían algún problema pendiente 
con la policía uruguaya serían inmediatamente enviados al Uruguay. 

La angustia, el desconcierto y el miedo fue lo último que pude leer en los ojos de 
mi marido. Sólo que no sabíamos que era la última vez que nos veíamos. Luis me 
dijo "vamos al estrellato", quizás él sí había entendido la gravedad de la cosa. 
Desde ese momento y por todo el período que duró la desaparición de mi marido, 
nuestra casa estuvo vigilada por individuos que, desde un vehículo Ford Falcon, 
controlaban los movimientos (entradas y salidas) del departamento. Ni siquiera 
trataron de no hacerse ver, al contrario, se mostraban. El miedo era cada vez ma¬ 
yor, sobretodo por mis hijas. Naturalmente traté de averiguar. 

La mañana del 13 de septiembre empecé a buscar a mi marido y a nuestros 
amigos. Mi madre y su marido se ocuparon de mis hijas. Yo necesitaba apoyo, no 
sabía por donde empezar. Lo primero que hice fue buscar un amigo (N. R. conocido 
como Tuchi) con el cual nos conocíamos desde Montevideo. También Tuchi traba¬ 
jaba en la disquería "Mundo Musical". Fui a la pensión donde vivía (Batalla del 
Pari 979 - Capital Federal) pues allí también vivía R. M. con su esposa. No lo 
encontré y su hermano me dijo que esa noche no había vuelto a dormir. R. termina¬ 
ba su turno de trabajo a media noche. 

Fui a Coordinación Federal, di muchas vueltas y al final me dijeron que allí no 
estaban y que no sabían nada. Consulté con el Senador Michelini también refugia¬ 
do en Argentina, a quien conocía personalmente a través del marido de mi madre. 
Michelini me puso en contacto con un abogado. El abogado me aconsejó hacer la 
denuncia, antes que nada, al Alto Comisionado de Naciones Unidas, cosa que hice 
frente al Sr. Carlos Rodríguez (funcionario y asesor jurídico del Alto Comisiona¬ 
do) sobretodo porque Latrónica era un refugiado bajo la protección de NU. 

Llamé a la pensión de Batalla del Fari, siempre buscando aR.y aún no se sabía 
nada de él. Guiada por un mal presentimiento fui directamente a la disquería. Allí 
supe que, el día anterior (12 de septiembre) se había presentado, en la disquería de 
la Recoleta, un hombre, que, dirigiéndose a Franco -responsable del local-pregun- 


370 
















tó dónde podía encontrar a Daniel Banfi. Daniel había trabajado allí al principio 
pero en ese momento, trabajaba en otra sede (Caballito). 

Franco respondió que Daniel no estaba, pero que si estaba buscando un uru¬ 
guayo podía dirigirse a R. que también era uruguayo. El hombre le dijo a R. que 
era un "compañero del 26" que tenía que hablar con Daniel y quería saber cómo 
encontrarlo. R. contestó que Daniel no trabajaba más en la sede de la Recoleta, que 
estaba en Caballito. Era normal en la época encontrar uruguayos en Argentina 
que, sobretodo, buscaban personas amigas o conocidas, por lo tanto el hecho no 
llamó la atención de R. 

Al finalizar su turno de trabajo (medianoche) cuando R. ya estaba en la vereda, 
fue brutalmente detenido por un grupo de hombres armados. Al intentar oponer 
resistencia, lo golpearon con las culatas de las armas. Un peatón que intentó defen¬ 
derlo fue advertido, "si te metés, te matamos". Introdujeron a R. en un Ford Falcon. 
Detrás del coche había una camioneta estacionada con otro grupo de individuos 
que desde el interior del vehículo apuntaban sus armas contra la disquería. Eos 
vehículos partieron rápidamente. La Recoleta es un lugar muy frecuentado, tam¬ 
bién de noche, por lo tanto muchas personas fueron testigos de lo que pasó. Todo 
esto lo supe por Franco que, sintiendo la confusión había salido del negocio y vio 
cuando los autos se iban. En el operativo R. perdió un mocasín, que una de las 
personas que estaba allí le entregó a Franco. 

Siguiendo el consejo del abogado presenté un primer recurso de Habeas Corpus 
por mi marido, Luis Latrónica, N. R. y R. M. Fui también a la Comisaría 8°, 
correspondiente a la zona donde había sido secuestrado R. En principio me dieron 
respuesta positiva, diciéndome no sólo que estaba allí sino que, volviera a la tarde 
con "comida, cigarrillos y zapatos" ya que "el detenido tenía un solo zapato". 
Cuando volví, me mostraron una lista de personas detenidas, en la cual no estaba 
R. y me dijeron que "la persona que yo buscaba, en ningún momento, había estado 
detenida allí". 

El día 16 el secretario del Juez comunicó al abogado que había recibido una 
respuesta afirmativa al pedido de Habeas Corpus desde La Plata. Fui inmediata¬ 
mente. Los funcionarios de la Policía Federal de la Plata me dijeron que había un 
error, que allí no estaban. 

El día 18 presenté denuncia de la desaparición de Daniel Banfi, R. M., Luis 
Latrónica y N. R. frente a la Dirección Nacional de Migraciones. El día 19 el Juez 
Fasolino se declaró incompetente por haber tenido respuesta negativa en toda la 
Capital Federal. Presenté otro recurso de Hábeas Corpus en la Provincia de Bue¬ 
nos Aires que también tuvo respuesta negativa. 


371 

















Aconsejada y ayudada por algunos políticos uruguayos, el Senador Zelmar 
Michelini y el Diputado Enrique Erro, convocamos, para el día 19 de septiembre, 
una conferencia de prensa con el objetivo de dar a conocer a la opinión pública lo 
que estaba ocurriendo y con la esperanza que alguien pudiera saber algo o tuviera 
alguna pista. 

El Senador Michelini me hizo conocer a la familia Jabif. Ellos buscaban a su 
hijo Guillermo, uruguayo, quien también había sido secuestrado el 13 de septiem¬ 
bre. Los hechos: a las 12.30 del mediodía, un grupo de hombres armados y de civil, 
se presentaron en la casa de la calle Guatemala 4682, domicilio de la hermana y del 
cuñado de Guillermo Jabif. Cuando les fue abierta la puerta se presentaron como 
"Eolicía Federal" exhibiendo una "chapa". Preguntaron por Guillermo, que en ese 
momento estaba allí, almorzando con su madre (Olga de Jabif-que estaba de visita 
en Buenos Aires). La metodología del operativo era idéntica, revisaron el departa¬ 
mento, pidieron los documentos personales de Guillermo y de su esposa (Alicia 
Dubra de Jabif) y encontraron una fotografía de Luis Latrónica. El comentario 
fue"mirá Luis sin bigotes". Guillermo y Luis eran amigos desde la infancia. Pre¬ 
guntaron si el número de teléfono "726205" correspondía a esa casa, la respuesta 
fue afirmativa. Supusimos que el número de teléfono lo habían encontrado en la 
agenda de Latrónica (secuestrado a las 2.30 de la mañana). 

Se llevaron a Guillermo. Dijeron que iban para Coordinación Federal para que 
Guillermo "aclarara su situación" y que pasarían primero por su casa, lo que suce¬ 
dió visto el desorden reinante cuando llegaron los familiares. Denunciamos (la 
Sra. Olga de Jabif y yo), siempre frente al funcionario del Alto Comisionado del 
ONU, Carlos Rodríguez, la desaparición de Guillermo. El señor Rodríguez se 
puso inmediatamente en comunicación con las Autoridades argentinas que nega¬ 
ron saber algo de estos casos. El mismo día se presentó un recurso de Habeas Cor¬ 
pus por Guillermo Jabif. 

El día 21 presentamos la denuncia de los casos ante el Secretario del Embaja¬ 
dor uruguayo en Argentina, en esa ocasión también estaba mi suegro Héctor 
Lucas Banfi. El 8 de octubre tuvimos un encuentro con el Dr. Haselman (Alto 
Comisionado de las Naciones Unidas) quien nos dijo que tenía una información 
no oficial: parecía que Banfi y M. estaban en la Comisaría N s 8. Nos aconsejó 
presentarnos en esa comisaría, a nombre suyo, y confirmar la noticia. Fuimos 
entonces hasta Urquiza al 500, eran las 17:00 hs. El funcionario de la oficina de 
guardia nos dijo que las personas que buscábamos allí no estaban y cuando pre¬ 
guntamos por N. R. confirmó que la persona había estado allí. Nos "aconsejó" 
que denunciáramos la desaparición en la Comisaría de Haedo, al menos de las 


372 















personas que habían sido "detenidas" en esa localidad. Era una cosa que aún yo 
no había hecho. 

Fui directamente a la Comisaría de Haedo. Ni siquiera aceptaron la denuncia, 
dijeron que "los muchachos se habrían ido a pescar" y en particular, refiriéndose a 
mi marido, que "se habrá ido con una rubia". Como último recurso, fuimos a ver a 
algunos políticos uruguayos y argentinos como: Héctor Gutiérrez Ruiz, Wilson 
Ferreira Aldunate y Enrique Rodríguez. Los diputados argentinos Amaya 
(UDELPA), Marino (PI) y Gass (UCR) presentaron frente al Congreso Nacional, 
un proyecto de pedido de informes dirigido al Poder Ejecutivo acerca de la situa¬ 
ción de los ciudadanos uruguayos Banfi, Latrónica, M., R. y Jabif. 

Mandamos decenas de telegramas, entre ellos, a: Luis Reque, Asamblea Dere¬ 
chos Humanos de la OLA; Príncipe Sadrudd Aga Kan, Ginebra; Comisión de 
Derechos Humanos de las Naciones Unidas en New York. Decidimos dirigirnos al 
Presidente de la República Argentina. En un telegrama a la Señora Presidente, 
Doña María Estela Martínez de Perón, pedimos nos concediera una audiencia. La 
Casa Rosada respondió y nos encontramos con un alto militar (no recuerdo el 
nombre) que a nombre de la Presidente nos escuchó. Sobre el escritorio de su despa¬ 
cho en la Casa Presidencial, mientras conversó con nosotras, tenía un revólver. 

Había pasado más o menos un mes (14 de octubre) cuando liberaron, con la 
orden de abandonar la Argentina de inmediato, a N. R. y R. M. Junto con ellos 
dejaron en libertad a otro uruguayo, una persona de mediana edad, con la cual 
habían coincidido en uno de los centros de reclusión. Esta persona coincidió, tam¬ 
bién conmigo, en la sede de Naciones Unidas. No recuerdo cómo se llamaba ni a 
dónde fue cuando dejó la Argentina. 

Las condiciones de R. y M. eran penosas. Pesaban mitad del peso normal y eran 
evidentes las torturas físicas a las cuales los habían sometido. En pocos días el Alto 
Comisionado de las Naciones Unidas los embarcó en un avión que los llevó a Sue¬ 
cia. La única cosa que hicieron antes de viajar, fue una larga entrevista con el 
Dagens Nyheter (uno de los más importantes diarios de Suecia) donde contaron 
toda la experiencia vivida. El acuerdo con el periodista fue, que el artículo podía ser 
publicado sólo después de la liberación de los otros secuestrados. Estaban conven¬ 
cidos que la libertad llegaba también para los otros compañeros de cautiverio. No¬ 
sotros (los familiares) retomamos la esperanza. 

R. y M. me contaron el régimen en el cual habían vivido durante el período de 
reclusión: permanentemente encapuchados, trasladados de un lugar a otro, tortu¬ 
rados (picana eléctrica, golpizas, etc.) hambrientos y sedientos. En estas condicio¬ 
nes alguno había cedido desmayándose durante las sesiones de tortura. 


373 


















Días después de la partida de R. y M., fuimos a ver al Juez Luque. Le conté la 
situación, le pregunté si podía hacer algo por nosotros. Me contestó que se intere¬ 
saría y que lo llamara en dos días. Este período fue un calvario. Lo llamaba y me 
decía que lo volviera a hacer después de algunas horas, de algunos días... que fuera 
a verlo. Insistió mucho preguntándome si era cierto que mi marido no tenía nada 
que ver con atentados en Argentina. Mi respuesta fue siempre afirmativa: era cier¬ 
to, no tenía nada que ver con atentados en Argentina. 

Mi hija menor, Valeria, cumplía dos años el 27 de octubre. Había empezado a 
hablar y preguntaba por su padre. Leticia, que tenía un año y medio más, ya no se 
conformaba con mis evasivas, respuestas como: que no veía a su papá porque tra¬ 
bajaba mucho. 

El 26 de octubre, fuimos con la Sra. Olga de Jabify mi suegra (Eladia Baranzano 
de Banfi) a ver al Juez Luque. Entré sólo yo en su despacho. Mis reservas psíquicas 
y físicas estaban llegando al límite. No pude evitar el llanto y le dije que el día 
siguiente era el cumpleaños de Valeria y que el 28 era el cumpleaños de Daniel, que 
no sabía más qué hacer, que mi suegra vivía bajo shock... tomó el teléfono e hizo 
una llamada. Con tono áspero y voz alta (casi gritaba) preguntó qué pasaba “con 
los uruguayos", que él sabía "que no tenían nada que ver", que la mujer de uno de 
ellos lo estaba enloqueciendo, que le dijeran qué pensaban hacer. Quedé absoluta¬ 
mente desconcertada frente a este hecho. 

Me dijo que esperara algún día más, que estaba haciendo lo posible, que yo 
había escuchado su llamada, sacó de su bolsillo dos pliegos de papel y me explicó 
que eran cartas de amenazas, una del ERP y la otra de la Triple A. 

En horas de la tarde del 29 de octubre llamé al Juez Luque. Con voz enojada me 
preguntó dónde estaba, le contesté en qué bar me hallaba. Me dijo "no te muevas que 
voy para allí". Lo esperamos, la señora Jabif mi suegra y yo sin entender el motivo 
por el cual había decidido venir él. Cuando llegó, gritándome, me dijo: "por qué me 
mentiste, te pregunté si tenía algo que ver y me dijiste que no". Mientras hablaba 
tiró sobre la mesa un diario. Abrió una página, era el vespertino "La Razón ". Y me 
ordenó "leé". En las páginas de la crónica había un pequeño artículo que anunciaba 
el encuentro, en la localidad de San Nicolás, de tres cadáveres, de sexo masculino, de 
edad entre 20 y 30 años, cubiertos de cal viva. Naturalmente le pregunté como podía 
saber que eran ellos, me contestó, "Un metro 80, rubio, pantalón marrón y polera 
blanca". Daniel vestía una camisa cuando lo llevaron, se lo dije anonadada por la 
situación, rechazando la sola idea que fueran ellos, y me contestó "es él, lo sé". 

La desesperación de la madre de Guillermo que corrió al baño y la encontré 
tirada, pegándose la cabeza contra el piso, de mi suegra que no lograba hablar, 


374 
















Luque que repetía "me mentiste, me mentiste". Un infierno. Llamé al yerno de la 
señora Jabif, Oscar Bonilla y le pedí que nos alcanzara. Decidimos que teníamos 
que ir a San Nicolás. Le pedí a un sacerdote amigo, Padre José Carrol, que me 
acompañara. No creía poder enfrentar sola lo que estábamos por hacer. 

Era noche cuando emprendimos el viaje. Una luminosa, redonda y enorme luna 
llena nos acompañó durante el trayecto. Llegamos a San Nicolás y buscamos la 
comisaría local. Si, dijeron, sabemos de estos cadáveres pero no es aquí que están, el 
diario estaba equivocado, están en San Antonio de Areco. No recuerdo el paraje, 
sólo sé que esa luna no nos abandonó jamás durante aquella eterna noche. No sé 
tampoco cuanto tiempo después llegamos. En la comisaría nos recibieron muy mal. 
Tonos bruscos que nos pedían identificación, grado de parentela, preguntas que 
parecían parte de un interrogatorio, sobre nuestra actividad y la presunta activi¬ 
dad política de nuestros familiares, desprecio al dirigirse al Padre José averiguando 
qué tenía que ver él con todo esto. 

Nos acompañaron a la morgue del hospital de San Antonio de Areco. Pudimos 
saber que los cadáveres que íbamos a identificar, o no, habían sido encontrados en 
los campos de una estancia cuyo propietario era el señor Duggan. Él mismo había 
denunciado a la policía que pasando en auto por ese lugar, un peón, había visto 
autos extraños y movimientos sospechosos. Cuando lo vieron le balearon las rue¬ 
das de su auto. Fue la policía cuando llegó, que viendo tierra fresca y movida 
excavaron pocos metros encontrando los cadáveres. 

Entramos Oscar y yo. En un primer momento al Padre José no le fue permitido. 
Los restos de aquellos que habían sido hombres nos estaban esperando. Mutilados 
(después dijeron que les habían cortado las manos para que no fuesen identifica¬ 
dos) y consumidos por la cal viva. Eran ellos. Yo no había conocido a Guillermo y 
tuve la impresión contraria. Entró en la habitación el Padre José y reconoció los 
restos de Daniel. Saliendo tomó entre sus manos el hábito y preguntó no sé a 
quién, "para qué me sirve frente a esta atrocidad". Hay momentos que el desmayo 
se convierte en una puerta de salida, éste fue uno de esos momentos. Por horas 
estuve en una camilla del hospital bajo el efecto de no sé que calmante. 

Tuvimos que volver a la comisaría, estábamos bajo custodia, sin saber porqué. 
A los tres nos sometieron, durante varias horas, a individuales y colectivos 
interrogatorios. El Padre José fue acusado de "curita tercermundista" y lo empuja¬ 
ron cuando se permitió pedir que me dejaran en paz, que acaba de reconocer el 
cadáver de mi marido. Volvimos, vacíos a Buenos Aires. 

El Alto Comisionado de Naciones Unidas me pidió que, con mis hijas, me ins¬ 
talara en la sede de la organización hasta que pudiera tomar el vuelo para Suecia. 


375 


















Regresé a mi casa. No logro aun describir esos momentos. Al día siguiente llega¬ 
ron de Montevideo, mi suegro y el padre de Luis Latrónica. Efectuaron el reconoci¬ 
miento. Saliendo de la habitación de la morgue, mi suegro, me preguntó "estás 
segura, cómo sabés?" Vero también él había reconocido a su hijo. 

Fuimos a ver el lugar donde los liaban encontrado. No había rastros de sangre ni 
balas disparadas. El certificado de defunción, de las autoridades argentinas, recita 
que la "causa" de la muerte es "homicidio, shock hemorrágico provocado por múlti¬ 
ples impactos de bala", los responsables, naturalmente, resultaban desconocidos. 

Eos diarios argentinos y uruguayos dieron noticia de la identidad de las vícti¬ 
mas. El 2 de noviembre los enterramos. Decidimos que la tumba fuese común. Al 
cementerio acudió gran parte de la población de San Antonio de Areco. Un albañil, 
que naturalmente yo no conocía, se me acercó y dándome un ramito de flores del 
campo, me dijo "para que las ponga en nombre de sus hijas". 

El 9 de noviembre del 1974 abandonamos la hermana tierra Argentina rumbo a 
Suecia. Hay páginas que no se cierran nunca. Esta es una de ellas. 


Secuestro, traslado ilegal y asesinato de: Floreal García Da Rosa, Mirtha 
Yolanda Hernández, Héctor De Brum Cornelius, María de los Ángeles 
Corbo de De Brum y Graciela Mirtha Estefanel 

El 20 de diciembre de 1974 aparecen, junto al camino que pasa frente a la 
ciudad de Soca, a 60 Km de Montevideo, cinco cadáveres terriblemente 
mutilados. Son cinco ciudadanos uruguayos: Floreal García Da Rosa, su 
compañera Mirtha Yolanda Hernández, Héctor De Brum Cornelius, su 
esposa María de los Ángeles Corbo Aguirregaray de De Brum, y Graciela 
Mirtha Estefanel. Todos habían sido secuestrados en Buenos Aires el 8 de 
noviembre del mismo año, junto al hijo de Mirtha Hernández y Floreal 
García Amaral, de tres años de edad y a otro uruguayo amigo de Floreal, 
Julio Abreu. 

Uno de los comunicados por el cual se da la noticia de la muerte en la 
prensa uruguaya consigna, que tres de ellos habían sido procesados en el 
Uruguay por presuntas vinculaciones con los Tupamaros habiéndose ra¬ 
dicado en Chile una vez que recobraron la libertad en 1971. 

Las características de su detención en Argentina -de acuerdo a versio¬ 
nes de vecinos que presenciaron el procedimiento- muestran con clari¬ 
dad, que los captores pertenecían a la policía. En cierto momento dijeron 


376 












ser de la Primera Brigada de la Policía Federal con apoyo de Caseros y San 
Martín. 

Las actuaciones de los familiares durante largos días ante las autorida¬ 
des argentinas, no tuvieron éxito. Nada se sabía de ellos, hasta que el 20 de 
diciembre, al día siguiente que fuera asesinado en París el agregado mili¬ 
tar uruguayo, ex jefe de los Servicios de Inteligencia Militar, Coronel Ra¬ 
món Trabal, apareció un comunicado de las FFCC en la prensa uruguaya 
informando que sus cadáveres habían sido encontrados en Soca. 

Referido a este caso, el dirigente del Partido Nacional senador Wilson 
Ferreira Aldunate en una conferencia de prensa ofrecida en la ciudad de 
México al conmemorarse un año, decía: Cuando se produjo el asesinato en 
París del Coronel Trabal, los altos mandos se reunieron con Bordaberry y con el 
ministro de Defensa, Walter Ravenna. Se decidió en esa reunión asesinar a algu¬ 
nos uruguayos de izquierda, luego se fijó el número: cinco; y luego se discutió si 
los asesinados debían ser presos políticos o militantes de izquierda que se encon¬ 
traran en el extranjero. Primó esta última solución y cinco uruguayos jóvenes, 
todos menores de treinta años, que habían sido secuestrados en Buenos Aires, apa¬ 
recieron muertos en suelo uruguayo. Todavía hoy no se sabe qué ocurrió con un 
niño de tres años, hijo de dos de los asesinados. Bien, en esa reunión donde se tomó 
esa decisión todos los militares presentes votaron a favor, y Bordaberry, el Presi¬ 
dente, dejó constancia de que no compartía la medida. 1 2 

Junto al matrimonio García-Hernández fue secuestrado Amaral, el hijo 
de ambos, un niño de tres años, a quien su madre insistió en llevar con 
ella. Diez años después, la familia de su padre ubicaría su paradero y se 
reuniría con él. Julio Abreu aparecería vivo en Solymar (Canelones) el 24 
de diciembre de 1974. Al liberarlo un oficial lo amenazó: "Calíate la boca. Si 
matamos cinco, podemos matar seis". 1 

Amaral García Hernández fue recuperado en 1985 por investigaciones 
llevadas adelante por el entonces Senador Germán Araujo y sus tíos pater¬ 
nos. Tenía 13 años y había crecido en el seno de una familia argentina cuyo 
padre había sido miembro de la SIDE (Secretaría de Inteligencia de Defen¬ 
sa del Estado, argentino) el cual trabajaba conjuntamente con el SID (Ser¬ 
vicio de Inteligencia de Defensa, uruguayo). 


1. Del escrito presentado por el SIJAU (Secretariado Internacional de Juristas por la Amnistía 
en Uruguay) ante la Comisión Investigadora Parlamentaria. 

2. URUGUAY "Nunca Más", Informe sobre la Violación a los Derechos Humanos, SERVICIO 
PAZ Y JUSTICIA, Ed. en febrero de 1989 por ALTAMIRA RSL. 


377 

















El periodista Sergio Israel en su libro "El Enigma Trabal", publicado 
por TRILCE en el año 2002, dice que: Entre los ejecutados estaba la hermana de 
un oficial de la Marina, a quien el comandante de la fuerza, al darle el pésame, le 
habría dicho que toda la fuerza tenía su parte de culpa, porque para evitar que se 
mataran a cien, la Fuerza Aérea y la Marina acompañaron al Ejército en matar a 
cinco. 


Desapariciones y asesinatos de: Rosario Barredo y Williams Whitelaw 

SECUESTRADOS CON SUS HIJOS Y SECUESTRO Y ASESINATO DE ZELMAR MlCHELINI Y 

Héctor Gutiérrez Ruiz 

El 13 de mayo de 1976 fueron secuestrados en Buenos Aires, Rosario 
Barredo y William Whitelaw, junto a sus tres hijos, la mayor de cuatro 
años, Gabriela Schroeder Barredo, y los dos menores, María Victoria de 
18 meses y Máximo de tres meses, hijos de Rosario y Withelaw; también se 
llevaron un perro boxer, que fue visto dos meses después en la planta baja 
de Automotores Orletti. 

Ricardo Zaneti, que dormía junto a una ventana que daba al frente de su casa, 
en Matorros 322, Capital Federal, se despertó, a eso de la 1 de la madrugada por 
vehículos que se detenían violentamente, las puertas que se cerraban con estruen¬ 
do, golpes en la puerta de la casa lindera, gritos, insultos. Pudo escuchar y recono¬ 
cer la voz de los tres hijos de sus vecinos, Williams Whitelaw y Rosario Barredo 
-que lloraban y reclamaban por sus padres. Escuchó una voz masculina que decía: 
"Llévenlos para Caseros " 3 En la casa quedó una "ratonera". 

En testimonio prestado ante la CONADEP (Comisión Nacional sobre 
Personas Desaparecidas) Orestes Vaello, suboficial, que revistaba en el Bata¬ 
llón 601 de Inteligencia dice que: también en el curso del año 1976, después del 
golpe de Estado, ocurrió el caso de los uruguayos. Sus nombres eran Rosario Barredo 
y Willams Whitelaw. Eran jóvenes y fueron entregados por gente de la SIDE. 
Cree que también intervino gente de la Marina. Eos levantaron en Capital. Al dicente 
les fueron entregados en el "Pozo de Bemol"... Que después vino gente de la SIDE 
como lo dijo anteriormente, era la gente de Gordon, que llegó con dos o tres personas 


3. Información del expediente de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correc¬ 
cional Federal de la Capital Federal, caratulado: "Documentación que acompaña el pedido 
de extradición de Carlos Guillermo Suárez Masón -Legajo número 4— Homicidio de Zelmar 
Michelini y otros. Año 1987. 


378 














que por los dichos durante el almuerzo, pertenecían a los Servicios de Inteligencia 
del Uruguay. Que se los llevaron. La persona que se los lleva se llama Enciso, alias 
"Pino". Que pertenecía a la SIDE y es el que se ha casado con la hija de Otto Paladi¬ 
no. Que desconoce la suerte seguida por estos uruguayos. Que en cambio tiene cono¬ 
cimiento de que esos traslados se hacían por intermedio de la División Potencial 
Humano del Departamento de Inteligencia Exterior, donde se encontraba un Tte. 
Coronel Pérez Rosen y un Mayor de apellido Taubers. Se comunicaban cuando los 
secuestrados eran de origen extranjero . 4 

El 14 o 15 de mayo, Juan Pablo Schroeder, abuelo paterno de la hija 
mayor de Rosario Barredo se traslada a Buenos Aires, denunciando el se¬ 
cuestro de la familia Whitelaw - Barredo. Schroeder también tomó contac¬ 
to con Zelmar Michelini, quien se mostró profundamente preocupado por 
el secuestro de Willy y de Rosario. 

El 16 de mayo, Héctor Gutiérrez Ruiz, luego de entrevistarse con un 
socio de su comercio, se dirigió a su domicilio. Gutiérrez Ruiz enfiló hacia 
Corrientes, cuando de un auto descendió el embajador uruguayo, Gusta¬ 
vo Magariños, y le expresó: "Estoy a su disposición para lo que necesite”, se¬ 
gún comentó esa noche Gutiérrez a su esposa, Matilde Rodríguez. 

El 17 de mayo, Juan Raúl Ferreira se reunió con Gutiérrez Ruiz en el 
comercio de éste. Durante la misma, hablaron del informe entregado por el can¬ 
ciller Juan Carlos Blanco a las autoridades argentinas en el que se acusaba a 
Gutiérrez Ruiz, a Zelmar Michelini y a Wilson Ferreira Aldunate, de actividades 
subversivas en Uruguay. Cuando, acompañó a Gutiérrez Ruiz hasta su domicilio, 
detectaron estacionados en las cercanías dos autos Falcon, sin matrículas. 5 

El 18 de mayo de 1976 fueron secuestrados: Héctor Gutiérrez Ruiz, (ex 
presidente de la Cámara de Diputados) y Zelmar Michelini (senador), el 
primero en su domicilio y el segundo en el hotel en que residía. 

A la una y media de la mañana casi destruyeron la puerta sobre la calle 
Carlos Pellegrini 1516 donde vivía Miguel Angel Ferreira, el encargado 
del edificio cuya entrada principal daba sobre la calle Posadas. Hombres 
armados que le mostraron un carnet de la "Policía Federal", se aseguraron 
que los inquilinos del 4 o -la familia de Héctor Gutiérrez Ruiz, no podía 


4. Testimonio de Orestes Vaello, sub oficial del Ejército argentino ante la Comisión Nacional 
Sobre la Desaparición de Personas de Argentina, el 4/4/1984. 

5. Del Expediente de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal 
"Zelmar Michelini y otros". 


379 

















abandonar el edificio por alguna otra salida. En el cuarto piso, un hombre 
muy robusto, a quien le decían "Paqui", derribó la puerta. 

Héctor Gutiérrez Ruiz, su esposa Matilde Rodríguez Larreta y los hijos 
de ambos menores de edad, vivían en Posadas 1011, en una zona de emba¬ 
jadas. El edificio tenía guardia armada permanente, que trató de interve¬ 
nir, pero que se retiró cuando los secuestradores se individualizaron como 
policías y miembros de la Fuerzas Armadas. La familia fue testigo del se¬ 
cuestro y del saqueo del hogar. Se llevaron hasta los documentos persona¬ 
les, por lo que a Matilde se le rechazó la denuncia en la Seccional Policial y 
no pudo ni siquiera telegrafiar a su familia. 

Matilde Rodríguez alcanzó a ver a cinco individuos armados; tres de ellos, se dedi¬ 
caron a saquear el apartamento después de que Gutiérrez Ruiz fue amarrado a una 
silla y ella era custodiada. Pusieron el botín en siete valijas y además arrojaron 
varios bultos por la ventana. Veinte minutos después obligaron a Gutiérrez Ruiz a 
ponerse un abrigo encima de su pijama y lo encapucharon con una bolsa de arpille¬ 
ra. Iba descalzo. Antes de ser sacado, Gutiérrez Ruiz le dice a su esposa: "Avísale 
a Guglialmeli, a Sánchez Sorondo, a Michelini”. El hombre que comandaba el 
grupo, dijo: “A ese comunista también lo vamos a llevar". 6 

Un operativo similar fue realizado en el hotel Liberty, donde vivía 
Michelini, quien ese día estaba con dos de sus hijos. Doce hombres arma¬ 
dos llegaron en tres vehículos, entraron al hall del Hotel Liberty, a las 5:15 
de la madrugada y pidieron al encargado nocturno del hotel. Orlando 
Procacci, que abriera la habitación 75, que ocupaban, Zelmar Michelini y 
sus dos hijos. Entraron gritando: "Te venimos a buscar, Zelmar, te llegó la hora, 
abajo te vamos a desfigurar la cara". 

Zelmar Michelini fue obligado a vestirse. Zelmar hijo, intentó mirar. "Tapate, 
porque te mato", le dijo un hombre de unos 40 años, que vestía campera blanca y lo 
apuntaba con una pistola. Cuando Michelini regresó del baño alcanzó a decir, en 
voz alta: "Llamen a Louise Popkin”, una amiga estadounidense. Quince minutos 
después, sus hijos comprobaron que se habían llevado todos los papeles, todos los 
documentos, el cartón de cigarrillos, un grabador, un proyector de diapositivas, 
una afeitadora eléctrica, dos prismáticos y la máquina de escribir portátil del pa- 


6. Testimonio de Matilde Rodríguez en la audiencia del 16 de abril de 1984 ante el juez federal 
argentino Juan Edgardo Fégoli. 


380 
















dre, una Mermes Baby color rojo con tipos cursivos. 7 Le dijeron a Zelmar, " llegó 
tu hora". Accedieron a su pedido de que le permitieran llevar medicamen¬ 
tos, lo que hizo que sus hijos concibieran la esperanza de que no lo mata¬ 
rían. Michelini había manifestado al periodista de La Opinión, Roberto 
García, que se sentía vigilado. 

Por el mismo testimonio se sabe que: Estaba Juan Raúl Ferreira dormido, 
cuando golpeó a la puerta de su apartamento Marcos Gutiérrez, el hijo mayor de 
Gutiérrez Ruiz: "Arrestaron a papá". Juntos se trasladaron hasta el Liberty. Allí 
se enteraron de que Michelini también había sido secuestrado, dos horas antes. 

El 20 de mayo, en una recepción, el ministro de Defensa argentino mayor 
(R) José María Klix dijo a dos corresponsales extranjeros: "Se trata de una 
operación uruguaya, todavía no sé si es oficial o no". 

A las 21.15 del viernes 21 de mayo, debajo de un puente, en la intersec¬ 
ción de las avenidas Perito Moreno y Dellepiane, estaba estacionado un 
auto Torino color rojo, sin chapas, con el cadáver de un hombre en el piso 
del asiento posterior, y en el pavimento, a la altura del baúl del auto, apa¬ 
recía una gran mancha de sangre. Después de comprobar que en el baúl 
trasero se encontraban otros tres cadáveres -dos hombres y una mujer-, se 
trasladó el vehículo hasta la comisaría. Allí se estableció que los cuatro 
cuerpos exhibían heridas de bala en la cabeza, que estaban maniatados y 
que la mujer tenía, además, una tela adhesiva que le cubría los ojos. En el 
tablero delantero del Torino había un sobre con una nota mecanografiada, 
por la cual se responsabilizaba al ERP del ajusticiamiento de los cuatro: "a 
requerimiento del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, por su actitud 
contrarrevolucionaria y pequeño burguesa". 

Ambos políticos habían denunciado internacionalmente las violacio¬ 
nes a los derechos humanos practicadas por la dictadura uruguaya, entre 
otros ámbitos: ante el Parlamento Europeo, Gutiérrez Ruiz y ante el Tribu¬ 
nal Russell, Michelini. 

Williams Whitelaw ex militante del MLN-T, representaba en ese momento 
a "Nuevo Tiempo" en la dirección de la Unión Artiguista de Liberación. 
Zelmar Michelini y militantes de otros grupos también la integraban. 


7. Información existente en el expediente de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal 
y Correccional Federal de la Capital Federal, caratulado: "Documentación que acompaña el 
pedido de extradición de Carlos Guillermo Suárez Masón -Legajo número 4— Homicidio de 
Eduardo Zelmar Michelini y otros. Año 1987. 


381 
















Los hijos de Rosario Barredo y Williams estuvieron secuestrados y des¬ 
aparecidos hasta que uno de sus abuelos los recuperó y los llevó a vivir a 
Francia. Los niños estuvieron en un CCD hasta ese momento. Juan Ignacio 
Azaróla secuestrado el 20 de Mayo y trasladado a OT 18, dice que: se en¬ 
contraba detenido Manuel Larencof (Liberoff) y que: en la casa se escucha¬ 
ba corretear y jugar, con sus voces infantiles, a un niño y una niña de unos cuatro 
y seis años de edad, a quienes se les indicó que no podían acercarse a "esa puerta", 
la de nuestra habitación. 

Ante la Comisión Investigadora Parlamentaria creada para investigar 
los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz, Alejandro Vegh Villegas, en¬ 
tonces ministro de Economía de Uruguay declaró: que habían echado por 
tierra sus intentos de hablar con la oposición y que no hubo ninguna gestión del 
gobierno ante su similar argentino interesándose por los secuestrados. 

Ante la referida Comisión declararon: el Arzobispo de Montevideo, 
Carlos Partelli y el Senador Alberto Zumarán, ambos habían recibido en 
forma anónima información sobre una reunión del COSENA (Consejo de 
Seguridad Nacional) donde, se había resuelto la muerte de ambos legisla¬ 
dores. Habrían participado de ella el Presidente, Juan M. Bordaberry; el 
Ministro del Interior, General Hugo Linares Brum; el Ministro de Defensa, 
Walter Ravenna; el Comandante en Jefe del Ejército, Julio César Vadora; el 
Comandante de la Armada, Vicealmirante Víctor González Ibargoyen; el 
Jefe de la Fuerza Aérea, Brigadier Dante Paladini y un coronel argentino. 
Habrían votado en contra del asesinato solamente el Presidente de la Re¬ 
pública y el Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea. 

Margarita Michelini, hija de Zelmar, declaró en el Juicio a los Coman¬ 
dantes en Argentina que había visto en el CCD Automotores Orletti don¬ 
de estuvo secuestrada, la máquina de escribir de su padre, fácilmente iden¬ 
tificadle por su color rojo y su letra cursiva. 

Haydée Trías, enfermera que cuidó personalmente al oficial del Ejérci¬ 
to uruguayo, Pedro Matos Nerbondo, durante una crisis depresiva de éste, 
declaró también que fueron designados para matar a los legisladores el 
propio Pedro Matos y Manuel Cordero, hecho que le había relatado el pro¬ 
pio Matos. 

Se sabe que, el 7 de mayo, el Ministro de Relaciones Exteriores de Uru¬ 
guay, Juan Carlos Blanco, había viajado a Buenos Aires a entrevistarse con 
el canciller argentino César Gazzetti, como consta en diarios de la época. 
Hay razones suficientes para suponer, que el tema de los legisladores 


382 













exiliados en Argentina y activos denunciantes de la Dictadura Uruguaya, 
estuvo presente en dichas conversaciones. 


Ejemplos de secuestros y traslados ilegales a Uruguay 

Testimonio de Antonio Viana Acosta 

Antonio Viana Acosta, uruguayo de 31 años y nacido en la ciudad de Rocha, (...) 
comienzo a relatar lo que me sucedió: 

El día 24/02/74, a las 4:30 de la madrugada, mi domicilio fue violentamente 
invadido por un comando conjunto de efectivos militares uruguayos y argentinos, 
compuesto de alrededor de 15 hombres de paisano, los cuales después de practicar 
todo tipo de violencia conmigo y mi familia, me torturaron en la azotea del edificio 
donde vivía. Al mediodía me trasladaron a la Superintendencia de Seguridad Fe¬ 
deral, sita en la calle Moreno, en el barrio del Congreso en el centro de Buenos 
Aires, lugar conocido como Coordinación Federal. 

Allí se me aplicó tortura psicológica, para que aceptase y firmase o reconociese 
los cargos que se me imputaban. En diferentes interrogatorios a los que fui someti¬ 
do en Buenos Aires, se insistió en mi integración al eje del ERP (Ejército Revolu¬ 
cionario del Pueblo, argentino) -MLN (Movimiento de Liberación Nacional- 
Tupamaros, uruguayo). También querían que les proporcionase direcciones de lo¬ 
cales de funcionamiento conjunto del ERP y del MLN y además, que les indicara 
dónde se encontraba secuestrado el Teniente Coronel Jorge Ibarburen; datos que yo 
ignoraba totalmente y que nunca fueron de mi conocimiento. 

Permanecí en esa Unidad Policial alrededor de 20 días y luego fui trasladado 
a Villa Devoto, en horas de la madrugada, en un camión celular totalmente atado 
y amordazado. Permanecí en Villa Devoto, aproximadamente una semana, en 
régimen de incomunicación absoluta. De allí fui trasladado a la cárcel de Case¬ 
ros, donde permanecí 25 días en las mismas condiciones anteriores. Cuando fui 
trasladado de la cárcel de Caseros, me llevaron a la Alcaldía 21, donde pude 
hablar con algunos detenidos y saber dónde estaba. Permanecí en ese lugar alre¬ 
dedor de un mes, siendo trasladado otra vez a Coordinación Federal, donde me 
exigían que firmase la entrega de la documentación personal, bienes, objetos de 
uso, etc. 

De ahí fui trasladado directamente a Aeroparque para ser embarcado en un 
vuelo comercial de PLUNA, usando un avión militar de TAMU (Transportes Aé- 


383 

















reos Militares Uruguayos) con destino a la ciudad de Montevideo. El traslado de 
Coordinación Federal a Aero-parque fue efectuado en un Ford Falcon de la Policía 
Federal y custodiado por cuatro coches patrulla. Fui introducido en una salita de 
espera de Inmigraciones, donde se me esposó al radiador de la calefacción hasta el 
momento de partir. 

Al subir al avión me reencontré con mi compañera y mis hijos. Habían perma¬ 
necido, mi compañera en la Cárcel de Mujeres y mis hijos en un Albergue de 
Menores. Se nos exigió que durante el vuelo nuestro comportamiento fuese el nor¬ 
mal de cualquier pasajero, estando toda la documentación en poder del Comandan¬ 
te de la aeronave, que posteriormente nos exigió que fuésemos los últimos en des¬ 
embarcar en el Aeropuerto de Carrasco (Uruguay), donde ya había efectivos 
policiales a nuestra espera. De allí fuimos trasladados a Jefatura de Policía de 
Montevideo, y enviados al Departamento N a 4 de la DNII (Dirección Nacional de 
Información e Inteligencia) a cargo del Comisario Raúl Benítez Chaves. 

Parte de los integrantes del comando que me secuestró en la ciudad de Buenos 
Aires fueron: 

Argentinos: Comisario Mayor de Superintendencia de Seguridad Nacional, 

Luis Margaride y el Sub Comisario de la Superintendencia, Villar. 

Uruguayos: Capitán de Infantería, con asiento en el Batallón N s 1 de Infante¬ 

ría (Florida) Caubarrére, alias "La Pocha". 

En la DNII permanecí durante 72 horas, donde fui nuevamente interrogado. 
Mi compañera e hijos fueron mantenidos aparte de mí, dentro de un calabozo. De 
Jefatura de Montevideo fui trasladado al Batallón de Infantería N B 12, sito en la 
ciudad de Rocha, a 210 Km. de Montevideo, en un Jeep, que estaba a cargo del 
Capitán Pedro Enrique Buzó Troncoso, Jefe del Servicio de Inteligencia del referido 
Batallón. Esposado y encapuchado, atado de pies y manos, realicé el viaje de 210 
Km. a golpe de puño y culetazos. 

Llegado al Batallón fui conducido al S2 de la Unidad, desde la Plaza de Armas 
arrastrado de los cabellos. Desde ese momento fui torturado física y psicológica¬ 
mente, consistiendo las torturas en plantones con las piernas y brazos abiertas 
durante días, alternando con las sesiones de inmersión de la cabeza dentro del 
agua hasta comenzar el principio de asfixia (submarino), shocks eléctricos (picana), 
en todas partes del cuerpo. Con respecto a la picana, en cada Unidad militar, es 
diferente (...) 

Este tratamiento duró alrededor de dos meses, y de allí ya casi imposibilitado de 
caminar (en la Enfermería de la Unidad se habló de trasladarme al Hospital Cen- 


384 















tral de las Fuerzas Armadas, -sito en la ciudad de Montevideo- para una posible 
amputación de la pierna) a causa del estado deplorable en que me encontraba y 
físicamente muy disminuido, fui trasladado al Batallón de Infantería N s 11 con 
asiento en la ciudad de Minas, donde el diagnóstico médico acerca del problema del 
tobillo se repitió. Cuando posteriormente fui trasladado al Penal de Libertad, EMR 
1, Penal de Libertad, gracias a los compañeros médicos allí recluidos, logré recupe¬ 
rar la pierna. 

En el Batallón de Infantería N s 11, fui torturado nuevamente. Cuando llegué, 
recibí una paliza con palos, que me produjo traumatismo craneano y fisura de 
rodilla. De ahí para adelante fui constantemente torturado de las maneras ante¬ 
riormente descriptas, con el agregado de la aplicación del "tolete", que consiste en 
la introducción anal de un pedazo de madera de palo o de goma, deforma cilindrica 
de dos a cuatro cm de diámetro, por un largo de 30 cm, y del "caballete”, que 
consiste en un armazón de hierro, triangular, con una altura aproximada de 1,50 
mts de alto, en el cual fui obligado a sentarme, completamente desnudo, durante 
muchas horas, varios días seguidos, lo que me produjo heridas profundas que lle¬ 
garon casi, a cortarme el canal seminal. 

A estas torturas se agregaba el que me colgaran del techo del calabozo, suspen¬ 
dido a más o menos 20 cm del suelo. Era colgado de las esposas que tenía en las 
muñecas, lo que me produjo una gran distensión de las articulaciones de las ma¬ 
nos. Solamente era descolgado para las sesiones de tortura descriptas anterior¬ 
mente. De todas estas torturas tengo cicatrices permanentes, que según los médi¬ 
cos que he consultado, no desaparecerán. También, mientras permanecí colgado, 
me llenaban la boca de sal gruesa para producirme sed. En estas condiciones per¬ 
manecí dos meses más y dejo sentado que perdí el conocimiento en varias oportu¬ 
nidades y reaccioné a base de puntapiés y baldes de agua fría. En esta Unidad 
Militar también se me inyectó Pentotal (suero de la verdad) en dos oportunidades. 
Otra de las torturas utilizadas consistía en la aplicación de magneto en las orejas 
(caravanas), lo que produce parálisis facial, con contracciones de la lengua y con¬ 
tracción de los maxilares. Lo que produce mordedura involuntaria de la lengua, 
haciendo heridas profundas que no me permitían ningún tipo de alimentación ni 
consumo de líquidos, cosa que era totalmente necesaria a causa de la fiebre alta 
(39 s ) que tenía. Las torturas eran dirigidas por el Jefe del S2, Capitán de Infantería 
Raúl Mario Saravia. Durante mi permanencia en el Batallón de Infantería N B 11, 
siempre estuve esposado por orden superior. 

De Minas, volví al Batallón de Infantería N s 12, donde fui torturado por la 
tropa a puntapiés, culatazos, comida en pésimas condiciones de higiene. Un mes 


385 


















más tarde me pasaron al Juez Sumariante, Capitán de Infantería Pedro Arnoletti 
(sic) (Winston J. Arnoletti) continuando con los malos tratos y la incomunicación 
absoluta, al punto de que mi familia no sabía dónde yo estaba. A mi anciano padre 
el Capitán Buzó o el Capitán Néstor Silvera le dijeron, que le iban a entregar un 
féretro lacrado, el cual no podía abrir. Esto me lleva a aclarar que a mi familia, que 
nada tenía que ver, la torturaron sicológicamente. Se me aplicó también picana en 
las encías y en las córneas, lo que me produjo la actual miopía y problemas de 
córnea, entre los cuales se encuentra la infección de las mismas. 

Dos meses y medio más tarde, me trasladaron a Montevideo a declarar frente al 
Juez de I a Instancia de 3er. Turno, Coronel Federico Silva Ledesma (actual Presi¬ 
dente del Supremo Tribunal Militar). Después de haber prestado declaración, vol¬ 
ví a Rocha a esperar la resolución del Juez. El día 24 de Octubre de 1974, fui 
nuevamente trasladado a Montevideo a firmar el procesamiento, sin habérseme 
permitido nombrar defensor particular ni de oficio. En ese acto, se le otorgó la 
libertad definitiva a mi compañera. Fui trasladado nuevamente al Batallón de In¬ 
fantería N a 12 y después de dos meses y medio, el 23 de Diciembre de 1974 fui 
trasladado al Penal de Libertad, donde permanecí hasta el otorgamiento de mi 
libertad anticipada, que se efectuó el día 13 de febrero de 1981. 

Este testimonio fue trascripto prácticamente en su totalidad, no sólo 
porque se trata de un "traslado ilegal" sino también, porque describe tor¬ 
turas que se aplicaron a los presos políticos en las diferentes dependencias 
de las FFCC (Fuerzas Conjuntas) 8 en Uruguay. 

Viana Acosta testimonió ante Amnesty International en junio de 1981 
una vez que llegó a su exilio en Suecia. Amnesty International presentó su 
testimonio en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. 
Dicho organismo obligó al Estado uruguayo a pagar una indemnización 
por las consecuencias físicas de la tortura aplicada. Fue el único caso en 
que el Estado indemnizó por torturas, debido a que fue presentado en 
tiempo y forma como Acto Administrativo. 


8. Fuerzas Conjuntas. Incluyen a las tres armas dependientes del Ministerio de Defensa y del 
Ministerio del Interior. 


386 















Testimonio de Mario Denegrí, sobre su propio secuestro y el de sus 
amigos: A. N. y esposa. Con posterior traslado ilegal hacia Uruguay de 
todos ellos. 

Mario Denegrí relata que el l e de diciembre de 1975, aproximadamente a 
las 15 h. fue detenido por la Policía Federal en una plaza ubicada en la calle 
Entre Ríos a la altura de Barracas (Buenos Aires), junto a un grupo de jóve¬ 
nes que realizaba volanteadas de apoyo al PRT. Denegrí fue aislado en un 
calabozo, de donde horas más tarde sería conducido brutalmente por po¬ 
licías de particular, encapuchado, atado y golpeado, en el suelo de un ve¬ 
hículo a Coordinación Federal, donde aumentaron los malos tratos, sien¬ 
do interrogado y fichado como Antonio Jiménez, argentino, ya que así fi¬ 
guraba en su documentación falsa. 

En la noche del 2 de diciembre fue trasladado en el suelo de la parte 
trasera de un vehículo, vendado y maniatado. El vehículo salió del Centro 
en dirección Norte, se detuvo, abrieron una portera, el coche se deslizó 
algo más y lo entraron en una casa, allí lo torturaron con golpes y picana 
eléctrica durante tres días hasta que comprendieron que no estaba vincu¬ 
lado con el resto del grupo. En esas circunstancias dio su verdadera iden¬ 
tidad, suponiendo que su familia se había movilizado por él y partiendo 
de la base de que no había realizado ningún delito en Argentina (excep¬ 
tuando el uso de documentación falsa) sería llevado a una cárcel legal. 

Fue devuelto en las mismas condiciones a Coordinación Federal y cua¬ 
tro días más tarde, fue entregado en la escalerilla de un avión a oficiales 
uruguayos. Un avión de TAMU a juzgar por las quejas del piloto que, por 
ese "trabajito" no podía trasladar el "bagallo". En el avión, venía con va¬ 
rios militares uruguayos que aparentemente se juntaron con él en el aero¬ 
puerto, un oficial le preguntó si le reconocía por la voz, ante la negativa de 
Mario le dijo que eran uruguayos, y que "si no hablás te tiramos del avión". 
Desde ese momento la tortura fue permanente. En los meses posteriores 
Mario tuvo claro que la persona a quien pertenecía esa voz era el 302, 
Gavazzo. Aterrizaron en Carrasco y el vehículo en cuyo baúl era traslada¬ 
do, avanzó velozmente con la sirena prendida durante un trayecto corto. 

Lo llevaron a la Casa de Punta Gorda cuyo código por radio era "300R", 
del Dpto. III del SID. De ello, tuvo conocimiento en el correr de los meses. 
La tortura consistió en plantón, palizas y submarino, tenían mucha infor¬ 
mación sobre su persona en relación a su militancia en el MLN. Los 


387 

















interrogatorios se basaron fundamentalmente sobre la vinculación del MLN 
con el PRT-ERP y sobre los dirigentes Tupamaros en Argentina. 

En medio de las torturas y bajo la presión de estar totalmente a disposi¬ 
ción de sus secuestradores Denegrí da información debido a la cual serían 
-en la madrugada del día siguiente secuestrados A. N. y su esposa-. En la 
tarde del 10 de diciembre fue trasladado a Buenos Aires nuevamente en 
las mismas condiciones y sacado a pasear para marcar los datos propor¬ 
cionados, en un vehículo Ford Falcon seguramente de la Policía Federal, 
los que lo llevaban eran argentinos y uruguayos. En estas circunstancias 
señaló la dirección de A. N. y esposa, quienes estaban radicados legalmen¬ 
te en Argentina, trabajaban, estudiaban y no mantenían actividad política. 
Esa noche permaneció atado con sogas en el piso de un garaje por la zona 
de Palermo. 

El matrimonio fue secuestrado de su domicilio en Amenábar 1159, 9no. 
piso, aproximadamente a la una de la madrugada del 11/12/75, fueron con¬ 
ducidos con ojos descubiertos hasta la Plaza de Mayo, a esa altura les ven¬ 
dan los ojos; pocas cuadras después el coche se detuvo y entró como en un 
garaje, el cual tenía una rampa hacia abajo. Al día siguiente los trasladaron 
nuevamente, aparentemente hacia Aeroparque. 

Al mismo tiempo para Mario recomenzaron las torturas e interrogatorios 
en el garaje, en el piso del vehículo, y en el avión, del cual es vuelto a bajar 
para hacerle submarino en un tacho de 200 litros acondicionado en la par¬ 
te de atrás de una camioneta al costado del avión. Fue en un lugar semi 
público porque escuchó a uno de los torturadores decir: "ese taxista , ¿qué 
mira?" Vuelven a llevarlo en una nueva recorrida en un Falcon para confir¬ 
mar algunos de los lugares, por considerar insuficientes los resultados ob¬ 
tenidos; de hecho, el operativo tuvo como único resultado el secuestro de 
este matrimonio que ya no militaba. 

Al final son trasladados hacia el aeropuerto de Carrasco, de allí, a la 
casa en Punta Gorda. Para bajarlos de los autos, entraron al garaje de la 
casa. Están seguros de la ubicación porque en una oportunidad vieron por 
un orificio de una ventana el río y la plaza Virgilio. 

Comenzaron con los interrogatorios al matrimonio. Plantones prolon¬ 
gados, golpes y submarino, este último aplicado sólo a ella, mientras las 
preguntas eran dirigidas a él, es allí que Mario comprende que ellos tam¬ 
bién han sido secuestrados y les habla para avisarles de su presencia. Ellos 
fueron interrogados sólo al principio, ya que sus captores enseguida com- 


388 
















prendieron que la información que podían obtener sobre el 26 de Marzo 
en el Uruguay, pertenecía al pasado. 

Pasado el período de torturas e interrogatorios, sobrevivieron venda¬ 
dos y atados con alambre, con guardia armada y luz artificial en forma 
permanente, expuestos a los humores de la guardia, sufriendo frecuentes 
castigos; en una oportunidad un capitán murió en un operativo, herido 
por error por otro integrante de su propio grupo y eso significó para ellos 
12 horas de plantón. Sienten que lo peor era el tener conciencia de que 
nadie más que ellos sabían que estaban allí y que por lo tanto se sentían a 
merced de sus captores. 

Cuando los oficiales no estaban y no había nuevos "ingresos", la cosa 
era más tranquila, se daban ciertas situaciones de diálogo entre ellos con 
los guardias, la posibilidad de hacer alguna limpieza con la venda apenas 
levantada. A. N. recuerda que para una de las fechas de Navidad o Fin de 
Año, su esposa y él cenaron solos en la cocina, mientras un guardia toma¬ 
ba vino con Mario. Por conversaciones entre los guardias se enteraron que 
por lo menos, las mujeres que habían sido secuestradas en Buenos Aires y 
cuyos cuerpos aparecieron en Soca, habían estado con vida en el lugar. 

A través de la radio o televisión prendida supieron de la caída del "apa¬ 
rato armado" del Partido Comunista. En esos días el local estuvo práctica¬ 
mente vacío (sin represores) y sólo quedaban guardias sin rango militar, 
hasta que llevaron a Jaime Pérez (5 de febrero) como detenido -quien ha¬ 
bía sido retirado del penal de Punta Carretas- y en la casa, se volvió a vivir 
la tensión de la tortura e incomunicación. Por la radio también se entera¬ 
ron del secuestro de Michelini y Gutiérrez Ruiz, en un período que Gavazzo y 
los otros estaban en Buenos Aires, tanto es así que A. N. comentó por lo bajo: 
"hagamos un lugarcito que los traen aquí". Con mi esposa y Jaime quedamos hela¬ 
dos cuando escuchamos que habían aparecido los cadáveres en Buenos Aires. Mario 
ya había sido trasladado en los primeros días de mayo (al "300 Carlos"- SMA), y 
recuerdo que cuando en un informativo escuchamos de la aparición de los cadáve¬ 
res en Buenos Aires, subieron el volumen de la radio y nos gritaron: "pongan 
mucha atención". 

A mediados de mayo unos oficiales le propusieron a la madre de su 
esposa información sobre su hija a cambio de una importante suma de 
dinero. La señora plantea que ella no va a entregar dinero sin haber visto a 
su hija y sin saber dónde y cómo estaba. Uno de los guardias tirando a 
pelirrojo y con voz carrasposa, "que era capaz de dar cinco piñazos cuando se le 


389 

















ordenaba uno, pero que también era el que podía tener los gestos más amables ", les 
llevó cartas a los padres de ella en varias oportunidades, a cambio de pro¬ 
pinas. Denegri lo reconoce como uno de los que lo torturó y entre los que 
lo trajeron desde Buenos Aires la segunda vez. 

Otros detenidos en el "300 R" 

Estuvieron secuestrados allí, además de Jaime Pérez, varios militares 
constitucionalistas a los que mantuvieron separados de los otros presos. 
Después de ser secuestrado en Baygorria y duramente torturado en una 
chacra perteneciente al Cuartel de Infantería N e 7 de Salto, F. A. dirigente 
del sindicato de los trabajadores de Salto Grande del lado argentino, fue 
trasladado al "300 R" para ser interrogado y torturado. Luego de tres me¬ 
ses fue liberado aquí en Montevideo, bajo amenaza de muerte si hablaba 
sobre lo vivido. 

Tienen un vago recuerdo de la presencia de dos militantes del PCR quie¬ 
nes habrían sido traídos del extranjero. El recuerdo es que los torturaban 
muchísimo, que los visitó un médico de tan destrozados que estaban. Es¬ 
tuvieron allí apenas un día, y ubican el momento hacia fines de febrero. 

Un caso especial fue un alto oficial "leal a Trabal" y quien era de Inteli¬ 
gencia, que estaba como en reclusión domiciliaria y que en determinado 
momento fue llevado allí para ser interrogado. 

Recuerdan que los represores del "300 R" se denominaban por núme¬ 
ros que iban del 300 a 320... y pico, 23 o 24. Los números altos pertenecían 
a la guardia. Tienen claro que 302 era Gavazzo y la impresión de que en 
una oportunidad visitó Pta. Gorda el Gral. Amaury Prantl y el 301 
(Rodríguez Buratti). En una ocasión hubo una visita de oficiales extranje¬ 
ros -al parecer argentinos- en un clima muy pesado. También iban por el 
local algunos "Oscares" pero a éstos los identificaron mejor en el "300 Car- 
los"-SMA. 

Los guardias se dividían en dos turnos de 24 x 24 horas; en una de ellas estaba el 
sargento Velázquez, alias el Viejo, de voz carrasposa y acento acanariado; el “Peti¬ 
zo" más bien rubio; el "Enanico", más castaño que los otros, muy menudito y 
culto, jugaba muy bien al ajedrez y lo hacía con Jaime Eérez luego que éste pasó el 
período del interrogatorio y torturas; un moreno, de estatura normal; otro guardia 
que le decían Taño, etc. En la otra guardia estaba "Boquina", identificado como 
Ramón Díaz y otro con "pinta de sapo", etc. Recuerdan también a un chofer apo- 


390 















dado "Jirafa” por lo alto (quien era jugador de Basquet), a un cabo enfermero, a un 
escribiente rubio que era estudiante de arquitectura y faltarían otros. 

Todos los integrantes del Dpto. III, estaban muy comprometidos con el trabajo 
sucio, deformados por el mismo y daban la impresión de ser capaces de cualquier 
cosa. Todos ellos trabajaban a sueldo y 1/2 en Buenos Aires, tenían buen nivel 
cultural, leían a Onetti, Benedetti, etc., escuchaban canto popular, jugaban aje¬ 
drez y truco, todos ellos portaban pistolas semiautomáticas a la cintura. A fines 
de mayo el matrimonio y Jaime Pérez, fueron trasladados al "300 Carlos"- 
SMA. 

Mario recuerda que, habiendo llegado a principios de mayo al "300 Car- 
los"-SMA, había en ese momento unos 10 detenidos, poco a poco fueron lle¬ 
gando nuevos presos, hasta la caída masiva del PVP. Allí nos numeraban rigurosa¬ 
mente con números correlativos, aunque según las caídas cambiaban de centena, 
para que no supiéramos la cantidad de prisioneros que pasaban por el lugar. Las 
guardias mujeres eran las peores, eran las que nos ponían por ejemplo, algodón 
sobre los ojos, debajo de las vendas, para que no pudiéramos ver nada. Recién a 
fines de julio los pasaron al Juez Militar, habían pasado ocho meses como 
detenidos-desaparecidos. 


Nota: De las investigaciones que ha realizado el Grupo de Madres y Familiares de 
Uruguayos Detenidos Desaparecidos y coincidentes con las averiguaciones realizadas 
por a Comisión para la Paz, se ha podido concluir que en el apartamento que ocupaba 
el matrimonio, A. N. y esposa, ubicado en Aménabar 1159, 9no. piso (Colegiales, Cap. 
Fed.) fue usado durante meses por el Grupo Operativo OT 18 integrado por miembros 
de la SIDE argentina y su homónimo uruguayo, el SID. 

Los Locales Operativos (CCD, Centros Clandestinos de Detención) usados por el 
mismo Grupo en 1976 en Argentina, estuvieron ubicados entre las estaciones de ferro¬ 
carril Sarmiento: Llores y Lloresta. Sitasen Bacacay 3245 o 3524, justo detrás de Venancio 
Llores 3519/21 (Automotores Orletti) esquina Emilio Lamarca en ambos casos. 

Venancio Llores es la calle paralela a la vía del ferrocarril y la calle Bacacay es la 
primer paralela a ésta. Ambos locales habrían estado ubicados en la misma manzana y 
durante el mes de mayo y parte de junio, funcionaron simultáneamente. 

El contrato de alquiler de la Automotora se firmó con fecha 01/06/76 pero con 
autorización a ser ocupado a partir del 11/05/76. Cuando éste fue abandonado preci¬ 
pitadamente en el mes de noviembre, como consecuencia de la fuga protagonizada 
por dos prisioneros argentinos, el Grupo de Tareas que utilizaba ese centro de deten¬ 
ción, resolvió abandonarlo y continuar operando en otro local sito en Garay 2882 entre 
las calles Chiclana y Pomar. 


391 


















Foto de Automotores Orletti, sacada en 1984 durante el reconocimiento del local por la 
CONADEP. 


Testimonio de Enrique Rodríguez Larreta Piera, secuestrado en Argen¬ 
tina y trasladado ilegalmente a Uruguay en julio de 1976, junto a 22 
personas más. 

1. Enrique Rodríguez Larreta Piera, ciudadano uruguayo, con residencia le¬ 
gal en Montevideo, de 55 años de edad, casado, padre de 4 hijos, abuelo de 
cuatro nietos, sin ninguna clase de antecedentes judiciales, deseo testimoniar 
de manera objetiva y sintética los hechos que me tocó vivir a partir del día 1 - 
de julio de 1976. 

2. En esa fecha fui informado por mi nuera, Raquel Nogueira Paullier, de la des¬ 
aparición de mi hijo, Enrique Rodríguez Larreta Martínez, uruguayo, casado, 
padre de un niño de cinco años, de profesión periodista, con residencia legal en 
la República Argentina desde el año 1973. 

3. Mi hijo había sido dirigente estudiantil en el Uruguay. En el año 1972, el 
Ejército lo detuvo y lo mantuvo incomunicado durante nueve meses, some¬ 
tiéndolo a interrogatorios y torturas que fueron denunciadas en el Parlamen- 


392 














to, que en aquel entonces aun funcionaba en el Uruguay. Finalmente, el proce¬ 
so que se intentaba fraguar contra él fue clausurado por falta de pruebas y mi 
hijo viajó con su familia a Buenos Aires, donde trabajaba en el periódico "El 
Cronista Comercial". 

4. Teniendo en cuenta la situación que estaban viviendo los refugiados políticos 
en Argentina y los hechos que ocurrían, mi nuera y yo decidimos enviar al 
niño a Uruguay, entregándolo a su abuelo materno, que viajó con esa finalidad 
a Buenos Aires. 

5. De inmediato nos pusimos en contacto con un abogado, cuyo nombre no quie¬ 
ro mencionar aquí y con su asesoramiento presentamos un recurso de Hábeas 
Corpus ante un juzgado cuya secretaría desempeñaba un Dr. Muller, el día 2 
de julio de 1976. En este recurso pedíamos se solicitaran informes a la Policía, 
el Ministerio de Defensa, el Ministerio del Interior y otras fuerzas de seguri¬ 
dad sobre la situación de mi hijo. Varios días después se me informó que el 
recurso se archivaría, ya que las autoridades habían informado que se carecía 
de noticias de mi hijo y que no estaba detenido. 

6. Ante ello, realicé todas las gestiones que estaban a mi alcance para descubrir el 
paradero de mi hijo. Visité la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones 
Unidas para los Refugiados, donde me entrevisté con el Dr. Mones Ruiz, la 
Subsecretaría del Consejo Episcopal, el Pro-Vicario castrense y obtuve una 
audiencia con un miembro de los Padres Palotinos, a los que entrevisté en la 
iglesia de la calle Carlos Calvo y Gral. Urquiza, para interesarlos en el caso de 
mi hijo. En todas partes recibí solidaridad, pero siempre se me manifestó la 
imposibilidad de hacer nada. Recuerdo que el miembro de la Alta Corte me 
informó que en esa fecha se habían presentado más de 6 mil recursos de Hábeas 
Corpus por casos similares al de mi hijo. 

7. En este lapso me preocupé además de difundir lo más ampliamente posible la 
noticia de la desaparición de mi hijo, que fue publicada ampliamente en Bue¬ 
nos Aires (La Nación, Crónica, The Buenos Aires Herald) y aún en Montevi¬ 
deo (El País, El Día, La Mañana) al igual que fue comunicada por las agencias 
internacionales de noticias. Escribí numerosas cartas a diversas instituciones 
y personas denunciando el hecho y el día 12 de julio reiteré el recurso de Hábeas 
Corpus, aportando a la Justicia los datos que había podido obtener sobre la 
detención de mi hijo. 

8. En la noche del 13 al 14 de julio, una banda de entre 8 y 12 personas arma¬ 
das, luego de penetrar al edificio de departamentos en que se domiciliaban mi 
hijo y mi nuera (calle Víctor Martínez 1486, Buenos Aires), para lo cual ame- 


393 

















nazaron al portero, que les había solicitado identificación, derribaron la puer¬ 
ta del departamento e irrumpieron en él sin exhibir ninguna clase de orden de 
allanamiento. 

9. Inmediatamente procedieron a esposar a mi nuera y a mí, sin escuchar razones 
ni dar explicaciones. Nos cubrieron la cabeza con capuchas y sin siquiera per¬ 
mitir que nos vistiéramos -estábamos con ropa de dormir - se nos sacó de la 
casa y se nos introdujo en una camioneta cerrada, con un trato violento e 
insultándonos. 

10. El vehículo en que viajábamos se dirigió a otra casa y luego de estacionar unos 
minutos, se introdujo junto a nosotros a una pareja, luego de lo cual se nos 
condujo a un local. Para entrar al mismo fue necesario levantar una ruidosa 
cortina metálica de enrollar. 

11. Una vez allí, siempre en medio de un trato brutal y soez, sin permitírseme la 
menor explicación ni dárseme otra respuesta que no fueran golpes e insultos, 
se me exigieron mis datos de identidad. 

12. Pude advertir de inmediato que en ese local se hallaba un número elevado de 
personas en las mismas condiciones que yo. Entre ellas identifico a mi hijo por 
su voz y porque habían utilizado para encapucharme una bolsa de azúcar de 
trama no muy cerrada, lo que me permitía ver las siluetas. Posteriormente, un 
guardia se apercibe de que puedo distinguir algo, por lo que me da una golpiza 
y me vendan los ojos fuertemente con un trapo. 

13. Pude reconocer también entre las personas que se hallaban allí a Margarita 
Michelini, hija de mi amigo, el Senador Zelmar Michelini, asesinado poco tiempo 
antes, y a Eeón Duarte, dirigente obrero uruguayo, de relevante actuación en 
el movimiento sindical de mi país. 

14. Inmediatamente algunas de las personas que se encontraban detenidas conmi¬ 
go comenzaron a ser llevadas hacia la planta alta, a la que se llega por una 
escalera interior, para ser interrogadas. Por los gritos desgarradores que se 
oían constantemente puedo darme cuenta de que los están torturando bárbara¬ 
mente, lo que confirmo cuando siento que los bajan nuevamente de la planta 
baja. Hasta allí llegan arrastrados por los guardias, entre quejidos. Se los arro¬ 
ja sobre el piso de cemento, con prohibición de que se les alcance agua (por 
"haber estado en la máquina", según dicen). 

15. Ea noche siguiente me toca a mí ser conducido a la planta alta, donde se me 
interroga bajo tortura, como a los demás hombres y mujeres que estuvimos 
allí. Se me desnuda completamente y colocándome los brazos hacia atrás, se 
me cuelga por las muñecas, hasta unos 20 o 30 centímetros del suelo. Al mis- 


394 














mo tiempo se me coloca una especie de taparrabos en el que hay varias termi¬ 
naciones eléctricas. Cuando se le conecta, la víctima recibe electricidad por 
varios puntos a la vez. Este aparato, al cual llaman "máquina", se conecta 
mientras se efectúan las preguntas y se profieren amenazas e insultos, apli¬ 
cándose también golpes en las partes más sensibles. El suelo, debajo del lugar 
donde se cuelga a los detenidos, está mojado y sembrado de cristales de sal 
gruesa, con el fin de multiplicar la tortura si la persona consigue apoyar los 
pies en el piso. Varias de las personas que estaban junto conmigo se despren¬ 
dieron del aparejo de colgar y se golpearon contra el piso, produciéndose serias 
heridas. Recuerdo en especial el caso de quien después supe que era Edelweis 
Zahn de Andrés, la que sufrió profundos cortes en la sien y en los tobillos, que 
después se infectaron. 

16. Mientras se me tortura se me formulan preguntas sobre las actividades políti¬ 
cas de mi hijo y sobre mi participación en el Partido Por la Victoria del Pueblo, 
al que, según ellos, pertenecía mi hijo. Es en ese cuarto donde puedo ver, en un 
momento en que por la copiosa transpiración se corre algo la venda, que en la 
pared hay colgado un retrato de regular tamaño de Adolfo Hitler. 

17. No puedo precisar con exactitud durante cuánto tiempo se me torturó. Creo 
que en mi caso no fue más de media hora, pero en la mayoría de los casos las 
torturas duraban, según mis cálculos, de dos a tres horas. 

18. Luego de sufrir ese tratamiento se me reintegró a la planta baja, donde perma¬ 
necí hasta el día en que fui trasladado al Uruguay. Las condiciones higiénicas 
del lugar son lamentables. Parece un taller mecánico abandonado, por la sucie¬ 
dad de grasa y tierra. Existe únicamente un pequeño retrete para las casi 30 
personas detenidas allí. Durante este período, en muchas oportunidades se 
escuchan voces de otras personas secuestradas que se encuentran en la planta 
alta, solicitando ir al baño o pidiendo agua o comida. 

19. Entre esas voces reconozco claramente la de Gerardo Gatti Antuña, a quien 
conozco desde hace mucho tiempo, como dirigente sindical de los obreros gráfi¬ 
cos uruguayos. 

20. Con el paso de los días puedo darme cuenta -por el contenido de las conversa¬ 
ciones y los modismos que emplean- que la gran mayoría de los que participa¬ 
ron en el operativo de secuestro y todos los custodias son argentinos. Eos guar¬ 
dias, por el tratamiento que se dan, parecen pertenecer al Ejército argentino, 
mientras que quienes participan en los operativos no dan esa impresión. Entre 
ellos se distingue un hombre de unos 35 años, sumamente corpulento, que 
responde al sobrenombre de "Paqui" (contracción de "paquidermo") y actúa 


395 
















con brutalidad y exhibición de fuerza, jactándose de que puede derribar toda 
clase de puertas. 

21. En los interrogatorios y torturas participan directamente oficiales del Ejército 
uruguayo. Algunos dicen pertenecer a un grupo llamado OCOA (Organismo 
Coordinador de Operaciones Antisubversivas) y se distinguen en el trato en¬ 
tre ellos, con el nombre de Oscar, seguido de un número ordinal. Oscar 1 es un 
oficial de alto grado que podría tener unos 45 años, de estatura mediana, grue¬ 
so, de pelo blanco, al que también llaman por el sobrenombre de "El Tordillo". 
Alcanzo a oír alrededor de 10 números, correspondientes a oficiales con grado 
de capitán o superiores. Varios de ellos parecían, por sus comentarios, residir 
habitualmente en le Argentina. 

22. Junto a los miembros de OCOA actúan oficiales pertenecientes al Servicio de 
Inteligencia de Defensa (SID), miembros de lo que se nos dice que es la "Divi¬ 
sión 300". El jefe de esta división es un coronel de apellido Ramírez, que se 
distingue con el número 301. El jefe operativo de la división es el Mayor Gavazzo 
(302), encargado directamente de conducir las torturas, junto con quien se 
hace llamar Oscar 1. La División 300 está compuesta aparentemente por unas 
60 personas, entre oficiales y tropa. El n B 303 identifica al Mayor Manuel 
Cordero; el n s 304 a un mayor de Caballería de apellido Martínez; el 305 al 
Mayor Silveira. 

23. En el local donde permanecíamos secuestrados había personal de tropa de la 
División 300. Los dos principales se distinguían con los seudónimos de "Da¬ 
niel", un sargento y "Drácula", soldado de primera. Eran quienes se ocupaban 
del acondicionamiento y embalaje de todo lo robado en los allanamientos - 
según decían, era "conquistado en el campo de batalla"- para su posterior 
traslado a Uruguay. Entre lo robado había autos desarmados, heladeras, televi¬ 
sores, máquinas de escribir y calcular, artículos electrodomésticos, vajilla, bi¬ 
cicletas, libros etc. 

24. El día 15 de julio condujeron al local a otras tres personas secuestradas. Al 
identificarse y por las conversaciones de los guardias pude enterarme que se 
trataba de la abogada Manuela Santucho y de Carlos Santucho (ambos herma¬ 
nos de Mario Roberto Santucho) o de una cuñada de éste, cuyo nombre no 
retengo y a la cual los guardias se referían como "Beba", no sé si en forma 
despectiva o por ser ése su apodo. 

25. El día 19 de julio de 1976 nos anuncian la muerte de Mario Roberto Santucho, 
en un encuentro armado, insultando soezmente a sus familiares. A esta altura, 
tanto Carlos Santucho como su cuñada parecen haber perdido la razón a causa 


396 














de las brutales torturas de las que han sido objeto. La Dra. Manuela Santucho, a 
pesar de que también ha sido bárbaramente torturada, aun se mantiene lúcida. 

26. Alrededor de las 18 horas de ese día comenzaron a llenar un gran tanque de 
agua, que han colocado entre los secuestrados. Se siente el fluir del agua. Mien¬ 
tras tanto, oficiales y guardias insultan y castigan a los secuestrados, hacién¬ 
dolos responsables de la muerte de un capitán, ocurrida en ese encuentro ar¬ 
mado y diciendo que en ese tanque nos van a "limpiar la cabeza a todos". En la 
noche, con el pretexto de que Carlos Santucho deliraba constantemente, se 
abalanzan sobré él y lo atan con cadenas, ya que se siente el ruido característi¬ 
co de éstas. Previamente han colgado sobre el tanque, sujeto del techo, un apa¬ 
rato corredizo, explicando minuciosamente su uso. Por ese aparato pasan una 
cuerda que atan a las cadenas con las que han envuelto a Santucho, mientras 
nos explican esa maniobra también detalladamente. 

27. En esos momentos, un oficial argentino trae un ejemplar del diario "Clarín" 
donde se narra la forma en que fue muerto Mario Roberto Santucho, obligando 
a Manuela Santucho a que nos lo lea en voz alta. Mientras tanto, Carlos 
Santucho es introducido y sacado del tanque lleno de agua, entre risas e insul¬ 
tos, siendo golpeado con saña cada vez que emerge. Sufrió ese trato durante 
largo rato, lo que nos sorprendió, porque según comentarios que habíamos es¬ 
cuchado a los propios guardias, nunca había tenido actividad política. Luego al 
parecer advierten que el cuerpo ya no da señales de vida. Lo desatan, lo intro¬ 
ducen en un vehículo y se lo llevan. Manuela Santucho y su cuñada permane¬ 
cieron un par de días más con nosotros y luego fueron conducidas a otro lugar 
que desconozco. 

28. El jefe del destacamento argentino es un oficial de alto grado, al que sus subordi¬ 
nados mencionan como "El Jova" o "El Jovato", lo que en argot bonaerense 
significa "El Viejo". Al llegar al local en que permanecíamos detenidos fue él 
quien nos pidió los datos de identidad. Pude apreciar a través de la bolsa que me 
cubría la cabeza que es un hombre de unos 50 o 55 años, de alrededor de 1 metro 
75 de estatura, de complexión fuerte, rasgos marcados, pelo recortado y algo 
canoso. Vestía botas, pantalones de montar y ropa de abrigo típicamente militar. 

29. El local en que estuve secuestrado tiene, como ya dije, una gran puerta con una 
cortina metálica de enrollar, lo que se notaba en cada entrada o salida de vehí¬ 
culos. La entrada de vehículos era anunciada previamente por radio al perso¬ 
nal de guardia, con varios minutos de anticipación, con el nombre en clave de 
"Operación Sésamo". El salón de la planta baja es amplio. Tiene entre 6 y 8 
metros de ancho por 25 o 30 de largo. A cierta altura existe una división, hecha 


39 7 

















con arpillera encalada. Sobre la pared que queda a la derecha, al entrar, está 
ubicado un pequeño retrete, con un WC sin taza y un pequeño lavabo. Al lado 
del retrete hay una pileta de lavar. La escalera que lleva a la planta alta está al 
lado del retrete. Tiene base de cemento y escalones de tabla gruesa. Esta escale¬ 
ra parece de construcción posterior. 

30. Desde el fondo de la casa, a determinadas horas, llega el ruido característico de 
un recreo escolar, lo que me permite afirmar que en las proximidades funciona 
una escuela. Por el frente de la casa, a poca distancia, pasa una vía de ferroca¬ 
rril. Según comentarios de la guardia, en una esquina próxima existe un taller 
mecánico de autos. 

31. El día 26 de julio se nos dijo que nos preparáramos para ser trasladados. Ya lo 
habían dicho tres días antes, pero en esa oportunidad, según comentarios de la 
guardia, el avión en que debíamos viajar no llegó por la fuerte tormenta que 
hubo ese día, por lo que la operación se postergó. Se nos colocó tela adhesiva en 
los ojos y la boca y todos los secuestrados -menos yo-fueron esposados con las 
manos atrás. En mi caso no lo hicieron así porque tenía una gran inflamación 
en la muñeca izquierda, al haberse infectado una herida producida por las es¬ 
posas. Me ataron entonces con tela adhesiva. Nos hicieron subir a la caja de un 
camión y sentarnos en el piso. Sobre nuestras cabezas, apoyadas en los latera¬ 
les del camión, se colocaron tablas, formando una especie de doble fondo. Sobre 
esas tablas cargaron gran cantidad de bultos y cajones con objetos robados. 
Según comentarios de los guardias, se habían realizado otros cuatro viajes con 
este tipo de carga. Finalmente partimos de la casa en que habíamos permaneci¬ 
do secuestrados. En ese momento quedaron en ella Gerardo Gatti y León Duarte. 
Sobre el destino de ellos nunca más supe nada. 

32. El camión en que se nos trasladaba iba fuertemente custodiado, a juzgar por el 
ruido de numerosas motos y automóviles a nuestro alrededor, que hacían sonar 
sirenas en los cruces para interrumpir el tránsito. Nos condujeron a la Base 
Militar contigua al Aeroparque de Buenos Aires. Pude darme cuenta al des¬ 
cender del camión, ya que con la transpiración producida por el encierro y la 
llovizna que estaba cayendo, la tela adhesiva se había desprendido un poco, 
dejando cierta visibilidad. 

33. Bajamos del camión y se nos hizo subir a un avión Fairchild, de los que utiliza 
la Fuerza Aérea Uruguaya y que están afectados a los servicios de TAMU 
(Transporte Aéreo Militar Uruguayo) y PLUNA (la línea nacional de 
aeronavegación). Algunas de las personas que viajaron conmigo pudieron apre¬ 
ciar el distintivo de PLUNA en bolsas de polietileno puestas en los bolsillos de 


398 















los asientos. Viajamos sentados y el vuelo duró alrededor de una hora, según 
mi estimación. Al aterrizar y descender pude advertir que estábamos en la 
Base Aérea Militar N B 1, contigua al Aeropuerto Nacional de Carrasco. 

34. Se me hizo entrar en un automóvil de tamaño mediano, donde me acostaron en 
el asiento trasero, cubriéndome con una frazada. En el auto viajan otras tres 
personas, al parecer oficiales: dos en el asiento delantero y otra detrás, conmi¬ 
go. Pude enterarme después que la mayoría de los secuestrados fueron trasla¬ 
dados en un camión, aunque en algunos casos se usó un procedimiento similar 
al que se realizó conmigo. El auto en el que viajaba sufrió una “panne", por lo 
que hubo que trasbordar a otro auto que nos seguía, produciéndose una demora 
que hizo que fuera el último en llegar a destino. 

35. Al llegar a ese local el auto entra en un garaje, se me hace descender y entra¬ 
mos a la casa. Luego de identificarme me introducen en una habitación peque¬ 
ña, me quitan la tela adhesiva de las manos y tras cerrar la puerta se me dice 
que puedo quitarme la que llevo en los ojos y boca y bañarme. Así lo hago y 
cuando puedo ver me doy cuenta que estoy en un cuarto de baño prolijo, sin 
bañera pero con ducha, característico de la planta baja de residencias de Mon¬ 
tevideo, en que el baño principal está en la planta alta. Al terminar de bañarme 
golpeo la puerta. Me dicen que me ponga de espaldas a ella. Entra un guardia 
que me venda los ojos y me hace salir. Cuando pretenden esposarme ven el 
estado de mi muñeca infectada y se alarman. Llaman a alguien que parece 
tener ciertos conocimientos de enfermería, que con una hoja de afeitar me abre 
la herida, me desinfecta y me venda, dejándome sin esposas. Luego me dan una 
taza de leche caliente, me hacen sentar en una silla, me dan la misma frazada 
para taparme y me dicen que duerma. 

36. A la mañana siguiente me llevan a la planta alta, a la cual se sube por una 
escalera de dos tramos. Noto que en la planta alta estamos siete de los hombres. 
En la planta baja han quedado las mujeres y algún hombre. La planta alta de la 
casa está compuesta por cuatro habitaciones. Una da al frente y tiene balcón. 
También al frente y separada por un corredor hay otra pieza que hace esquina con 
una ventana en cada pared. Otra habitación queda sobre el costado de la anterior, 
con una ventana, y hay todavía otra pieza, sobre el lateral, con ventana. Hay 
además un cuarto de baño completo. En la primera habitación se realizaban los 
interrogatorios; en la segunda dormía la guardia: en la tercera estábamos los 
secuestrados y en la cuarta se reunían los oficiales. 

37. En esta casa continuaron los interrogatorios y torturas. Personalmente ya no 
me interrogan, pero todas las noches encienden la radio a todo volumen, a 


399 


















pesar de lo cual escuchamos gritos desgarradores. Se practica el "submarino" 
en la bañera del cuarto de baño, se aplica la picana eléctrica y se dan golpizas 
con fustas (podía sentir el chasquido de los golpes, seguido de los ayes de do¬ 
lor). En todo momento permanecemos esposados y con los ojos vendados. Se 
castiga severamente, con palizas y plantones a todos aquellos a los que sor¬ 
prenden conversando o tratando de mirar por debajo de la venda. 

38. En la noche del 14 de agosto se nos sacó presurosamente de esa casa. Siempre 
vendados y con las manos esposadas hacia atrás, fuimos introducidos en un 
camión con caja metálica cerrada, custodiados por au tomóviles con sirena abier¬ 
ta. Hicimos el viaje de unos 20 a 30 minutos hasta nuestro nuevo destino. Al 
llegar, se nos hace descender al subsuelo de una casa, donde se nos introduce en 
una pieza grande, con piso de madera. Allí se nos dividió en dos grupos, uno 
sobre cada pared. En ese lugar el Mayor Gavazzo (302) nos dirigió un discur¬ 
so, enterándonos de que estábamos en manos de lo que llamó las "fuerzas espe¬ 
ciales de seguridad de la República Oriental del Uruguay y que estábamos 
sometidos a una rigurosa disciplina, en que cualquier falta sería severamente 
castigada". 

39. A esa altura nos pusieron números para identificarnos. En total somos 24. Ese 
es precisamente, el número que me asignan a mí. Como en la habitación hay 
solamente cuatro colchones, la gran mayoría de los secuestrados debe dormir 
directamente sobre el piso, cubiertos con una frazada. Continúan los 
interrogatorios y torturas (palizas, picana eléctrica y submarino, que aplica¬ 
ban en un cuarto especial, donde habían puesto un medio tanque de petróleo; lo 
llamaban "el cuarto del tacho) hasta el día 23 de agosto. A partir de esa fecha se 
seguirán aplicando castigos, pero solamente por faltas de disciplina. 

40. A los pocos días de estar en esta casa son retirados de la habitación que servía de 
celda común José Félix Díaz (el 15 de agosto) y Laura Anzalone, compañera del 
anterior, de quien se hallaba embarazada (el 20 de agosto). Se les traslada a otra 
habitación del subsuelo y transitan libremente por éste, sin vendas ni esposas. 

41. El 26 de agosto -lo recuerdo con precisión por tratarse del día siguiente a una 
importante fecha histórica del Uruguay-, varios guardias hicieron comenta¬ 
rios sobre la parada militar que se realizó, volvió el mayor Gavazzo, nos hizo 
poner de pie y nos planteó lo siguiente: a) que ellos -las fuerzas especiales de 
seguridad del Uruguay- nos habían salvado la vida al rescatarnos de los asesi¬ 
nos argentinos que nos querían "mandar para arriba, a tocar el arpa con 
San Pedro"; b) que por tanto debíamos contribuir a que se justificara nuestra 
presencia en el Uruguay, para lo cual debíamos prestarnos a simular una ten- 


400 
















tativa de invasión armada por un grupo guerrillero, c¡ue habría ingresado clan¬ 
destinamente a la altura del Río Negro, donde habría sido sorprendido por 
tropas uruguayas. Si admitíamos estos hechos nos correspondería una pena 
comprendida entre los 15 y los 30 años de cárcel. Para presionarnos, Gavazzo 
insiste en recordar que si bien nos había salvado la vida, estábamos exclusiva¬ 
mente en sus manos y nadie conocía nuestro paradero. Para mantener el secre¬ 
to de la trama debíamos designar defensores de oficio en el proceso que se nos 
seguiría, a fin de evitar la presencia de abogados particulares. 

42. La totalidad de los secuestrados rechazó este planteo, negándose afirmar las 
actas con declaraciones que el Mayor Gavazzo ya traía confeccionadas. Ante 
esta actitud, Gavazzo se retiró. Regresó al día siguiente por la noche. Convocó 
por su nombre a Raúl Altuna y su esposa, Margarita Michelini y anunció que 
"los iba a ejecutar con sus propias manos, ya que eran los responsables de la 
actitud del grupo y que se estaban burlando de las fuerzas especiales de seguri¬ 
dad". Los hace salir de la habitación-celda y ante ello se produce entre todos los 
que allí estábamos, una situación de gran tensión, desmayándose Edelweis 
Zahn de Andrés, mientras otras mujeres prorrumpen en llanto. Al cabo de tres 
o cuatro horas, Raúl Altuna y su esposa fueron devueltos a la celda común, 
tras haber sido castigados en forma despiadada. 

43. El I a de setiembre volvió el Mayor Gavazzo, pero en esa oportunidad formuló 
un planteo distinto. Nuestro arresto, en lugar de realizarse cuando pretendía¬ 
mos invadir Uruguay, se efectuaría en una casa en el centro de Montevideo, 
donde se nos sorprendería reunidos y con muchas armas. Las demás condicio¬ 
nes se mantenían: seríamos condenados a más de 15 años de cárcel y debería¬ 
mos designar defensores de oficio. En caso negativo, nos dice, no tendrá otra 
alternativa que devolvernos a Argentina, para que nos asesinen. Sin embargo 
los secuestrados en pleno se niegan afirmar actas con ese contenido. 

44. Al día siguiente, en horas de la noche, volvió a presentarse el Mayor Gavazzo, 
quien dijo venir acompañado por dos soldados armados con ametralladoras, a 
quienes, si continuábamos negándonos afirmar, daría orden de abrir fuego. 
Nos hizo notar que los soldados le obedecían ciegamente y que nadie estaba 
enterado de nuestro paradero, de modo que le bastaría hacer lavar la sangre y 
cubrir los impactos en las paredes para que nadie supiera lo que había ocurrido 
y cuál había sido nuestro fin. Apesar de las amenazas, continuamos negándo¬ 
nos afirmar lo que se nos exigía. A esta altura de los hechos, yo -y creo que 
también las demás personas que estaban conmigo- comenzamos a advertir que 
algún hecho exterior estaba urgiendo al Mayor Gavazzo a encontrar una sali- 


401 

















da a nuestro caso. Era claro que el grupo de secuestrados, siempre esposados, 
con los ojos vendados, sentados y celosamente controlados, no era la causa de 
su urgencia y de la improvisación con que actuaba. 

45. Transcurrieron varios días en que el Mayor Gavazzo no volvió a aparecer y se 
nos dejó tranquilos. Varias de las personas que estaban conmigo que fueron 
llamadas separadamente para conversar con otros oficiales, pudieron enterarse 
de que, según decían, "se estaba buscando una salida a nuestra situación". 

46. El 10 de setiembre, por la noche, se me conduce a una habitación donde se 
hallan reunidas varias personas. El Mayor Gavazzo me explica que se está en 
vías de lo que se llama "un acuerdo", que él considera favorable para todos y 
que quiere conocer cuál es mi posición. Esta es la primera oportunidad en que 
alguien habla conmigo sobre mi situación desde que me llevan de regreso a 
Uruguay. Pienso que a esa altura todos saben que no pertenezco a ninguna 
organización política, ya que nadie me ha acusado de ello ni existe ninguna 
otra prueba que me relacione, directa o indirectamente con tales organizacio¬ 
nes. Sin embargo desde hace dos meses se me ha destratado, se me ha tortura¬ 
do, se me ha mantenido vendado y esposado, comiendo mal, durmiendo en el 
suelo con una frazada mugrienta, sin noticias de mi familia, que debe darme 
por muerto. Y todo sin que ni siquiera se me acuse de haber cometido algún 
delito, por la arbitrariedad total con que actúan mis captores. Carezco de ante¬ 
cedentes penales de clase alguna y si se me ha secuestrado y enviado a la fuerza 
a Uruguay es por el solo hecho de que me encontraba en Buenos Aires buscan¬ 
do a mi hijo desaparecido, con todos mis documentos en regla y dando los pasos 
que la Constitución y la ley me permitían. Explico al Mayor Gavazzo que soy 
contrario a la política seguida por los militares que gobiernan Uruguay, que 
no estoy de acuerdo con sus medidas económicas y con los métodos que utili¬ 
zan, pero que no pertenezco a ningún grupo político y menos aun que se pro¬ 
ponga conspirar o atentar contra las instituciones. Pero que, de todas mane¬ 
ras, si lo que él llama "el acuerdo" es aprobado por las demás personas que se 
hallan en mi situación, yo acompañaré el criterio general. Ante estas manifes¬ 
taciones me conducen nuevamente a la habitación-celda. 

47. En los días siguientes pude advertir que las negociaciones continuaban, por 
los frecuentes llamados que se hacen a otros de los secuestrados. Finalmente, el 
25 de setiembre soy llevado nuevamente ante el Mayor Gavazzo, a la misma 
habitación de la vez anterior. Esta vez emplea un tono mesurado y me dice que 
se ha concretado "el acuerdo" y que me lo va a explicar. En ese momento le pido 
que me permita quitarme la venda, a lo que accede, pudiendo entonces ver el 


402 
















rostro de los oficiales que se hallan allí reunidos y advertir además la presencia 
de alguno de los secuestrados. 

48. Según me explica Gavazzo, de los 22 secuestrados que aun permanecen en la 
celda común, dos están considerados como ex integrantes del MLN (Tupamaros) 
-Jorge González Cardozo y Elizabeth Pérez Lutz- el primero por haber estado 
detenido bajo esa acusación entre los años 1973 y 1975 y la segunda porque su 
hermano había sido muerto por el ejército en 1972. Con ellos, dice Gavazzo, se 
llegará a una "solución " por separado. De los 20 restantes, los casos más 
notorios por razones políticas o personales son seis: Enrique Rodríguez Larreta 
(hijo), su esposa, Raquel Nogueira Paullier, Raúl Altuna, su esposa, Margari¬ 
ta Michelini; Ecuardo Dean Bermúdez y Enrique Rodríguez Larreta (padre). 
Nosotros seis deberíamos publicar " solicitadas" en los diarios de Montevideo, 
señalando que habíamos regresado al país por nuestra propia voluntad y que 
no deseábamos ser molestados, ya que nos habíamos apartado de la actividad 
política. A cambio de ello, permaneceríamos detenidos durante un lapso no 
mayor a dos años, en la misma casa en que estamos, en condiciones muy am¬ 
plias, en virtud de las cuales se nos permitiría incluso la visita de familiares en 
citas concertadas fuera del lugar de detención, que se realizarían con la corres¬ 
pondiente vigilancia. De los 14 restantes, los cinco considerados como políti¬ 
camente más activos (Sergio López Burgos, Asilú Maceiro, Ana Inés Quadros, 
Elba Rama Molla y Sara Rita Méndez, madre del pequeño Simón Antonio 
Riquelo, nacido 20 días antes del secuestro de su madre y del que ésta no ha 
vuelto a saber nada desde el momento en que lo arrancaron de sus brazos, al 
detenerla), serán procesados por el delito de "Asociación Subversiva". Para 
justificar esta imputación deberán aparentar una reunión, armados, en medio 
de la cual serán sorprendidos por el Ejército. Eos otros nueve deberán aceptar 
aparecer como arrestados en hoteles del centro de Montevideo, donde estarán 
registrados con documentos falsos, mientras se aprestaban a colaborar en una 
campaña para desprestigiar internacionalmente a los gobiernos de Argentina 
y Uruguay. Serán procesados por el delito de "Asistencia a la asociación sub¬ 
versiva". Como condición básica del acuerdo, todos los enjuiciados deberían 
designar defensores militares de oficio, evitando la participación en el proceso 
de abogados particulares. En lo que a mí respecta, evito dar una respuesta 
definitiva, señalando que no tenía sentido la propuesta que se me hacía, ya que 
era notorio que hacía años que estaba apartado de la política activa y que vivía 
dedicado a mis actividades particulares. Ante ello el Mayor Gavazzo me dice 
que lo piense y se me conduce a la celda. 


403 

















49. En los días siguientes prosiguieron las negociaciones, siendo frecuentes los 
llamados a diversos secuestrados para mantener reuniones con oficiales. Pude 
enterarme que las personas que estaban conmigo se negaban a aceptar las te¬ 
nencias de ninguna clase de armas, ya que nunca las habían manejado y ni 
siquiera las habían visto. Sin embargo, Gavazzo insistía mucho en ese aspecto, 
porque el hallazgo de armas era imprescindible para dar resonancia publicita¬ 
ria a la detención de un "grupo subversivo". Finalmente se llega a convenir 
que las armas serán “encontradas", pero dejándose constancia de que las per¬ 
sonas detenidas en la supuesta reunión ignoraban su existencia y no tenían 
nada que ver con ellas. Días después, cuando nos hacen escuchar el comunica¬ 
do oficial sobre estos hechos que se transmitió por radio y televisión en Uru¬ 
guay, advierto que Gavazzo, que fue quien redactó y leyó el comunicado, ha 
respetado esta condición y en un párrafo libera especialmente a las personas 
detenidas de toda responsabilidad por las armas allí "encontradas 

50. A esta altura deseo aclarar que a mediados de setiembre (sic)fue traído desde 
Buenos Aires quien luego supe era Alvaro Ñores Montedónico, hermano de 
María del Pilar Ñores Montedónico, refugiada uruguaya también secuestrada 
en Buenos Aires y que había viajado con nosotros, pero en condición distinta. 
Nunca estuvo esposada ni vendada, y se movía libremente fuera de la habita¬ 
ción-celda. Su hermano estaba en las mismas condiciones que ella. 

51. Alrededor del día 20 de octubre, el Capitán que se identifica con el N s 305 
informa que ha alquilado, presumo que con nombre falso, un chalet situado 
en un balneario cercano a Montevideo, Shangrilá, donde se efectuará la de¬ 
tención de los “subversivos" reunidos. El 23 regresa y en horas de la maña¬ 
na, a eso de las 10, conduce a Sergio López Burgos, Asilú Maceiro, Ana Inés 
Quadros, Sara Rita Méndez y Elba Rama, custodiados por soldados. Vuel¬ 
ven a eso de las 18 horas, y nos enteramos que se ha montado una comedia en 
que el Ejército rodeó el chalet alrededor de las 15 horas y se llevó detenidos, 
esposados y encapuchados a las cinco personas citadas y además, para impre¬ 
sionar más a los vecinos que observaban los hechos, incluso al Capitán 305 y 
a los soldados de civil que custodiaban a los secuestrados. Según el comuni¬ 
cado hecho público posteriormente, en la noche de ese día fueron detenidos en 
hoteles del centro de Montevideo los otros nueve secuestrados que serán en¬ 
juiciados por "asistencia a la asociación". Pero éstas últimas personas nunca 
salieron de la habitación-celda en que nos encontrábamos; quienes se regis¬ 
traron en los hoteles con los supuestos documentos falsos fueron policías 
femeninas y soldados de la llamada "División 300". Eos documentos falsos 


404 















fueron confeccionados por los propios oficiales de la "División 300", en la 
casa donde estábamos. 

52. El 26 de octubre, los 14 secuestrados son llevados en camión al chalet de 
Shangrilá. Se ha convocado a la prensa y allí se los exhibe a los periodistas. 
Cuando regresan a la casa donde nos encontrábamos, se advierte un trato dis¬ 
tinto por parte de los guardias. En los días siguientes incluso se nos permite 
salir a tomar aire en el patio trasero de la casa. Allí, observando algunos edifi¬ 
cios altos situados en las inmediaciones, confirmamos lo que ya sospechába¬ 
mos; estábamos detenidos en la casa donde tiene su sede el Servicio de Inteli¬ 
gencia de Defensa. Se trata de una gran casa situada en medio de un jardín, en 
pleno centro de Montevideo, en Boulevard Artigas 1488 casi Palmar. Su nú¬ 
mero telefónico es el 79-49-88. 

53. En los días siguientes -28, 29, y 30 de octubre- se difunde por diarios, radio y 
TV un comunicado de las Fuerzas Armadas que se nos permite escuchar, dan¬ 
do cuenta del "descubrimiento de un movimiento subversivo". Se anuncia la 
detención de 62 personas, pero sólo se da el nombre de los 14 que se han exhibi¬ 
do a la prensa. Se mencionan los nombres de Gerardo Gatti y León Duarte 
entre los dirigentes del Partido Por la victoria del Pueblo, pero no se informa 
su detención. 

54. Comienza a formalizarse, desde el punto de vista judicial, el "acuerdo". Eos 14 
secuestrados cuyo arresto ha sido reconocido son conducidos a un Juzgado 
Militar de Instrucción, donde se les procesa por los delitos convenidos. Todos 
ellos -incluso Ménica Soliño e Inés Quadros, cuyos padres son abogados-nom¬ 
bran defensores militares de oficio. A esa altura comprendemos que nuestra 
situación se ha fortalecido mucho, ya que existen demasiados testigos cuyo 
arresto se ha difundido, por lo que rechazamos los nuevos intentos que hace el 
Mayor Gavazzo por obtener que firmemos las "solicitadas". En realidad, no 
insiste demasiado, ya que al poco tiempo nos dice que “los generales" no están 
de acuerdo en que se haga ninguna publicación y que, por lo tanto, directa¬ 
mente se nos va a enjuiciar. Indica que mi hijo, Margarita Michelini y Raúl 
Altuna serán procesados por "asociación subversiva" y que mi nuera y yo lo 
seremos por "asistencia a la asociación subversiva". 

55. Ante este planteo, le hago notar que yo no he cometido delito alguno y que no 
estoy dispuesto a aceptar que se me enjuicie arbitrariamente. Manifiesto que 
ante cualquier proceso que se me inicie designaré un abogado defensor. Días 
después me hace conducir ante él y me informa que ha resuelto liberarme sin 
proceso. 


405 

















56. Las otras cinco personas deberán firmar actas reconociendo haber sido detenidas 
el 26 de octubre en el Aeropuerto de Carrasco, al llegar de Buenos Aires con do¬ 
cumentos falsos, para dirigir o colaborar en tareas de propaganda contra el go¬ 
bierno uruguayo. Por supuesto, deberán designar defensores militares de oficio. 

57. El 29 de noviembre las 14 personas procesadas en primer término son trasla¬ 
dadas al Establecimiento Militar de Reclusión N B 1 (Penal de Libertad los 
hombres y al Establecimiento Militar n s 2 (Punta Rieles) las mujeres. En los 
primeros días de diciembre comienzan a conducir ante un juez militar de ins¬ 
trucción a las personas que aun quedan por procesar. A esa altura, Gavazzo ha 
llegado también a un "acuerdo" con Jorge González Cardozo, que será procesa¬ 
do por "asistencia a la asociación subversiva" y con Elizabeth Pérez Lutz, que 
será liberada. Para justificar el proceso, al primero se le hace firmar un acta 
fraguada según la cual declara que viajó a Uruguay para entregar una carta, 
cuyo contenido desconocía, a un preso que se encuentra en el Penal de Punta 
Carretas y que, antes de llegar, arrojó la carta al mar. Tanto González Cardozo 
como Elizabeth Pérez Lutz estaban reconocidos como refugiados políticos por 
la Oficina del ACNUR en Buenos Aires y ya habían sido aceptados por el 
gobierno de Holanda, adonde debían viajar afines de junio de 1976. 

58. El 12 de diciembre es liberada Elizabeth Pérez Lutz. El 16 de diciembre Jorge 
González Cardozo es conducido al Penal de Libertad. Ese mismo día un juez 
militar procesa, por los delitos convenidos, a los cinco restantes secuestrados. 
En horas de la tarde, el propio Mayor Gavazzo conduce a Margarita Michelini 
y a Raúl Altuna a visitar a la madre de la primera, en su casa. Recién ese día la 
señora de Michelini se entera que su hija y su yerno están con vida. 

59. El 22 de diciembre Margarita Michelini y Raquel Nogueira son trasladadas al 
Penal de Punta Rieles y Enrique Rodríguez Larreta (hijo), Raúl Altuna y Eduar¬ 
do Dean son llevados al Penal de Libertad. 

60. Horas después se me deja en libertad. Me llevan en un vehículo militar hasta 
mi domicilio. Con anterioridad, también han quedado en libertad José Félix 
Díaz, Laura Anzalone, María del Pilar Ñores y Alvaro Ñores. Nunca se dio 
ninguna información a la prensa sobre todas estas personas, ni sobre las que 
fueron procesadas en una segunda etapa, ni sobre las que fueron liberadas. 

61. Una vez en libertad, intenté descubrir la ubicación de la casa en la que había¬ 
mos estado detenidos al llegar de Buenos Aires. Pude enterarme que mi des¬ 
cripción coincidía con la de una casa situada en la Rambla Costanera de Mon¬ 
tevideo, en la zona de Punta Gorda, utilizada por el Ejército para interrogatorios 
y torturas de detenidos desde hace ya tiempo. En ella, según se me informó, 


406 















fueron interrogados numerosos integrantes del Partido Comunista, entre otros 
detenidos. Pasé por el lugar y observando desde el exterior, puedo afirmar que 
la casa coincide perfectamente con las características de aquélla en la que estu¬ 
ve detenido. 

62. Cuando decidí salir de Uruguay para dar testimonio de estos hechos, viajé a 
Buenos Aires. Allí, en contacto con integrantes de la colonia de refugiados 
uruguayos, pude enterarme que la descripción que yo hacía de la casa donde 
había estado secuestrado en Argentina coincidía con la de un matrimonio ar¬ 
gentino que tiempo antes había logrado fugar de la casa en la que se los retenía, 
situada en la calle Venancio Flores esquina Emilio Lamarca. Concurrí al lugar, 
ahora aparentemente abandonado y creo que es allí, efectivamente, donde estu¬ 
vimos detenidos. Es un antiguo taller que tiene en su frente un cartel que dice: 
"Automotores Orletti”. La entrada al taller se hace por una puerta que tiene 
una gran cortina metálica de enrollar, al costado izquierdo de la cual (visto 
desde el frente) hay una puerta común que ha sido blindada y dotada de una 
mirilla. Por la calle Bacacay, que es paralela a Emilio Lamarca y a la misma 
altura del taller, hay una escuela, que lleva el nombre de un señor Fernández. 
En la esquina hay un taller mecánico en funcionamiento y la vía férrea pasa 
frente al local de "Automotores Orletti". 

63. Estos hechos no fueron los únicos de esta clase ocurridos en estos meses. Al ser 
liberado supe que en setiembre se había denunciado la desaparición de decenas 
de refugiados uruguayos en Buenos Aires, incluyendo otros tres niños de corta 
edad, secuestrados junto con sus padres. De todos ellos, como de Gatti y Duarte, 
ni siquiera se ha podido saber hasta hoy si están vivos o muertos. 9 

Nota: Este primer testimonio de Enrique Rodríguez Larreta es de una riqueza poco 
usual. Por su condición de periodista, por haber sido liberado al poco tiempo de todos 
los hechos aquí relatados y porque elaboró su testimonio inmediatamente, aportando 
datos, fechas y detalles poco comunes en otros testimonios. Sólo comete dos errores 
que se refieren a la identificación de sus represores: menciona al Coronel Ramírez, 
cuando en realidad era el Tte. Cnel. Rodríguez (Buratti) y habla del 305, indicándolo 
como el Mayor Silveira, siendo el Capitán Jorge Silveira, "Oscar 7". En testimonios 
posteriores implicó al Mayor Enrique Martínez, confundiéndolo con quien en realidad 
era, el Mayor de Caballería Carlos Ventura Martínez. 


9. Testimonio presentado en Enero de 1977, ante el Alto Comisionado de Naciones Unidas 
(ACNUR) en Buenos Aires y publicado el 31 de marzo de 1977 por el Grupo de Información 
y Solidaridad Uruguay (GRISUR), Ginebra, Suiza. 


407 



















A PARTIR DE AGOSTO DE 1976, LOS URUGUAYOS QUE SUFRÍAN PERSECUCIÓN EN AR¬ 
GENTINA FUERON CASI EN SU TOTALIDAD DETENIDOS DESAPARECIDOS. EXCEPCIO- 
NALMENTE FUERON TRASLADADOS ILEGALMENTE AL URUGUAY Y, POCOS MÁS, FUE¬ 
RON LIBERADOS EN LA MISMA ARGENTINA. 


Detención en Argentina y posterior traslado a Uruguay de Nidia Caligari 
de Cacciavillani 

El 23 de julio de 1973 partí para Buenos Aires, a fin de vivir con mi único hijo 
Hugo Enrique Cacciavillani; era mi único apoyo afectivo desde que me había sepa¬ 
rado de mi marido, quien el 11 de agosto de 1973 fue asesinado por el Ejército 
argentino en Catamarca; desde ese día he vivido con un gran dolor. 

La noche del 30 de marzo de 1975 fui arrestada por la policía uruguaya en mi 
casa de la calle Teniente Barboza, barrio Aeronáutico, en Ituzaingó, Provincia de 
Buenos Aires. Se me transfirió para la Brigada de San Justo que en la época era 
dirigida por el Comisario Britos. Allí fui torturada de manera inhumana por los 
uruguayos que actuaban de común acuerdo con la policía argentina. 

Los días siguientes arrestaron a 25 compañeros. Se pasaron días de horror ini¬ 
maginable entre los gritos desgarradores, puesto que las torturas eran terribles. La 
sede de la Brigada se hallaba en una zona céntrica, y para que no se oyeran los 
gritos, ponían música permanentemente. 

El 25 de abril se me condujo con las otras compañeras a la prisión de Olmos, en 
La Plata. El 13 de enero de 1976 solicité el estatuto de refugiada política al Comi¬ 
sionado de las Naciones Unidas; el que me fue acordado. (...) Permanecí en la 
prisión de Olmos hasta el 9 de noviembre de 1976, de allí fui transferida a la 
prisión de Villa Devoto en el sector de alta seguridad... 

El 13 de octubre de 1977, en la prisión me comunican que no sería procesada 
por la justicia. El 29 de octubre de 1977, me entero que acto seguido voy a ser 
expulsada al Uruguay; igualmente se me dijo que mi situación de refugiada políti¬ 
ca no tenía importancia porque yo nunca había recibido el acuerdo de asilo político 
de parte de ningún país. Yo presenté dos recursos de protesta ante el Tribunal 
Federal, reclamando tener en consideración lo que dice la Constitución argentina 
sobre el derecho de elegir mi país de exilio. El 10 de noviembre, un funcionario de 
la prisión me tranquiliza diciéndome que no voy a ser enviada al Uruguay y que se 
han hecho los preparativos para obtener una visa para Noruega o Inglaterra. 

El 27 de noviembre, después de la visita, se me hace salir a la fuerza de mi celda. 
El director de la prisión, Sr. Ruiz, me dijo que yo había firmado mi conformidad 


408 













para volver al Uruguay, lo c¡ue era falso. Esa noche se me condujo a la oficina de 
Asuntos Exteriores de la Coordinación Federal (Policía Federal) donde me infor¬ 
man que no habiendo sido procesada no iba a seguir siendo considerada prisionera 
política. En ningún momento fui autorizada a tomar contacto con el Alto Comi¬ 
sionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. 

Al otro día (28 de noviembre de 1977) fui enviada al Uruguay y puesta en las 
manos de la Policía del departamento de Colonia. Al día siguiente me llevaron a 
Montevideo, a la división de "Inteligencia y Enlace". Hacia el mediodía me 
esposaron y encapucharon y me trasladaron sentada en el piso de un vehículo, a un 
lugar desconocido. Allí me dejaron parada con las piernas separadas; gracias, a un 
aparato de radio encendido cerca de mí, sé que estuve en ese estado hasta la noche 
siguiente. Esa noche allí, escuché una voz de hombre que me pregunta si lo recono¬ 
cía. Ese hombre me dijo: "Nos volvemos a encontrar después de habernos encon¬ 
trado en San Justo, fuimos nosotros los que pedimos tu expulsión de Argentina". 
Sufrí nuevas torturas y esta vez participaron mujeres. Durante 15 días permanecí 
secuestrada. Durante varios dias no me dieron de comer y no me dejaron hacer mis 
necesidades. 

El 13 de diciembre de 1977, después de la intervención del Alto Comisionado, 
fui puesta en libertad. De vuelta en mi casa las amenazas continuaron. Se me 
señala que mi vida no vale gran cosa si no quiero colaborar con ellos. Permanezco 
así, entre la inquietud y la inseguridad más completas hasta el 18 de abril de 1978, 
día en que el Alto Comisionado me informa que estoy autorizada a dejar el país. El 
21 de mayo de 1978, dejé el Uruguay. 10 

Testimonio de Elsa Altuna, uruguaya, secuestrada en Argentina y tras¬ 
ladada ilegalmente hacia Uruguay 

El 01/02/78, cuando me presenté en Migraciones para retirar la documentación de 
la radicación definitiva, fui detenida. Desde la mañana temprano comencé los trᬠ
mites habituales, Carné de Salud y el resto, hasta que a las 16 horas cuando llegué 
al trámite de la Policía, la mujer que atendía tocó un timbre y me hizo esperar. Se 
presentó un guardia y me pidió que lo acompañase. Me llevó hasta el edificio de 
Prefectura y quedé esperando en la sala de espera con varias personas incluyendo 
gurises, sin entender nada. 


10. Testimonio publicado en Uruguay Nunca Más "Informe sobre la violación a Derechos Hu¬ 
manos" (1972-1985), pag. 331, SERPAJ. 


409 

















Al caer la noche se presentó un hombre gordo, medio pelirrojo, pelado, pecoso 
que dijo ser un Oficial de Interpol, y que se presentó como Díaz Smith, me indicó 
que lo acompañase. Me llevó en un vehículo a una casa que quedaba en la Dársena 
Sur. El traslado fue a cara descubierta y con los años un cuñado mío que trabajaba 
en el puerto de Buenos Aires me dijo que me habían llevado a un CCD (Centro 
Clandestino de Detención) de Prefectura conocido como "Isla Maciel". 

Al llegar, vi que atravesábamos un portón hacia un patio abierto o jardín cuyo 
suelo era de pedregullo, una casa grande pero vieja, me alojaron en una pieza don¬ 
de permanecí sola durante una semana. Para ir al baño, me llevaban los guardias a 
un lugar donde había varias letrinas y duchas. Para comer, yo les daba el dinero 
para que me compraran comida. En alguna conversación con los guardias, éstos 
me dijeron que estaba en "Isla Maciel", y que era un lugar de detención de peque¬ 
ños delincuentes. Cuando les preguntaba por qué estaba detenida, me decían que 
no sabían nada y que tampoco sabían qué estaban haciendo conmigo. Me dijeron 
que había chilenos detenidos, y a veces llegaba a escuchar conversaciones o una 
radio prendida. 

A la semana de estar en esas condiciones apareció un tipo, no muy alto, bastante 
corpulento, morocho, de bigotes y ojos caídos y me interrogó sobre mis actividades en 
Argentina y sobre el PCU en dicho país. Al final me dijo que al día siguiente se iba a 
definir mi situación. A las 17 horas del siguiente día apareció el tal Díaz Smith y me 
dijo que me iban a trasladar. Hoy, en marzo del 2003 veo las fotos de represores 
publicadas en el testimonio del ciudadano argentino Víctor Basterra quien fue obli¬ 
gado a trabajar en la ESMA elaborando documentos falsos y reconozco inmediata¬ 
mente entre ellas a quien se sindica como Subprefecto Jorge Manuel Díaz Smith y 
cuyo documento falso fue realizado a nombre de Horacio Lázaro, en 1983. 

También reconozco a quien me interrogó en "Isla Maciel"y quien me hizo creer 
que era un oficial del ejército argentino. La foto lo sindica como Oficial de ICIA 
(Oficina Central de Inteligencia Argentina) uruguayo, 1983. 

El traslado al Uruguay fue el 7 de febrero. Aparecieron unos tipos a quienes no 
había visto antes, me pusieron una capucha y me esposaron, me ubicaron en la 
"caja" de un vehículo y reconocí la voz de Díaz Smith comentando: "pero estos 
milicos, cómo van a llevar a una mina así". 

El traslado en auto fue corto, presumo que me llevaron a la Base Aérea que 
queda al lado de Aeroparque. Me subieron en un avión que me pareció era bastante 
chico, viajé parada, con las manos esposadas y colgadas de un gancho en uno de los 
costados del avión, siempre con la capucha puesta. En el vuelo venía Díaz Smith y 
los guardias que me fueron a buscar. Venían conversando entre ellos. 


410 
















Aterrizó en la Base de la Fuerza Aérea N e 1, se estaba poniendo el sol y en ese 
momento me levantaron la capucha para verme la cara, diciendo que “que lo viera 
nomás, porque no tenía miedo", pero quedé encandilada por el sol y no recuerdo 
más que una figura fornida, muy morocho, con el pelo hacia atrás, quien podría 
haber sido el Inspector Castro quien me dijo que estaba en manos de las Fuerzas 
Conjuntas. Me bajaron la capucha y me llevaron hasta la Base donde me tuvieron 
de plantón hasta que ya de noche me trasladaron nuevamente en vehículo tirada en 
el suelo, pero comprendí que me llevaban hacia el centro. 

En Prefectura me dejaron con la guardia. El argentino y otros, que no sé si 
venían en el avión, se fueron según dijeron en voz alta, a cenar. Uno de los guar¬ 
dias me sacó la capucha un rato, me sirvió té con galletitas y me dijo que estaba en 
la Prefectura y que me quedara tranquila. Pregunté si había compañeros presos y 
me dijeron que sí, que cerca de 40 hombres, pero no llegué a ver a ninguno. 

Cuando volvieron de la cena los que habían salido, ya el guardia me había colo¬ 
cado de nuevo la capucha, me dejaron sentada en el banco toda la noche. A la 
mañana siguiente, el 8 de febrero me sacaron una foto y me hicieron una ficha con 
datos personales. Me advirtieron que de ahí en más, debía declarar que me habían 
detenido al entrar en el país por el puerto Montevideo. 

Luego sentí que llegaban otros represores y entendí que me iban a llevar a otro 
lado. Inmediatamente después de llegar comenzó la brutalidad, me retiraron mis 
pertenencias (aún conservaba la cartera conmigo, reloj y todo), me desnudaron, 
me cambiaron la capucha nuevamente por una venda, y comenzaron las sesiones 
de torturas, interrogándome sobre el PCU en Argentina. 

Meses después, estando detenida en Punta de Rieles supe que el lugar era La 
Tablada. Tengo la imagen de unos baldosones negros y blancos y una escalera an¬ 
cha de mármol, sabía que había otros presos, pero nunca cerca de mí. Se escuchaba 
la radio con cumbias a todo volumen todo el día, y estoy segura que permanecí en 
planta baja porque cuando me llevaban al interrogatorio y tortura me hacían subir 
una escalera de dos tramos. De día permanecía sentada en una silla y de noche me 
tiraban un colchón. 

Un día, me trasladaron hacia arriba, y cuando creí que otra vez iba a comenzar la 
tortura me sentaron en un escritorio. Quien posteriormente identifiqué como el Te¬ 
niente Pagóla me quitó la venda de los ojos, tomaba mate y me convidó con Nevada, 
pretendía que le firmara un documento en el cual, yo reconocía que me habían dete¬ 
nido en el Puerto, al llegar en el Vapor de la Carrera. Yo me negué afirmar dicho docu¬ 
mento y él presionándome me decía: "este lugar no pertenece a nadie, es extraterrito¬ 
rial, no es diplomático ni de las FFAA, no existe, si no firmas te liquidamos y chau". 


411 


















Hasta que un día apareció en el lugar Díaz Smith, y escuché parte de una 
discusión en la que quedaba claro que habían tenido un acuerdo en que me ha¬ 
bían traído al Uruguay por un determinado lapso y luego me limpiaban. En esos 
días también apareció el doctor Maraboto, para hacerme una revisación. A esa 
altura yo tenía una infección en los ojos por la venda sucia. Después que habían 
empezado las conversaciones con Pagóla es que me llevaron a bañar, hasta el mo¬ 
mento estaba con los vómitos y excrementos del período de la tortura, con piojos 
y hongos. Así fue que se me infectaron los ojos y apareció Maraboto para dicha 
revisación. Calculo que entre mi llegada a Uruguay y la aparición de Díaz Smith 
y de Maraboto en La Tablada, habrían pasado unos 10 días. En ese momento no 
supe quién era el médico pero luego estando presa en el Penal lo conocí y confir¬ 
mé su identidad. 

Al final, terminé firmando el documento que el teniente me exigía como antesa¬ 
la de pasarme al Juez. La identidad del teniente Juan Manuel Pagóla la confirmé 
cuando en una oportunidad vi su foto en la prensa, habiéndolo visto más de una 
vez en el Penal. 

En los últimos días de febrero, después que firmé el documento, fui trasladada 
al Cuartel de la Paloma Grupo de Artillería N B 1. 

En el Cuartel de Ea Paloma, me ficharon otra vez y cuando me preguntaron 
dónde había sido detenida contesté que en Migraciones, Argentina. Llamaron a un 
superior, y allí volvieron a presionarme con amenazas de volverme a la Argentina, 
así que decidí dejar que escribieran lo que quisieran prometiéndome cambiar la 
declaración ante el Juez. El régimen en dicho cuartel, fue sin venda y sin esposas 
pero aislada de otros presos. En esos días me llevaron a la enfermería. Para hacerlo, 
tuve que atravesar la Plaza de Armas y me sentí feliz al pensar que los compañeros 
allí podían estar viéndome y sabiendo que yo estaba detenida. Eso me dio tranqui¬ 
lidad porque hasta el momento nadie sabía que yo estaba presa en Uruguay. 

En la enfermería me revisó un médico muy gordo, deforme, medio pelirrojo, 
más bien colorado, un tipo de cuarenta y pico de años y una doctora que al revisar¬ 
me indicó que había que internarme en el Hospital Militar, porque había crecido 
mucho un fibroma que tenía. 

Cuando vuelvo de la enfermería me dijeron que agarrara mis cosas y me venda¬ 
ron de nuevo, era aproximadamente el 01/03/78. Creí que me llevaban al Hospital, 
sin embargo me trasladaron directamente al Penal, sin haber pasado aún al Juez. 
Cuando llegué a éste, "la milica" que me llevaba me dejó la venda puesta y escuché 
la orden de un oficial que indicó que allí no debía haber nadie vendado. Me quitó la 
venda y vi presas en las ventanas del celdario, era la primera vez en casi un mes, 


412 















que veía, aún de lejos, seres humanos que no fuesen milicos. La soldado, era un 
Cabo que si mal no recuerdo se llamaba Lisa Sánchez, las presas de Paso de los 
Toros la conocían de la ciudad porque había estado dando historia en secundaria. 
Cuando fui liberada ya era Sargento. 

Me llevaron directamente a un calabozo, aislada otra vez, hasta que días des¬ 
pués me llevaron al Juez. En el calabozo de al lado estaba sancionada Marta 
Valentini. En mi situación particular, de estar en el Penal, sin que mi familia ni 
nadie del mundo exterior lo supiera, yo no tenía ningún artículo de higiene perso¬ 
nal, por tal motivo, posteriormente supe que la guardia hizo una recolección de 
artículos de limpieza entre las presas, para que me pudiese higienizar antes de ser 
llevada al Juzgado Militar. 

Pero eso fue bastante tiempo después de mi llegada. Por fin me higienicé y me 
llevaron al Juzgado donde declaré que me habían detenido en Buenos Aires, y tras¬ 
ladado clandestinamente al Uruguay. El abogado de Oficio fue el Coronel de la 
Fuerza Aérea, Mario Rodríguez. 

Cuando me devolvieron al Penal volví al calabozo pero me entregaron el unifor¬ 
me para que le cosiera el número 538 que me identificaría en adelante. Siento que 
fue el peor momento que viví en ese tiempo. Recién el 04/04/78 (dos meses después 
de mi detención) me pasaron al celdario y posterior a ese hecho es que empecé a 
recibir visitas. Un día estando en el celdario, de noche, me conducen hacia un 
despacho donde se encontraba el Coronel Washington Cressi, (quien en el año 82 
fue jefe del Pajarito Silveira en el Palacio Legislativo). Cuando Cressi iba al Penal 
todo el mundo temblaba, porque lo percibíamos como el ideólogo de los traslados, 
de las sanciones y cambios que se daban en el lugar. Me hizo escuchar Radio Haba¬ 
na, ésta reclamaba por Rita Ibarburu y por mí, porque éramos presas cuyos fami¬ 
liares no sabía nada. Rita había tenido un infarto trabajando en la huerta, y mi 
familia no sabía nada de mí desde hacía meses, porque cuando llegaba el día de la 
visita yo, casualmente, estaba siempre sancionada. 

El interrogatorio versaba sobre quién hacía esas denuncias y cómo se enteraba 
Radio Habana. Así que cuando me volvieron al sector y las compañeras me pre¬ 
guntaron qué había pasado, les dije, riéndome, que había estado escuchando Radio 
Habana. Después de eso volví a tener visitas. 

Otro que me interrogó de noche fue el Mayor “Pajarito" Silveira, quien a esa 
altura estaba destacado en el Penal. El interrogatorio versó sobre el compañero 
Eduardo Viera y su esposa y el tiempo que hacía que no los veía. Me amenazó con 
hacerme reprocesar. El director del Penal en el año 78 era el Teniente Coronel 
Barrabino, quien organizaba juegos de polo los domingos de tarde. 


413 


















Después de Barrabino estuvo de Director el Teniente Coronel Ramón ]. Rivas, 
y de los oficiales de menor jerarquía recuerdo al Teniente Jorge Grau, encargado de 
reclusas. Otro que estuvo allí y que muchas presas lo recordaban por las torturas 
aplicadas por él, era el Mayor Adí Biqué. 

Fui liberada el 27/08/83 y aún sigo sin saber porqué fui detenida, pues los 
primeros interrogatorios versaban principalmente, sobre diferentes viajes, algu¬ 
nos a países socialistas, que había realizado en mi condición de dirigente sindical 
de APU (Asociación de la Prensa del Uruguay) para participar en Congresos de la 
OIP y otras reuniones internacionales de periodistas, n 

Testimonios de: Luis Muniz y José Luis Muñoz 

Luis Muniz, militaba en el Movimiento de Independientes 26 de Marzo en 
Uruguay, fue detenido en el mes de febrero o marzo de 1974 y liberado a 
los pocos días. Se fue a la Argentina en mayo del mismo año. 

El 9 de junio de 1976, mientras realizaba las compras habituales para su 
comercio, percibió que había un individuo de unos 30 años de edad, vesti¬ 
do en forma muy elegante, que lo seguía. Ya en su pizzería, volvió a ver al 
mismo hombre en la puerta del local. Luis se fue y subió a un micro, des¬ 
cendiendo en plaza Flores (Cap. Fed.). Allí fue detenido por personas de 
civil armadas, que lo obligaron a subir a un auto, fue arrojado al piso de 
éste que recorrió una trayectoria de unos 20 minutos. 

En el lugar lo despojaron de todas sus pertenencias, incluyendo la Cé¬ 
dula de Identidad uruguaya y la documentación argentina que indicaba 
que había iniciado los trámites de radicación. El interrogatorio bajo tortu¬ 
ras, se centró en la correspondencia que él recibía desde Europa. Al expli¬ 
car que se trataba de correspondencia que recibía en su negocio para una 
pareja conocida: Brenda Falero y su esposo José Luis Muñoz, e indicar la 
dirección de ellos, los represores comentaron: "pero si se trata de la vivienda 
que habitó Santucho". 

En forma inmediata detuvieron a la pareja que estaba bajo la protección 
de ACNUR, y los trasladaron al mismo sitio. Luis, alcanzó a escuchar que 
Brenda dialogaba con otra mujer detenida y comprendió, que sabía que él 
estaba allí. 


11. Testimonio de Elsa Altuna, realizado ante Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos 
Desaparecidos. 


414 

















Está convencido que sus secuestradores eran uruguayos, no sólo por la 
forma de hablar, sino por los detalles que manejaban durante los 
interrogatorios. En una ocasión uno le comentó: "me vendiste pizza recalen¬ 
tada" , recordando en ese momento al sujeto, rubio, medio alto, cara redon¬ 
da, de tez rosada y joven, que había estado en la pizzería, por lo que saca 
en conclusión que estaba siendo vigilado desde un tiempo atrás. 

Fue liberado el 13 de junio junto a Brenda Falero y José Luis Muñoz, 
éstos le aconsejaron que concurriera a las oficinas de NU y relatara lo su¬ 
cedido. Es así, que poco tiempo después, salió como Refugiado Político 
hacia Europa bajo la protección de ACNUR. 

Estando secuestrado fue allanado su comercio y vivienda y le robaron 
lo que tenía valor. Un vecino de la pizzería vio cuando desvalijaban el 
negocio y cargaban todo en un camión del Ejército. 12 

Testimonio de: José Luis Muñoz 

El día miércoles 9 de junio de 1976 aproximadamente a las tres horas de la 
mañana, se presentaron en forma violenta, rompiendo la puerta de entrada en 
nuestro domicilio, ubicado en el apto. 48 del 5to. piso de José Gervasio Artigas 
1794 (Cap. Fed.), integrantes de Inteligencia Militar, en cuyos gorros llevaban el 
círculo blanco y celeste, que pertenece al Ejército Argentino y una inscripción 
"FM3"; chaquetas y botas del ejército y pantalones sport, armas largas y cortas 
extremadamente modernas con silenciadores. Eran alrededor de 12 personas diri¬ 
gidos por alguien al que decían "Coronel". 

Nos encontrábamos durmiendo, todo el operativo se desarrolló en un clima de 
violencia, aún con los vecinos, pues obligaron de mala manera -a unas personas 
que al parecer estaban mirando- que entraran. Durante todo el viaje, fuimos ame¬ 
nazados de muerte. El viaje fue corto, aproximadamente cinco minutos. 

Al llegar, nos subieron por una escalera en forma de caracol hasta una habita¬ 
ción de un ler. piso en la que nos dejaron por espacio de unos minutos. Posterior¬ 
mente me llevaron a interrogar. Me preguntaron acerca de mi vinculación con 
movimientos subversivos argentinos y uruguayos (ERE, Montos, Tupamaros, 
Nuevo Tiempo, ROE, etc.) así, como nombres y direcciones de personas urugua¬ 
yas con problemas políticos que vivieran en Argentina. Al contestarles que desco¬ 
nocía esa información, comenzaron las torturas (...). 


12. Testimonio de Luis Muñiz, ante Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desapareci¬ 
dos, mayo, 2002. 


415 



















La habitación era pequeña, de 4 mts por 2 mts 50, con piso de baldosas rojas 
muy fría, dos ventanitas pequeñas, una con el vidrio pintado, la otra con vidrio 
opaco y cortina. Esta última daba a un pasillo, supuestamente sobre un patio. La 
puerta era de madera, dividida con una abertura menor arriba y la puerta en sí. 
Contigua a esta pieza, había otra habitación que hacía de oficina con un escritorio 
al frente, tenía teléfono. Sobre la pared una bandera argentina, también fotos de 
Primo de Rivera, un afiche de San Martín y una bandera uruguaya. Allí éramos 
interrogados... 

El interrogatorio versaba sobre la correspondencia que recibían proce¬ 
dente de Suecia y que llegaba al comercio de Luis Muniz. Dicha corres¬ 
pondencia a su vez, estaba dirigida a una tercera persona, la ex esposa e 
hija de quien escribía desde Suecia. Los secuestradores llevaron a José Luis 
para ubicar a esta señora, hecho que no sucedió porque no encontró la 
casa. Cuando se me preguntó cuál era el número de la casa contesté que no lo sabía 
pues había ido una vez y lo recordaba más o menos. Fui obligado a llevarlos hasta 
la casa. Este operativo se cumplió posteriormente. Cuando íbamos hacia allí, sentí 
que por radio requerían apoyo en unos hoteles: Pinot y Hilton. 

La operación se llevaba a cabo, con dos vehículos de particular y una camioneta 
del Ejército en la cual, me llevaban a mí. Recuerdo, que la camioneta se quedó sin 
combustible y le dieron la orden de dirigirse a un lugar donde pagase con vale (creo 
que fue una dependencia del Automóvil Club ). Luego se dirigieron a la calle Díaz 
Vélez, frente al Hotel Pinot, escuché que uno de los ocupantes del coche que iba 
adelante del nuestro, se acercó a los custodias de la Seccional Policial, ubicada en la 
zona y explicó lo que iba a ocurrir. De pronto, empezaron a subir muchachos en los 
distintos vehículos, la gran mayoría chilenos. Sólo uno de ellos me pareció uru¬ 
guayo y se sentó al lado mío. Volvieron a repetir el procedimiento y siguieron 
deteniendo hombres jóvenes. 

Después de ese operativo, continuamos viaje a la calle Santa M. de Oro. Allí me 
obligaron a bajar e ir al hasta el departamento donde vivía Dinorah Sánchez con su 
hija. Al llegar, nos encontramos con la noticia de que éstas personas no vivían más 
allí. Creyendo que les había tomado el pelo me condujeron a golpes hasta el camión 
donde estaba el resto de la gente. Finalmente, conducidos hacia un lugar no iden¬ 
tificado muy cerca de la vía de trenes Sarmiento, entre las estaciones de trenes 
Floresta y Villa Euro. 

Volviendo a los muchachos detenidos en el hotel, quiero destacar que escuchᬠ
bamos todo el "tratamiento" aplicado a ellos: golpes, gritos, trompadas, era insu¬ 
frible. En oportunidad de un interrogatorio que se me hacía, sin venda, un guardia 


416 















se acercó al que me interrogaba y dijo textualmente: "la piola viene cagada, hay 
orden de arriba de soltar a esta gente", refiriéndose a ellos. No obstante, seguían 
teniendo preocupación por saber acerca de refugiados chilenos y uruguayos, que 
estuvieran requeridos en sus países. 

En cuanto a nosotros, insistían mucho sobre si habíamos tenido relaciones con 
los Sres. Gutiérrez Ruiz y Michelini. Y luego volvían con los golpes nuevamente. 
Preguntaban por nombres y direcciones de requeridos uruguayos en Argentina, a 
propósito de éstos, decían que no querían a nadie con este tipo de problemas en 
Argentina y que lo mejor era comenzar a " limpiar". 

También fuimos interrogados por personal de Inteligencia Militar uruguayo: 
conocían al dedillo nuestra situación en el Uruguay, nombres de oficiales que esta¬ 
ban al mando del Batallón de Infantería 13 en el año 1972 donde habíamos estado 
detenidos con mi señora; manejo muy detallado de las calles de Montevideo y otra 
serie de cosas que nos confirmaban lo expuesto. Sin ningún tipo de problemas se 
presentaron como integrantes de las Fuerzas Conjuntas uruguayas. 

El domingo 13 por la tarde nos dijeron que nos iban a tirar al río, que eligiéra¬ 
mos cómo lo hacían, si desde arriba de un avión o desde una lancha. Cuando 
creíamos que sería nuestro final, fuimos informados de lo siguiente: "que había¬ 
mos sacado la lotería y que íbamos a ser puestos en libertad bajo las siguientes 
condiciones: no podíamos permanecer en Argentina más de 48 horas, debíamos ir 
a Aeroparque o al aliscafo o a donde sea y viajar al Uruguay. No contar nada 
absolutamente de lo pasado. Una vez allí, en Uruguay, debíamos presentarnos 
ante el Tte. Cnel. Aguerrondo, comandante del Batallón de Infantería N a 13, puesto 
que allí había un pedido de captura contra nosotros por haber violado la libertad 
bajo palabra. 

Quiero destacar algunos aspectos: el personal militar del Centro Clandestino 
tenía preparación, en algunos casos universitaria, manejaban gran cantidad de 
elementos socio-económicos y políticos. Se juntaban para cantar y hacer festicholas, 
alguna guitarreada con canciones de protesta, antisemitas y anticomunistas. Hay 
un verso que cantaban: "si ves una mujer con cara de arpía, mátala, mátala, que 
es judía" y loas a Hitler y Mussolini, aunque reconociendo errores, y acusando 
al sionismo-judaismo como la sinarquía internacional, responsable de todos los 
males. 15 


13. Testimonio presentado ante Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. 


417 


















Testimonio de Juan Ignacio Azaróla Saint 14 

El día 20 de mayo (jueves) de 1976, a las tres horas AM irrumpieron en mi 
domicilio entre 12 a 15 individuos, fuertemente armados, quienes respondían a las 
órdenes de un sujeto a quien apodaban: "Jefe", irrumpieron en mi casa y apenas 
me otorgaron unos minutos para vestirme. Fui sacado de mi domicilio, Federico 
Lacroze 2546 (C.P. 1426), Capital Federal. Me introdujeron en un automóvil ver¬ 
de, techo vindico; me esposaron con los brazos a la espalda y cubrieron mi cabeza 
con un paño atado a la altura de la garganta. 

Comenzó un viaje de aproximadamente media hora a baja velocidad durante el 
cual fui víctima de constantes golpes en la cabeza realizados con un objeto contun¬ 
dente, hasta hacerme perder casi el conocimiento. Una vez llegados a destino, me 
colocaron las esposas hacia adelante del cuerpo. Me vendaron los ojos. Al caminar 
sobre pisos crujientes de madera, así como las puertas chirriantes comprendí que 
se trataba de una casa amplia y antigua. Se escuchaban de vez en cuando bocinas y 
el pasaje de trenes. 

Me dejaron en una silla en una habitación cuya puerta era cerrada con llave. Por 
debajo de la venda, se filtraba apenas luz eléctrica. Por las voces, calculé seríamos unos 
seis o siete los detenidos allí. Ante cualquier irregularidad (hablar, por ej.) el infrac¬ 
tor era duramente castigado; los golpes, por el sonido producido al aplicárselos, pro¬ 
ducían un sonido similar al de aplicados con guantes de boxeador. En la silla ubicada 
a mi izquierda, se encontraba un médico quien había residido años en la R O del 
Uruguay y había estado afiliado al Partido Comunista uruguayo, entonces permiti¬ 
do por la Ley. Creo su apellido era Larencof( sic) 15 y se encontraba, al parecer, en estado 
de enajenación. En varias oportunidades fue violentamente golpeado, especialmente 
en una ocasión en la cual se quitó la venda que cubría su vista, y en otra, cuando 
irrumpió un sujeto a quien apodaban "Coronel", con voz ronca quien lo amenazó con 
torturarlo y matarlo a lo que Larencofle dijo: "Usted no me levante la voz". 

Aparte de insultos, amenazas y golpes, existía otro tipo de torturas psíquicas; 
en cualquier momento, entraba en la habitación un sujeto provisto de un silbato 
con sonido "Al", lo hacía sonar produciendo en nuestros oídos una vibración inso¬ 
portable. La tortura resultó tanto psíquica como física, en mi caso, quedé afectado 
del oído derecho de por vida. Este individuo además, calzaba botas y al entrar, 


14. Resumen de su testimonio ante la Comisión Investigadora sobre personas desaparecidas y 
hechos que la motivaron de la Cámara de Diputados, presentado por su hermano José Luis 
Azaróla Saint. 

15. Se trataba del Dr. Manuel Liberoff. 


418 

















■primero descolgaba una patada sobre el piso de madera (que sonaba a vacío) e 
inmediatamente después sonaba el silbato. 

En el sótano, debajo de nuestro piso, alojaban a un detenido, quien clamaba por 
agua, se quejaba porque decía tener las costillas rotas ya que no podía respirar, que 
se las habían roto cuando permaneció "colgado". Sufría fuertes dolores. Durante 
su visita, el "Coronel" le disparó con un arma de fuego de grueso calibre e inme¬ 
diatamente ordenó retirasen el cadáver pues manchaba el piso con sangre, y dijo: 
"Uno menos". 

Estábamos al tanto de los acontecimientos de la vida externa, pues encendían la 
radio alrededor de las 15 lis. Más o menos a la citada hora, nos daban una frugal 
comida, los restos de la alimentación de ellos. 

El día viernes 21 de mayo, alrededor de las 20 hs., comenzaron las sesiones de 
picana eléctrica, según ellos mismos decían. Escuchaba los desgarrantes gritos de 
los torturados, quienes uno a uno iban siendo retirados de la pieza. A la mañana 
siguiente nos visitó "alguien que dijo ser médicouno de los secuestrados tenía 
una herida en una pierna infectada, producida por una pieza metálica de la parrilla 
donde aplicaban la picana. El médico ordenó que a ninguno de nosotros nos faltase 
frazada, pero yo nunca la tuve. Luego de mi liberación sufrí una afección pulmonar 
que me produjo, durante varios días, agudos estados febriles y molestias diversas 
en el sistema respiratorio, todo lo cual requirió un enérgico tratamiento médico. 
Otra lesión por la cual debí recibir atención médica luego de mi liberación fue 
causada por las esposas. Aún hoy, necesito reanudar el tratamiento de infiltraciones 
pues la lesión ha cedido sólo en parte. 

En la casa se escuchaba el corretear y jugar, con sus voces infantiles, de un niño 
y una niña de alrededor de cuatro a seis años de edad, a quienes se les indicó no 
deberían acercarse a "esa puerta", la de nuestra habitación. 

Debo indicar también, que horas después de mi secuestro, fue secuestrado en 
Montevideo mi hermano José Luis Azaróla Saint, permaneciendo desaparecido 
durante alrededor de 40 hs. en un lugar desconocido de la capital uruguaya. 

En una oportunidad, fui levantado vigorosamente de cada brazo por dos suje¬ 
tos, quienes, entre insultos y amenazas, me dijeron era mi turno. Una vez fuera de 
la habitación, les dije que me interrogaran y si se sospechaban de la veracidad de 
mis respuestas, procedieron a torturarme. Repetí, como desde un principio lo hi¬ 
ciera, era inocente de todo cargo y nunca había estado afiliado a un partido político, 
ni gremio, ni sindicato, ni organización alguna. Tras algunos golpes me dijeron 
me silenciara pues me dejarían volver a casa. Me aseguraron que jamás se habían 
equivocado ni se equivocarían, pero yo era la excepción y quedaría libre. 


419 


















Y agregaron que se trataría de un pacto de caballeros, por el cual me comprome¬ 
tía "a olvidar lo visto y oído, así como cualquier sospecha referente al lugar donde 
había permanecido, y que debía levantar y anular el Hábeas Corpus y denuncia en 
la Policía Federal de secuestro y robo que había presentado mi familia. A cambio se 
me otorgaba la libertad, pero si violaba el acuerdo, establecido unilateralmente, en 
mi casa no quedaría ni siquiera el gato. He permanecido en silencio hasta hoy. La 
Policía Federal anuló la denuncia de secuestro, pues yo estaba libre, pero no admi¬ 
tió anular la denuncia por robo. Se trata de la Seccional 31, sita en la Avda. Cabil¬ 
do (C.P. 1426) Capital Federal. El Habeas Corpus lo tramitó el Dr. Alfredo Blanco, 
Corrientes 1386, p. 3-, Teléf. 49-7498. 

Fui introducido en un automóvil, acompañándome un sujeto que conducía y 
otro sujeto a mi lado en el asiento trasero. Luego de, calculo yo, unos cinco minutos 
de viaje, en principio sobre camino de tierra, el vehículo se detuvo. Se me ordenó 
bajar la cabeza y quitarme la venda, dejándola caer, se abrió la portezuela y se me 
ordenó descender y caminar en contra del sentido de marcha del automóvil, cui¬ 
dando de no girar la cabeza para observar. Así lo hice y comencé a caminar, escu¬ 
chando el automóvil se alejaba. Luego de caminar unos 400 metros por una semi- 
obscura calle, llegué a la intersección de la Avda. Rivadavia y calle Wlúte... 16 

Extracto del testimonio de María Del Pilar Ñores Montedónico 

Fue secuestrada el 9 de junio cerca del mediodía, en el apartamento ubi¬ 
cado en la calle Arcos (en la actualidad no ha identificado el edificio para 
poder dar exactamente la numeración) en Núñez (C.F.), apartamento don¬ 
de trabajaba junto a Gerardo Gatti. Cuando llegó a éste se encontró con 
una "ratonera". Sobre la caída de Arcos, estando presa en Buenos Aires, algún 
represor argentino me dijo, que había sido una denuncia del portero que había visto 
"papeles raros" que habíamos tirado por el incinerador. 

Cuando me secuestraron me llevaron a lo que siempre creí era la sede de la 
Policía Federal. (...) Hay una sesión de tortura que siempre viene a mi memoria. 
Cuando intenté fortalecerme y reaccionar de mejor forma, reaccionaron más vio- 


16. La descripción del represor con silbato y botas, coincide con testimonios de prisioneros en el 
pozo de Automotores Orletti, y la forma en que Azaróla fue liberado, también coincide con 
otros testimonios de liberados en el mes de junio, adjuntos en este Informe. Por todo ello se 
puede concluir que Azaróla y Liberoff, fueron secuestrados por el Grupo Operativo de OT 
18 (Operaciones Tácticas) grupo en el que operó el SID. El local, por algunos detalles de su 
descripción, sería el que estaba ubicado en la calle Bacacay. 


420 














lentamente que antes y eso ayudó a desarmarme del todo: ahí sí me di por perdida. 
Me quedó claro esa vez que Gerardo estaba ahí, en alguna celda contigua en Coor¬ 
dinación Federal. Lo dijeron ellos, mis torturadores: hablaron del "otro tipo", el 
que había caído en el mismo apartamento que yo (...) el que más me interrogaba en 
esos primeros días, era un argentino "El Zapato". En la actualidad se conoce su 
identidad: Eduardo Rufo y era miembro de la SIDE. 

Después de "quebrarse" y aceptar que iba a colaborar para que no la 
torturaran más, da su verdadero nombre y el de Gerardo Gatti, y reconoce 
que son uruguayos y que pertenecen al Partido por la Victoria del Pueblo 
(PVP). Horas después de reconocer esto "El Zapato" me dice, que van a venir a 
interrogarme oficiales uruguayos (...) Vino luego el Mayor Manuel Cordero, del 
Ejército uruguayo. Fue el único que vi estando en la Jefatura de la Policía Federal 
argentina. Vino a interrogarme durante los tres o cuatro días siguientes que per¬ 
manecí allí. Después que empecé a hablar me preguntaba sobre la Organización, 
sobre el funcionamiento y la ubicación de militantes en un organigrama que él 
venía confeccionando desde hacía tiempo. Sabía mucho más que yo. 

Tres o cuatro días después me trasladaron a lo que ellos llamaban "El Jardín" 
pero hoy sé que era "Automotores Orletti". Recuerdo que pensé que me iban a 
matar y se lo dije a mis guardias (argentinos), me dijeron que no era así, que 
"pasaba definitivamente a la órbita de los Uruguayos". No sé cuándo trasladaron 
a Gerardo. Sólo sé que unos días después, me di cuenta que también estaba allí. 

(...) Siempre vendada, los primeros días en Orletti, son totalmente oscuros. 
Vivía tirada en un jergón en el suelo, con la venda puesta y las manos esposadas a 
la espalda. Algunos días, creo que no siempre, éramos muchos en la pieza. Todos en 
iguales o semejantes condiciones, tirados en jergones, vendados y esposados (...) 
En algunas oportunidades, por alguna razón, nos ponían música para sofocar los 
gritos y entonces era absolutamente enloquecedor, desesperante estar quieta, 
esposada, inmóvil, sin ver nada, en una especie de eterna oscuridad (...) me parece 
recordar el ruido de abrirse la puerta y que sacaran a otras personas, me sentía 
mal, horriblemente culpable, quería pasar desapercibida, no respondía a nadie si 
me hablaban por lo bajo, tenía vergüenza por la situación en que yo estaba: ya no 
necesitaban obligarme a hablar, yo ya había dicho todo lo que sabía. 

(...) Estando allí, un día me sacan del jergón y me llevaron, siempre vendada, a 
otra pieza. Un oficial, que yo no conocía ni por fotos, me hizo sacar la venda y 
mirarlo, a los gritos me preguntó si sabía quién era. Yo dije que no, e insistió 
reiteradamente, yo seguía diciendo lo único que podía decirle: no lo conocía. Final¬ 
mente me dijo que era el Mayor José Niño Gavazzo y otro montón de cosas sobre su 


421 

















filiación. Dijo que yo tenía datos sobre una operación militar para matarlo. Me 
mostraba un papelito que tenía en sus manos con datos sobre él, insistía sobre 
dicha operación la cual yo negaba porque había visto el papelito pero no sabía de 
qué se trataba. Al final me dijo que yo había salvado su vida y que él me iba a 
proteger, que no me iba a matar y que me iba a trasladar a Montevideo. 

(...) Luego de este encuentro con Gavazzo, volvió a aparecer Cordero en Orletti. 
En una pequeña pieza del local, tenía "su lugar de trabajo", papeles, muchos mar¬ 
cadores de colores y lo que él llamaba "la sábana", una tira larga de papel con el 
organigrama de la Organización, con muchos datos pero también muchos en blan¬ 
co. Parecía estar obsesionado por rellenar ese organigrama para conocer y entender 
el funcionamiento del PVP (...) en dos o tres oportunidades me hizo llevar a otro 
local. Era un apartamento, no recuerdo como accedíamos al edificio ni si me quita¬ 
ban la venda y yo bajaba los ojos, pero recuerdo que subíamos en ascensor. Siempre 
fui con Cordero y con el Capitán Gilberto Vázquez (alias Pepe), era un apartamen¬ 
to chico, lo recuerdo con papeles por todas partes; el baño tenía una particularidad, 
la bañera era chica de fibra de vidrio y dentro tenía el bidé. En este apartamento me 
hacían leer las actas del Congreso del PVP, descodificando lo escrito. 17 

De alguna manera, no sé cuál, decían obedecer órdenes del Ministro del Inte¬ 
rior, Gral. Harguindeguy. También había relación con la SIDE. Estando detenida 
en Uruguay, una vez confundí SIDE con SID y alguien me explicó que SID era el 
organismo uruguayo y SIDE era el organismo argentino con el que ellos trabaja¬ 
ban en Argentina. 

Eos represores uruguayos que vi en Orletti son: 


Grado 

Nombre 

Arma 

N a en el 
Depto. III 

Apodo 

Mayor 

José Niño Gavazzo 

Artillería 

302 

Niño 

Mayor 

Manuel Cordero 

Artillería 

303 

Manolo 

Mayor 

José Arab 

Ingeniero 

305 

el Turco 

Capitán 

Gilberto Vázquez 

Caballería 

307 

Pepe 

Teniente 

Luis A. Maurente 

Infantería 

309 



(...) A mediados de julio, Cordero me cuenta que a través de las inmobiliarias y 
de documentos de compra-venta, llegaron a algunos locales y que implementaron 


17. Posiblemente se trate del apartamento ubicado en Aménabar con el que se habían quedado a 
partir del secuestro de A. N. y su esposa. 


422 















seguimientos. Que a partir de éstos, estaban llegando a otros locales. Pocos días 
después en Orletti, había un movimiento inusual, mucho nerviosismo y en deter¬ 
minado momento pareció que quedó vacío. Debería ser el 13, porque entre ese día y 
el siguiente, el local se llenó de detenidos. Yo estaba en una pieza sola, en lo que 
sería una casa ubicada arriba del local, porque creo que era Cordero el que me iba 
diciendo, quienes iban cayendo y me preguntaba si yo los conocía. 

Pocos días después la trasladan a Montevideo. (...) Creo que fue entre el 
16 y 20 de julio que me trajeron el Tte. Maurente y el Capitán Vázquez en un 
vuelo comercial. La trasladaron directamente a una casa ubicada en la ram¬ 
bla de Montevideo, con salida por la calle Mar Ártico. Pertenecía al SID, y la 
denominaban “Base 300 R", estaba vacía, excepto por la guardia. Creo que así fue 
por cuatro o cinco días. Una madrugada se terminó el alivio porque trajeron un 
grupo grande de personas. Luego supe que era el grupo que había caído entre el 13 
y 14 en Orletti. Volví a escuchar gritos, radios prendidas, era una locura. Con los 
días supe que no habían traído a Gatti ni a Duarte. En cuanto a los oficiales que vi 
en esos días en la casa de la Rambla, sólo recuerdo a Gavazzo y a Vázquez; no digo 
que fueran los únicos, sólo que otras imágenes no las recuerdo con claridad. 

(...) A mediados de agosto hicieron un tren de vehículos, un gran despliegue de 
velocidad y sirenas, otra vez era de noche. Nos trasladaron a una gran casa, ubica¬ 
da en Bulevar Artigas 1530, esq. Palmar, que también pertenecía al SID. 

Había detenidos que gozaban de cierta libertad, y podían moverse en¬ 
tre las piezas, la cocina, el baño y sala de guardias con televisor (...) después 
de unos días de estar en Bulevar, José Félix Díaz Berdayes pasó a llevar la misma 
vida que yo pero en otra pieza. Pocos días después subieron a Laura Anzalone, 
eran pareja, ella estaba embarazada de tres o cuatro meses. 18 

(...) A mediados de septiembre supe que iban a realizar un nuevo operativo en 
Buenos Aires. (...) Se trasladarían una vez más a capturar militantes del PVP y yo 
pensaba en la gente que conocía, entre ellos, mi hermano. Antes de viajar Gavazzo 
me habló: -que iban a hacer un operativo donde caería todo lo que quedaba del 
PVP. Me preguntó si yo quería que trajesen a mi hermano a lo que respondí que sí 
y él contestó: "dependerá de él". 


18. El 5 de octubre, proveniente de Buenos Aires, el hermano de María del Pilar, Alvaro Ñores, 
único sobreviviente de los secuestrados en septiembre y octubre en Buenos Aires, también 
pasó a integrar este grupo de detenidos-especiales. 


423 


















(...) En los primeros días de octubre, Alvaro llegó a la casa de Bulevar Artigas. 
Lo había traído de Buenos Aires el Tte. Maurente en un vuelo comercial. Tenía una 
herida en una pierna y un brazo que le dolía al moverlo (...) No hubo reproches o 
quejas, pero parecía que ya no había esa unión tan especial que siempre habíamos 
tenido, lo sentía distante (...) Por Alvaro supe de la caída del matrimonio Julien 
Grisonas y sus dos hijos, él había estado con los niños en Orletti. También supe por 
él sobre la caída de Pablo Recagno. 

A la planta alta del local, a mediados de octubre fue trasladada desde 
Buenos Aires la ciudadana argentina: María Claudia García de Gelman 
(embarazada), junto a Anatole y Eva Julien Grisonas -de tres y un año 
respectivamente-, secuestrados con sus padres en setiembre de 1976, tras¬ 
ladados a Montevideo y luego a Chile, donde fueron abandonados en una 
plaza de Valparaíso. 

(...) No recuerdo la fecha en que me di cuenta que había chicos en el piso superior, 
pero un día escuché voces de niños y poco después reconocí la voz de Anatole Julien 
a quien conocía. No me estaba permitido subir la escalera, pero dos o tres veces lo 
hice. La primera vez, porque quería ver a Anatole. Las pocas veces que subí vi a los 
hermanitos Julien, con una jovencita de tez muy blanca, cabello oscuro, con emba¬ 
razo muy avanzado y otra vez la vi con un bebé en brazos. No recuerdo haber 
hablado con ella, sólo hablé con Anatole y le dije que era la tía Ménica (nombre con 
el que me había conocido en Buenos Aires). 

(...) Alvaro, mi hermano sabía que la chica era argentina y que la habían traído 
con los hermanitos Julien y que eso había sucedido días después de su traslado. No 
recuerdo nada sobre el parto; la chica estaba embarazada y luego estaba con su 
bebé. A instancias de otros testimonios, recuerdo que en una oportunidad llevaron 
a otra detenida a la cocina a enseñar a preparar mamaderas. 

El hecho que prepararan mamaderas podría indicar que pudo haber 
habido otro bebé "apropiado" en Buenos Aires. Otra detenida, Marta 
Petrides, declara que, en el mes de octubre, cuando los estaban preparan¬ 
do para montar la parodia de Shangrilá y por lo tanto, los sacaban al patio 
en el fondo sin venda en el rostro para que tomaran sol y fuese más creíble 
la historia, llegó a ver en la ventana del piso superior a una joven "de tez 
blanca y cabello oscuro" con un bebé de algunos meses en brazos. A esa 
altura, Marta tenía dos hijos pequeños que habían quedado con su suegra 


424 















en Buenos Aires y está segura de lo que vio. Este hecho lo recogen también 
los testimonios de Alicia Cadenas y el propio testimonio de Marta Petrides 
ante organismos internacionales. 

(...) Sobre el traslado de Anatole y Eva Lucía a Chile, puedo aportar lo siguiente: 
en los últimos tiempos de mi estadía en la casa, escuché a varios soldados, hablar 
sobre un próximo viaje a Chile que iban a realizar. Creo que se trataba de un “curso 
de entrenamiento". También recuerdo que "el Viejo" (sargento Velázquez) hablaba 
sobre "algo" que le había contado Anatole y era que "su madre había sido arrastra¬ 
da por los pelos en la calle" (...) Seguramente, le habría relatado el momento de la 
detención. Ahí tomé conciencia de que los niños no estaban en la casa y me pregun¬ 
té dónde los veía, si los tendría en su casa o en otra base. 

(...) A mediados de diciembre trasladaron a todos los detenidos hacia los Pena¬ 
les. Sólo quedamos allí el Sr. Rodríguez Larreta, Laura Anzalone y José Díaz, mi 
hermano y yo. Ln el otro piso, quien ahora sé, se llamaba: María Claudia García de 
Gelman. Para salir en libertad necesitábamos documentos y no los teníamos, así 
que Ricardo Medina (quien era de la Policía) nos llevó junto con mi hermano a 
tramitar la Cédula de Identidad. 

(...) El 22 de diciembre de tarde, nos avisaron que nos iban a llevar a nuestra 
casa. Salimos en una camioneta con el Mayor, "Cuí" Martínez. En la puerta de 
nuestra casa, ante la emoción de nuestra madre, una llamada por radio le da la 
orden al Cuí, de llevarnos urgentemente de vuelta, una cuestión de trámite. El 
director del SID, el Gral. Amauri Prantl aún no había autorizado nuestras liberta¬ 
des y quería hablar con nosotros. Debíamos volver antes que quedara en evidencia 
la "falta". No recuerdo qué nos dijo, sólo tengo la imagen de que nos habló y nos 
hizo "recomendaciones" sobre nuestro futuro. Luego Martínez nos llevó de vuelta. 

Sobre los integrantes de las FFCC que recuerdo: 

Oficiales del Departamento III del Servicio de Información de Defensa (SID) 

301 Tte. Cnel. (Inf) José A. Rodríguez Buratti (por un tiempo, luego lo susti¬ 
tuyó Gavazzo) 

302 Mayor (Art) José Niño Gavazzo, "Niño" 

303 Mayor (Art) Manuel Cordero, " Manolo" 

304 Mayor (Cab) Carlos V Martínez, "Cuí" (estaba poco en Bulevar, operaba 

en otro CCD) 

305 Mayor (Ing.) José Arab, "El Turco" 

306 Capitán (Pol) Ricardo Medina Blanco 


425 


















307 Capitán (Cab) Gilberto Vázquez, "Pepe" 

308 Capitán (P/Av) Sasson o Sassone (se ocupaba de lo administrativo desde la 

Central) 

309 Tte. 1- (Inf) Luis Alfredo Maurente Mata 

310 Tte. (Pol) José Felipe Sande Lima 

311 Tte. (Prefectura) Nelson Sánchez, "Tomatera" 

Además de los miembros del SID, por Bulevar iban mucho dos oficiales de la OCOA: 
El Mayor (en ese entonces) Ernesto Ramas "El Tordillo"y el Capitán Jorge Silveira 
"Chimichurri", éste llegaba sólo, manejando un VWblanco. No sé qué organicidad 
podían tener entre el Departamento III del SID y OCOA, pero de hecho trabajaban 
juntos porque Ramas y Silveira andaban a menudo en dicho local y porque por la 
radio se escuchaba a menudo hablar de "Base 300 Carlos". Yo creía en ese enton¬ 
ces, que dicha base estaba ubicada en Avenida Agraciada. Otro que iba a revisar a 
los detenidos era un médico, pero se identificaba como "Oscar 5". Nunca supe su 
verdadero nombre. 19 

Testimonio de Washington Perez Rossini 

Yo soy Washington Pérez y hablo desde Alvesta, Suecia. He llegado el 14 de agosto 
del año en curso (1976) habiendo viajado directamente desde Argentina a este 
país, como refugiado político. 

En Argentina, vivía en la calle Paz Oldán número 364, Morón, Provincia de 
Buenos Aires, junto con toda mi familia. A partir de allí, comienza a narrar 
cómo, en la madrugada del 13 de junio de 1976, entre las 4 y 4:15 horas, 
entran en forma bastante violenta. Uno de mis hijos que estaba allí presente pren¬ 
de la luz y nos encontramos frente a un grupo de siete a ocho personas fuertemente 
armadas con armas largas y cortas. Se identifican como uruguayos y argentinos y 
me dicen que el hecho de que estuvieran allí era porque tenían una persona que 
querían que yo viera. 

Le plantearon a Washington Pérez que los debía acompañar, (...) "con 
usted -volvían a repetirlo- no hay ningún tipo de problema". Por los hechos que 
venían sucediendo en la República Argentina con uruguayos, mi hijo insiste en 
acompañarme, ellos dijeron: "bueno, no hay ningún problema". 


19. Testimonio presentado ante COPAZ y Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Des¬ 
aparecidos, año 2001. 


426 














Su hijo mayor Jorge Pérez lo acompañó, viajaron en coches separados. 
Jorge dice que le colocaron una capucha y que en el viaje escuchó una 
conversación "entre ellos", y la conclusión a la que llegó, es que querían 
que su padre fuera intermediario en una negociación. 

Washington por su lado, viajaba en el asiento trasero entre dos guar¬ 
dias y en la mitad del recorrido le taparon los ojos con la bufanda oscura 
que llevaba. Llegamos a un lugar en el que se detienen y levantan una persiana 
metálica, introducen el coche y gracias a una luz prendida puedo ver camionetas y 
otro tipo de coche, dentro de una especie de garaje. Un lugar frío, me bajan del auto 
y me hacen subir unas escaleras de aproximadamente unos 12 a 15 escalones, de 
material en línea recta, con baranda de madera. 

Lo introducen en una pieza, cierran la puerta y le sacan la bufanda y el 
poncho que llevaba puesto, vendándole los ojos, pero antes escuchó el re¬ 
proche de uno de ellos sobre, cómo se les había pasado por alto dejar la luz 
prendida. Esto fue un reclamo violento por el tono y por las palabras usadas. Se 
encontró frente a un grupo de hombres. Uno de los que había estado en su 
casa, con dos o tres personas nuevas. Con ese grupo de personas no me sentía 
seguro, a pesar de que, el que había estado en casa había dicho: "mira Perro, quédate 
tranquilo porque no hay problema contigo, aparte de que vos me conocés y conocés 
a algunas de las personas que están acá". 

La verdad que en ese momento no me fue posible identificarlo y haciendo me¬ 
moria, sí lo identifiqué y tengo la absoluta certeza de que era un comisario de 
Inteligencia uruguaya, de la policía uruguaya, el Comisario Campos Hermida. 
También ahí había otro hombre, al que trataban de jefe y de coronel y era uruguayo. 
A través de las gestiones que nosotros hacíamos en el Comando de las Fuerzas 
Armadas en Uruguay lo conocía y puedo identificarlo como al hermano de un 
coronel que actualmente está de comandante en el Penal de Libertad, el Coronel 
Barrios. También un capitán, un militar uruguayo Bermúdez (identidad posi¬ 
blemente errónea) otra persona que yo había identificado en una oportunidad en 
la Estación Once de Buenos Aires, con el Inspector Castiglioni, un policía de Inte¬ 
ligencia uruguaya. No recuerdo bien el nombre. 

Luego de algunas explicaciones de la persona que tenía el cargo de Coronel, me 
dice: "mire, nosotros acá tenemos a una persona amiga suya, conocida suya, com¬ 
pañero suyo, queremos que usted hable con él" y me agrega: "felizmente a esa 
persona la logramos arrancar del lugar en que estaba detenido. Y no es el problema 
de echarle el fardo a otros, sino que él había sido detenido por la Policía Federal 
Argentina y durante el tiempo que estuvo allí, la verdad es que no queremos que se 


427 

















sorprenda, pero está con nosotros, en muy malas condiciones y nosotros no actua¬ 
mos en la forma que actúa esa gente". Después me dice que lo van a traer. La 
verdad que yo seguía bastante nervioso, pedí un vaso de agua. Me dicen: “tome, 
pida lo que usted desee". Más lejos sentía conversaciones, uno le recriminaba a 
otro, porque le habían tomado mucho el whisky argentino, porque habían traído 
poca yerba uruguaya y cigarrillos “Nevada"; me convidan con uno. Después uno 
me dice: “bueno, vamos a traerle a esta persona". 

Tremenda sorpresa me llevé cuando aparece el compañero Gerardo Gatti. Me 
quedé sorprendido al verlo. Nos abrazamos, es un compañero al que conozco desde 
el año 52, viejo militante de la Federación de Estudiantes Uruguaya, fundador de 
la Convención Nacional de Trabajadores del Uruguay, integrante de la Resistencia 
Obrero-Estudiantil. 

Después de abrazarnos le pregunté cómo estaba, porque la situación en que lo 
veía (...), con una infección tremenda en el brazo izquierdo, que iba de la muñeca 
al antebrazo, muy colorado, muy infectado. El compañero me dice: “mira Perro, 
la verdad de las cosas es que no fui yo quien propuso que te agarraran para este 
viaje de arena gruesa. Mirá esta gente que me tiene aquí, me ha planteado un 
trato: dado que vos sos un viejo compañero de confianza y de amistad, podrías 
servir de intermediario". A todo esto, el coronel argentino dice: “y diga que feliz¬ 
mente puede hablar con el compañero Pérez, con don Perro, porque logramos arran¬ 
carlo de donde estaba y delante de él puede decir Sr. Gatti, que nosotros le hemos 
prestado la atención debida, que lo ha visto un médico". -Sí, es verdad, dijo. - 
“¿Y cuántos días hace que estás así?" -“Bueno mirá, estoy desde hace cuatro o 
cinco días aproximadamente". El compañero había sido detenido aproximadamente 
el 9 o 10 de junio y esto estaba ocurriendo el domingo 13 de junio (1976) en la 
madrugada. 

Bueno, estaba sentado frente a él y me plantean: -“lo que habíamos hablado 
aquí don Pérez, es que queremos una gruesa suma de dinero; vas a servir de inter¬ 
mediario para hacerle llegar a los compañeros y amigos de él. En la propuesta 
(escrita que te damos) va incluida: esa gruesa suma de dinero, la libertad de los 
que están detenidos en Uruguay y la Bandera de los 33 Orientales". Luego acla¬ 
ran, que eso sería, a posteriori, un motivo de negociación pero en la cual yo no 
intervendría para nada. A todo esto me dice Gerardo: “mirá, el problema de la 
bandera es otra cosa, será un problema posterior". “Bueno, ahora ustedes van a 
hablar solos, Gatti le va a indicar cómo hacer contacto con una persona que él le va 
a indicar, nosotros le decimos que usted no va a ser seguido ni vigilado, para que 
pueda desenvolverse normalmente y hacer contacto con los compañeros". Enton¬ 


áis 
















ces les planteo que me preocupa la infección en el brazo, que lo veo con la vista muy 
irritada y una voz que nos dice: "bueno, bueno, eso es todo". 

Me hacen traspasar por un altillo por donde entro a otro cuarto, ahí había mue¬ 
bles y luz. A continuación de ese cuarto hay otro cuarto oscuro de hormigón armado, 
donde hay un colchón de látex, de espuma, en el suelo, con un par de frazadas, una 
jarra de agua con hielo y unos medicamentos que eran los que estaba tomando el 
compañero. Se retira el que me llevó hasta allí y quedamos conversando con Gatti. 
Me indica la persona con quien hablar, el problema era ubicarlo y trasmitirle la 
propuesta que hacía esta gente. Después de estar conversando algunos minutos den¬ 
tro de ese lugar, lo ayudo a colocarse de espaldas a la pared, yo quedé de rodillas al 
lado de él conversando, pasan aproximadamente diez o quince minutos y aparece 
este hombre que identifico como Campos Hermida y me dice que el problema es que 
agilice la cosa. "Usted, trate de hacer contacto lo más rápido posible porque aquí hay 
un problema de seguridad para él (se refiere a Gatti), la banda está preocupada, anda 
pelada y nos interesa que esto llegue a feliz término lo más rápido posible, le reitera¬ 
mos que con usted no hay ningún tipo de problemas, sabemos que vende diarios" y 
en ese momento me dice que había estado tomando un vaso de vino y dos sándwiches 
de chorizo en el andén de Flores, línea de tren donde yo vendía los diarios. A posteriori 
también me señala, que había tomado un vaso de vino blanco y un café, en el café de 
Nazca y Jonte, donde yo vendía La Sexta (sexta edición de un diario)". 

Cuando están preparando a Pérez para trasladarlo de nuevo a su domi¬ 
cilio junto a su hijo, en otra de las piezas el "Coronel" abre una caja fuerte: 
(...) en ese momento veo mucha cantidad de dinero uruguayo y argentino, hay 
pasaportes, cédulas de identidad argentinas. Mientras tanto me dice: "le dijimos 
que no va haber ningún tipo de problemas con usted, cuando termine esta negocia¬ 
ción, si quiere trasladarse a algún país de América, de Latinoamérica o de Europa, 
lo puede hacer tranquilamente". Yo sacaba en conclusión que me estaban diciendo 
que si tenían que darme determinada cifra de dinero, estaban dispuestos. 

Jorge Pérez aclara que, en la pieza que lo mantuvieron mientras espera¬ 
ba a su padre había fotos del comisario Villar (argentino, asesinado ante¬ 
riormente) y del oficial de la policía uruguaya Moran Charquero y que 
también había una buena cantidad de armas largas. Cuando los llevan de 
vuelta, nos trasladan encapuchados, después de determinado tiempo en que el 
coche estuvo dando vueltas, nos sacan la capucha y nos dejan en la estación ferro¬ 
viaria de Ramos Mejía. 

Pérez tardó algunos días en poder hacer contacto con la persona seña¬ 
lada por Gerardo. Cuando lo logra, trasmite que a cambio de dos millones 


429 

















de dólares Gerardo será puesto en la embajada que decida el grupo. Que 
además serán puestos en libertad 10 compañeros en Uruguay y que ade¬ 
más, exigirán la entrega de la bandera de los 33 Orientales, (robada por el 
OPR-33, años atrás). Analizan que seguramente es la misma "banda de 
asesinos", que asesinaron a Michelini y Gutiérrez Ruiz. Que no sólo está 
en riesgo la vida de Gerardo Gatti, sino la del propio Washington Pérez y 
toda su familia. (...) Al término de dos o tres días llegó una llamada de teléfono. 
Los compañeros me plantearon que fuera a determinado lugar donde encontraría 
un sobre y que era una propuesta para entregar a esta gente cuando se pusiera en 
comunicación conmigo. 

Esa misma noche, me llamó la atención, que al rato de tener el sobre conmigo, 
recibo otra llamada en el Café Monterrey, donde trabajaba, en Jontes y Nazca en la 
que me preguntan si tenía novedades. Al decir que sí, le indican que camine 
por Nazca que lo va a levantar un vehículo. En un Ford Falcon lo traslada¬ 
ron al mismo Centro Clandestino. Washington Pérez aclara que estaban 
en el lugar los mismos que había nombrado anteriormente y que ve la foto 
de Hitler colgada. (...) Abrieron el sobre, reaccionaron bastante calientes, al leer¬ 
lo dijeron: estos hijos de puta, esto que mandan pedir, ellos tienen medios suficien¬ 
tes para conseguir el dinero (...) con esos sindicatos europeos, tienen gente para 
pedir, están para romper, nada más en Europa. 

Fe aclaran que el PVP está pidiendo una esquela escrita por Gerardo, 
contándoles sobre su salud. Elevan a Pérez con Gatti mientras ellos discu¬ 
ten los pasos a seguir. (...) Me trasladan a otro cuarto, que no es el mismo en el 
que lo había visto la primera vez, encuentro al compañero en una cama, ya no tenía 
tan inflamado el brazo, pero uno de ellos le pregunta: "¿cómo se encuentra, Sr. 
Gatti?, vamos a tener que seguir conversando un poco de política". Después, "¿vio, 
Pérez?, mire, nos preocupamos, mire que lo llevamos a una intervención”. Y dice 
así, riéndose: "¿tiene idea Gatti de dónde lo llevaron?” Él contesta: "la verdad que 
no, sólo sentí algo sobre Campo de Mayo". Ahí, el oficial salió como si lo hubieran 
empujado en un tobogán y dijo: "¿quién fue el que llevó a este hombre? Los crite¬ 
rios de seguridad nuestros también fallan”. Salió muy caliente, evidentemente no 
era broma. 

Al rato vuelven con un fotógrafo y dicen: "bueno, mire, le vamos a enviar algo 
a los amigos de Gatti, usted se los va a hacer llegar por el medio que ellos elijan, 
pero le decimos que estos pelotudos traten de reunir ese dinero”. Nos sacan una 
foto con el compañero acostado, mostrando el brazo y con el diario de la tarde de ese 
día. Me hacen sentar en una silla, me hacen tener el diario con una mano y me 


430 















dicen: "trasmítales esta foto y algo que le vamos a dar en un sobre''. Cuando lo 
vuelven a dejar en la estación Floresta le dicen: "trate de agilizar el trámite 
porque la banda se está poniendo nerviosa". 

Tres o cuatro días después, (cerca del 23 o 24 de junio) ya con la 
contrapropuesta del PVP en la mano, vuelven a contactarlo. Esta vez en el 
vehículo venía el "Coronel" argentino. En un momento el coche que va 
detrás se les pierde, vuelven atrás y lo encuentran detenido por la Policía 
Federal, (...) este Coronel saca un documento y con el arma en la otra mano se 
identifica y los dejan seguir. Luego encapuchan a Pérez nuevamente. Cuan¬ 
do llegan a destino, nuevamente permiten saludar a Washington con 
Gerardo. Lo ve con la vista muy irritada. Mientras tanto abren el sobre y la 
reacción es similar a la anterior: "esta gente está pelotudeando demasiado, va¬ 
mos a tener que agarrar a 15 o 20 y los vamos a limpiar, los vamos a matar ¿se da 
cuenta? Nos están tomando el pelo, fíjese, piden fotos de desnudo, de frente, de 
perfil, esto ya no da para más. ¿qué es lo que quiere esta gente?" Luego dicen: 
"Gatti se va a retirar ahora y a Ud. Pérez, lo van a arrimar hasta cerca de su 
domicilio y le vamos a hacer llegar nuevas noticias". 

Me habían dado un sobre donde había un cassette grabado, envuelto en una 
página del diario con los resultados de los partidos de fútbol del día domingo, una 
carta en la cual planteaban ciertas condiciones que no les hice llegar a los compa¬ 
ñeros de Gatti. No llegó a producirse el contacto. (...) Alrededor de tres días 
después me hacen llegar los compañeros un sobre en el cual había otra 
contrapropuesta (...) entonces también reaccionan de acuerdo a la carta que había 
en ese sobre. Pido para ver al compañero, pero ahí no lo traen y me dicen: "eso lo 
vamos a resolver, en fin, estos están pelotudeando demasiado". Anteriormente ha¬ 
bían entregado las fotos en las cuales estaba el compañero de perfil, de espaldas, de 
frente, no estoy seguro si de frente le habían sacado. Esa noche lo volvieron a 
dejar a mitad de camino y llegó a su casa muy tarde. 

A las 2:30 de la madrugada golpearon la puerta y (...) aparece este hombre 
uruguayo, Campos Hermida, cuando abro veo que hay un auto parado en la puerta 
y veo dos personas adentro. "Bueno, mirá Perro, venimos porque pensamos que 
tenemos la solución a todo este problema". (...) me dice: "abrígate que está muy 
frío". ¿Quépasa?, ¿es un viaje sin regreso? "No, no, no, quédate tranquilo, no hay 
ningún tipo de problema" y se queda ahí conversando con mi hijo, mira pibe, le 
dice: "dentro de una hora a más tardar va a estar de vuelta". 

Llegamos al mismo lugar otra vez, de vuelta en pocas horas, y me dicen: "acá 
tenemos una fórmula que se ha conversado con el Sr. Gatti y Ud. Don Perro, va a 


431 

















trasmitir nuevamente esto y esperemos que tenga una culminación a muy corto 
plazo, porque esto toca a su fin". Plantean que el compañero haría de su puño y letra 
una esquela, para trasmitirles a los compañeros que la propuesta existía y que se 
planteaba que él sería puesto en una embajada, Suecia, Francia u otro país. Gatti 
hizo la esquela y me dijo: "lamento todo esto, pero tenés que seguir siendo el interme¬ 
diario". Al dejarme me dicen que en el término de horas, al llegar esto a manos de esa 
gente, la situación se va a solucionar, "la banda va a dejar de preocuparse". 

Aproximadamente cinco o seis días después, alrededor del 17 de julio me lla¬ 
man por teléfono y me dicen que dentro de diez minutos me van a pasar a recoger 
(...) me trasladan al mismo lugar de siempre y me dicen: "bueno, Pérez mire, acá 
tenemos una persona que queremos que Ud. vea. A todo esto, ¿entregó la pro¬ 
puesta que le habíamos dado nosotros?" Le digo: "no, lamentablemente no pude 
hacer contacto". Me dice: “Bueno, démela, esto ya está liquidado". Digo “¿cómo 
está liquidado?" -“Sí, sí, esto ya está todo liquidado, deme la carta”. Bueno, le di 
la carta, la agarra y la rompe. Me agrega, esto de Gatti está todo liquidado. Pre¬ 
gunté "¿cómo está liquidado?, ¿no puedo ver al compañero?" Me dicen que es¬ 
toy haciendo de intermediario, que no me haga ningún tipo de problemas y ahí 
pensé lo peor. 

Ahora va a ver a otra persona y limítese a lo que le vamos a decir nosotros y Ud. 
va a hablar con él y nada más y no pregunte más por Gatti porque eso está liquida¬ 
do, repitió. Bueno, ahí traté de seguir insistiendo, pero por el tono duro y en la 
forma en que gesticulaban comprendí que no debía seguir. Esa noche había más 
gente y era evidente que habían llegado más represores del Uruguay. Tanto poli¬ 
cías o militares, porque había un grupo de diez o doce más, y en ese momento unos 
reclamaban a los otros los encargues que les habían hecho, me volvieron a convidar 
con cigarrillos Nevada. Dicen: "bueno, acá tenemos una persona que usted cono¬ 
ce", viene alguien y me abraza y lo primero que me pregunta es cómo andaba. 
"¿Cómo voy a andar?" le digo, "ahora con el problema que me plantea esta gente, 
que se terminó la negociación de Gerardo, que está todo liquidado"... 

Yo no sé si en ese momento el compañero Duarte sabía que se encontraba en 
manos de los que habían secuestrado a Gatti o si se lo estaba diciendo yo. Le pre¬ 
gunté cómo estaba, "¿estás todo destrozado, no?" Le dicen que se siente, lo hace 
con una dificultad tremenda. Le pregunté cuánto tiempo hacía que estaba así y 
cuándo lo habían detenido. -“No, dicen ellos, usted limítese a lo que le dijimos, no 
haga preguntas". Pero el Loco (Duarte) me contestó igual: "hace cuatro o cinco 
días me detuvieron en la calle La Rioja”. Insistí en “¿cómo estás, en qué estado, 
has comido algo?" Evidentemente había sido brutalmente torturado. 


432 
















Duarte, tiene que decirle lo que hemos acordado, me dice uno de los oficiales. - 
"Mirá Perro, si vos aceptas servir de intermediario, esta gente plantea concreta¬ 
mente una sola cosa, y es que nosotros podemos conseguir una fuerte suma de 
dinero. Esta gente quiere dólares, muchos, que vos les trasmitas a los compañeros 
esto", (...) estuve ahí unos momentos más y me dicen: "bueno, ahora se va a retirar 
el Sr. Duarte", se lo llevan, “despídase". Me doy un abrazo con el compañero y ahí 
me dice en el oído "bueno, Perro andate", posteriormente me pregunta cómo esta¬ 
ba la familia, como cosa de que los tipos no pudieran captar y me lo reitera de 
nuevo, "andate, estos son unos asesinos".